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Evangelio de Juan, capítulo 11. Estamos delante de uno de los
pasajes del Evangelio de Juan más fascinantes. Preparando esta
semana este sermón, me he sentido que quería más horas, porque
cuanto más tiempo dedicaba a leerlo y a estudiarlo, más y más descubrías
dentro de este pasaje. Realmente, uno de los pasajes
más fascinantes y más tremendos de la Escritura. El último milagro
del Señor Jesucristo, la resurrección de Lázaro, el último antes de
ir camino de la cruz. Anuncio de su propia resurrección.
Dejó el último milagro como el más grande de los milagros y
apuntando a esa victoria sobre la muerte que estaba a punto
de suceder con él mismo. Vamos a leer el capítulo 11 de
Juan, casi entero, hasta el versículo 44. Juan 11, 1 al 44. Dice así la
palabra del Señor. Estaba entonces enfermo uno llamado
Lázaro de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.
María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al
Señor con perfume y le enjugó los pies con sus cabellos. Enviaron,
pues, las hermanas para decir a Jesús, Señor, he aquí el que
amas está enfermo. Oyéndolo Jesús dijo, esta enfermedad
no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el
Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta,
a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó pues que estaba enfermo,
se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después
de esto, dijo a los discípulos, vamos a Judea otra vez. le dijeron
a los discípulos, Rabí, ¿ahora procuraban los judíos a pedrearte
y otra vez vas allá? Respondió Jesús, ¿no tiene el
día doce horas? El que anda de día no tropieza,
porque ve la luz de este mundo. Pero el que anda de noche tropieza
porque no hay luz en él. Dicho esto les dijo después,
nuestro amigo Lázaro duerme, mas voy para despertarlo. Dijeron
entonces sus discípulos, Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús
decía esto de la muerte de Lázaro. Y ellos pensaron que hablaba
del reposar, del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente,
Lázaro ha muerto. Y me alegro por vosotros de no
haber estado allí para que creáis, mas vamos a él. Dijo entonces
Tomás, llamado Didimo a sus condiscípulos, vamos también nosotros para que
muramos con él. Vino pues Jesús y halló que hacía
ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba
cerca de Jerusalén, como a quince estadios. Y muchos de los judíos
habían venido a Marta y a María para consolarlas por su hermano.
Entonces Marta, cuando halló que Jesús venía, salió a encontrarle,
pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús, Señor,
si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también
si ahora, que todo lo que pides a Dios, Dios te lo dará. Jesús
le dijo, tu hermano resucitará. Marta le dijo, yo sé que resucitará
en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús, yo soy
la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree
en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo, sí Señor. Yo he creído que tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios, que has venido al mundo." Habiendo dicho esto,
fue y llamó a María, su hermana, diciéndole en secreto, el Maestro
está aquí y te llama. Ella cuando lo oyó se levantó
de prisa y vino a él. Jesús todavía no había entrado
en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había
encontrado. Entonces los judíos que estaban en la casa con ella
y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado
de prisa y había salido, la siguieron diciendo, va al sepulcro a llorar
allí. María, cuando llegó a donde estaba
Jesús, al verle se postró a sus pies diciéndole, Señor, si hubieses
estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al
verla llorando, y a los judíos que la acompañaban también llorando,
se estremeció en espíritu y se conmovió. y dijo, ¿dónde le pusisteis? Le dijeron, Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces
los judíos, mirad como le amaba. Y algunos de ellos dijeron, ¿no
podía este que abrió los ojos al ciego haber hecho también
que Lázaro no muriera? Jesús profundamente conmovido
otra vez vino al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra
puesta encima. Dijo Jesús, quitad la piedra.
Marta, la hermana del que había muerto, le dijo, Señor, yede
ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo, ¿no te he dicho
que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la
piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, saltando
los ojos a lo alto, dijo, Padre, gracias te doy por haberme oído.
Yo sabía que siempre me oyes. pero lo dije por causa de la
multitud que está alrededor para que crean que tú me has enviado.
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz, Lázaro, ven fuera. Y el que había muerto salió,
atadas las manos y los pies con vendas y el rostro envuelto en
un sudario. Jesús les dijo, desatadle y dejadle
ir. Hasta aquí la lectura de la palabra
en esta tarde. una porción larga pero toda relacionada
con el mismo episodio, esa resurrección de Lázaro, amigo del Señor Jesús. Y como decía antes, estamos en
un episodio fascinante del Evangelio, un episodio que no detalla los
demás evangelistas, sólo Juan lo escribe y explica en mucho
detalle lo que sucede y cómo resucita Lázaro. Y como decía
antes también, el último de los milagros y el último justo antes
del gran milagro, que es la resurrección del Señor Jesucristo. preludio de la muerte y resurrección
de él mismo. Y fijémonos que es un milagro
en el cual Jesús muestra su poder, Jesús muestra su divinidad, Jesús
ora a los cielos pero no ora pidiéndole al Padre que resucite
a Lázaro, ora a los cielos dándole gracias, gracias Señor porque
Tú siempre me escuchas. No es como otras resurrecciones
que encontramos en la Biblia, Elías ora al Padre, el apóstol
Pablo ora a los cielos, Jesús da la orden, Lázaro, sal. Porque
Él es Dios mismo. Él es poderoso. Él tiene poder
sobre la muerte. Y en concreto se está tocando
un tema, el de la resurrección, en este pasaje, y el de la muerte.
Y muchas personas cuando oyen la palabra muerte casi que les
entra repelús. Hay temor a la muerte. Hay temor
a muchas cosas en esta vida. Hay temor a no llegar a final
de mes. Hay temor a las enfermedades. Hay temor a perder una relación.
Hay temor a que se te muera alguien. Hay temor a la enfermedad. Hay
temor a no renovar el empleo. Hay miles de temores. Pero el
gran temor es la muerte. La muerte es de lo que mucha
gente no quiere ni oír ni hablar. Y sin embargo Jesús aquí se encara
frente a la muerte. Frente al hecho de la muerte.
Frente a un muerto. La muerte y él se disputan a
Lázaro. El Señor Jesucristo sale victorioso. Contra el más grande
de los enemigos, contra lo más temible que hay en esta vida,
Jesús sale victorioso. Es vencedor. Si Jesús ha vencido
al enemigo más grande y con esta facilidad, Lázaro, ven, sal fuera
del sepulcro. ¿A qué no va a vencer Cristo?
¿A qué vamos a temer nosotros los cristianos si Cristo vence
la muerte y Cristo está con nosotros? ¿Qué otro temor podemos tener? No hay nada más que temer en
esta vida. Dejadme detallar varias cosas,
no vamos a ir frase por frase y versículo por versículo porque
mañana por la mañana aún estaríamos aquí, pero dejadme detallar a
grandes rasgos, grandes temas que vemos en este pasaje que
acabamos de leer. El primero puede parecer muy obvio, pero
es el siguiente, Lázaro es el amigo de Cristo, Lázaro es amado
de Cristo y Lázaro enferma y muere. Y nos hace pensar mucho. Los
cristianos somos amados de Cristo y enfermamos y morimos. ¿Sí? Enfermamos y morimos. Puede parecer
muy obvio. Pero vivimos en un mundo caído.
Vivimos en un mundo en que hay enfermedades, desde la gripe
hasta el cáncer. Vivimos en un mundo en donde
hay aflicción, hay problemas, hay luchas, hay problemas laborales
y económicos, y hay guerras, y hay tsunamis, y hay terremotos,
y hay volcanes. Vivimos en un mundo que por causa
del pecado está caído y está en corrupción. A veces, a veces
los males que vienen a nuestra vida vienen en consecuencia de
un pecado nuestro, ¿sí? A veces yo veo claramente en
mi vida que yo he pecado y hay una retribución, hay una paga
por ese pecado. Hay unas consecuencias por ese
pecado. Pero la mayoría de las veces no es así. Es sencillamente
que vivimos en un mundo caído. Y la gente se enferma, y la gente
muere, y la gente vive desgracias. Tenemos el caso de Job. Job no
pecó de una forma concreta para recibir lo que estaba recibiendo.
Sin embargo, era una prueba en las manos de Dios por aquello. Estaba siendo probada su fe.
pierde a sus hijos, Job pierde sus ganados, Job pierde sus casas,
Job pierde absolutamente todo. Pierde la salud. Y realmente es una prueba muy fuerte
de parte de Dios. Ahí es donde tenemos enmarcado
a Lázaro. Lázaro enferma, no sabemos de
qué enferma, pero enferma y finalmente muere. Y es una prueba de parte de Dios. Entonces es cuando nos encontramos
algo muy curioso en el versículo 6 muy curioso y algunos de vosotros
recibiste esta semana un email de mi padre diciendo pensad en
esto ¿Por qué Jesús tarda dos días más? ¿Por qué Jesús tarda
dos días más? Leemos el versículo 5 Y amaba
Jesús a Marta a su hermana y a Lázaro Cuando yo estaba enfermo, se
quedó dos días más en el lugar donde estaba. ¿Tiene sentido?
Si ahora os dijeran, un pariente vuestro, vuestro esposo, vuestro
hijo, vuestra madre, ¡está enferma! La llevan al hospital, ¿qué haríais?
Bueno, esta semana Ruth ha tenido que salir volando, nunca mejor
dicho, a ver a su madre, ¿verdad? Cuando amas a alguien y sabes
que está en necesidad, dejas todo y corres para allá. Esa
es la respuesta lógica, esperable, del corazón humano. estar allí,
no es que seas médico y físicamente puedas hacer algo, pero esperas
que con tu compañía, con tus palabras, infundir aliento, esperanza,
ánimo, una palabra de consuelo. ¿Tiene sentido lo que Jesús hace?
Recibe la noticia de este mensajero, porque Manta y María envían un
mensajero, el mensajero llega allí y le dice a Jesús, tu amigo,
tu querido Láfaro, está enfermo, y Jesús, te quedas dos días más.
en el lugar donde estaba. No tiene, aparentemente, ningún
sentido. Pero Jesús, tú amas a Lázaro,
¿por qué no echas corriendo para allá? ¿Por qué no entras en la
habitación donde está Lázaro despidado en la cama, enfermo?
¿Os imagináis la cara de gozo de María de Marta? ¡Señor, estás
aquí! ¡Qué bien que el mensajero llegó
a tiempo! Y el Señor nada más tocando a Lázaro y Lázaro, restaurado. ¡Qué fácil! Sin embargo dice
que Jesús se queda dos días más. en el lugar donde estaba. Hay un pequeño detalle que se
nos pierde en la Biblia en castellano. Si la pudiéramos leer en griego
lo veríamos. En el versículo 3 se nos dice
que enviaron un mensajero diciendo, Señor, he aquí el que amas está
enfermo. Y aquí el verbo que se utiliza
en griego es phileo. Está diciendo, Señor, tu amigo
Lázaro está enfermo. Tu amigo Lázaro está enfermo.
Sin embargo, un poquito después, en el versículo 5, se nos dice
que Jesús dice lo siguiente, y amaba Jesús a Marta y a su
hermana y a Lázaro. Y aquí el verbo en griego es
agape. Jesús no solamente ama a Lázaro, a Marta y a María con
un amor fileo, amistoso, de colegas, de amigos, sino que Jesús dice
que no sólo fileo, sino agape. Y porque amo profundamente a
Lázaro, a Marta y a María, no voy. ¿Os deja descolocados? A mí sí.
Porque amo profundamente a Marta, a María y a Lázaro, no voy. Me espero a que Lázaro muera. Pero Señor, ¿hay algo mejor que
que Tú te presentes allí y saques a Lázaro? Sí. ¿Hay algo mejor
que Marta y María tengan este gozo tremendo de ver a su hermano
sano? Sí, hay algo mejor. ¿Qué puede
haber mejor? La vida misma. Contemplar la
gloria de Dios. Y lo mismo les está diciendo
Jesús a Marta y a María. ¿No os he dicho que si creéis,
veréis la gloria de Dios? Estamos hablando de Lázaro, de
Marta y de María, pero estamos hablando de ti. en tu dolor,
en tus luchas, en tus dificultades, ¿hay alguien mejor que que Dios
responda a esta oración? Señor, solucioname esto, por
favor. Y Jesús se tarda dos días más. Y tú dices, ¿pero es que no me
escuchas? ¿Cuántas veces tengo que orar
por lo mismo? ¿Que no me estás escuchando, Señor? ¿Que no vienes?
¿Que no me atiendes? ¿Que no respondes? Tú eres un
Dios poderoso, yo soy tu Hijo, ¿por qué no vienes? y soluciona
esto. Y Jesús dice, porque te amo,
me quedo aquí dos días más. Hay algo más grande que Dios
quiere que veas en tu vida, y es el poder de Dios, y es la gloria
de Dios. Jesús espera dos días más. Ver
la gloria de Dios es mejor que la Ver la gloria de Dios es mejor
que problemas laborales y financieros y personales solucionados. Ver la gloria de Dios en tu vida. En el versículo 4 el Señor Jesucristo
lo dice, cuando le llega el anuncio dice lo siguiente, esta enfermedad
no es para muerte sino para la gloria de Dios, para contemplar
la gloria de Dios. Queridos hermanos, nos es necesario
llegar a comprender esta realidad, que Dios puede permitir en tu
vida dolor, Dios puede permitir en tu vida problemas, aflicción,
Dios puede permitir en tu vida una profunda depresión espiritual,
Dios puede permitir en tu vida problemas familiares y matrimoniales
y con tus hijos, Dios puede permitir en tu vida lo que Él quiera permitir
para tu bien. Y tú dirás, Señor, no lo entiendo.
Y Jesús te dirá, yo me espero dos días más y verás la gloria
de Dios. Ahora no entiendes, pero ya entenderás. Ah, la gloria de Dios quiere
decir que cuando las cosas se pongan realmente feas, entonces Dios
hará un súper milagro. ¿Es eso? La gloria de Dios puede
ser algo más profundo. Puede ser que Dios quiera cambiarse
a ti. Siempre oramos al Señor porque
Dios cambia todo lo que hay a nuestro alrededor, ¿verdad? Señor, cambia
esto, cambia esto, cambia aquello, cambia mi jefe, cambia el gobierno,
cambia el trabajo, cambia mi mujer, Señor, cambia todo lo
que hay en mi alrededor. Y si oráramos, Señor, cámbiame. Señor, cámbiame. ¿No aprenderíamos
la lección mucho antes? Señor, ¿por qué todo está en
mi alrededor? Señor, cámbiame a mí. Lo demás está en tus manos,
pero cámbiame a mí, cámbia mi corazón. Puedes ver la gloria
de Dios, en primer lugar, en un corazón transformado. Que tú mismo al mirarte digas
¡Wow! Esto solo Dios podía hacerlo.
Yo estaba allá y ahora estoy aquí. Los grandes, grandes cosas
que Dios ha hecho en mi vida. Es como cuando le pones una vacuna
a un niño, ¿sí? Los que sois papás. ¡Qué duro
es! Llevarlo, y cuando más grande
es más difícil porque son más conscientes y tienen más fuerza.
pero tienes que sentar encima, tienes que agarrarlo, y viene
la enfermera, y mientras la enfermera se acerca con aquella aguja,
el niño está pensando, pero mi papá no me ama. ¿Pero qué hace? Pero tú tienes muy consciente
de que aquella aguja es para su bien. En el momento no entiende,
no comprende, no acepta, si mi papá me amara, le pegaría un
puñetazo a esta señora que viene con la aguja y saldríamos corriendo
de aquí. pero mi papá me sujeta y lo consiente,
no lo puedo comprender. Y el cristiano dice lo mismo
delante de la vida. Si Dios me amara, ¿por qué esto? ¿Por qué
está sucediendo esto en mi vida? ¿Qué puede tener Dios en mente
cuando estas dificultades me acechan? Dios puede permitir dolor de
muchos tipos, de muchas clases, y es como el bisturí en mano
del cirujano ese dolor, esa fuega está cambiando algo en ti para
la gloria de Dios Marta y María vieron la gloria de Dios en el
versículo 40 Jesús le dice a Marta no te he dicho que si crees verás
la gloria de Dios y es curioso ver cómo empieza
el apóstol Juan la narración de ese pasaje En el versículo
2, ¿tenéis un versículo entre paréntesis? Al menos en mi traducción
así es. El versículo 2 está entre paréntesis.
Está describiendo algo de María. Nos dice que Lázaro era de Betania,
igual que su hermana María y Marta, de la misma población. Y luego
el versículo 2 dice, María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo,
fue la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies
con sus cabellos. Pero es curioso porque esto,
este episodio, no sucede hasta dentro de un capítulo. Aún no
ha sucedido esto. María aún no ha hecho eso, de
enjugar los pies del Señor con sus cabellos, con sus lágrimas. ¿Qué nos está diciendo Juan?
Juan nos está preparando. Juan nos está preparando. Esta
María, que en el capítulo siguiente vais a ver con esa pasión, con
esa devoción, con esa entrega al Señor Jesucristo, estaba mostrando
tal devoción por lo que ahora os voy a explicar. Esta María
va a ver lo que ahora os voy a explicar. Y por eso María estaba
llena, llena de gratitud, de asombro, y se rinde a los pies
de Cristo. El mismo asombro que debería
producir en nosotros. El mismo asombro que cada uno de nosotros
vemos y experimentamos cuando al fin entendemos lo que Dios
está haciendo en nuestra vida. Ahora entiendo, Señor, por qué
hace un año, por qué hace dos, por qué hace cinco, yo te oraba,
y oraba, y oraba, y Tú guardabas silencio. Ahora entiendo Señor
por qué la prueba fue tan larga y tan dura. Ahora entiendo por
qué de aquel sufrimiento, de aquel dolor. Ahora entiendo. Ahora he visto tu gloria. Ahora
te doy gracias. Ahora le hago tu nombre. Esta
fue la actitud de María. Esta debiera ser la de cada uno
de nosotros. ¿Sabéis lo increíble al ver a
Marta y a María y su actitud? es que fuera como fuere, siguen
con la misma fe, con la misma confianza, con la misma devoción
hacia el Señor. Están llenas de fe cuando envían
ese mensajero. Avisa a Jesús que nuestro hermano
está enfermo. Pero cuando su hermano muere y Jesús viene,
siguen con la misma fe. Señor, nuestro hermano no hubiera
muerto si estuvieras aquí. Pero... ¿Por qué me han atención
ese pero? Es un pero que supera todos los
imposibles, ¿verdad? Pero sabemos que el Padre te
escucha. No le están diciendo, Señor,
ahora di algo y que el lázaro se levante. No le están diciendo
a Jesús lo que tiene que hacer, y eso nosotros pecamos muchas
veces en nuestras oraciones, ¿verdad? Señor, te pido esto,
te pido esto, te pido esto, como si fuéramos mamás que le estamos
diciendo al niño cómo se ha de comportar. Muchas veces pecamos
de esto. No solamente exponemos el problema
al Señor, sino que decimos, ¿cuál es la solución? Por si no lo
sabías, Señor, por si no te has enterado, esto es exactamente
lo que tienes que hacer en mi vida. Marta y María no se comportan
así, ¿verdad? Ellas exponen lo que hay en su
corazón. Señor, nuestro hermano está enfermo. No le dicen, corre, venga a sanarlo.
Señor, nuestro hermano está enfermo. Y después, nuestro hermano ha
muerto. pero el Padre te escucha. Dejan en manos de Cristo hacer
lo que Cristo cree que es mejor. Siempre llenos de confianza. Hermanos, os invito a tener esta
actitud en vuestras oraciones. Jesús sabe mejor que tú. Jesús sabe mejor que tú lo que
te conviene y lo que hay hacer en tu vida. Recuerdo una ocasión que llevamos
a los niños, cuando vivíamos allí en California, llevamos
a los niños a Disneyland. ¡Qué ilusión! Primer día en Disneyland.
Y pasamos por aquella puerta, compramos nuestros boletos, los
tickets, entramos, y nada más entrar hay una grandísima plaza,
como un hall inmenso. Y ves, como a 20, 30 metros,
ves la entrada del parking. Y en aquel hall es solamente
para pasearse, y hay algunos bancos y entonces nuestros dos
chicos ven un banco con la cara de Mickey Mouse y los dos salen
corriendo hacia aquel banco y se suben en el banco y se sientan
y ay papá que divertido un banco con la cara de Mickey Mouse y yo digo hijos míos la entrada
está aquí vamos por favor no papá nos queremos quedar aquí
nunca había visto un banco con la cara de Mickey Mouse es tan
divertido ya pero allí podéis saludar a Mickey Mouse Vamos
a entrar, por favor, que haya atracciones y muchas cosas bonitas.
No, papá, déjanos un rato aquí, por favor. Lo que costó convencerlos. Os parecerá ridículo, pero hacemos
lo mismo con el Señor. Hacemos lo mismo con el Señor.
Señor, mira mi vida. Por favor, arréglame esto. Y
el Señor dice, no, tengo otra cosa mejor. No, Señor, pero es
que no entiendes. Te lo voy a volver a repetir.
Quiero que hagas esto. A ver, hijo mío, yo sé un poco
mejor lo que hay que hacer. Quiero que te esperes. No te
contesto ahora. No, señor, pero es que esto me
hará feliz. Esto me hará feliz. ¿Realmente
tú no quieres ver un hijo tuyo gozoso? Pues responde, por favor. Y el Señor te dice, no. No voy
a esperar dos días más. No voy a esperar porque hay algo
más, grande, que tú no sabes, que tú no has visto, que tú no
conoces. Nos cuesta entender, pero al fin y al cabo es una
lección de confianza, en que Dios tiene algo muy superior
en mente. Y hay momentos, reconozco que
hay momentos, de dolor, de lucha, en que es muy difícil sentarse.
Es muy difícil recordar las promesas del Señor, y que Él está por
encima de todo. Hay momentos de lucha y enfermedad,
Hay muchos personajes bíblicos, no hace falta detallarlos, que
vivieron momentos de lucha, de enfermedad, de frustración, de
persecución, el adicto perseguido, Timoteo estuvo enfermo, Epafrodito
estuvo enfermo, el apóstol Pablo mismo dice Señor quítame esa
quejón en la carne y el Señor le dice bástate mi gracia porque
mi poder se perfecciona en la debilidad y no recibe sanidad
por aquello. Si alguien nos dice ¡Hazte cristiano! Porque ser cristiano es guay.
Dios soluciona todos tus problemas. Dios te da salud, Dios te da
prosperidad, Dios te da el mejor trabajo. Si quieres cambiar de
coche, Dios te lo cambia. Decirle, ey, ey, ey, para, para,
para. ¿Tú no recuerdas que el rey de los cristianos murió en
una cruz? Somos llamados a una vida de
sacrificio, de entrega, de servicio. Cristo murió en una cruz y Cristo
le dice a los cristianos, toma tu cruz y sígueme. Vivimos una
vida de renuncia, donde hay pruebas, donde hay dolor, donde hay aflicción,
pero ¿sabéis la diferencia entre el dolor del mundo y el dolor
de los cristianos? El dolor del mundo no tiene ningún
sentido. Ninguno. El mundo se sufre por su Cristo.
El dolor de cristiano tiene una esperanza, tiene una meta, tiene
un propósito. Dios está trabajando en ti, en
tu corazón. El dolor de cristiano tiene un
consuelo, tiene una solución. Agárrate fuerte a la cruz de
Cristo. porque ahí hay consuelo, hay
respuesta, hay alivio para las heridas. Fuera de Cristo no hay
sentido ninguno. En Cristo el dolor y la prueba
y la enfermedad y la muerte, como la de Lázaro, tienen todo
el sentido. Lázaro muere, pero Cristo es
resurrección y vida. El Señor se acerca a la tumba
de Lázaro y se le dice que lleva cuatro días que Lázaro lleva
cuatro días muerto ¿Por qué cuatro días? ¿Por qué este detalle?
Bueno, era el entendimiento de la época de los judíos es que
el alma más o menos estaba ahí todavía durante tres días que
después de tres días realmente el alma ya se iba ya dejaba el
cuerpo entonces parece como que durante esos tres días aún hubiera
más posibilidades de resucitar a Lázaro al cabo de cuatro días
Lázaro es sólo un cuerpo, su alma ya no está. Por eso lo recalcan
tantas veces. El señor lleva cuatro días muerto. No sólo porque ya hiere, ya empezaba
a pudrirse el cuerpo, sino porque está muy muerto. O sea, hay muertos
y muy muertos. Igual como hablamos de las embarazadas,
¿verdad?, que salís de aquí, cuando una embarazada lleva un
mes decimos que está embarazada, cuando lleva ya seis meses decimos
que está muy embarazada. Que nos referimos a lo mismo,
¿verdad? En este caso Lázaro no está muerto. Lázaro está muy
muerto, muy muerto. Es impensable para los judíos
que esa resurrección pudiera tener lugar. No ha muerto hace
cinco minutos, ni hace dos horas, ni hace un día. Hace cuatro días
que Lázaro está muerto. Cuatro días. Marta, la inquieta. Todos sabemos
que de las dos hermanas, Marta es la inquieta. Marta, muy esfanada,
está con muchas cosas. Es cuando Jesús está en casa,
Marta está arreglando todo el suelo, los cucheros, haciendo
la cena, y María está sentada a los pies del Señor escuchándole,
¿verdad? Marta, muy esfanada, está con muchas cosas. Marta,
la inquieta, sale corriendo. La primera, a buscar a Jesús.
Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
y continúa con unas palabras de fe, más también que ahora,
que todo lo que quieras a Dios, Dios te lo dará. Y Jesús responde,
tu hermano resucitará. Y Marta dice, ya lo sé que resucitará,
en el último día, en el día final, cuando Dios resucite a todos
los muertos, y todos los muertos se tengan que presentar delante
del trono del juicio, entonces mi hermano resucitará. Jesús
le dice, yo soy el resucitante. Marta, no te tienes que esperar
al día final para ver la resurrección. Yo soy la resurrección y estoy
aquí, delante de ti. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree
en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Estoy tan contento
de que se hayan escrito estas palabras, porque no van dirigidas
solamente a Marta, van dirigidas a cada uno de vosotros. Yo soy
la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree
en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Y espero que la
respuesta de cada uno de vosotros sea como la de Marta. Sí, Señor. Yo he creído que tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Creer en el Señor Jesucristo
porque Él es Resurrección y Vida y creer en Él que es Vida para
siempre y Vida Eterna. El Señor Jesucristo puede levantarse
de entre los muertos. El Señor Jesucristo puede resucitar
tu alma, tu corazón, darte una nueva vida. En medio de toda
esta situación encontramos Si le preguntáis a los niños seguramente
lo sabrán. El versículo más corto de la Biblia. Jesús lloró. Es el más corto pero es el más
profundo. Jesús lloró. Encontramos aquí a un Jesús derramando
lágrimas. Está delante del sepulcro, también
María viene. Probablemente si Marta era la
más inquieta, María era la más sensible de las dos hermanas.
María se nos dice aquí que estaba llorando, que muchos habían venido
a consalarla, que estaba encerrada en casa llorando, sólo sale cuando
se entera de que Jesús ha venido, entonces sí sale corriendo a
buscarle. Y le dice lo mismo, Señor si
hubieses estado aquí no hubiera muerto mi hermano. Y al ver Jesús,
el llanto de María y de todos aquellos que están llorando con
ella, entonces es cuando Jesús llora. Y vemos que los judíos
interpretan ese lloro, que dicen, mirad cuánto le amaba, mirad
cómo amabas amigo Lázaro. Pero no es esa la razón de su
lloro, eso es lo que ellos perciben. ¿Por qué Jesús llora? Si hubiera
sido por la muerte de Lázaro, Jesús lloraría cuando estaba
aún lejos, sabiendo que Lázaro iba a morir. Pero Jesús no llora
porque sabe que Lázaro va a morir y que Él va a ir a resucitarle.
Jesús no llora por la muerte de Lázaro. Jesús está delante
de la tumba de Lázaro y no llora, porque sabe lo que está a punto
de hacer con Lázaro. Jesús llora cuando ve a María
llorar. Jesús llora porque María llora. Jesús carga sobre Sí la tristeza
de María. Jesús carga sobre Sí la tristeza
de aquellos que se están lamentando. No pienses que Cristo es impasivo
delante del dolor humano, delante de tu dolor. Jesús conoce tu
corazón, y lo más profundo de tu corazón, y lo más profundo
de tu dolor. Y cuando tú lloras, Cristo llora
contigo, porque Jesús carga sobre Él nuestras preocupaciones. Qué hermosa doctrina esta de
la unión con Cristo. En Cristo tenemos su gloria,
tenemos su gozo, tenemos su paz, tenemos su esperanza, tenemos
vida, tenemos resurrección. Y por esa unión con Cristo, Él
carga nuestras preocupaciones. Él llora cuando nosotros lloramos. Cristo en tu dolor sufre contigo,
junto a ti. que en medio de ese reloj, con
Marta y María a sus lados, con todos aquellos a sus lados, frente
al sepulcro, Jesús dice, quitad la piedra. Nada de extraño, ¿verdad? Quitad
la piedra. Pero realmente es interesante,
versículo 39, porque Jesús está a punto de hacer el milagro más
increíble de todos los milagros, está a punto de resucitar un
muerto, que lleva cuatro días muerto, y sin embargo le dice
a la gente, quizás la quiera. ¿Por qué Jesús no dice, piedra
quítate, y Lázaro sal fuera? ¿Por qué Jesús no hace esto?
Porque Jesús va a hacer en tu vida lo imposible, y está esperando
de ti lo posible. Está esperando de ti lo posible. Yo cada vez que subo a este púlpito
a predicar, espero de Dios lo imposible. Espero que Dios toque
corazones y cambie corazones, porque yo no puedo tocar corazones
ni cambiar corazones. Eso todo lo puede hacer el Señor.
Yo espero de Dios lo imposible. Pero Dios espera de mí lo posible.
Que me haya pasado mis horas en mi estudio preparando este
sermón. Que me llegue aquí arriba y diga, a ver qué es lo que el
Señor va a decir. Dios envía a David a matar a
Goliath. La muerte de Goliat es un auténtico
milagro, un auténtico milagro. Pero David prepara su onda y
coge cinco piedras del río, por si falla una vez, por si falla
dos, por si falla tres, por si falla cuatro, coge cinco piedras
del río y las mete en su mano. Lo imposible para Dios, pero
Dios espera de ti lo posible, en obediencia. Todos los que
somos padres esperamos que Dios haga lo imposible en la vida
de nuestros hijos, ¿sí? Que sean cristianos, que sean
obedientes, que sean nacidos de nuevo, que sean buenos hijos
de Dios. Pero Dios espera de ti lo posible.
Ese es el ejemplo. Que les enseñes la palabra, que
les enseñes a orar, que les enseñes lo que es la vida cristiana.
Esperamos la intervención de Dios en nuestras vidas, esperamos
milagros de Dios en nuestras vidas, pero Dios está esperando
de ti. lo que Él ha puesto en tus manos. El Señor te dice vosotros
quitad la piedra, yo resucito a Lázaro. Entonces es cuando
encontramos este tremendo milagro. Jesús exclama Lázaro ven fuera. Lázaro ven fuera. Primero hace
esta oración dando gracias a Dios por todo lo que ha hecho, por
escucharle Y entonces exclama Lázaro del
cuero. Lo que Jesús hace literalmente
es despertar a Lázaro. Lo ha dicho un poco antes a sus
discípulos. Lázaro duerme. Y sus discípulos entienden. Ah,
pues está durmiendo, pues ya se despertará, ¿no? Y el Señor,
como ve que no entiende, le dice Lázaro ha muerto. Pero para Cristo
la muerte es un dormir. Es un sueño que Él puede despertar. Él puede despertar. Lázaros duerme
porque sólo está por un tiempo. Algunos dicen, ah, los cristianos
decís que Jesús es resurrección y vida, pero los cristianos también
nos morís, ¿no? Los cristianos no nos morimos,
los cristianos dormimos. Dormimos. Porque estamos esperando
a que Cristo venga y nos despierte y nos lleve. El dormir comunica
esperanza. El morir, desesperación. Los
cristianos duermen. Y Jesús va a despertar a Lázaro.
Que fácil es despertar a alguien, ¿verdad? Bueno, algunos de vosotros
podéis decir, para despertarme a mí necesito tres despertadores
cada mañana y cada seis meses me tengo que cambiar el despertador
porque si me acostumbro al ruidito ya no me funciona. Bueno, a unos
es más fácil que a otros despertados. Hay quienes tienen el sueño ligero,
que con una palabra se despiertan, y otros aunque pase un tráiler
por el lado, aquello no les despierta. A unos nos despiertan unas cosas,
a otros otras. Puede que yo vaya con mi voz y pueda despertar
a mis hijos y que tú vayas con tu voz y no puedas despertar
a tus hijos. Hay diferentes maneras de despertarse. Hay diferentes
sueños, unos más profundos que otros. Dicen incluso de aquellas
personas que entran en coma que son capaces de escuchar algunas
voces, que atienden algunas voces. Algunas personas incluso han
despertado del coma gracias a que alguien cercano, alguien muy
querido ha estado hablándoles y han podido escuchar aquella
voz. Estamos ante el sueño de Lázaro y el sueño de Lázaro es
el sueño más grande de todos los sueños. Es el sueño de la
muerte. Solamente hay una voz que puede
despertarnos del sueño de la muerte. Y es la voz de Cristo. Y Cristo se acerca para despertar
a Lázaro. Y fijémonos que Jesús se acerca
y nos dice delante del sepulcro, sal fuera. sino que dice, Lázaro,
sal fuera. Porque si dijera solamente, sal
fuera, todos los muertos que lo estuvieran escuchando en aquel
momento, todos se levantarían y vendrían caminando hacia él.
Puede que cientos, puede que miles, porque la voz de Cristo
es poderosa. Jesús sabe decir, Lázaro, desde
aquí que te hablo, sal fuera. Y sólo Lázaro se levanta. Pero
sí veremos un día, en el último día, cuando Cristo venga y diga,
salí fuera, y todos los muertos de todos los tiempos se levantarán
para el día del juicio final. Unos para juicio y vida eterna,
porque tienen abogados de Cristo. Otros para juicio y condenaciones
eternas, porque no tienen a Cristo. Lázaro se levantó y nos dice
que estaba atado por vendas. Atados de pies y manos. Estaba
seguramente momificado como se hacía en la época. Le ponían
ungüentos, perfumes y lo embalsamaban y ponían todas esas vendas por
encima. Entonces Lázaro iba como dando
salchitos o pequeños pasos para intentar salir. Pero tienen que
desatarle para que pueda caminar hasta aquí. Hermanos y amigos,
permitidme concluir. con tres cosas más que quiero
compartir con vosotros. En primer lugar, Cristo es la
resurrección de tu cuerpo. Hablamos de la salvación y cuando
hablamos de la salvación no hablamos sólo de la salvación de las almas,
hablamos de la salvación del cuerpo también. Yo soy salvo
porque Cristo ha transformado mi corazón. pero seré salvo porque
Cristo va a resucitar este cuerpo y lo va a glorificar y lo va
a llevar a su presencia. Entonces la salvación será final,
completa, perfecta. Y esperamos la redención de este
cuerpo. Eso es lo que expresamos en el
bautismo cuando un creyente dice que cree y es bautizado, es sumergido
dentro de las aguas, está diciendo que un día voy a ser enterrado
pero Jesús me va a levantar y voy a ir con Él a su presencia. Romanos
8.23 dice, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando
la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Esperamos este
día glorioso. En segundo lugar, Cristo es la
resurrección también de tu alma. Lo que pasa aquí con Lázaro,
pasa en el corazón del cristiano. El creyente, antes de ser creyente,
está muerto espiritualmente. Nos dice la palabra que estamos
muertos en nuestros delitos y pecados. Estamos muertos y pudriéndonos
como Lázaro. Todo ser humano necesita que
Cristo se acerque a su corazón y le diga ven y sígueme. Tú necesitas resucitar espiritualmente
y seguir a Cristo. En Efesios 2,1 dice y Él os dio
vida. a vosotros cuando estabais muertos
en vuestros delitos y pecados. Y en último lugar, que no se
nos pase por alto, el Señor Jesucristo dice yo soy la resurrección y
la vida. El que ha resucitado necesita
seguir viviendo. Y puede que estés pensando, ah,
ahí quería que llegaras David, porque yo si he resucitado, pero
no me siento tener vida. El Señor Jesucristo dice, yo
soy la vid, vosotros los pampanos. Fuera de mí nada podéis hacer.
Un fruto está ligado al árbol y se alimenta de la salvia del
árbol. Porque estemos resucitados espiritualmente,
no quiere decir que nos sintamos vivos. Necesitamos permanecer
en él, alimentarnos de él. Y eso es lo que representa también
la cena del Señor. que no solamente hemos sido resucitados,
sino que continuamente queremos acudir a Cristo, alimentarnos
de Cristo, beber y comer de Cristo, para seguir vivos, para seguir
vivos como cristianos, para no apagarnos, para no apagarnos. Cristo es la resurrección y la
vida, y esa es su promesa, el que cree en mí aunque esté muerto
vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí no morirá, eternamente. Si Cristo quiere resucitar tu
cuerpo mañana, Cristo quiere resucitar tu alma hoy. Escucha Su voz cuando Él te diga,
ven a mí, sígueme. Amén. El Señor bendiga.
La Resurrección y la Vida
Series Evangelio de Juan
¿Por qué Dios permite el dolor en la vida de sus hijos? ¿Por qué las pruebas, enfermedades y la muerte? ¿Por qué sabe de la enfermedad de Lázaro y sin embargo se 'queda dos días más en el lugar donde estaba'? La resurrección de Lázaro apunta a una realidad superior en la vida del cristiano. Dios no nos llama a seguirle para ser muy felices, sino para ser santos y contemplar su gloria. No hay felicidad mayor que esta.
| Sermon ID | 63008445326 |
| Duration | 44:43 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 11:1-44 |
| Language | Spanish |
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