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Vamos al capítulo 10, versículos
22 al 42, la segunda mitad de este capítulo. La primera ya
la tratamos hace unas semanas, cuando el Señor Jesucristo se
compara a sí mismo con el redil, con la puerta. Yo soy la puerta
por donde entran las ovejas. Vamos a leer la segunda parte
de este capítulo 10, a partir del versículo 22. Dice así la
palabra del Señor. Celebrabase en Jerusalén la fiesta
de la dedicación, era invierno, y Jesús andaba en el templo por
el Córtico de Salomón. Y le rodearon los judíos y le
dijeron, ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma si tú eres el Cristo? Dínoslo abiertamente. Jesús le
respondió, os lo he dicho y no creéis Las obras que yo hago
en nombre de mi Padre ellas dan testimonio de mí, pero vosotros
no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo
las conozco, y me siguen. Y yo les doy vida eterna, y no
perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre
que me las vio es mayor que todos. y nadie las puede arrebatar de
la mano de mi Padre. Yo y el Padre, uno somos. Entonces los judíos volvieron
a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió, muchas buenas
obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos diciendo, por buena obra no te apedreamos,
sino por la blasfemia, porque tú siendo hombre te haces Dios.
Jesús le respondió, no está escrito en vuestra ley. Yo dije, dioses
soy. Si llamó dioses a aquellos a
quienes vino la palabra de Dios, y la escritura no puede ser quebrantada,
al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís, tú
blasfemas, porque dije, hijo de Dios soy. Si hago las obras
de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me
creáis a mí, creed a las obras. para que conozcáis y creáis que
el Padre está en mí y yo en el Padre. Procuraron otra vez prenderle,
pero él se escapó de sus manos. Y se fue de nuevo al otro lado
del Jordan, al lugar donde primero había estado bautizando a Juan,
y se quedó allí. Y muchos venían a él y decían,
Juan, a la verdad ninguna señal hizo, pero todo lo que Juan dijo
de éste era verdad. Y muchos creyeron en Él, ahí. Amén. Vamos a tener una breve
oración. Señor Dios nuestro, te queremos
rogar que tú abras nuestros corazones en esta tarde. Que tu palabra
sea predicada, Señor. Que tú quieras darme palabras
para llegar al corazón de mis hermanos. Señor, que tú en esta
tarde abras corazones, abras ojos, abras entendimientos. Señor,
para que tú nos cambies por tu palabra. Señor, que aquellos
que somos tus ovejas tengamos mayor firmeza y mayor convicción
que aquellos que aún no saben si son tuyos. Señor, tú quieras
llamarlos por su nombre y formen parte de este rebaño y estén
bajo ese buen Pastor que eres Tú. Te lo pedimos en nombre de
Señor Jesús. Amén. Como decía antes, en la primera
mitad de este capítulo 10, el Señor Jesucristo se compara a
sí mismo con el redil y utiliza esta parábola del redil. Él es
el buen pastor, Él es la puerta del redil por donde entran y
salen las ovejas. Él conduce a sus ovejas a verdes
pastos. Y ahora en esta segunda mitad
del capítulo 10, el Señor continúa con esa comparación, con esa
ilustración del pastor y las ovejas. Se nos dice aquí que
está Jesús en otra fiesta judía. Jesús como buen judío estaba
en todas las fiestas judías. ¿Sabéis lo que había de malo
en estas fiestas? Que se encontraba con todos los paiseos, ¿verdad?
Y ya estaba servida la polémica. Ya se enfarsaban en estas discusiones
tan típicas. Se nos dice también que era la
fiesta de la dedicación del templo, que era invierno, y que Jesús
andaba bajo el pórtico de Salomón. Seguramente un gran pórtico,
un gran porche, tal vez protegiéndose del mal tiempo, si era invierno
en ese momento. De nuevo Jesús se encuentra con
los judíos y con esas preguntas que le hacen. Y en esta ocasión
vienen con un tema muy típico, el tema de la ansiedad, el tema
de la preocupación, el tema de la falta de seguridad Les dice
en el versículo 24 que están turbados, que están ansiosos,
literalmente. Si tú eres el Cristo, dínoslo
abiertamente, no nos hagas sufrir más. Dilo de forma clara. Responde a nuestra intriga, a
nuestro interrogante. Y el tema de la seguridad o de
la inseguridad es un tema muy cotidiano para cada uno de nosotros,
¿verdad? Todos tenemos grandes interrogantes en nuestra vida.
¿Qué pasará conmigo dentro de una semana? Dentro de un mes?
Dentro de un año? Subirá la hipoteca? No subirá? Bajará el precio de la gasolina?
Acabaré los estudios? Me promocionará el jefe? Qué
pasará con esta relación? Qué pasará con tantas cosas,
verdad, que tenemos en el aire cada uno de nosotros? Nos gustaría
tener respuestas firmes. A estos hombres vienen a Jesús
buscando una respuesta firme, una respuesta condutente. Dinos,
¿eres tú el Cristo? Nos come la ansiedad. Danos una
respuesta, dinoslo, queremos saberlo. Y todos estamos ansiosos,
todos luchamos por la ansiedad, de mil maneras diferentes, todos
tenemos grandes preguntas en nuestra mente, y es que el mundo
está loco. Todo cambia, continuamente, arriba
y abajo, parece que todo viene y todo pasa. Estos judíos vienen
a Jesús con una pregunta buscando certeza y certeza espiritual,
una respuesta en sus corazones. ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo abiertamente. Ojalá en las muchas preocupaciones
que cada uno de vosotros tengáis, tengáis esta. Ojalá hayas venido
esta tarde aquí con esta pregunta. Jesús, ¿eres tú el Cristo? Quiero
saberlo. Dale una respuesta. Ojalá ya
hayas recibido respuesta del Señor en tu corazón y sepas con
firmeza, sí, tú eres el Cristo. Puedes decir como el apóstol
Pedro, tú eres el Hijo del Dios viviente. No sólo vienen estos
hombres con incerteza, con inseguridad, sino que Jesús les da una respuesta
que tal vez no esperaban. Si no sabéis que yo soy el Cristo,
es porque no soy de mis ovejas. Si no estáis seguros de que yo
soy el Cristo es porque os falta fe, os falta convicción. A veces
el Señor Jesucristo, a veces o casi siempre, habla en clave,
¿verdad? De manera que aquellos que son
del Señor le entienden y aquellos que no son del Señor sus corazones
son endurecidos más todavía y se alertan. Estos hombres necesitan
que Dios les abra el entendimiento. Si no están recibiendo a Jesús
como el Cristo, el Mesías, es porque no hay fe en su corazón.
Les falta fe para estar seguros de todo lo que han visto y de
todo lo que Jesús ya ha dicho. Te metí un ejemplo muy sencillo
de nuestra vida cotidiana. Imagínate que tienes que revisar
el coche. Ha subido algún ruidito por ahí. Lo tienes que llevar
a un mecánico. Pero no lo llevas a aquel mecánico
de confianza de toda la vida, aquel que es primo de tu primo.
Sino que lo llevas a uno que apenas conoces, no estás seguro
de qué va a hacer. Un mecánico que no te merece
confianza. Que no necesariamente tienes
fe en él. Y sales de vacaciones con tu
coche y estás siempre con el corazón en un puño, ¿verdad?
que vas conversando con tus hijos, con tu esposa, ¿qué pasará? ¿Nos
quedaremos tirados? ¿Ya tienes que ir buscando direcciones
de hoteles para pasar la noche? ¿O qué? ¿Qué va a pasar con él? En cambio, si has ido a ese mecánico,
el que sí te merece confianza, vas tranquilo, ¿verdad? ¿Sabes
qué? Lo ha mirado y ha hecho un buen
trabajo. Te merece confianza, has puesto
fe en él. Estos hombres se acercan a Jesús
sin fe. Luego por muchos milagros que
Jesús haga, por muchas cosas que Él diga, siempre van a estar
con esa incerteza. Porque les falta fe. No pueden
decir que Él es el Cristo. Les falta seguridad. ¿Te falta
seguridad en tu vida? ¿Has escuchado la voz del Señor
Jesucristo y qué dice? ¿Creo? ¿Tengo fe? ¿Es verdad? ¿Si lo creo? o no
sé, tal vez, necesito algo más para convencerme. ¿Sabes que
no pasan las palabras, ni los milagros, ni los hechos para
acabar de convencerte? Tienes que dar un paso de frente
y decir, creo Señor, Tú eres el Cristo. Ahora, si ya eres
cristiano, estás convencido de que estás en las manos del Señor
Jesucristo, que Cristo te ha salvado, Y permitirme decir que
la salvación no es solamente futura. Cuando hablamos de salvación
pensamos en el día que yo me muera me iré al cielo. La salvación
es pasada, es futura, es presente. La salvación abarca en todo de
la persona. Yo fui salvo en el pasado porque
en la cruz Cristo pensó en mí y derramó su sangre por mí. Yo
fui salvo antes de la fundación del mundo, cuando Dios escribió
mi nombre en el libro de la vida. Y yo puedo decir que fui salvo. Dios seré salvo en el futuro,
por supuesto. Seré salvo en el futuro cuando Cristo venga en
su gloria y me lleve, o cuando muera y yo vaya a su presencia,
seré salvo. Pero también somos salvos en
el presente. El cristiano es salvo en el presente porque Dios
lo está guardando, Dios lo está preservando, Dios lo está guiando,
Dios lo está amando, Mateo 6.26 dice, mirad las aves de los cielos,
que no siembran, ni ciegan, ni recogen en graneros, y vuestro
Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más
que ellas? ¿Eres salvo? ¿Fuiste salvo? ¿Serás
salvo? La cerqueza del cristiano es
decir, sí, soy salvo, estoy en las manos de Dios, y como hemos
leído, nadie me arrebatará de su mano. nadie le puede arrebatar
de su mano. Este pasaje, y así titulo el
sermón de esta tarde, nos habla sobre todo de la seguridad de
salvación, y repito, no solo de salvación futura, sino de
que estás en las manos de Dios, de que Él te guarda, Él te preserva,
Él te guía, Él encamina tus pasos, Él te protege, Y en este pasaje
básicamente el Señor Jesucristo nos da dos grandes argumentos
para estar convencidos de que estamos en las manos de Dios
y de que el cristiano está en las manos de Dios. En primer
lugar, puedes estar seguro de esto. Puedes estar fuera de toda
ansiedad y estar tranquilo de que Dios está por ti y estás
en las manos de Dios por lo que has visto que Dios ha hecho en
ti. En segundo lugar, por quién Cristo es. Y vamos a meditar un momento
en estas dos verdades. En primer lugar, puedes estar
confiado, puedes estar confiado porque ves quién eres tú por
la gracia de Dios. Ahora os podría encargar de haceros
levantar la mano para que me explicarais quién soy, quién
eres tú, quién eres tú. y no quisiera saber tu nombre
y dirección y documento nacional de identidad y pasaporte. No.
¿Quién eres tú en Cristo? ¿Qué es lo que Dios ha hecho
contigo? Cuando yo miro quién soy yo en Cristo, eso me da convicción
de algo. Convicción de que estoy en las
manos de Cristo y Cristo sigue trabajando en mi vida. Hemos
leído hace un momento, mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco
y me siguen, y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás,
ni nadie las arrebetará de mi mano. Por tanto, si sabes que
eres de Cristo, sabes que eres una oveja del Señor, sabes lo
que Dios ha hecho en tu vida. Puedes ver lo que Dios ha hecho
en tu vida. Y si no lo ves, déjame reflexionar
contigo por un momento. En primer lugar, ¿hubo un momento
en tu vida en que escuchaste la voz del buen Pastor? ¿Hubo
un momento en tu vida que escuchaste su voz decir, sígueme? Y respondiste, Señor, ven aquí. Si escuchaste en tu vida, en
un momento en concreto de tu vida, la voz del Buen Pastor,
es que eres una oveja de ese Buen Pastor. Y le sigues. Todo cristiano puede decir, hay
un antes de Cristo en mi vida y hay un después de Cristo en
mi vida. Hay un momento en que me encontré
con Cristo. Hay un momento en que nací de
nuevo. Hay un momento en que Dios cambió
mi corazón. Si eres cristiano puedes responder
a esa pregunta. ¿Hubo un momento en que escuchaste
la voz del Señor? ¿Hubo un momento en que yo no
veía, yo no entendía, yo no comprendía y después veo, entiendo, comprendo
y sigo a Cristo? Por tanto, una primera señal
de la obra de Dios en tu vida. Hay un antes y un después. ¿Hay
un antes y un después? Te lo estoy preguntando. Espero
que te puedas decir. Hay un antes y un después. Como
la historia, ¿eh? ¿Cómo se divide la historia?
Antes de Cristo y después de Cristo. Todo lo que sucede es
antes de Cristo y después de Cristo. Espero que en tu historia
también puedas decir en cada episodio de tu historia, esto
pasó antes de Cristo. Esto pasó ahora, con Cristo,
en mi vida. Segunda señal clara de la obra
de Dios en tu vida y de que eres una oveja del Señor es que no
puedes resistirte de seguirle. Mis ovejas oyen mi voz y yo las
conozco y me siguen. El cristiano puede decir, no
puedo resistirme, necesito seguir a Cristo. No puede pasar más
tiempo sin orar, sin leer su Biblia, está deseoso de que llegue
el domingo para alabar al Señor, para escuchar la Palabra, para
reunirse con los hermanos. Esa es una señal del auténtico
cristiano. Necesita más de Cristo. No sólo que escuchó la voz de
Cristo en un momento de su vida, sino que es irresistible querer
más de Cristo. Quiere, toda oveja quiere comer
de los verdestrados. Toda oveja quiere beber del agua
fresca. Todo cristiano quiere más de
Cristo. Y cuando tiene más de Cristo,
quiere más de Cristo. ¿Todos habéis fijado en un niño
cuando crece? ¿Y cómo comen? ¡Caramba! ¿Cómo comen? Comen
cuando tienen 5 años, cuando tienen 8, cuando tienen 15, cuando
tienen 20. Y cuando tiene 20 no come lo
que comía cuando tenía 5, ¿verdad? Crece, madura y por tanto se
alimenta más. El cristiano también. No te conformes
con el alimento espiritual que tenías cuando eras un bebé en
la fe, cuando tenías un año en la fe, cuando tenías cinco años
en la fe. El cristiano crece, el cristiano
avanza, el cristiano quiere más. Más de Cristo, más de la Palabra. Conocer más, estar más cerca
de la fe. Ese crecimiento y ese deseo de
querer más del Señor es otra señal del cristiano verdadero. de la oveja del Señor. Y en tercer
lugar, ¿ves la guía del Señor en tu vida? El que es una oveja
del Señor puede decir, sí, el Señor me guía. El Señor me ha
guiado a lo largo de todos estos años. El Señor me guía en las
circunstancias. El Señor me guía en las pruebas.
Me guía en las dificultades. Me guía hacia los verdes pastos. El Señor encamina mi corazón.
El Señor cambia mi corazón. El Señor cambia mi carácter.
Mira cómo era yo, mira cómo soy ahora y cómo seré, cómo habré
de ser. El cristiano muestra el fruto
del Espíritu en su propia vida. Amor, gozo, paz, paciencia, bondad,
dignidad, fe, mansedumbre, templanza. El cristiano cambia y en ese
cambio reconoce que no es él, sino que es Dios que está trabajando
en él. Por tanto, el cristiano le da todo el mérito al Señor
Jesucristo. Como decía un puritano inglés,
ya lo voy a quitar más o menos, un puritano inglés, al ver un
vagabundo borracho echado en el suelo en la calle, decía,
ahí estaría yo si no fuera por Cristo. ¿Reconoces que todo don
perfecto, que toda bendición, que toda piedad, que todo carácter
cambiado, que toda buena obra no es tuya, sino que es obra
de Dios en tu vida, que va encaminando y cambiando tu corazón? Cuando
el cristiano ve todo esto en su vida, y si eres oveja del
Señor, has visto todo esto en tu vida, el cristiano dice, soy
una oveja del Señor, puedo estar tranquilo de que estoy en sus
manos, de que Él me está guiando. Si hubiéramos vivido hace unos
cuantos años, como 50 ó 70 años, y hubiéramos entrado en una sala,
en una escuela de pintura, y hubiéramos visto un cuadro medio acer, y
hubiéramos reconocido que era un Picasso, Si hubiéramos atrevido
a tocar la pintura, espero que ninguno lo hiciera, y estuviera
fresca, un Picasso medio hecho diría, Picasso está por aquí.
¿Verdad? Si esto es un Picasso y está
trabajando, Picasso está por aquí. El cristiano mira en su
vida y ve todas estas señales de que Dios está trabajando en
efecto en su vida y dice, Cristo está aquí. Cristo está en mi
corazón. Cristo está en mi vida. Cristo
está cambiando mis deseos, mis sentimientos, mi carácter, mi
matrimonio, mi familia, mis metas, mis ilusiones. Todo. Está cambiando
todo en mi vida. Hasta aquí medio sermón. Y si
nos quedáramos aquí, nos quedaríamos a media. El cristiano mira a
su propia vida y ve en la obra que Dios está haciendo en su
propia vida, que en efecto es una oveja del Señor, que Dios
está trabajando en su vida. Pero no nos podemos quedar con
eso. No nos podemos quedar con eso por la sencilla razón que
nosotros somos volubles, somos cambiantes, nuestro humor sube
y baja. Porque muchas veces no estamos
seguros de todo esto. y mirándome a mí mismo y mirando
cada uno de nosotros en nuestra vida podemos decir sí, yo soy
una oveja del Señor pero entonces ¿por qué pego? ¿por qué caigo? ¿por qué a veces no estoy tan
seguro de la dirección de Dios en mi vida? ¿por qué no siempre
tengo ganas de ir a la iglesia? ¿por qué a veces miro mi vida
y me da cansancio pensar que tengo que leerla, que tengo que
comer espiritualmente? Si soy una oveja del Señor ¿Por
qué tengo estas luchas espirituales? ¿Será que ya no soy un obeso
al Señor? ¿Será que he perdido la salvación? Hay muchos cristianos
que luchan con esto, que piensan que han sido salvos y que luego
han perdido su salvación. Que piensan que han sido salvos,
pero porque hay luchas y hay pecado y hay frustración en su
vida, esa salvación la han perdido. Y la verdad es que no, que no
podemos caer de las manos de Dios. Nadie las arrebatará de
mi mano, dice el Señor. Así que no solo miramos a nuestra
vida, porque nuestra vida es cambiante, Nuestra vida es cambiante,
miramos a algo más grande que nosotros. Tenemos que mirar a
Cristo, que es el que nunca cambia, el que nunca varía, el que siempre
es el mismo. Aquí tengo apuntado un chiste,
yo soy fatal para explicar los chistes, pero dice algo así.
Dice que uno está varando un campo y los surcos les habían
tanto augido que entonces viene un amigo suyo, taller, campesino,
y dice, oye, pero tú cómo haces los surcos. Y dice, bueno, pues
yo voy echando para adelante, el animal más o menos me guía.
Y dice, no, para hacer un surco, tú tienes que mirar a un punto
fijo, allí, en el horizonte, y seguir caminando hacia ese
punto fijo. Ah, vale, tomo nota. Llega el
día siguiente y los surcos están peor todavía. Entonces su amigo
le dice, ¿pero has hecho lo que se dijo? Sí, yo miro a un punto
fijo. ¿Dónde? Allí, aquel punto blanco. Y dice,
hombre, aquello es una vaca. iba siguiendo lo que creía, que
era un punto fijo, y los surcos le salían muchos pegados. Si
en mi vida cristiana mi única referencia soy yo, pobre de mí. Pobre de mí. Porque mi vida está
llena de altos y bajos. Hay momentos en mi vida en que
espiritualmente estoy, wow, eufórico. Hay momentos en que espiritualmente
estoy abatido, decaído, frustrado, triste. Tengo que fijarme en
algo que realmente no se mueva, que realmente sea estable, y
ese es el Señor Jesucristo. Nadie más que el Señor Jesucristo.
Por tanto, mira la obra de Dios en tu vida, pero sobre todo,
mira quién es Cristo y lo que Cristo dice de sí mismo, y esa
es tu columna, esa es tu seguridad. La seguridad de mi salvación
se encuentra no tanto en quién soy yo, sino en el yo soy, el
gran yo soy, y ese es el Señor Jesucristo. Sé que soy salvo
porque he experimentado la salvación, sé que soy salvo porque Dios
está trabajando en mi vida, pero sobre todo sé que soy salvo porque
Cristo dice que soy salvo, porque Él me ha dicho que soy salvo. Y es su promesa. Y es verdad.
Y las promesas no valen tanto por las promesas en sí mismas,
sino por quien da esa promesa. Si esta noche yo llego a casa
y mi hijo Daniel, que tiene 5 añitos, me gira el pantalón y me dice,
papá, papá, haz las maletas, que mañana nos vamos al Caribe. Yo más o menos me lo creeré,
¿no? Dice, sí, hijo mío. Y tener una palmarita en la cabeza.
Pero si Elizabeth viene y pone los billetes sobre la mesa y
dice, cariño, las maletas que mañana nos vamos al Caribe. Le
digo, ahora mismo. La promesa no es tanto palabras
en sí, sino quién las pronuncia. ¿Quién da esa promesa? Y estamos
delante de palabras no de hombres, sino del Señor Jesucristo. Si
has creído en Cristo, no es que un hermano o el pastor te diga,
sabes, eres salvo. Es que el Señor Jesucristo te
dice, mis ovejas, oyen mi voz, yo las conozco y me siguen, nadie
las podrá arrebatar de mi mano. Es Dios quien te lo está diciendo. Y si Dios te dice, nadie las
podrá arrebatar de mi mano, quiere decir que nadie las podrá arrebatar
de su mano. ni tú mismo, ni ángeles, ni demonios,
ni inquiera, nadie te va a arrebatar de su mano, porque estás en las
manos de Dios. Y una vez salvo, siempre salvo. Siempre salvo. Yo les doy vida
eterna y no perecerán jamás. Versículo 28. ¿Y quién es este
Cristo que dice esto? En el pasaje que hemos leído
también lo vemos. ¿Quién es este Jesús que dice que aquellos que
le siden son sus ovejas y que éstas no se pierden nunca? Este Jesús de Nazaret es Dios
mismo, es Dios hecho carne, es Dios que nos ha visitado y está
entre nosotros. Muchas veces, sólo por citar
en el Evangelio de Juan, muchas veces Jesús dice que Él es Dios,
muchas veces. le hemos oído decir el Padre
está en mí y yo en el Padre en el versículo 38 de este capítulo
en el capítulo 14 le oiremos decir el que me ha visto a mí
ha visto al Padre más adelante en el capítulo 17
versículo 5 ora al Padre le dice gloríficame tú al lado tuyo con
aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese muchas
veces Jesús también dice yo soy Lo hemos leído cantidad de veces.
Antes que Abraham fuese, yo soy. Yo soy el camino, la verdad y
la vida. Cada vez que Jesús dice yo soy,
está diciendo Yahvé, Jehová. Yo soy David, vosotros los pántanos.
Jehová, David, vosotros los pántanos. Yo soy la puerta. Yo soy David
de Ramera. Por tanto, aquí estamos ante
una vez más en las que Jesús dice Yo soy Dios mismo hecho
carne Permitidme volar por un momento al Deuteronomio capítulo
6 versículo 4 en el Antiguo Testamento cuando el Señor da la ley para poder entender lo que el
Señor Jesús está diciendo aquí en el versículo 30 En el Deuteronomio
capítulo 6 Dios está dando la ley a su pueblo Y Dios dice,
oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Esto es conocida
esta oración por los judíos como la Shama, porque en hebreo empieza
así, Shama Israel, escucha Israel. Jehová nuestro Dios, Adonai Elohim,
literalmente, Adonai Elohim, o sea, Jehová nuestros dioses,
Jehová nuestros dioses, Jehová es uno. Le está Dios comunicando
al pueblo de Israel que Jehová, Dios, es plural, pero uno. Jehová
es Elohim, pero es Adonai. Jehová es nuestros dioses, pero
Jehová es uno. Y Él ha de ser adorado, Él ha
de ser reverenciado. Esta es la gran oración de los
judíos, la Shammah. La han de repetir al menos dos
veces al día. Se ha de repetir en todos los cultos públicos
y privados. Es lo primero que los niños aprenden cuando son
chiquitos, la Shammah. Se hace cubrir la cabeza para
orarla. Una vez nos visitó aquí un señor,
recordaréis que era judío, y me dijo algo así, dime algo en hebreo,
porque le había hablado de que habíamos estudiado hebreo en
el seminario, le repité la Shamá y me dijo, para, que has de cubrir
la cabeza para decir eso. Y yo, vaya, ahora me pillo desde
el mal momento. Es una oración muy sagrada y
que todos los judíos saben y repiten y repiten y repiten la Shamá. Oye Israel, Jehová nuestro Dios,
Jehová uno es. Uno es. Y aquí ya Jesús el carpintero
se planta delante de todos estos judíos y pronuncia este versículo
30. Yo y el Padre uno somos. ¿Podéis imaginar cómo sonó esto
a sus oídos? Yo y el Padre uno somos. No me extraña que corrieron
a buscar piedras. ¡Blasfemo! Te estás no haciendo
igual a Dios, no comparando a Dios, te estás haciendo Dios. Estás
diciendo que tú eres Dios. Estaba aplicando la Shamá a su
propia persona. El Padre y yo somos uno. Y esto sonó muy grande a los
oídos de aquellos judíos. Si es verdad que el Padre y el
Hijo son uno en pensamiento, el Padre y el Hijo son uno porque
se sienten muy unidos, el Padre y el Hijo son uno porque tienen
una misma forma de pensar, entonces Jesús está diciendo algo mucho
más grande. El Padre y Dios somos uno. Somos uno. Y ellos responden, por blasfemia
te queremos apedrear, porque tú siendo hombre te haces Dios.
te haces Dios mismo. Entonces vienen los versículos
en este pasaje difíciles de entender, pero porque sean difíciles de
entender no me los puedo saltar. Esos pasajes, esos versículos
del 34 en adelante. Jesús le respondió, no está escrito
en vuestra ley, yo dije, ¿Dioses sois? Si llamó Dioses aquellos
a quienes vino la Palabra de Dios, y la Escritura no puede
ser quebrantada, al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros
decís ¿tú blasfemas? porque dice ¿Hijo de Dios soy? ¿A qué momento de la Escritura
Jesús se está refiriendo? En concreto se refiere al Salmo
82, y luego si queréis leer este Salmo os invito a hacerlo, en
el cual Dios está llamando Elohim, dioses, aquellos jueces que están
gobernando sobre su pueblo. Les llama literalmente dioses,
o divinos, o divinidades. No porque sean iguales a Dios,
sino porque tienen atribuciones o responsabilidades dadas por
Dios. La Palabra de Dios ha venido
a ellos y ellos están administrando la Palabra de Dios. Literalmente
les está llamando divinos. Repito, no porque vengan de Dios,
sino porque este trato que Dios les está dando. Por tanto Jesús
dice Si Dios llama Elohim, llama divinos, aquellos a los cuales
ha venido la Palabra y están administrando la Palabra en el
pueblo de Israel, yo que vengo de los cielos no tengo derecho
a llamarme hijo de Dios. Es básicamente lo que les estoy
diciendo. Y la diferencia es tremenda.
Jesús es divino, ¿sí? Y cuántas veces utilizamos la
palabra divina fuera de contexto, ¿verdad? Tomamos un café, ¡uy,
te ha quedado divino, cariño! No estoy queriendo decir que
el café haya venido del cielo, aunque alguien canta por ahí
que ojalá llueva café en el campo, ¿verdad? No estoy diciendo que
el café haya venido del cielo, le estoy dando, atribuyendo unas
propiedades celestiales. Jesús es divino, no porque comparta
algo de lo que hay en los cielos, porque Él vino de los cielos.
Jesús está diciendo a los judíos, yo con todo el derecho del mundo
me puedo llamar Divino, me puedo llamar Hijo de Dios, porque yo
he venido de lo alto. Por tanto, en primer lugar, Jesús
es Dios mismo porque Él dice que es Dios mismo. En segundo
lugar, Jesús es Dios mismo porque hace las obras de Dios. Y Jesús
le dice también esto a los judíos. Si no queréis creer a lo que
yo digo, creed a lo que yo hago. Sólo Jesús caminó sobre el mar.
Sólo Jesús multiplicó los pares en los cielos. Sólo Jesús dio
la vista a un cielo. Sólo Jesús levantó un paralítico.
Sólo Jesús hizo todo lo que Él hizo. Si no quieres creer todo
lo que Jesús dijo, no lo creas. Pues tendrás que creer todo lo
que Jesús hizo, todos sus milagros, todos sus prodigios, que sólo
Dios puede hacer. ¿De dónde toma el cristiano su
convicción, su seguridad de salvación, su seguridad de que está en las
manos de Dios y que no puede caer de las manos de Dios? En
primer lugar, al ver lo que Dios ha hecho en él, al ver lo que
Dios está haciendo en ti. En segundo lugar, ¿por quién
es Cristo? Por lo que Cristo dice, y porque
Cristo es Dios, diciendo estas cosas. Nadie las puede arrebatar
de mi mano. Y llegamos hasta aquí, y ya concluyendo,
puede que estés pensando, David, todo lo que has dicho es muy
bonito, pero de dicho al hecho hay un derecho. ¿Es cierto Todo
esto. ¿Es cierto que en Cristo tengo
esa seguridad de salvación? Pero una cosa es ser salvo y
otra cosa es sentirse salvo. Sentirse salvo. Y hay momentos
en que flaqueo. Y hay momentos en que dudo. Y
hay momentos en que pienso que Dios me ha abandonado. Y hay
momentos en que no sé si realmente estaré en los cielos o no estaré
en los cielos. Déjame compartir tres o cuatro cosas más sobre
este sentimiento de inseguridad. En primer lugar, si no te sientes
salvo, puede que sea muy bueno, porque tal vez no eres salvo.
Haces muy bien en dudar. Haces muy bien en dudar y en
confirmar esa salvación en ti. Puede que no te sientas salvo,
sencillamente porque nunca has tenido un encuentro con el Señor
Jesucristo. porque realmente no eres salvo. ¿Puedes contestar
a la siguiente pregunta? Si yo ahora estuviera delante
del trono del juez, del gran juez, ¿qué sería de mí? Si hoy
Dios me llamara a su presencia y estuviera en el juicio final,
¿qué sería de mí? ¿Me espera salvación eterna o
me espera el infierno para siempre? ¿Puedes contestar con certeza? Si contestas con certeza, tengo
la vida eterna, la siguiente pregunta es, ¿por qué? ¿Por tus
obras? ¿Por tus méritos? ¿Por tu cara
bonita? Tengo vida eterna porque Jesucristo ha pagado mi lugar.
Si puedes decir esto de corazón y con fe, eres salvo. Si no puedes responder, no tienes
seguridad de salvación. Ay, bueno, cuando llegue yo al
cielo ya veremos. Ay, no sé, estas cosas de la fe las dejo
para más adelante. Bueno, si he sido suficientemente
bueno cuando llegué allí, yo creo que al final Dios es misericordioso
con todos. Yo creo que al final Dios abrirá
las puertas del cielo de para y para y dirá, venga chatos,
todos para adentro. No. No es eso lo que encontramos
en las Escrituras. Si no tienes certeza de salvación,
puede que no seas salvo. Haces muy bien en dudar y en
estar ansioso. Busca a Cristo. Escucha el Evangelio. Lee la Palabra de Dios. Humíllate
delante de la Presencia de Dios. Quebrántate delante de Él. 2 Pedro 1.10 dice, Procurad hacer
firme vuestra vocación y elección. Si dudas, busca en la Palabra
y encuéntrate con el Señor Jesucristo. En segundo lugar, puede que no
te sientas salvo porque no ves la obra de Dios en tu vida. Si
esto es lo que se supone de un cristiano, ¿dónde estoy yo? Si
un cristiano se supone que crece, que madura, que tiene más deseo
de las cosas del Señor, yo aún estoy muy abajo. No veo cambios
en mí, no veo cambios en mi carácter. Estoy siempre luchando por el
mismo pecado y no puedo salir de aquí. Entonces nos dice la palabra
filipenses 2.12 Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Dios exige del cristiano que
es algo que trabaje esa salvación, que la haga crecer, que la haga
madurar, que luche contra el pecado, solos no con Cristo,
que nos fortalece, que nos guíe, que nos acompañe. Como hemos
dicho varias veces, no somos salvos por obras, pero somos
salvos para obras, para servir a Dios, para servirle en santidad. En tercer lugar, si no te sientes
salvo es porque probablemente te falta fe en ese Cristo, en
ese yo soy, en ese gran Salvador que tenemos. Fe en sus promesas. Es que te estás mirando demasiado
a ti mismo y como tú cambias, y como tú eres voluble, en vez
de mirar a Cristo, que es la roca firme y sus promesas nadie
las puede cambiar. El Señor nos dice en Romanos
10, 9, Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres
en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Y es una promesa, podemos decirlo
convencidos, serás salvo. Por tanto, mírate menos a ti,
mira más a Cristo. En cuarto lugar, si te sientes
ansioso y no sientes esa seguridad de salvación, esa seguridad de
la protección y del cuidado de Dios en tu vida, es porque aún
Dios es muy pequeño para ti. Y los hombres son demasiado grandes. Porque miras demasiado a la gente
cuando deberías mirar más a Dios. ¿Recordáis aquel milagro que
el Señor hizo que sanó a uno de sus cegueras? Y dice que puedo
ver, pero veo a los hombres como árboles. Y Dios tuvo que tocarle
de nuevo, Jesús tuvo que tocarle de nuevo para que viera bien.
Hay cristianos que ven, pero que ven a los hombres como árboles.
Todo depende de los hombres y de uno mismo. Yo puedo pecar, yo
puedo caer, yo puedo dudar de tal manera que ya no sé si soy
salvo. La solución es ver a un Dios
grande, realmente grande, todopoderoso, al cual no se le escapa nada
de las mangas. Lo que es suyo, es suyo. Y si
sus ovejas no están en su mano, nada las puede arrebatar de ahí. Nadie las arrebatará de la mano
de Dios. Os invito a meditar en esta afirmación
del Señor. Si eres un señor, nada te puede
separar de él. Ah, David, pero es que yo conozco
muchos que han dicho que yo soy cristiano. Incluso han estado
en la iglesia, incluso han cantado, incluso han orado al Señor, incluso
han dicho, sí, yo soy salvo y al Señor está mi delicia. Y luego
se han ido al mundo. Y luego han abandonado la iglesia.
Y luego han vivido como han querido. ¿Y estos qué? ¿Y estos qué? dice el apóstol Juan en su primera
carta, capítulo 2, versículo 19, hablando de estos, que salieron
de nosotros pero no eran de nosotros. Porque si hubiesen sido de nosotros
habrían permanecido con nosotros, pero salieron para que se manifestase
que no todos son de nosotros. Hay muchos que se llaman cristianos
y que luego dejan la fe. para que se haga claro un manifiesto
que nunca fue del rebaño del Señor. Nada las arrebatará de
mi mano y nada me incluye aquí. Ni tú mismo siendo salvo puedes
saltar de la mano de Dios. Mis ovejas, oye mi voz, mis ovejas
son propiedad del Señor. Nadie las puede arrebatar. Nadie
puede echarlas a perder. Creemos en un Dios grande Creemos
en un Dios de salvación. Creemos en un Dios que ofrece
salvación. Si aún no eres del Señor Jesucristo,
Cristo tiene los brazos abiertos para recibirte. para salvarte,
para perdonarte, para incorporarte a su rebaño, para que seas una
de sus ovejas, para que estés bajo su tierno y amoroso cuidado,
para que cambie tu corazón, para que cambie tus pensamientos,
para que cambie todo en tu vida, para que tengas esta esperanza
maravillosa, gloriosa, de una vida eterna y de una vida aquí
con Cristo. Y si quieres oveja del Señor,
no tienes por qué dudar. No tienes por qué dudar. El Señor
te llama a tener fe en esas promesas, a mirarte menos a ti mismo, a
mirarle más a Él, porque Él no cambia, Él es inmutable, Él es
eterno, Él es nuestra roca fuerte. Vayamos a Cristo, estemos en
Sus manos y siempre en Sus manos. Amén. Que el Señor bendiga su
palabra.
Seguridad de Salvación
Series Evangelio de Juan
Si eres una oveja del Señor, Él dice que 'nada te podrá arrebatar de su mano'. ¿Lo crees? Y si Cristo lo afirma, ¿por qué razones a veces dudamos de la salvación, de su cuidado y protección en nuestras vidas? En este sermón se presentan las razones por las cuales debemos de estar confiados y las razones por las que solemos dudar de la seguridad de nuestra salvación.
| Sermon ID | 61508196128 |
| Duration | 43:37 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 10:22-42 |
| Language | Spanish |
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