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Ezequiel 36, 25. Voy a leer en
voz alta. El Señor dice, Esparciré sobre
vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias,
y de todos vuestros ídolos os limpiaré. os daré corazón nuevo,
y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros, y quitaré de vuestra
carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne, y pondré
dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis estatutos,
y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Amén. Oremos. Señor, hemos leído Estas
palabras del profeta Ezequiel son palabras tuyas y son palabras
preciosas y profundas y pedimos tu bendición Ahora en el estudio,
en la predicación, para meditar en lo que tú nos dices aquí,
para recibir provecho y para ver tu nombre glorificado. Hazlo,
Señor. Comprender y vivir la luz de
esta verdad. Te alabo, Señor. Te doy gracias
en el nombre de Cristo Jesús. Amén. Aquí estamos en Ezequiel, el Antiguo Testamento. Fue un día muy diferente de hoy
en día. Vivieron bajo un pacto espiritual
diferente de lo que nosotros conocemos hoy en día. En el antiguo
testamento durante esos años Israel tenía el pacto antiguo,
a veces lo llamamos el pacto de Sinaí, el pacto que Moisés
había recibido en el monte, la ley del señor. Y era un tiempo
muy diferente de lo que es hoy bajo el nuevo pacto. Fue un tiempo
cuando el Señor había enseñado su voluntad, había dado su ley
y había dado en la ley, había dado muchas enseñanzas morales,
había dado muchas enseñanzas legales para el gobierno de la
nación. Había dado muchas leyes ceremoniales. que funcionaban para atraer la
gente al Señor y para o como sombra de verdades reales, verdades
legítimas, genuinas, espirituales que solamente se encuentran cumplidas
en el Señor Jesucristo. Ellos ofrecían sacrificios. Los
sacrificios no salvaban a nadie. Señalaban a Jesús quien es el
sacrificio que salva. Ya había muchas ceremonias que
funcionaban así para señalar al Señor Jesucristo. Y no vivimos nosotros bajo todas
esas sombras. Pero podemos ver en las sombras
la realidad que es el Señor Jesucristo. Y lo que encontramos aquí en
este pasaje es el Señor, el profeta habla a la nación y habla de
la salvación de almas. Y en el contexto está dando promesa
de traer la nación de su cautiverio. Eso es después de su gran pecado
y caída y fueron llevados a Babilonia. y está prometiendo que van a
ser traídos nuevamente y bendecidos en la tierra. Pero también les
explica, les enseña que al mismo tiempo muchos de ellos serán
verdaderamente salvos. No solamente van a volver a la
tierra, sino van a volver al Señor de corazón por la gracia
de Dios obrando en su corazón. Lo que vemos aquí es en realidad
el nuevo nacimiento. Nacer de nuevo, la regeneración. Tristemente, hay personas que
enseñan que en el Antiguo Testamento nadie tuvo el nuevo nacimiento. Eso es algo del Nuevo Testamento. Amigo mío, no es así. Nadie irá
al cielo sin el nuevo nacimiento. Y esa verdad Es verdad desde
la caída de Adán hasta el último día. Siempre ha sido necesario
el nuevo nacimiento. Y para Israel era necesario el
nuevo nacimiento para conocer a Dios en la salvación. Y eso
es lo que vemos. Claro, no usaban el nombre el título teológico Regeneración
o el nombre Nacer de Nuevo, pero la experiencia era la misma en
aquel tiempo como es hoy. Este pasaje nos muestra cosas
muy importantes acerca del nuevo nacimiento. Vemos que la nación había, y
bien sabemos que la nación había pecado contra el Señor, habían
vivido en rebelión, idolatría, sin fe en el Señor Jesucristo.
Y el versículo 19, el Señor dice, Les esparcí por las naciones
y fueron dispersados por las tierras conforme a sus caminos
y conforme a sus obras les juzgué. los juzgó conforme a sus obras
pecaminosas. Su infidelidad espiritual fueron
juzgados y fueron llevados cautivos a Babilonia y otros lugares también. Y aun siendo juzgados así, se
arrepintieron versículo 20 dice y cuando llegaron a las naciones
a donde fueron que sintieron gran carga por su pecado y lamentaron
y se arrepintieron no dice profanaron mi santo nombre cuando llegaron
a las naciones donde fueron profanaron mi santo nombre diciendo de ellos
Diciéndose de ellos el pueblo alrededor que miraba a Israel. Estos son pueblos de Jehová,
de la tierra, de él han salido. Pues el pueblo alrededor podía
ver que no tenían fe en Jehová. Dice que ellos aún en tierras
lejanas profanaron al Señor. Pero mire lo que el Señor dice
en versículo 22. El Señor no va a permitir que
siga así la situación. Por tanto, di a la casa de Israel. Así ha dicho Jehová el Señor. No lo hago por vosotros o casa
de Israel, sino por causa de mi santo nombre. No me quieren,
no me han buscado y entonces no me han pedido dar salvación. Estoy hablando de salvación enhuena,
de salvación del alma. Y el Señor entonces dice no lo
hago por causa de vosotros. Y eso no quiere decir que él
no tuvo compasión o amor. Quiere decir que ellos no lo
buscaban, no lo pedían. No, él no iba a dar esta bendición
porque merecían por su arrepentimiento. No, dice, no lo hago por vosotros
o causa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis
vosotros entre las naciones a donde habéis llegado. Voy a hacer una
obra que no merecen, dice, y lo voy a hacer por causa de mi santo
nombre. Yo quiero que sea conocido mi
gracia. Yo quiero que sea conocido mi
misericordia. Yo quiero que sea conocido mi
santidad delante de las naciones. Aunque ustedes no lo merecen
y no lo han pedido, voy a hacer una obra de gracia en Israel. Esto es el contexto del nuevo
nacimiento que encontramos aquí. que Dios quería mostrar su gracia
y bondad, no que ellos lo buscaban. Ahí en Isaías, por favor, Isaías
46, encontramos un pasaje que hemos leído aquí muchas veces
que muestra la la soberanía de Dios, que Dios ha decretado,
Dios ha decidido, Dios ha ordenado desde antes de la fundación del
mundo todo lo que ocurre en este mundo. Dios es soberano y eso
aún incluye La salvación, aquí Él lo dice definitivamente y
eso es lo que vemos demostrado en Ezequiel. Miren cómo ahí dice
en Isaías 46, empezando en versículo 9 y siguiendo hasta el fin del
capítulo. Dice, acordado de las cosas pasadas
desde tiempos antiguos. Porque yo soy Dios, y no hay
otro Dios, y nada hay semejante a mí. Que anunció lo porvenir
desde el principio y desde la antigüedad, lo que aún no era
hecho. ¡Ah! ¿Preconoció tu presencia
de todo lo que va a ocurrir en el futuro? Dice Él. Anuncia lo porvenir desde el
principio. Pero no es que pudo ver y averiguar
y simplemente saber todas las decisiones que iban a tomar todas
las personas y todos los eventos que iban a ocurrir. Es algo más
que eso. ¿Por qué puede Dios anunciar
el futuro desde el principio? Dice que digo, mi consejo permanecerá,
haré todo lo que quiero. Dice que yo puedo contar el futuro
porque yo lo diseñé, yo lo determiné, yo lo decreté, es lo que yo quiero. Es mi consejo y por eso entonces
él nos muestra que él ha ordenado todo lo que ocurre en toda la
historia. Da un ejemplo en versículo 11
cuando habla del rey que iba a venir en juicio contra Israel. Dice que llamo desde el oriente
al ave y de la tierra lejana al varón. De mi consejo, yo hablaré,
lo haré venir, lo he pensado y también lo haré. Está hablando
del rey que iba a venir en juicio. Pero mira lo que dice en 12 y
13. Oídme, duros de corazón, hombres
rebeldes que no hacen caso de lo que yo digo. Oídme, duros
de corazón, que estáis lejos de la justicia. Haré que se acerque mi justicia,
no se alejará, y mi salvación no se detendrá, y pondré salvación
en Sion y mi gloria en Israel. Aquí Él está incluyendo aún la
salvación de almas bajo su soberanía. Cuando ellos están duros de corazón
y lejos de justicia, dice el Señor, no lo merecen y ni lo
quieren, no lo están buscando, están duros de corazón. Pero
haré que se acerque mi salvación, mi gloria en Israel. El Señor
nos muestra aquí que La salvación es por gracia soberana. Dios
muestra en pecadores indignos, muestra su gracia, su misericordia. La salvación de Israel fue así
y la salvación de cada uno de nosotros fue así. Éramos duros
de corazón también e indignos. Pero Él, de acuerdo con Su soberana
voluntad, hace que se acerque Su justicia salvadora. Su salvación
no se detiene. Su gloria se manifiesta. Y eso es la única esperanza de
salvación para cada uno de nosotros. Y eso es lo que el Señor muestra
ahí en Isaías 46. Y eso es lo que el Señor muestra
aquí en Ezequiel 36. Y si lo hago por la gloria de
mi nombre, no lo merecen ni lo quieren. Pero voy a glorificar
a mi nombre y les voy a hacer bien. Vamos a volver a Ezequiel
y ver lo que el Señor enseña. En qué condición encontramos
a estas personas que van a nacer
de nuevo? En qué condición? Si leemos en 25, Esparceréis
sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias. inmundicias, palabra clave. Y
de todos vuestros ídolos. Otra vez, palabra clave. En versículo 26, la segunda mitad
del versículo dice, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra. Otra vez, palabra clave. ¿Qué
era la condición natural de esas personas que el Señor va a salvar
soberanamente por su gracia? Inmundicias. Todo hombre nace pecador. Vive en inmundicia. Lo que ama
ese corazón depravado es inmundicia, dice el Señor. O tal vez para
nosotros la vida, el pecado que nos gusta tanto nos parece muy
dulce, nos parece muy rica, nos parece muy agradable. Y cuando Dios lo ve, para Él
es algo sucio. Así es pervertida nuestro discernimiento. Lo que nos parece agradable a
Dios parece inmundicia. Así vive el hombre perdido. Y dice que el Señor los va a
limpiar de sus ídolos, de su idolatría. Ellos habían sustituido
dioses falsos en lugar del Dios glorioso, el Dios creador, el
Dios santo, el Dios quien hizo toda la creación,
el Dios que nos sostiene todos los días. ¿Habían escogido dioses
hechos por sus manos? Isaías describe y otros profetas,
también Jeremías, yo creo, describen mucho como el hombre corta un
árbol. y parte la madera, con la mitad
de la madera él hace su comida, él quema la madera, él quema
el árbol y hace su comida y come, limpia la boca y entonces da
vuelta y toma la otra pieza de madera y lo forma con una ancha
o una navaja y entonces él forma pues algo hecho de sus propias
manos y entonces se arrodilla. a la manera que él ha hecho con
sus propios manos y tal vez lo cubre con oro o con planta y
lo sube a un lugar sobre una mesita o algo allí en la casa
y pone flores y oro a la hora de sus manos. Que no oye. No habla. No tiene poder. Él mismo tuvo que hacerlo y él
mismo tuvo que ponerlo en su lugar. Y no es nada diferente
de la manera que usó para quemar y hacer su comida. No es Dios,
pero sustituyen a ídolos en lugar del Dios, quien creó todo y nos
sostiene todos los días y están a gustos. El Señor dice, así son, tienen
sus dioses falsos, viven amando las inmundicias y entonces describe
el corazón de esa persona, lo llama corazón de piedra. ¿Qué indica eso? Corazón de piedra. ¿Una piedra? ¿Tiene vida? Está muerto. No hay vida en una piedra. Resiste todo. Lo puedes mojar. Lo puedes golpear. Lo puedes
hablar. Y nada lo afecta. Resiste todo. Es insensible. No hace caso. Puedes rogar. Puedes hablarle bien. Puedes catarle. No responde. No tiene vida. Está muerto. Y es incapaz. Puedes pedir a esa piedra, ven,
pero no viene. Puedes decir a esa piedra, vete,
y no se va. Levántate, no se levanta, no
hace nada, porque es piedra. Y así, muerta, no tiene vida. El Señor dice que el pecador,
antes de nacer de nuevo, tiene ese clase de corazón. En Efesios,
en el Nuevo Testamento, Pablo describe ese corazón, Efesios
4, 18 y 19. Efesios 4, 18 y 19 dice, teniendo el entendimiento entenebrecido,
está hablando del hombre perdido. Entendimiento entenebrecido,
ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay,
por la dureza de su corazón. dureza de su corazón, los cuales,
después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para
cometer con avidez toda clase de impureza. Así describe Pablo,
sin sensibilidad, lascivia, impureza, dureza de corazón, ignorantes,
entenebrecidos. Así es el corazón que no ha nacido
de nuevo. Pero a estas personas el Señor
envía su evangelio hoy en día. Amigo mío, si tú no has sido
salvo por la gracia, el Señor aquí, así con estas palabras,
describe tu corazón ahora. Estás en una triste condición. Y si Dios no tiene misericordia
de ti, no tienes esperanza. Así era Israel en su tiempo y
así es todo pecador hoy en día. Condición de depravación, corazón
de piedra, inmundicia, ídolos. Pero el Señor dice voy a hacer
algo por la gloria de mi nombre. Voy a demostrar mi amor. Mi gracia,
mi misericordia. Y dice yo voy a hacerlo, aunque
no lo merecen. En 25. El señor dice esparcir
sobre vosotros agua limpia y seréis limpiados. Tenemos que recordar
que aquí estamos leyendo en el pacto antiguo, ¿verdad? El rociar con agua, esparcir
agua limpia, eso fue parte de las, pues, algo ceremonial, una
forma ceremonial que ellos tenían en el pacto antiguo. Eso fue
sombra de una realidad. Fue sombra de salvación y la
obra de Cristo que limpia nuestros corazones. Entonces no está diciendo
que voy a esparcir agua literalmente sobre Vosotros, el Señor no está
diciendo eso, está hablando en forma de las sombras de la ley
del Antiguo Testamento para mostrar la realidad que Él va a producir
en sus corazones. Cuando Él dice, esparciré, Agua
limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias, y
de todos vuestros ídolos os limpiaré. Está hablando de la obra de gracia
en nosotros, que limpia nuestros corazones de todos los pecados. Eso es el milagro de la salvación. El Señor limpia, el Señor lava,
el Señor borra, el Señor quita todos nuestros pecados y estamos
sin mancha por su obra de gracia en nosotros. No deben equivocarse pensando,
ah, pues él está hablando aquí del bautismo, ¿verdad? Es para
hacer eso, y vosotros agua limpia y seréis limpiados. Entonces
eso es el bautismo. El Señor, cuando somos rociados
con agua por el sacerdote, somos salvos. No, el Señor no está
hablando de eso. Eso fue quién sabe cuántos cientos
de años antes de la venida del Señor Jesucristo. Él estaba hablando
de algo que él hacía en ese mismo día. Pues el bautismo no existía
en aquel día. Está hablando de otra cosa. Lavar, limpiar el corazón por
su gracia. ¿Qué es el agua que limpia el
corazón? ¿Qué es el instrumento? Sabemos
que la gente que lava nuestros corazones es la sangre de Cristo.
El libro de Hebreos es muy claro en eso, pero ni a eso refiere
esto. Cuando habla del agua que limpia,
está hablando cómo el Señor nos limpia para darnos vida. ¿Qué usa el Señor? ¿Qué es el
agua espiritual que limpia nuestros corazones? Pues lo encontramos
explicado en Efesios, Efesios 5, 26 y 27, Efesios 5, 26 y 27. Aquí en Ezequiel, él nada
más dice que lo va a hacer y va a ser agua limpia, hablando de
la sombra. ¿Pero qué es la realidad? Pues
el Nuevo Testamento nos explica. Así es lo mismo en el tiempo
del Antiguo Testamento, aunque no lo había explicado. Pablo
lo explica aquí en Efesios 5, 25 y 26. Dice, maridos, Amad a vuestras mujeres, sus
esposas. Así como Cristo amó a la iglesia
y se entregó a sí mismo por ella. Cristo dio su vida para salvar
a su pueblo. Su esposa, la iglesia, entregó
a sí mismo por ella. 26 entonces dice, para santificarla. Eso es, apartarla, separarla
para sí mismo únicamente, habiéndola purificado en el lavamiento del
agua por la palabra. La palabra de Dios es el agua
espiritual que nos lava y nos purifica. La palabra de Dios
es el instrumento que Dios usa en nuestra vida. Entonces, por
eso predicamos la Biblia y testificamos la Biblia y compartimos folletos
con la Biblia y hablamos siempre la palabra del Señor, porque
la palabra del Señor es el instrumento que Él usa para tocar corazones
y limpiarnos. El Señor envía su palabra siempre
a los suyos. y los suyos, por la gracia de
Dios obrando en ellos, oyen su palabra y sienten el afecto que
purifica su corazón. En Santiago, Santiago 1.18, la palabra dice,
Él de su voluntad, no de nuestra
voluntad, sino de su voluntad, voluntad soberana. Como ya hemos
afirmado, el de su voluntad nos hizo nacer. Eso es el nuevo nacimiento. Y qué fue el instrumento? Nos
hizo nacer por la palabra de verdad. Nos hizo nacer por la
palabra de verdad. Estos versículos están hablando
de nacer, nacer de nuevo, ser regenerados. Nos hace nacer por
la palabra. Nos limpa, limpia con agua pura. Nos lava por la palabra de verdad. Entonces el Señor dice, esparciré
sobre vosotros agua limpia y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias
y de todos vuestros ídolos, os limpiaré. Es por la palabra,
eso es el instrumento y el efecto es maravilloso. Somos limpiados
de toda la culpa, de todos los pecados, inmundicias, ídolos. Y entonces Él explica, El cambio, el cambio en el corazón
en versículo 26. Os daré. Corazón nuevo. Pondré espíritu nuevo dentro
de vosotros y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y
os daré corazón de carne. Gloria a Dios, os daré corazón
nuevo, pondré espíritu nuevo dentro de vosotros. Eso es lo
que necesitamos. Recordamos el corazón de piedra
que él va a quitar, que resistía todo, insensible, muerto, incapaz. Dios va a quitar ese corazón
y nos da en el nuevo nacimiento corazón nuevo. Dice, os daré
corazón de carne. Un corazón de carne es un corazón
que vive, tiene vida. Es un corazón que se siente.
Es un corazón sensible al toque del Señor. No de piedra, muerto
y resistente. Incapaz, pero un corazón que
vive y que siente, que palpita. Hablando espiritualmente, un
cambio de corazón total. Gloria a Dios. Gracias a Dios. Jesús habló a Nicodemo, no vamos
a leer en Juan 3, pero habló a Nicodemo, dice que para Ver
el reino de Dios para entrar en el reino de Dios tiene que
nacer de nuevo. Ya con la vida de este corazón nuevo
vemos el reino de Dios. Entramos en el reino de Dios.
Hemos nacido de nuevo. Pablo habló de esta obra en Hechos
16. Es Lucas que escribe. Hechos
16-14 cuando Pablo está en Filipos y sale a predicar el evangelio junto al río en Hechos 16-14
dice entonces una mujer llamada Lidia vendedora de púrpura de
la ciudad de Tiarira que adoraba a Dios y estaba oyendo. Ella
oía la predicación de la palabra, el instrumento que Dios usa.
Entonces, cuando ella oyó la predicación de la palabra, dice,
el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta
a lo que Pablo decía. Eso es la obra soberana de Dios. Abrió el corazón de ella cuando
escuchaba la palabra. Vemos el instrumento. Vemos la
obra del Espíritu. Él abre su corazón. Eso es el cambio en el corazón. Cuando antes no oía, era mujer
religiosa. Pero no vivía. Pero el señor abrió su corazón
y ocurrió el gran cambio en su vida. Pablo lo escribe en otra
manera en segundo Corintios 4 6. Segundo Corintios capítulo 4
el versículo 6. Porque Dios. que mandó que de las tinieblas
resplandeciese la luz, es Él que resplandeció en nuestros
corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de
Dios en la faz de Jesucristo. Eso es el momento de regeneración,
el nuevo nacimiento que hace Dios. Hace resplandecer la luz
en nuestros corazones. Ese corazón de piedra no veía
nada, pero Dios en el milagro del nuevo nacimiento nos cambia,
nos transforma y entonces abre nuestros oídos para abrir nuestro
corazón y los oídos y recibimos el Evangelio y entonces dice
que Él resplandeció en nuestros corazones hizo entrar la luz
en nuestros corazones. Eso es nacer de nuevo. También Hechos 15, 9. Si conectamos dos ideas aquí. Hechos 15, 9. Aquí está hablando
Pedro acerca de la salvación de los gentiles allí de Cornelio
y otros. Y dice ninguna diferencia hizo
entre nosotros. No. Ninguna diferencia hizo entre
nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones, purificando
por la fe sus corazones. Su corazón fue purificado. Y
aquí dice por la fe. Y me imagino que ustedes recuerdan
Romanos 10, 17, donde dice que la fe viene porque el oír la
palabra. Otra vez la fe o la palabra produce
fe que limpia el corazón. El cambio de la regeneración. Dios abre el corazón para recibir
la palabra, resplandece la luz en el corazón, nos da fe y así
nos purifica. Juan 5, quiero leer el 524. Jesús está hablando de la salvación. Juan 524, Jesús dice, de cierto,
de cierto, os digo, el que oye mi palabra, ahí vemos la importancia,
el instrumento, la palabra. El que oye mi palabra. ¿Y por
qué vamos a oír? Pues eso es la gracia de Dios
obrando el nuevo nacimiento en nosotros, ¿verdad? Y el que oye
mi palabra, cree al que me envió, tiene vida eterna. Y no vendrá a condenación, mas
ha pasado de muerte a vida. Ya no tenemos ese corazón de
piedra, sino corazón de carne, corazón viva. ¿Por qué? Porque oye la palabra. Dios esparce
la palabra, Dios derrama la palabra y hace el cambio en nosotros. Y cuando ha hecho ese cambio,
hay vida eterna. Eso es el cambio de la regeneración. Limpios, vivos. Y además de eso, vemos otra vez en el versículo 27, 36-27. No
solamente limpian nuestros pecados y no solamente da corazón nuevo,
sino también 27 dice, y pondré dentro de vosotros mi espíritu. nos da un nuevo compañero. ¿Qué es el nuevo compañero? El Espíritu Santo. El Espíritu Santo
entra en nosotros, more en nosotros y nos transforma. Cuando Él nos salva, cuando Él
nos regenera, cuando nos limpia, nos da corazón viva, corazón
nuevo, también nos da el Espíritu. Recuerdo en Juan 6, otra vez,
lo que enseñó el Señor Jesucristo, Juan 6, 63, dijo, el Espíritu
es el que da vida. Es imposible separar la presencia
del Espíritu y el nuevo nacimiento. Es lo que enseñó Jesús en Juan
3, ¿verdad? Y es lo que el Señor enseña aquí
en Ezequiel. El Espíritu es el que da vida. La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son Espíritu y son vida. Hay vida donde está la presencia
del Espíritu. Nos vivifica. Todo salvo lo tiene. Romanos 8, 9 dice, el que no
tiene el Espíritu no es hijo de Dios. Toda persona que ha nacido de
nuevo tiene el Espíritu Santo, y ese Espíritu nos vivifica,
nos da vida. Y entonces, cuando Él está presente,
Él efectúa, hace un cambio en nosotros. Porque la segunda mitad
del versículo dice, Haré, cuando está presente el Espíritu, Haré
que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los
pongáis por obra. Eso es efecto del nuevo nacimiento. Ahora tenemos el Espíritu que
nos guía. Todo nos es hecho nuevo. Cuando el Espíritu nos guía,
nos guía en el camino de la verdad. Aquí en el Antiguo Testamento,
en el Antiguo Pacto, dijo, Andaréis en mis estatutos, mis preceptos,
y los pongáis por obra, y iban a caminar conforme a la ley de
Moisés. En el Nuevo Testamento no nos
conformamos a la ley de Moisés, sino toda la enseñanza del Nuevo
Testamento. Pero de todos modos, nuestro
deseo, nuestro anhelo, nuestro amor, es obedecer al Señor y
hacer todos sus preceptos, sus estatutos, ponerlos por obra. El que ha nacido de nuevo quiere
obedecer. Y si lo hace, no lo hace perfectamente,
pero ama la voluntad del Señor. Quiero leer Salmo 40, versículo
8. Yo creo que estas palabras se
aplican al Señor Jesucristo, son muy proféticos del Señor
Jesús. y se aplican a él primero. Y dice en Salmo 40, versículo
8, pues el libro de Hebreos cita esos versículos, hablando del
Señor Jesucristo, y dice en Salmo 40, versículo 8, el hacer tu
voluntad, tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón. Eso es el carácter del
Señor Jesucristo. ¿Verdad que sí? Hacer la voluntad
de Dios es lo que le agrada. Su ley está en su corazón. El domingo pasado tuvimos un
mensaje acerca de ser conformados o antepasado, de ser conformados
a la imagen del Señor Jesucristo. Eso es el efecto de haber sido
salvos. Eso es lo que Dios ha predestinado
para todos los hijos suyos, tener la imagen del Señor Jesucristo
en sí mismos. Entonces, si eso es el carácter
del Señor, Es el carácter que el Señor está produciendo en
cada uno de nosotros. Nos agrada hacer su voluntad. Su ley está en nuestro corazón. Eso es el efecto de la gracia. De la regeneración, el nuevo
nacimiento. Dios dice no lo hago por causa
de vosotros. No lo merecen ni lo han pedido. Pero lo hago por la gloria de
mi nombre. Voy a mostrar mi gracia, mi misericordia. mi bondad y en pecadores indignos,
indignos, voy a hacer un cambio, una transformación que es glorioso. Y eso es la única razón que cualquier
pecador se arrepienta, tiene fe en Cristo. Es la gracia de
Dios obrando en él. ¿Ha sido regenerado? ¿Ha nacido de nuevo? Yo sé que
la mayoría, la gran mayoría de nosotros diríamos que sí. Pues
si es que sí, entonces alabamos a Dios por su gracia soberana. Gracias Señor que me salvaste
cuando yo ni tenía el deseo. Pero tal vez el espíritu está
tocando el corazón de algunos que no han nacido de nuevo todavía
y se siente que necesita ser regenerado. Se necesita nacer de nuevo. Pues
ese pasaje nos muestra que estás dependiente solamente en su gracia
soberana. La única cosa que puede hacer
es ir a Jesús. apelar a su misericordia. Sabemos
que Él es Dios misericordioso. ¿Le agrada salvar a pecadores? Si tú vas a Jesús. Si vienes a Jesús y acudas a
Jesús con un corazón arrepentido, arrepentido, contrito y humillado,
confiando en Él y su gracia y su obra salvadora, serás salvo. Eso es la promesa de Jesús mismo. Todo lo que el Padre me da vendrá
a mí y al que a mí viene, no le echo fuera. Si tienes ese deseo, Es porque
Dios está obrando en tu corazón. Ven a Cristo. Y Jesús dice, todo
aquel que a mí viene, sí, que viene con el corazón arrepentido,
con fe, no le echo fuera. Eso es la promesa de Dios. Y eso es el propósito eterno
de Dios, salvar a pecadores así.
Os daré un corazón nuevo
20 de octubre de 2024
Iglesia Bautista Todo Por Gracia
1139 SW 48th St
Oklahoma City, Oklahoma 73109
Nos reunimos en un salón prestado de la Sunnyside Baptist Church.
| Sermon ID | 714251737575131 |
| Duration | 48:41 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Ezekiel 36:25-27 |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.