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Qué bueno, qué bueno el señor,
hermanos. Como decía el pastor José Díaz, hay muchos que quisieran
estar aquí y no pueden porque están enfermos o están en la
cárcel. Y nosotros estamos aquí, por eso debemos darle gracias
a nuestro Dios, porque nos permitió, nos dio un día más de estar en
su casa y alabarle, hermanos. También se me fue por alto, hay
que seguir orando por el hermano Jaime Benavente, un tratamiento
de cáncer y sabemos, sabemos que aquí han habido hermanos
que han pasado por la situación y Dios los ha sanado y ahí están,
ustedes los conocen, hay dos o tres y ahora haremos por nuestro
hermano Jaime Benavente porque también sabemos que Dios es poderoso
para hacer la obra en él, amén. Amén, qué bendición, tanto hablo
que hermanos este, sé que No soy digno de estar parado aquí
enfrente. Pero el Señor así lo permitió
en esta mañana. Y en esta mañana, hermanos, no,
crean, no traigo un mensaje elocuente, traigo un mensaje que siempre
cada uno de nosotros hemos escuchado de uno o de otro pastor. Y a veces se dirá, ¿por qué repeticiones
de mensajes, hermano? Porque a veces los escuchamos,
pero no lo ponemos por práctica. Y últimamente, hermanos, he visto
en nuestra iglesia, gracias a Dios, cómo está creciendo nuestra iglesia. Y hermanos, si algo me motivó
a preparar este mensaje fue que he visto tantos padres. Hoy como
nunca hemos visto esas aulas de escuela dominical abajo con
tantos niños. Donde habíamos visto habla con
14, 12, 15 niños. No sé, yo tengo 35 años de estar
en esta iglesia y nunca lo había visto. Pero Dios está haciendo
la obra. Dios está usando a varios hermanos.
Está usando a nuestro pastor grandemente. Y espero que el mensaje de esta
mañana, hermanos, pueda servir a nosotros, primeramente, y también
a nuestros hijos. A nosotros como padres. Porque si queremos, hermanos,
que esta iglesia, sabemos que es del Señor, pero continúe creciendo,
siga creciendo en números, debemos de ser buenos padres, inculcarles
a nuestros hijos la palabra de Dios. En esta mañana quiero hablar,
me preguntó el hermano, todavía no tenía el tema, pero el tema
del mensaje es ¿Qué clase de huellas estamos dejando a nuestros
hijos? ¿Qué clase de huellas estamos
dejando a nuestros hijos? Abramos nuestras Biblias, hermanos,
en el libro de Colosenses. Vamos a ver versos muy conocidos,
que todos aquí los conocemos. Por eso los digo, los leemos,
los leemos, los escuchamos, los escuchamos. Y los vamos a ir
escuchando. Porque a veces, como les digo,
no... no ponemos por práctica lo que leemos, lo que escuchamos. Vamos a leer Colosenses 3, dos
versos muy conocidos 3, 20 y 21 y después vamos a ir a un solo
verso a Salmo 77, 19. Colosenses 3, 20, 21 y después
Salmo 77, 19. Les voy a pedir hermanos que,
puestos de pie para leer en reverencia la palabra de Dios, puestos de
pie, oramos y después entramos al mensaje. Nos dice la palabra de Dios en
Colosenses 3, 3, 20 y 21. Hijos, obedeced a vuestros padres
en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, No irritéis a
vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo. Salmos 77, 19, hermanos. ¿Lo tienen, hermanos? ¿Con un
amén? Y dice el Salmo 77, 19. En la mar fue tu camino, y tus
sendas en las muchas aguas, y tus pisadas no fueron conocidas. y tus pisadas no fueran conocidas. Buen Padre que estás en los cielos,
te damos las gracias por este momento, Señor. Ahora que venimos
a escudriñar tu palabra, Señor, y a predicarla, pedimos tu dirección. Padre, como lo he dicho siempre,
quítame de en medio, escóndeme de tu cruz, Señor, y quita todo
lo que es malo que pueda, Padre, perjudicar, que pueda quitarnos
de nuestra mente, nuestro corazón, lo que tú tienes para nosotros.
Mira el corazón, Padre, de nosotros, mira el corazón de cada padre,
de cada hijo, Señor, en esta mañana y háblanos, Señor. Háblanos
a través de tu palabra y en esta mañana podamos hacer cambios
en nuestras vidas y podamos, Señor, tener un hogar, unos hijos,
unos padres que siempre podamos alabar y glorificar tu nombre
y servirte, Señor. Bendícenos y háblanos. en Cristo Jesús oramos y las
gracias te damos. Amén. Pueden sentarse, hermanos.
Hermanos, el último verso de Ídel, no voy a entrar mucho en
él, donde dice, y tus pisadas no fueron conocidas. ¿Cuántas
veces yo sé que la mayor parte de la vida aquí de nosotros hemos
ido al mar? Cuando andamos de vacaciones, vamos a nuestro país
o aquí, hemos ido al mar. Y cuando andamos caminando, hermanos,
este, a la orilla, ya cuando en la arena, pero que llegan
las olas. Van quedando esas huellas, van quedando esas pisadas, pero
luego que viene el agua a las olas, esas pisadas se borran. Esas pisadas ya no están. Estaba
viendo una fotografía de un padre, no sé si muchos la han visto
caminando, y su hija va atrás, y su hija va siguiendo sus pisadas,
su hija va siguiendo sus huellas. Y en esta mañana, hermanos, mi
pregunta sería, ¿nuestros hijos quisieran seguir nuestras pisadas?
¿Nuestros hijos quisieran seguir nuestros ejemplos? ¿Nuestros
hijos quisieran seguir nuestras huellas? Es una pregunta. No levante la mano, solo conteste. Yo ya me la contesté. Y sé, hermano,
que como padres hemos fallado en muchas cosas. y yo soy el
primero que hemos soñado. Qué triste sería para nosotros,
hermanos, que nuestros hijos puedan decir que no quieren seguir
nuestras pisadas. Sería para nosotros, como padres,
una tristeza tan grande escuchar a nuestros hijos que no quieren
seguir nuestras pisadas. Yo sé, hermanos, que cada uno
de nosotros hemos tenido a nuestros padres, Hay unos que los tienen todavía,
para otros pues han muerto. Y nos han dejado, nos han dejado
ejemplos, nos han dejado huellas. A la edad de nueve años, hermano,
yo estuve hasta la edad de nueve años, estuve con mi padre. Y
les puedo seguir que a esa corta edad yo puedo recordar todo de
mi padre. Además, tengo años atrás, dos,
tres años atrás, recuerdo, cuando tenía dos, tres años, cuatro
años, recuerdo cómo era mi padre. Y como muchos, tal vez aquí,
no todos, pero mi padre era un borrachón, un jeriego. Mi padre
le pegaba a mi mamá. Y si Dios no me hubiera salvado,
no sé, hermanos, cómo sería mi vida. Pero Dios me salvó. Y Él hizo un cambio en mi vida.
Porque por el camino que yo iba, si me hubiera casado sin ser
cristianos, nuestros hijos tal vez ahora mismo no estuvieran
siguiendo nuestras pisadas, no estuvieran siguiendo nuestras
huellas. Y como el caso mío, puede haber el caso de muchos
de ustedes en esta mañana, que pueden decir eso de sus padres.
Gracias a Dios hay jóvenes, hay padres aquí que tienen padres
cristianos, que siempre han sido cristianos. ¡Qué bueno por eso!
Pero lo que quiero decir es que de una u otra manera padres cristianos
o padres no cristianos dejaron unas huellas en nuestras vidas,
dejaron una huella, un ejemplo en su vida. ¿Podrán decir nuestros hijos
quiero seguir las huellas de papá? ¿Quiero seguir las huellas
de mamá? ¿Quiero ser como ellos son? Pero
en esta mañana hermanos no quiero hablar aunque hay aquí presentes,
creo, padres que no son cristianos, pero en esta mañana espero que
Dios obre sus vidas. Esta mañana el mensaje más que
todo es en general, pero quiero hablar a padres cristianos, a
hijos de Dios. Quiero que enseñemos a través
de la palabra de Dios a nuestros hijos qué clase de huella queremos
que ellos sigan. Debemos de inculcarles desde
pequeños a nuestros hijos las pisadas del Maestro, con nuestra
manera de vivir, con nuestro testimonio para que ellos quieran
seguir nuestras pisadas. Yo también me hago una pregunta,
hermano, ¿qué pasaría si ahora mismo se le entrega una hoja
en blanco a cada uno de nuestros hijos? ¿A cada uno de nuestros
hijos le entregamos una hoja en blanco para que ellos escriban
todo? pero 100% seguros, 100% correctos
de que están escribiendo la verdad acerca de papá y de mamá. ¿Qué
pondrían nuestros hijos de nosotros en ese agua y blanco? Y sin ningún
temor que usted como padre le dé el permiso de que escriba
lo que hay en su corazón, lo que él ha vivido con cada uno
de nosotros. Porque si le damos un ojo en blanco a un niño y
el papá está ahí, lo queda viendo y el papá, cuidado con lo que
escribes, entonces va a escribir lo mejor. Pero que después de
que ellos escriban esa hoja, viene el pastor y pone todas
esas hojas en el anexo, no aquí en el anexo, una por una y que
no vaya firmada esa hoja, que no vaya firmada por ningún hijo,
por nadie, que vaya anónimo. y las pusiéramos allá, en el
anexo, y fuéramos todos, cada uno de nosotros, a leer esa hoja. Creo que si hubieran 90, 100
hojas, creo que nos tomaríamos el tiempo de leer esas hojas. Y sin saber el nombre, creo,
estoy casi, casi, casi, casi un 99%, no digo el 100%, porque
a veces somos orgullosos y no lo queremos adoptar, pero a leer
una carta que esté allá, y yo pueda leer la carta, yo podría
decir, esta carta la escribió mi hijo. Porque usted conoce
a su hijo, y su hijo lo conoce a usted también. Ellos están
mirando todo. Tal vez muchos de nosotros nos
sorprenderíamos con lo que ellos escribieran, con lo que ellos
dijeran acerca de nosotros. ¿Qué clase de huellas, hermanos,
estamos dejando a nuestros hijos como cristianos? ¿Cuál es el
legado, cuál es el ejemplo que queremos que ellos sigan? ¿Quiero yo que mi hijo me siga
en las cosas del Señor? ¿Quiero yo dejar unas buenas
ellas? Como les dije, ahí miré una foto
de esa niña siguiendo las huellas de su padre. La pregunta nuevamente
de esta mañana sería, ¿desearían nuestros hijos seguir nuestras
pisadas, hermanos? Pienso, hermano, que muchas veces sí, aún con
nuestros malos ejemplos, nuestros hijos, muchos de ellos seguirían
nuestras pisadas, aunque no andemos bien. Porque nuestros hijos, cuando
los miran, hermano, a veces quieren ser lo que nosotros somos o quieren
hacer lo que nosotros hacemos. Pero eso es cuando están pequeños,
quieren hacer todo. lo que hacemos, y ellos lo hacen.
Aquí hay muchos hermanos que tienen niños pequeños. Quedo mirando aquí cuántos niños
hay, los que hay en esa lacuna, jóvenes. ¿Quieren nuestros hijos seguir
nuestro ejemplo? Hágase esa pregunta, hermano.
¿Quiere mi hijo seguir mi ejemplo? como les dije, malos o buenos,
estamos dejando huellas en nuestros hijos. Es muy importante para
nosotros como padres dejar buenas huellas en el corazón de nuestros
hijos. Es muy importante, hermano, para
nosotros como padres dejar en el corazón de nuestros hijos
buenas huellas. ¿Qué estamos dejando en ellos,
hermano? ¿Qué estamos dejando en nuestros hijos? ¿Estamos dejando
convicciones? ¿Estamos dejando sabiduría? ¿Estamos
dejando temor a la palabra de Dios? ¿Estamos dejando respeto
hacia los padres, hacia Dios? ¿Estamos dejando eso hacia nuestros
hijos? ¿O estamos dejando envidias? ¿Estamos dejando pleitos? ¿Estamos
dejando condiendas? ¿Estamos dejando cosas malas
hacia nuestros hijos? Sé que en esta mañana aquí hay muchos
que no son padres, pero van a llegar a serlos. Y eso también no solo
va para los que van a ser padres, sino para los abuelos. dar buenas
huellas para nuestros hijos, para nuestros nietos. ¿Qué estamos dejándoles a ellos? Pero lo más importante, hermano,
nosotros debemos estar seguros. ¿Qué clase de huellas queremos
dejarles a nuestros hijos? ¿Qué clase de huellas? Como les
dije, nosotros tuvimos padres inconversos. Tuvimos malos ejemplos,
pero también de ellos. No quiero decir que porque son
inconversos nos dejaron malos ejemplos, no. Muchos de ellos
nos dejaron buenos ejemplos en cómo respetar a los adultos,
cómo trabajar, cómo ser responsable, pero ellos no tenían convicciones
bíblicas porque no eran cristianos. Esos ejemplos no podemos dejarnos
a nuestros hijos si no tienen convicciones bíblicas. porque
a ellos les iría mal. Si los ejemplos y las huellas
no están metidos en la palabra de Dios. Ahora en esta mañana,
hoy sí voy a entrar al mensaje de esta mañana. Vamos a ver varios puntos. Vamos
a ver varias características. Espero que el tiempo nos lo dé. Yo pienso que sí. Pero creo,
hermanos, que Como padres, si queremos dejar buenas huellas, buenos ejemplos,
debemos de tener con nosotros, vivir con nosotros estas características
que vamos a ver muchos, ya las sabemos, pero no las ponemos
por práctica. Hermano, hablando de buenas huellas,
no estoy hablando de malas huellas, hablando de buenas huellas, miremos
Gálatas, el libro de Gálatas, 2.20, Dice Gálatas dos veinte, hermanos,
con Cristo estoy juntamente crucificado y vivo no ya yo, mas vive Cristo
en mí. Y lo que ahora lo vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí. Mi deseo, mi corazón esta mañana
es que podamos hacer cambios en nuestras vidas. Nos van a
costar, pero si llegamos a hacer cambios, vamos a tener unos hijos
que quieran seguir nuestras huellas. Unos padres, hermanos, que dejan
buenas huellas primeramente, como dice Gálatas 2.20, son padres
o somos padres espirituales. Son padres espirituales. Hermanos,
nuestros hijos pueden decir que somos unos padres espirituales.
Nuestros hijos podrán decir, wow, yo quiero ser como papá,
yo quiero ser como mamá, que ellos son espirituales, que ellos
están entregados a la obra del Señor, que ellos están leyendo
la palabra de Dios, que ellos están sirviendo al Señor, wow,
yo quiero ser como ellos. ¿Podrán decir eso nuestros hijos
en esta mañana, hermanos? ¿Qué quieren ser como nosotros? que quieren servir al Señor.
Unos padres hermanos que dejan huellas son padres espirituales,
pero que primeramente, unos padres que quieren dejar buenas huellas
están pensando en las cosas de Dios. Unos padres que cuando
hay una necesidad en el hogar, lo primero que hacen es no levantar
el teléfono, llamar al amigo, llamar al compadre y decirle,
mira, estoy pasando por esto y esto y esto. Unos padres espirituales
son aquellos que primeramente, antes de llamar al doctor, antes
de llamar al 911, nos comunicamos, llamamos a nuestro Dios. Porque
sabemos que nos va a escuchar. Sabemos que Él está atento a
nuestras oraciones. Unos padres espirituales siempre
deben estar entregados a la palabra de Dios, siempre. Y siempre debemos
estar dejando buenas huellas a nuestros hijos. Lo primero
que tenemos que hacer es postrarnos. Postrarnos ante el Dios Todopoderoso
y presentar nuestras necesidades. Que nuestros hijos vean que todo
lo que tenemos proviene de Dios. Todo lo que necesitamos lo provee
a nuestro Dios. Todo lo que le pidamos, Él nos
lo suplirá a cada uno de nosotros según sea su voluntad. Un padre,
hermano y una madre espiritual son aquellos que le enseñan a
sus hijos que mi Dios al que yo sirve es el Dios que queremos
que ellos sirvan. Hay muchos jóvenes hoy en día
tristemente, hijos de padres cristianos que no están sirviendo
al Señor. Conocemos padres que sus hijos
crecieron en esta iglesia, un día estuvieron en los caminos
y hoy no están sirviendo al Señor. Y sé que es doloroso para esos
padres que sus hijos no estén en los caminos de Dios. Pero
nuestros hijos, hermanos, deben de vernos a nosotros. Si queremos
dejar buenas huellas, deben de ver en nosotros cómo buscamos
la presencia de Dios en nuestra vida. deben desear ese Dios que nosotros
tenemos. ¿Cuándo fue la última vez, hermano,
que usted y yo nos sentamos a hablar con ellos una verdad bíblica?
¿Cuántas veces les dijimos, hijo, ven, hablemos de las cosas de
Dios? No estamos dejando huellas bíblicas
a nuestros hijos, hermano. No estamos dejando huellas bíblicas
a nuestros hijos. Hermanos, como les dije, yo nunca
tuve una figura paterna. Yo nunca pude decirle a mi papá,
a mi padre, papá, nunca. A él le decían, no sé por qué,
a él le decían chele, pero era trigueño igual a mí. Sabemos
que los cheles son blancos, pero yo nunca dije la palabra papá. Mis padres no eran cristianos.
Ahora, gracias a Dios, mi madre es cristiana, parte de la familia
es cristiana. Y cuando yo ya acepté a Cristo Jesús, hablé
con varios amigos pastores de ahí en Honduras y les dije que
fueran y le presentaran el plan de salvación a mi padre. Tuvieron
que ir dos veces, le presentaron el plan de salvación. Y gracias
a Dios, mi padre fue salvo. Mi padre murió, pero yo sé dónde
está ahora mismo. Yo sé que un día lo voy a ver. Así como mucho
cada uno de nosotros. Y los ejemplos que yo tenía de
él eran ejemplos malos. eran ejemplos malos. ¿Cómo quisiera, hermanos? ¿Cómo quisiera regresar el tiempo y poder dedicar más tiempos a
mis hijos? A veces nos afanamos tanto por
el trabajo que dejamos todo el cuidado de nuestros hijos a nuestras
esposas, a las madres. Pero si se pudiera regresar el
tiempo sería algo estupendo, no solo para mí, sé que muchos
de nosotros podríamos sentir así, que estamos alejados, que
vivimos alejados cuando ellos más necesitaban, cuando estaban
pequeños. Y no solo pequeños, ahora que
están grandes, cuando más lo necesitan. Porque este es un
tiempo donde nuestros hijos, si no están con nosotros, no
estamos con ellos, es un tiempo peligroso donde se nos pueden
perder, donde se nos pueden perder. Hermano, ¿qué miran nuestros
hijos en nosotros cuando nosotros buscamos a Dios? ¿Qué es lo que
están mirando? ¿Realmente ellos miran unos padres
cambiados viendo al Señor? ¿Podrían nuestros hijos venir
donde nosotros y decirme, Dad, Mom, estoy en este problema ahora
por mí, quiero que bíblicamente me aconsejes qué es lo que tengo
que hacer para servir al Dios que tú sirves? ¿Pueden venir
ellos donde nosotros? ¿Pueden venir? Ojalá, hermanos,
en esta mañana podamos entender Galatas 2.20. Con Cristo estoy
juntamente crucificado y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí. más Cristo vive en mí. A veces
pareciera que Cristo no viviera en nosotros con nuestra manera
de vivir. Bueno, miramos que unos padres
que dejan huellas son padres espirituales. Miremos Lucas 8,
40 y 41. Lucas 8, 40 y 41. Unos padres que dejan buenas
huellas, Madre, son padres que buscan sin temor ni vergüenza
de Dios. Son padres que buscan sin temor
ni vergüenza a Nuestro Señor Jesucristo. Si queremos dejar buenas huellas
debemos de buscar sin temor. Dice ahí en el libro de Lucas,
40 y 41, y aconteció que volviendo a Jesús recibióle a la gente porque todos lo esperaban. Y
era aquí un varón llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga,
vino y cayendo a los pies de Jesús, le rogase que entrase
a su casa. Hermanos, existen muchos de nuestros
padres, nos da vergüenza y temor seguir a Jesús por el que dirá
la gente. Pero aquí vemos a este hombre, un principal de la sinagoga,
un judío. Ellos no creían en Nuestro Señor
Jesucristo. Ellos no lo aceptaban. Pero a
este hombre no le importó ir donde Jesús. Este hombre fue
donde Jesús y dice la palabra de Dios postrándose. Un principal de la sinagoga,
hermanos. No le dé miedo, no le dé temor que por allá le dijeran
que, hey, Jairo, ¿qué estás haciendo ahí con esa gente? Jairo, si
nosotros no creemos en ese hombre, ¿qué estás haciendo ahí? A Jairo
no le da vergüenza ni temor postrarse a los pies de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros no le da vergüenza de
postrarnos ante los pies de nuestro Señor Jesucristo. Conocemos la historia de Jairo,
muchos de nosotros, no voy a entrar en detalles por tiempo, pero
él tenía una hija enferma, a punto de morir, y este hombre vino
donde Jesús. Él dijo, a mí no me importa nada,
yo sé que soy un principal de la sinagoga, yo sé que me van
a criticar, pero yo sé que Él es Dios. Yo sé que Él puede sanar
a mi hija. Qué seguridad de este hombre,
hermano, que se presentó ante nuestro Señor Jesucristo con
esa seguridad, sabiendo que Él podía hacer la obra en su hija.
Nosotros podemos hacer eso. Nuestros hijos, hermanos, ¿podrían
decir eso de nosotros? Él dijo, yo voy a ir ante Él
porque yo sé que Él la puede sanar. Yo sé que Él la puede
sanar. Como les dije al principio, debemos
buscar primeramente a nuestro Dios antes de hacer otras cosas,
de buscar otras ayudas, debemos ir primeramente de rodillas, postrarnos ante
Él, ese que nos dio la salvación, nuestro Señor Jesucristo. Él
ha hecho tanto por nosotros y nos dejó buenas huellas, buenas pisadas,
buenos ejemplos, que nosotros debemos de seguir para así nosotros
transmitirlas a nuestros hijos y que ellos las puedan seguir. Hermanos, nuestros hijos miran
que nosotros estamos confiando en nuestro Señor Jesucristo,
que toda nuestra confianza la estamos poniendo en Él Solo así,
hermanos, podemos dejar en ellos buenas huellas. ¿Cuántos problemas y dificultades
hay un día? Tenemos como padres, hay muchas dificultades. de muchas,
de diferentes maneras, pero en cualquier y cada uno de ellos
debemos de buscar de la presencia de Dios y que nuestros hijos
dominen que estamos buscando la presencia de Dios. Hermanos,
tenemos que buscar a ese Dios que nos salvó, que nos dio la
vida eterna, que somos salvos y el día que muramos sabemos
a dónde vamos. Hermanos, tenemos que buscarlo
sin temor y vergüenza porque sabemos, hermanos, que en Él
está la solución a nuestros problemas, que en Él está la bendición.
en toda nuestra vida. Pero más que todo, estimado oyente,
si usted no cree, no ha creído, no lo ha aceptado en su corazón,
en él está la salvación para su alma. En él está la salvación
para su alma. Hermano, yo creo que Jairo estaba
casado. Jairo tenía una señora. Y él
no le dijo a su esposa, amada mía, ve donde Jesús y dile lo
que está pasando con mi hija y dile que venga. Jairo no hizo
eso. Jairo, él fue personalmente donde
nuestro Señor Jesucristo. A veces nosotros hacemos todo
al revés. Tristemente a veces mandamos a la esposa a hacer
las cosas. Tristemente mandamos a la esposa
a hacer las cosas. Pero la Biblia dice que debemos
ser el hombre, debe ser el líder y sacerdote en el hogar. nos dice la palabra de Dios.
Y aquí vemos a este hombre Jairo que no le dio vergüenza, él mismo
se presentó ante Jesús sin temor ni vergüenza. Nuestros hijos
deben sentirse seguros que en el hogar, ante cualquier problema
secular o espiritual, en cualquier cosa que pase, papá y mamá están
ahí. Papá y mamá están ahí, que sienten
confiados que estamos ahí para ellos. Hermanos, nuestros hijos
desean ver, aunque a veces no lo digan, desean ver un padre
espiritual. un padre que busca a Dios, una madre que busca a
Dios. Podemos ver a Jairo, un principal
de la sinagoga, arrodillarse y postrarse y reconocer que él
es Dios, porque yo sé que él puede sanar mi hija, yo por eso
voy a ir donde él, porque él lo hará. Y si conocemos la historia
sabemos qué pasó, no murió la hija de Jairo, ¿Qué
grandes palabras tenemos aquí, hermano, en cuanto a cómo debemos
nosotros servir a Jesús? No nos debe dar temor ni vergüenza
servir a Jesús. Y nosotros debemos de servir
a nuestro Señor Jesucristo para que nuestros hijos también le
sirvan, para que ellos puedan ver en nosotros esos buenos ejemplos,
esas buenas pisadas, pero nos va a costar, porque este mundo
nos tiene agarrados con todas sus cosas. Hermano, número tres,
un padre que deja huellas, unos padres que dejan huellas son
padres prudentes. Miremos Proverbios, vamos al
libro de Proverbios, al capítulo 12, Proverbios, capítulo 12, el verso
16. Vamos a leer desde el 15, Proverbios
15 y 16. Dice, el camino del necio es
derecho en su opinión, mas el que obedece al consejo es sabio. El necio, el necio luego al punto
da a conocer su ira. más el que disimula la injuria,
es cuerdo. Escuchen bien padres, escuchemos,
esto es para cada uno de nosotros, nunca reneguemos, nunca critiquemos
a nadie delante de nuestros hijos, aunque no debemos criticar absolutamente
a nadie, estén nuestros hijos, nunca debemos criticar especialmente
delante de ellos a nadie. Nosotros como padres, si queremos
dejar buenas huellas a nuestros hijos, debemos de ser prudentes.
Nunca hables mal de tu esposa, nunca hables mal de tu esposo,
porque ellos lo están mirando. Porque el día que ellos se casen,
ellos lo van a hacer. ¿Por qué? Porque miraron en casa,
un mal ejemplo, no mirando que estamos dejando buenas huellas.
Hermanos, si hay problemas con mi esposa, si hay problemas con
tu esposo, vámonos aparte, vayámonos aparte, a la privacidad, a nuestro
cuarto y allá arreglamos las cosas. Espero que nuestros hijos
nunca se den cuenta de los problemas de casa. Y en el cuarto que gane
el mejor, el más fuerte, ya saben quién va a ganar, ¿verdad? No,
hermanos, no. debemos enseñar a nuestros hijos
cómo debemos tratar de nuestras esposas, aunque a veces somos
indiferentes. Si queremos dejar a nuestros
hijos buenas huellas, hermanos, y ser prudentes, nunca debemos
estar peleando con ellos, con ellas, con nuestra esposa, con
nuestro esposo. Nunca. ¡Ah, hermano Raúl, pero es que
ella me dijo gordo, viejo, barrigón! Y no lo son. Digo no lo son,
no digo no lo somos. No lo son. realmente nos molestamos
por eso. Oh, si no viene ella, hermano.
No, hermano, es que ya él me dijo, bruja, gorda, vieja. Y sabemos que ustedes no lo son.
Sabemos que ustedes no lo son, nosotros sí. Y por cosas así hay problemas
en el hogar y nuestros hijos se están mirando y no estamos
dejando buenas huellas en ellos. Estamos dañando su corazón, hermanos.
Cuando yo como padre o usted como madre vienen de su hijo
y le dicen, mira que tu papá, mira que tu mamá, y empezamos
a decirles cosas que han pasado, que la podemos arreglar entre
nosotros, pero se las comentamos a nuestros hijos, estamos dañando
su corazón y no nos estamos dando cuenta. ¿Para qué voy a seguir
la huella de papá y de mamá si como viven ellos? ¿Para qué? ¿Por qué no? Porque lo miró el
papá y mamá. Oh, hermano, cuántos errores
cometemos con nuestros hijos. Cometemos bastantes errores con
nuestros hijos. Pensamos que ellos no miran nada, pero vamos
a decirles que ellos lo miran todo. Ellos lo miran todo. No estamos dejando buenas huellas
de prudencia a nuestros hijos y estamos dañando a ellos. ¿Saben
por qué? Porque ellos, como les dije, guardan todo en sus corazones
y esto es no ser prudentes. Nuestros hijos no quieren seguir
nuestras huellas, nuestra manera de vivir a veces. Miremos Santiago
3.5, hermanos. El libro de Santiago, Santiago
3.5, hermanos, No vamos a hablar del chisme
para nada, pero solo quiero que leamos este verso. Dice, así también
la lengua es un miembro pequeño y se gloría de grandes cosas.
He aquí un pequeño juego, cuán grandes bosques enciende. Hermanos, somos fáciles para
hablar, somos fáciles para criticar, muy fáciles para estar hablando
de cualquier persona, de cualquier hermano. Somos muy fáciles. Oh hermanos, la lengua, a veces
decimos cosas que al instante cuando las hemos dicho las queremos
agarrar y tragarlas otra vez porque nos arrepentimos de haberlas
dicho, pero ya es demasiado tarde. Ya herimos, si especialmente
a nuestros hijos ya herimos su corazón. por mucho que pidamos
perdón, sí, ellos porque son nuestros hijos nos van a decir,
está bien papi, no hay problema, está bien mami, no hay problema. Pero eso ya quedó en su corazón,
ya quedó en el corazón de ellos. ¿Qué dirán nuestros hijos de
nosotros como padres? Allá en Proverbios 18-21, vamos
a leerlo, Proverbios 18-21, vamos allá, Proverbios 18-21, nos dice la palabra de Dios,
la muerte y la vida están en poder de la lengua y el que ama
comerá de sus frutos. Miren mis hermanos, en el hablar
hay muerte o hay vida en el corazón de nuestros hijos. Así que tengamos
cuidado con lo que vamos a decir, con lo que vamos a hablar, pensémoslo,
no una, no dos, pensémoslo muchas veces para no dañarnos a ellos.
Unos padres que dejan buenas huellas debemos de ser prudentes
con nuestros hijos. Número cuatro, unos padres que
quieren dejar buenas huellas a nuestros hijos debemos tener templanza y dominio propio. Primera de Timoteo 1, 7. Nos
dice la palabra de Dios porque no nos ha dado Dios. el espíritu
de temor, sino el de fortaleza y de amor y templanza. ¿Cómo nos hace falta eso a ustedes
y a mí, hermanos? El dominio propio y la templanza
en nuestra vida. Nos hace falta bastante. Usted podrá decir,
no hermano, lo que pasa es que yo me enciendo con nada, a mí
solo me enseñan un fósforo y explota. Si quiere explotar, explote usted
solo allá hermano, aparte, pero no explote delante de sus hijos,
porque a veces dañamos a ellos con nuestros arranques, los estamos
dañando con nuestros arranques. Así la manera de actuar de nosotros,
que por cualquier cosa explotamos. por cualquier cosa estamos explotando.
Un alfiler y exploto. ¿Cuántos de nuestros hijos podrían
decir de nosotros? No, pues mi papá y mi mamá tienen
dominio propio. Ante cualquier circunstancia,
ellos saben controlarse. Ellos buscan de Dios. ¿Podrán
decir nuestros hijos eso de nosotros en esta mañana? Y como les dije,
creo que muchos de nosotros no podemos contar con templanza
y con dominio propio en nuestras vidas. Porque a veces hay cosas
que suceden y que nos sacan de nuestras casillas, como decimos. Nosotros como padres debemos
tener templanza y dominio propio en cualquier situación. No pongamos
nerviosos a nuestros hijos por cualquier cosita. Cosas insignificantes
pasan a veces. Y por eso, por no tener un dominio
propio, hablamos de demás. Y más bien asustamos, ponernos
nerviosos a nuestros hijos. ¿Sabemos controlar nuestros temperamentos? ¿Sabemos controlar nuestros temperamentos?
No que no dice la Biblia allá en Proverbios 15, 1, que la blanda
respuesta. ¿Qué hace la blanda respuesta?
Quita la ira. La blanda respuesta quita la
ira. ¿Cómo reaccionamos nosotros cuando nuestros hijos se equivocan?
¿Cómo reaccionamos? Cuando ellos ya la han regado. empezamos a gritar, empezamos
a decirle un montón de cosas a nuestros hijos. Y a veces ellos
ni vienen donde usted y donde mí, sino que prefieren buscar
personas de afuera que les van a dar malos consejos, porque
ya saben cómo voy a reaccionar yo y cómo va a reaccionar usted,
cuando nos diga papi la regué, y qué hiciste, hice esto. ¿Por
qué que no te enseñé eso? Mira que ya empezamos. Si una vez vienen con nosotros
y reaccionamos así, los perdimos. No nos van a tener más confianza
para decirnos lo que está pasando en su vida. Porque saben que
tal vez no los maltratemos físicamente, pero verbalmente los estamos
maltratando por lo mal que han hecho. Reaccionamos con paciencia. ¿Cuál es nuestra reacción? ¿Reaccionamos
enojados o reaccionamos con paciencia por lo que ellos han hecho? unos
padres que dejan huellas deben de ser padres con templazo y
con dominio propio. Aquí muchos de nosotros, no voy
a mencionar nombres, pero sabemos, yo, yo Raúl, yo respeto a un
hermano que le podemos decir de todo y el hermano como dicen
ni fu ni fa, sigue tranquilo, sigue riéndose, sigue, a veces
nosotros estamos que explotamos y decimos, pero el hermano, tranquilo. No sé si en su casa explota,
no sé, pero por lo menos delante de los hermanos demuestra una
templanza, una prudencia y un dominio propio de lo que debe
ser un cristiano. Oh, hermano, cómo dañamos el
corazón de nuestros hijos con nuestra manera de ser. ¿Cuándo
fue la última vez que usted y yo le pedimos perdón a nuestros
hijos por cómo lo hemos tratado, cómo lo hemos gritado? ¿Cuándo
fue la última vez? Oh, yo soy el papá, yo no puedo pedir perdón,
que él venga de mí. La hemos regado, hermanos, y
no lo queremos aceptar. Como padres la regamos, pero
como soy papá y es mamá, no tengo por qué pedir perdón, qué equivocado
estamos y seguimos dañando aún más el corazón de nuestros hijos.
Número cinco, unos padres que dejan huellas tienen amistad
con sus hijos. Unos padres que queremos dejar
buenas huellas, debemos de tener amistad con nuestros hijos. Proverbios
17, 17. Proverbios 17, 17. Si queremos dejar buenas huellas,
hermanos, a nuestros hijos, debemos de tener una linda, una bonita
amistad con ellos, porque ellos necesitan de nuestra amistad
Proverbios 17, 17 dice, en todo tiempo ama el amigo y el hermano
para la angustia del nacido. Dice que en todo tiempo ama el
amigo, en todo tiempo. Nosotros a veces tenemos amigos
que no son nuestros hijos, son hermanos de iglesia o son amigos
inconversos y nos hacen cualquier cosa y les perdonamos de todo,
pero nuestros hijos nos hacen nada. Nuestros hijos, y ya los
juzgamos, deshacemos, desahuciamos de ellos, nos deshacemos de ellos. Qué hermoso es que haya una bonita
amistad entre padre e hijo. Ellos deben sentirse que nosotros
como padres, las hembras, los varones, la hembra es más pegada
a la mamá, los varones al papá, pero debe ser algo lindo esa
amistad entre padres. reaccionamos tan mal ante nuestros
hijos y no le demostramos nuestra amistad. Ahí mismo en Proverbios
18, 24 dice, el hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo
y amigo hay más conjunto que el hermano. Eso es lo que nos
debe unir con nuestros hijos, hermanos, una buena amistad para
que ellos puedan seguir nuestras pisadas. La amistad de ellos
debe ser bien importante para cada uno de nosotros. Como les
dije al principio, cómo quisiera regresar el tiempo, cómo quisiera
regresar el tiempo y poder pasar más tiempo con mis hijos, poder
decirles que los amo y poder decirles que son mis amigos. Y si ellos están todavía vivos,
no hay tiempo, hermano, todavía hay tiempo, todavía hay tiempo
que lo podemos hacer. No importa que estén pequeños
nuestros hijos o estén grandes, debemos demostrarlos y debemos
desear de ser amigos con ellos. Debemos desearlo, ¿para qué?
Para que ellos puedan seguir nuestras pisadas. Ya el tiempo
no lo podemos regresar, no podemos remediar el pasado, no podemos
hacer absolutamente nada del pasado, pero sí podemos volvernos
a ganar la amistad de nuestros hijos. Nuestros hijos tienen
que saber que tienen unos padres que no solamente estamos con
ellos, sino también ellos deben sentir que somos sus amigos.
Que si bien es cierto que hay que disciplinar, que hay que
corregir, que hay que instruir a nuestros hijos, pero que también
sepa que hay momentos de diversión que podemos estar con ellos como
amigos, divertirnos. Nuestros hijos deben de ser nuestros
amigos. Hermano, si en esta mañana no agarró nada del mensaje, solo
quiero que agarre esto. porque a veces se nos va todo. Nunca, hermanos, nunca ridiculicemos,
regañemos o peguemos a nuestros hijos de delante de los demás.
Nunca, porque vamos a matar, vamos a dañar el corazón de nuestros
hijos. No importa, como lo dije, si
son pequeños. Nosotros pensamos que nuestros
hijos pequeños de 6, 7, 8 años no captan, lo captan todo, lo
absorben todo. No nos equivoquemos. Debemos
tener cuidado con eso. Hermano mío, cuando nuestros
hijos se hagan, llevémonos aparte a un lugar privado y ahí, digámosle
lo que han hecho mal. pero de buena manera, aunque
nos estemos mordiendo la lengua, pero que ellos sepan, que ellos
sepan que tienen un amigo con ellos, que no estamos ahí solamente
para regañarlos, hay que disciplinarlos a solas a nuestros hijos. para
que ellos no se sientan avergonzados. Pero habemos, y lo digo con toda,
habemos muchos padres, dije habemos muchos padres que maltratamos,
sea verbalmente como sea, a nuestros hijos delante de quien sea y
no nos importa. Y déjame decirle que nuestro
hijo se siente avergonzado cuando hacemos eso. Tal vez usted no
lo mire así, pero nuestros hijos se sienten avergonzados cuando
usted y yo los maltratamos verbalmente como desea, o les llamamos la
atención de mala manera delante de sus amigos y delante de otras
personas. ¿Qué vamos a actuar, hermano,
cuando nuestros hijos nos traen malas notas? Díganme, y sean
sinceros, ¿cómo? Cuando vienen con buenas notas,
no sé cómo califiquen aquí, si de letra, número, F, pero pongámonos
que vengan con una F, que es lo más malo que hay. Eh, nuestra
reacción sería espantosa. ¿Pero por qué, hermanos, si recuerda
que ustedes y yo éramos así? Hermanos, ustedes y yo éramos
así, entonces queremos que nuestros hijos sean estudiosos, saquen
buenas notas, saquen solo dieces. Hermanos, si nosotros, no sé,
voy a decir en términos hondureños, hay quienes llegamos solo hasta
sexto grado. No pudimos seguir, tal vez algunos, porque nuestros
padres no podían pagar el colegio, o tal vez otros porque no pudimos,
llegamos al sexto, salimos del sexto grado de la primaria, tal
vez ya arrastrando. ¿Por qué? Porque, porque éramos, porque éramos burros. Rectamente,
hermanos, perdónenme. Y no lo agarren a mal. Y queremos
que nuestros hijos, hermanos, saquen lo mejor. Estamos insistiendo
que te gradúes de esto, gradúate de esto, que te gradúes de teología,
biología y se nos olvida hermanos con todo respeto que nosotros
nos graduamos de burología. No de verdad hermanos, de verdad
créanme, si nos reímos, nos reímos pero es la pura verdad de nuestras
vidas, queremos que nuestros hijos sean los máximos y que
el padre no se va a sentir orgulloso de que su hijo sea excelente
en la escuela, en el colegio, todo y cada uno de nosotros.
Pero no exijamos algo que usted y yo no lo hacíamos. Si ellos
sacaron malas notas, vamos, ven hijos, ¿qué pasó? ¿Cómo te sientes? ¿Qué te está pasando en tu vida?
¿Por qué estas notas? Tú no eres así, aunque siempre has sido
así, ¿por qué siempre tú eres así? Para que él agarre esa autoestima. No te preocupes, hijo, no te
preocupes. Tú puedes. Échale ganas y vas a ver que
la próxima tú la vas a traer. ¿Cómo sale el niño? Feliz y contento. Porque papá lo aconsejó, no lo
regañó. Seguimos. Unos padres, hermanos,
que dan huellas, dan instrucciones a sus hijos. unos padres que
dejan huellas, pero cuando estoy diciendo que dejan huellas, creo,
quiero que sepan que deben dejar buenas huellas, no estoy hablando
de cualquier huella, buenas huellas a sus hijos. Miremos Proverbios
22.6, dos hojas adelante, Proverbios 22.6. Nos dice la Palabra de Dios en
Míntidos 6, el que guarda su alma, el 6 dice, instruye al
niño en su carrera, aun cuando fuere viejo, no se apartará de
ella. ¿Desde cuándo, hermanos? Desde
niños, desde pequeños debemos de instruir a nuestros hijos.
Miren, vemos Proverbios 4.10. Proverbios, ahí atrasito, Proverbios
4.10. Proverbios 4 dice, oye hijo mío,
y reciben mis razones, y se te multiplicarán años de vida. Hermanos, hay que instruir a
nuestros hijos, hay que plantar en el corazón de ellos la semilla
de la palabra de Dios, pero no solo plantarla en el corazón
de ellos, sino también estar regando continuamente, diariamente,
esa semilla en su corazón para que ellos nunca se aparten de
Dios, para que ellos crezcan sirviéndole a nuestro Dios. No
solo le hablemos, mira, Cristo salva y eso es todo y nos quedamos
ahí. Hijo, ¿aceptaste a Cristo Jesús? ¿Quieres ser salvo? Sí,
papi, ¿quieres ser salvo? Y lo dejamos ahí. Y a veces no sabemos si
realmente nuestros hijos son salvos porque no les damos la
importancia, porque no estamos sembrando en ellos la semilla
continuamente, diariamente, para que ellos estén seguros que han
aceptado a Cristo Jesús en su corazón. Hay que dejar buenos
valores en el corazón de nuestros hijos. ¿Cuándo fue la última
vez que nosotros instruimos a nuestros hijos con la palabra de Dios?
¿Cuándo fue la última vez? A veces no lo hacemos y a veces
nuestros hijos, muchas veces o pocas veces, no nos miran escudriñar
la palabra de Dios. Ellos miran más a mamá escudriñar
la palabra de Dios. Y ellos dicen, no, no, no, no,
mi papá no sabe mucho. Mi mamá es la que sabe más de
la palabra de Dios, porque mi mamá es la que está más entregada
a la lectura de la palabra de Dios. Papá no. Eso nos debería
dar vergüenza, de que nuestros hijos estén mirando que quien
sabe más Biblia en el hogar es mamá y no papá. Y no me mire
así, hermano, con esos ojos, porque es verdad. Tristemente,
si usted no es de esos, pues, gracias a Dios, qué bien. Pero
a veces en el hogar nuestras esposas saben más Biblia que
nosotros. Muchas veces esto sucede, hermanos.
Debemos instruir a nuestros hijos, hermanos, desde muy temprano. Y si nosotros nos instruimos
con la palabra de Dios, ellos van a caminar bien. Pero si no
le instruimos la palabra de Dios, sus vidas van a estar como esos
barcos a la deriva sin capitán. Pero si están instruidos bajo
este precioso libro, su caminar va a ser siempre para adelante,
va a ser siempre buscando las cosas de Dios. Y eso es lo que
nosotros como padres debemos inculcarles a nuestros hijos. En cierta ocasión un padre le
dijo a su hijo, hijo ten cuidado por donde caminas, por donde
pisas. Y el hijo le respondió, ten cuidado de tú. Tú ten cuidado
porque recuerda que yo estoy siguiendo tus pasos. Nuestros
hijos están siguiendo nuestros pasos, hermano. ¿Y qué pasos,
qué huellas les estamos dejando? Oh, hermano, cuántas cosas hemos
hecho mal con nuestros hijos. ¿Nuestros hijos se sienten seguros
y confiados siguiendo nuestras huellas? ¿se sienten confiados y seguros
siguiendo nuestras huellas por las instrucciones que nosotros
les hemos dado a través de las palabras de Dios, hermanos? ¿Nuestros
hijos podrán decir que somos conocedores de la palabra de
Dios o que es mamá? Se lo dejo a usted. Yo sé que
ya lo pensó, pero no lo diga. Nuestros hijos. deben de estar
contentos y confiados en que papá y mamá saben de la palabra
de Dios y que la estamos dirigiendo, la estamos guiando por el buen
camino. Uno más, unos padres que de esas huellas también deben
tener disciplina sabia. Disciplina, cómo nos encanta
disciplinar a nuestros hijos. Nos encanta disciplinar por cualquier
cosa. Si se ríen, porque se rieron mal. Si no se ríen, porque no
se ríen. Por cualquier cosa insignificante, queremos disciplinar a nuestros
hijos. Ahí en Proverbios 13, Proverbios
13, 24. Proverbios 13, 24. El que detiene el castigo, a
su hijo aborrece. Un ser que lo ama madruga a castigarlo. Oh hermanos, nunca detengamos
un castigo, una disciplina que queremos hacer a nuestros hijos
porque va a doler nuestro corazón, porque eso es lo que sucede.
A veces les amenazamos con que cuando llegue a casa me la vas
a pagar, pero ya en el trayecto a casa se nos ha ido todo aquello
que teníamos y hasta cierto punto está bien porque si lo castigamos
en el momento podemos castigarlo incorrectamente. Pero cuando
llegamos a casa se nos ha olvidado, no disciplinamos y no castigamos
a nuestros hijos por algo que han dicho o han hecho. Los padres que queremos dejar
buenas huellas debemos disciplinar a nuestros hijos sabiamente.
¿Desde cuándo? Como dice, desde pequeños debemos
disciplinarnos. No estoy hablando, hermanos,
de abuso, porque disciplinar a veces abusamos la manera en
que castigamos a nuestros hijos. ¿Cuándo fue la última vez que
disciplinamos a un hijo con sabiduría y con razonamiento? ¿Cuándo fue
la última vez que lo hicimos? A veces lo hacemos mal. Dice
la Biblia que agarremos una varita y le damos. Pero qué resulta,
a veces cuando estamos en reuniones de familia, estamos ahí pasando
un tiempo con familia, estamos todos ahí y de repente sale la
pregunta y no sé por qué sale la pregunta y te decimos, ¿y
a ti quién te gustaba que te pegara? ¡Papá! Como que al unísimo
de los tres dicen papá y se le pregunta ¿por qué? Porque papá
pega duro, pero solo son tres o cuatro. Y tu mamá, oh, mi mamá,
mi mamá no. Mi mamá dice que lo que mero
que agarra ahí, si agarra chancletas, si agarra palos, lo que agarra
y empieza guau, guau, guau, guau, guau. Nos agarra el 24 de diciembre,
llega el 31 de diciembre y todavía no está dando. ¿Por qué creen
que yo me puerto bien, hermano? A mí me agarra el 1 de enero
y todavía estamos con eso de ahí. Hermanos, sabemos disciplinar
sabiamente a nuestros hijos. Debemos de castigarlos sabiamente.
Nunca disciplinemos a nuestros hijos enojados. ¡Nunca! Porque
podemos abusar de ellos. Podemos abusar de ellos. Miremos
Efesios, hermanos, 6.4. Ahí. Efesios 6.4. Dice, y vosotros padres, no provoquéis
a ir a vuestros hijos, sino criarlos. Dice, criarlos en disciplina
y amonestación del Señor. Dice, criarlos. Pero nosotros,
hermanos, estamos haciendo todo lo contrario. A veces los disciplinamos,
provocándolos a ir a por la manera en que lo hacemos. Y es por eso
que hoy en día, hermanos, muchos jóvenes, no solamente nuestros
hijos, sino también muchos jóvenes en la iglesia se están desalentando,
están muy desalentados por culpa de nosotros los padres, porque
no sabemos disciplinarlos, no sabemos disciplinarlos. Hay que
disciplinar a nuestros hijos sabiamente y con razonamiento. Hoy sí, hermanos, como les dije,
hoy vamos al último. Unos padres que dejan huellas, son un ejemplo
a seguir. Unos padres que dejan huellas
son un ejemplo a seguir. Miremos ahí en Segunda de Reyes,
vamos a ir al Antiguo Testamento, Segunda de Reyes, el capítulo
10, segundo libro de Reyes, capítulo
10 y el verso 15. Segunda de Reyes, segundo libro
de Reyes, capítulo 10 y el verso 15. Si miramos hermanos, si le
damos dos hojas atrás, si miramos el capítulo 9, podemos entender,
vamos a ver cuando Dios Manda a Eliseo que busque un siervo
y vaya entre los príncipes a buscar a quien van a ungir como rey.
El siervo va, se mete a una recama donde están todos los príncipes
y va donde uno y le dice, mira, Dios ha dicho estas palabras.
Y él le pregunta, ¿quién ha dicho? Dios. Y lo unge como rey. a Jehú cuando
Jehú fue ungido como rey en el versículo, en el capítulo 9 y
le da las instrucciones a Jehú de lo que debe de hacer con los
siervos de Baal y todo lo que debe destruir y Jesús lo hizo,
Jehú lo hizo. Y del capítulo 9 para acá podemos
ver todo lo que Jehú hizo a quienes Dios le dijo a través de esos
siervos que matara, que eliminara, que destruyera y Él obedeció
lo que se le había mandado. Y ahí, y ahora en el 1015, miramos
qué dice. Partiéndose luego de ahí, encontróse
con Jonadad, hijo de Recab, y después que lo hubo saludado, díjole,
oiga bien, hermano, oiga bien, ¿es recto tu corazón como el
mío es recto con el tuyo? Es recto tu corazón como el mío
es recto. Con el tuyo, hermanos, podríamos
decir las palabras que dijo Gonadab con toda seguridad, con toda
sinceridad. ¿Podemos decir las palabras que
dijo Gonadab? Le dijo, lo es. Y por si hay alguna duda, pues
lo es, se lo repitió dos veces le dijo. Sí, mi corazón es recto. Entonces el rey Jehová vino y
le dijo, entonces dame la mano. Le agarró la mano y lo subió
al carro. Muchos conocemos la historia
de lo que pasó después. Y si vemos más adelante, hermanos, vamos a ver Jeremías 35, 8. Jeremías
35, 8. Dice 35, 8. Vamos a leer el 7, desde el 6,
más ellos dijeron, no beberemos vino porque Jonadab, hijo de
Reca, nuestro padre, nos mandó diciendo, no beberéis jamás vinos
vosotros ni vuestros hijos. ni edificaréis casas, ni sembraréis
cementeras, ni plantaréis viñas, ni las tendréis, mas borraréis
en tiendas todos vosotros, todos vosotros días, para que viváis
muchos días sobre la azte de la tierra, donde vosotros peregrinaréis. Y dice el 8, y nosotros, y nosotros
hemos obedecido la voz de Jonadad, nuestro padre, Hijo de Recap,
en todas las cosas que Él se nos mandó, de no beber vino y
continúa todo por ahí. Y nosotros hemos obedecido la
voz de nuestros padres con edad. ¿Estamos obedeciendo nosotros,
hermanos, la voz de Dios? ¿Es recto nuestro corazón como
padre, primeramente delante de Dios y después delante de nuestros
hijos? y después delante de nuestros
hijos. Miramos cómo el rey Jehú destruyó todos los siervos de
Baal y Jonadá estaba ahí presente. Jonadá no estaba buscando riqueza,
Jonadá estaba haciendo la obra del Señor, estaba ahí presente
cuando Jehú destruyó todos los siervos de Baal, a todos, no
dejó ni uno. Y miramos ahí ya en Jeremías
35, 8, cuando dice que ellos han obedecido Todas las cosas
que su padre Jehová les mandó que hicieran. Unos padres, hermanos,
que son un ejemplo a seguir. Este hombre, hermano, llamado
Jonadad, estaba presente cuando exterminaron a los siervos de
Baal y le preguntó a Jehú, ¿tu corazón es recto? Sí lo es. Jonadad
era un ejemplo a seguir. Habían pasado hasta ese tiempo,
desde el libro de Segundo Rey hasta Jeremías, habían pasado
450 años cuando Jeremías dice estas cosas. 450 años y 450 años después, la voz
de ese hombre, que era un ejemplo a seguir. Primero fue Recap,
de ahí Jonadab. La voz se seguía respetando,
seguían obedeciendo y seguían haciendo lo que Dios les había
dicho. Todas las generaciones que venían después de Jonadab,
siguieron obedeciendo lo que se les había ordenado. ¿Cómo
estamos nosotros con nuestros hijos? ¿Cómo estarán nuestros
hijos después con sus hijos, con nuestros nietos? ¿Cómo estarán
nuestros nietos con mis nietos? ¿Podemos nosotros, hermanos,
mirar que esa generación tras generación pueda seguir? Si somos
obedientes a la palabra de Dios, si somos ejemplos para nuestros
hijos, ellos, esas generaciones, podrán continuar. 100, 200, 300 años después, estaban siguiendo
las huellas, las huellas correctas. No podemos imaginarnos, hermanos,
que después de 400 años, su voz, su convicción, todavía estaba
presente en todos ellos. Todavía se seguía respetando.
Eso me dice a mí, hermanos, que sus huellas fueron buenas, fueron
un buen ejemplo para sus hijos. Dice ahí, el 16, dice ahí mismo en el 35,
16 de Jeremías, ciertamente los hijos de Jonabá, hijos de Recam,
tuvieron por firme, tuvieron por firme el mandamiento que
les dio su padre. No cambiaron, nada los hizo cambiar,
siempre estuvieron obedeciendo. Lo que ha dicho su bisabuelo,
su abuelo, su papá, todo, y esperaban ellos que aún esa generación
siguiera obedeciendo lo que se le había dicho. De verdad, hermano,
nuestros hijos pueden seguir nuestras pisadas. Para terminar,
miremos el versículo 19. Oh, hermano, este versículo 19
sí que me encanta. Ahí en 35.19 dice la palabra
de Dios. Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel, no faltará varón. ¿De quién, hermanos? De Jonabá,
hijo de Reca. Que esté en mi presencia, que
esté en mi presencia todos. ¿Por qué? Porque obedecieron,
porque siguieron unas pisadas, siguieron unas huellas, miraron
unos ejemplos de sus padres y ellos hasta ese momento estaban siendo
firmes y obedeciendo lo que se les había mandado. ¿Qué estamos
enseñando nosotros a nuestros hijos hermanos? ¿Qué ejemplos
ellos van a seguir? ¿Qué huellas ellos van a seguir
de nosotros? ¿Qué huellas les estamos dejando?
Tristemente, hermanos, si no dejamos buenas huellas, si no
somos espirituales, si nos da vergüenza buscar a Dios, si no
somos padres prudentes, si no tenemos templanza y dominio propio,
si no somos amigos con los hijos, con nuestros hijos, si no instruimos
a nuestros hijos pequeños, si no disciplinamos a nuestros hijos
y si no somos un buen ejemplo para ellos. Tristemente, el diablo
nos va a ganar la batalla y vamos a perder a nuestros hijos. El
diablo nos va a ganar la batalla y vamos a perder a nuestros hijos. Jóvenes, no sé qué ejemplo están
mirando en sus casas con sus padres, pero si sus padres les
están enseñando buenos ejemplos y están dejando estas cosas,
ustedes son los próximos. Se puede enseñar a sus hijos,
la otra generación, que le sirvan, obedezcan a un Dios topoderoso
para que nuestra generación esté en la presencia de Dios todos
los días. Padre, gracias. Gracias te damos
por tu palabra, gracias por tu cuidado, gracias porque sabemos
que hasta aquí tú no has hablado y te pido, Señor, que tome la
vida de cada padre, de cada madre en este día, Señor, y que podamos
hacer cambios para poder, oh Señor, ser buenos padres y dejarle
a nuestros hijos unas buenas huellas y unos buenos ejemplos.
Gracias, Señor, por tu amor y tu misericordia, y llévanos a nuestros
hogares con tu paz y con tu bendición. En Cristo Jesús oramos y las
gracias te damos. Amén.
Que Huellas Dejamos En Nuestros Hijos
| Sermon ID | 9232323641369 |
| Duration | 1:07:58 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Colossians 3:20-21 |
| Language | Spanish |
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