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Entonces, Malaquías 3, desde
el versículo 6 hasta el versículo 12. Da a Dios lo que le pertenece. Arrepiéntete de tu desobediencia. Da a Dios lo que le pertenece.
Arrepiéntete de tu desobediencia. Aquí en Malaquías capítulo 3,
desde el versículo 6 hasta el versículo 12, Vemos como Dios
reprocha al pueblo de Israel una vez más, no por todo lo que
ya ha mencionado en el libro de Malaquía, sino que añade algo
más. Y es en cómo valoran sus pertenencias
a tal punto que no están dispuestos a darle a Dios lo que realmente
le pertenece. O sea, Dios le pertenece todo,
Él nos da con generosidad, nosotros debemos de demostrar nuestra
dependencia de Dios al devolverle un poquito de lo que Él nos ha
dado y que vivamos con esa dependencia de Dios de que Él va a proveer
por nuestras necesidades y mostrar nuestra gratitud a Dios y nuestra
actitud correcta de nuestras pertenencias. Ahora aquí en Malaquías vemos
como el pueblo de Dios está despreciando a Dios y lo están demostrando
en muchas áreas de su vida, siendo infieles los unos con los otros,
hay toda clase de opresión, toda clase de maldades, están cansados
de servir a Dios, no están honrando a Dios, la adoración solamente
es una rutina y entonces en sus relaciones eso se nota, cuando
no aman a Dios, Dios no es su prioridad, eso se nota en sus
relaciones con los demás. y están siendo infieles, infieles
en sus vidas, infieles en sus relaciones, pero también infieles
con sus pertenencias. Y se están enfocando en esas
ganancias y llega el punto que, bueno, quiero obtener más, quiero
acrecentar mi cuenta bancaria, entonces estoy dispuesto a hacer
lo que sea necesario para hacerlo. Entonces no voy a dar los diezmos
a Dios, no voy a presentar ofrendas, incluso voy a oprimir a los demás
para sacar más dinero para que yo pueda avanzar económicamente.
Y vemos como a Dios eso no le agrada. Ahora, lo maravilloso
es que vemos la gran misericordia de Dios, porque aquí en la profecía
de Malaquías Es un reproche al pueblo de Israel para que vuelva
a Dios, que se arrepienta. Dios está mostrando mucha misericordia
al mandarle su profeta. Ya les está mostrando misericordia
porque él los podría haber aniquilado, los podría haber castigado de
una, los podría haber dado su merecido, pero Él muestra
mucha paciencia, y se les está castigando y muestra, incluso
en este texto, muestra cómo están sufriendo aún sus cosechas, porque
no están poniendo a Dios primero con sus pertenencias, y Dios
les está castigando en ese sentido. Pero vemos la misericordia de
Dios, donde aquí empieza, en Malaquías, capítulo 3, versículo
6, dice, porque yo Jehová no cambio, Por esto, hijos de Jacob,
no habéis sido consumidos". Viendo la gran misericordia de
Dios, al no arruinarles, ese término ahí traducido, consumidos,
es la idea de destruir, ¿no?, de hacerles desaparecer. de que
llegue su fin. Pero Dios está mostrando mucha
misericordia para con ellos. Y la razón es porque Dios no
cambia. Enseñando a niños, como sabéis,
yo enseño a niños pequeños. Alguien me dijo, oye, seguramente
tienes muchas anécdotas, ¿no? Y es cierto, todos los días algo
ocurre cuando trabajas con niños, que es bastante divertido. Y
hay cosas que son para bien y otras cosas que son para mal. Pero
pensando en esta idea de que Dios no cambia, O sea, realmente
es una verdad que debe de alentarnos y fortalecernos y saber que Dios
va a actuar de acuerdo a su carácter siempre. Recuerdo hace años tuve
un niño, creo que empezó conmigo tres años, tres o cuatro años
de edad, y él era un niño de esos que cambiaba de un minuto
a otro. era un niño muy lindo incluso
cuando le veías no te podías ni siquiera imaginar como la
madre había conseguido ponerle los calcetines porque era un
niño de esos muy rellenitos Y porque era rellenito, era muy fuerte,
¿no? Era muy fuerte y entonces era
muy niño, muy inocente, pero al mismo tiempo era muy malévolo. Entonces, a veces llegaba a clase
todo sonriente, qué divertido, esto es extremadamente divertido,
y en un segundo hacía un cambio. Y había que mantenerle muy protegido
de los demás, porque él era muy sensible. Entonces, si un niño le estaba mirando y sonreía,
problemas, porque pensaba que se estaba riendo de él. Si un
niño, por cualquier razón, le metía un empujón, la actitud
cambiaba totalmente. De repente se ponía en modo pelea. Era como... realmente era eso,
era como que tuviera un modo, ¿no? Como que tuviera un... un... un botoncito que cambiaba dependiendo
a su situación, dependiendo a cómo él se sentía en ese momento.
Y entonces era extremadamente gozoso, extremadamente lindo,
así muy suave con todo y... ¡Oh! ¡El extremo! Un monstruo
total donde a mí una vez casi me rompe un dedo. de un puñetazo que me intentó
dar. Entonces, ¿qué pasa? ¿Ves ese
cambio drástico que ocurría por cosas pequeñas, por momentos,
simplemente porque quizás le corregía, o quizás un niño le
daba un golpe, o le miraba mal, o se reían y pensaban que se
reían de él, y entonces había ese cambio drástico. ¿Os podéis
imaginar? si Dios fuera de esa manera. Incluso en la antigüedad
las personas que adoraban a los dioses falsos pensaban que los
dioses eran así y tenían que congraciarles constantemente
y tenían que manipularles para hacer lo que ellos querían. Pero
nuestro Dios no es así. Posiblemente habéis estado en
un trabajo donde el jefe cambia de día a día, dependiendo a si
se ha levantado bien o no, dependiendo si ha dormido bien o no. O dependiendo
si el día ha transcurrido como Él ha querido o no. Entonces,
viendo ese cambio drástico. Pero lo maravilloso es que Dios
no es así. Y por ello aquí en Malaquías 3, versículo 6, dice,
Porque yo, Jehová, no cambio. Por esto, oh hijos de Jacob,
no habéis sido consumidos. Realmente es un contraste con
el pueblo de Dios, porque ¿qué hace el pueblo de Dios? cambiar
de lado a lado. Si ves la historia de Israel,
es un constante cambio, es un constante rebeldía, pero vemos
el gran amor de Dios. Por eso empieza la profecía de
Malaquías, demostrando que Dios ama a su pueblo y él continúa
con ese amor aún amando a, no solamente a los patriarcas, Abraham,
Isaac, Jacob, pero también a su descendencia. Y Dios muestra
esa misma gracia, esa misma fidelidad que mostró a los padres. Porque
Dios continúa siendo fiel. Y la razón por la que la nación
de Israel no ha perecido, a pesar de todos sus opresores, a pesar
de todos sus enemigos, a pesar de todas sus maldades, a pesar
de todas sus rebeliones, es porque Yahweh no cambia. Es porque Él
continúa actuando de acuerdo a su carácter y Él va a cumplir
su parte del pacto. Él permanece fiel a sus promesas. Él es fiel en contraste con la
infidelidad del pueblo. Y porque Dios es fiel, Pueden
volver a Él. Sí, se han apartado del camino,
pero pueden volver. Dios es paciente, Dios es misericordioso,
lleno de gracia, y quiere que se arrepientan, y por ello le
manda profetas, pero en este caso a malaquías, para que retornen,
para que vuelvan a Él en arrepentimiento. deberíamos alegrarnos de que
Dios no cambia porque nos trata con esa misma misericordia con
esa misma gracia y al ver el pueblo de Israel en todos sus
errores en todos sus fallos nos podemos identificar con muchos
de ellos pero al mismo tiempo podemos ver que Dios provee esa
oportunidad de arrepentimiento, y nosotros debemos de acudir
a Él en arrepentimiento, y vivir vidas de arrepentimiento, buscándole
de todo corazón. Aquí continúa, en versículos
7, estos maniquías 3-7, dice, desde los días de vuestros padres,
os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis, ¡Volveos
a mí y yo me volveré a vosotros! ha dicho Jehová de los ejércitos.
Mas dijisteis, ¿en qué hemos de volvernos? Ahora, en este
versículo, en el versículo 7, podéis notar que repite un término
tres veces, es la idea de volver o de retornar. Viendo... ¿Cómo Dios provee esa oportunidad? O sea, el pueblo de Dios se ha
apartado de la ley de Dios. No guardan la ley de Dios. Y
no se dan cuenta de su necesidad de arrepentimiento. Pero Dios
se lo revela. Dice, mira, habéis fallado, tenéis
que volver. Pero ellos persisten resistiendo
a Dios con egoísmo. Se han apartado de la ley. Y
por ello ellos ni siquiera saben Ahí dice, ¿en qué? La última
parte del versículo 7, ¿en qué hemos de volvernos? ¿No? Y viendo la importancia de que
se den cuenta, o sea, para poder arrepentirse, deben de darse
cuenta de sus acciones. En mis clases con niños siempre
estoy repitiendo reglas, y cuando uno falla, en vez de automáticamente
castigarles, les pregunto, ¿Cuál es la regla? Tal, ¿no? Y entonces, ah, es cierto, y
entonces van y la ponen en práctica, ¿no? Por ejemplo, es común, como
trabajo con niños pequeños, a ellos se les olvida rápido, entonces
digo, vale, vamos a sentarnos, todo el mundo tiene que estar
sentado. Y nos sentamos todos, pero hay uno corriendo, dando
vueltas al cuarto, quemando un poquito de energía, y como sabéis
tienen mucha energía, entonces está literalmente, literalmente
corriendo con todas sus ganas alrededor del aula. Y entonces
le pregunto, oye, ¿estás sentado? ¿No? O sea, esta es la regla, esta
es la ley que se ha establecido, y el niño está corriendo. Oye,
¿estás sentado? Y entonces es como que... Oh,
espérate. El estándar es estar sentado. Y a veces se mira... Es interesante
porque a veces se miran las piernas y automáticamente, ¡boom!, abajo,
se sientan. Sí, estoy sentado. Vale, me alegro
que estés sentado, ¿no? Pero ¿qué pasa? Que hay que hacerles
darse cuenta del error para que puedan volver a seguir las reglas,
¿no? Y entonces, aquí vemos la profecía
de Malaquías que hace eso. Mira, os estáis desviando de
estas maneras, con estas actitudes, os estáis desviando, ¡volver! Y por ello aquí en versículo
7 dice, desde los días de vuestros padres os habéis apartado de
mis leyes y no las guardasteis. Con solamente una lectura del
Antiguo Testamento, Y con solamente, de manera general, podemos ver
la rebeldía aún desde los días de los patriarcas. Pero si consideras
al pueblo de Dios, que Moisés sube al Sinaí a recibir la ley
de Dios, ¿y qué es lo que está haciendo el pueblo en la parte
de abajo del Sinaí, ahí en la montaña? Se están haciendo un
becerro de oro. ¡Rebeldía! Aún, incluso saliendo
de Egipto, vemos en su rebeldía donde Dios va a proveer por sus
necesidades y constantemente se quejan contra Él. No tenemos
agua, no tenemos comida, o tenemos la comida, o sea, preferimos
otra comida. Y constantemente esa rebeldía,
no confiando en Dios, no dependiendo de Dios, no descansando en su
control o cuando viene el ejército de Egipto contra ellos y están
atrapados y dicen ojalá hubiéramos muerto antes mejor o cuando llegan
al desierto ojalá hubiéramos muerto antes viendo la constante
rebeldía. Aún cuando llegan a la tierra,
ahí al borde de la tierra prometida, lo único que tienen que hacer
es ir y entrar y Dios les va a dar la tierra, va a conquistar
la tierra por ellos, va a pelear sus batallas. Ellos dicen, no,
son demasiado grandes, nosotros no podemos. Y Dios, claro que
Dios sabe eso, ellos no pueden, Dios sí. Tienen que descansar
en Él, pero no quieren. Esa constante rebeldía. Vemos
esa constante infidelidad vez tras vez en su idolatría, vez
tras vez en su rebeldía, en no querer obedecer a Dios, es algo
que constantemente hace y por eso aquí lo menciona Malaquías
3 versículo 7. Desde los días de vuestros padres os habéis
apartado de mis leyes y no las guardasteis. Pero aquí vemos
esa petición de que se vuelvan, de que retornen. Volveos a mí
y yo me volveré a vosotros. Especialmente cuando Dios Ya
ha mencionado en versículo 6 que Él no cambia, ¿no? Esa invitación
está presente para que en cualquier momento, o sea, antes de que
sea demasiado tarde, Dios permite que vuelvas a Él. Dios permite
que le busques, y si le buscas le vas a encontrar. Y entonces
dice, y yo me volveré a vosotros. Dios no cambia. Esa promesa está
presente. Y podemos volvernos a Dios. Y
por ello, pone su sello de aprobación dice ha dicho Jehová de los ejércitos
no el dios todopoderoso el soberano rey de reyes señor de señores
y es que en un pacto se debía de
cumplir las leyes, ¿no? El cumplir las leyes es esencial
para un vasallo en un pacto. Por eso en Deuteronomio 11, 32
dice, cuidaréis pues de cumplir todos los estatutos y decretos
que yo presento hoy delante de vosotros. Eso es Deuteronomio
11, versículo 32. Viendo esa idea que constantemente
Dios repite para recordarnos que debemos de obedecer, debemos
de cumplir sus mandatos, debemos de cumplir su palabra. Pero ellos
se habían apartado pronto de la ley de Dios. Debían de obedecer
su palabra, seguir sus mandamientos. Y por ello tenemos en Deuteronomio
4, El siglo IV dice, más vosotros que seguisteis a Jehová vuestro
Dios, todos estáis vivos hoy. Mirad, yo os he enseñado estatutos
y decretos como Jehová mi Dios me mandó para que hagáis así
en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de
ella. ¡Guardadlos pues y ponedlos por obra! Porque esta es vuestra
sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos,
los cuales oirán todos estos estatutos y dirán, Ciertamente
pueblo sabio, he entendido. Nación grande es ésta. Porque
qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como
lo está Jehová, nuestro Dios, en todo cuanto le pedimos. ¿Y
qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como
es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? Por
tanto, guárdate y guarda tu alma con diligencia para que no te
olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten
de tu corazón todos los días de tu vida. Antes bien, las enseñarás
a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Eso es Deuteronomio
4, del 4 al 9. Viendo esa responsabilidad de
poner en práctica los mandamientos, pero también enseñarlos a las
siguientes generaciones para que ellos también aprendan a
temer a Dios y guardar los mandamientos de Dios. Pero viendo esa constante
rebeldía, aún nos lo menciona Jeremías, en Jeremías 7, 25 al
26, Dice, desde el día que vuestros
padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy, os envié
todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y
sin cesar, pero no me oyeron, ni inclinaron su oído, sino que
endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres. Que no habían
obedecido la palabra de Dios. Eran rebeldes. Pero la fidelidad
de Dios, que Él no cambia, muestra e implica que él está disponible
para que vuelvan a él y por ello Dios pide arrepentimiento y si
su arrepentimiento es genuino Dios los recibirá porque su deseo
es perdonar es restablecer esa relación con ellos pero si no
responden adecuadamente Entonces va a haber juicio, va a haber
justicia. Eso es lo que va a resaltar aquí al final de Malakías. Y lo que pasa es que piensan
que ellos no son los que se han equivocado. Por eso dicen ¿en
qué? ¿En qué hemos de volvernos? No ven que se han desviado. Y
aparenta que no tienen interés por conocer su error. Se están
intentando justificar. Están diciendo que si nunca se
han apartado, ¿por qué hay que volver? Si nunca me ha apartado
el camino, ¿por qué tengo que volver al camino? Ese es su razonamiento. Pero entonces Dios les responde.
Responde su pregunta en versículo 8. Dice, ¿robará el hombre a
Dios? Pues vosotros me habéis robado.
Y dijisteis, ¿en qué te hemos robado? En vuestros diezmos y
ofrendas. Hay muchas cosas que se pueden
robar, ¿verdad? Hace unas semanas a un hombre
de nuestra congregación ahí en Mora Toledo entraron en su casa
y de alguna manera, él no sabe cómo, pero mientras él estaba
en su casa alguien entró y le robó la cartera. A nosotros hace unos años nos
entraron en nuestra casa y robaron, se llevaron lo que quisieron.
Hoy en día se escuchan de diferentes clases de robos, ¿no? Robos de
coches, robos de bancos, etcétera. Se puede robar todo, pero ¿se
puede robar a Dios? Aquí mismo vemos, versículo 8
dice, ¿robará el hombre a Dios? Y la respuesta es sí. Porque dice, pues vosotros me
habéis robado. Y ellos le preguntan, ¿Cómo?
¿En qué? ¿En qué te hemos robado? Aquí
Dios les está echando en la cara su acusación de que ellos han
sido infieles en sus diezmos y en sus ofrendas. Dios les quita
la esperanza de inocencia. Dios les quita la máscara falsa
de piedad. Si ellos están presentando sacrificios
abundantes, pero no son los sacrificios correctos. Porque los animales
que están presentando son ciegos, son cojos, están enfermos, son
robados. No es lo que Dios pide. y no están presentando, incluso
es de manera general, porque nos dice el versículo 9, malditos
sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Entonces, no solamente es un
grupito pequeño, no solamente son los nobles, son los gobernadores,
o quizás una sección de la sociedad, no, es de manera general, la
población total. Están siendo infieles. Y lo que
Malaquías les demuestra es una manifestación de sus malas actitudes.
Están robando a Dios al no darle lo que le pertenece. Y intentan
justificarse. Aún cuando Dios revela su hipocresía. Han robado a Dios al no darle
los diezmos y las ofrendas. Ahora hay que recordar, los diezmos
eran obligatorios. Y en ese contexto tenían una
función social. Las ofrendas eran voluntarias
y cobrían las necesidades de los levitas. Pero sobre todo
hay que recordar, ¿a quién le pertenece absolutamente todo?
¿De quién es la Tierra? En Salmo 24, versículo 1, dice,
de Jehová es la Tierra. Y su plenitud. El mundo y los
que en él habitan. O sea, absolutamente todo le
pertenece a Dios. Lo maravilloso es que Dios nos
da mayordomía sobre algunas de las pertenencias, ¿no? Sobre
algunas de las cosas, y nosotros debemos usarlas para Él. Y esa
era una de las razones por la cual en Levítico 25, versículo
23, dice, la tierra no se venderá a perpetuidad. ¿Por qué? Vale, esta tierra te puede pertenecer
a ti durante un tiempo, pero la realidad es que no te pertenece
a ti, le pertenece a Dios. Tú eres administrador de ese
terreno. Y por ello dice, eso es Levítico
25-23, dice, porque la tierra mía es. Pues vosotros, forasteros
y extranjeros, sois para conmigo. O sea, la tierra es de Dios y
Dios nos pone en mayordomía. Somos administradores de lo que
tenemos. Seguramente habéis sido dueños
de algo en el pasado que ya no lo sois en el presente. Puedes comprar un teléfono móvil
y lo usas tanto tiempo y luego decides comprarte otro o te regalan
otro y vendes el siguiente o se lo regalas a otro y de repente
ese móvil ya deja de ser tuyo. O un vehículo. un coche, o una
motocicleta, o una bicicleta, un monopatín, lo que sea, ¿no?
Antes era tuyo y tú puedes hacer lo que quisieras con ese objeto
y luego lo vendes, ya deja de ser tuyo. Es esa idea. O sea,
tenemos que reconocer que lo que tenemos lo debemos usar para
Dios, somos administradores de las cosas que Dios nos ha dado.
Es que la tierra es de Dios. Y no debemos de olvidarnos de
las bendiciones de Dios. Él es el que nos bendice. Y ahora
Israel, en Deuteronomio 6, el 10 al 12 dice, cuando Jehová
tu Dios te haya introducido en la tierra que juras a tus padres,
Abraham, Isaac y Jacob, que te daría, en ciudades grandes y
buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien que
tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares
que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de
no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto,
de casa de servidumbre. O sea, Dios te ha dado todo eso,
no pienses, ah mira, mira lo que yo he conseguido, mira lo
que yo he hecho, mira lo que yo tengo, qué poderoso soy, Porque
hay que recordar que Dios es el que bendice. Dios es el que
aún te da las fuerzas para trabajar. Como nos dice Deuteronomio 8,
17 al 18, dice No digas en tu corazón, mi poder
y la fuerza de mi mano me ha traído esta riqueza, sino acuérdate
de Jehová tu Dios, porque Él te da el poder para hacer las
riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres
como en este día. Eso es Deuteronomio 8, del 17
al 18. Entonces, aún el trabajo que
tú tienes, o que puedes tener en el futuro, o que has tenido
en el pasado, Ese trabajo te lo ha dado Dios. Las habilidades
para trabajar y hacer lo que haces te lo ha dado Dios. Entonces
asegúrate de trabajar como para el Señor, ¿no? Para Él. Y ser
un buen administrador de lo que Dios te da. Ahora, los diezmos
era la práctica de presentar a Dios una décima parte de los
bienes como tributo de gratitud por las ricas bendiciones de
Dios. Tenemos ejemplo de dar diezmos
en Génesis 14, versículo 20, vemos a Abraham dando diezmo. En Génesis 28, versículo 22,
vemos a Jacob dando diezmo. Pero es que los diezmos son santos
para Dios. Nos dice Levítico 27, 30, el
diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del
fruto de los árboles es, de Jehová es, es cosa dedicada a Jehová. Y luego en versículo 32, dice,
todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara,
el diezmo será consagrado a Jehová. Ahí vemos esos mandatos, esos
Levítico 27, 30 y 32, donde realmente está incluyendo todo, o sea,
toda la cosecha del campo, aún todos los animales que tú puedas
tener, todo, había que dar el diezmo de ello, año tras año,
había que dar el diezmo de ello, era de Dios. Entonces, aunque
Dios te lo daba a ti, tú eras administrador de esas cosas y
tú debías de devolverle a Dios ese diezmo. Porque tenían una
función especial para proveer para los necesitados y en especial
para los levitas. Nos dicen números 18 versículo
21. He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos
en Israel por heredad por su ministerio. Por cuanto ellos
sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión. Esos números 18,
versículo 21, y el versículo 24 dice, porque a los levitas
he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán
a Jehová su ofrenda, por lo cual les he dicho, entre los hijos
de Israel no poseerán heredad. Esos números 18, versículo 21,
y versículo 24. O sea, los levitas, que son la
tribu de los sacerdotes, de aquellos que sirven en el tabernáculo
y luego en el templo, les vemos que ellos, cuando se reparte
la tierra prometida, Dios no les da tierra física, ¿no? Los diezmos son su heredad, como
nos menciona ese texto en números 18-24, entonces, al no tener esos territorios, pues
no pueden conseguir esa comida que necesitan los demás, presentan
sus diezmos, los llevan a al tabernáculo o al templo y entonces
se reparten de los levitas para que ellos puedan vivir y ellos
puedan servir y estar dedicados por completo en el servicio a
Dios y en la enseñanza de la ley de Dios y instruir al pueblo
en el temor de Dios y aún los levitas diezmaban y se lo daban
a los sacerdotes lo cual los sacerdotes como sabéis eran los
descendientes de Aarón dentro de la tribu de los levitas Pero
vemos ahí en números 18, versículo 26, dice, así hablarás a los
levitas y les dirás, cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos,
que os he dado, de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis
de ellos una ofrenda mecida a Jehová, el diezmo de los diezmos, Y en
versículo 28 dice, así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová
de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel,
y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón. Y entonces viendo esa función
para proveer para las necesidades de los levitas, y aun si el donante
comía parte de los diezmos, lo debía hacer delante de Dios,
nos dice Deuteronomio 12, del 17 al 18, y aún, cada tres años, durante una de las fiestas, los
necesitados también participaban de los diezmos. Nos lo menciona
Deuteronomio 14, versículo 28 al 29, y Deuteronomio 26, versículo
12, donde nos dice ese último texto
de Deuteronomio 26, 12, cuando acabes de diezmar todo el diezmo
de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo darás también
al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, y comerán
en tus aldeas y se saciarán. Entonces, sabemos la importancia
de presentar esos diezmos, era algo que... obligatorio, que
había que presentar. Pero luego tenemos las ofrendas,
que eran voluntarias, Y las ofrendas eran voluntarías separadas para
un propósito especial, como en Éxodo XXV, donde están preparando
la construcción del tabernáculo y entonces presentan diferentes
cosas, como oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino
fino, piel de cabras, piel de carneros teñidas de rojo, pieles
de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especies
para el aceite de la unción, para incienso aromático, etcétera. Eso es en Éxodo XXV, donde vemos
esas ofrendas voluntarias para construir el tabernáculo. Y las
ofrendas eran porciones separadas para los sacerdotes también.
Como nos menciona en Nº 5, del 9 al 10, toda ofrenda de todas
las cosas santas de los hijos de Israel presentarán al sacerdote.
Suya será Y lo santificado de cualquiera será suyo. Asimismo,
lo que cualquiera diera al sacerdote será suyo. Viendo que esas ofrendas
eran porciones separadas para los sacerdotes, ¿no?, de manera
especial. Esos números 5 del 9 al 10. También lo encontramos
en Éxodo 29, 27 al 28. pero viendo la importancia de
presentar estos diezmos, estas ofrendas para mantener el servicio
en el templo, en el contexto de Malaquías, en el templo que
ya está reconstruido, lo han reconstruido unos años antes,
pero no lo están haciendo, no lo están cumpliendo. Y cuando el pueblo fallaba, en
traer los diezmos y las ofrendas, ¿qué es lo que pasaba con los
levitas? ¿Qué es lo que pasaba con los que servían en el templo
y dependían de esas cosas? Pues, lo tenían que abandonar.
Incluso luego, cuando viene Nemiás, nos menciona Nemiás 13, versículo
10, dice, encontré asimismo que las porciones para los levitas
no les habían sido dadas. y que los levitas y cantores
que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad. O sea, eso es Neemías 13, versículo
10, viendo que los levitas que dependían de esas ofrendas, de
esos diezmos, como el pueblo estaba siendo infiel en presentarlos
delante de Dios, pues entonces ellos no tenían para cubrir sus
necesidades y tuvieron que dejar el servicio e intentar buscarse
la vida, intentar buscar la comida donde fuera posible. cuando en
realidad el propósito era que los levitas demostraran dependencia
total en el cuidado de Dios, porque ellos no van a labrar
la tierra, no van a ir a cuidar a los animales, sino que tenían
que depender de que el pueblo les proveyera sus diécimos y
ofrendas demostrando el cuidado de Dios para ellos, pero aquí
vemos el pueblo siendo infiel no cumpliendo los requisitos
de devolverle a Dios de lo mucho
que Dios les había dado. Y por ello vemos esta exhortación
de que debemos de dar a Dios lo que le pertenece. Y por ello en versículo 9 dice,
¡Malditos sois! Malditos con maldición, porque
vosotros ¡La nación toda me habéis robado! Aquí muestra la seriedad
de robar, la seriedad de robar a Dios. El pueblo ha robado a
Dios y está sufriendo maldición y en los siguientes versículos
menciona parte de esa maldición y de cómo que les va mal en los
campos porque no están presentando esas ofrendas, esos diezmos,
y como vemos al principio de Maraquías, bueno en Maraquías
capítulo 2 versículo 2, donde los sacerdotes están siendo infieles
y por ello Dios maldice sus bendiciones, eso es básicamente lo que está
ocurriendo aquí. Todas esas bendiciones de que
Dios haría una tierra extremadamente fructífera, pues Dios lo cancelaría,
lo maldeciría, esas bendiciones. Pero es que Dios bendice al que
es generoso y maldice al que no lo es, maldice al que es injusto.
En Proverbios, capítulo 11, versículo 24, dice, hay quienes reparten
y les es añadido más. Y hay quienes retienen más de
lo que es justo, pero vienen a pobreza. Esos Proverbios 11,
versículo 24. Vienen de esa idea, o sea, Dios
bendice al generoso. lo que yo por lo menos lo que
yo me he dado cuenta normalmente los más generosos son los que
menos tienen y nos hemos encontrado con personas en extrema pobreza
y puedo pensar en algunos en Venezuela donde ellos constantemente
si tú te presentas a su casa ellos te dan comida ¿qué comida? la única que tienen en casa y
quizás ellos no tienen comida para mañana pero ellos te dan
la comida que tienen con esa generosidad que reflejan, realmente
reflejando el carácter de Dios. Pero viendo que Dios siempre
provee para sus necesidades, para ese siguiente día. Dios
añade y provee y bendice a aquel que es generoso. Pero aquel que
retiene más de lo que es justo, aquel que engaña, aquel que daña,
Al final, ese dinero que ha obtenido por ganancia ilícita, pues desaparece. Yo recuerdo una compañera de
trabajo, ella dijo, yo no sé dónde va mi dinero. O sea, trabajo
y hago todo lo posible y desvanece el dinero. Porque está viviendo
para sí mismo. Está invirtiendo en sí misma
y no, obviamente no conoce a Dios, pero vemos como que al final
ese dinero desaparece. Incluso nos dice Proverbios 10,
versículo 22. La bendición de Jehová es la que enriquece y
no añade tristeza con ella. ¿Qué pasa cuando una persona
se aprovecha de otra? Pues al final, la convicción
que tiene se siente mal de haber aprovechado, entonces siente
tristeza por lo que ha hecho. Pero la bendición de Jehová es
la que enriquece. ¡Y no añade tristeza! Porque
ves la mano de Dios proveyendo para tus necesidades y eres generoso
con lo que Dios te da, y muestras dependencia de Dios, de que Dios
te da a ti y tú abres la mano y eres generoso. Recuerdo un
pastor decir, cuando tú abres tu mano para dar a otros, tienes
la mano abierta para poder recibir. Simplemente viendo esa idea de
que Dios bendice al que es generoso. Aquellos que no dan los diezmos
ni las ofrendas, ¿qué es lo que están haciendo? Están robando
a Dios. Están incumpliendo su responsabilidad. Dios desea que demostremos dependencia de Él
presentando esas ofrendas, esos diezmos, cumpliendo nuestra responsabilidad. Porque al no cumplir tu responsabilidad,
realmente lo que estás haciendo es robar. ¿No? Robarle a Dios. Para intentar ilustrarlo, piensa
si quizás durante un tiempo perteneces a un gimnasio o a un lugar donde se juega golf,
por ejemplo, y tienes tu pase pero ya ha pasado y tienes que
volver a pagar, pero dices no, me voy a colar, ¿no? Como me
conoce la cara o algunos pues no me van a decir nada esos primeros
días y luego poco a poco estás intentando extender el día de
pago, extender el día de pago y llega el punto que te estás
entrando a escondidas y ¿qué es lo que estás haciendo? Realmente
no estás cumpliendo tus responsabilidades, estás realmente robando de ese
negocio. Obviamente es una ilustración
que cabe bastante corto, pero creo que nos ilustra la idea
de que al no cumplir nuestras responsabilidades con nuestros
diezmos y ofrendas, realmente estamos robando... robando a
Dios. Y por ello, no están recibiendo
las bendiciones de Dios, porque nos dice el versículo 10. Trae
todos los diezmos a la alfolía. y haya alimento en mi casa. Y
probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no
os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros
bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros
al devorador y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra
vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.
Y todas las naciones os dirán, bienaventurados, Porque seréis
tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos. Esos malaquías, capítulo 3, versículo
10, hasta el versículo 12. Ese término ahí traducido al
folí, o sea, se refiere a un almacén, un almacén como el tesoro
del templo, el almacén de grano o de las ofrendas y de los diezmos
que se presentaban. Y por eso, dice, traed los diezmos
al almacén o al tesoro del templo, al folí, y haya alimento en mi
casa, ¿no?, para proveer para los que sirven en el templo,
a los sacerdotes, y proveer también para los sacrificios, y deben
de ser conforme a la ley, para que sean agradables delante de
Dios. Y es que la respuesta correcta al problema del egoísmo es la
generosidad. ¿Por qué digo egoísmo? Porque
están pensando en sí mismos. Bueno, es que, vale, tengo este
dinero, pero es que yo lo necesito más. Y podemos pensar de esa
manera. Y decir, bueno, he ido a la iglesia, están recogiendo
las ofrendas, y dices, uy uy uy, mejor no, hoy no, hoy no. Otro día. Y luego viene el otro
día y... ¡Otro día! ¡Otro día! ¿No? Y
al final lo que estamos demostrando es que no confiamos en la provisión,
en la protección de Dios. Aunque Dios es extremadamente
generoso con nosotros, nosotros no reflejamos su carácter de
generosidad y estamos demostrando egoísmo, pensando en nosotros
mismos en vez de pensar en nuestra responsabilidad hacia Dios. Y
por ello, lo opuesto al egoísmo, en este caso, es la generosidad,
es el dar en abundancia. Incluso nos dice 2 Corintios,
2 Corintios 9, versículo 7, 2 Corintios 9, versículo 7, dice,
cada uno de como propuso en su corazón, no con tristeza, ni
por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Incluso el versículo 6, eso es
2 Corintios 9, 6, dice, el que siembra escasamente también llegará
escasamente, y el que siembra generosamente, generosamente
también llegará. Pero viendo la importancia de
dar con alegría, de dar reconociendo que Dios te ha dado todo, pues
devuélvele un poquito de lo que, de lo mucho que Él te ha dado.
pero con generosidad, con alegría, no decir, ay, ay, ay, el diezmo,
¿cómo puede ser posible que tenga que dar este dinero? No, sino
hacerlo con un corazón alegre, viendo que Dios provee para tus
necesidades de día a día. Y es que en los tiempos de Malaquías,
los almacenes de la casa de Dios están, los almacenes están vacíos.
Es la culpa del pueblo. Incluso luego en los tiempos
de de Neemías, que viene unos años después, vemos que él se
refiere a esta gran cámara, este alfolí, este almacén como una
gran cámara, ahí en Neemías 13, versículo 5, y menciona ese texto
que he leído antes, en Neemías 13, 10, que dice, encontré a
sí mismo que las porciones para los levitas no les habían sido
dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían
huido cada uno a su heredad, Y por ello vemos a Neemías imponer
otra vez el diezmo, para que vuelvan. Ahí nos lo menciona
en capítulo 13, Neemías 13, del 11 al 12, dice, entonces reprendí
a los oficiales. Y dije, ¿por qué está la casa
de Dios abandonada? Y los reuní y los puse en sus
puestos. Y todo Judá trajo el diezmo del
grano del vino del aceite a los almacenes. O sea, Neemías impuso otra vez
el diezmo. para que lo trajeran y parece
que el pueblo lo había descartado por total, o sea, no estaban
presentando nada y por eso los levitas tuvieron que buscarse
la vida de otra manera. O sea, parece que el pueblo no
cumplió con el diezmo hasta que años después vino Neemías, porque
aquí vemos este mandato aquí en Malaquías de traer los diezmos
y ofrendas, pero aún unos años después, en los tiempos de Neemías,
aún Neemías les tiene que forzar a ello, les tuvo que imponer
una vez más el diezmo. Y porque han sido desleales de
esta manera, pierden la bendición. de ser parte del ministerio y
de la obra de Dios. Pierden la bendición abundante
de Dios. Pero la generosidad elimina el
problema del egoísmo financiero. La obediencia al mandato de Dios
trae bendiciones. Y cuando Dios bendice, Dios bendice
en abundancia. O sea, Dios está diciendo, mira,
llenar esos tesoros Porque si lo hacéis, yo abriré mis tesoros
y los derramaré sobre vosotros, derramaré extrema bendición. Dios proveería de tal manera
que el pueblo no tendría lugar ni siquiera para almacenarlo.
Por eso nos dice en el siglo X, traed los diezmos al alfolí,
estos malaquías tres diez, y haya alimento en mi casa, y probadme
en esto, probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos,
sino abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros
bendición hasta que sobreabunde. O sea, Dios va a dar en extrema
abundancia, va a sobreabundar, ni siquiera van a tener dónde
almacenarlo, es como cuando te llenan el vaso, Pero no solamente
te lo llenan, sino que siguen echando agua y sigue derramándose
por todas partes, es en abundancia y sigue viniendo y sigue viniendo.
Viendo la provisión abundante de Dios. Y continúa esa bendición
en versículo 11, dice, reprenderé también por vosotros al devorador. Ese término ahí traducido devorador,
se refiere a alguien que consume, que devora, que destruye, Lo
cual se está refiriendo a cualquier cosa que dañe las cosechas. Por
eso menciona, reprenderé también por vosotros al devorador y no
os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vida en el campo será
estéril, dice Jehová de los ejércitos. Entonces vienen los devoradores. ¿Quiénes son? Pues los animales.
Quizás diferentes plagas, como la plaga de langostas, que era
un insecto parecido a un saltamontes, pero de mayor tamaño, que devoraba
y destruía. Como aún nos menciona la profecía
de Joel. Joel, capítulo 1, versículo 4,
dice, lo que quedó de la oruga, comió el saltón. Lo que quedó
del saltón, comió el revoltón. Y la langosta comió lo que del
revoltón había quedado. Eso es Joel, capítulo 1, versículo
4. Y esos diferentes términos se refieren al mismo insecto,
simplemente diferentes etapas de la vida de una langosta que
van devorando la cosecha. ponen los huevos, y nacen, y
entonces empiezan a comer, y luego, básicamente diferentes etapas
de estos, de las langostas, donde vienen y básicamente lo que uno
no destruye, lo destruye el siguiente, lo destruye el siguiente, y lo
devoran todo. Pues Dios va a bendecir de tal
manera que va a reprender a los devoradores. También en Ageo
capítulo 2 versículos 16 y 17 dice antes que sucediesen estas
cosas venían al montón de 20 efas y había 10 venían al lagar
para sacar 50 cántaros y había 20 os herí con viento solano,
con tizoncillo". Ese término tizoncillo se refiere
a una enfermedad de grano. Es como un hongo, un parásito
que ataca los cereales formando manchas negruzcas. Pero viendo,
dice, os herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo
en toda obra de vuestras manos. Mas no os convertisteis a mí,
dice Jehová. Esos Ageo 2, 16 al 17, esos castigos por desobediencia,
Dios destruyendo y dañando sus cosechas. Pero
cuando Dios bendice por la obediencia del pueblo, pues entonces el
fruto de sus plantas va a llegar a su madurez. Las uvas van a
producir sin fallo. Los campos producirán a tiempo.
Y van a tener extrema abundancia de sus campos. Y por eso va a
sobreabundar. Y vemos ese sello otra vez de
aprobación. Dice Jehová de los ejércitos. O sea, Él lo va a
hacer. Y en versículo 12 vemos el resultado que aún las naciones
lo van a observar y van a decir definitivamente Dios les está
bendiciendo. los dice versículos 12, y todas
las naciones os dirán, estos malaquías 3.12, bienaventurados,
porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos. O sea, la evidencia de la bendición
de Dios sería conocida por todas las naciones, porque Dios les
está bendiciendo, porque están siendo obedientes y fieles a
Él. Y es que Dios promete bendecir
al que es generoso, Aún en el Nuevo Testamento nos dice Lucas
6.38, dad y se os dará. Medida buena, apretada, arremecida
y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida
con que medís, os volverán a medir. No sé si alguna vez os ha ocurrido
donde veis a alguien en necesidad y le dais. Le dais posiblemente
dinero, posiblemente comida, y volvéis a vuestra casa y de
repente llega alguien y os da a veces más. ¿No? Les dais un kilo de tomates a
alguien y llegáis el siguiente día y viene un vecino y te da
dos kilos de tomates. Y dices, ¿pero cómo puede ser
posible? Viendo la bendición de Dios. Dios proveyendo en abundancia. Por eso dice, dad y se os dará.
Eso es Lucas 6,38. O ese texto que leí antes en
2 Corintios 9, pero voy a incluir desde el versículo 6 hasta el
versículo 11, dice, pero esto digo, el que siembra escasamente
también segará escasamente. Y el que siembra generosamente,
generosamente también segará. Cada uno de como propuso en su
corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al
dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer
que abunde en vosotros toda gracia a fin de que teniendo siempre
en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra,
como está escrito, repartió, dio a los pobres, su justicia
permanece para siempre, y el que da semilla al que siembra
y pan al que come, y proveerá y multiplicará vuestra sementera
y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos
en todo, para toda liberalidad, la cual produce por medio de
nosotros acción de gracias a Dios". O sea, Dios va a proveer en abundancia
aquel que da en abundancia, que es generoso. Eso es 2 Corintios
9, del 6 al 11. en Proverbios 11 versículo 25
dice el alma generosa será prosperada y el que saciare él también será
saciado y entonces aquí termina esta esta sección de malaquías
demostrando que aún las naciones se van a dar cuenta de la bendición
de dios porque se volverá la tierra en una tierra deseable
para el hombre y aún deseable para Dios. O sea, Dios va a bendecir.
Por eso dice, porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los
ejércitos. Y por ello debes de dar a Dios
lo que le pertenece. Y si no lo has estado haciendo,
arrepiéntete de tu desobediencia. Porque quizás no le has estado
dando a Dios tus diezmos y ofrendas, y lo que estás haciendo es robarle
a Dios. Si has metido tu mano en los diezmos y las ofrendas,
le has robado a Dios. Si no estás siendo generoso,
no estás reflejando el carácter de Dios. Si le das a Dios con
tristeza, no le estás agradando, por eso arrepiéntete y entrégale
a Dios lo que le pertenece. Aprende a ser generoso como Dios
es generoso. Esfuérzate a apoyar la obra de
Dios. reconoce que todo le pertenece
a Dios y entregale a Dios lo que es suyo. Quizás has estado
atesorando tu dinero en vez de ser generoso y darlo a Dios y
a los necesitados. Muchas veces no damos a Dios
tanto como debemos. Y ponemos excusas por las cuales
no diezmamos y no ofrendamos. Y somos rápidos en condenar los
fallos de los demás. Pero no miramos nuestros propios
fallos. Y estamos dispuestos a corregir los fallos de los
demás, pero no los nuestros. Y no queremos invertir en la
obra de Dios. Muchas veces no estamos dispuestos a dar con
generosidad. Y no damos a Dios con ganas. y no nos alegramos
en participar de la obra de Dios. Y lo que Dios desea es que reconozcamos
su soberanía, su control, su generosidad y que le devolvemos
lo que a Dios le pertenece. Por ello, da a Dios lo que le
pertenece. Arrepiéntete de tu pecado. Vamos a terminar en oración.
Estudio Malaquías 6- Campamento Eben-ezer
Series Malaquías
| Sermon ID | 87221751214372 |
| Duration | 56:45 |
| Date | |
| Category | Camp Meeting |
| Bible Text | Malachi 3:6-12 |
| Language | Spanish |
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