00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Genesis 42, vamos a leer todo
el capítulo, versículos 1 a 38. Genesis 42, empezando en el versículo
1. Viendo Jacob que en Egipto había
alimentos, dijo a sus hijos, ¿por qué os estáis mirando? Y
dijo, he aquí yo y oído que hay víveres en Egipto, descender
allá y comprar de allí para nosotros, para que podamos vivir y no muramos. Y descendieron los diez hermanos
de José a comprar trigo en Egipto. Mas Jacob no envió a Benjamín,
hermano de José, con sus hermanos, porque dijo, no sé que le acontezca
algún desastre. Vinieron los hijos de Israel
a comprar entre los que venían, porque había hambre en la tierra
de Canaán. Y José era el señor de la tierra, quien le vendía
a todo el pueblo de la tierra. Y llegaron los hermanos de José
y se inclinaron al rostro a tierra. Y José, cuando vio a sus hermanos,
los conoció. Mas hizo como que no los conocía
y les habló ásperamente. Les dijo, ¿de dónde habéis venido?
Ellos respondieron, de la tierra de Canaan, para comprar alimentos.
José pues conoció a sus hermanos, pero ellos no le conocieron.
Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca
de ellos. Y les dijo, espías sois, por haberlo descubierto
del país habéis venido. Ellos le respondieron, no señor
nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos.
Todos nosotros somos hijos de un varón, somos hombres honrados. Tus siervos nunca fueron espías.
Pero José les dijo, no, para haberlo descubierto, del país
habéis venido. Y ellos respondieron, tus hierros
somos doce hermanos, hijos de un varón, la tía de Canaán. Y
aquí el menor está hoy con nuestro padre y otro no parece. Y José
les dijo, es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. En
esto seréis probados. Vive faraón, que no saldréis
de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniera aquí. enviada
uno de vosotros, y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos,
y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros. Y
si no, vive Faraón, que sois espías." Entonces los puso juntos
en la cárcel por tres días. Y al tercer día les dijo José,
Hacer esto y olvíd. Yo temo a Dios. Si sois hombres
honrados, quede preso en la casta de vuestra cárcel uno de vuestros
hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de
vuestra casa. Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas
vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. y decían
el uno al otro, verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano,
pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no la
escuchamos, por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.
Entonces Rubén les respondió diciendo, no os hablé yo y dije,
no pequees contra el joven y no escuchaste, y aquí también se
nos demanda su sangre. Pero ellos no sabían que los
entendía José. porque había intérprete entre
ellos. Y se apartó José de ellos y lloró. Después volvió a ellos
y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón y lo aprisionó
a vista de ellos. Después mandó a José que llenaran
sus sacos de trigo y devolviese el dinero de cada uno de ellos,
poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino,
y así se hizo con ellos. Ellos pusieron su trigo sobre
sus asnos y se fueron de allí. Pero abriendo uno de ellos su
saco para dar de comer su asto en la mesón, dio su dinero que
estaba en la boca de su costal. Y dijo a sus hermanos, mi dinero
se me ha devuelto, déjalo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó
el corazón, y espantados dijeron el uno al otro, ¿qué es esto
que nos ha hecho Dios? Y venidos a Jacob su padre, en
tierra de Canaan, le contaron todo lo que les había acontecido,
diciendo, Aquel varón, el Señor de la Tierra, nos habló ásperamente,
y nos trató como espías de la tierra. Y nosotros le dijimos,
Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. Somos dos hermanos,
hijos de nuestro padre. Uno no parece, y el menor está
hoy con nuestro padre en la tierra de Canaan. Entonces aquel varón,
el Señor de la Tierra, nos dijo, En esto conoceré que sois hombres
honrados. Dejad conmigo uno de vuestros
hermanos, y tomad palabra de vuestras casas, y andad, y traedme
a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías,
sino hombres honrados. Así os daré a vuestro hermano,
y negociaréis en la tierra. Y aconteció que vaciando ellos
sus sacos, y aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de
su dinero, y viendo ellos y su padre los atados de su dinero,
tuvieron temor. Entonces su padre Jacob les dijo,
me habéis privado de mis hijos. José no aparece, ni Simeón tampoco,
y a Benjamín les llevaréis. Contra mí son todas esas cosas. Y Rubén habló a su padre diciendo,
harás morir a mis dos hijos si no te lo devuelvo. Entrégalo
en mi mano que yo lo devolveré a ti. Y él dijo, no descenderá
mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto y él solo ha
quedado. Y si le aconteciera algún desastre
en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con
dolor al Señor. Vamos a orar. Señor, por favor, convéncenos
hoy con tu palabra. Enséñennos de esos pasos por
los cuales necesitamos pasar después de pecar. Ayúdnos a arrepentirnos
de verdad para tener una relación contigo que es íntima, que es
buena. Enséñennos, te pedimos, de tu
palabra. En el nombre de Cristo. Amén. Cuando oyes las palabras culpa,
temor y tristeza, ¿qué piensas? ¿Cómo sientes? Piensas en cosas
malas, ¿no? Sientes que no es nada bueno
sentir así, sentir la culpa, el temor, la tristeza. Por un
lado, esta reacción tiene mucho sentido. Probablemente a nadie
le gusta sentir de esta manera. Honestamente, aunque estas palabras
sí pueden tener un contexto negativo en nuestro mundo de hoy, para
el cristiano son palabras muy importantes. Para el cristiano
son palabras de hecho de ánimo, porque describen tres pasos por
los cuales necesitamos pasar para llegar al arrepentimiento
verdadero de nuestros pecados. Tendemos a veces a pecar y ni
darnos cuenta, o pecar y no reconocer su grandeza, cuán malo es. Pero por eso Dios obra en nosotros
su pueblo, por medio de su palabra y por medio de su Espíritu Santo,
para que sintamos la culpa, la convicción, para que sintamos
el temor, de Dios ante todo y para que sintamos la tristeza. Necesitamos
esas tres cosas para poder arrepentirnos de nuestros pecados en verdad. Y esos tres sentimientos se ven
claramente en esta historia de los hermanos de José. Aquí regresamos
a ver la historia de sus hermanos. Hemos visto mucho de la vida
de José en estos pasados, pero ahora por primera vez, desde
el capítulo 37, vamos a ver algo de la vida de sus hermanos, sus
10 hermanos mayores, ante todo. Ya han pasado 13 años y nosotros
ni hemos pensado en ellos, pero ahora sí. Porque si Dios va a
usar a esos hombres, si Dios va a establecer las doce tribus
de Israel, por las cuales va a venir Cristo en el futuro,
entonces Dios tiene que trabajar en las vidas de esos otros hermanos. Dios ha estado trabajando muchísimo
en la vida de José, y ahora es tiempo para obrar también las
vidas de sus hermanos. Imagínense cómo eran las conciencias
de esos 10 hermanos después del lapso de 13 años. No sabemos
si ellos habían hablado o pensado de lo que habían hecho a José
en esos 13 años. No sabemos si habían intentado
olvidar todo eso y ni pensar en ese día. No sabemos. Pero
ahora En esta situación planeada por Dios, ellos van a recordar
lo que habían hecho y ser convencidos de sus pecados, para que se arrepientan
y puedan ser usados por Dios. Por medio de su hermano José,
los otros 10 hermanos van a enfrentar pruebas que les van a acordar
de lo que habían hecho a José. Y como veremos, José no hizo
todo esto, su plan, en venganza, sino para probar si ellos habían
cambiado o no. José fue usado por Dios aquí
para obrar en los corazones de sus hermanos y llevarles a un
arrepentimiento verdadero. Los hermanos de José aquí van
a aprender lo que Dios enseña en Números 32, 23. Tengan por
seguro que su pecado los alcanzará. Vamos a ver el contexto de esta
historia antes de enfocarnos en estos tres pasos de la culpa,
el temor y la tristeza. Primero el contexto. Vemos aquí
en este capítulo 42 que el hambre había afectado a todos en esta
parte del mundo, no solamente a Egipto sino a Canaán también.
Recordamos que José en el capítulo anterior había interpretado los
sueños del faraón para decir Dios va a dar siete años de abundancia
y después siete años de Hambre. Siete hambres de hambre gravísima,
dice. Y José había sido levantado una
posesión, la segunda más alta en todo Egipto, para prepararse,
para preparar el país, recogiendo todo, todo, todo en los primeros
siete años, para tener suficiente para los prometidos siete años
de hambre. Y así fue. Eso es lo que pasó. Siete años de abundancia y después
empezaron siete años de hambre. Y dice que empezó el hambre en
toda la tierra. Y solamente en Egipto había suficiente. Y por eso vinieron de todos los
otros países en alrededor a Egipto para comprar alimento, porque
no tenían nada. Y parte de toda la tierra que venía a Egipto
era la familia de José. Su padre Jacob, sus 11 hermanos
y sus familias. Leemos en el capítulo 42, versículos
1 a 5, que Jacob vio que había alimentos en Egipto y dijo a
sus hijos, váyanse para comprar alimento para que inamoramos.
Tiene sentido. Entonces, es lo que pasó. Se
fue a Egipto, pero esperen, esperen, esperen. Dios permitió todo eso. por una razón, recordamos, en
la historia de José vemos en cada parte la providencia de
Dios. Dios permitió este, esta hambre,
en parte, para esta reunión, para que los hermanos de José
puedan salir de Canadá y ir a Egipto, que no hubieran hecho en otra
situación, pero tuvieron que hacerlo. Necesitamos comida.
Se fueron. Dios permitió eso para que pudieran
inclinarse ante José como fue el sueño y tener esta reunión. Y vemos que cuando ellos llegaron
a Egipto, que no fue tan fácil como pensaban. Ellos pensaban,
no, vamos a llegar, pagar, regresar a la casa. Pero no, porque dice
el versículo 6, José era el señor de la tierra, quien le vendía
a todo el pueblo de la tierra. Y llegaron los hermanos de José
y se inclinaron a él, rostro a tierra. Entonces, eso no es
un oficio desconocido, a quien llegan para pedir alimentos,
sino es su hermano. Él se da cuenta, José se da cuenta
de esto inmediatamente. Ellos no. ¿Por qué? Pues piensen,
ellos probablemente no habían cambiado tanto en 13 años, pero
José sí. Ya sin barba, ya vestido como
egipcio, ya como líder en el país. Ellos no podían imaginar
eso. Si José reconoce a ellos, ellos no reconocen a él, no conocen
a él. Y en la voluntad de Dios, José
empieza con un plan, empieza con una estrategia que vamos
a ver realizada en los capítulos 42 a 44, hasta que Él se revelara
a ellos. Por un rato, Dios va a usar a
José como la conciencia de sus hermanos. va a usarle y las pruebas
que ponen las vidas de sus hermanos para convencerles a ellos de
su pecado y llevarles al arrepentimiento. Y por eso José les habla así.
Porque vemos los siguientes versículos. José acusa a sus hermanos de
ser espías. llegados para ver los puntos
débiles de Egipto en ese tiempo de hambre, ellos lo niegan, por
supuesto, diciendo que nada más vinieron para comprar comida,
que de hecho son hermanos, los 10, hijos de un solo varón. Algo
interesante aquí en su descripción de sí mismos, ¿no? En el versículo
13. Ellos respondieron, tus siervos somos, ¿cuántos? Doce. Muy interesante que ellos incluyen
a José en su descripción. Ellos dicen, tus siervos somos
doce hermanos, hijos de un varón y la tía de Canaan. Piense bien,
aquí el menor estaba con nuestro padre, ¿OK? ¿Y? Otro no parece. Por supuesto no parece, porque
ustedes le vendían. Pero mencionan a José. ¿Por qué mencionan a
José? De su perspectiva está muerto, lo más probable. ¿Por
qué le mencionan? Dios le trae su mente, porque
en este momento Dios va a convencerles a ellos de su pecado. Dios va a hacerles sentir la
culpa por lo que habían hecho y por eso empiezan a pensar en
José, el otro que no parece. Pero sus palabras a este hombre
egipcio, a su hermano, que no conoce que es su hermano, no
tienen ningún efecto. Él dice, no, ustedes son espías,
y les echan a la cárcel. Dice, ustedes van a quedarse
en la cárcel hasta que tu hermano menor venga. Ustedes mandan a
una persona, y cuando regrese con su hermano menor, eso va
a ser la prueba de que están diciendo la verdad, y ustedes
pueden salir. Dice que les echan a la cárcel por tres días. Seguro que ellos pasaron esos
tres días meditando mucho en lo que habían hecho, en lo que
estaban pasando, en sus pecados pasados. José estaba poniendo
a sus hermanos en las mismas pruebas o pruebas similares como
aquellas por las cuales él había pasado. Sus hermanos habían pensado
en él como espía para su padre, ¿recuerdan? Sus hermanos habían ignorado
sus gritos cuando estaban en el pozo, Sus hermanos le habían
vendido así, permitiendo que años después tuvo que pasar tiempo
en la cárcel. Dios está usando a José como
su instrumento para permitir que esos diez hermanos sufran
un poquito de lo que José había sufrido. Después de tres días
en la cárcel, José le saca y cambia su propuesta un poquito. Va a
permitir que todos regresen menos uno. Dice, uno en la cárcel para
que ustedes regresen con su hermano menor. Dice, no regresen sin
su hermano menor. Eso va a ser la prueba de su
honestidad. Y uno de ustedes va a quedarse aquí en la cárcel
para estar seguro que ustedes van a regresar. Es el contexto
para que tengamos fijados en mente lo que estamos viendo aquí.
Dios está haciendo algo y vamos a ver su propósito. El propósito
de Dios en todo esto es llevar a esos hombres al arrepentimiento. Dios quiere que ellos se den
cuenta de sus pecados, que sientan la convicción de Espíritu Santo,
que sientan la culpa de sus pecados, que reconozcan lo que han hecho
para poder arrepentirse en verdad y ser usados por el más adelante.
Y Dios hace lo mismo con su pueblo india también. Es la voluntad
de Dios que nosotros, sus hijos amados, sintamos la convicción
del Espíritu Santo cuando pecamos. Es la voluntad de Dios que sintamos
la culpa por nuestro pecado y el peso de desobedecer a Dios. No
para que viviéramos así desanimados y culpables para siempre, sino
para impulsarnos al arrepentimiento verdadero, que es una transformación
basada en la gracia de Dios. Es decir, aquí en la iglesia,
por ejemplo, hablamos del arrepentimiento mucho, pero muchas veces no nos
arrepentimos en verdad. Es mucho remordimiento. Es mucho
miedo por las consecuencias. Pero Dios sabe que si necesitamos
arrepentirnos en verdad, eso requiere sentir la culpa sentir
el temor de Dios y sentir la tristeza. Y si no pasamos por
esos pasos, no nos hemos arrepentido. Es lo que Dios estaba haciendo
en las vidas de esos diez hermanos, y es lo que quiere enseñarnos
hoy en día también. Que muchos de nosotros necesitamos
arrepentirnos, pero en verdad, en verdad. Vamos a estudiar estas
tres cosas en este pasaje. La culpa, el temor y la tristeza. La culpa del pecado que viene
de la convicción del Espíritu Santo es buena para el cristiano,
porque junta con el temor y la tristeza nos lleva al arrepentimiento. Otra vez, porque ese es el propósito
de este mensaje, que entendamos eso. La culpa del pecado que
viene de la convicción del Espíritu Santo es buena para el cristiano
porque junta con el temor y la tristeza nos lleva al arrepentimiento. En primer lugar en esta historia
vemos la culpa y en la vida de los hermanos de José. Después
de que José les había interrogado, después de que les había echado
en la cárcel, después de que les había dicho lo que tienen
que hacer para regresar y liberar uno de ellos, vemos que los hermanos
hablan entre sí. Capítulo 42, versículos 21 a
22. Decían el uno al otro, verdaderamente hemos pecado contra
nuestro hermano. Pues vimos la angustia de su
alma cuando nos rogaba, y no la escuchamos. Por eso ha venido
sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió
diciendo, nos hablé yo y dije, no peques contra el joven y no
escuchaste, y aquí también se nos demanda su sangre. Entiendan
aquí que Dios usó esta confrontación con este hombre egipcio, recordando
que ellos todavía no saben que es su hermano, para hacerles
reflexionar. Quiero empezar otra vez, no sabemos
si ellos habían platicado de este tema en los últimos 13 años,
de lo que habían hecho con su hermano, pero por lo menos ahora
sí. Ellos dicen verdaderamente hemos
pecado contra nuestro hermano. Me imagino que es la primera
vez que habían admitido eso. Hemos pecado. Esta confrontación con José les
hizo pensar en su pecado, en lo que habían hecho hace 13 años.
Es muy importante ver aquí que los hermanos de José admitieron
su pecado. No intentaban justificarlo, no
pensaban en razones por las cuales su pecado no era tan fuerte.
No admiten aquí que habían pecado en contra de José cuando le vendían,
cuando no tenían piedad, cuando les rogaba, aún viendo su angustia,
no le escuchaban, sino con corazones duros le vendían. Y ellos ahora
están sintiendo la culpabilidad por su pecado. Otra traducción
traduce sus palabras en el versículo veintiuno de esta manera verdaderamente
somos culpables en contra en cuanto a nuestro hermano. Ellos
ahora ahora sienten la culpabilidad y su pecado de vender a su hermano.
Sienten la convicción del pecado. Ellos dicen por esta razón estamos
pasando por todo esto. Dicen, estamos cosechando lo
que hemos sembrado. Entonces su culpa es buena. Su culpa es buena porque está
enseñándoles a admitir su pecado en contra de su hermano. Dice
el reciclo 23 que José los entendía cuando estaban hablando. Él los
había hablado con un intérprete antes, por supuesto, porque estaba
hablando en el idioma de Egipto. Pero José entiende lo que están
diciendo y le impacta muchísimo. Verdad que dice el reciclo 23,
tiene que apartarse desde ellos para llorar. Vemos aquí y a través
de toda esta parte de la historia que José no está haciendo todo
esto para vengarse de ellos. Solamente está haciendo lo que
Dios le dirige a hacer para el bien de sus hermanos. Pero José
no está tomando ningún placer en la angustia de ellos. Varios
veces llora o no puede estar en su presencia porque sus emociones
van a revelar quién es. Muy importante entender que José
aquí no es alguien disfrutando la angustia de sus hermanos.
No está disfrutando la venganza planeada por 13 años. Nada de
eso. Nada. Es muy difícil para José
no revelarse. Quiere abrazar a sus hermanos
y llorar y revelarse, pero todavía no. Porque Dios quiere usar ese
tiempo para ver si sus hermanos han cambiado o no. Entonces dice
que José escoge a Simeón, lo aprisiona de sus hermanos y les
manda con su alimento para regresar a su país. Pero sigue con este
plan de ver si sus hermanos han cambiado o no, porque dice que
devuelve su dinero en sus sacos sin que ellos se den cuenta antes
de que regresaran. Y Dios usó esto para seguir en
el punto del temor de Dios que vamos a ver en un minuto. Pero
pensemos primero, ¿por qué José devolvió su dinero sin avisarles
a ellos? Parece que está probando a sus
hermanos si van a regresar por Simeón o no, si van a abandonar
la ley de Egipto, como le había abandonado a José hace 13 años,
o si hubieren cambiado. Por eso esta prueba. Dios está
usando a José para demostrar los cambios de sus hermanos,
para ver si realmente se han arrepentido de su pecado o no.
Entonces, la primera cosa que vemos en esta historia, como
parte de la obra de Dios para llevar a sus hombres al arrepentimiento,
es la culpa, la convicción de su pecado, el entendimiento y
la aceptación de que habían pecado. La siguiente cosa que vemos en
esta historia es el temor, específicamente el temor de Dios. Leamos los
versículos 27 y 28. Abriendo uno de ellos su saco
para darle comer su asno en el mesón, vio su dinero que estaba
en la boca de su costal, y dijo a sus hermanos, mi dinero se
me ha devuelto, helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó
el corazón y espantados dijeron el uno al otro, ¿qué es esto
que nos ha hecho Dios? Dicen que aconteció que vaciando
a ellos sus sacos, y aquí en el saco de cada uno estaba el
atado de su dinero. Y viendo ellos y su padre los
atados de su dinero, tuvieron temor. Fíjense bien las palabras
de ellos en el versículo 28. ¿Qué es esto que nos ha hecho
Dios? Interesante, ¿no? ¿Por qué mencionan
a Dios? ¿Por qué no dijeron? ¿Qué ha
hecho este hombre egipcio? ¿Nos aborrece tanto que quiere
hacer cualquier cosa para poder ajustarnos la siguiente vez que
venimos? ¿Por qué no dijeron eso? Eso hubiera sido natural, ¿no?
¿Qué nos ha hecho este hombre egipcio? No. ¿Qué nos ha hecho
Dios? ¿Por qué? Ellos, posiblemente
por primera vez, ven la mano de Dios en esa situación. Esa es la primera vez en toda
la historia de las vidas de esos diez hermanos que ellos usan
el nombre de Dios. Es la primera vez, la primera
vez que ellos mencionan a Dios. Tienen miedo que está pasando,
es decir, que tienen un temor a la situación. Pero tal vez
por la primera vez en sus vidas, este temor es por lo menos en
parte un temor de Dios. Ellos entienden que este problema
no es mera coincidencia, no es pura mala suerte. No, dicen,
Dios está haciendo algo. Dios está dirigiendo y corrigiendo
y ejerciendo su soberanía en sus vidas, y se dan cuenta y
temen. que es bueno, muy bueno el temor
de Dios. El temor de Dios es algo importantísimo. El temor de Dios es esencial
para la vida del creyente. No puedes vivir como cristiano
sin el temor de Dios. No puedes. Por eso Salomón dijo
en Proverbios 1.7, el principio de la sabiduría es el temor de
Jehová. Ese temor de Dios, para que entendamos
bien, no es el miedo de su juicio, no es el miedo del infierno,
porque el Hijo de Dios ya ha sido salvo de esas cosas por
la sangre de Cristo. Entiendan, no es este tipo de
miedo. El temor de Dios es reverenciarle
a Él. Es cuando la criatura demuestra
la reverencia para el Creador. Es cuando el súbdito demuestra
la reverencia al Sobrano. Es entender cuán grande es Dios
y, por ende, obedecerle, respetarle, someternos a Él y adorarle con
todo nuestro ser. Ese es el temor de Dios. Es enfocarnos
tanto en la santidad de Dios que el pecado nos da asco. Es
enfocarnos tanto en la perfección de Dios que sentimos el peso,
que es la blasfemia en contra de Dios cuando pecamos. ¿Tú tienes el temor de Dios?
¿O pecas y ni piensas en Él? sin el temor de Dios, no hay
arrepentimiento veredero. Creo que por esta razón muchos
creen que se han arrepentido, pero no, porque continúan en
sus pecados. porque no conocen a Dios o no
le conocen como deberían, porque no entienden cuán grandes son
sus pecados en contra de un Dios perfecto e infinitamente santo. Fíjense, cada vez que tú haces
una excusa por un pecado que cometes, demuestras que no entiendes
o no tienes el temor de Dios en tu vida. Porque no hay excusa para ningún
pecado nunca. El problema es que no tememos
a Dios. O no tememos a Dios como deberíamos. El incrédulo no teme
a Dios para nada. Y por eso no salvo, no busca
a Dios, sigue sus pecados sin problema. El cristiano por lo
menos tiene algo del temor de Dios. Pero ese temor tiene que
crecer. Necesitamos mucho más. Es la única cosa que va a proveer
el obstáculo de nuestro pecado. Es lo que está pasando aquí en
este capítulo. Los hermanos de José están empezando a sentir
el temor de Dios. Están empezando a ver la providencia
de Dios en su situación. Ellos reconocen que han pecado
en contra de Dios y Él ahora está disciplinándole. Ellos están
empezando a sentir el temor de Dios, empezando a entender que
todo pecado es contra Él. Y finalmente en esta historia
vemos después la culpa y el temor. El capítulo termina con la tristeza
de ellos y la tristeza de su padre. La culpa, el temor, ahora
la tristeza. Dice que los nueve hermanos regresan
a Canaan, regresan a la casa de su padre. Y por supuesto,
ya tienen que decirle a su papá lo que había pasado, porque les
falta Simeón. Ustedes saben que la vez pasada
en cuanto a José, ellos mentían. No sabemos lo que pasó. Ahora
no. Ahora no. Ellos dicen toda la verdad. Es
lo que pasó, papá. Si mi mamá está en esta cárcel,
Benjamín tiene que venir con nosotros o no podemos regresar.
Ya estamos empezando a ver cambios, ¿no? que no es tan fácil para
ellos empezar con la mentira. Dicen la verdad. Pero vemos aquí
mucha tristeza porque cuando Jacob recibe esa noticia, dice
el versículo 36, entonces su padre Jacob les dijo, me habéis
privado de mis hijos. José no parece, ni Simeón tampoco,
y a Benjamín les llevaréis. Contra mí son todas esas cosas. Y Rubén habló a su padre diciendo,
harás morir a mis dos hijos si no te lo devuelvo. Entrégalo
a mi hermano, que yo lo devolveré a ti. Y él dijo, no descenderán
mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto y él solo ha
quedado. Y si le aconteciera algún desastre
en el camino por donde vais, haréis descender mis canos con
dolor a Seúl, a la tumba, al sepulcro. Se parece que aquí
Jacob siente la desesperación. Jacob ha perdido a José, ha perdido
a Simeón y ya quiere llevar a Benjamín también. Y su conclusión es contra
mí son todas estas cosas y dice no voy a permitir que Benjamín
vaya con ustedes. No es el tema mayor de pasaje,
pero vamos a pensar un poco muy rápido en ese tema de la desesperación, la desesperación, que es el pensamiento
hasta la creencia que todas las cosas están en contra de nosotros. Alguien aquí, no levante la mano,
pero alguien aquí ha sentido así una vez, como Jacob, todas
las cosas están en contra de mí. Creo que sí, ¿no? La mayoría por lo menos hemos
sentido algo de la desesperación. Aquí Jacob demuestra que está
muy triste, pero más que triste, desesperado. Y así parece a veces. Así parece
a veces en nuestras vidas. Parece como que todas las cosas
estén en contra de nosotros. Pero si somos los hijos de Dios,
y ahora solamente estoy hablando de los cristianos, porque para
los incrédulos, perdón, no hay esperanza para ti hasta que creas
en Cristo. Pero para los hijos de Dios,
Nosotros tenemos una base firme para rechazar la tentación de
la desesperación, la doctrina que estudiamos la semana pasada,
la soberanía absoluta de Dios. Dios controla todo y a todos. Dios sabe lo que está haciendo.
Podemos creer lo que dice Romanos 8, 31, que pues diremos a esto,
si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? ¿Cuál es la
respuesta a esta pregunta? Fuerte. Fuerte. Todos, está bien. Normalmente
no hablan, pero fuerte. Fuerte. Si lo creen o no, si les cuesta
el trabajo, pero esta persona, esta cosa, ¿no? Normalmente no hablan en el mensaje,
pero a veces, ¿no? Si Dios es por nosotros, no es posible que alguien o algo
nos venza. Otra vez, si Dios no es por ti,
porque es en creerlo y rechazando su palabra y rechazando su salvación,
sí, todas las cosas están en contra de ti. Es la verdad. Pues si Dios te ha salvado, no
porque lo mereces, sino por su pura gracia. Ya no puedes decir
esto en verdad. Como Jacob, puedes ser tentado
a decirlo y pensarlo, pero ya no es la verdad. Todas las cosas
no están en contra de ti. Parecen, pero no, porque Dios
es por ti y por eso no hay nada ni nadie que puede estar venciéndote
a ti. Tienes que vivir por fe y no
por vista. por vista, por lo que vemos, por lo que vivimos,
por lo que sentimos, parece que todas las cosas están contra
nosotros, muchas veces. Pero Dios es por nosotros y por
eso no hay nada ni nadie que pueda prevalecer en contra del
Hijo de Dios. Tienes que creer eso. Regresando a la historia, vemos
que aquí Rubén intenta consolar a su padre, diciéndole que él
puede hacer morir a sus dos hijos si no regresa con Benjamín. Una
promesa fuertísima. Una promesa que nace de la desesperación
y la tristeza. Parece aquí que toda la familia
está mal. Desde Jacob a hacer los nueve hermanos sintiendo
tristeza hasta sintiendo la desesperación. Y fin, hermanos, la desesperación
no está bien, pero la tristeza puede ser muy sana. Si no uno,
pero yo he escuchado que Dios no quiere que seamos tristes.
Mentira, mentira. Dios quiere que pasemos por tiempos
de tristeza, especialmente cuando estamos hablando del pecado,
porque si tú puedes pecar y no sentir ninguna tristeza, no eres
hijo de Dios. Entonces la tristeza sí puede
ser muy sana. Y en el contexto de la tristeza
de nuestros pecados por nuestros pecados, Esa tristeza parece
que sentía Rubén, Jacob, probablemente los otros hermanos también. ¿Ustedes
recuerdan? La vez pasada regresaron, mentían
a su padre diciendo, no, no sabemos lo que pasó con José, y Jacob
también estaba desconsolado, pero los hermanos no decían la
verdad. Esta vez es todo diferente. Rubén
ve a su padre llorando, desconsolado, y dice, ¿qué puedo hacer? Tú puedes hacer morir a mis hijos.
¿Qué está pasando aquí? Muchísima tristeza. Hasta desesperación. Pero Dios está usando la tristeza
aquí. Está usando su propia tristeza,
la tristeza de su Padre, para llevarles al arrepentimiento. Es lo que Pablo escribe en 2
Corintios 7, 10. Ustedes pueden apuntar a este
versículo, es muy importante. 2 Corintios 7, 10. Porque la tristeza que es según
Dios, produce arrepentimiento para salvación. Entonces, si
tú escuchas a un pastor predicar que Dios no quiere que tú pases
por la tristeza, tache. La Biblia dice, la tristeza que
es según Dios. Hermanos, la tristeza que viene
de Dios produce arrepentimiento para la salvación. La tristeza
de la desesperación nos puede dañar, no es buena. Pero la tristeza
que es según Dios, la tristeza por el pecado cometido en contra
de Dios, es buena. es esencial, es parte del arrepentimiento
verdadero. Algunos de ustedes tienen que
quitar de sus mentes esta falsa doctrina. Por toda mi vida me
han enseñado que la tristeza es mala. No siempre. A veces
es aún necesaria para que puedas arrepentirte de verdad de tus
pecados. Volvemos esas tres partes de
la obra de Dios en las vidas de estos diez hermanos. La culpa
o la convicción de pecado, el temor de Dios y la tristeza. Hermanos, así es también como
nosotros hoy en día. Debemos responder cuando confrontados
con nuestro pecado. Dios en Su Misericordia no permite
que sus hijos sigan en el mismo pecado sin arrepentimiento, sin
cambios, sin convicción Espíritu Santo. Él va a hacer todo lo
necesario para que su hijo o hija regresara a Él, aún si requiere
pruebas y tribulaciones así de fuertes como vemos aquí en este
capítulo. Esos son los tres pasos necesarios
para llevarnos al arrepentimiento pretendido. Nosotros, ya no pensando
tanto en los hermanos de José, nosotros aquí, el día de hoy,
en esta iglesia, aquellos que están escuchándome después de
la grabación y el video, necesitamos la culpa. Necesitamos la convicción
del pecado que viene del Espíritu Santo. No es culpa constante. No es culpa para siempre. No
es vivir en culpa. Eso no está bien para el cristiano.
Pero es la culpa, la convicción al pecado, en el momento cuando
pecamos. Eso es muy necesario para ayudarnos
a poder arrepentirnos correctamente. Es decir, una conciencia culpable
no es necesariamente una cosa mala. La culpa antes del arrepentimiento
es un instrumento que Dios usa. ¿Me entienden? La culpa antes
del arrepentimiento es algo que Dios usa. Después del arrepentimiento,
por supuesto, no deberías vivir en culpa porque Cristo te ha
perdonado. Esa distinción es esencial, no
sé si ustedes entienden o no. Antes de que tú te arrepientes,
te arrepientas, antes, necesitas sentir culpa y convicción por
lo que has hecho. Después de que te has arrepentido,
no necesitas más culpa porque sabes y confías que tu pecado
está bajo la sangre de Cristo. ¿Me entienden? Encienden sus
cabezas si entienden, o si no, así, para que yo sepa, ¿ok? Es esencial. Si una persona no
siente culpa nunca, hay un problema. O si una persona siempre vive
en culpa, es otro problema. Necesitamos el equilibrio. Culpa
y convección antes del arrepentimiento, pero después no. Porque cuando
después del arrepentimiento todavía vives en culpa, estás demostrando
que no entiendes el perdón de Dios, el poder y la sangre de
Cristo. Si me dices, no, no tengo que
arrepentirme de nada, no siento ninguna culpa. Hay un hombre
famoso en los Estados Unidos que ahora quiere ser presidente,
que ha dicho eso. Así que yo nunca he pedido a
Dios perdón por nada. Aunque no eres cristiano. Fácil. Necesitamos esta distinción. Antes la culpa es buena, después
no. Como digo, un incrédulo no siente
la culpa. o un incrédulo no siente la convicción del Espíritu Santo,
tal vez siente miedo de las consecuencias, tal vez siente remordimiento,
pero culpa no. Entonces, eso es muy importante
que entendemos. Si cuando pecas, sientes la convicción
del Espíritu Santo porque has pecado en contra de Dios, es
una buena prueba de que eres un cristiano. Si nada más miedo
o no quieres sufrir las consecuencias o ese remordimiento, es otra
cosa. Tú dices, yo he pecado en contra
de Dios y siento el peso y siento la culpa por haber pecado en
contra de mi Dios quien me salvó. Es una buena prueba de una persona
salva y transformada por el Evangelio. Necesitamos la culpa. Necesitamos
también el temor. el temor de Dios. Como sus hijos,
no necesitamos sentir miedo. Romanos 8 dice, no hay ninguna
condenación para nosotros que estamos en Cristo Jesús. Él sufrió
toda la ira de Dios, hasta la última gota de la copa de la
ira de su Padre. No necesitamos ser esclavos al
miedo. miedo del hombre, miedo del futuro,
miedo del juicio de Dios. Ya no somos cristianos, pero
si necesitamos el temor de Dios, si necesitamos entender su grandeza,
su santidad, su perfección y así reverenciarle por ser el Dios
infinito. Nuestro conocimiento de quién
es Dios debería ayudarnos a no caer tanto en pecado, porque
tenemos el temor de Dios. Y también como cristianos necesitamos
sentir la tristeza. Necesitamos sentir mal por nuestros
pecados. Necesitamos no poder tomar a
la ligera lo que hemos hecho. No significa que tenemos que
llorar cada vez. Cada persona es diferente en su personalidad.
Pero si puedes pecar en contra de Dios y no sentir ninguna tristeza,
hay un problema. Entonces examínate, porque tú
necesitas entender lo que Dios requiere y lo que Dios usa en
llevarte al arrepentimiento verdadero. Cuando pecas, ¿sientes la culpa
en tu conciencia? ¿Sientes la convicción del pecado
que viene del Espíritu Santo? ¿O no te afecta para nada? Por ejemplo, Cuando decides conscientemente,
no por emergencia, decidas conscientemente, no por la iglesia domingo. Eso
te afecta. No es tan importante. Vamos a
un ejemplo. No tenemos tiempo para más ejemplos.
Piensa. Qué sientes cuando pegas? Te das cuenta de que lo has hecho
en contra de Dios? No solamente contra tu hermano,
padre, hermano en Cristo, no. Cada pecado que cometes, cada
mentira, cada pensamiento malo, cada actitud incorrecta es un
pecado en contra de Dios. Cómo sientes o qué sientes cuando
digo eso? Nada. Peligroso. Necesitamos el temor de Dios. Vamos a estudiar el tema del
arrepentimiento más en 15 días, cuando regresamos a este pasaje.
Ahora estamos enfocándonos mucho más en lo que Dios usa para llevarnos
al arrepentimiento. En 15 días vamos a ver más qué
es el arrepentimiento, pero por lo menos entendemos qué es confesar
el pecado, admitir que es pecado, confesarlo y en el poder de Dios
intentar no hacerlo más. es la lucha para no regresar
al mismo pecado. Entonces, esas tres cosas son
muy importantes para el cristiano, pero no solamente para el cristiano.
Y así terminando, el enfoque de este pasaje es en los hijos
de Dios. como Dios obró en esos diez hermanos para empezar a
llevarles al arrepentimiento. Pero estas tres cosas, la culpa,
el temor y la tristeza son cosas esenciales también para cada
incredulente. Cada persona aquí sin Cristo. Tú necesitas sentir la culpa
por tus pecados. no solamente admitir que a veces
fallas, sino entender que pecas en contra de un Dios santo y
perfecto. Escuchen, tú pecas en contra
de un Dios quien tiene todo el derecho, mandarte directamente
al infierno por tus pecados que has cometido en contra de él. ¿Crees en un Dios así? Un Dios
que tiene derecho a mandarte al infierno. Necesitas la culpa, el temor
de este Dios. En el sentido, para el en creerlo
es miedo. Debería sentir miedo si no es hijo de Dios, porque
él tiene derecho a hacerte morir para siempre. Necesitas culpa, temor y tristeza,
porque hasta que sientas estas tres cosas, nunca vas a arrepentirte
en verdad. Te vas a decir, no, Dios, ayúdame
para que esta persona regrese. Ayúdame para que tenga mejor
trabajo. Ayúdame. No, no. No puedes así jugar con
Dios. Necesitas arrepentirte completamente,
no para recibir algo de Dios, sino porque entiendes, estoy
mal y sin Él no voy a vivir. Entonces ahora, cuando tú piensas
en esas tres palabras culpa, temor, tristeza, piensa en ellos
como una bendición de Dios. Porque la culpa del pecado que
viene de la convicción del Espíritu Santo, junta con el temor y la
tristeza, nos lleva al arrepentimiento verdadero. Vamos a ver. Padre, por favor, toma tu palabra.
y aplícala a cada corazón. Señor, Tú sabes cuáles son las
personas aquí que no te conocen, que todavía no son Tus hijos. Deberíamos que Tú muestres a
ellos hoy su pecado, su culpa, que les des a ellos un deseo
de conocerte y temerte y sentir la tristeza por lo que han hecho
en contra de Ti todas sus vidas. Señor, quebranta los corazones
duros que están aquí hoy en día para que por primera vez entiendan
la grandeza de sus pecados en contra de ti. Y para nosotros
los cristianos también te pedimos que nos ayudes a pasar por estos
pasos cada vez que pecamos, a sentir la culpa, la convicción del Espíritu
Santo, el temor de Dios y la tristeza por lo que hemos hecho
para que podamos en verdad arrepentirnos. Porque Señor, Tú sabes muy bien
que a veces pecamos y pecamos y pecamos y parece que no hay
salida. Parece que no tenemos el poder
para no caer en este pecado. Pero la razón es porque no nos
hemos arrepentido en verdad. Sentimos remordimiento, sentimos
que no queremos sufrir las consecuencias, pero convicción del Espíritu
Santo, temor de ti, tristeza, no siempre tenemos. Y por eso
seguimos mal. Y por eso seguimos esclavos a
los mismos pecados. Señor, ayúdanos, por favor, a
tener tu poder. Prometo el Espíritu Santo hoy
y esta semana para resistir la tentación. Pero también después
de pecar, recibir estas tres cosas como regalos de ti, la
culpa, el temor y la tristeza para que podamos arrepentirnos
en verdad y seguir glorificándote en nuestras
vidas. Señor, ayúdnos, ayúdnos individualmente,
ayúdnos como iglesia a no tomar a la ligera ningún pecado. Convéncernos Señor. Te pedimos
en el nombre de Cristo. Amén.
Culpa, temor, y tristeza
Series Estudio sobre Génesis
La culpa del pecado que viene de la convicción del Espíritu Santo es buena para el cristiano, porque junta con el temor y la tristeza, nos lleva al arrepentimiento.
| Sermon ID | 87161949222 |
| Duration | 54:11 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Genesis 42 |
| Language | Spanish |
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.