00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Marcos 15, 42 al 47. El tema del mensaje en esta mañana,
Cristo murió y su pueblo lo sepultó. Cristo murió y su pueblo lo sepultó. Marcos 15, 42 al 47. nos dice así la palabra de Dios. Ya al atardecer, como era el
día de la preparación, es decir, la víspera del día de reposo,
vino José de Arimatea, miembro prominente del concilio, que
también esperaba el reino de Dios, y llenándose de valor,
entró a donde estaba Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato
se sorprendió de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión,
le preguntó si ya estaba muerto. Y al comprobar esto por medio
del centurión le concedió el cuerpo a José quien compró un
lienzo de lino y bajando el cuerpo de la cruz lo envolvió en el
lienzo de lino y lo puso en un sepulcro que había sido excavado
en la roca e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y
María Magdalena y María, la madre de José, miraban para saber dónde
lo ponían. Oremos al Señor. Nuestro Padre
Dios, que moras en las alturas de los cielos, en esta mañana,
al ser expuestos una vez más a tu palabra, te suplicamos,
Señor, que sea bien servida, correctamente trazada, enseñada,
con una correcta aplicación para nuestros corazones, para que
así seamos movidos por tu Espíritu Santo. De igual forma, Señor,
hacer instrumentos de bien para los que nos rodean. Que podamos
ser, Señor, almas vivientes que exalten y glorifiquen tu nombre
gracias a esa obra hermosa hecha por Cristo Jesús en la cruz del
Calvario. y su muerte en lugar nuestro,
Señor. Bendice nuestros corazones, habla
nuestras vidas, que podamos salir tocados por Tu Espíritu Santo. Ese toque sanador que transforma
todo lo que tocas, Señor, para Tu gloria y para Tu honra. Y
esto te lo pedimos, Padre, por Cristo Jesús, nuestro Señor y
Salvador. Amén y Amén. Pueden sentarse. Nosotros iniciamos esta serie
de sermones expositivas dando un sermón introductorio basado
en el versículo 1 del capítulo 1 de Marcos. No sé si ustedes
se acuerdan. De todas formas, está la grabación disponible
para el que le interesase ir a esa introducción. Marcos 1.1
nos dice, principio del Evangelio de Jesucristo el Mesías, Hijo
de Dios. Y hace un par de semanas atrás
vimos, no sé si fue el domingo pasado, el asombrado centurión
que estuvo frente a la cruz donde Jesús murió, al ver que había
entregado su espíritu al Padre, este centurión dijo, en verdad
este hombre era hijo de Dios. Mis hermanos, de eso se trata
el Evangelio, del Hijo de Dios, que vino a cumplir la voluntad
de Dios de salvar a su pueblo. Y en esta voluntad de Dios, pues
precisamente Cristo murió y su pueblo lo sepultó. Esa voluntad
es el motivo hoy de nuestro gozo y una profunda adoración a nuestro
Dios. Es el motivo por el cual nos
reunimos cada domingo a ofrecer nuestra admiración, nuestra reverencia,
nuestro reconocimiento, nuestra exaltación a nuestro gran Dios. es en esa voluntad de Dios que
nosotros somos apartados para Él, que nosotros somos santificados
como Suyos en el Amado, en un plan dispuesto desde antes de
la fundación del mundo por Dios mismo. y no nos cansamos ni nos
podemos cansar cada domingo de proclamar y celebrar esta maravillosa
obra de nuestro Dios que se nos ha manifestado también en nuestro
texto de esta mañana y nos testifica que Cristo murió y su pueblo
lo sepultó. y lo hizo para dar reposo a los
suyos. Ese es nuestro primer tema a
agotar en esta mañana. Cristo murió y su pueblo lo sepultó
para dar reposo a los suyos. En esta verdad nosotros debemos
de insistir una y otra vez, el reposo del pueblo de Dios no
está en los bienes, no está en las comodidades materiales que
podamos tener. El reposo del pueblo de Dios
no está en la ausencia de conflictos. El reposo del pueblo de Dios
no está en la ausencia de enfermedades que podamos padecer. El reposo
del pueblo de Dios está en la obra perfecta de Cristo en la
cruz. a nuestro favor, pagando por
todos nuestros pecados, perdonándonos de todos nuestros pecados, reconciliándonos
con el Dios Eterno por toda la eternidad, quitando la ira de
Dios que estaba en nuestra contra, porque Cristo finalmente llevó
en la cruz del Calvario esa el peso, el castigo de la ira, el
justo castigo que nosotros merecíamos porque estábamos delante de un
Dios airado en contra de nuestros pecados. Esa es la gran verdad. y por esa razón yo afirmo que
no hay posibilidad, bueno las escrituras, no yo, yo podría
afirmar una cosa y estar totalmente equivocado, pero las escrituras
afirman que no hay posibilidad de salvación fuera de Cristo.
Aquel que no se ha convertido a Cristo, aquel que no le ha
entregado su vida a Cristo, aquel que no tiene a Cristo como el
centro de su vida, no es salvo. Por muy bueno que quiera vivir
la vida, por muy filántropo que sea, no es salvo. Esa es la razón por la que Cristo
vino, para dar reposo a los suyos. Él dio su vida, y como nosotros
podemos ver acá, Él dio su vida en la tarde de la preparación. Cristo murió precisamente en
un día de preparación para el día de reposo, tal como nosotros
podemos ver en el verso 42. No sé si usted tiene su Biblia
abierta, pero yo le invito a que usted lo pueda ver conmigo. Eso está en la página 1040 de
la Biblia, Nueva Biblia de las Américas. y en especial ese día de reposo
había un llamado de parte de Dios a celebrarlo con gran solemnidad
la liberación que Dios había dado a su pueblo. Recordemos
que era la semana de la fiesta de la Pascua y los panes sin
levadura. En el relato de Juan nosotros
vemos que real y efectivamente era ese día en Juan 19, 31. Ninguna obra se podía realizar
durante esa festividad y los adoradores debían de realizar
todos los preparativos con antelación para conmemorar, para celebrar
la liberación del Señor que le había concedido al pueblo de
Israel liberación física. Lástima que para muchos de ellos,
en aquel entonces, pues eso no pasaba de ser un ritual y nada
más ocurría realmente en sus corazones. Pero Dios mismo estaba
haciendo los preparativos para que su pueblo pudiera descansar
de sus obras, de sus malas obras. Podemos decir, porque no hay,
no hay ni una sola persona que haga lo bueno, nos dice la palabra.
No hay nadie bueno, ni siquiera uno. Dice la palabra, dice Romanos,
todos merecemos la condenación de Dios, porque todos hemos ofendido
a Dios, porque todos nos hemos revelado contra la santa ley
de Dios. No es lo que usted entienda de
lo que es servir a Dios, no es la excusa que usted ponga para
querer servir o no al Señor, sino lo que Dios ha establecido
soberanamente. Dios hizo todo lo necesario para
que nosotros pudiéramos reposar del desespero que causa el entender
que Dios es justo y yo soy un vil pecador sin posibilidad alguna
de obtener el favor divino por obra alguna que yo pueda hacer
llevándome a confiar. Entonces, como no puedo hacer
nada para ganarme el favor de parte de Dios, el favor divino,
entonces yo debo de confiar. Yo debo de confiar en Aquel que
pagó por mí en la cruz para hacerme descansar solamente en Él que
me hace justo y perfecto ante Dios. ¿Quién es ese? Cristo Jesús. Y Cristo murió precisamente cuando
toda su obra estaba consumada Marcos, el evangelio, el evangelista,
el autor de este evangelio, ha demostrado esto. Pero el apóstol
Juan, que también escribió otro evangelio, explícitamente lo
reafirma en Juan 19.30, que está esa palabra en la que se utiliza
muchas veces en Semana Santa para hacer semón de las siete
palabras, está una de ellas, consumado es. ¿Qué estaba diciendo Jesús con
esto? Sencillamente, que la ofrenda de su vida, de su muerte, fue
aceptada por el Padre. El ruego de Cristo fue escuchado. El tiempo de su humillación había
terminado. El pago por la redención de su
pueblo había sido cancelado. Ya no quedaba más deuda que pagar. Eso fue lo que ocurrió cuando
Jesús dijo, consumado es. Hermanos, esto debe llenar nuestra
vida de enorme gozo, en la bondad de nuestro Dios. Ya nosotros
lo que hemos recibido a Cristo, lo que hemos aceptado a Cristo,
no tenemos deuda que pagar. Ya usted no tiene deuda que pagar,
Cristo la pagó por usted y por mí en esa cruz cuando Él murió. ya él lo pagó, pero era necesario
que fuese sepultado. No se podía dejar allí en la
cruz. En aquel entonces, cuando una persona moría en la cruz,
lo dejaban por tiempo allí y ya cuando comenzaba a herir el cadáver,
lo quitaban de la cruz y lo tiraban por un barranco, por eso se le
llamaba aquel lugar, el lugar de la calavera. porque era el
lugar donde tiraban los cuerpos de esos delincuentes. Pero Jesús
no podía quedar en esas condiciones. Él tenía que ser enterrado. Y
el Catecismo de Heidegger, el Catecismo de Heidegger que estuvimos
estudiando hasta hace un tiempo, la pregunta 41 dice, ¿por qué
fue también sepultado? Haciendo referencia a Jesús,
¿por qué fue sepultado? Y responde, para testificar que
estaba verdaderamente muerto. para testificar que estaba verdaderamente
muerto. Y esto era para afirmarnos que
aún la condena que aún nosotros como su pueblo merecíamos, fue
llevada plenamente por Cristo. ¡Gloria a Dios por ello! Y todo
esto, ¿usted sabe para qué? ¿Para qué? Para que podamos entrar
en su reposo. Dios mismo ha preparado todo
para que entremos en su reposo. Él ha hecho todo. Nosotros no
tenemos que hacer nada más que entrar por la fe en Cristo, en
ese reposo. Entendiendo además, usted sabe
que, que esa fe nos es dada por el mismo Dios. Porque la fe es
un don de Dios. Consideremos cuidadosa y constantemente
esta verdad en la cual nosotros hallamos verdadero reposo, verdadero
consuelo en la obra de nuestro Señor y no seamos como los que
impíamente se endurecen y no obedecen a la fe para descansar
solamente en la hora perfecta del Salvador y buscan maneras
distintas de acercarse a Dios o pretender algo de parte de
Dios. Hebreos 4.11 nos dice, esforcémonos
por entrar en ese reposo. Esforcémonos. Y ahí está, mis
hermanos, lo que es la soberanía de Dios y la responsabilidad
humana. Por un lado Dios dice, soy yo que te doy la fe, y por
otro lado Dios nos dice, esfuérzate. Entonces no hay excusa. No, si
es Dios quien lo hace, pues yo lo voy a dejar que Dios lo traiga
cuando Dios quiera. No. cumpla con su parte. Esfuércese usted. Ahora, claro,
tenemos que reconocer que nosotros no somos capaces de hacer algo
por nosotros mismos de tal manera que realmente podamos tener paz
con Dios o para poder, entre comillas, sentirnos bien con
Dios. Claro, solamente debemos de mirar a Cristo por la fe,
creer lo que Él nos ha testificado, que el sacrificio de Cristo es
completo, es perfecto para apartarnos para Dios y aprendamos a ser
agradecidos. Porque esa es la invitación que
el Señor nos hace. Aprendamos a vivir agradecidos
para con Dios. Cuando nos está yendo mal, aprendamos
a ser agradecidos. Cuando las cosas no están andando
como yo quisiera que andaran, aprendamos a ser agradecidos.
Cuando las cosas están bien, aprendamos a ser agradecidos. El Señor nos ha dado el mayor
regalo que el ser humano puede recibir en esta tierra y es a
su Hijo Amado. No tengamos, como dice la palabra,
por inmunda la sangre del Cordero. No la tengamos a menos. Cuando
desechamos la invitación que Él hace a entregarnos por completo
a Él, cuando desechamos la invitación que Él hace a congregarnos, pues
esto es un mandamiento de Dios, no es un mandamiento de Ramón.
Es de Dios. Pero recordemos como segunda
enseñanza de este texto, que Cristo murió y su pueblo lo sepultó,
dando fe viva a los suyos. Eso es lo segundo que podemos
aprender, dando fe viva a los suyos. Eso fue lo que pasó con
las mujeres que siguieron a Jesús desde Galilea hasta la cruz y
también con los apóstoles como veremos más adelante. Pero también
fue lo que ocurrió con un discípulo que como muchos otros habían
creído en Jesús pero no lo confesaban abiertamente por temor. Habían
personas que seguían a Jesús a escondidas por temor Y de eso
podemos leer de este discípulo en Juan 12.42. Cristo mismo había enseñado en
Marcos 4.30.32 que su reino Esto para que entendamos que
su reino, el reino de Cristo, en los corazones podía empezar
como una de las más pequeñas semillas de las hortalizas, pero
que luego crecía para ser fructífera y de gran provecho para muchos.
Marcos 4.32, cuando dio esa parábola de la semilla de mostaza. Y este
fue entonces el caso de José de Arimatea, que nos ilustra
que el entendimiento de la obra de Cristo se convierte en una
fe viva, una fe para actuar con valor. Es decir, si yo he recibido
el Evangelio, eso comienza como algo pequeño, pero tiene que
ir creciendo. Si eso no va creciendo en mí,
yo tengo un problema. Hay algo que no está funcionando
bien en mí, porque cuando el Evangelio llega va creciendo,
nos va llevando a un mayor compromiso, nos va llevando a una mayor entrega,
a una mayor disposición para la causa de Dios. Y eso es lo
que nosotros vemos de este hombre, este hombre que era de una ciudad
de Arimatea, se le llama así José de Arimatea porque era de
esa ciudad, que era la misma ciudad de Ramá del profeta Samuel,
de donde nosotros hemos leído hoy en Primera de Samuel, formaba
parte, mis hermanos, de los que habían creído en Jesús, éste
José, y éste José era parte del Sanedrín, el cuerpo gobernante
religioso de la Nación de Israel, él era parte de ese cuerpo, pero
él no estuvo de acuerdo con la condena del Sanedrín. No estuvo
de acuerdo. Y usted me dirá, ¿y dónde dice
eso que él no estuvo de acuerdo con eso? Bueno, en la Biblia,
Lucas 23, 50 al 52, se lo voy a leer para que usted vea que
este José era parte del Sanedrín, pero no estuvo de acuerdo con
que se condenara a Jesús. Lucas 23, 50 al 52. Había un hombre llamado José,
miembro del concilio, varón bueno y justo, el cual no había estado
de acuerdo con el plan y el proceder de los demás, que era de Arimatea,
ciudad de los judíos, y que esperaba el reino de Dios. Este fue a
Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Esa audiencia a quien
fue dirigida este Evangelio de Marcos, la audiencia primaria,
que eran los romanos, los cristianos de Roma, que se habían convertido,
que eran y seguirían siendo durante todo ese primer siglo y los siguientes
siglos, objeto de una gran persecución por su fe, escucharon el valor
con el cual actuó José de Arimatea. Tenga pendiente, mis hermanos,
que no es cualquier cosa ir a pedir el cuerpo de alguien que ha sido
condenado como un traidor a la patria, como un delincuente. Esa actitud de José de Arimatea
no es una actitud que cualquiera la podía tomar. De hecho, ninguno
de los apóstoles estuvieron allí. Y eso es lo que nosotros podemos
ver allí en el verso 43. Esta audiencia, la audiencia
primaria de los romanos, perdón, la audiencia primaria del Evangelio
de Marcos, que eran los romanos, se había asombrado, me imagino,
por el relato del valor también del mismo Cristo subiendo a Jerusalén
a enfrentarse a la cruz, y ahora ven el valor que esa cruz había
dado como fruto en un hombre un hombre distinguido, miembro
del Sanedrín, que había, el Sanedrín era el que había hecho que crucificaran
a Jesús, pero a pesar de ello, ese hombre se armó de valor y
fue a donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús, para darle
una honrosa sepultura, como decimos ahora, para darle una cristiana
sepultura, para hacer referencia a Cristo. La mayor parte del
Sanedrín renegó de Jesús. Pero aquí se nos muestra que
aún en esa alta esfera del gobierno la fe en Cristo estaba dando
fruto para actuar con valor. Una fe para identificarse como
seguidor de Cristo. Hasta ese momento llegó la fe
secreta o esa fue reservada que tenía
José de Arimaté hasta ese momento. Ya a partir de ahí lo iban a
ver con recelo. En adelante quedaría registrado
en la historia lo que él hizo para dar sepultura al cuerpo
del Señor Jesús, que era un acto que correspondía a quiénes. ¿Quiénes
son los que entierran a sus muertos? Los familiares y si no tuvieran
familiares, los más cercanos amigos. Así siempre ha sido en
toda la historia a quienes les permitían llevar los cuerpos
de los condenados. Lo que sucede es que muchas veces
en aquellos tiempos, pues, los que eran condenados en la cruz,
a morir en la cruz, pues, la gente, los familiares, no querían
identificarse con ellos porque eran objeto de estigma. Podrían
ser considerados también como traidores o como cómplices. Por esa razón, cuando una persona
moría en la cruz, casi siempre, En la historia conocemos que
estos cuerpos eran desechados como basura, no se le prestaba
atención. Entonces aquí nosotros vemos
que José no esperó, no esperó más. Una vez que Cristo expiró,
nadie más había hecho preparativo alguno para ese momento tan doloroso,
pero allí estuvo este hombre preparado por Dios de manera
providencial. este hombre que lo había hecho
en secreto, pero a partir de ese momento ya era un secreto
a voces, un secreto público, si cabe la palabra, identificándose
con Cristo. ¿Cómo se identificó con Cristo?
Al ir valientemente a solicitar el cuerpo de su Señor que había
condenado a muerte, aquel que lo había condenado a muerte,
y que odiaba a los judíos. ¿A quién era ese? ¡Pilato! ¿A dónde Pilato? Quizás lo hizo ante el centurión
primero, que era el encargado de velar por los cuerpos, y quizás
el centurión le dijo que fuera a dónde Pilato, y quizás cuando
fue a dónde Pilato, por eso Pilato pregunta al centurión, mientras
unos estaban consternados y quizás paralizados del dolor o quizás
paralizados del temor, hay otros, oiga bien, hay otros que como
José están actuando por la fe que han recibido de Dios, una
fe que obra por el amor al Señor. ¿De dónde todo ese valor de José?
¿De dónde? ¿De dónde el valor de los cristianos
perseguidos por seguir a Cristo que nosotros vemos en países
todavía hoy en día? Todavía hoy en día vemos a cristianos
siendo perseguidos por su fe en muchos países. Que nosotros
tengamos aquí libertad de tener una puerta abierta y un letrero
allí que diga que esto es una iglesia y que a usted lo vean
caminando para acá, no quiere decir que así está todo el mundo.
Deje de vivir su vida como encerrada en su pequeño círculo. Todavía
hoy en día hay países, principalmente países musulmanes, donde por
ser cristiano e identificarse como cristiano o el predicarle
a un musulmán lleva condena. En los mejores casos, condena
de cárcel. En los mejores casos. ¿De dónde vemos ese valor de
esos cristianos? Nosotros no tenemos que mostrar ese valor
ahora porque a nosotros no se nos persigue por ser cristianos
o por identificarnos con Cristo. ¿De dónde vemos ese valor? ¿De
dónde sale ese valor? Nosotros podemos decir, yo puedo
decir que la respuesta se encuentra en la fe, en la buena nueva del
Evangelio que ellos han recibido. para poder testificar esta verdad,
incluso a costa de su libertad física o a costa, en el peor
de los casos, de su vida. Que el Señor nos dé a nosotros
esa gracia también, que aunque no somos perseguidos por ser
cristianos, pero muchas veces tenemos vergüenza, tenemos miedo
de que la gente no se identifique como Cristo. Por ejemplo, Si
alguien fuera a su casa ahora a buscarlo, ¿sabría los vecinos
o los familiares suyos que usted está en la iglesia? O quizá usted
sale a escondidas y la gente dice, no yo no sé, ella siempre
sale los domingos, o él sale los domingos, pero no sé para
dónde sale. El Señor nos manda a mostrar
valor, ya sea en nuestro entorno, que no tenemos que sufrir persecución,
ni cárcel, ni muerte, pero tener valor para identificarnos con
Cristo, como hizo este hombre llamado José de Arimatea, que
nos lleva a tener esa fe en el Reino de Dios que ha venido.
que por lo tanto nos identifiquemos como parte de ese reino. Esa fue precisamente la predicación
que comenzó a dar Cristo cuando inició su ministerio terrenal,
eso lo leemos en Marcos, predicamos sobre ello, ya hace un buen tiempo,
hace un año y pico, en Marcos 1, 14 al 15. que nos dice que
después que Juan, Juan el Bautista, fue encarcelado, Jesús vino a
Galilea predicando el Evangelio de Dios. Y lo que Jesús decía
es lo siguiente, y es el mismo mensaje que nosotros somos llamados
también a proclamar. El tiempo se ha cumplido y el
Reino de Dios se ha acercado. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio. Ese es el mismo mensaje que todavía
el Señor nos pide que sigamos dando hoy, en pleno siglo XXI. Nosotros vemos que aproximadamente
tres años después comienza a dar frutos, asombrosos frutos, esa
predicación que comenzó Jesús a dar tres años antes, como lo
que vemos en la fe de este hombre, que inmediatamente después de
la muerte del Señor, Marcos 15, 43, nos testifica que José, como
muchos de los hijos de Dios, del remanente fiel, ¿qué ocurre? ¿Qué esperaba José? Verso 43,
Marcos 15, 43, ¿qué esperaba José? José esperaba el reino
de Dios. Ese reino del cual Cristo comenzó
a predicar al iniciar su ministerio. su Ministerio Público, como les
he dicho. El Mesías, el Rey de Israel,
ahora estaba muerto. ¿Qué seguía ahora? ¿Y ahora qué
hacemos? Nosotros no sabemos lo que pasó
por la mente de este hombre, ¿verdad? No sabemos qué estaba
pensando, sólo sabemos que estaba empeñado. en darle una sepultura
digna, honrosa a su Maestro. Pero su fe en ese Reino de Dios
que se había acercado, como nosotros veremos el próximo domingo si
Dios quiere, no sería defraudada. Esa fe en el Reino de Dios no
sería defraudada. Esa fe que tenía José de Arimatea
no sería defraudada. Él vería la gloria de Dios, la
verdad y poder de ese Reino que no permitía no permitiría que
su santo viera corrupción como inmediatamente después nos contará
el mismo Marcos. Y esa fe que motivó a José fue
un maravilloso instrumento en las manos de Dios dando cumplimiento
a la voluntad divina. Y esa es nuestra tercera reflexión
en esta mañana. Dios está cumpliendo todo su
consejo en cuanto a la salvación de su pueblo mediante la crucifixión,
muerte y sepultura de su Hijo Amado, dando cumplimiento a la
voluntad divina. Los que presenciaron la crucifixión
con sus propios ojos y vieron su muerte, se asombraron grandemente
como aquel centurión del cual hablamos, ¿se acuerdan el domingo
pasado? Y cuando Pilato recibe la petición
de José, de Arimatea, se asombra también Pilato de que tan pronto
haya muerto, porque usualmente cuando una persona era crucificada
no moría en tan corto tiempo. Generalmente la muerte por crucifixión
era una muerte lenta, dolorosa, angustiante, desesperante. Era
como una forma de escarmiento a los que se oponían al Imperio
Romano. Matar a la gente por crucifixión,
porque la gente iba muriendo al paso y en ocasiones podían
durar hasta días. Por esa razón nosotros leemos
acá que Pilato se sorprendió que Jesús ya estuviera muerto. ¿Cuántas horas habían pasado
desde que fue crucificado? ¡Seis horas! Él fue crucificado
alrededor de las nueve de la mañana de ese día viernes y a
las tres de la tarde ya estaba muerto. Y por esa razón entonces
Pilato accede a entregar el cuerpo de Jesús a este hombre temeroso
de Dios, como nosotros podemos ver en los versos 44 y 45 de
Marcos 15. ¿No le asombra a usted que Cristo
haya muerto entregando Él mismo su Espíritu al Padre? ¿No le
asombra que Dios haya escuchado ese ruego de Cristo? ¿No le asombra
que de esta manera se estaba cumpliendo la voluntad divina
de traer salvación a su pueblo, del cual ahora por la fe usted
es llamado a formar parte? ¿No le asombra eso? Mis hermanos,
en el cumplimiento del plan divino hasta la sepultura de Cristo
estaba profetizado. Si usted no lo sabía, hasta en
esa parte, Miren lo que dice Isaías 53,
9. 53, 9. Isaías. Se dispuso con los impíos su
sepultura, pero con el rico fue en su muerte. Es una profecía. Se dispuso con los impíos su
sepultura, pero con el rico fue en su muerte. Y eso fue lo que
se cumplió con la muerte y sepultura de Cristo. Vamos a leer nuevamente
Marcos 15, 46. Marcos 15, 46, nos dice, Quien
compró un lienzo de lino y bajando el cuerpo de la cruz
lo envolvió en el lienzo de lino y lo puso en un sepulcro que
había sido excavado en la roca e hizo rodar una piedra a la
entrada del sepulcro. José había comprado un lienzo
de lino fino, una sábana especial para envolver el cuerpo del Señor
y darle sepultura. Cristo fue muerto llevando nuestra
vergüenza, pero ahora él es sepultado con respeto y honor. Oigan bien la diferencia, fue
vituperado, abofeteado, golpeado, escupido, desnudado, dejado de
ropa interior, porque lo que tenía ese taparrabo era la ropa
interior que usaba, humillado, Pero entonces lo vemos
ahora siendo enterrado, siendo sepultado, con respeto y honor,
en una tumba que seguramente había sido preparada para la
familia de este hombre, que nosotros podemos decir que era un hombre
adinerado, porque tenía no solamente un lugar donde enterrar a sus
muertos, sino también un lugar especial, cavado en una roca. No todo el mundo tenía esa facilidad
de tener un lugar donde enterrar a sus muertos. No hubo canto,
no hubo endechas, no hubo ceremonias multitudinarias de honor al Rey,
pero los pocos que participaron de su sepultura con profundo
dolor y reverencia hicieron lo que Dios mandó. Fueron las personas
que en ese momento puso Dios para hacer su voluntad. Entonces
nosotros podemos decir qué maravillosa es la obra de Dios. En todo momento
y situación Dios tiene a sus siervos para hacer su divina
voluntad. Quiera Dios, oiga bien, quiera
Dios que cada uno de nosotros Quiera Dios que cada uno de nosotros
seamos, en este tiempo, instrumentos para llevar a cabo la divina
voluntad de Dios. Que seamos instrumentos para
testificar de Cristo a todos los que nos rodean, con nuestras
acciones, claro, con nuestra vida, pero también con nuestras
palabras, con nuestra vida entera, que nosotros seamos esos instrumentos,
testigos fieles delante del Señor. Y el verso 47 pone en escena
de nuevo a quiénes. ¿Quiénes están en el verso 47
de nuevo? A las mujeres que de lejos estuvieron
mirando la crucifixión, como nosotros vimos en los versos
40 y 41 de este capítulo 15. Ahora se nos dice que ellas miraban
para saber dónde lo ponían. Su amor por Cristo las hizo seguirle
hasta el final, por más doloroso que esto pudiera ser. Y aunque
ellas no estuvieran claras en cuanto a lo que vendría más adelante,
aunque ellas no estuvieran muy en cuenta, no supieran, no tuvieran
claridad en cuanto a lo que Dios estaba haciendo, Lo cierto es,
mis hermanos, que ellas fueron testigos fieles del cumplimiento
de su divina voluntad de Dios con la muerte y sepultura de
Cristo. Mis amados, de eso se trata nuestra
vida cristiana. De eso se trata nuestra vida
cristiana, de ser fieles testigos de Cristo. de ser fieles testigos
de Cristo acerca de sus padecimientos a favor de su pueblo. De eso
se trata nuestra predicación, de eso se trata nuestra vida
en la Iglesia. Y aunque no comprendamos cabalmente
el impacto de lo que Dios permite en nuestra vida para cumplir
ese propósito, nuestro llamado es a seguir fielmente al Señor
en cada situación de nuestra vida, porque así nosotros estamos
testificando de Él, testificando de Él. No sabemos No sabemos
a cuántos llegará la buena nueva del cumplimiento de la divina
voluntad de nuestro Dios, pero a su debido tiempo lo mostrará,
como ocurrió con el testimonio de esas mujeres que dos mil años
después todavía seguimos hablando de ellas. No sabemos hasta dónde
va a llegar ese llamado que tenemos de testificar de Cristo. de hablarle
a otros de Cristo con nuestra vida, con nuestras palabras. Esa es la invitación que tenemos
por delante. No podemos callar, no podemos
dejar de hablar lo que Dios está haciendo, lo que Dios hizo en
el pasado, lo que Dios hace en el presente y lo que Dios hará
en el futuro. No podemos dejar de decirlo.
Mis hermanos, Cristo Jesús fue muerto y sepultado por los suyos. Pregunto para usted en esta mañana,
mañana ya tarde, ¿es usted uno de los suyos? ¿Es usted uno de
los suyos? Si su respuesta es afirmativa,
entonces a causa suya fue muerto y sepultado el Señor, para darle
reposo a usted de todas sus obras, de todos sus pecados, de todas
sus aflicciones que trae el pecado. para darle a usted una fe viva,
una fe viva que le permita vivir para la gloria de Dios, haciendo
la voluntad de Dios con valor, experimentando en su vida el
reino de Dios, quien con la muerte y sepultura de su Hijo estaba
dando cumplimiento a su divina voluntad, en la cual usted es
llamado a ser un fiel testigo. No se quede con eso, no se lo
guarde, no se lo guarde. Usted hoy puede regocijarse en
el perdón que ha recibido de Dios y descansar en su obra perfecta
para su salvación, aquí, ahora y por la eternidad. Usted puede
confiar también en la venida del reino de Dios en su vida
y en su hogar. Siga orando al Señor como nos
enseña la oración del Padre nuestro. ¡Venga a tu reino! ¡Venga a tu
reino! venga a tu reino hasta su consumación
final. Usted puede experimentar la gracia
de Dios en su vida, en su familia, en su comunidad, mostrando lo
que Cristo ha hecho y animando a otros a confiar sólo en Cristo,
para la sola gloria de nuestro Dios. Ahora, si usted no es parte
de ese pueblo de Dios, la invitación es a que venga delante del Señor. Acuda al Señor, confiésese delante
de Dios y dígale al Señor, soy un vil pecador y necesito de
tu gracia, necesito de tu perdón, necesito que tú restaures mi
vida, que tú pongas en mí esa fe, esa fe que esté dispuesta
a entregarse por completo. Y si es necesario, hasta la muerte,
si es necesario, para que así yo pueda llevar mayor gloria
y honra a tu nombre. Esa es la invitación si usted
no conoce al Señor. Cualquiera que sea nuestra condición,
la invitación es a venir a Cristo, a venir a Él y entregarnos por
completo por el resto de nuestra vida aquí en la tierra. Estemos
de pie mis hermanos y oremos a Dios.
CRISTO MURIÓ Y SU PUEBLO LO SEPULTO
Series MARCOS
La ofrenda fue aceptada por el Padre, el ruego de Cristo fue escuchado, el tiempo de su humillación había terminado, el pago por la redención de su pueblo había sido cancelado, ya no quedaba más deuda que pagar.
Si te interesa conocer más acerca de este tema, te invitamos a que te comuniques con nosotros a través del número: +1(809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected]
La versión de la Biblia que utilizamos es la Nueva Biblia de Las Américas (NBLA)
| Sermon ID | 9162416194677 |
| Duration | 42:56 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 15:42-47 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.
