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Vamos a leer Libro de los Hechos
capítulo 13 y vamos a leer solamente los primeros tres versículos.
Dice, Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía profetas
y maestros, Bernabé, Simón, el que se llamaba Niguer, Lucio
de Siriné, Manahén, el que se había criado junto con Herodes
el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor y
ayunando, dijo el Espíritu Santo, «Apartadme a Bernabéu y a Saulo
para la obra que los he llamado». Entonces, habiendo ayunado y
orado, les impusieron las manos y los despidieron. La mayoría
de nosotros creo hermanos que está de acuerdo que como iglesia
tenemos la responsabilidad de obedecer el mandato de ir y hacer
discípulos, de predicar el evangelio a todas las personas que nos
encontremos en lo que tengamos oportunidad y predicarles el
evangelio para que vengan al conocimiento de Cristo. Creo
que no hay duda de esto. Sin embargo, no solamente somos
llamados a eso sino que también somos llamados a enviar misioneros
para que el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo se predique
no solamente en las ciudades aledañas a la iglesia donde se
encuentra localmente sino que el Evangelio también pueda ser
predicado en otras partes del mundo. Y para que eso ocurra
Es necesario no solamente saber lo que la palabra de Dios nos
dice, sino que es sumamente importante que la iglesia tenga ciertas
condiciones, ciertas características que son elementales para que
la obra misionera tenga éxito. No se envían misioneros por enviar
misioneros. Leí una revista de Hard Cry que
a mí me cambió mucho el entendimiento acerca de las misiones, hace
ya algunos diez años, donde supongo que Paul Watcher fue quien escribió
ese artículo, dice en su revista, La Iglesia no envía misioneros
al campo misionero. La Iglesia envía el Evangelio
a través de misioneros calificados para que puedan hacer la obra
del ministerio. Cuando leí eso, En esos días,
nosotros estábamos estudiando, íbamos a comenzar a estudiar
el Libro de los Hechos, esta porción específica, porque estábamos
debatiendo entre nosotros mismos si seguíamos apoyando a las misiones
de la Convención Bautista del Sur o nosotros íbamos a buscar
otra forma de hacer misiones. Y recuerdo que Una de las cosas
que comencé a hacer fue a predicar específicamente este pasaje,
el libro de los Hechos, capítulo 13, mostrándole a la congregación
la necesidad de enviar el Evangelio a través de hombres calificados
para que nuestro esfuerzo evangelístico, misionero, fuera de la ciudad
en la que nosotros estamos, no sea algo infructuoso. sino que en alguna manera nosotros
podamos ver el fruto de nuestro trabajo, nuestra labor, ya sea
en esta tierra o en la vida eterna, que nos demos cuenta cuál fue
el resultado. Para eso comenzamos nosotros
a hablar acerca de las características de un misionero. Y recuerdo que
estudiamos este pasaje. Estuvimos viendo cuál es el perfil
de un misionero que Dios usa para predicar el Evangelio fuera
de la iglesia local. Y estudiamos este capítulo 13
y todo el viaje misionero de Pablo en la región de Galacia. Y cuando terminamos de estudiar
esta porción de la Escritura, nuestra conclusión fue que debíamos
asegurarnos de que a las personas que íbamos a sostener, ya sea
en oración y con recursos económicos, tenían que ser personas calificadas.
De ahí tomamos la decisión de invitar a Harcray a que mandara
un representante a la Iglesia para que explicara ¿Cómo hacían
ellos las misiones? ¿Qué es el Evangelio que ellos
creían? Y todo eso, recuerdo que vino un hermano llamado Brad
White y estuvo entre nosotros por algunos días. Concluimos
que queríamos apoyar a las misiones y desde entonces comenzamos a
apoyar. Después recuerdo que comenzamos
a apoyar a otros hermanos como Fernando Jaimes, y otros diferentes
hermanos que habían sido graduados del máster y que estaban yendo
a predicar el Evangelio fuera. De hecho, uno de ellos vino a
visitarnos el domingo, el hermano Jonathan Willoughby, así que
espero que podamos estar acá para saludarlo y encontrarnos
con él y saber qué es lo que el Señor está haciendo. Creo
que nosotros hicimos algo muy acertado basado no en preferencias
personales, sino en lo que la Escritura dice. Recuerdo que
cada decisión que tomamos creíamos que estaba basada en las Escrituras
y creemos que hasta este momento no nos hemos arrepentido de las
decisiones que tomamos y hemos comenzado a ver algo del fruto
del trabajo que estos hermanos hacen fuera de la iglesia local. En esos versículos que nosotros
acabamos de leer, vemos que la iglesia primitiva ha comenzado
a dar un paso esforzado, un paso retador que jamás había sido
dado por la iglesia y es el enviar misioneros a otras partes donde
el evangelio no había sido predicado. La Iglesia de Antioquía se movilizó,
se puso en marcha, e hicieron un esfuerzo deliberado, movidos
por el Espíritu Santo, de enviar a Pablo y a Bernabé a la obra
que el Señor los había destinado o seleccionado para De este momento
en adelante nosotros vemos que el apóstol Pablo con Bernabé
comienzan el primer viaje misionero. Más adelante hay una separación
entre estos dos y se unen otros al trabajo junto con Pablo. Y
Pablo hace un total de tres viajes misioneros predicando el Evangelio
a todo el mundo. a todo el mundo conocido. Y en
cada uno de esos lugares tenía características muy similares. Llegaba a la sinagoga, predicaba
el Evangelio de la sinagoga, era rechazado, iba a los gentiles,
los gentiles creían y comenzaba una iglesia nueva en ese lugar.
Y así, de ciudad en ciudad, el Señor lo fue utilizando junto
con sus compañeros. Ya por allá, por el capítulo
número 24, comienza Él decide ir a Jerusalén a pesar de que
en tres ocasiones le advirtieron que no fuera. Llega a Jerusalén,
él es arrestado, después se enfrenta cuatro juicios antes de ir a
César y en el capítulo 27 ahora vemos que él va en camino de
Cesarea a Roma y tiene un naufragio. Pero vemos a este hombre que
tenía ciertas cualidades que fueron formadas por el Espíritu
de Dios en él. Y cuando nosotros hablamos de
las misiones queremos ver esas cualidades no solamente en Pablo
sino en Bernabé también para que nosotros busquemos apoyar
a misioneros que tengan esas características. En estos tres
versículos vemos a Pablo y a Bernabé que ellos eran miembros de una
iglesia. Eso es sumamente importante observarlo. Ellos no andaban brincando de
un lugar a otro, ellos eran miembros de una sola iglesia. Y esto vamos
a enfatizarlo un poco más adelante. Eran además hombres dotados espiritualmente. O sea que no era simplemente
el hecho que tenían ganas de hacer algo, sino que eran hombres
capaces para hacer el trabajo que se les debía encomendar.
Ellos fueron llamados mientras estaban ellos sirviendo. O sea
que eran hombres fieles. Están sirviendo al Señor porque
dice ahí que fueron llamados mientras adoraban y ayunaban.
Ellos recibieron un llamado específico del Señor, o sea que fueron apartados
por el Espíritu Santo. No es que simplemente tenían
64 años de edad, 65, estaban retirados y dijeron tenemos que
hacer algo, porque no nos vamos como misioneros y vamos a aplicar
una agencia misionera y los envían como misioneros. No, ellos fueron
seleccionados por el Espíritu Santo. Ellos se prepararon para
salir del campo misionero en oración y ayuno, según el versículo
número 3. Y finalmente Muy importante,
ellos fueron respaldados por la Iglesia de Antioquía. Y esto
es como si fuera un sándwich. Miembros de la Iglesia de Antioquía,
respaldados por la Iglesia de Antioquía y entre todo lo demás
vemos las características de estos hombres que son dotados,
que son fieles, que están participando, que están trabajando y dependiendo
del Espíritu de nuestro Dios. En estos tres versículos nosotros
vamos a ver siete características de una iglesia misionera para
que nosotros aspiremos a ser como ella. Hermanos, cada vez
que estudiamos la escritura nosotros no seleccionamos un pasaje para
perder el tiempo juntos y decir religiosamente que hicimos algo.
Nosotros debemos de tener una ambición cristiana en el buen
sentido de la palabra y de ver esta porción de la escritura
y anhelar y desear ser una iglesia como la iglesia de Antioquía.
Que en el futuro los hombres que sean preparados en esta congregación,
el Espíritu de Dios los tome y los lleve a otros lugares.
para plantar, para predicar el evangelio y como resultado plantar
nuevas congregaciones. No somos como los que tiran golpes
al aire. A mí me encanta el boxeo y siempre
busco analogías del boxeo, pero usted no ve a un boxeador simplemente
tirando golpes por tirar golpes, al menos que sean principiantes.
Pero todos los boxeadores de élite son, viven pensando y tirando
los golpes apropiados, no tiran al aire. El objetivo es derribar
la cabeza del enemigo. El objetivo es quitarles la respiración
con un gancho al hígado. El punto es eliminarlos. Cuando
predicamos el Evangelio o estudiamos la Palabra de Dios, el objetivo
es que nuestras mentes sean transformadas. que llegue a nuestra vida una
nueva ambición, en este caso como iglesia. Es decir, queremos
ser una iglesia, anhelamos ser una iglesia que no solamente
ya está apoyando misioneros, sino que en el futuro salgan
de entre nosotros misioneros calificados para ir a otras partes
del mundo. Entonces, habiendo dicho esto,
vamos a ver la primera característica. En el versículo número uno dice,
había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía profetas
y maestros. La primera característica que
vemos aquí en esta iglesia de Antioquía es que era una iglesia
que alcanzaba a todos, alcanzaba a todos. Y eso está fundamentado
más que nada en el contexto donde los que estaban siendo perseguidos
Los judíos le iban hablando específicamente a judíos, pero había gentiles
que también estaban hablando a los gentiles, y como resultado
se planta la primera iglesia local. Es una iglesia que quiere
predicarle el Evangelio a todo mundo. No es una iglesia que
dice, nosotros tenemos un objetivo en la sociedad a quien alcanzar.
Como por ejemplo, si usted va a un curso de misiones, una de
las cosas que le van a decir es, ¿cuál es tu tu target demográfico. ¿A quién quieres alcanzar? Entonces
usted tiene que pensar, oh yo quiero alcanzar a personas de
clase media con una economía media entre los años 28 a 40,
no más de eso. Entonces empieza a preparar actividades
que sean apropiadas según la sabiduría del mundo para esas
personas. Pero una iglesia como la de Antioquía
era una iglesia que predicaba el Evangelio a todos. Y como
Iglesia, ese es nuestro trabajo. A todo mundo le predicamos el
Evangelio. No importa quién sea, cuál sea
su condición económica, su estatus social, su estatus intelectual. No importa quién sea, sea judío,
sea gentil, a todos les predicamos el Evangelio. En una ocasión,
mi esposa y yo fuimos a uno de esos eventos de ventas donde
estábamos recién casados y nos llegó una carta, oh, son invitados
a una cena y a un desayuno. Y el punto es que le quieren
vender a uno un pedazo de terreno en el desierto, en Mojave, donde
no hay nada. Y yo supongo que, oh, ya hay
una ciudad, cómo han crecido las cosas. Y le digo a mi esposa,
oye, el hotel, la cena y el desayuno son gratis solo por escucharlos
hablar. Vamos, vamos. Y nos fuimos. Una odisea, hermanos. El siguiente día en la mañana
nos llevan a un recorrido a hablar de las propiedades y todo lo
que en el futuro sería una ciudad. Y cuando regresamos, el agente
que me estaba vendiendo a mí el terreno era un judío. Y me dice, tú tienes que ser hombre
de decisiones. Hoy tienes que tomar una decisión,
porque hoy es tu oportunidad. Y no, apelando a la venta. Le
dije, ¿usted es hombre de decisiones? Dice, yo soy hombre de decisiones.
Y le comencé a predicar el Evangelio. Le dije, tome la decisión de
arrepentirse hoy porque usted va al infierno. ¡Yo soy judío!
Le dije, no importa, el Evangelio es para todos los pecadores.
Usted es un hombre pecador que necesita el Evangelio. No se
arrepintió obviamente, pero tampoco no nos vendió nada. ¿Cuál es
mi punto? Mi punto es que, hermanos, no
importa quien sea la persona. No nos intimidemos con quien
esté frente a nosotros. hace muchos años, este púlpito
lo mandó a hacer Héctor, el hermano Héctor. Y fuimos y lo recogimos
y estábamos bien contentos de que lo habíamos puesto acá. Yo
ni siquiera había predicado una sola vez en el púlpito y nos
pidieron el templo un sábado para un memorial. Y me pidieron
que predicara pero que no mencionara a Cristo, que porque iba a estar
lleno de judíos. Y le digo, no, yo no puedo dejar
hablar al Señor Jesucristo. Yo predico, yo hablo de Cristo.
Es como pedirle a un perro que no labre. Entonces, tiras y tirones
me dijeron, sí hágalo como quiera. Y recuerdo que estábamos aquí,
estaba lleno de personas, yo no sabía quiénes ellos eran.
Era un grupo, la mayoría judíos, de psicólogos de la facultad
de UCLA. Yo no sabía quienes eran. Entonces
llego y tomé el libro de Job, sabiendo que eran judíos, y prediqué
aquel versículo que dice, Yo sé que mi Redentor vive, y aunque
mi carne esté deshecha, aún así le veré. Y hablando de la esperanza
que Job tenía acerca del Señor Jesucristo, Y recuerdo haberles
predicado el evangelio y cuando terminé, allá uno de ellos me
separa y me dice, tú sabes que nosotros somos judíos, la mayoría
que estamos acá. Le digo, si el evangelio es para todos, es
para todos. Sí, pero tú sabes que somos judíos. Le dije claro,
le dije por eso seleccioné este pasaje. Sí, pero entonces es
un libro muy especial, muy querido. Le digo de nada sirve que tengas
un libro muy querido si no te arrepientes y crees en el Señor
Jesucristo. Mi punto es hermanos, esta iglesia
de Antioquía era una iglesia que le predicaba a todos. Pero
noten también una segunda característica de esta iglesia de Antioquía,
que era una iglesia diversa. Era una iglesia que tenía diversidad
de miembros. Noten ahí. Sabemos esto por los
nombres de estos hombres que están mencionados aquí y hay
diferentes hombres. Tenemos a Bernabé. Bernabé, lo
que sabemos es que era un hombre pudiente de Chipre, un hombre
nacido y criado en la isla de Chipre, según Hechos 4, 36 al
versículo 37, que ya hemos visto con mucho detalle acerca de la
vida de este hombre, un hombre piadoso, un hombre temeroso de
Dios, un hombre generoso que da a la iglesia parte de su heredad,
Y vemos que era una persona que tenía temor de Dios, una persona
que tenía un buen contexto de las tradiciones de los judíos,
pero también conocía al imperio romano, la cultura y la sociedad
romana. El segundo es Simeón o Níger. El nombre Níger significa negro
en referencia a la tez de su piel. Y es probable que este
hombre venía de África. Es muy probable. También es un
hombre romano, lo que indica que este hombre se movía muy
bien en la sociedad romana. Entonces, tenemos a uno que conoce
la cultura de los judíos, la cultura romana. Otro que conoce
muy bien la cultura romana. Y tenemos a este hombre que algunos
dicen que fue el que cargó la cruz en Marcos capítulo número
15 en el versículo número 21 donde se le llama Simón de Siriné. También tenemos a Lucio, a Lucio
perdón, está ahí en el versículo déjeme ver mi orden. Tenemos
a Bernabé, Simón, el que se llamaba Niguer, Lucio de Siriné. Probablemente
este era uno de los creyentes perseguidos que habían huido
hasta Antioquía en busca de seguridad. No se sabe mucho de él, Pero
algunos comentaristas dicen que este probablemente era un hombre
sencillo, era un hombre creyente, un hombre que había creído y
entendía lo básico del Evangelio. Entonces, si usted va poniendo
cada una de las caras de estos hombres en su mente, va haciendo
un cuadro gráfico en su mente, va viendo que son hombres con
características, con cultura, con idiosincrasia distinta, pero
tenían algo en común. y es el Señor Jesucristo. También
tenemos a Manaén, era de la clase alta de la sociedad siendo hermano
adoptivo de Herodes Antipas y este es el Herodes que había juzgado
a Jesús y asesinado a Juan el Bautista. Entonces tenemos un
hombre que se codea entre los romanos, que se codea entre la
clase alta y este hombre también ha sido alcanzado por el Evangelio
y ahí está en la iglesia de Antioquía. Y también por último tenemos
a Saulo de Tarso. Y de Saulo de Tarso hasta este
punto ya hemos conocido mucho. Era un enemigo del camino del
Señor Jesucristo. Un hombre que había dedicado
todos sus esfuerzos y todas sus capacidades para ir en contra
del Señor Jesucristo, en contra de la iglesia y buscaba eliminarla. Pero Dios, en su gran misericordia,
le salvó. misericordia para los creyentes,
misericordia para el mismo, le salva, interviene en su vida
y se convierte y tiene una transformación verdadera. Y hermanos esta es
la iglesia que está compuesta por diferentes personas, de culturas
distintas, de niveles económicos distintos, de intelectualidad
distinta, de conocimiento de la sociedad distinto. Entonces
tenemos una iglesia muy versátil. y todo esto contribuía para que
la iglesia de Antioquía fuera una iglesia que Dios habría de
usar. Ellos habían obedecido la palabra
de Dios en cuanto a la predicación del Evangelio. Recuerden que
en el contexto vemos que por causa de la predicación se establece
la iglesia. Luego viene Bernabé y comienza a fortalecer la iglesia. Luego se va y trae a Saulo y
enseñan juntos de tal manera que como resultado la iglesia
está llena de profetas y maestros. Es el resultado del trabajo.
Ahora, por haber obedecido al Señor Jesucristo, ellos estaban
gozando de una iglesia floreciente, fuerte, una iglesia bíblica. En Mateo 22.9 el Señor Jesucristo
Dice, id pues a las salidas de los caminos y llamad a las bodas
a cuantos halléis. Los creyentes de Antioquía hacían
precisamente eso. Ellos salían y hablaban a cuantos
ellos se encontraban. Y esto es algo, hermanos, que
nosotros debemos de imitar. Hablemos a cuanto nos encontramos. No importa que el tiempo para
hablarles no sea muy grande de una hora de predicarles el Evangelio,
puede ser un corto tiempo, puede ser un tiempo más grande, un
contexto donde usted esté viajando de un lugar a otro, un contexto
donde esté esperando algo en una fila, o dar simplemente un
tratado, pero hay que hablarles a todos, a cuanto nos encontremos.
Mateo 28, 19 al 20, ustedes conocen el pasaje donde el Señor Jesucristo
les dice a los discípulos vayan, hagan discípulos a todas las
naciones, bautízalos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo enseñándoles y guardan todas las cosas que Él ha mandado
y es aquí que está con ellos hasta el fin del mundo. En Hechos
capítulo 1 versículo número 8 ustedes recuerdan que el Señor les dijo
pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo y me seréis testigos en Jerusalén. Ya había pasado
esto aquí en el libro de los Hechos. En toda Judea ya había
llegado ahí. En Samaria capítulo 8 ya llegó
el Evangelio ahí y ahora el Evangelio comienza a ser dispersado hasta
lo último de la tierra. ¿Por qué? Simplemente porque
los hombres y las mujeres que habían recibido el Evangelio
hablaron. Hermanos, eso es lo que necesitamos
de hablar. Necesitamos de hablar el Evangelio. El poder no está
en nosotros, el poder no está en nuestra elocuencia, el poder
está en la Palabra de Dios. Es increíble como la Palabra
de Dios tiene efectos en la vida de las personas y nosotros no
nos damos cuenta muchas ocasiones cuando algo ocurre. Estoy yo
predicándole la semana pasada el Evangelio a una pareja y hablándoles
del Evangelio, parece que uno de ellos creyó, el otro tiene
contexto de ser creyente, pero unas palabras que yo dije, ayer
me di cuenta, unas palabras que yo dije de la Escritura causaron
un gran efecto en la mente de la persona. Yo simplemente dije
lo que dice el texto. No dije de ninguna forma especial. Es el poder de Dios a través
de su palabra y lo que nosotros necesitamos hacer es hablar.
Eso es todo hermanos. Hablar la palabra del Señor.
Entonces hermanos, esto es lo que está ocurriendo en esta congregación.
y estamos siendo una iglesia que está siendo compuesta por
diferentes tipos de personas. ¿Por qué? Porque ellos decidieron
hablarles a todos. La tercer característica de la
Iglesia de Antioquía es que tenía miembros fieles y ocupados. miembros fieles y ocupados. Noten
ahí, ya que se mencionan los nombres, dice en el versículo
número 2, ministrando estos al Señor y ayunando. Estas son gente que está ministrando
al Señor, están ayunando. Algunos comentaristas dicen que
la razón por la que estaban ministrando y ayunando era porque en realidad
ellos estaban ya pensando en llevar el Evangelio a otras partes.
No lo sabemos, el versículo no nos lo dice, pero lo que sí sabemos
es que ellos estaban ministrando al Señor y estaban ayunando. Cuando nosotros hablamos de ministrar
al Señor, tiene que ver con nuestro servicio al Señor. nuestro servicio
al Señor. El día que entramos a este lugar,
el domingo, nosotros venimos para ministrar al Señor. Por
eso, hermanos, es muy importante que desde que entramos a este
lugar, sepamos que estamos delante del Señor desde que entramos
a este lugar, no solamente la hora del servicio, cuando estamos
cantando, cuando estamos haciendo lo que hacemos y escuchando la
predicación, es también cuando estamos ahí afuera, cuando nos
comunicamos con un hermano, la forma en la que lo hacemos, la
forma amable, amigable, que tiene el propósito de edificar a las
personas, Esa es la forma en la que se ministra al Señor,
ministrando también a los demás. La palabra ministrar tiene que
ver con este contexto del servicio y ellos estaban sirviendo al
Señor. Estos servían al Señor y también
ayunaban. El ayuno, bueno, es la abstención
de los alimentos físicos. Aunque hay otras clases de ayunos,
uno puede ayunar de muchas cosas. No sé si alguna vez ha intentado
ayunar del celular. Se puede ayunar del celular en
nuestros días, ayunar de la televisión, ayunar del radio, ayunar de qué
sé yo. Pero aquí ellos estaban ayudando,
estaban no tomando alimentos. ¿Por qué razón? porque al no
tomar alimentos físicos no estaban satisfaciendo su cuerpo físico
que les va a requerir cierta energía, distracción, tiempo. Y al estar apartado de los alimentos
están dedicados totalmente a cuidar por la vida espiritual, a dedicarse
a la oración, a dedicarse al estudio de la palabra. Entonces,
ellos estaban ayunando, estaban ministrando. Entonces, noten
hermanos aquí que estos hombres que el Espíritu escogió eran
hombres fieles en su ministerio donde ellos estaban. No solamente
eran miembros, ellos eran fieles en el ministerio en el que servían. Hermanos, ¿qué se puede decir
de nosotros en el área donde nosotros servimos? ¿Se puede
decir que somos fieles? Se puede decir que dijimos, tenemos
un compromiso a cierta hora y quedamos de llegar a cierta hora y vamos
a llegar porque tenemos un servicio que rendir. El hermano que es
sujier tiene que estar allá con tiempo, tener el boletín, pararse
en la puerta, recibir a los hermanos. El que va a predicar se viene
con tiempo, prepara sus cosas, se mentaliza, ora, espera en
el Señor su turno, su tiempo. El que va a cantar viene preparado,
Como estudiamos en la lección el domingo, las hermanas antes
de venirse a la iglesia buscan la forma de adornarse, pero ese
adorno no solamente es exterior sino interior, tiene que ver
con el corazón, tiene que ver con una preparación para venir
y servir, venir y ministrar. Tenemos que tener eso en mente.
Esos hombres eran así, eran miembros de una congregación, eran hombres
ocupados y fieles en un ministerio. No pasaron por alto ni se apartaban
de las necesidades de su alrededor. En su propia congregación, eran
ellos servidores del Señor, eran seguidores de Cristo. Y ellos
ministraban al Señor Jesucristo. Y esto es sumamente importante.
Miren lo que dice Juan capítulo número 20. Vayan por favor al
Evangelio de Juan capítulo número 20. En el versículo número 21. Juan 20, 21. Dice la escritura, entonces Jesús
les dijo otra vez, pasa a vosotros, como me envió el Padre, así también
yo os envío. En este versículo El Señor Jesucristo
se encuentra con sus discípulos después de la resurrección, se
aparece a ellos y de la manera como el Padre lo había enviado
a ellos, así el Señor Jesucristo los estaba enviando a ellos.
Y estos que están a punto de ser enviados, debían de ser enviados
de la manera en que el Señor Jesucristo había sido enviado
por el Padre, listos para servir. En Colosenses capítulo número
3 en el versículo 23 y 24 nos dice que todo lo que hagamos
lo hagamos de corazón como para el Señor, no para los hombres,
sabiendo que del Señor recibiremos el premio, la herencia, cualquiera
que, perdón, porque al Señor Jesucristo servimos. O sea que
cuando estamos acá Hagamos lo que nosotros hagamos. Lo hacemos
para servir al Señor. ¿No es así, hermanos? Vuelvo
a lo mismo. El que da el boletín a la entrada.
El que saluda al que va llegando a la puerta. El que se para frente
y dirige. Los que están sentados allá atrás
con el audio. Lo que están haciendo, lo están
haciendo para el Señor y están sirviendo al Señor. Y esto es
lo que estos hombres estaban haciendo. Estaban ocupados. en Romanos 14, 18 dice porque
el que en esto sirve a Cristo es sagradal a Dios y aprobado
por los hombres. El servicio al Señor Jesucristo
en realidad es un servicio que es servicio para Cristo pero
también es para los hombres. Y aquí encontramos hermanos un
principio que debe de ser aplicado para nosotros hoy en día y es
el siguiente Dios llama a los fieles allí donde están para
que nosotros procuremos ser fieles aquí donde nos encontremos. Ellos
estaban ahí sirviendo y esos que el Señor envió fieles sirviendo
son a los que el Señor llamó para servir. En una ocasión teníamos
acá un pastor que se llamaba Juan Paluc. Él tenía un dicho,
dice ¿Quieres encargarle un trabajo a alguien? Encárgaselo al que
está ocupado. O sea, el que está sirviendo,
va a seguir sirviendo. El que está sin servir, difícilmente
servirá. Y esto es lo que vemos aquí en
estos hombres. En Primera de Corintios 4.2 dice
además, se requiere que los administradores que sean hallados fieles en todo. Los que sirven al Señor deben
ser a los fieles en todo. Primera Corintios 6.20 Porque
habéis sido comprados por precio, glorificar pues a Dios en vuestro
cuerpo y en vuestro espíritu, que son de Dios. Somos comprados
para servir al Señor, hermanos. Entonces, vemos nosotros aquí
a esos hombres. En cuarto lugar, los hombres,
la Iglesia Antioquía tenía hombres elegidos que eran hombres de
oración y de ayuno. Eran hombres de oración y ayuno. Tenían disciplinas formadas. ¿No iban a ir al campo misionero
y por causa de la presión aprenderían a orar? No, más bien porque eran
hombres de oración y de ayuno, tenían esas disciplinas, eran
hombres que Dios habría de utilizar. Uno, yo no sé si ustedes han
escuchado, pero una de las frases famosas de Martín Lutero acerca
de la oración, ese cuando él decía que tenía un día tan ocupado,
tenía que orar más. Y nosotros tenemos la tendencia
a orar menos cuando estamos muy ocupados. Pero la oración es
algo muy, muy indispensable. Entonces aquí vemos esto. Parece
ser que ellos se habían reunido Es muy posible para discutir
este asunto de ir y predicar el Evangelio a otro lugar, como
lo mencioné al principio, no nos dice nada del texto, pero
quizás hay una posibilidad de esto. Y Dios siempre va a usar
a los hombres que sean fieles, que estén sirviendo y que tengan
estas disciplinas espirituales formadas. De hecho, hay un libro
hermanos, muy bueno, que se llama Las disciplinas de un hombre
piadoso. Si un día lo compran, compren la versión original.
La revisada tiene algunos cambios curiosos. Pero si pueden encontrar
la versión antigua, compren la versión antigua. No recuerdo
yo los cambios que tiene. Estoy hablando de experiencia
de otro. El hermano Joel James me dijo
que estaba bastante cambiado en inglés, que no sabía cómo
estaba en español, pero que de preferencia hay que comprar la
versión antigua. Bueno, esos hombres tienen esas
disciplinas formadas, y una disciplina formada es un fundamento para
la vida cristiana. Cuando llegan los vientos, llega
la tempestad, el único recurso es aquella disciplina espiritual
a la cual se vuelve de tiempo en tiempo, no solamente en tiempos
de necesidad, sino en tiempos de paz. y esos hombres conocían
estas disciplinas. Ellos eran conocedores de la
oración, eran conocedores del ayuno y estaban dedicados al
trabajo. Número cinco, los primeros misioneros
recibieron un llamado específico. Noten que ellos no se pusieron
como voluntarios. Ellos no se ofrecieron como voluntarios. El versículo es muy claro ahí
porque dice que el Espíritu Santo en el versículo 2 dice, apartadme
a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado. Ahora, Quizás
podríamos hacernos la pregunta ¿Cómo es que ellos se dieron
cuenta? ¿Les dijo el Espíritu de Dios
audiblemente? ¿Se escuchó la voz del Espíritu
de Dios hablando? ¿Como la voz del Padre en el
bautismo del Señor Jesucristo? ¿O en la transfiguración? Hermanos, creo que la clave está
en el versículo 1. Dice que había profetas. Y quizás
uno de ellos, movido por el Espíritu de Dios, profetizó. Y dijo que
el Espíritu de Dios quería a Saulo y a Bernabé para la obra que
los había llamado. Ahora, quiero que noten algo
hermanos, un dato que les va a servir para el futuro. Noten
que el nombre que se menciona primero es Bernabé, díselo Saulo. Esto lo van a ver por unos momentos,
pero luego hay un momento en el que algo ocurre, en el segundo
viaje misionero, donde ya no se menciona este orden. El orden
cambia. Y cambia por un evento, que se
lo voy a dejar que ustedes lo lean, pero busquen esta frase
siempre, Saulo, Bernabé, marquen en sus biles, Bernabé, Saulo,
Bernabé, Saulo, y de repente hay un cambio. Y éste empieza
a figurar más adelante. Después hay un cambio donde ya
no se le llama Saulo, se le llama Pablo. Y todos estos detalles
son importantes poder conocerlos. Entonces vemos aquí hermanos
que yo recibo un llamado específico en el versículo número 2. El
Espíritu Santo es el que llama a los creyentes a servir a Dios
hermanos. Es el Espíritu de Dios quien
hace un llamado. Hermanos, a quien el Espíritu
de Dios llama, esa persona no tiene ninguna opción más que
responder al llamado. El llamado es un llamado eficaz. Que la persona, aunque pueda
tener un tiempo de desánimo, pueda hacersele que la tarea
que tiene frente a él es imposible, no se puede negar al llamado.
porque es un llamado eficaz, es un llamado que se cumple,
es un llamado que se lleva a cabo porque fue el llamado del Espíritu
de Dios. Cuando usted tiene a un hombre que Dios ha llamado y
lo envía al campo misionero, es como depositar su dinero en
un banco que está respaldado por el F. ¿Cómo se llama? F.C.D.
Hay unas claves ¿no? Dice tu dinero está respaldado
hasta tanta cantidad, no te preocupes si rebonda el banco. Hay un respaldo
ahí. Manda un hombre llamado por el
Espíritu de Dios. Este va a ir, se va a morir en
el campo misionero, pero no se va a echar para atrás. No va
a cambiar de profesión. Porque no puede ser otra cosa.
Como dice el profeta Jeremías dice que me comí tus palabras
y me supieron como a miel, dice. Pero luego fueron amargas. Y
había dentro de mí como un fuego que no se podía apagar. Él estaba
hablando de su llamado. Él estaba hablando de la palabra
de Dios que había recibido y del efecto que tuvo cuando dio la
palabra de Dios. Pero no podía parar de hablar.
Cuarenta años en el mismo lugar, a la misma gente, el mismo mensaje. Sin fruto, por decirlo de esta
manera. ¿Qué hizo que este hombre perseverara? El llamado de Dios. El llamado de Dios. Si una persona
no está segura de que Dios le ha llamado para el ministerio,
no se debe meter, no debe entrar. no debe entrar porque es el peor
error. Es como aquellos hombres que
están transportando el arca, no conocían nada acerca de cómo
el arca debía ser transportada, quién la podía tocar, bajo qué
condiciones se podían tocar, y cuando el arca está a punto
de caerse del carro, la tocan y ellos inmediatamente mueren.
Querer entrar al ministerio sin entender el llamado de Dios,
entender la palabra de Dios, es cometer suicidio espiritual. Tiene que haber este entendimiento. El Espíritu Santo los llamó a
Pablo y a Bernabé. Ellos fueron llamados. Ellos no fueron llamados por
los demás dirigentes, no fueron enviados por su propia determinación.
Fue el Espíritu de Dios quien los llamó. La palabra de Cristo
Era tan cierta para Pablo y Bernabé como para los primeros apóstoles
y como lo debe ser para nosotros hoy en día. Como dicen Juan 15,
16. No me habéis elegido vosotros
a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he ordenado que vayáis y
deis fruto y vuestro fruto permanezca. Esas palabras, hermanos, eran
ciertísimas, no solamente en la salvación de esos hombres,
sino que en su llamado a servir. Hermanos, nosotros debemos de
saber que el Espíritu Santo no estaba llamando a Pablo y a Bernabé
a una vida, a una vida simple y sencilla donde ellos iban ir
por un viaje misionero a corto tiempo. Ellos dejarían sus vidas. Estaban siendo llamados a dedicar
toda su vida, absolutamente toda la vida. No había retorno. Era como irse en un viaje con
un boleto solo de ida, no había boleto de regreso. Era como pasar de un río a través de un puente
y después quemar el puente para no regresar hacia atrás. Los
hombres no iban a pasar un tiempo de vacaciones, no era un viaje
misionero corto tiempo. Ellos iban a tiempo completo
y habrían de dedicar sus vidas al 100%. El llamado del Espíritu
Santo, hermanos, vino aquí a la vida de ellos en un momento específico,
cuando eran hombres que ya habían sido probados. Hoy en día hay
una tendencia que no culpo a los muchachos jóvenes de querer correr
al ministerio. Y hay congregaciones que quieren
tener de pastores muchachos jóvenes. Y bueno, va de jóvenes a jóvenes. Algunos maduran más rápido que
otros. Pero es bueno ser probado. Es bueno esperar. Es bueno ver
a otros, cómo otros trabajan, cómo otros responden al ministerio.
y cuando entra al ministerio tener un poco de su vida ya sazonada
en el mismo ministerio para poder ser eficaz en él mismo. El llamado aquí del Espíritu
Santo era para esos creyentes, era para que sus vidas fueron
dedicadas al 100% y no tuvieran ningún otro uso sino que eran
100% dedicadas al Señor. El llamado del Espíritu Santo
aquí involucraba Un trabajo duro. Porque era un trabajo de la predicación
de la Palabra del Señor, hermanos. Uno lee el Libro de los Hechos
y ve como de un lugar a otro. Pablo, por ejemplo, en el primer
viaje misionero, lo dejan por muerto fuera de la ciudad. Y
luego los hermanos vienen, lo rodean, él cobra ánimo, seguramente
le curaron las heridas. Se regresa de nuevo, predicándoles
otra vez el Evangelio. exhortándoles que a través de
muchas tribulaciones entramos al reino de los cielos. Es increíble,
es increíble. Ellos estaban separados para
trabajar y hacer la obra del ministerio. Ellos entendían la dureza del ministerio. En sexto lugar, esos primeros
misioneros en la iglesia de Antioquía Estuve pensando que palabra utilizar
aquí y la mejor palabra que se me ocurrió es bañar ¿no? Bañaron,
sumisión, enoración y ayuno. O empaparon, sumisión, enoración
y ayuno. Note como dice el versículo.
Entonces, habiendo ayunado, no se nos dice cuánto tiempo pasa
del llamado entre el versículo 2 y el versículo 3, pero ellos
ayunaron y habiendo ayunado y orado. Noten aquí hermanos que esto
es depender totalmente del Espíritu de Dios. Fíjense hermanos, si
a mí quizás venga un profeta, estoy planteando un caso que
no es real, pero viene un profeta y me dice, el Espíritu Santo
me dijo que te apartara para este trabajo, A lo mejor me siento
muy importante. Algo vio el Espíritu de Dios
en mí y me empiezo a vanaglorear, a ponerme orgulloso. No, ellos
no hicieron esto. Ellos, lo que ellos hicieron,
entendieron la gravedad del llamado y comenzaron a ayunar. Comenzaron
a ayunar. Ellos doblegaron su carne delante
del Señor. Querían escuchar la voz del Señor,
ser fortalecidos por el Señor. Y por eso oraron. Seguramente
que oraron hermanos entendiendo que lo que les esperaba no era
nada fácil. Y de hecho cuando usted lee las
epístolas, Pablo dice en algunos puntos, dice perdimos toda esperanza. Perdimos toda esperanza. Estábamos
esperando la muerte. No había esperanza ya. O sea
que si hubo momentos en que Pablo dijo hasta aquí llegamos, no
hay más. No tengo fuerzas para salir adelante.
Aquí no nos libra nadie, pero Dios los libró. Ellos sabían
que sin depender en la oración y el ayuno, el ayuno y la oración,
ellos no podrían hacer hasta ahora el ministerio. Y después
de esto, ya que ellos han orado, ellos han orado y ayunado, ellos
tienen un profundo sentir de la presencia de Dios durante
este tiempo, Ellos buscan la dirección durante este tiempo.
Ellos alaban al Señor durante este tiempo. Pero el tiempo se
termina. Hay que salir. Y eso nos lleva
al punto número siete. Que la iglesia en Antioquía comisionó
a esos primeros misioneros. Noten el versículo. Y les impusieron
las manos y los despidieron. O sea que orando por ellos, pusieron
sus manos sobre ellos confirmando que ellos eran hombres apropiados
para la tarea misionera de predicar el Evangelio en esta región de
Galacia donde deberían de ir. O sea que la Iglesia les estaba
autorizando, la Iglesia les está respaldando, la Iglesia está
detrás de ellos. Ellos no se fueron y simplemente
se fueron por sí mismos. No. Hay un grupo de creyentes
detrás de ellos que está respaldándolos en oración, que creen que ellos
son hombres que deben de ir al campo misionero, que están de
acuerdo en que el Espíritu de Dios los ha llamado, lo que el
Espíritu de Dios, la razón por la que el Espíritu de Dios los
llama y los levanta y los comisiona. Ellos dicen, es cierto, estos
son los hombres idóneos para la obra del ministerio. y entonces
ellos les imponen las manos. Allá hay un compromiso. Pablo
dice que no hay que imponer las manos con ligereza. O sea que
ellos se comprometieron al imponerle las manos y luego los despidieron. Y de este momento en adelante,
ellos comienzan su primer viaje misionero en cinco ciudades en
la región de Galacia, donde al final Pablo casi pierde la vida. y él habrá de experimentar lo
que dice Hechos capítulo número 8. Le he de mostrar lo mucho
que tiene que sufrir por causa de mi nombre. Y Pablo sufre hermanos. Cuando estudiamos el libro de
los Hechos y vemos los sufrimientos de Pablo, nos damos cuenta que
nosotros no hemos sufrido nada a comparación de lo que este
hombre sufrió. Hermanos, Pablo y Bernabé no
fueron al ministerio porque no tenían mejor trabajo que hacer. Porque hay gente que dice, si
no tienes nada que hacer métete de pastor, ¿no? Y si uno viene
de un contexto, mi contexto, yo soy un jardinero, trabajador
de manos regular, y dicen, es que se metió al ministerio porque
pues le convenía más que la jardinería. Eso dijeron de Habacuc, que Habacuc
era un hombre que cortaba higos y de la huerta lo sacó Dios para
ser profeta. Este no es profeta. Pero no tiene
que ver con eso, hermanos. Tiene que ver con el llamado
de Dios. Pero vamos aquí entonces a estas siete características
de una iglesia que envía hombres al campo misionero para que nosotros
anhelemos ser una iglesia como esta, hermanos. Yo les animo
que durante esta semana leamos esos tres versículos las más
veces que podamos. Meditemos en él y oremos sobre
él. Y que nos dé la iglesia a nosotros
ser una congregación que tiene una enseñanza bíblica que
esté produciendo hombres consagrados, fieles, que están listos y preparados
para ser enviados al campo misionero y que nuestra vida realmente
cuente, hermanos. Nuestra vida realmente valga
la pena, que valga la pena haber pasado por esta tierra. Hablando de la conversión, y
quiero finalizar con esto, enfatizando el pensamiento de que nuestra
vida cuente, El Dr. S. Louis Johnson, un predicador
en Texas que tiene una aplicación en Android y en Apple que se
llama S. Louis Johnson Bible Institute
o S. Louis Johnson Institute creo
que se llama. Él predicó el Antiguo y Nuevo
Testamento completo y predicó la doctrina bíblica casi todos
los temas completos. excepto un libro del Nuevo Testamento,
creo que segunda de Pedro no lo tiene predicado, pero ahí
más están todos sus mensajes grabados. Tomaba unas porciones un poquito
grandes, en mi opinión, pero él tiene una habilidad de explicar
grandes porciones con palabras muy sumarizadas, muy al punto. Él dice que la única razón por
la que una persona está viva es para que crea en el Señor
Jesucristo. Y que cuando cree en el Señor
Jesucristo y sigue vivo, es para que sirva al Señor Jesucristo.
De ahí en más no existe ningún otro propósito en esta tierra.
Y yo soy 100% de acuerdo con lo que él dice. Entonces hermanos,
hablemos el Evangelio. Aunque nos dé pena, aunque nos
dé temor, aunque a veces nos dé vergüenza, dejemos todos a
un lado, hablemos el Evangelio. Hablemos el Evangelio a todos.
para hacer una iglesia en la que el Señor Jesucristo trae
personas de todo tipo. Pediquemos la palabra dentro
de la iglesia, enseñemos dentro de la iglesia para que el Señor
levante hombres y mujeres fortalecidos en su palabra. Y que de estos
que el Señor levante, el Señor llame a los que Él quiera para
que los lleve al campo misionero. Y realmente nuestra vida valga
la pena. Que como iglesia Digamos, estamos
aquí no por el hecho de ser simplemente una iglesia más. Queremos ser
una iglesia bíblica. Queremos ser una iglesia que
hace lo que la Palabra de Dios dice. No somos perfectos, eso
yo ya lo sé. Pero buscamos hacer la voluntad de Dios de tal manera
que así como leemos en el Libro de los Hechos estas historias,
podamos contar historias dentro de nosotros mismos, de la obra
de Dios entre nosotros. Amén. Vamos a orar hermanos. Padre, te damos muchas gracias
por esta porción de tu palabra, en donde podemos ver con tanta
claridad las características de una iglesia bíblica que envía misioneros,
que envía el Evangelio a través de misioneros calificados y plantan
otras obras, otras congregaciones. Esta porción de la Escritura,
Señor, es un gran ejemplo para nosotros como iglesia, de algo
a lo que nosotros queramos aspirar. Ayúdanos, Señor, a aspirar de
tal manera que seamos una congregación en donde, a través de la enseñanza
de tu Palabra, tú fortaleces a cada uno de los hermanos Levantas
hombres llenos de ti, del conocimiento de tu palabra, fieles, miembros
de iglesia, ocupados, listos para servir en cualquier área
y listos para ser enviados en cualquier momento. Rogamos, Señor, que este anhelo
pueda convertirse en una realidad entre nosotros. En el nombre
de Cristo Jesús pedimos estas cosas, Padre. Amén.
Las Características de Una Iglesia Misionera
Series Hechos
| Sermon ID | 9142321532824 |
| Duration | 55:28 |
| Date | |
| Category | Midweek Service |
| Bible Text | Acts 13:1-3 |
| Language | Spanish |
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