00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Él nos sostendrá, Él nos sostendrá,
pues nos ama el Salvador. Él nos sostendrá... Como decía antes, Gaby, pues
es un privilegio para nosotros estar en este día y tener como
invitado a nuestro hermano pastor Israel Sanz, que nos va a estar
hablando de la Palabra del Señor. Sabéis que un congreso como este
tiene un doble propósito. Por un lado queremos crecer en
amistades, por supuesto, amistades hermosas, duraderas, entre iglesias,
con un mismo sentir. Y esperemos que aprovechemos
bien esos tiempos de comunión y de compañerismo que tenemos
para ir más allá de nuestro círculo de confianza y conocer a otros
hermanos en la fe. Pero un segundo propósito es
crecer en la palabra. Y es fundamental y tiene que
estar muy presente. Y estamos contentos de tener
nuestro hermano Israel que nos va a estar retando sobre este
mensaje. Espiritualidad en el mundo. Muchos
de vosotros estuvisteis en el primer congreso, el año pasado,
con el pastor Sugel, fue de gran bendición, hubo también muy buena
asistencia, muy buen compromiso, y nos estuvo hablando de la cosmovisión
cristiana, o sea, cómo deben ser nuestros ojos, cómo debemos
ver la vida cristiana, y en especial puso énfasis sobre un tema como
es el noviazgo y el matrimonio, como es la vocación y el trabajo,
Y si bien Pastor Sugel nos habló de los ojos del cristiano, el
Pastor Israel en el día de hoy nos va a hablar del corazón del
cristiano. ¿Por qué late tu corazón? ¿Late por Cristo? Porque hay
muchas cosas en este mundo que quieren atraer nuestra atención,
quieren raptarnos el corazón. ¿Late por Cristo? ¿Es realmente
Cristo lo primero, como tantas veces cantamos? Alguien dijo
en una ocasión que los cristianos son gente muy curiosa, no dicen
mentiras pero las cantan. Y muchas veces cantamos Jesús,
tú eres lo primero en mi vida, eres lo más precioso para mí.
Y es verdad, en el día a día, en tu historia, en tu vida. Espiritualidad
en el mundo. Vaya nombre para un congreso,
¿verdad? Porque son dos términos que parece que se contraponen. Parece que ambos están tirando
de una misma cuerda hacia un lado y hacia otro. Espiritualidad
en el mundo. Es casi como decir un cordero
entre leones. O encender un fuego en la Antártida.
o luz de las tinieblas. ¿Vivir la espiritualidad en este
mundo? ¿Con todos los retos que supone?
¿Con todas las mentiras de la serpiente antigua a nuestro alrededor? Sabemos que mundo significa un
mundo de cosas. Según el contexto, el autor bíblico
vemos que utiliza la palabra mundo de una forma u otra, Juan
3,16, porque de tal manera amó Dios al mundo. que nos ha dado
a su Hijo unigénito. Pero también el mismo apóstol
Juan, en 1 Juan 2, 15, dice no améis al mundo, ni las cosas
que hay en el mundo. Dios dice que ama al mundo y
luego nos dice a nosotros que no amemos al mundo. Evidentemente,
en cada contexto la palabra mundo significa algo diferente, ¿verdad?
Cuando Dios dice que amó al mundo, en contraste con los cielos,
y descendió desde los cielos porque amaba al mundo, está diciendo
que amó a la humanidad. al ser humano y no quiso dejarlo
en su triste condición. Y vino el Salvador. cuando nos
dice a nosotros que no amemos al mundo, y luego especifica
Juan, ni las cosas que hay en el mundo, los deseos de los ojos,
los deseos de la carne, la vanagloria de la vida. Nos está hablando
del mundo en contraste con Dios. Es a Dios que debemos amar más
que todas las cosas. No debemos amar al mundo y las
cosas que el mundo ofrece, los ídolos de este mundo. Así que
hemos de amar a Dios. no hemos de amar al mundo, pero
estamos en el mundo. ¿Alguno de vosotros no está en
el mundo? Creo que todos, ¿verdad? No pertenecemos a este mundo,
no somos de este mundo, pero estamos en el mundo. Así que
somos literalmente luz en medio de las tinieblas. Y ahí es donde
tenemos que vivir la vida cristiana. Ahí tenemos que vivir la espiritualidad. Es una auténtica... Batalla. Estamos en las trincheras espirituales. Es una batalla, pero no una batalla
lejana, una batalla muy cercana, una batalla que se libra cada
día en nuestros corazones, entre ese amor a Dios y ese amor al
mundo. ¡Qué contraste tan tremendo! Juan, capítulo 15, 19, dice,
si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no
sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os
aborrece. ¿Qué está diciendo el Señor?
Estamos en territorio enemigo. No debemos estar haciendo picnic
en medio de la batalla. Estamos en una batalla espiritual. Cuando el Señor ora por nosotros
en Juan 17 dice, el mundo los aborreció porque no son del mundo. Queridos hermanos, vivimos como
cristianos en este mundo y nuestro día a día se desarrolla en este
mundo. Como jóvenes vivimos en este
mundo Estudiamos, dormimos, comemos, trabajamos, jugamos al fútbol,
compramos pan, escribimos por WhatsApp, adoramos en la iglesia,
oramos y todo lo que hacemos lo hacemos en territorio enemigo. ¿Tenemos esta conciencia de lo
que es la vida cristiana? ¿De esa dificultad? ¿Vives en
esa tensión? Estoy en el mundo pero no soy
del mundo. Vosotros sois la luz del mundo,
dijo el Señor. Mi reino no es de este mundo,
dijo el Señor. Pero también nos dijo, confiad,
yo he vencido al mundo. Y de nuevo 1 Juan 5,4. Todo lo
que es nacido de Dios, venció al mundo. Qué promesa, que en
medio de esa dificultad y esa tensión que como cristianos vivimos,
El Señor ha vencido y nos acogemos a su victoria en todas las luchas
de tu vida. Yo he vencido al mundo. Dice
respecto a esta frase nuestro querido Charles Spurgeon, si
miran este alegato de Jesús sin el ojo de la fe, no parece algo
extraordinario. ¿Cómo podía decir el varón traicionado
de Nazaret, yo he vencido al mundo? ¿Podemos imaginar a Napoleón
hablando así después de haber aplastado a las naciones bajo
sus pies y haber cambiado el mapa de Europa a su voluntad?
¿Podemos imaginar a Alejandro hablando así después de haber
saqueado los palacios de Persia y de llevar cautivos a sus antiguos
monarcas? ¿Pero quién es este que habla
de esta manera? Es un galileo que viste una túnica
de campesino. que se relaciona con los pobres
y con los caídos. ¿No tiene riquezas, no tiene
rango en este mundo, ni honor entre los hombres, y sin embargo
dice que ha vencido al mundo? ¿Está a punto de ser entregado
en manos de sus enemigos por su vil seguidor, y luego será
llevado a juicio y a muerte, y con todo eso dice yo he vencido
al mundo? Está poniendo un ojo en la cruz
y con toda su vergüenza y también en su muerte subsiguiente, y
sin embargo dice, yo he vencido al mundo. No tenía donde recostar
su cabeza, no tenía a ningún discípulo que diera la cara por
él, pues acababa de decir, seréis esparcidos cada uno por su lado
y me dejaréis solo. iba a ser acusado de blasfemia
y sedición y sería llevado delante del juez y no tenía a nadie que
contara su generación. Iba a ser entregado a la brutal
soldadesca para ser escarnecido y tratado despreciativamente
y escupido. Sus manos y sus pies iban a ser
clavados a una cruz para que tuviera la muerte de un criminal
y, con todo, dice, yo he vencido al mundo. Cuán maravilloso y,
sin embargo, cuán cierto es Él no hablaba a la manera de la
carne y según la visión del ojo. Tenemos que usar aquí la óptica
de la fe y mirar dentro del velo y entonces veremos no solamente
la despreciada persona física del Hijo del Hombre, sino el
alma que moraba en su interior, noble e invencible, que transformó
la vergüenza en honor y la muerte en gloria. que Dios al Espíritu
Santo nos capacite para ver lo interior a través de lo exterior
y ver cuán maravillosamente la ignominiosa muerte fue el áspero
vestido que ocultó la victoria sin par a los ojos miopes del
hombre carnal. Qué hermosa cita, ¿verdad? El
Señor dijo, yo he vencido al mundo. Nos sentimos en esa tensión
que vivía él, mi reino no es de este mundo, vosotros no sois
de este mundo, sois la luz de este mundo. Nos sentimos extranjeros,
ya sé que muchos de vosotros sois extranjeros, otros hemos
sido extranjeros viviendo en otro país, pero nos sentimos
todos extranjeros porque si eres de Cristo no perteneces aquí.
Da igual donde hayas nacido, el idioma que hables, que diga
tu pasaporte. Si eres de Cristo, no perteneces
a este mundo. Te sientes como extranjero, te
sientes peregrino, te sientes extraño. Como extranjeros tenemos
el reto de vivir la espiritualidad en este mundo. Como Sadrach,
Mesach y Abednego en Babilonia, y no se postraron delante de
la estatua de Nabucodonosor. El mundo pretende que no adoremos
al Dios vivo, pero Daniel siguió orando en su aposento. El mundo
nos podrá acusar injustamente. Y José fue llevado a prisión
en Egipto, pero siempre fue luz y estuvo confiando en el Señor. Esa es la vida del cristiano,
saber que debemos vivir la espiritualidad en medio del mundo, sin ser del
mundo, como peregrinos cruzando el desierto, yendo hacia esa
tierra que fluye leche y miel. Somos extranjeros en este mundo,
así que la Iglesia es la embajada del cielo, donde hay gente de
mi misma nacionalidad que habla como yo, que piensa como yo,
que desea lo mismo que yo, que siente como yo. Los cristianos
son mis paisanos, la Biblia es mi constitución, la cruz es mi
bandera, Jesucristo es mi rey y el cielo es mi patria. Vivo
en este mundo, pero es algo totalmente circunstancial, ¿sabéis? Yo no
soy de aquí. Y si tú eres de Cristo, creo que te embarga ese
mismo sentimiento. Y no solo somos ciudadanos del
cielo, somos embajadores del cielo. Así que no solo vivimos
perteneciendo a otro lugar, sino que representamos los intereses
de otro lugar. No tenemos un mensaje propio,
tenemos el mensaje que el rey nos ha dado. No tenemos una ley
propia, tenemos la ley que nuestro rey nos ha dado. Así sabemos
que nuestra vida, nuestras palabras, nuestros actos, nuestras decisiones
representan aquel al cual estamos representando. No somos nuestros,
le pertenecemos a él. Y el apóstol Pablo expresa esta
hermosa realidad en Efesios 6, 14 en adelante. Y con esta cita
acabo esta larga introducción. Efesios 6, 14. Estad pues firmes,
ceñidos vuestros lomos con la verdad y vestidos con la corona
de justicia. Y calzados los pies con el apresto
del Evangelio de la Paz, sobre todo tomad el escudo de la fe,
con que podáis apagar los dardos del fuego del maligno. Y tomad
el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la
palabra de Dios, orando en todo tiempo, con toda oración y súplica
en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y
súplica por todos los santos. Y por mí, a fin de que al abrir
mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el
misterio del Evangelio, por el cual soy embajador en cadenas,
que con denuedo hable como debo hablar. Amén.
Espiritualidad en el Mundo (introducción)
Series Congreso de Jóvenes 2017
| Sermon ID | 6117422140 |
| Duration | 13:01 |
| Date | |
| Category | Youth |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.