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Lucas capítulo 18, si Dios lo
permite, vamos a considerar desde el versículo 9 hasta el versículo
14. Lucas capítulo 18, desde el versículo
9 hasta el versículo 14. Dios conoce tu corazón. Dios conoce tu corazón. Humíllate delante de él. Dios conoce tu corazón, humíllate
delante de Él. No sé si alguna vez habéis jugado
algún juego, observado a alguien jugar un juego que no entiende
las reglas. Especialmente en mi experiencia enseñando niños
pequeños, enseñándoles inglés, muchas veces cuando explico un
juego, si es algo que no es común, les cuesta. Hay algunos juegos
que no quieres No quieres ganar puntos. El que gana es el que
menos puntos tenga. En el sentido de puntos negativos. O sea, los puntos que se reciben
son puntos negativos. Y lo que quieres es tener menos.
El que menos tenga es el que más gana. Y para un niño pequeño
eso es muy difícil de comprender. No entiende por qué. Realmente
es lo opuesto a lo que es normal. Es opuesto a lo que están acostumbrados.
El no entender las reglas, ¿no? El no entender qué es lo que
se valora, lo que no quieres es terminar con todas las tarjetas,
¿no? Porque al final, el que menos
tarjetas tiene es el que gana, ¿vale? la importancia de entender
qué es lo que se valora. Aquí en este texto, aquí en Lucas
capítulo 18, desde el versículo 9 al versículo 14, realmente
nos presenta la escena de lo que Dios valora. ¿Qué es lo que
Dios valora? Dios valora la humildad. Pero hay un personaje aquí que
lo describe como parte del grupo de los fariseos, es un fariseo,
que él no entiende lo que Dios valora, sino que él piensa que
él puede ganarse la aprobación de Dios por hacer un montón de
cosas, por impresionar a Dios, o sea, él realmente piensa que
puede impresionar a Dios, que puede hacer de todo en exceso
Y puede impresionar a Dios al punto que Dios le va a dar todo
lo que pida. Incluso le va a justificar, le
va a declarar inocente, le va a perdonar, le va a dar acceso
a Dios, va a tener acceso al cielo simplemente por
sus méritos. Por lo que Él ha conseguido. Pero no entiende lo que Dios
valora. Y eso es lo que nos presenta
aquí Lucas en capítulo 18 desde el 9 al 14. Quiero leer el texto
porque dice, a unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban
a los otros dijo también esta parábola. Dos hombres subieron
al templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo puesto en pie oraba
consigo mismo de esta manera. Dios, te doy gracias porque no
soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como
este publicano. Ayuno dos veces a la semana,
doy diezmos de todo lo que gano, mas el publicano, estando lejos,
no quería ni aún alzar los ojos al cielo. sino que se golpeaba
el pecho diciendo, Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste
descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera
que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Eso es Lucas capítulo 18, he
leído desde el versículo 9 hasta el versículo 14. Ahora, aquí
mismo, Lucas, inspirado por Dios, nos presenta el escenario, en
la introducción, y detalla que la audiencia son aquellos que
se justificaban a sí mismos. Y es que la parábola, esta parábola,
detalla lo que significa tener la fe que salva. No se puede
confiar en uno mismo para ser recto. Y por ello, Lucas nos
presenta a un publicano, que es un recaudador de impuestos,
que es más justo que un fariseo, que se esfuerza hacer más de
lo que la ley le exige. Y es que la oración de cada individuo
revela el corazón. Y Dios conoce el corazón. Entonces,
aquí vemos cómo Lucas nos presenta el escenario. Lucas, con frecuencia,
señala el blanco de la enseñanza de Jesús, en este caso de esta
parábola, donde las personas que Jesús quiere advertir son
aquellos, nos dice aquí en el versículo 9, que confiaban en
sí mismos como justos y menospreciaban a los otros. O sea, ellos están
convencidos de que son aceptables delante de Dios por sus méritos.
Por sus propios méritos. Ellos lo han hecho. Ellos lo
han conseguido. Son tan especiales que Dios les
va a abrir la puerta y va a decir ¡Wow! ¡Qué personas tan maravillosas! Pero... no es lo que... no es el veredicto de Dios. Como
nos presenta aquí esta parábola. Y aunque esta parábola describe
a un fariseo, realmente la introducción aplica la enseñanza a cualquiera
que tenga esa misma actitud. A cualquiera que piensa que se
puede ganar la aprobación de Dios por sus méritos. Cualquiera
que puede agradar a Dios por sus hechos. Y es de notar que
Jesús no se dirige a todos los pariseos, porque había algunos
de los pariseos que confiaban, que no confiaban en sus propios
méritos. Tenemos un ejemplo como Nicodemo,
ahí en Juan 3, le vemos realmente queriendo saber lo que Jesús
enseñaba, queriendo conocer a Jesús y el mensaje que proclamaba.
Pero aquí nos presenta la audiencia, la escena, algunos que confiaban
en sí mismos. Posiblemente siguen allí aquellos
que se burlaban de Jesús, incluso nos dicen Lucas 16, del 14 al
15, y oían también todas estas cosas, los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces
les dijo, vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos
delante de los hombres, mas Dios conoce vuestros corazones. Porque
lo que los hombres tienen por sublime delante de Dios es abominación. ¿Vale? Eso es Lucas 16, del 14
al 15. Entonces presenta, volviendo
aquí a Lucas 18, versículo 9, aparenta que estas personas siguen
allí. Estos fariseos, aquellos que confiaban en sí mismos como
justos y menospreciaban a otros. Y es que los que confían en sí
mismos piensan que son rectos delante de Dios por su propia
rectitud. Se evalúan comparándose con otros. O sea, ellos se presentan como
el estándar a seguir. Ellos son el estándar y el resto
caen muy corto de mi estándar. O sea, piensan que su conducta
da evidencia de que son rectos y desprecian a aquellos que no
llegan a su estándar. Sin embargo, lo que nos presentan
las Escrituras es que el recto es aquel que confía exclusivamente
en Dios y no en sí mismo. Y por ello Jesús le sorprende
al declarar que un publicano que se les consideraba de los
peores pecadores, incluso los igualaban en la categoría de
las prostitutas. O sea, tal persona puede ser
más justo que un fariseo. Y Jesús Dice que sí. Porque no tiene que ver con las
obras y los méritos, tiene que ver con el corazón. Y es que
el pecador que clama a Dios en completa dependencia recibe respuesta
de Dios. Ser justo requiere arrepentimiento
de pecado, requiere confesión. Y por ahí aquí, en esta introducción,
nos ha presentado la escena, aquí en Lucas 18, versículo 9.
A unos que confiaban en sí mismos como justos menospreciaban a
los otros. Dijo también esta parábola. Entonces, aquí hay estas personas
que se valoran a sí mismos como rectos y rechazan y desprecian
a los demás. Entonces, vemos esta parábola
y nos lo presenta aquí en versículo 10. Dice, dos hombres subieron
al templo a orar. Uno era fariseo, el otro publicano. Ahora, aquí Jesús presenta a
los personajes y el escenario, que es el lugar más sagrado de
todo Israel. Están subiendo al templo a orar. Ahora, la razón por la que dice
que subieron al templo a orar es porque el templo en Jerusalén
estaba sobre un monte. Entonces, por ello se les describe
subiendo al templo. Y van al templo para acercarse
a Dios, para venir a la presencia de Dios. Vienen para orar. Ahora, una persona podía subir
al templo a orar en privado, cuando quisiera. Pero había dos
tiempos donde se oraba en público. O sea, de manera pública. En
la oración pública, que era la tercera hora o las nueve de la
mañana, O la novena hora, que es las tres de la tarde. Esas
eran las dos... las dos horas del día donde había
oración pública en el templo. Aquí el texto no nos dice cuándo
suben, pero nos dicen que suben juntos. O sea, que suben al mismo
tiempo. Y se pueden ver, ¿no? Por lo
menos el fariseo ve al publicano. Pero aquí vemos cómo nos presenta
a estos dos hombres que representan polos opuestos en una cultura
religiosa del primer siglo. porque el fariseo pertenece a
un grupo piadoso, pero el recaudador de impuestos a la profesión más
odiada. Los fariseos eran un grupo religioso
político influyente, eran rigurosos en la práctica de la ley mosaica,
incluso fariseo significa uno que está separado, es un separatista. Y se separaban de aquellos que
eran impuros. O sea, eran como que ellos eran
la élite espiritual y los demás hay que separarse de ellos para
que no nos influyan en nada. Entonces, eran los super santos. O por lo menos ellos se consideraban
de esa manera. Eran rigurosos en la práctica de la ley mosaica.
Los fariseos decían ser la autoridad en la interpretación de las escrituras
y su aplicación a la vida diaria. Entonces, un polo, tenemos al
fariseo, el supersanto, la élite espiritual. En el otro lado,
tenemos al publicano, que es un cobrador de impuestos. Y ellos,
los cobradores de impuestos, se sentaban en bancos de los
tributos, a la puerta de las ciudades para cobrar impuestos.
Ahora, personas de la nación, podían comprar franquicias para
cobrar impuestos. Hay que recordar que Roma gobernaba,
¿vale? Entonces Roma, en vez de ellos
mismos exigir impuestos de una manera organizada, ellos como
que vendían estas franquicias y estas otras personas compraban
franquicias para cobrar impuestos y entonces cobraban los impuestos
que Roma les pedía Pero ellos tenían la posibilidad de cobrar
aún más. Y lo que cobraban de más, el
excedente, era para ellos. Se lo quedaban. Porque Roma les
exigía cierta cantidad y el resto se lo podían quedar. Y tienen
la protección de los romanos, de los soldados romanos. Entonces,
tienen protección. Roma les da igual cuánto piden. Mientras que les den lo que les
han pedido, Ya está. Entonces, los recaudadores de
impuestos se aprovechaban de la situación. Y había diferentes
clases de impuestos. Había impuestos para el templo,
pero había impuestos para tributo, por no ser ciudadanos romanos.
Había impuestos de propiedad, impuestos por persona, las ventas,
la compra de bienes, peajes, licencias, etc. Entonces había
toda clase de impuestos y estos cobradores de impuestos se encargaban
de ello, pero se aprovechaban de la situación. Porque su salario
venía de cobrar comisiones. Pero su falta de honradez era
notoria. Todo el mundo sabía que eran
ladrones. Todo el mundo sabía que se aprovechaban de la situación.
Tienen los soldados romanos que les protegen. ¿Quién les puede
decir que no? Y los cobradores de impuestos,
por ello, eran despreciados. Se les veía como colaboradores
con Roma. Y especialmente, allí en Israel,
o sea, para un judío, Roma era un gobierno ilícito. Entonces,
a estos cobradores de impuestos se les consideraba traidores.
Manejaban mucho dinero pagano. Tenían trato con los gentiles.
Cobraban más impuestos de los necesarios. Por ello, pues, no
se les permitía entrar en la sinagoga. No les permitían tener
contacto con otros judíos. Se les consideraban ladrones.
Como mencioné antes, se les ponía en la misma categoría que a las
prostitutas. Entonces, aquí vemos los dos polos. Totalmente opuestos. la élite espiritual y este... el pecador más pecador que hay. Ahora, es probable que los recaudadores
de impuestos no vinieran mucho al templo por la oposición popular. Pero aquí vemos como estos dos
individuos van al templo y presentan sus oraciones a Dios. Ahora,
a los ojos de las personas Si tú estuvieras ahí y vieras a
estas dos personas, ¿cuál creéis que recibiría la respuesta a
su oración? O sea, sería muy fácil decir, ah, bueno, es que
ni siquiera hay que dudar, no hay que pensarlo. La élite espiritual,
el super santo, mira todo lo que hace por Dios. Mira todos
sus méritos. Mira su entrega a Dios. Es obvio
que Dios le va a escuchar a él. Al otro, yo no lo escucharía. O sea, sería muy fácil criticar
de esa manera. Pero vemos aquí como Jesús, en
esta parábola, usa este contraste. Contrasta estos dos hombres,
contrasta su postura. Contrasta su oración. O sea,
la manera en que oran, o sea, en qué postura oran, cuál es
su oración y aún su evaluación propia. Cómo se evalúan a sí
mismos. y es que la postura del fariseo
se describe brevemente, pero su oración es larga. En contraste,
la postura del publicano se describe con detalle, aunque su oración
es corta. Aquí vemos un contraste, porque
nos dice el versículo 11, y empieza con la oración del fariseo, que
lo vemos aquí en el versículo 11 y el versículo 12. nos dice
el fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera,
Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones,
injustos, adulteros, ni aún como este publicano, ayuno dos veces
a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. O sea, aquí vemos al... al fariseo,
que él empieza su oración Con gratitud. Dios te doy gracias. Pero esas... Ahí deja de... De... O sea, deja a Dios a un
lado en su oración y se enfoca en sí mismo. ¡Qué maravilloso
soy yo! ¡Mira lo que yo hago! ¡No soy
como el resto! Yo soy súper espiritual. Así
que, me tienes que escuchar. Entonces, vemos la oración que refleja orgullo. Ahora, para
el judaísmo, al igual que otras religiones, la religiosidad exterior
era un indicador de piedad interior. Las religiones que nos rodean
piensan que lo que uno hace le gana mérito. Pero no para con
Dios. Y es que los fariseos se preocupaban
por hacer más de lo que los demás, más de los demás, más que los
demás hacían en sus observaciones religiosas. Se les conocía a
los fariseos por su religiosidad. Y por ser expertos en la interpretación
de las Escrituras. O sea, si alguien conoce la voluntad
de Dios, deberían ser ellos. Y es que el fariseo, podéis notar
en la oración, él no pide nada de Dios. No pide nada de Dios. Porque él piensa que no necesita
nada. Lo tiene todo. Para él no es necesario buscar
el perdón. Él no necesita la misericordia
de Dios. Pero vemos cómo el fariseo se
compara con otros. Ora con una postura de confianza. Ahora... posiblemente, y lo más probable
es que el fariseo, entra directamente, lo más cerca que puede entrar.
Había secciones donde solamente los sacerdotes podían entrar
en el templo y aún también en lo que es solamente el lugar
santísimo donde el sumo sacerdote podía entrar, pero había diferentes
patios donde los hombres judíos podían entrar, o sea, podían
acercar si no eran sacerdotes, eran los
que más cerca se podían acercar, y luego ya eran las mujeres,
y luego ya los gentiles, y entonces, aquí vemos al fariseo que lo
más probable es que se ha acercado, porque él es el supersanto, entonces
él puede estar lo más cerca posible. Y él, sin problema, empieza a
jactarse de lo que él ha hecho. Ahora, en esta cultura, oraban
o en silencio o en voz baja. Y... la idea de que está puesto en
pie, o sea, realmente era bastante común que orasen de pie, pero
vemos que él no refleja... no refleja humildad en lo que... en cómo ora. Y aunque su oración
empieza con gratitud, no se enfoca en la obra soberana de Dios.
El fariseo está tan seguro en su rectitud que se compara con
otros. Sí, los otros han violado. Oye,
es como, oye, Dios, ¿tú has visto lo que han hecho ellos? Yo no
soy así. Ellos han violado la ley de Dios. Y su mención del
publicano muestra su actitud de crítica. ¿Por qué no conoce
al publicano? Le identifica por su profesión
y dice, mira, solamente por su profesión ese hombre es pecador. Menos mal que no soy como él.
Por eso nos dice, al final del versículo 11, ni aún como este
publicano. O sea, yo no soy como él. Y es
que el fariseo le dice a Dios lo bueno y recto que es. Porque
no solamente guarda la ley de Dios, sino que él es mejor que
otros. él se considera el estándar de
la rectitud. Y su oración revela que él piensa,
lo que él piensa que es honrar a Dios. Él, su oración revela
lo que él piensa que es ser justo delante de Dios. Piensa que lo
ha hecho todo él. Piensa que se ha ganado la justicia
por su propia fuerza. Piensa que Dios es afortunado
por tenerle a Él. Realmente, no conoce nada sobre
la santidad de Dios. No considera su propio pecado. Se evalúa como el más justo.
Él mismo ha desarrollado la manera de evaluar quién es justo y quién
no. Y él es el estándar. Y es que
hace un reporte de su propia rectitud y de la falta de rectitud
de otros. Por eso nos dice aquí el versículo
11. El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera.
Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres. Ladrones,
injustos, adúlteros, ni aún como este publicano. Entonces, él
testifica que está del lado de Dios. Él no es como los otros
pecadores, no. Él ha cumplido la ley de Dios.
Por ejemplo, en Éxodo 20, del 14 al 15, dice, no cometerás
adulterio, no hurtarás. Son dos de las cosas que menciona
aquí el fariseo diciendo, oye, he cumplido la ley de Dios, a
rajatabla. Y no solamente eso, he ido más allá. Pero hay que
recordar que cuando Jesús explica lo que es la piedad verdadera
ahí en Lucas 10, 27 dice que es amar a Dios y amar al prójimo. O sea, reflejar
el amor de Dios. Cuando dice Lucas 10, 27, Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con
todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como
a ti mismo. Eso es Lucas 10, versículo 27.
Eso es lo que Dios desea. Que amemos a Dios sobre todo.
Y que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Debemos
de reflejar el carácter de Dios. Aquí vemos a este fariseo criticando
a los publicanos, pero ¿qué es lo que hacía Jesús? Él... Cuando vinieron a Él los
fariseos, en Marcos 9, del 11 al 13, Dijeron a los discípulos de Jesús,
¿Por qué come vuestro maestro con publicanos y pecadores? Al oír esto, Jesús les dijo,
los sanos no tienen necesidad de médicos, sino los enfermos.
Y aprended lo que significa misericordia, quiero y no sacrificio. Porque no he venido a llamar
a los justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Eso es Mateo
9, del 11 al 13. Eso es lo que Dios valora. amor
a Dios primero y amor al prójimo. Y Jesús lo demuestra amando a
los publicanos de tal manera que participaba
con ellos en sus comidas. O sea, se acercaba a ellos para
que ellos pudieran conocer al Dios verdadero. Conocerle como
Señor y Salvador. Aquí, en el versículo 12, vemos
cómo continúa orando el fariseo, alagándose, diciendo, ayuno dos
veces a la semana, y doy diezmos de todo lo que gano. O sea, aquí
el fariseo destaca dos prácticas, el ayuno y el diezmo. Ahora,
lo que hay que entender, es que de acuerdo a la ley del Antiguo
Testamento, sólo se requería el ayuno una vez, incluso un
día al año, un día al año y era el día de la expiación. En Levítico
16, del 29 al 31, Levítico Dice, y esto tendréis por estatuto
perpetuo. En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis
vuestras almas y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero
que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación
por vosotros y seréis limpios de todos vuestros pecados delante
de Jehová. Día de reposo es para vosotros y afligiréis vuestras
almas. Es estatuto perpetuo. Eso es Levítico 16 del 29 al
31. ¿Vale? Entonces, ese era el único día
que se requería. que todo el mundo ayunase. Ahora,
una persona podía ayunar, y ayunaban de diferentes maneras, muchas
veces era por lamento, o por dedicación a Dios, etcétera.
Podían ayunar más, pero sólo se requería un día al año. Y el fariseo dice aquí en Lucas
18, 12, ayuno dos veces a la semana. para que sepáis, o sea,
Dios para que sepas lo santo que soy yo. Ayuno dos veces a
la semana. Ahora, también hay que entender,
es que en la tradición judía, había llegado a tal punto, en
intentar ganar mérito con Dios, que ayunaban dos veces a la semana,
los lunes y los jueves. Simplemente para ganar mérito
con Dios. Aquí, eso es lo que refleja aquí esta oración del
fariseo, Y lo que hay que entender es que la religiosidad obligada
para el judaísmo en el tiempo de Jesús era dar limosnas, oraciones,
ayuno... ¿Pero por qué lo hacían? Para
ser vistos de los hombres. Para recibir aplausos. Para que
les dieran palmas en la espalda y decir, wow, qué espiritual
eres. Y por eso querían que todo el mundo supiera. O sea, si voy
a orar, pues voy a orar en la esquina de la calle para que
todo el mundo me pueda ver. Si voy a dar ofrenda o limosnas,
pues me voy a asegurar que son monedas y que se escuchan cuando
caen, para que las personas los... ¡Wow! Y entonces voy a hacer
mucho ruido para que las personas me aplaudan. Y en Mateo 6, versículo
2, Jesús dice, cuando puedes des limosna, no hagas tocar trompeta
delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y
en las calles para ser alabados por los hombres, de cierto os
digo que ya tienen su recompensa. O en Mateo 6, 5, cuando ores,
no seas como los hipócritas porque ellos aman orar en pie en las
sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos de
los hombres. De cierto os digo que ya tienen
su recompensa. O en Mateo 6, 16, cuando ayunéis, no seáis
austeros como los hipócritas, porque ellos demudan sus rostros
para mostrar a los hombres que ayunan. De ciertos digo que ya
tienen su recompensa. Eso es en Mateo 6, versículo
16. O sea, ahí vemos como Jesús menciona que estos escribas y
fariseos lo hacen para ser vistos de los hombres, para hacer un
show. Pero eso no es lo que Dios valora. Dios valora la humildad. Pero aquí vemos a este fariseo eh... jactándose de lo que hace.
Ayuno, aquí nos dice Lucas 18, 12. Ayuno dos veces a la semana
y doy diezmos de todo lo que gano. Ahora, el diezmo, eh... es un... es una... o sea, tiene
trasfondo en el Antiguo Testamento, es algo que debemos de continuar
haciendo, eh... en Deuteronomio 14, del 22 al
23, dice, "...indefectiblemente diezmarás todo el producto del
grano que rindiere tu campo cada año, y comerás delante de Jehová
tu Dios en el lugar que Él escogiere para poner allí su nombre, el
diezmo de tu grano, de tu vino, de tu aceite, y las primicias
de tus manadas, de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová
tu Dios todos los días." Sobre todo tiene un homenaje 14 del
22 al 23 y el 10 no tenía ese propósito. De aprender a temer
a Dios y aprender a descansar y depender de Dios. Devolverle
un poquito de lo que te ha dado para reflejar tu confianza en
Dios. Para decir, Dios, yo confío en
ti, tú vas a proveer por mis necesidades. Entonces, el punto
de que diezme no es un problema. La cuestión es, aquí se está
exaltando, dice, doy diezmos de todo lo que gano. Ahora, posiblemente,
se está refiriendo a una práctica común entre los fariseos, es
que aunque el agricultor ya había dado diezmos conforme a la ley,
como he leído ahí en Deuteronomio 14, del 22 al 23, el agricultor
ya ha dado los diezmos. Algunos fariseos diezmaban los
alimentos que comían. Entonces, al final, diezmaban
absolutamente todo. ¿Para qué? Para aparentar ser
súper religiosos. Incluso por ello, Jesús les dice
en Mateo 23, 23, Hay de vosotros escribas y fariseos hipócritas,
porque diezmáis la menta, y el eneldo, y el comino, y dejáis
lo más importante de la ley, la justicia, la misericordia
y la fe. Esto era necesario hacer sin dejar de hacer aquello. Eso
es Mateo 23, 23. O sea, ellos reflejaban que su
corazón no era recto para con Dios, porque ellos conocían la
ley de Dios y entonces ellos manipulaban la ley para poder
hacer lo que les daba la gana. O sea, cumplían la ley a rajatabla,
pero luego sabían cómo mover las cuerdas para al final escapar
y aparentar ser súper religiosos. Reflejan que no tenían el corazón
correcto porque como Jesús menciona ahí, 10 man, especies, pero luego
no practican la justicia, o sea, la rectitud, no practican la
misericordia, no muestran el amor que deben de reflejar, no
muestran la fe. Entonces, todo ello para que
nos demos cuenta que aquí el fariseo piensa que está haciendo
más de lo que Dios espera de él. Piensa que impresiona a Dios
con el registro de su servicio. De todas formas, Jesús enseñó
a sus discípulos que no se enorgullecieran de
sus obras, porque Él nos dice en Lucas 17, 10, dice así también
vosotros cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado. Decid, siervos inútiles somos.
pues lo que debíamos hacer. Hicimos. Entonces, no te jactes
de todo lo que hagas por Dios. O sea, asegúrate de tener el
corazón correcto delante de Dios. Pero no es lo que tiene aquí
el fariseo, porque se está jactando. Y es que cuando la forma de orar,
la forma de adorar, de servir, llega a ser el enfoque, se convierte
en una barrera para la piedad. Es que la religiosidad de los
fariseos iba más allá de lo requerido en la ley. Pero era una rutina.
Lo hacían para ser vistos de los hombres. Buscaban la gloria
del hombre. No lo hacen para Dios. No lo
hacen con un corazón correcto. No tienen una relación genuina
con Dios. Y por ello Jesús está contrastando esta super religiosidad
del pariseo con la del paulicano. Porque ahora nos presentan la
oración del paulicano en el siglo XIII. Dice, más El publicano,
estando lejos, no quería ni aún alzar los ojos al cielo, sino
que se golpeaba el pecho, diciendo, Dios, sé propicio a mí, pecador. Ahora aquí el publicano refleja la actitud del salmista en el
Salmo 51. Porque en el Salmo 51, El versículo 1 al versículo 3
dice, TEN PIEDAD DE MÍ, OH DIOS, CONFORME A TU MISERICORDIA, CONFORME
A LA MULTITUD DE TUS PIEDADES, BORRA MIS REBELIONES, LÁVAME
MÁS Y MÁS DE MI MALDAD Y LÍMPIAME DE MI PECADO, PORQUE YO RECONOZCO
MIS REBELIONES Y MI PECADO ESTÁ SIEMPRE DELANTE DE MÍ. Eso es
Salmo 51. Y ahí el título mismo del Salmo
nos indica que fue cuando el rey David adulteró con Bechabé
y mató a Orías, el marido de Bechabé. Y entonces viene Natán
el profeta y le reprocha. Y entonces David se arrepiente. Y vemos que es un arrepentimiento
genuino. Porque él no intenta manipular
a Dios, decir todo lo bueno que ha hecho. No. Él dice, soy pecador. Y lo único que pide es misericordia.
Eso es lo que refleja aquí el publicano. Él no se jacta de
nada, porque no tiene ninguna clase de mérito por el cual se
puede jactar. Porque él conoce su situación.
Él es parte de un grupo indeseado, conocido por su pecaminosidad.
Él no está del lado de Dios, sino de los romanos. Él se ha enfocado en el dinero.
Se les conocía como estafadores y mentirosos. Y por ello aquí
vemos al publicano, vemos su posición. ¿Dónde está? Dice,
estando lejos. ¿Vale? O sea, el publicano se
mantiene a lo lejos porque se da cuenta de su pecado. La distancia
sugiere que se siente indigno de acercarse a Dios. Para el
publicano, Dios es el estándar. Y se da cuenta de que él cae
muy corto. Por ello, se entrega a la misericordia
de Dios para recibir perdón. Él lo que hace es clamar a Dios.
Él se humilla estando lejos. Porque aún como el Salmo 15,
el Salmo 15, y aún también el Salmo 24, describe a personas
que pueden, o sea, que tienen acceso El Salmo 24, versículo
3, ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Quién estará en su lugar
santo? O el Salmo 15, versículo 1, Jehová,
¿Quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién molará en tu monte santo? O sea, y entonces, en esos dos
Salmos, Salmo 15 y Salmo 24, describen a la persona que tiene
acceso a Dios, y no es por su propio mérito. Y por ello, aquí el, el... El
publicano se da cuenta de que él no califica. De acuerdo a
esos salmos él no cualifica. Porque no está limpio. Él no
tiene un corazón puro. Él ha elevado su alma a cosas
vanas. Él ha engañado. Él ha calumniado. Ha recibido sobornos. Ha exigido
intereses injustos. No ha sido íntegro. Ha hecho
lo malo a su prójimo. Ha roto los mandamientos de Dios.
Y reconoce su gran necesidad de Dios. Reconoce su lejanía
de Dios. y reconoce que no merece misicordia.
Él se considera a sí mismo y se da cuenta, cae muy corto del
estándar de Dios. Y por ello no levanta la vista
porque está avergonzado de sus pecados. Y esa idea de golpear
ese pecho es una muestra de gran duelo, de gran tristeza. Comunmente las manos las levantaban
para orar o posiblemente las cruzaban. Pero aquí vemos a este
publicano está mostrando duelo por su pecado. Y el tono de su
oración es diferente al del fariseo. No refleja egoísmo, no refleja
autoconfianza, él no se compara con otros, porque Dios es el
estándar. Él no está interesado en lo que
otros piensan de él. El publicano no enumera todo
lo que le hace inmerecido de la misericordia de Dios, él simplemente
pide que Dios le muestre misericordia. Ahora, quizás, porque si notáis
aquí dice, Dios, sé propicio a mí pecador. O sea, él reconoce
su pecado. Lo posiblemente también es lo
que las personas le han estado llamando. Le han llamado pecador. Esa era la descripción que otros
usaban de él. Y entonces él, básicamente está
diciéndose. Definitivamente. Soy pecador. Caigo muy corto
del estándar de Dios. Me he revelado contra Dios. Porque
ese término pecador tiene la idea de culpable de romper la
ley de Dios. O sea, alguien que vive opuesto
a la ley de Dios. Y por ello debemos pedir la misericordia
de Dios. Dice, sé propicio a mi pecador.
Se terminó esa idea de ser propicio. Es la idea de mostrar bondad
y compasión a alguien que no lo merece. Es tener misericordia,
es perdonar, es proveer perdón. Eso es lo que pide. Y refleja
humildad. Se identifica como el peor de
los pecadores. Y lo que muestra es arrepentimiento
genuino. pide que Dios le muestre misericordia. Y entonces, en
el versículo 14, Jesús da el veredicto. ¿Vale? Nos ha presentado
esta escena. Dos personas suben al templo.
Dos polos opuestos. Un súper religioso y un súper
pecador. Les presenta las oraciones. Y
entonces, ¿cuál es la evaluación que importa? ¿La de los hombres
o la de Dios? Y entonces Jesús da la evaluación
de Dios. Jesús sabe quién es justificado
y quién no. Jesús contrasta a estos dos hombres. Y entonces nos dice
en versículo 14, os digo, que éste, se está refiriendo al publicano,
al recaudador de impuestos, éste descendió a su casa justificado,
antes que el otro. porque cualquiera que se enaltece
será humillado y el que se humilla será enaltecido". Entonces, aquí
vemos cómo Jesús describe lo que Dios valora. Porque el fariseo
piensa que es el centro del universo. Quiere sobresalir con sus obras.
Encuentra seguridad al compararse con otros. Está dedicado, pero
tiene la motivación incorrecta. Juzga a otros sin confesar sus
propios pecados. Olvida de que sólo Dios es santo.
Olvida que Dios es juez justo. Pero en contraste, el publicano,
él se enfoca en su condición espiritual, él sabe que es pecador.
Él se enfoca en su relación con Dios y no presenta ninguna defensa
por su pecado. Él se humilla delante de Dios
y pide la misericordia de Dios. Y como os dice Santiago 4, del
8 al 10, Dios acoge al humilde. En Santiago 4, versículo 8, "...acercaos
a Dios, y Él se acercará a vosotros, pecadores. Limpiad las manos,
y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
Afligíos y lamentad y llorad. Vuestra risa se convierta en
lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor,
y Él os exaltará." Eso es Santiago 4, del 8 al 10. Nos dice, Dios acepta, Él acoge
al humilde. Y por ello vemos aquí en el siglo
XIV que Dios aceptó la oración del cobrador de impuestos, pero
no la oración del fariseo. El fariseo no descendió justificado. El... el... el... el... el... el publicano
es quien descendió justificado por su oración de fe, por su
oración humilde. Porque el fariseo no menciona
a Dios. Bueno, menciona a Dios, pero
no ora a Dios. Él se enfoca en sus virtudes
y piensa que sus méritos impresionan a Dios. Pero el publicano conoce
su situación pecaminosa y se humilla delante de Dios. Y su
única opción es suplicar. Es pedir la misericordia de Dios.
Y por ello aquí el texto nos muestra la actitud que Dios valora.
Realmente responde la pregunta ¿Quién verdaderamente honra a
Dios? el súper religioso que hace un
montón de cosas sin la motivación correcta, sin hacerlo para Dios,
sino para los hombres, o la persona que es pecadora y lo sabe y se
humilla delante de Dios y pide misericordia de Dios. Es que
Dios honra la humildad y por ello la última parte del siglo
XIV nos da la razón por la que Dios escucha la oración del publicano
y dice porque cualquiera que se enaltece será humillado y
el que se humilla será enaltecido. Y es que los humildes reconocen
su falta espiritual. No se comparan con otros y reconocen
que sólo tienen acceso a Dios por su misericordia. Es que la
seguridad de recibir misericordia se basa en la obra de Jesucristo. El fariseo se imagina que sus
obras le justifican Pero como nos dice Romanos 4.2, si Abraham
fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero
no para con Dios. O sea, te puedes dar palmadas en la espalda por
todo lo que haces, bien, pero eso no, eso me impresiona a Dios.
Nos dice Romanos 4.5, más al que no obra, sino cree en aquel
que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Esos Romanos 4, versículo 5.
Es la fe, es la humildad, es clamar a Dios por misericordia. Eso es lo que justifica. Como nos dice Galatas 2.16, sabiendo
que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino
por la fe de Jesucristo. Nosotros también hemos creído
en Jesucristo para ser justificados por la fe de Cristo y no por
las obras de la ley. Por cuando por las obras de la
ley nadie será justificado. Eso es Galatas 2,16. O en Efesios
2,8-9. Porque por gracias sois salvos
por medio de la fe. Y esto no de vosotros, pues es
don de Dios. No por obras para que nadie se
gloríe. Eso es Efesios 2,8-9. Esos dos
textos dejan muy claro que no te puedes justificar a ti mismo.
Ningún mérito que tú hagas para Dios te puede congraciar con
él de alguna manera. No te puedes ganar la salvación.
No te puedes ganar la vida eterna por ti mismo. sino es solamente
por medio de Jesucristo. Exclusivamente por Él. Él es el único Mediador entre
Dios y los hombres. Él es el único camino a Dios. Y entonces, al considerar estos
dos personajes, o sea, no pienses... Menos mal que no soy como el
publicano. Porque... ¿Qué pecador es? Pero tampoco
pienses, menos mal que no soy como el fariseo. O sea, hay que
evaluar. Hay que considerar que lo que
Dios desea es el corazón. Porque el fariseo piensa en sí
mismo, se enorgullece, critica a otros, se enfoca en su supuesta
santidad, se enorgullece de su rectitud, pero
también el publicano ha hecho mucho mal. Mucha maldad. Y posiblemente pueda decir, ah
pues Dios va a tener misericordia de mí de todas formas, entonces
puedo seguir en ese camino de maldad. Lo que hay que reconocer
es que tenemos que acudir a Dios a su manera, no a la nuestra.
Y clamar a Dios. Porque todos estamos muertos
en nuestros delitos y pecados, nos dice Efesios 2. Todos merecemos
la ira de Dios. Nos dice Romanos 6, 23. La paga del pecado es muerte. más la dádiva de Dios, es vida
eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. Es que la salvación
es por la fe, porque como nos dice en Romanos 5, 8, más Dios
muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores,
Cristo murió por nosotros. Entonces, no descansemos en nuestros
méritos, no descansemos en nuestras habilidades, no pensemos que
somos mejores que otros, Y tampoco pensemos que somos tan pecadores
que Dios nunca nos va a perdonar. Sino tenemos que acudir a Dios
con fe, en humildad, descansando en su palabra, descansando en
que Él sabe lo que hace y que Él provee salvación a aquellos
que se acercan a Él. Aquellos que claman a Él por
misericordia. Aquellos que le buscan. Y por
eso, como leí antes en Santiago 4, del 8 al 10, dice, acercaos
a Dios y Él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos
y vosotros los de doble ánimo, purificar vuestros corazones,
afligíos y lamentad y llorad, vuestra risa se convierta en
lloro y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor y
Él os exaltará. Eso es Santiago 4 del 8 al 10.
Entonces, acércate a Dios. Si no conoces a Jesús como el
Señor y el Salvador, acércate a Dios. Búscale. cree en Él como Señor y Salvador.
Pero si le conoces, no te enorgullezcas de que no practicas lo que otros
practican, sino humíllate delante de Dios. Asegúrate de honrar
a Dios con tu vida, de vivir por Él. Como nos dice 2 Corintios
5,15, por todos murió. Para que los que viven ya no
vivan para sí. sino para aquel que murió y resucitó
por ellos. Eso es 2 Corintios 5, versículo
15. Es que Dios conoce tu corazón. Humillate delante de Él. Dios conoce tu corazón. Humillate
delante de Él. Vamos a terminar en oración.
Dios conoce tu corazón; humíllate delante de Él
Series Parábolas
| Sermon ID | 622252146417605 |
| Duration | 49:46 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Luke 18:9-14 |
| Language | Spanish |
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