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Muy bien mis hermanos, entonces
busquemos, si todavía no lo hemos buscado, éxodo 20. Vamos a leer este capítulo completo,
preste atención. El tema del mensaje esta mañana,
la reacción del pueblo luego de recibir la ley moral. La reacción del pueblo luego
de recibir la ley moral. Éxodo 20. Entonces Dios habló
todas estas palabras diciendo, yo soy el Señor tu Dios que te
saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. No
tendrás otros dioses delante de mí. No te harás ningún ídolo
ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo
en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás
ni los servirás. Porque yo, el Señor tu Dios,
soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre
los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos. No tomarás el nombre del Señor
tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que
tome su nombre en vano. Acuérdate del día de reposo para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás
toda tu obra, pero el séptimo día es día de reposo para el
Señor tu Dios. No harás en él trabajo alguno,
tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu
ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis
días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo
que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. Por tanto, el
Señor bendijo el día de reposo y lo santificó. Honra a tu padre
y a tu madre para que tus días sean prolongados en la tierra
que el Señor tu Dios te da. No matarás, no cometerás adulterio,
no hurtarás, no darás falso testimonio contra tu prójimo. no codiciarás
la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su
siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de
tu prójimo. Esa es la ley moral que Dios
le ha dado al pueblo de toda época, comenzando con Israel,
el Israel étnico, pero siguiendo también como para nosotros, como
esta nación espiritual, como la Iglesia del Nuevo Testamento.
Ahora, ¿cómo debe de reaccionar el pueblo luego de recibir la
ley moral? Vamos a ver cómo reaccionó Israel
a partir del verso 18. Todo el pueblo percibía los truenos
y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte que humeaba. Cuando el pueblo vio aquello,
temblaron y se mantuvieron a distancia. Entonces dijeron a Moisés, habla
tú con nosotros y escucharemos, pero que no hable Dios con nosotros,
no sea que muramos. Moisés respondió al pueblo, no
teman porque Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que
su temor permanezca en ustedes y para que no pequen. El pueblo
se mantuvo a distancia mientras Moisés se acercaba a la densa
nube donde estaba Dios. Entonces el Señor dijo a Moisés,
así dirás a los israelitas, ustedes han visto que les he hablado
desde el cielo, no harán junto a mí dioses de plata ni dioses
de oro, no se los harán. Harás un altar de piedra para
mí y sobre él sacrificarás tus holocaustos y tus ofrendas de
paz, tus ovejas y tus bueyes. En todo lugar donde yo haga recordar
mi nombre, vendrá a ti, vendré a ti, y te bendeciré. Si me haces un altar de piedra,
no los, no lo construirás de piedras labradas, porque si alzas
tu cincel sobre él, lo profanarás, y no subirás por gradas a mi
altar para que tu desnudez no se descubra sobre él. pueden sentarse mis hermanos
mis hermanos aquí nosotros tenemos un hecho cierto, un hecho histórico
que debe de llevarnos a nosotros a considerar y meditar en él. Porque nosotros hemos hablado
en otras ocasiones, hemos dicho en otras ocasiones cómo Dios
de manera especial pues nos ha dado esta parte de la ley como
algo que tiene vigencia para todas las épocas. Es decir, no
es algo que nosotros tenemos como que fue dado para la Nación
de Israel y como hecho ya no tiene vigencia para
nosotros. Hay algunos incluso evangélicos
que dicen, ah bueno, la ley fue dada para el pueblo de Israel
pero ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. Y es cierto,
tiene razón en esta parte, mis hermanos, que es cierto, pues
la ley no fue dada sencillamente para que nosotros tratásemos
de vivir conforme a ella, pero lo que es cierto, que no podemos
dejar de lado, es que la ley como tal, la parte moral de la
ley, tiene principios prácticos para nuestras vidas, incluso
luego de haber venido Cristo. Y por esa razón yo he querido
compartirles una vez más estos 10 mandamientos que nosotros
hemos visto por 10 semanas. Un mandamiento en cada semana. Un mandamiento en cada semana.
hasta ahora nosotros hemos visto estos 10 mandamientos pero son
sólo una parte de la ley pero es la parte más importante porque
así como nosotros tenemos un espejo en el cuarto de baño o
usted tiene un espejo en otro lugar no necesariamente en el
baño usted tiene que luego antes de salir a la calle usted tiene
que verse en ese espejo generalmente pudiera darse el caso que se
ve que alguien no se mire al espejo y salga a la calle así
pero generalmente la mayoría de la gente los que son normales
tienen la tendencia a mirarse en el espejo entonces así como
usted se ve en el espejo si hay algo que no esté bien o usted
trata de ir al lavamano, al baño, al lugar donde guarda sus cepillos
para tratar de arreglarse, para quitar cualquier imperfección
que pueda ser quitada de usted. y salir a la calle. Entonces,
mis hermanos, hay un himno precioso, que lamentablemente no encontré
en este himnario presbiteriano, solo a Dios y la gloria, que
quizás en otra ocasión podamos cantar, o quizás esté ahí y no
lo encontré como me lo sabía las letras, que dice, hay un
precioso manantial de sangre de Emmanuel, que purifica cada
cual que se sumerge en él. ¿Ustedes lo han oído? lo que
tiene más de años en los caminos del Señor, lo han oído, ese ese
manantial, ese a través del cual nosotros debemos de acudir constantemente
para ser purificados de nuestras maldades, de nuestros pecados.
Así como usted no sale a la calle sin primero verse al espejo y
ver cualquier imperfección que haya de usted en ese espejo,
así también nosotros tenemos que acudir constantemente al
Señor a la luz de su palabra, para examinarnos, para ver en
qué estamos andando bien o no. Y precisamente esta primera parte
de la ley que fue dada a Israel, en que contiene los diez mandamientos,
vienen a constituir ese código moral para los creyentes de todas
las épocas. En primera instancia Dios le
dice a Israel, porque esto fue lo que hemos visto hasta ahora
en Éxodo, que Dios lo había sacado de la tierra de Egipto, lo había
sacado de la casa de servidumbre. Entonces, en base a eso que Dios
había hecho con Israel, en base a eso Dios quería darle su ley,
quería darle el medio a través del cual Israel iba a mostrar
ese agradecimiento por lo que el Señor había hecho, pero también
el Señor nos ha librado del poder del pecado, también el Señor
nos ha traído a salvación, también el Señor nos ha traído a novedad
de vida, quizás no físicamente como ocurrió con el pueblo de
Israel, pero sí espiritualmente hablando, sí emocionalmente hablando,
y por lo tanto, luego de habernos libertado del poder del pecado,
luego de haber hecho de nosotros una nueva criatura, el Señor
se merece, diría yo, se merece que nosotros podamos honrar Su
nombre viviendo acorde a esa ley moral que Él nos ha dado,
que está contenida en estos diez mandamientos. Hay una nueva moralidad
que existe en el mundo, que hay muchos creyentes que pudieran
sentirse tentados a seguir esta nueva moralidad, que de nueva
no tiene nada, porque es una moralidad, falsa moralidad, permítame
decirle, una falsa moralidad que fue dada en el huerto del
Edén. ¿Cuál es esa falsa moralidad,
esa nueva moralidad que supuestamente es nueva pero que es vieja porque
data desde el huerto del Edén? Es ese concepto que le dice al
hombre, tú puedes hacer lo que tú quieras, tú puedes andar como
tú quieras, tú puedes hacer lo que tú quieras, siempre y cuando
no le hagas mal a tu prójimo. Eso es falso, mis hermanos, eso
es falso. Tú puedes, tú tienes la capacidad
en ti de hacer y deshacer. No, mis hermanos, eso es falso. Dios nos ha dado. esta ley como
ese estándar de vida. Dios nos ha dado esta ley como
ese medio a través del cual debemos de examinarnos. Yo no soy libre
de hacer lo que yo quiera. El mundo puede decirlo, el mundo
puede proclamarlo, pero usted como cristiano no debe, no puede
seguir la corriente del mundo. Nosotros somos pecadores, somos
personas que por naturaleza desobedecemos A Dios, por naturaleza, cuando
venimos a los pies del Señor, entonces el Señor hace de nosotros
nuevas criaturas. Ya existe, a partir de ese momento,
esa capacidad humana de poder vivir conforme a los diez mandamientos,
con la ayuda y dirección del Espíritu Santo. Entonces si usted
dice que usted es cristiano pero que usted va a seguir viviendo
en pecado, que usted es cristiano pero que usted va a seguir violando
los 10 mandamientos como a usted le parezca, pues permítame decirle
que lamentablemente usted se está engañando a usted mismo
y usted no es cristiano. ¿Por qué? Porque cuando una persona
realmente es salvada, esa persona con esa nueva naturaleza, con
esa nueva creación que habita en su ser interno, desea agradar
a Dios, anhela ser la voluntad de Dios, y esa voluntad de Dios
es revelada a grandes rasgos en los 10 mandamientos. Por eso yo creo que todo predicador
de la gracia de Dios debe de tener el debido respeto y reverencia
única para con la ley de Dios. Como dijo el salmista en el Salmo
119, 97. Cuanto amo tu ley, todo el día es ella. mi meditación. Esa debe de ser
nuestro cántico, nuestra entonación, nuestras palabras. Cuanto amo
tu ley. ¿Qué es la ley de Dios? La ley
es la expresión, si pudiera caber estas palabras, y perdone si
de alguna forma lo digo incorrecto, si pudiera caber estas palabras,
la ley es la expresión de la mente de Dios con relación a
lo que el hombre debe de ser. Es la expresión de la mente de
Dios con respecto a lo que el hombre debe de ser. La ley es
una expresión de la santa voluntad de Dios. ¿Cómo debe de andar
el hombre? Sigue estos mandamientos. La
ley de Dios es perfecta, que restaura el alma. La ley de Dios
es seguro, que hace sabio al sencillo. Eso no lo digo yo,
eso lo dice el Salmo 19, 7, con mis propias palabras. Entonces
esa ley requiere la perfección de parte de cada persona que
se someta a ella. Pero lamentablemente en esta
tierra no hay ningún hombre cuya conducta haya
sido igual a la norma de Dios. No lo hay en esta tierra. Es
decir, que la ley de Dios no es simplemente un deseo, no es
una noción vaga, sino es algo que debe de ser cumplido y el
hombre al no poder cumplirlo necesita de un poder sobrenatural
para lograrlo. Ese poder sobrenatural comienza
cuando el hombre nace de nuevo, cuando Dios hace nacer de nuevo
ese ser interno. Y en segundo lugar, es sellado
Ese ser interno es sellado como propiedad de Dios, ese ser interno
viene a ser morada del Espíritu Santo. Por esa razón solamente
el creyente, el que ha nacido de nuevo, puede ajustar sus caminos,
no de manera perfecta, pero puede hacerlo, ajustar sus caminos
a los pasos que Dios ha establecido en su ley. Es posible hacerlo. Si usted es creyente, si usted
ha nacido de nuevo, si usted tiene la morada del Espíritu
Santo, morando en usted valga la redundancia, usted puede seguir,
no de manera perfecta, los caminos de Dios acorde a esa ley que
él ha revelado en su palabra. Cuando nosotros nos vamos a la
ley, nosotros encontramos algunas cosas que son comunes a las naciones
civilizadas, a las leyes de las naciones civilizadas. Algunas
cosas son comunes, como por ejemplo, el robar, el no robar, el no
matar, el honrar a los padres, el no adulterar, para darle un
ejemplo, el descansar, el descanso, semanal incluso. Y usted dirá,
¿por qué esa nación tiene esto? Porque es bueno, pero ¿quién
ha dicho que eso es bueno? Porque no es bueno robar, pero
¿quién ha dicho que no es bueno robar? Porque no es bueno matar. Pero ¿quién ha dicho que no es
bueno matar? ¿Dónde está el estándar que me
dice a mí que no es bueno matar, que no es bueno robar, que yo
debo de ser fiel a mi esposa? ¿Dónde está el estándar? ¿Quién
puso ese estándar? ¿El político? Pero el político
es el que es más ladrón, por lo menos en nuestro contexto
latinoamericano. ¿El líder de una nación? ¿En
serio? ¿Tendrá él la capacidad moral
para hacerlo? ¿Para decir, esto no se debe
de hacer? Mis hermanos, el único estándar que nosotros podemos
asumir como verdadero y cierto, ese es el estándar de la palabra
de Dios. No hay otro estándar. Entonces,
yo no robo No porque me ha puesto un estándar la sociedad, sino
porque Dios me ha dado ese estándar de vida. Yo no mato, no porque
la sociedad me lo ha impuesto, sino porque Dios me ha impuesto
ese estándar de vida. Y es bien sabido por todos nosotros,
mis hermanos, que en estos tiempos Lo que hace más falta en nuestra
sociedad es esa confianza, demostrarle a otros o creer a otros que esas
personas se ajustan a ese estándar. ¿Por qué? Porque sencillamente
el hombre que no conoce a Dios no puede ajustarse a ese estándar
de vida. Le es imposible Quizás hace algunas
décadas atrás, cuando la palabra empeñada con los labios de la
persona tenía gran peso, una gente podía hacer un contrato
de manera verbal. podría decir mira yo te vendo
a ti esa tierra y ya era un hecho de que esa tierra fue vendida
sin nada de por medio en nuestros tiempos cuando nosotros vamos
a adquirir alguna posesión cuando vamos a adquirir un préstamo
en el banco tenemos que llenar como 15 hojas ¿por qué? porque ese estándar se ha perdido
en la misma medida en que el estándar de vida acorde a la
palabra se ha dejado de lado Entonces el robar, el mentir,
el cometer adulterio se ha puesto algo común porque ya el hombre
ha visto que el estándar que trata de poner en la sociedad
los que lo han tratado de imponer ellos mismos no pueden cumplirlo. Pero nosotros como creyentes
somos llamados a entender que el estándar que Dios nos ha dado
está por encima de toda ley humana. Y por lo tanto, yo no robo, yo
no miento, yo no cometo adulterio, no porque se vea mal en la sociedad,
sino porque Dios ha dicho en este estándar que eso es malo. Que eso es malo. El Señor nos invita entonces
a tomar en gran estima estos mandamientos que hemos visto
en todas estas semanas pasadas. y valorarlo para vivir conforme
a estos mandatos. Porque esta ley revela quién
es Dios. Esta ley revela cuán vasto es
el vacío entre Dios y el hombre. Esta ley revela lo difícil y
pesado que es para el hombre que no conoce a Dios ajustarse
a estos mandamientos. Pero esta ley también nos revela
que nosotros, para cumplir con estos mandatos, no estamos solos. No estamos solos, tenemos al
Espíritu Santo. Se nos ha dado el Espíritu Santo
y se nos ha dado una nueva alma. Se nos ha dado un nuevo corazón.
Por esa razón, si usted quiere ver un cambio en esta sociedad,
ese cambio tiene que comenzar de adentro hacia afuera. De nada
sirven restricciones, de nada sirve mayor patrullaje, como
hemos visto. Hasta que no comience a haber
un cambio en el corazón del hombre, no podremos ver un cambio en
la sociedad. Por eso es tan importante que
nosotros como creyentes oremos al Señor para ajustarnos a ese
estándar, que cada día que nos levantemos podamos vernos a la
luz de ese estándar, ese espejo simbólico que es el estándar
de Dios, de nosotros, de cómo debemos de vivir en la sociedad.
Cada día ir a Él, cada día examinarnos y ver dónde están nuestras imperfecciones. Y en segundo lugar, Debe de ser
una carga de cada creyente el hecho de que estas verdades del
Evangelio sean proclamadas a los que nos rodean. Porque la palabra
de Dios nos ha dicho que la fe viene por el oír, el oír la palabra
de Dios. Tenemos que presentar el Evangelio,
queremos ver cambio en la sociedad. ¿Usted quiere ver un cambio en
República Dominicana? Comience a proclamar el Evangelio. Comience a dar testimonio de
lo que el Señor ha hecho en su vida. Comience a mostrar la diferencia. La ley es ese espejo que le muestra
al inconverso y nos muestra a nosotros también nuestra condición pecaminosa. Nos muestra esa necesidad de
Cristo, esa necesidad de ayuda Esa necesidad de ayuda porque
no podemos lograrlo por nuestras propias fuerzas. No tenemos la
capacidad con nuestras propias fuerzas de lograr este alto estándar
de vida. Pero el Señor nos ha dado su
Espíritu Santo. Él nos guía a toda verdad. Esa ley fue dada. al pueblo de
Israel para que ellos se vieran allí, para que ellos contemplaran
su condición, sus imperfecciones, su condición pecaminosa y así
acudieran en búsqueda de auxilio. ¿Qué hace usted con la ley? ¿Qué
hace usted con la ley? Quizás dice, ah, bueno, esto
sí se aplica a este fulano que está aquí al lado. a éste que
es un borracho, a éste que es un infiel, a éste que habla tantas
porquerías con sus labios, o en primera instancia usted dice,
no, esto es para mí. ¿Dónde yo he fallado? ¿Dónde
están mis graves errores en mi día a día? ¿Dónde yo necesito
ser transformado? ¿Qué parte de mi área, de mi
vida, qué área en mi vida necesita ser trabajada? ¿Qué área en mi
vida yo necesito ser afirmado y acudir constantemente al Señor
suplicando su gracia para ser conformado, conformada esa vida
a la imagen y semejanza de nuestro Señor y Salvador Jesucristo?
¿Qué vamos nosotros a hacer luego de haber visto estos diez mandamientos?
¿Cómo debe esto de cambiar mi vida cuando yo salgo a la calle? miren mis hermanos si usted va
conmigo al verso 18 de éxodo hasta el verso 21 luego que el señor le da al pueblo
de israel los mandamientos Mire lo que dice, puede leerlo conmigo.
Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la
trompeta y el monte que humeaba. Cuando el pueblo vio aquello,
temblaron y se mantuvieron a distancia. Entonces dijeron a Moisés, ¿cómo
dijeron a Moisés? Habla tú con nosotros y escucharemos,
pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos. Moisés respondió
al pueblo, no teman, porque Dios ha venido para ponerlos a prueba
y para que su temor permanezca en ustedes y para que no pequen. El pueblo se mantuvo a distancia
mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde estaba Dios.
Después que el Señor dio los diez mandamientos, aquí hubo
otra manifestación vívida de truenos y relámpagos, humo, fuego,
el sonido de la trompeta sobre el monte Sinaí. Y por esa manifestación
aterradora de poder, el pueblo tembló, el pueblo tuvo miedo,
el pueblo le suplicó a Moisés que hablara con Dios de parte
de ellos. Y Moisés le asegura al pueblo que
Dios se había manifestado así para probarlo, para infundir
en él un auténtico temor de Dios. Porque ellos deberían de tener
un respeto muy elevado por Dios para que no desobedecieran sus
mandamientos. Muchas veces en nuestras vidas
nosotros no vamos a ver esos truenos, esos relámpagos, ese
monte humeando en nuestras vidas, pero van a llegar las pruebas
a nuestras vidas. Van a llegar las enfermedades
a nuestras vidas. Van a llegar las carencias a
nuestras vidas. Esos son momentos en los cuales
el Señor envía nuestras vidas para que nosotros nos acerquemos
a Él con un temor reverente. No lejos nos acerquemos a Él. nos acerquemos a él. Ahora, ¿cuál es nuestra actitud?
¿Actuamos como hizo el pueblo de Israel? ¿Se mantuvo de lejos? Ah, no, yo no quiero esto. ¡Habla
tú, Moisés! Pero si el Señor ya le había
dicho al principio que cuando escucharan el sonido de trompeta
era el momento para el pueblo acercarse. Pero el pueblo dijo,
no, no queremos esto. Muchas veces la actitud de algunos
que se hacen llamar creyentes es precisamente alejarse cuando
ven los juicios de Dios o las pruebas de Dios sobre su vida. Ellos olvidaron. ¿Qué olvidaron,
mis hermanos? Esa nube que había estado con
ellos durante el día. Ellos olvidaron esa columna de
fuego que había estado con ellos. ¿Cuándo? En las noches. se olvidaron de esto. Cuando oyeron la trompeta, el
sonido infundió miedo en sus corazones, pero ese no era el
objetivo de la trompeta. ¿Por qué digo yo que no es el
objetivo? Vaya conmigo a Éxodo 19, ahí mismo, cerquita. Éxodo 19. Verso 13, la última parte. Cuando sonara la trompeta, antes
de sonar la trompeta, el pueblo no podía acercarse al monte,
pero la última parte dice, bueno, vamos a leer el 13 completo,
dice, ninguna mano lo tocará, sino que morirá pedreado o aflechazos,
sea animal o sea hombre, no vivirá. Es decir, no podían acercarse
al monte, hasta ahí. Pero cuando sonara la trompeta,
¿qué debía de hacer el pueblo? Verso 13, ¿qué debía de hacer
el pueblo? La última línea. Cuando suene largamente las bocinas,
ellos subirán al monte. Es decir, cuando la trompeta
sonara, ellos tenían permiso de traspasar los linderos del
monte. ellos podían acercarse entonces
ese miedo que ellos mostraron aquí a partir del verso dieciocho
fue un miedo inapropiado en vez de responder a la invitación
de acercarse al monte ellos se quedaron en la distancia como
vemos en el verso diecinueve éxodo veinte diecinueve hermanos nosotros tenemos que
obedecer a la voz de dios Cuando el Señor nos habla de
hacer algo, no debe de provocar en nosotros ese miedo que nos
impida acercarnos a Dios. Y el pueblo de Israel no hizo
lo correcto en ese momento. Esas dudas, esos miedos que manifestó
el pueblo de Israel en estos versos, éxodo 20, 19 en adelante,
eran miedos y dudas inapropiadas, porque ya ellos habían escuchado
la voz de Dios y no habían muerto. Pero ellos estaban oyendo sin
escuchar. ¿Estamos nosotros oyendo la voz
de Dios cuando su palabra es predicada y no estamos prestando
atención? ¿Cuál es nuestra actitud, mis
hermanos? ¿Pensamos que esto está muy bonito pero cuando salimos
a la calle ya esto se nos olvidó? ¿Seguimos nuestra vida como si
nada hubiera ocurrido en nosotros? ¿Cuál es nuestra actitud? El Señor le dijo acérquense,
pero ellos tuvieron miedo porque no prestaron atención. ¿Está
usted prestando atención a la palabra del Señor? Por muy comprensible que fuera
este miedo que tenía el pueblo de Israel, fue un miedo inapropiado
en ese momento. Fue un miedo inapropiado. El
señor había dado la facilidad de que el pueblo se acercara.
Cuando oigan la trompeta, cuando oigan el sonido de la bocina,
van a acercarse. En unos minutos, mis hermanos,
cuando nosotros vengamos acá a celebrar lo que es el símbolo
del nuevo pacto, que es la Santa Cena, ¿cómo vamos a hacerlo? ¿Lo vamos a hacer con esa confianza
de que el Señor nos hace aceptos a su presencia por los méritos
de Cristo? ¿O lo vamos a hacer con miedo
y decir, no, no quiero participar de esto porque esto es algo demasiado
grandioso? Hay personas que no participan
de la cena del Señor ya luego de ser bautizado, que es la condición
previa, obvio. No participan de la cena del
Señor, lo hacen igualito como hizo el pueblo de Israel. Dios
le dice acérquense confiadamente. Cuando oigan la voz de la bocina,
el sonido de la bocina, acérquense, ¿verdad? Antes de eso no. El
Señor nos invita a acercarnos, a participar de esta celebración
examinándonos a nosotros mismos. viendo cuál es nuestra condición.
Y si tenemos algo en contra de algún hermano, si hay algo que
no está andando bien, debo de reconciliarme. Pero hay personas
que se dicen ser creyentes, que no participan del sacramento
como tal, porque saben que van a salir a la calle y no se van
a reconciliar. ¿Sería esto lo que le pasaba
al pueblo de Israel? Que quizás ellos sabían que si
Moisés iba a durar mucho allá arriba, se iban a desesperar
y le iban a pedir a Arón que hicieran un becerro de oro. Digo,
eso ya yo lo sé porque lo hemos leído en la historia. Es una
suposición mía. El señor acababa de establecer
su ley, la ley moral, y había venido a, como podemos decir,
a probar a su pueblo para ver si tenían el apropiado temor
reverencial respecto a él. El temor verdadero que los apartaría
de los pecados condenados por esta ley y los mantendría firmes
en la obediencia de sus mandamientos. Cuando Israel hizo un ídolo. Estaban quebrantando el mandamiento
que el Señor le acababa de dar. ¿Acaso el Señor no había dicho,
no te hagas imagen? ¿No lo había dicho el Señor en
estos mandamientos? Entonces el pueblo quiso mantenerse
alejado. ¿Sabe por qué? Porque no estaban
dispuestos a dejar de lado sus pecados. y sabían que delante de la presencia
del Señor con sus pecados no podrían permanecer de pie. No podrían permanecer de pie
delante de la presencia del Señor. ¿Cuál es nuestra actitud cuando
somos confrontados con estos mandamientos que el Señor nos
ha dado? ¿Cuál es nuestra actitud? En Éxodo 20, 21, si usted lo
puede leer conmigo, crea un escenario que no cambiará hasta Éxodo 24,
3. ¿Cuál es ese escenario? El de Moisés en el monte y en
la presencia del Señor para escuchar la voz de Dios. El pueblo podía haber participado de esta gracia, de estar allí,
pero lamentablemente ellos no quisieron participar de esto. Y el Señor se lo concedió probablemente
para juicio. Cuando el hombre no tiene en
cuenta a Dios, ¿qué Dios hace? los entrega, los deja para entonces Dios enviar juicio
oiga mis hermanos que Dios tenga misericordia de nosotros y no
nos dejan dar por caminos de pecado sin confesarlo, sin arrepentirnos
de él que el Señor nos cuide de eso porque si el Señor nos
deja mis hermanos es terrible lo que viene sobre esa persona
cuando Dios lo deja a su andanzas Pero siguiendo con la narrativa
de este capítulo 20, los versos 22 al 26, aquí nosotros vemos
ciertos principios que el pueblo debía seguir en su adoración
mientras estuviera en el desierto. Vuelve y repite el Señor, algo
que ya le has dado en los diez mandamientos. ¿Qué es lo que
el Señor le pide al pueblo? ¿Puede verlo conmigo? Verso 23. El Señor vuelve y repite que
no quiere que fabriquen ninguna imagen de Él de oro o plata. Vuelve y lo repite. Mire la importancia
que reviste el cuidarnos de hacer algún ídolo, ya sea un ídolo
físico o un ídolo mental, como vimos durante el sermón de este
mandamiento. Y luego el Señor le dice que
ellos deben de hacer un altar sencillo de tierra y piedras
sobre el que podían ofrecerle sus sacrificios. Ya nosotros
sabemos que esto no tiene validez para nosotros porque Cristo ha
sido ese sacrificio perfecto que murió como el Cordero que
quita el pecado del mundo, como le dijo Juan el Bautista cuando
lo vio, le dijo a sus discípulos, he ahí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. Ya no necesitamos esto, pero
hay algo muy importante que podemos extraer de este altar, de esta ordenanza que
el Señor le da. Mire conmigo, mire conmigo lo
que el Señor dice en el verso 24. al final. ¿Lo puede leer conmigo?
Al final. Se lo voy a leer completo para
que no se me pierda en el camino. Pero léalo, preste atención y
subraye lo que le voy a hacer énfasis ahora. Verso 24. Harás un altar de tierra para
mí y sobre él sacrificarás tus holocaustos y tus ofrendas de
paz, tus ovejas y tus bueyes. Ya sabemos que esto se cumplió,
¿verdad que sí? En Cristo Jesús. Ya no necesitamos ofrecer más
sacrificios. Ya no necesitamos ofrecer más sacrificios al Señor.
Pero la clave está en lo que dice la siguiente parte. En todo
lugar donde yo haga recordar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Subraya esa parte. En todo lugar
donde yo haga recordar mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. hermanos, Dios nos ha dado un
lugar donde su nombre es recordado en esta nueva dispensación, nueva
administración del pacto de gracia. ¿Cuál es ese lugar que Dios ha
dado donde su nombre siempre es recordado? La iglesia. ¿Qué es la Iglesia? Es un grupo
de personas reunidas para adorar, exaltar su nombre y para ser
expuestos a su palabra. Mire la gran importancia que
el Señor da al nosotros reunirnos, al nosotros congregarnos. El
Señor promete bendecirnos. Hay una bendición sobre aquellos
que se apartan de sus ocupaciones regulares y se reúnen como pueblo
de Dios. Ese lugar es lo que llamamos
iglesia, que es un grupo de personas. Es un grupo de personas. Mirad cuán bueno, nos dice el
Salmo, y cuán delicioso es. ¿Cómo dice? ¿Cómo dice? Habitar los hermanos
juntos en armonía. Y al final de ese Salmo, porque
hace una comparación con el óleo, con el aceite de la unción que
era derramado sobre el sacerdote Aarón, y al final dice, en la
versión Reina Valera del 60 dice, porque allí envío yo, porque
allí envía Jehová bendición y vida eterna. Es de suma importancia
el congregarnos, el reunirnos. Mis hermanos, el Señor está en
todas partes, pero el Señor había determinado desde esa época que
allí, que el lugar donde Dios habría de manifestar su nombre,
allí Dios bendeciría al pueblo cuando el pueblo se reuniera
allí. En aquel entonces, en el antiguo
pacto, ese pacto que Dios estableció con Moisés, o a través de Moisés,
mejor dicho, a través de Moisés, Dios le dijo, este es el lugar
donde mi nombre va a ser honrado, el Tabernáculo. Y a partir de
ahora nosotros vamos a comenzar a ver algunas leyes y luego vamos
a ver las indicaciones de cómo debía ser construido ese tabernáculo,
esa tienda de reunión, cómo debían de vestirse los sacerdotes cuando
ofrecieran sacrificios en ese tabernáculo. Eso es lo que vamos
a ver en el resto de este de este libro de Éxodo, a excepción
de un momento dado que también el pueblo se desvió y eso lo
veremos también más adelante. Pero son estas leyes, estas ordenanzas
de cómo el pueblo debía de andar, cómo el pueblo debía de comportarse. Así Dios nos ha dado sus ordenanzas,
nos ha dado sus mandamientos, mis hermanos. Esta ley moral
todavía está vigente para nosotros. Es el estándar de vida para el
creyente. Y a través de esta ley es que
Dios va a juzgar a esta tierra. Nosotros hemos sido librados
de la condenación porque Cristo vivió a plenitud. esta ley, pero
aquel que no está bajo la sombra de Cristo Jesús, aquel que no
ha venido a Cristo Jesús en arrepentimiento y fe, lamentablemente el juicio
de Dios no tarda. El hombre va a ser juzgado conforme
a esta ley, estos diez mandamientos Por eso la invitación es a que
no despreciemos el Evangelio de Cristo Jesús. Si todavía no
hemos venido a Él, vengamos, no retardemos esto. Y si ya hemos venido a Él en
arrepentimiento y fe, valoremos, valoremos esa obra que el Señor
ha hecho con nosotros. Esa gracia que nos ha impartido
al tener el Espíritu Santo morando en nosotros para que nosotros
nos esforcemos en vivir acorde a esta ley. El Espíritu Santo
nos capacita, nos ha capacitado para odiar el pecado. Nos ha
capacitado no para huir de Él, del Señor, sino para acudir a
Él, al Señor. Para huir del pecado, pero para
acudir al Señor. Nos ha capacitado para amar y
obedecer esta ley con sinceridad, con verdad. Nos ha capacitado
para venir siempre en arrepentimiento delante de Él cuando nos desviamos.
cuando nos vamos a un lado, cuando cogemos la senda que el Señor
nos ha trazado, que no debemos de andar por allí, el Señor también
nos capacita para venir en arrepentimiento y fe delante de Él. ¿Qué debemos de hacer, mis hermanos? ¿Qué debemos de hacer si no solamente
vivir la vida agradecida? en santa reverencia, reverencia,
no miedo, reverencia, temor, que no es igual que miedo, delante
del Señor, agradecidos por lo que Él ha hecho, acudiendo constantemente
al sonido de la trompeta del Señor cuando es proclamada Su
Palabra en este lugar. con ánimo pronto. Señor, aquí
estoy dispuesto a escuchar tu voz a través de tu palabra, a
obedecer tus mandamientos, a esforzarme, no para conseguir algo de tu
parte, sino en agradecimiento por lo que ya tú has hecho en
mi vida. Esa es la invitación a nosotros como creyentes. Esa
es la invitación que aún sigue vigente para nosotros. Ahora,
ojalá usted no sea como Israel, que prefirió decirle, Moisés,
habla tú, porque yo no quiero estar allí, cuando el Señor ya
le había dicho, pueden acercarse, pueden venir. Seamos, hasta cierto
punto, como esos Moisés, que nos acerquemos al Señor. Escuchemos
su voz y seamos interlocutores para dar el mensaje al pueblo
que no conoce al Señor. para dar el mensaje al pueblo
que no conoce al Señor con nuestros labios y con una vida que cada
día es cambiada, transformada hasta llegar a ser conformada
a la imagen y semejanza de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Vejamos delante del Señor, valoremos lo que Él nos ha dado, tenemos
el estándar de su ley, los diez mandamientos, como lo hemos visto
en las semanas pasadas, no cosas aéreas, sino como lo hemos visto
en detalle las semanas pasadas. Ese es el estándar que Dios nos
ha dado, debemos de andar por él. Pero ese es el estándar a
través del cual Dios juzgará a este mundo. Y lamentablemente,
como hemos visto, lo que le depara al mundo es un horrible juicio,
castigo eterno en el infierno. Nosotros hemos sido librados,
el creyente ha sido librado de esta condenación, no porque haya
hecho algo bueno, porque también somos pecadores, pero Cristo
vivió esa vida perfecta en mi lugar, sufrió el castigo que
yo merecía y me ha dado ahora el resto del tiempo que me queda
en esta tierra para vivir en novedad de vida, conforme a sus
mandatos. acerquémonos al Señor, alabemos
su nombre, bendigamos su nombre por lo grande, bello y misericordioso
que el Señor ha sido en nuestras vidas. Estemos de pie mis hermanos
y vamos a orar.
La Reacción Del Pueblo, Luego De Recibir La Ley Moral
Series Vinculo Sagrado
Continuando con nuestra serie expositiva basada en el libro del Éxodo; en esta ocasión llegamos al capítulo 20 y sus versículos 18 al 26, donde observamos la reacción que manifestó el pueblo de Israel, luego de recibir la ley moral de Dios.
| Sermon ID | 6522214834863 |
| Duration | 49:05 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Exodus 20:18-26 |
| Language | Spanish |
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