00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Vamos a comenzar nuestra escuela
dominical de este día domingo, primer domingo del año, o mejor
dicho, del mes de agosto del año 2025. Oremos al Señor. Soberano Dios y Padre, Tú que
moras en las alturas de los cielos, En esta mañana nosotros al acercarnos
a ti como iglesia, como pueblo reunido, queremos venir delante
de tu presencia ofreciéndote a ti todo lo que nosotros somos
y hacemos. Toda nuestra vida, todos nuestros
planes, todos nuestros proyectos queremos ponerlos, Señor, a tus
pies para que tú te glorifiquen ellos, para que tú obres a través
de ellos. para que tú confirme tu palabra
en ellos, para que tú lo utilices como un instrumento, Señor, a
través de la cual o a través de los cuales pues tu reino pueda
seguirse expandiendo, extendiendo en nuestro país específicamente
y más allá, Señor. En esta mañana también queremos
alabarte, queremos traer a ti, Señor, ofrendas de gratitud,
ofrenda de labios que honran tu nombre, ofrenda de vidas que
tú estás cambiando, transformando. Y nos has llamado, Señor, a ser
ese faro de luz, ser esa luz en medio de las tinieblas que
arropan a esta humanidad. Tú nos has mandado a ser diferentes,
a marcar el paso, Señor. Queremos pedirte, Padre, que
tú te estés glorificando de una manera especial y medio nuestra,
que tú hables a nuestros corazones a través del estudio de tu palabra. que nosotros podamos ser edificados
también, te lo suplicamos, que podamos también ser confrontados
con nuestros pecados, Señor, que podamos también, Señor, tener
este tiempo de comunión con nuestros hermanos y ser de edificación
a los que nos rodean, tanto los que lleguen a este lugar como
aquellos, oh Dios, que nos encontremos en el camino. En tus manos nos
ponemos, Padre, Y esto te lo pedimos, Dios. Por Cristo Jesús,
nuestro Señor y Salvador personal. Amén y amén. Muy bien, mis hermanos, en esta hermosa mañana, un poquito lluviosa
al inicio, ya con el sol afuera ahora, nos corresponde estudiar
la lección número siete, del libro La Vida Centrada en el
Evangelio. Y hoy iniciaremos con la lectura
de un pasaje bíblico. El pasaje que leeremos en esta
mañana establece el fundamento bíblico para el concepto principal
de esta lección. El título de esta lección es
La Misión. La Misión. Y el reto, como se
ha presentado a lo largo de las lecciones, es a pasar de lo que
creemos o con lo que estamos de acuerdo sobre el papel, a
darnos cuenta también de cómo fallamos en vivir esa creencia
en nuestra vida real, en nuestra vida diaria. Y no llegaremos
a este punto por medio de un breve diálogo sobre algunos versículos,
Pero juntamente con el artículo y el ejercicio, este pasaje servirá
como un buen espejo, si se podría decir así, un buen espejo en
el cual podamos ver nuestras vidas tal como son. ¿Qué les
parece? Así que yo les invito a que busquemos
en nuestras Biblias a Gálatas capítulo 5, versos 13 al 15. Gálatas capítulo 5, verso 13
al 15. Está en la página 1198 de la
Biblia, en la versión nueva Biblia de las Américas, 1199. 1199. Gálatas, capítulo 5, versos 13
al 15, nos dice de la siguiente manera. Porque ustedes, hermanos, a libertad
fueron llamados, sólo que no usen la libertad como pretexto
para la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros. porque toda la ley en una palabra
se cumple en el precepto, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se muerden y
se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman
unos a otros. Vamos a leerlo de nuevo. Por
favor, tome su micrófono. Vamos a pedirle a Rachel que
lea este pasaje bíblico una vez más. Gálatas, capítulo cinco,
versos trece al quince. Porque ustedes, hermanos, a libertad
fueron llamados, sólo que no usen la libertad como pretexto
para la carne. Si no sirvasen por amor los unos
a los otros. Porque toda la ley en una palabra
se cumple en el precepto. Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. Pero si ustedes se muerden y se devoran unos a otros, tengan
cuidado, no sea que se consuman unos a otros. Muy bien. Vamos a leerlo una tercera vez.
Vamos a pedirle a Wendy que por favor nos acompañe con esa lectura. Porque ustedes, hermanos a libertad,
fueron llamados solo que no usen la libertad como pretexto para
la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros. Porque
toda la ley es. Porque toda la ley en una palabra
se cumple en el precepto, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se muerden y
se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman
Muy bien, muchas gracias. Entonces, la pregunta sería,
la pregunta obvia que nosotros podemos como hacernos es, ¿qué
tiene que ver todo esto con el Evangelio o con una vida centrada
en el Evangelio? Eso que hemos hablado. ¿Qué tiene
eso que ver con el Evangelio o con una vida centrada en el
Evangelio, que es precisamente el tema que nosotros estamos
teniendo acá? En pocas palabras, mis hermanos,
nuestra tendencia es a pensar en la transformación como algo
personal, como una realidad interna. es decir, Dios me cambia a mí
internamente y ya, con eso bastó. Y eso es cierto, en parte, eso
es cierto, el Evangelio es una realidad interna, es algo que
nos transforma internamente, pero también el Evangelio es
una realidad externa, es una realidad que va hacia afuera,
Entonces, cuando nosotros leemos este pasaje bíblico, nos llama
a nosotros la reflexión de que debemos de ser cuidadosos a no
utilizar la libertad como un pretexto para la carne. Es decir,
hemos sido liberados en Cristo Jesús, ya no tenemos por qué
temer a que el Señor nos vaya a condenar porque estamos seguros
en Él. Ya no hay que tener ese temor de que si Cristo viene
se va a quedar. Ese es un gran error. Ese es
un gran error. Es que si en ese momento Cristo
viene y te queda, oh, pero entonces es uno que tiene que estar cuidando
esa vida. Tengo que estar cuidando porque
si no me quedo, si viene Cristo de un momento, eso no es lo que
la Biblia enseña. El Señor ha dicho que nuestras
manos, nuestras vidas están en sus manos y estamos seguros. Ahora bien, este pasaje bíblico
que acabamos de leer nos dice, tengan cuidado de no utilizar
esa libertad a la que hemos sido llamados, esa libertad de no
sentir esa carga de que yo tengo que cuidar mi salvación porque
si no, la pierdo. Yo tengo que tenerla en una caja
fuerte, ¿verdad? Tengo que decir a los semillas,
háganme una caja fuerte ahí para meter mi salvación porque cualquiera
se la puede robar. No es eso, mis hermanos, no es
eso. Pero también el pasaje me dice
a mí que yo no use esa libertad a la que he sido llamado como
un pretexto para la carne. Si no se me invita a servir,
a servir a los demás, a servirnos los unos a los otros. Porque
dice el apóstol Pablo que toda la ley en una palabra se cumple.
¿Cuál es esa palabra? Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. Entonces, mis hermanos, vamos
a leer ahora el artículo. Ustedes han visto que durante
todas estas lecciones se nos recomienda, se nos insta a leer
el artículo en el libro. Y este artículo que vamos a leer
nos va a llevar a considerar que la transformación que ocurre
en nuestras vidas a través del Evangelio Es una realidad interna
que ocurre adentro, pero también es una realidad externa que se
manifiesta hacia afuera. Se manifiesta en mis relaciones
con las demás personas. Entonces, vamos a verlo en detalle. Vamos a buscar el artículo que
se titula El Evangelio nos impulsa hacia afuera. está en la guía
del participante, en la versión digital está en la página 62,
en la versión impresa me parece que es la 63. ¿Es así? Muy bien,
excelente. Entonces, vamos a leerlo todos
juntos. El Evangelio nos impulsa hacia
afuera. ¿Lo tienen ahí atrás, Esmeralda? ¿Se me oiga? OK. Página 62 del
libro digital. El evangelio nos impulsa hacia
afuera. Muy bien. Comencemos, entonces,
a leer. El Evangelio nos impulsa hacia
afuera. Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados,
solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino
servíos por amor los unos a los otros. Gálatas 5, 13. Cuando
de verdad entendemos la profundidad y la riqueza del Evangelio, naturalmente
sentimos gozo, deleite y libertad por lo que Jesús es y ha hecho
por nosotros. Pero como este versículo enseña,
es posible aún usar nuestra libertad como ocasión o pretexto para
la carne. Nuestros corazones pecaminosos
pueden tomar los buenos beneficios del Evangelio y usarlos con propósitos
egoístas. Esta tendencia se hace mucho
más evidente en el hecho de hacer del Evangelio una realidad privada. Cuando escuchamos palabras como
transformación, renovación o crecimiento, concebimos estos beneficios principalmente
como personales e internos. Mi transformación, mi crecimiento,
la renovación del Evangelio en mi corazón. Y sí, el Evangelio
es personal e interno, pero es mucho más que eso. Cuando la
gracia de Dios está obrando sobre nosotros y en nosotros, también
obrará a través de nosotros. La renovación de nuestras mentes
y corazones crea una propulsión externa que nos impulsa hacia
afuera en amor y servicio hacia los demás. El siguiente diagrama
nos ayuda a ilustrar este concepto, que es este diagrama que les
traigo acá, pero que ustedes también tienen en sus libros. Está ahí. Excelente. Muy bien. Entonces, nos dice así. Y aquí
vemos en el medio la gracia de Dios. La gracia de Dios es la
fuerza que nos lleva al cambio. La Ilustración nos recuerda que
la gracia de Dios tiene tanto un movimiento interno como un
movimiento externo, que son como un reflejo el uno del otro. Internamente,
que es el que está a su mano izquierda, Internamente, la gracia
de Dios me lleva a ver mi pecado, a responder en arrepentimiento
y fe, y entonces a experimentar el gozo de la transformación. Externamente, es la parte que
está ahí a su mano derecha, Externamente, la gracia de Dios me lleva a
ver las oportunidades de servicio y amor, a responder en arrepentimiento
y fe, y a experimentar el gozo mientras veo a Dios trabajando
a través de mí. En otras palabras, el Evangelio
no es solo la respuesta a tus pecados, a tus problemas internos
y a los ídolos de tu corazón. También es la respuesta a tu
fracaso de amar a otros, a comprometerte con la cultura y a vivir misionalmente. Si el Evangelio te está renovando
internamente, también te estará impulsando hacia afuera. Debe hacerlo, porque es el Evangelio
del reino, Mateo 9, 35. Y el reino de Dios no es personal
ni privado. Jesús nos enseñó a orar, venga
tu reino, Hágase tu voluntad como en el cielo, así también
en la tierra." Mateo 6, 10. Cuando oramos por la venida del
reino de Dios, estamos orando tanto para que Jesús reine en
los corazones de la gente, internamente, como para que su voluntad sea
hecha en todas partes, tal como se hace en el cielo, externamente. ¿Cómo es que este movimiento
externo del Evangelio se ve en la práctica? Permíteme darte
un ejemplo. Sé que debo amar a mi prójimo.
Jesús nos dejó ese mandamiento. De hecho, Él dijo que era el
cumplimiento de la ley, Galatas 5, 14. Pero mi vecino de al lado
y yo no tenemos nada en común. Él es mucho mayor que yo y tenemos
gustos diferentes en todo. Música, películas, gastronomía,
coches, estilo de vida. Mientras yo disfruto de hablar
sobre un nuevo músico, que acabo de descubrir o un buen libro
que leí recientemente, él prefiere contar sus anécdotas de los viejos
tiempos cuando servía con los marines en Vietnam. Durante meses
me sentí culpable sobre mi relación con mi vecino. Sabía que debía
acercarme a él y entablar una amistad, pero ese sentido de,
entre comillas, debería, no me motivaba. Era la ley, no el Evangelio. La ley me podía mostrar lo que
debería estar haciendo, pero no podía cambiar mi corazón para
que yo quisiera hacerlo. Me enfrentaba a un dilema. Podía
esforzarme para amar y servir a mi vecino, aunque no quisiera
hacerlo. O podía ignorarlo y no hacer
nada. Sabía que ignorarlo era un pecado,
pero la primera opción no me motivaba mucho. ¿Una obediencia
mecánica y simboso estaba realmente honrando a Jesús? ¿Pretendía Dios que sus mandamientos
fuesen gravosos? Mucha gente cuando se enfrenta
con este dilema opta por el camino del legalismo, obedecer aunque
no te da la gana, o por el camino de la licencia, no obedecer en
absoluto. Pero ninguna de estas opciones
es el Evangelio. El Evangelio de la gracia de
Dios es el combustible para la misión. Y cuando se nos está
acabando ese combustible, nuestro amor y servicio por los demás
pegan un freno. La respuesta para mi dilema con
mi vecino vino a través del Evangelio. Conforme la gracia de Dios empezó
a renovar mi corazón, pude ver que la raíz del problema era
mi egoísmo y falta de amor. Mi amor por mi vecino era condicional. Si él fuera más joven o más inteligente,
o si tuviera más cosas en común conmigo, yo lo hubiera apreciado
mejor. Empecé a arrepentirme de este
pecado y a renovar mi mente con las promesas del Evangelio, especialmente
con el hecho de que Dios me amó siendo yo aún pecador. Romanos
5, 8. Dios con su gracia se acercó
a mí cuando yo no tenía nada en común con él. Sin duda, por
la gracia de Dios, podía ahora acercarme a mi vecino de la misma
manera. Mientras el Evangelio renovaba
mi corazón, algo extraño sucedió. Mi actitud hacia mi vecino empezó
a cambiar. Empecé a sentir un verdadero
amor y apreciación por él. No era un sentimiento que había
buscado por obligación, sino uno que surgía de manera natural. La renovación interna del Evangelio
me impulsaba hacia afuera en amor y servicio hacia mi vecino. La misión empezó a ser un gozo
y no una carga. Comprender la fuerza externa
de la gracia del Evangelio es crucial para nuestro entendimiento
de la misión. Significa que la misión no es
sólo un deber, algo que deberíamos hacer, sino un desbordamiento
de la obra del Evangelio dentro de nosotros. Si tú no estás motivado
a amar, servir y compartir el Evangelio con los demás, la respuesta
no es, hazlo de una vez. La respuesta es, examina tu corazón. Arrepiéntete del pecado y disierne
dónde tu incredulidad está obstaculizando el movimiento externo del Evangelio. Conforme el Evangelio renueve
tu corazón, también renovará tu deseo de compartir tu fe con
las personas a través de las oportunidades que Dios ponga
en tu camino. En palabras llanas, La gracia
de Dios siempre está en marcha. Se mueve hacia adelante, extendiendo
su reino, impulsando a su gente hacia el amor y el servicio a
los demás. Conforme vamos aprendiendo a
vivir a la luz del Evangelio, la misión debería ser el desbordamiento
natural. La gracia de Dios produce una
renovación interna en nosotros, de tal manera que causa una renovación
externa a través de nosotros. Fin del artículo. Bueno, nosotros vamos a estar
trabajando con este diagrama durante las siguientes lecciones.
Así que, Vamos a, como dice, invertir un poco de tiempo en
estos conceptos que podemos encontrar acá. Necesitamos a esta modelo. Que venga y me ayude acá, por
favor. Gracias. ¿Y por qué es así esta hora?
Muy bien, entonces, le vamos a hacer el obsequio del diagrama. Ustedes lo tienen allí en el
libro. En el libro digital y físico
está. Se lo vamos a entregar ahora. Se lo voy a dar aquí a
esta otra joven para que ella lo entregue en un minuto. Pero
acá yo quiero que más o menos ustedes traten de usar lente
y puedan ver lo que representa, lo que representa este diagrama. Este diagrama acá lo dividimos
en dos partes, ¿verdad? En primer lugar, a su mano izquierda,
a nuestra mano izquierda, está lo que es el movimiento interno
del corazón. Movimiento interno del corazón.
Eso es lo que ocurre dentro de nosotros. y al lado derecho está
lo que aquí se llama el movimiento externo de amor por Dios y los
demás. Bueno, yo lo tengo acá también,
¿cierto? Entonces, entonces, es decir, ahí está, ahí está,
ahí, esa es una sola persona, ahí está Ramón y Ramón ha sido
bendecido por la gracia de Dios. La gracia de Dios sobreabundado
sobre Ramón. Entonces, esa gracia de Dios
produce una reacción en Ramón, tanto interna como externa. No es algo que se queda internamente. Ocurre simultáneamente hacia
adentro y hacia afuera. ¿Y qué es lo que hace la gracia
de Dios cuando llega a mi vida? Primer lugar, me hace ver mi
pecado, me hace ver mi condición caída, que soy un vil pecador,
que no merezco la gracia de Dios. Pero como la gracia es algo que
Dios da en abundancia, pues, ¿qué me lleva? Entonces, eso
me lleva a arrepentimiento. Eso me lleva a ejercitar la fe. Eso es internamente. Internamente
eso ocurre cuando yo recibo la gracia de Dios. veo mi pecado
y me lleva al arrepentimiento y a ejercer la fe internamente. Pero externamente, simultáneamente,
va produciendo también un cambio hacia afuera. ¿Y cómo se manifiesta
ese cambio hacia afuera? Comienzo a ver oportunidades
para amar y ministrar a otros. Comienzo a ver oportunidades
de servicio. comienzo a ver oportunidades
donde yo puedo demostrar, manifestar lo que por gracia yo he recibido. ¿Y qué es lo que yo he recibido? La gracia de Dios, el favor inmerecido
de Dios, las buenas nuevas del Evangelio. Eso es lo que produce
en mí. Entonces, eso es simultáneamente,
por un lado, produce provoca en mí veo mi condición pecadora
me arrepiento tengo fe por el otro lado hacia afuera veo oportunidades
de amar y servir y eso me lleva a morir a mí mismo a comenzar
a dar pasos de fe y que es morir a mí mismo bueno yo tengo que
acercarme a la gente no porque esa gente lo merezca yo tengo
que acercarme a la gente no porque tengamos ideas comunes, porque
somos de la misma edad, porque tenemos la misma profesión. No
necesariamente, no, por eso no. sino que yo me acerco a esa gente
cuando yo estoy muriendo a mí mismo en el sentido de que ya
yo no estoy enfocándome en mis asuntos egoístas, ya no estoy
enfocado en qué yo puedo sacar de beneficio al acercarme a la
gente, sino que más bien voy hacia ella ya no tomando en cuenta
mi condición, ya no tomando en cuenta mis beneficios, sino más
bien que esa gracia que yo he recibido me impulsa a acercarme
a esa gente, aunque no vaya a recibir nada a cambio. Eso es el Evangelio. El Evangelio no es tanto qué
me pueden dar. El Evangelio es qué tanto yo puedo dar, en qué
áreas yo te puedo servir, cómo te puedo ayudar. ¿Cómo puedo
contribuir a tu crecimiento, y el primero de todos, espiritual,
emocional y material? En ese orden. ¿Cómo te puedo
ayudar? No estoy tanto enfocado en mí,
qué beneficio puedo sacar de ti, sino qué te puedo dar. Esa
es la gracia de Dios obrando. La gracia de Dios obrando. Entonces,
eso me lleva a una etapa. a una última etapa. ¿Cuál es
esa etapa? En primer lugar, en mí. Cuando
yo me arrepiento, cuando yo ejercito la fe que me es dada del Señor,
y yo veo que todo lo que yo he recibido de parte del Señor no
fue porque yo lo merecí en algún momento, y que mi vida reposa
en sus manos, en las manos del Señor, ¿a qué me lleva? que no
hay nada que ocurra en esta vida que no esté bajo el control soberano
de Dios. ¿A qué me lleva? A regocijarme en Él, a regocijarme
en Él, a experimentar gozo en Él. pero cuando yo también hacia
afuera veo que estoy haciendo lo que Dios me ha mandado a hacer,
que es acercarme a esas personas, viendo esas oportunidades para
amar y ministrar a esas personas, que eso produce, cuando yo veo
esa obra de Dios también obrando en esos corazones, produce también
regocijo, produce alegría, Y a eso, ¿a qué me lleva? Bueno, de nuevo
me lleva a la gracia. Regreso a la gracia. Gracias,
Señor, porque me has dado gracia. Y esa gracia vuelve y me da más
gracia. Y en ese proceso vuelvo de nuevo y veo mi pecado. Porque
acuérdense, mientras estoy en esta vida, no estoy exento de
pecado. Todavía batallo. Entonces veo mi pecado y eso
me lleva a arrepentirme, a ejercer la fe. Y eso me lleva, entonces,
a ver oportunidades de servicio a otros. Y eso me lleva entonces
a regocijarme. ¿Por qué? Porque el Señor ha
garantizado que cuantas veces me acerque a Él, Él perdonará
mis pecados y me seguirá impulsando a servir a otros. Y eso me lleva
al regocijo. y el regocijo me lleva de nuevo
a la gracia y se convierte en un círculo constante. Y esa es
la vida cristiana. Ese es el movimiento interno
que el Señor hace y el movimiento externo. Si eso no ocurre externamente
hablando, probablemente no esté ocurriendo ese cambio internamente
hablando. Cuando ocurre un cambio interno
se manifiesta en oportunidades de servicio. oportunidades de
servicio a la luz de la palabra, no oportunidades de servicio
a la luz de que entienda el mundo qué es lo que debe de hacer el
cristiano, sino lo que dice la palabra que el cristiano debe
de hacer. Y se vuelve ese círculo bendecido, ya no un círculo vicioso,
sino un círculo bendecido constantemente. Y eso es precisamente lo que
representa este diagrama, que se lo vamos a regalar en un minutito
cuando terminemos. Entonces, Yo le aviso cuándo. Quisiera que nosotros pudiéramos,
perdón, todavía falta algo atrás. Ahora se ve. Muy bien, mis hermanos. Entonces, muchas veces, no sé
si eso le ha pasado a usted, No sé cuántos de los que están
aquí sienten que la vida cristiana ha llegado, especialmente la
misión de servicio, ha llegado o a veces llega a ser una obligación
en vez de ser algo que nos llena de alegría. ¿Cuántos se han sentido
así? No levante la mano. No me levante
la mano, ¿verdad? Pero usted tiene que analizarse. Tiene que
analizarse. Porque cuando usted siente que
las cosas se hacen por imposición, como que tengo que hacerlo porque
tengo que hacerlo, pues hay un problema. Hay un problema. El evangelio no está produciendo
el cambio en nosotros. No lo está produciendo. Si las cosas lo hacemos por obligación,
el evangelio no está produciendo un cambio en nosotros. Las buenas
nuevas del evangelio no están produciendo un cambio. Tenemos
que pedirle al Señor que tenga misericordia en nuestras vidas. Cuando carecemos de obligación,
o mejor dicho, cuando carecemos de motivación, ¿cómo respondemos? Es decir, hacia el servicio,
hacia los demás. ¿Con legalismo? ¿Obedecemos, aunque no nos apetezca? Hay que hacerlo. Hay que hacerlo. ya prometí que lo iba a hacer
no me queda de otra tengo que hacerlo o por el otro lado con
la licencia no obedece para nada déjame ver
que me invento para no hacer entonces vamos a hacer un ejercicio
Veamos si podemos relacionar esto a nuestras vidas reales. Y vamos a ver una serie de preguntas
que quiero que contestemos en el contexto de nuestras propias
vidas. Aquí tenemos una serie de preguntas. La recomendación es que se pueda
hacer el ejercicio unos a otros si es necesario. Pero la dinámica
que yo quiero que nosotros podamos implementar en esta mañana es
que cada uno de nosotros podamos tomar este ejercicio y que usted
sea lo más honesto posible con usted mismo. Porque algo tiene
que comenzar a cambiar en nuestras vidas. No podemos seguir siendo
la misma persona con los mismos baches. o caminando en la misma,
como diría alguien, por la misma carretera, sabiéndose el camino
y cayendo en los mismos hoyos. No puede ser eso. Algo está andando
mal. Entonces, vamos a hacer este ejercicio. Y es un ejercicio de autoexamen
de cada uno personal. Este ejercicio se llama Llegando
al corazón de la misión. Ese ejercicio está en la página
66, también ustedes lo tienen allí en el libro. Cuando hablamos
de misión, aquí se define de manera global como cualquier
cosa que traiga renovación y redención centrada en el Evangelio a las
personas en sus lugares y culturas. A eso es que estamos hablando.
Cualquier cosa que traiga renovación y redención centrada en el Evangelio
a las personas a nuestro alrededor. Nosotros hemos sido llamados
a realizar una misión y esa misión debe de ser hacia afuera, internamente
como el diagrama, pero externamente. Entonces, ¿qué está produciendo?
¿Está produciendo algún cambio a su alrededor? ¿Ese evangelio
que usted dice que ha recibido? Si no le está produciendo, ¿qué
está ocurriendo? Entonces, este ejercicio nos ayuda a examinar
nuestro corazón para la misión. Le voy a entregar estas hojitas
Y lo vamos a leer todos y vamos a tomar unos minutos para responderla. Pero antes de comenzar a llenarla,
yo quiero que usted preste atención a la lectura de estas hojitas. Rachel, por favor. Tomemos una cada uno. Un lápiz,
por favor, para que puedan llenar. Ah, ahorita. examinando tu corazón para la
misión. Llegando al corazón de la misión. ¿Todos tenemos? Muy bien. Dice así, la pregunta uno, Identifica
una oportunidad misional en tu vida para la cual no estás motivado
a hacer lo que deberías hacer. Entonces, allí abajo nos da como
una pequeña explicación, donde están los tres puntitos abajo.
Cada puntito tiene que ver con una de esas preguntas. Leemos
el primer puntito, dice, aquí tenemos algunas áreas para empezar
a pensar. Mostrar hospitalidad a tus vecinos,
orar activamente y entablar conversación con tus compañeros de trabajo,
compartir el evangelio con algún miembro de tu familia, servir
a alguien que está en la pobreza, dar generosamente, ser el líder
espiritual como esposo, esposa, o como padre o madre, defender
una perspectiva bíblica sobre algún asunto en particular. Entonces, ahí le está dando esos
ejemplos para que usted responda a la pregunta uno. una oportunidad
misional en tu vida para la cual no estás motivado a hacer lo
que deberías hacer. Y ahí le da esos ejemplos. Se
le puede añadir otros ejemplos. No son esos únicos. No son esos
únicos. Pueden haber otros, pero ahí
se dan los ejemplos más comunes. ¿Cuáles? Bueno, Mostrar hospitalidad
a tus vecinos. Ay, que ese vecino es muy pesado,
que ese vecino es muy viejo, que es muy joven, que no le habla
a nadie. A pesar de ello, tiene que haber
alguna oportunidad. ¿Por qué? Porque cuando leíamos
el artículo, nos decía el artículo que cuando tenemos esa actitud,
no, el problema no es el vecino, el problema es un pecado de qué? De egoísmo en nosotros. Somos nosotros los del problema,
no el vecino. Aunque el vecino tenga problemas, pero el problema
principal está en mí. Esa es la primera pregunta. Pregunta
número dos. En esta situación en particular, es decir, en la
situación que ustedes han puesto arriba, ¿qué problemas obstaculizan
tu corazón para tomar una acción correctamente motivada? Y abajo nos dice, el segundo
puntito dice, mientras oras y reflexionas sobre la raíz de tu inactividad,
¿qué es lo que diciernes? Sé tan específico y minucioso
como puedas al identificar las cosas que te impiden expresar
a los demás el amor centrado en el Evangelio. Y pregunta número
tres, arrepentimiento, dos puntos, fe. Y el tercer punto abajo nos dice,
¿qué pecado puedes ver en ti mismo del cual necesitas arrepentirte? Que usted sea claro delante de
Dios, pero póngalo por escrito. Y guarde esa hoja. No me la deje
acá. No me la deje acá. Guarde esa hoja. Y fe dice, ¿cuáles
son las promesas o verdades específicas del evangelio que no estás creyendo
de todo corazón? ¿Cuáles son esas verdades del
evangelio que hemos estado viendo en toda esta serie? Por eso yo
siempre le invito, vaya, el que llega tarde, o el que llega,
o el que no puede venir un día, vaya a los estudios, véalo. Porque si no, usted va a estar
más perdido que Adán el día de las madres, como dijo alguien. Y una última pregunta. ¿Cuántas
de estas situaciones tienen que ver con un compañero de trabajo?
¿Cuántas tienen que ver con un vecino? ¿Y con un miembro de
tu familia? ¿Con un amigo? ¿Con alguien más? Y ahí usted lo va a poner. Entonces,
esto es un ejercicio de autoexamen. un ejercicio de autoexamen. ¿Qué lo vamos a hacer aquí? Porque
si se lo doy, no lo va a hacer. Entonces, vamos a aprovechar.
Vamos a hacerlo el ejercicio. Vamos a tomarnos unos minutos
para hacer este ejercicio. Y vamos a dejar la transmisión
hasta acá. Si alguien después tiene alguna
pregunta, pues la puede hacer llegar con toda confianza.
La Misión del Evangelio
El Evangelio trabaja simultáneamente en nosotros y a través de nosotros. Interiormente, nuestros deseos y motivaciones van cambiando conforme nos arrepentimos y creemos en el Evangelio. En la medida en la que experimentamos el amor de Cristo de esta manera, nos sentimos obligados a relacionarnos con los que nos rodean con la misma clase de amor redentor. La gracia de Dios trae renovación a todas partes, en nosotros y a través de nosotros.
| Sermon ID | 8425162842023 |
| Duration | 43:41 |
| Date | |
| Category | Sunday School |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.