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Hemos llegado al ministerio de
la palabra de Dios. Como siempre, vamos vesículo
a vesículo en el libro de Marcos. Y entonces, hermanos, oremos
y pidamos al Señor que bendiga nuestro tiempo juntos en su palabra. Oremos. Padre celestial, gracias por
tu hijo. Nos has dado al Señor Jesucristo. Él es digno de nuestra exaltación
y de nuestra alabanza. No hay nadie como Él, Padre. En Él debemos hacernos humildes. Debemos hacernos reconocer nuestra
debilidad. En este texto de la Escritura
hay un gran peso de presión sobre mí como predicador, Padre. Parece
imposible explicar el peso de la ira que pendía sobre la cabeza
de Jesús. No podemos comprender la gravedad
de nuestro pecado. No podemos comprender la magnitud
del amor y la gracia que tú y tu Hijo nos han mostrado en la cruz. Por favor, ayúdame hoy a predicar
con claridad y convicción. Oro para que mis debilidades
con el idioma español no inturbien el mensaje. También oro por todos
los oyentes de esta sala, Señor. Te ruego que les des comprensión. Por favor, utiliza la predicación
de Tu Palabra como medio de gracia en sus vidas. Ayúdales a escuchar
y a responder con fe y obediencia. Oro especialmente para que salves
a cada uno de los inconversos aquí presentes. Que puedan ver
a Jesucristo en toda su gloria. Y que solo ante él doblen la
rodilla. Te lo pedimos todo en el nombre
de Jesús. Amén. Y Buddy, ¿todos tienen la hoja? Sí, gracias. Y también de Creo. Gracias. Por favor, van conmigo en sus
Biblias a Marcos 14, versículos 32 a 34. Hoy vamos a entrar en
un texto de mucha gravedad. va a parecer diferente cumplir
ese texto y yo quiero que todos presten la atención en este texto. Vamos a utilizar múltiples semanas
para cubrir este texto. Voy a leer del versículo 32 al
42, pero nuestro sermón sólo va a cubrir los versículos 32
a 34. Vamos a ver el sufrimiento de nuestro Salvador,
el Mesías, el Cristo, Jesús, en el huerto de Getsemaní. Y
vamos a ver en su momento más débil hasta este punto en los
evangelios. Vamos a ver su humanidad en una
manera que no hemos visto. hasta este punto. Entonces, empezando
en el siglo 32 de Marcos capítulo 14, dice así. Llegaron a un lugar
que se llama Getsemaní. Y Jesús dijo a sus discípulos,
Siéntense aquí hasta que yo haya orado. Tomó con él a Pedro, a
Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho. Mi alma está muy afligida, hasta
el punto de la muerte, les dijo. Quédense aquí y venen. Adelantándose un poco, se postró
en tierra y oraba que, si fuera posible, pasara de él aquella
hora. Y decía, Abba, Padre, para ti
todas las cosas son posibles, aparte de mí, esta copa, pero
no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras. Entonces Jesús
vino y los halló durmiendo. Y dijo a Pedro, Simón, ¿duermes? ¿No pudiste velar ni por una
hora? Velen y oren para que no entren
en tentación. El espíritu está dispuesto, pero
la carne es débil. Él se fue otra vez y oró, diciendo
las mismas palabras. Y vino Jesús de nuevo y los halló
durmiendo, porque sus ojos estaban muy cargados de sueño, y no sabían
qué responder. vino por tercera vez y les dijo,
¿todavía están durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del Hombre es
entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vámonos! Ya está cerca el que me entrega. Amén. ¿Has estado ¿Alguna vez bajó
un inmenso peso de depresión? ¿Alguna vez has estado tan deprimido
que morir te ha parecido algo bueno? ¿Conoces la agonía de llorar
toda la noche? conoces el horror de enfrentarse
a situaciones verdaderamente malas? Puedo decirte que Jesús también
conoce estas cosas. Y Él conoce estas cosas de un
modo que ni siquiera podemos imaginar. Lo que también es interesante
es que ninguno de nosotros puede decir que nuestra agonía fuera
más de lo que merecíamos. Ninguno de nosotros. Ni siquiera
cuando hablamos de las mayores atrocidades de la tierra podemos
decir eso. Incluso cuando hablamos de las
víctimas de crímenes indescritibles, no podemos afirmar bíblicamente
que alguien recibió más dolor o pena o anjustia de la que merecía. Incluso la persona que ha sufrido
abusos sexuales, ha sido torturada, o asesinada, nunca podría mirar
a Dios y decir, Dios, no me merecía esto. Cuando utilizamos
palabras como inocente o injusto, estamos hablando relativamente. Comparamos seres humanos pecadores
con otros seres humanos pecadores. Hablamos por categorías. Ni siquiera
el bebé más pequeño es completamente inocente ante Dios. Incluso el hombre más grande,
aparte de Cristo, no es inocente. ¿Por qué es cierto todo esto?
Es por lo que eres. Eres un pecador. Y cuando la
Biblia nos llama pecadores, no está hablando simplemente de
lo que hacemos. No está hablando simplemente
de nuestras acciones, sino de lo que somos, nuestro ser. Eres pecador por naturaleza. La razón pecas es porque eres
pecador. No es el contrario. No eres pecador
porque pecas. Eres culpable ante Dios incluso
antes de hacer o pensar nada. Y por la naturaleza de lo que
eres, mereces un juicio indecible tanto física como espiritualmente. Dios no nos debe nada, salvo
la ira. No nos debe nada. En nuestro
texto de hoy te enfrentarás al peso del pecado que pesa sobre
la humanidad. Y si Cristo no te ha salvado
de verdad, te enfrentarás al peso del pecado que pende sobre
tu propia cabeza tan sólo de un hilo. Y si piensas correctamente,
te sentirás humillado. serás humillado no sólo por el
peso de tu pecado, también serás humillado por aquel que tomó
sobre sí el pecado por aquellos a quienes ama. El título de nuestro
sermón de esta mañana es Nuestro Humilde Salvador Humano. nuestro humilde Salvador humano. Y dividiremos nuestro sermón
en tres puntos. Y cada punto nos mostrará parte
de la experiencia venidera de nuestro Salvador bajo el juicio
de Dios el Padre. En el versículo 32, como primer
punto, veremos a nuestro Salvador impulsado a orar. En el versículo 33, para nuestro
segundo punto, veremos a nuestro Salvador débil y necesitado. Y para nuestro último punto,
en el versículo 34, veremos a nuestro Salvador humillado hasta la muerte,
impulsado a orar débil y necesitado, y humillado hasta la muerte. Ahora volvamos a versículo 32
para tratar nuestro primer punto, impulsado a orar. Dice, Llegaron
a un lugar que se llama Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos,
Siéntense aquí hasta que yo haya orado. Así pues, Jesús y sus
discípulos llegan ahora al famoso huerto de Getsemaní. Era un huerto
de olivos. El nombre de Getsemaní procede
de palabras hebreas que significan prensa de aceite. Se trataba de un huerto de olivos
en el que probablemente había una almazada. por los relatos
paralelos de Lucas y Juan, podemos ver que esta era una parada frecuente
para ellos. Es probable que cuando estaba
en Jerusalén, Jesús viniera a menudo a orar aquí en Getsemaní, este
huerto. De hecho, ya hemos visto en varias
ocasiones En el libro de Martos, Jesús tenía la costumbre regular
de marcharse a orar. Getsemaní estaba en el Monte
de los Olivos. Y para llegar allí, Jesús habría
tenido que cruzar el valle de Cedrón. Era el lecho seco de
un arroyo que solo tenía agua durante las lluvias. Era el mismo
valle que David cruzó, descalzo y llorando, cuando fue traicionado
por Absalom. En 2 Samuel 15, Absalom había
apartado los corazones de Israel de su padre David, el rey de
Israel. Y pronto, aquí en nuestro texto,
los corazones de Israel se apartarían de su Mesías, Jesús, también
el Rey de Israel. Jesús dijo a los once discípulos
que estaban con Él que se quedaron en un lugar mientras Él iba a
orar. Pronto veremos en las próximas
semanas que Él espera que ellos también oren. Jesús sabe que
su muerte está cerca. En un solo día, él colgará de
una cruz como un vulgar criminal. Vulgar, con mucha mugre. De hecho, esta misma noche será
traicionado por un beso. Entró en el huerto de Getsemaní
como un hombre libre. pero él se irá como un criminal
detenido y acusado, traicionado por un beso. ¿Y por qué iba a estar Jesús
en ese huerto para orar? Porque él necesitaba estar preparado. Un viejo pastor bautista llamado
John Gill explicó que la ira de Dios se acumulaba como una
espesa tormenta sobre Jesús. Jesús sabía que en muy poco tiempo
el peso del pecado de todo verdadero cristiano pasado, presente y
futuro se sentaría sobre sus hombros. Pronto el Padre le consideraría
culpable en lugar de cada uno de sus hijos. Jesús se humilla. está siendo humillado de un modo
que ninguno de nosotros podría ser humillado jamás. Es el único
hombre perfecto que pronto será condenado como si fuera el peor
hombre que jamás haya vivido. La comunión que una vez tuvo
con el Padre sería dejada de lado. y él sufrirá el mayor de
los sufrimientos. Y no sufrirá como Dios, sino
como hombre. Sí, él es Dios y hombre. Pero
Jesús no sufrió conforme a su naturaleza divina. Dios no sufre. Necesitaba sufrir como hombre
para ponerse en el lugar de los pecadores. Si estás en Cristo Jesús, en
este texto, estás a punto de sufrir en tu lugar. Estás a punto de sufrir por cada
vez que utilizaste un lenguaje sucio. Cada vez que miraste fotos
obscenas en el internet. Cada vez que fuiste sexualmente
inmoral. Cada vez que tomaste dinero o
cosas o gloria que no eran tuyos. Por cada momento de orgullo y
jactancia. Por cada mentira que has dicho
y cada palabra aduladora que ha salido de tu boca. Por cada
pensamiento sucio del que nunca hablarías pero que Dios Por cada
vez que has pensado poco en Dios. Por cada vez que te emborrachaste. Por cada vez que te has amado
a ti mismo más que a tu prójimo. Por cada pecado de comisión y
omisión. Un predicador dijo si cada pecado
de una persona si podemos contar cada pecado y si cada pecado
era un grano de arena podemos tener una montaña más grande
que todas las montañas en este mundo y lo peor de todo es que
está a punto Cristo de sufrir simplemente porque eres pecador
tu naturaleza Sufrirá por el hecho de que tu propia naturaleza
es malvada. Tu corazón es una fábrica de
ídolos y de pecado. Imagina y crea un pecado que
antes ni siquiera existía. No sólo necesitas perdón por
lo que has hecho, sino por lo que eres. Y sólo si estás en
Cristo, Él está a punto de asumir tu nombre ante el Padre para
ser aplastado por todas tus inmundicias. Y esto causaría ansiedad a cualquier
hombre. Sobre todo causaría ansiedad
en el que nunca ha pecado. porque él realmente no se lo
merece. Y su ansiedad es una ansiedad
perfecta e inocente. Cuando estamos ansiosos, muchas
veces es pecado. Muchas veces es nuestro propio
orgullo el que nos hace estar ansiosos y deprimidos. Hablamos
sobre ansiedad en la noticia, en público. Y si hay condiciones médicas y todo, sí, reconocemos
esto. Pero no hablamos mucho de la
raíz de la mayoría de la ansiedad en este mundo. Es porque creemos
que nos merecemos algo mejor. Es orgullo. No nos vemos como
realmente somos. Ustedes saben la sensación. Estás muy triste por situaciones
en tu vida y en un momento conoces a una persona en una situación
peor que tú. Y inmediatamente estás agradecido. ¿Por qué? Porque has visto que
tu ansiedad es nada en comparación a esta
persona. De hecho, vemos que este hombre
perfecto, con esta ansiedad perfecta, hace lo que tú y yo deberíamos
hacer en cualquier momento en que estemos preocupados. Oró,
dirigiéndose al Padre. Qué reproche, ¿verdad? Qué reproche. Ahora, hablando de ansiedad,
si estás fuera de Cristo, deberías tener cierta ansiedad. Porque
esta misma ira que pendía sobre la cabeza de Jesús está pendiendo
sobre tu cabeza ahora mismo. Y al igual que cayó sobre la
cabeza de Jesús al día siguiente, pronto caerá sobre ti. Y tu única esperanza es este
hombre débil. Este hombre débil, humillado,
que sufre orando en el huerto. Hermanos, bienvenidos a Getsemaní. Bienvenidos a Getsemaní. Piensa en el sufrimiento del Salvador Jesucristo. Y podemos ver en Getsemaní, el
sufrimiento no solamente es físico, es más espiritual. Veamos más cosas de este hombre
débil y necesitado cuando echemos otro vistazo al versículo 33.
Dice así. Tomó con él a Pedro, a Jacobo
y a Juan. y comenzó a afligirse y a angustiarse
mucho. Así pues, ahora vemos que Jesús
llevó consigo a sus discípulos más cercanos. Pedro, Jacobo y
Juan eran los mismos discípulos que Jesús llevó al monte de la
transfiguración para que le vieran en su gloria. Ahora le verían
en su humildad. Estos discípulos irían más lejos
con él en el huerto. Serían testigos de su agonía. También era probable que fueran
algunos de sus amigos más íntimos del grupo, especialmente Juan, que dijo, soy el hermano que
él amó. Pasó la mayor parte de su tiempo
con estos tres hombres. Probablemente deseaba confiar
en ellos, en su amistad. Si hubiera discípulos cuyas oraciones
él deseara más serían las oraciones de estos tres. pronto descubriríamos
en las próximas semanas que estos hombres estarían durmiendo. Y su sueño no sería porque estuvieran
simplemente cansados. Lucas capítulo 22 versículo 45
nos dice que dormirían de la tristeza, de la tristeza. Ese tipo de sueño que practicas
cuando estás deprimido y deseas evadirte. Creo que algunos de
nosotros sabemos de esta sensación. Quieres escapar de todos los
problemas y cuando duermo puedo olvidar al menos un chin de tiempo
de todo el mundo. Estos hombres están ahora mismo
mirando a su Salvador con una profunda y visible angustia. Y el texto continúa diciendo
que Jesús estaba angustiado y afligido. La palabra griega que aquí se
utiliza para angustiarse se traduce mejor para estar asombrado o
estupefacto. Jesús estaba angustiado, turbado
y absolutamente asombrado por lo que pronto tendría que afrontar. Como hombre, Jesús empieza ahora
a ver la gravedad. Está pasando del conocimiento
intelectual de la ira de Dios al conocimiento experiencial
de su ira. ¿Es porque Jesús calculó mal
la ira de Dios Todopoderoso? No, es porque la ira de Dios
Todopoderoso es incalculable. Es inimaginable. Y por ello se
siente a la vez turbado y asombrado. Este es un nivel de dolor completamente
nuevo para Jesús. Y para que quede claro, Jesús
no se limita a temer a los hombres. No se preocupa solo por el dolor
físico de la cruz. Esas cosas son horribles, pero
no es lo que pronto veremos que es su temor. Teme la copa llena
de la ira de Dios que pronto beberá. hasta la última gota. Pronto será separado del Padre,
con quien tenía una comunión perfecta. Esa es la misma horrible
carga de ira con la que deberías ser castigado. La ira de Dios
que debe golpearte es a la vez turbadora y asombrosa. Si pudieras
comprender siquiera un poco de esta ira, te quedarías asombrado. Te angustiaría de un modo que
nunca antes te había angustiado. Te angustiaría de tal modo que
te haría olvidar cualquier otro problema que pudiera afligirte. Y la gran diferencia entre su
angustia sería que nosotros la merecemos. Nosotros la merecemos. Esta ira de la que se preocupa
Jesús es la ira que con razón mereces de Dios. Cuando ves la angustia de Jesús,
deberías recordarte que muchas otras cosas no importan. Algunas
personas actúan como si la misión de la iglesia fuera alimentar
a la gente. Actúan como si fuera misión de
la iglesia asegurarse de que tienen casas y ropa. Piensan en la iglesia como una
organización caritativa. Pero Jesús en Getsemaní demuestra
que esas cosas no son el último problema de la humanidad. Puedes alimentar, vestir y dar
dinero a todas las personas de la tierra. Y no cambiaría ni
un ápice la agonía de Jesús en el huerto. ¿Por qué? Porque la comida, la ropa y el
dinero no son nuestro problema. La mala salud no es nuestro problema. El pecado es nuestro problema. La ira que pende sobre tu cabeza,
si no eres cristiano, de un Dios bueno, santo y justo es tu problema. Algunas personas dicen, ¿Cómo
puedo pensar en mi alma si no tengo que comer? Y yo digo, la
respuesta es fácil. Mira a Jesús en el huerto. ¿Piensas que Él estaba pensando
en comida en ese momento? Era mejor morir que sufrir bajo
de esa ira. Algunas personas dicen, seguiré
a Cristo cuando tenga mi familia o mi trabajo o mis finanzas en
orden. La ira de Dios aún pende sobre
ti. Aunque pudieras prolongar tu
vida en esta tierra 100 años más, te seguiría esperando la
ira eterna de Dios. Si no estás inmunamente convertido
con un verdadero amor a Cristo de corazón, deberías estar anjustiado
como Jesús en el huerto. Si no estás inmunamente convertido
con frutos claros de fe y arrepentimiento de corazón, deberías estar anustiado como
Jesús en el huerto. Deberías asombrarte del peso
eterno de la ira de Dios que pende sobre tu cabeza. Y lo que
debería asombrarte más es que este hombre que se aflige en
Getsemaní se está preparando para tomar sobre sí la ira que
tú mereces. Si confiaras en Él y dejaras
a un lado todo tu orgullo y tus pensamientos de ser bueno y honrado
y digno de respeto y digno de alabanza, Él habrá tomado tu
ira por ti. Si te arrepintieras odiando el
pecado que le hizo ser aplastado en la cruz, confiando en Él,
te salvarías. deberíamos asombrarnos del sufrimiento
de este hombre por su pueblo. Nunca has hecho nada por otra
persona como Jesús aquí en el muerto. Así pues, hablando de esta gran
humildad de Jesucristo, consideremos ahora nuestro último punto, humillado
hasta la muerte. Miren conmigo el versículo 34,
dice así. Mi alma está muy afligida. Hasta el punto de la muerte les
digo, quédense aquí y beben. Sabemos que la agonía de Jesús
fue tan grande que sudó gotas de sangre. Hablaremos más de
ello en las próximas semanas. Pero se refiere a una afección
médica real. Es una enfermedad provocada por
una gran ansiedad. Es una condición muy rara. Se
podría pensar que la oración de Jesús conduciría a un alivio
inmediato. Pero él se entristeció más Ninguna
cantidad de oraciones iba a disminuir la carga de la ira de Dios que
sufriría. Él no podía escapar esta ira
de Dios. Y tampoco tú. Tampoco tú puedes. escapar la ira de Dios por una
oración o algunas buenas obras, nada. De hecho, orar no es algo
centrado en el hombre. La finalidad de orar no es simplemente
conseguir lo que deseamos. El objetivo de orar no es sentirse
mejor. Hay una gran cultura de personas
orando cada mañana simplemente para centrar su mente, para sentirse
muy bien. Es nuestro propósito. Muchas
veces conseguimos lo que deseamos, sí. Y muchas veces nos sentimos
mejor. Y gracias a Dios por eso. Pero
no es eso lo que Jesús pretende aquí. Como veremos en las próximas
semanas, Jesús está orando para alinear su débil y perfecta voluntad
humana con la voluntad divina de Dios. Jesús está haciendo
el duro trabajo de superar el miedo puro y natural Incluso
un hombre perfecto sufriría para amar y obedecer a Dios. Jesús aquí dice que está triste
hasta el punto de la muerte. No hay pena más grande. Y a diferencia de nuestro dolor,
su dolor no está manchado ni siquiera con un poco de pecado. Esta es la más pura e inocente
de todas las anjustias y debilidades. Se pone en nuestro lugar. Debe
sufrir como hombre para salvar a los hombres. Y mientras sufre
el pensamiento de tomar sobre sí la ira de Dios, pide a los
discípulos que velen, que velen. En griego, esa palabra significa
permanecer sobrio y despierto. Se relaciona frecuentemente con
orar. Pablo relaciona en Hechos 20-31
con la advertencia y la enseñanza diarias. Estos discípulos deben vigilar
si ellos mismos experimentan la tentación. De hecho, pronto
caerán en la tentación por su falta de vigilancia. Y mi exhortación para ti es que
estés vigilante. Si alguna lección debes aprender
de Jesús en el huerto de Getsemaní, es que no debes tomarte el pecado
a la ligera. Especialmente tu pecado. Especialmente tu pecado. Debes
humillarte ante Dios. A menudo bromeamos sobre el pecado,
¿no? Nos hace gracia que la gente
peque. Miramos a los homosexuales y
nos reímos. No consideramos que mentir sea
un gran problema. No pensamos que blasfemar en
nombre de Dios sea gran cosa. Los halagos no nos parecen gran
cosa. Actuamos como si hubiera pecados
grandes y pequeños. Actuamos como si no fuera gran
cosa quebrantar días de reposo y no congregarnos. Pero la aflicción
de Cristo en el huerto debería enseñarte otra cosa. Nuestro pecado es grande. es grande en una manera que no
podemos imaginar. Porque cada vez pecamos, pecamos
contra un Dios infinito. Y lo que Jesús está considerando
en el huerto es la ira infinita que es el pago de nuestro pecado. Si no eres cristiano, él es tu
única esperanza. Si no eres cristiano, dé corazón. Y yo digo esto en propósito.
¿Por qué? Dé corazón. Porque es muy fácil. Es muy fácil decir, soy cristiano. Es muy fácil. Es muy popular
en nuestra cultura aquí. Tenemos una cultura muy religiosa. Cuando manejo a Santiago, la
guardia siempre dice, con Dios. Cuando saludamos unos a otros,
decimos, estoy bien gracias a Dios. Es muy fácil hablar sobre Dios
aquí. Es muy fácil ser religioso. Pero
mi pregunta para ti es, ¿qué Dios dice? ¿Qué Dios dice sobre
tu corazón? ¿Dios dice que Él te salvó? Si Dios no lo dice, no es real. Si Dios no lo dice, no es la
verdad. Hay personas, hermanos y hermanas,
hay personas, amigos y amigas, que viven en la iglesia, asisten
a la iglesia cada domingo y no son cristianos. Yo era una de
esas personas, años y años. Incluso a este punto de mi vida,
yo tengo más años como falso cristiano que cristiano verdadero. Es fácil. para ser cristiano. Pero tienes que considerar si
eres un cristiano verdadero. Y si no, vas a sufrir esta ira. Pero la esperanza es, este mismo
hombre sufrió en lugar de pecadores. Tu esperanza es sus lágrimas. Tu esperanza es su sufrimiento. El hecho de que él estaba en
el huerto sufriendo, sufriendo, preparándose para soportar la
ira de Dios es tu única esperanza de perdón de Dios. Porque si
él tomó el castigo que tú mereces, no hay más castigo para ti. Incluso más hay perdón, hay comunión
con el mismo padre de él. Puedes mirar a este Jesús a la
cara y continuar con tu forma de vivir. Si estás fuera de Cristo,
¿cuánto más necesita hacer este hombre para probar su bondad? ¿Cuánto más? ¿Qué más puede hacer? ¿Cuánto más tiene que hacer este
hombre para humillarte? No puedes ser más humilde. No
puedes caer más bajo. Ves a Jesús en el huerto y te
obliga a tomar una decisión. ¿Cuánto tiempo más jugarás con
el pecado? ¿Cuánto tiempo más te tomarás
el pecado a la ligera? ¿Cuánto tiempo más seguirás promocionándote
a ti mismo y a tu bondad? Él es tu única esperanza. Tu
única esperanza. Dirígete a Él. Encuentra tu refugio
solo en Él. La semana que viene seguiremos
viendo la agonía de nuestros salvadores sufrientes en el huerto
de Getsemaní. Entonces, oremos. Padre, ayúdanos a ver. Abre nuestros ojos para que veamos
la agonía de nuestro Salvador en el huerto. Humillanos y salva
a los perdidos, Señor, que nunca tomemos el pecado a la ligera. Concedenos el arrepentimiento
y la fe para que podamos glorificar a tu Hijo, que sufrió tu justa
ira por tu pueblo. Gracias por tu amor hacia nosotros
en Cristo, Padre. Oramos en el nombre de Jesús.
Amén. Amén. Los amo mucho. Dios los
bendiga. Estamos despedidos.
Nuestro Humilde Salvador Humano
Series Exposición de Marcos
| Sermon ID | 82325223035281 |
| Duration | 45:57 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 14:32-34 |
| Language | Spanish |
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