00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Hermanos, antes de que nosotros
leamos el texto de hoy, yo quiero hacer la aclaración de que, a
pesar de que vamos a leer este texto, va a ser en Hechos capítulo
2, 14-24. Queremos decirle que nosotros
no vamos a entrar en este texto a analizarlo de una manera expositiva. Nosotros estaremos tomando este
texto para resaltar hoy lo que nosotros queremos traer específicamente. Nosotros hoy queremos ver el cambio que Dios hizo en una
persona como Pedro. ¿Cómo era Pedro antes de Pentecostés
y cómo, luego, después de Pentecostés, caminó Pedro? ¿Cómo vivió? ¿Cuáles fueron sus actitudes?
Es posible que un ser humano venga a los pies de Cristo, ame
a Cristo, entregue su corazón y, a pesar de reconocer la verdad
de Él y todo lo que Él significa, estar completamente convencido
de lo que Dios ha hecho en la vida de Él, Él aún tenga cosas
que arreglar y que cambiar. ¿Eso puede ser posible? Nosotros
vamos a demostrar que sí. Vamos a ver en Pedro, un hombre
que amaba al Señor, que tenía celo por su Señor. Había entendido,
en verdad, lo que él era. Lo había reconocido como el Mesías. Estaba dispuesto a hacer cualquier
cosa por el Señor. Pero tenía cosas que cambiar.
Y el Señor, en su tiempo, fue trabajando en la vida de aquel
hombre para que, en verdad, Dios le mostrara sus propósitos y
hasta dónde él quería llegar con Pedro. Dios tiene muchas veces planes
con cada uno de nosotros. Y nosotros mientras más nos acerquemos
a Dios, en términos humanos hablamos, Dios más rápidamente comenzará
a actuar en nuestras vidas. Y esto es importante. Vamos a
leer este texto que tenemos hoy en día como señal, podemos llamarle
así, para que nos dé luz de lo que Pedro en verdad podía hacer
ya en Pentecostés. Y vamos entonces, después de
leer esta parte, nosotros venir a analizar lo que era Pedro antes
de Pentecostés, que va a ser el primer encabezado, Pedro antes
de Pentecostés, y el segundo encabezado, Pedro después de
Pentecostés, cómo era la vida de ese hombre, que Dios en verdad
utilizó en gran manera para el avance de este glorioso Evangelio
que hoy nosotros tenemos en nuestras manos. Vamos a leer estos textos. Comenzando en el versículo 14
del capítulo 2. Dice, entonces Pedro, poniéndose en pie con
los once, alzó la voz y les habló diciendo, varones judíos y todos
los que habitáis en Jerusalén, esto es fea notorio y oíd mis
palabras, porque estos no están ebrios como vosotros suponéis.
puesto es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por
el profeta Joel. Y en los potreros días, dice
Dios, derramaré mi espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos
y vuestras hijas profetizarán. y vuestros jóvenes verán visiones,
y vuestros ancianos soñarán sueños. Y de cierto, mis siervos y sobre
mis siervas en aquellos días derramaré de mi espíritu y profetizarán,
y daré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra. sangre y fuego, y vapor de humo. El sol se convertirá en tinieblas,
y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande
y manifiesto. Y todo aquel que invocara el
nombre del Señor será salvo." Barones israelitas, oíd estas
palabras. Jesús Nazareno, varón aprobado
por Dios entre vosotros, con las maravillas, prodigios y señales
que Dios hizo entre vosotros por medio de Él, como vosotros
mismos sabéis, a éste entregado por el determinado consejo y
anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por mano
de inícuos crucificándole, el cual Dios levantó, suelto los
dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido
por ella. Hermano, como pueden ver, en
este texto hay mucho que analizar, pero no es nuestra intención,
como acabamos de decir, entrar en un análisis expositivo, sino
ver la actitud de Pedro, la vida de aquel hombre, cómo era capaz
de hablar. Hermano, debo decir, Y ojalá
esto ayude. Porque muchos estamos convencidos
en el afán que todos los seres humanos tenemos de autogustificarnos
y decir que estamos bien de una manera o de otra. Yo me comporto
de esta manera, no, pero es que yo soy de esa manera. Yo soy
así, es mi temperamento, es mi forma de ser que me lleva a mí
a actuar de esa manera. Por lo tanto, estoy justificado. Y cuando llegamos a justificarnos
de esa manera, porque es mi temperamento, yo estoy tranquilo. Yo soy una
persona muy colérica. y en cualquier momento exploto.
Así soy yo. Y así seguiré haciendo porque
ese es mi problema. Y Dios me entiende. Esa es la expresión.
Qué bueno que Dios me entiende. O sea, parece que Dios por tu
temperamento te da libertad para que tú teques a todo dar. Y que
tú hagas lo que tú quieras con tu temperamento. Te dejes influenciar por él,
te dejes llevar y hagas lo que tú quieras. Qué malo que pasó en la vida
de Pedro. ¿Cómo era él antes de Pentecostés? ¿Y cómo fue después? Nosotros encontramos que Pedro,
en primer lugar, es una persona impulsiva. ¿Cuántos de nosotros
no somos también impulsivos muchas veces? Hay personas a las que
tú no te le puedes acercar porque tú dices, ten cuidado, para este
lo conozco yo. Si le dices algo que no le guste, vas a ver cómo
reacciona rápido. Hay otros que no. que tú le puedes decir lo
que tú quieras y no se inmuta. Temperamento, si es temperamento.
Pero hay otro que tú no puedes. Pedro era uno de esos, era sumamente
impulsivo. Noten que los demás discípulos
de Cristo no eran los que siempre salían a hablar. La primera pregunta
que se hacía a Pedro era ser primero. Es como esa gente que...
¿Quién se atreve a contestar? Yo. Ya tú sabes quién va a levantar
la mano. Hay uno que siempre era dispuesto. Pedro siempre
era uno de esos. ¿Quiénes dicen ustedes que yo soy? ¡Oh, señor!
Yo, tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Inmediatamente,
estaba dispuesto a no esperar. Fue impulsivo cuando quiso reprender
al Señor. ¿Lo hizo Pedro? Vamos a Mateo
capítulo 16, veintidós. Mateo, capítulo 16, versículo
22. ¿Qué nos dice ese texto? En su
Biblia es ahí, quiero que se mantengan, hoy vamos a leer algunos
versos, hoy vamos a estar envueltos en ellos con el fin de que nosotros
podamos a sí mismos autoanalizarnos porque ese es el propósito, y
no solamente ver a Pedro, sino que a la vez nosotros vayamos
mirándonos a nosotros mismos y mirando cosas que en verdad
pueden ser transformadas y cambiadas. Ese es el propósito aquí hoy.
Este verso nos dice de la siguiente manera, dice, entonces Pedro,
tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo, Señor, ten compasión
de ti, en ninguna manera esto te acontezca. El Señor comenzó
a hablar de que él iba a morir, de que tenía que ir a Jerusalén
porque iba a ser maltratado, que iba a ser muerto, y Pedro
cuando escuchó esto, Señor, ven acá, ven acá, ven acá, tú tienes
un problema aquí, en serio. Señor, ¿cómo te atreves a decir
eso? Que de ninguna manera te contesta esto. ¿Cómo le responde
el Señor? Le responde como si fuera Satanás. Es interesante. Jesús estaba
anunciando su necesidad de morir y después resucitar con el fin
de redimir a la humanidad. Ese era el propósito por el cual
Él iba a venir. Pero Pedro no entendió eso. Era
tanto su amor y su celo por el Señor que su impulso no le dejó
pensar en lo que antes ya se le había dicho. ¿Lo pueden notar?
No era que Él no sabía esto. Es que fue tan impulsivo que
el vio, pero es que va a morir. No señor, que no. No te pases. Pero el estaba hablando de algo
que ya había explicado. ¿Notan el punto? Es lo interesante. Pedro, sin entender lo que Cristo
decía, se apresuró rápidamente. Las palabras de Pedro hicieron
que Cristo lo tratara como Satanás y tropiezo. En los versos
siguientes dice eso. Muy impulsivo. Fue impulsivo
cuando se negó a que Cristo le lavara los pies. ¿Recuerdan ese
acontecimiento? En Juan 13.7 Jesús le explica,
Pedro, tú no sabes lo que estás diciendo. No señor, yo no quiero
que tú me laves los pies. No quiero que me laves los pies,
no, porque yo sé quién tú eres, señor, y yo sé quién yo soy.
¿Cómo es posible que yo venga y me diga que tú me laves los
pies? Si yo soy realmente tu siervo, a ti es quien sirvo.
Cristo estaba demostrando en ese momento que Él era el siervo
de todos. Él vino a servir, a entregar
completamente Su vida por cada uno de nosotros. No a buscar
una posición, cosa interesantísima, hoy en estos días. Hoy los que
dicen ser, muchos que dicen ser discípulos de Cristo, están detrás
de esto a todo lugar. con empeño. Otros lo ocultan
para que no digan que yo ando buscando una posición y pretenden
aparentar muy humilde. Pero otros abiertamente sí las
reclaman porque yo soy el unido de Jehová y a mí hay que respetarme
y cuidado con aquel que en verdad dice no respeta el unido de Jehová. Pero es únicamente con un propósito
ser reconocido y exaltado por los hombres. Cristo se humilla
y dice Pedro te lavaré los pies. pero no lo quiso aceptar porque
él entendía quién era su Señor. Pero estaba claro en esto, sabía
quién era Cristo. Él tenía que servirle, pero no
entendía qué cosa, la razón por la que Cristo vino. Se perdía
en lo más básico debido a que era una persona muy impulsiva
y no se detenía a reflexionar sobre lo que estaba sucediendo
en un momento dado. de la importancia que hay de
que nosotros antes de abrir nuestras bocas, de tomar acción, meditemos
en lo que vamos a decir. Meditemos en lo que vamos a hacer,
en la acción que nosotros vamos a tomar. Y todos podemos caer ahí y cometer
errores con facilidad, y otros pueden ofenderse, otros pueden
sentirse mal por alguna acción nuestra, por ser muy impulsivos. y después nosotros mismos nos
arrepentimos, pero ¿por qué lo dije? ¿Qué me llevó a mí a decir
eso? Tu impulso. No pensaste, no analizaste,
no meditaste antes. Ahora, ¿eso puede suceder en
un creyente? Sí, sucedió en Pedro. Su impulso
le llevó a no reconocer cuál era la verdadera posición que
él tenía delante de Dios. ¿Captamos? Pedro se negaba. Cristo le dijo,
si continúas en esa posición, dé terminante, le dice. Le dice que no tendría parte
con él. Eso fue fuerte. Miré a ver hasta
dónde Cristo quería llevar a Pedro. Tú no entiendes nada, ¿verdad,
Pedro? ¿Verdad que no entiendes nada?
¿Por qué no te calmas? Dios no cambió a pesar de la
palabra de Cristo en ese momento, pero continuó en otras ocasiones
con sus mismas actitudes. O sea, muchas veces entonces,
aunque nosotros escuchemos de la palabra de Dios, escuchemos
lo que el Señor tiene, eso no quiere decir que nosotros vamos
a cambiar. Nosotros hoy estamos aquí escuchando estas palabras.
Posiblemente las entiendan, las comprendan, se vayan a sus casas
entendiendo esto, pero eso no significa que ustedes van a cambiar
inmediatamente. Ahora corresponde al Espíritu
Santo y a usted constantemente clamar, reconocer que tiene un
problema. Por eso nosotros creemos que
Pedro realmente tenía un problema y lo reconoció. El Señor está realmente esperando
que usted reconozca que usted tiene un problema. Fue impulsivo
para prometer lo que no cumpliría. Esto sí lo sabe todo el mundo.
Es el impulso. Mi hermano, ser impulsivo es
complicado. Es como aguantarse, aguantarse.
A veces yo quiero decir algo. Oye mira, muérdele la lengua.
Me conozco yo. Yo sé quien yo soy. Que no me
tienten. Que no me ponchen, como dicen
algunos, porque que voy a explotar en un momento dado. Mejor me
voy. Bien eso, que bueno que te pusiste mejor, porque tú eres
muy impulsivo. Ya tú lo empiezas a reconocer. Ahora el Señor en
su misericordia que me va a trabajar contigo. Pero si tienes la idea,
como dijimos al principio, dices, yo soy así, nadie me va a cambiar.
Oh, tú estarás dando explosiones en cualquier momento. Y luego
la justificarás de una manera o de otra. Porque justificarse
siempre será muy fácil, déjeme decirle, esto es importante.
Para justificarnos siempre encontraremos una razón. y así calmaremos vuestras conciencias
y tranquilos todo el mundo, yo lo hice por eso, por eso pasa
que ellos no me entienden. Ahora traten de entenderme. Oh sí,
quieren que los demás me entiendan, pero yo no puedo entender cuál
es mi problema. ¿Qué? Mateo 26, 33. Mateo 26, 33. ¿Qué nos dice ese
texto? Pero le dijo a Cristo, dice,
aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. ¡Cuánta seguridad! Miren, que todo el mundo haga
lo que yo quiera. Lo que yo quiera. Yo sí sé dónde estoy parado.
¿Cuántas veces han escuchado eso? Yo sí sé dónde estoy. A mí nadie me mueve de ahí. No
te confíes de ti mismo. Te fuiste muy rápido en decir
eso. Es fácil caer ahí. Es tanta la
convicción nuestra de en quien hemos creído, en quien hemos
confiado, en quien hemos puesto nuestro corazón, que nos atrevemos
a levantar la voz y decir, yo jamás haré esto o aquello. Hoy en vano Pablo en una ocasión
enseñó estas palabras necesarias para los hijos de Dios. Dice,
el que piense estar firme mire que no caiga. ¿Para qué? para
que usted se mantenga vigilante. Y el primer problema es usted
mismo. ¿Me entiende? No es el otro, no es el que le
rodea, no es tu hermano, no es tu amiga, no es tu amigo, no
es el jefe del trabajo. Eres tú mismo el principal problema,
normalmente. Pero como tú siempre estás atacándole
el problema a otra persona, tú nunca te detienes a pensar en
ti mismo. Es importante que nosotros podamos,
mi hermano, observen que hoy es un día diferente. Hemos estado
haciendo, hablando de estas cosas y a la vez haciendo aplicaciones.
Yo no vi otra manera que no fuera esta. Porque realmente lo que
yo necesito hoy aquí es que ustedes se autoanalicen, o nos autoanalicemos. Para no hablar en segunda persona
del jurado todo el tiempo. Como si yo tuviera libre aquí. En otra ocasión en Mateo 26.34 Jesús le hizo ver a Pedro que
sus palabras no tenían nada de consistencia. ¿Por qué? ¿Qué
le dice el Señor? Aquel que lo conoce todo, que
conoce el corazón de cada ser humano, Él le dijo, desierto
te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás
tres veces. Mi hermano, noten a Pedro y su
corazón impulsivo. ¿Qué le llevó a él a responder?
A decir, tú te estás equivocado, señor. Tú estás equivocado. Otra vez, él no entendió con
quién estaba hablando, a pesar de entender quién era él. ¿Pueden notar esa parte importante? Podemos nosotros entender exactamente
lo que es Dios, lo que Él significa, todo su poder, pero en un momento
dado, debido al impulso nuestro, estaremos enfrentándolo directamente. No señor, no te voy a negar,
eso no es verdad, tú estás mal. No hay otra palabra para explicar
eso que no fuera esto. El señor le dice, me vas a negar
Pedro. No, no lo voy a hacer. Vas a ver, es una competencia.
Perfecto. El tiempo continúa. ¿Qué sucede
más tarde? Que realmente sí lo negó. Y todos conocemos esa historia.
Se fue Pedro. Fue impulsivo para herir. Y esto
también lo conocen ustedes. Cuando fueron a buscar a Cristo,
aquellas guardias, que fue a buscar a Cristo para llevarlo ya, para
que se cumpla lo que él ya le había estado anunciando de antemano,
que él iba a ser sacrificado, que iba a ser maltratado. Pedro
nuevamente no pensó en nada de eso. Él dice, esto yo lo puedo
evitar. No le ponga la mano. Y cuando intentaron sacó su espada
y le cortó la oreja derecha. ¿Fue impulsivo o no fue impulsivo? No pensó, pero ya se le había
estado enseñando de lo que había de acontecer. Pedro, estate tranquilo,
cálmate que ya esto no va a cambiar porque tú saques tu espada. No
importa cómo tú te pongas, esto va a continuar exactamente igual. El señor toma la oreja y se la
coloca nuevamente, diciéndole a Pedro, dice, mira Pedro, él
tendrá su oreja nuevamente y tú cálmate. Estás muy alterado. Parece que
no has escuchado nada ni has entendido nada de lo que se te
ha estado diciendo. Cuántas veces nos enseñan aquí
en esta congregación, en otras, o los que son más dedicados,
cuántos no son los que escudriñan libros, los que escudriñan la
palabra de Dios, los que la leen, sin embargo, continúan todavía
en una posición inadecuada y no correcta ante los ojos de Dios,
debido a que su temperamento los controla y los lleva a hacer
cosas que no pertenecen a Dios. ¿Sucede esto o no? Pedro estaba
todo el tiempo cerca de Cristo. Pero era impulsivo. Pedro tuvo que reconocer que
él tenía que cambiar. No es tan fácil en un momento
dado, en una reunión cualquiera. Nosotros... con dos o tres palabras,
rápido. ¿Pero qué dije? Y los demás se
miran. Uy, ¿qué digo? ¿Cómo se atrevió? Y él dice, wow, pero sí, lo dije. No, te mandaste, como decimos
nosotros. Fuiste muy rápido. Y hermano, pecamos, aunque digamos
que no, ¡pecamos! Tenemos que ir y arrepentirnos
del Señor porque le hemos faltado debido a que hemos sido impulsivos.
Ser impulsivo es un riesgo, es un peligro. Y eso es lo que nosotros
queremos realmente dar a entender aquí. Ser impulsivo es peligroso. Cristo le preguntó, Simón, hijo
de Jonás, ¿me amas? ¿Me amas tú? ¿Se acuerdan de
esa ocasión? Él fue impulsivo para hablar
de manera irreflexiva, sin pensarla nuevamente. Y él le dijo sin pensarlo, ¿qué
le contestó? Señor, ¿pero qué tú me estás
preguntando? ¿Tú sabes que yo te amo? Dos
veces la misma pregunta. ¿Notaron eso? Pedro, ¿tú me amas? Señor, tú sabes que te amo. ¿Sabe
a qué le estaba llevando el señor? A que pensara bien lo que estaba
a punto de responder. porque habían cosas en su carácter,
en su forma de vivir, en su forma de actuar que no estaban reflejando
posiblemente que él en verdad amara al Señor a pesar de amarle. El Señor quiere que nosotros
no solamente reflejemos que somos hijos de Dios con nuestro hablar,
con nuestro decir, sino que esto tiene que ir acompañado de un
caminar, que los demás observen que en realidad yo pertenezco
a Dios, que mis acciones, mis actitudes sean como las de Él. Es importante. Otra actitud de Pedro, aparte
de ser impulsivo, es esta. Pedro era volúble. Tenía problemas,
Pedro, ¿no? ¿Cómo es posible que Dios llamara
a este hombre? ¿Fue que el Señor se equivocó
en llamar a Pedro? Eso sería una herejía decir eso,
¿no? Si él está en control y conoce todo, pero tenía propósito con
aquel hombre. ¿Cuál es? posiblemente lo que
estamos aprendiendo hoy aquí. Si nosotros observemos que a
pesar de que amemos al Señor tenemos problemas con nuestro
carácter y que tiene que ser transformado y cambiado. Cuando
nosotros empezamos a reconocer que tenemos que trabajar con
ciertas áreas de nuestras vidas. Juan Capítulo 21, 3, nos dará
un poquito de luz con respecto a lo que estamos diciendo aquí
hoy. Cuando Pedro había escuchado
de que Cristo tendría que morir, esto fue manifestado claramente
que fue un problema para él. Luego se le dice, como hemos
dicho, de que tú negarás al Señor. Dice que no, y luego él se da
cuenta que sí lo hizo, tuvo que llorar, sufrir, amargamente. Luego el Señor así mismo se aparece
en otras ocasiones, se manifiesta y viene y le da a conocer lo
que en verdad Él tiene dentro de sus planes. Si aparece nuevamente
otra vez, Pero ya Pedro tenía en su mente aquel problema de
incredulidad que Tomás, por el cual Tomás había pasado. Había
muchas cosas en la vida de él que le estaban haciendo sentir
que algunas cosas no estaban bien con él, que tenía razones
suficientes tal vez para llegar a desanimarse. Hay tantas cosas que ocurren
en nuestras vidas que nosotros no quisiéramos que sucedan. y
que en esos momentos es cuando nosotros tenemos que manifestar
que pertenecemos al Señor, que Él es nuestro Señor, que no importa
lo que suceda, no importa si hemos fallado, nuestro Dios es
grande, es misericordioso, perdonador. Acercarnos a Él pidiendo perdón
será lo más grande en nuestras vidas porque reconocemos nuestra
condición como pecadores. Pero en medio de toda esta situación
Él prácticamente tira la toalla. Se le aparece el Señor nuevamente. Y dice que se fue, decidió irse
a pescar. ¿Se acuerdan de esa ocasión?
Se le aparece cerca del mar, tiene sus vidas abiertas. Quiero
que ustedes mismos lean sus textos. ¿Y qué dice? Me voy a pescar. Son tantas las cosas que me han
pasado en estos últimos días que yo ya estoy que... No sé,
ayúdame tú señor, porque yo no puedo. Un día estoy con un gozo
tremendo. Que no hay quien me controle,
que hay que decirle, cálmate, ¿pero qué te pasa hoy? No, es
que mi Señor es lo más grande, Él es lo más maravilloso que
me ha podido suceder. ¡Qué grande es mi Dios! A cantar
canciones con entusiasmo, a hablar de la Palabra del Señor. Mi hermano,
ponte porque vamos a evangelizar, vamos a hablar de Cristo. Es
un asunto que hay que controlarlo. Pero hay otro día que... He cansado,
hoy no tengo ánimo de nada. Hoy se me fueron los años.
No sé por eso, así soy. ¿Cuál es el problema? Ahora así
soy. A mí entiéndeme y punto. Pero tú tienes un problema serio
con tu vida. Tú estás mandando una señal muy
errada. Hay un problema que hay que solucionar.
Tú no puedes estar contento hoy y mañana estar entonces haciendo
todo lo contrario. Eso indicará que hay un problema
que hay que solucionar. Hermano, esto no quita que nosotros
tengamos momentos difíciles en nuestras vidas que lleguemos
incluso a deprimir. Pero observe lo que estamos diciendo
aquí. Eso no puede ser la actitud tuya normalmente. Que hoy tú
nunca sabes cómo va a estar Pularo. Y que los hermanos lleguen a
reconocerlo. Dice, ¿cómo está hoy nuestro hermano Rubén? Bueno, habla con él a ver cómo
amaneció hoy. Porque según amanezca el asunto. Bueno, él está contento. Ah, perfecto. Vuelve para allá.
Bueno, ¿cómo está Rubén? ¡Aquí, bendecido por el Señor!
Ahí está feliz el hoy. Así es que no hay problema. Otro
día, mi hermano, ¿cómo sigue Rubén? Hoy sí está difícil la
cosa. Hoy no hay quien hable con él. Ah, Rubén, te hablas
tú. Mi hermano, así no podemos vivir. No es lo que la Palabra
de Dios nos enseña. Indica que debemos cambiar esa
actitud. A veces era usado por Dios. Vamos
a Mateo capítulo 16 y 17. Este quiero leerlo. Mateo capítulo 16, porque quiero
leer esos dos versos de Mateo 16 y 17. Mateo 16 y 17 nos dice de la
siguiente manera. Vamos a ver esos dos versos.
Dice El 17, respondiendo Jesús le
dijo, ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Eso es el verso? No, ¿verdad
que no? Mateo 16, oh tengo 17, ok. Mateo
16, 17, dice, Entonces le respondió Jesús, ¡Bienaventurado eres,
Simón, hijo de Jonás! Porque no te lo reveló carne
ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. ¡Wow! ¿Observan? ¿Qué preguntó el Señor en el
versículo 15? Y vosotros, ¿quién decís que soy? Ahí está Pedro,
levanta la mano aquí, rápidamente. Ah, recuerden, recuerden que
era una persona impetuosa, impulsiva, rápidamente hablaba, no esperaba.
Dice, aquí estoy yo, Martín, tú eres el Cristo, el Hijo de
los vivientes. Seguro, Pedro, no te lo reveló carne ni sangre.
Tremendo. Fue algo ejemplar lo que lo hizo
en ese momento. Reconoció quién era su Señor.
Ahora, ¿qué sucede entonces nosotros cuando leemos el versículo 23?
¿Vieron por qué no lo leí antes? Ahora veamos el versículo 23
acá. ¿Cuándo dice? Perdón, 23 dice, Pero él volviéndose
dijo a Pedro, quítate de delante de mí, Satanás. Oh, ¿y qué pasó
ahora? No era aquel pedo que había respondido
una pregunta tremenda, estaba feliz de estar con su señor,
de saber quién él era y de clamarle de gran manera. Ahora dejó de
reconocer lo que él era, y hizo cosas que no venían de Dios con
su actitud. Quítate de delante de mí, Satanás. Me estropiezo porque no pones
la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. ¡El
mismo Pedro! Mi hermano, nos pueden pasar
todas estas cosas debido a nuestro carácter. el carácter, tener
un carácter de una u otra manera, no quiere decir que nosotros
tengamos que tranquilizarnos, recostarnos y sentarnos y decir,
es que yo soy de esa manera, yo estoy feliz conmigo mismo
y tu no, ah bueno, pues entonces no me mires. Si estamos felices, yo se quien
yo soy y punto, y Dios sabe quien yo soy, al menos esa es excusa. Es verdad que Dios sabe quién
tú eres y conoce tu corazón más que nadie, como vimos aquí la
semana pasada. Pero realmente Dios entiende, y tú también entiendes,
que hay cosas que no están correctas, pero tú quieres justificarlas
de una manera o de otra. Pedro amaba a su Señor, pero
era volumbre. Tenía un problema con su temperamento.
¿Pueden ver eso? Muy serio. Además Pedro era cobarde. Wow, también, pero eso era mucho
problema que tenía Pedro. Mucho problema, si mi hermano,
era cobarde. Miren, cuando fueron a buscar
a Pedro, que él no tuvo otra opción, al señor. Que ya el señor
le colocó su oreja nuevamente otra vez a aquel hombre. Y que
ya se lo llevaban. Pedro comenzó a tener, él no
se mostró con la misma valentía del principio. Si nos notamos
estos versos que encontramos nosotros ahora en Lucas capítulo
22, 54. Lucas 22, 54. ¿Qué dice Pedro? que por temor a los judíos, por
temor a los judíos, porque no era otra cosa, ¿qué me harán
estas personas ahora? ¿Qué sucederá conmigo cuando
vean que llevan a Cristo? A lo mejor me llevan a mí también.
Pedro estaba aterrado, él no quería que nada malo le pasara
a él, a ese cuerpo físico. Tuvo temor. Pero, mi hermano,
recalcamos, Pedro sabía quién era su Señor, ¿sí o no? ¿Le amaba
así o no? ¡Sí le amaba! ¡Sí sabía quién
él era! ¡Pero tenía temor! ¡Fue cobarde
en el momento más necesario! ¿Qué dice ese capítulo 22 de
Lucas 54? ¿Qué le siguió de lejos? ¡Allá,
bien lejos para que no me identifique! ¿Y tú no eras de los que andaba
con él? Tú estabas jugando conmigo. Tú me has visto a mí cerca de
ese hombre. Temor, terror tenía él a que
lo identificaran con aquel que llevaban para ser crucificado. No vaya a ser que le pasara lo
mismo. Por temor a los judíos se ocultó entre los enemigos
del Señor. Lucas 22.55 Dice, y habiendo
encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor
y Pedro se sentó también entre ellos. Aquí estoy, yo soy ustedes.
Miren, aquí somos bien amigos ustedes. Yo no tengo nada que
ver con lo que está pasando ahí, eh. A mí, que no me confunda
nadie. Yo estoy aquí con ustedes, esperando a ver qué va a pasar
y qué va a suceder. Quiero estar aquí con ustedes. sentaditos
en vez de estar ya cerca del Señor, siguiéndole a Él, hasta
el último momento, en los momentos difíciles, no es que los creyentes
deben estar con Cristo, en los momentos más angustiosos de su
vida, ahí deben estar cerca de Él. Pedro, lo que hizo fue que
se alejó y se unió con aquellos que no amaban al Señor. Vamos
a calentarnos un titrico aquí, ustedes de nosotros, somos de
la familia, perfecto, genial, qué bien. ¿Quién sabe si Pedro
se puso una gorra diferente, un gorro diferente, para que
no lo identificara ni se pareciera a él? Pero cuando le dijeron, oye,
pero tú hablas igual que uno de ellos, yo, cambio la voz.
Me imagino a Pedro cambiando la voz. O tomando otro acento diferente.
Tal vez ha aprendido el acento. No, yo no soy como esa persona.
No soy como él. Mucho que le costó esto debido
a su cobardía. Por temor a los judíos negó al
Señor blasfemando. ¿Qué dijo él? ¿Blasfemando? ¿Blasfemó Pedro? ¿Llegó a blasfemar? ¿Esto es serio? ¡Mi hermano,
esto es serio! ¿Puede llegar un hijo de Dios
por temor, por miedo a blasfemar de su Señor? Todos tal vez vivíamos
aquí en este lugar y hoy que tenemos casa llena gracias al
Señor. ¿Verdad? Podrían decir, no, yo no. Yo no voy a negarlo. En ningún
momento ni voy a hablar en contra de mi Dios, de mi Señor, que
yo amo con todo mi corazón. Mi hermano Pedro lo amaba. Sin
embargo, ¿qué nos dice el Mateo 26, 74? No queremos jugar aquí con esto.
Queremos advertirle del riesgo que usted puede correr por su
temperamento. Ese es el asunto. que podemos caer en cosas terribles,
llenas de pecado y de maldad Mateo 26, 74, ese verso que nos dice que por temor a
los judíos negó al Señor blasfemando entonces Él comenzó a maldecir
y a jurar no conozco al hombre del cual ustedes me hablan y
dice a maldecir cuántas cosas no le habrán salido a Pedro de
su boca en ese momento por temor, simplemente. Hermanos amados,
esa es la vida de un hijo de Dios. Puede llegar a coger el
riesgo de hacer cosas que no pertenecen a Dios en un momento
determinado, pero eso no quiere decir que ese hijo de Dios no
reconozca, no entienda que ha fallado, y si ha ofendido a alguien
con alguna de sus actitudes, pueda sentarse y decir, Perdóname,
no fueron mis intenciones. Me dejé llevar por mi impulso. Un problema que tengo que resolver.
Sí, pero que también yo te vi a ti, que tú hoy en día estás
muy contento y mañana estás aquí para otra cosa. Sí, también sé
que soy muy vulnerable. Soy una persona muy volúptua.
Tengo ese problema en mi vida. Ayúdame orando porque no quiero
ofenderte a ti ni a nadie. Ya las cosas comenzaron a caminar
bien. Y es posible que eso haya sido lo que pasó con Pedro. Ahora,
¿cambió Pedro sí o no? Entremos a nuestro segundo punto
y lo veamos entonces. Vamos a ver si es verdad. Pedro después de
Pentecostés. Aquel intrépido Pedro. Hechos 2.14 Hechos 2.14 Perfecto. Hechos 2.14 que nos
dice de la siguiente manera Entonces Pedro, poniéndose en
pie, en Juan los once, alzó la voz y les habló diciendo, varones
judíos y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio
y oíd mis palabras. Mi hermano, nosotros acabamos
de leer al principio lo que Pedro fue capaz de decir y enseñar.
Nada que ver, nada que se parezca a lo que antes era. Pedro comenzó
a hablar con fuerza, con poder, sin temor. Ya no tenía temor
si le apretaban o le cortaban la cabeza. Ya no le importaba,
había aprendido lección. Había entendido que ser cobarde
no era lo que el Señor reclamaba de cada uno de sus hijos, sino
que sean hombres y mujeres valientes, dispuestos a hacer lo que sea
por Cristo en medio de cualquier situación, a pesar de que parezca
prejudicarlos a ellos mismos. Pedro estuvo dispuesto en aquel
momento a hablar del Señor. y comenzó a decir en lo que estaba
sucediendo en ese momento que para muchos era inexplicable.
Aquellos hombres hablando en diferentes lenguas, donde muchos
podrían haberse hecho diferentes opiniones en sus mentes y decir,
están locos, están borrachos, están mal, hay un problema serio
ahí. Y Pedro comienza a explicarle
la realidad de lo que estaba sucediendo allí. Esto ya se había
profetizado, se había dicho que iba a acontecer y está sucediendo
hoy. Esto está sucediendo porque Dios
tiene el control de todo lo que está pasando aquí hoy. Y estamos
hablando de nuestro Señor, si aquel que yo negué en una ocasión,
hoy no lo niego. Hagan lo que quieran conmigo.
Enseña la palabra de Dios que después de aquel sermón que Pedro
dio, de aquella enseñanza, 3.000 personas allí escuchándole, dice
que vinieron a los pies de Cristo. O por lo menos levantaron las
manos y dijeron yo quiero ser de Cristo. Yo creo en eso. Cuenta
en grande el demuero con el que él pudo predicar y con la elocuencia
que pudo expresarse. Que aquellos hombres tuvieron
que decir realmente entendemos que esto es de Dios. un hombre
ya sin temor, ya no estaba variando ni siendo evoluble en su manera
de pensar, ahora estaba firme en una posición clara e intrépidamente
separa, era Pedro el que Dios quería utilizar para ese momento,
por eso lo fue preparando de esa manera. A ti te pondré a
hablar de lo que en verdad es este Evangelio y tendrán que
verlo Aquel hombre que cambia la vida de las personas, que
transforma la vida, cambió la mía. Y aquí estoy hablando de
él. Hagan conmigo ustedes lo que
quieran. ¿Están ustedes dispuestos a hacer eso como hijos de Dios
en todos los momentos? ¿O simplemente vienen a la iglesia
por cumplir? ¿Por qué tienen que ir? ¿O no saben quién es
su Señor? ¿O están diciendo mi temperamento de esta manera,
yo actúo de esta manera porque así soy yo? Punto y se acabó.
¿A qué venimos los hijos de Dios a la iglesia? sino es a demostrar
que pertenecemos a Cristo. Cuando la predicación en el nombre
de Jesús fue prohibida, a los apóstoles les intimaron
una y otra vez a que no predicaran el nombre de Cristo. ¿Qué hizo
Pedro? Pusieron ustedes, es necesario
que nosotros sirvamos a Dios a los hombres. ¡Wow! ¡Nada que
ver con el Pedro antiguo! ¿Cierto? Eso es interesante. Pedro y Juan
respondieron así mismo, de esta manera, en Hechos 4.19, y se
juzgaron si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes
que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto
y oído. ¡No podemos! ¡Cuánta firmeza, cuánto valor!
Ya Pedro no estaba tomando la actitud que tenía antes. ¿Pueden
notar eso? Durante la segunda persecución
fue puesto en la cárcel. Pero al salir inmediatamente
fue al templo a qué cosa? A predicar. Oye, pero qué hombre
más cerco. Estás preso por eso y salí. Ah, pues sigo predicando.
Gracias por liberarme porque voy a hacer lo mismo. Encontramos, por ejemplo, Nosotros
en Hechos 5.25, esta expresión, que dice en Hechos 5.25, es aquí,
los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo
y enseñan al pueblo. ¿Qué estaban haciendo ellos después
de estar en la cárcel? Enseñando al pueblo. Dice, ¿qué
dirá aquel hombre, aquellas autoridades, perdón, pero qué hombre es tan
terco, qué hombre es tan terrible? No, es que él sabía lo que había
sido llamado. ¿Qué podemos profender de esto,
me pregunto yo? ¿Vamos a dejar de hablar de Cristo
por temor? ¿Vamos a dejar de hablar aquí
de homosexualidad porque tenemos temor a lo que pueda hacernos
el hombre? ¿Vamos a dejar de denunciar las barbaridades que
los hombres constantemente salen y dicen en contra del evangelio
por temor a lo que nos pueda pasar? No, los tenientes deben estar informados
y ver lo que pasa en el mundo y estar dispuestos a denunciar
las barbaridades que hoy en día el hombre se ha envuelto. Es
decir, la Biblia no dice eso, Dios no dice eso. Pero si por temor nos vamos a
ocultar. No, vamos a predicar del amor de Cristo aquí entre
nosotros porque nosotros no queremos problemas. No queremos involucrarlo
en problemas porque cuando viene a ver nos cierran esto. No que
nos cierren, vamos entonces a una parte por ahí a predicar. A donde sea, donde quiera que
estén. pero tenemos que predicar el Evangelio de Cristo. A estos
hombres estaban presos por la misma causa y por lo que lo mismo
estaban presos, por la misma cosa con la cual estaban presos,
salieron nuevamente otra vez al mismo asunto. Es que ahorita nosotros vinimos,
no le vamos a obedecer a usted, esa fue la respuesta de ellos,
no la acabamos de ver. Hermano, nada puede a nosotros cambiar
nuestra posición de hijos de Dios, de personas que amamos
al Señor. Y tengo casi que terminar. Hermanos amados, Pedro era un hombre de oración,
llegó a ser un hombre de oración. Y esto es una de las cosas más
indispensables en la vida cristiana, y es una de las cosas que muchos
descuidan por amor a querer estar aparentando conocimiento, se
involucran en estudio, conocen mucho, se introducen en todo
lo que sea posible, y lo expresan, y los demás dicen, ¡guau, cuánto
conocimiento! Pero no moran. no se acercan
a Dios en oración. Es mucho más importante orar
que conocer. Y lo digo hoy sin ningún temor.
Conozca, escudriña la Escritura, pero si no ora de nada le servirá. En Hechos 31.11 Nosotros podemos
realmente encontrar estas palabras que dice Pedro y Juan subían
junto al templo a la hora novela, a algo de costumbre, a la oración,
a orar sin descuidarse, sin perder eso. Orar es parte de la vida
de todo hijo de Dios. Pedro lo entendió en su cambio
que fue radical. Él sabía que tenía que estar
en comunicación constante con su Dios. Pedro fue un hombre poderoso
en la Palabra de Dios, además en ese cambio. Muy poderoso.
Como 3.000 personas se convirtieron con su predicación. En Equios
2.41 me lo buscan, dice eso. Cuando fue a Samaria hubo un
gran ayudamiento. Eso fue Pedro. Ya no era el hombre
voluble. ya no era el hombre impulsivo
que todo el mundo conoció, un hombre que ahora había entendido
su posición como hijo de Dios, sabía dónde estaba parado. En
Lidia muchos se convirtieron en aquella ciudad bajo su ministerio. Él no estaba tranquilo, estaba
hablando del Señor por todas partes, no simplemente se iba
y se sentaba allí en un lugar a escuchar. ¿Qué debo hacer para
el Señor? Lo voy a hacer, lo voy a llevar
a cabo. Y trabajar por el nombre de Cristo. en casa de Cornelio, en Hechos
capítulo 10, 44 y 48, todos conocen esa historia, se convirtieron
bajo su predicación, muchos, poderosos también, dado por Dios
con propósito como señal, le permitió ser un hombre de sanidad,
un hombre que sanaba para que fuera a sí mismo como señal de
que ese Evangelio tenía poder. Así hizo Pedro. Dios lo usó en
la sanidad del paralítico que se estaba sentado a la puerta.
¿Han entendido eso? ¿Lo han visto? Dice simplemente
levántate y ¡pasó! Porque es el Evangelio de Cristo
el que tiene poder para cambiar y transformar la vida de las
personas. ¡Predíquelo! Háblelo, denlo a conocer, porque
lo único que cambia las vidas es el Evangelio de Cristo. Los
hombres se podrán pasar años y años hablando de filosofías
y de psicologías para tratar de entender al hombre y jamás
cambiarán el corazón de ellos. Si lo más importante es cambiar
el corazón del hombre, que son los propósitos básicos de la
psicología, cambiar ese corazón y llevarlo a pensar y a actuar
diferente y no han podido, estudia y estudia y el hombre siempre
es lo mismo porque únicamente el corazón lo cambia Dios prediquemos
ese evangelio con integridad sabiendo que tiene poder para
sanarnos del pecado que es lo más importante su sombra tenía
virtud para sanar enfermos lo dicen Hechos 5.15 a eso llegó
Pedro a ser heredó por heredé a quien tenía ocho años paralítico
y el Señor lo levantó en Hechos 9.34. Fue un hombre utilizado por Dios
en gran manera, pero un hombre que tuvo que transformar su vida,
cambiar y luchar y trabajar con su temperamento. Mi hermano,
la lección aquí para hoy, para concluir, es esta. Mi hermano,
somos hijos de Dios, amamos al Señor, Pero nuestro temperamento
tiene que ser regulado por la palabra de Dios. Es la palabra
de Dios la que debe trabajar en nuestros corazones. ¿No? Otros podrían tener el temperamento
de, yo soy muy pasivo. Y yo soy así, yo no hablo mucho. No, el Señor te mandó a que hables.
Y que seas activo. Y que tomes decisiones en los
momentos necesarios. Y más si tenemos un hogar, hijos,
familias que educar y que enseñar.
Pedro antes y después de pentecostés
| Sermon ID | 72212143724 |
| Duration | 50:57 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.