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Leeremos en Juan capítulo 10,
versículos del 1 al 21, dice así la palabra del Señor. De cierto, de cierto os digo,
el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino
que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el
que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A este abre
el portero, y las ovejas oyen su voz, y a sus ovejas llama
por nombre y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas
las propias, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque
conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino
huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta
alegoría les dijo Jesús, pero ellos no entendieron qué era
lo que les decía. Volvió pues Jesús a decirles,
de cierto, de cierto os digo, yo soy la huerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron,
ladrones son y salteadores, pero no los oyeron las ovejas. Yo
soy la huerta. El que por mí entrare, será salvo,
y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino
para hurtar, y matar, y destruir. Yo he venido para que tengan
vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor su vida da por
las orejas. Mas el asalariado, el que no
es el pastor, de quien no son propias las ovejas, debe ir al
lobo y deja las ovejas y huye. Y el lobo arrebata las ovejas
y las dispersa. Así que el asalariado huye porque
es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor
y conozco mis ovejas y las mías me conocen. Así como el Padre
me conoce, y yo conozco al Padre. Y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que
no son de este radíl, aquellas también debo traer. Y oirá mi
voz, y habrá un rebaño y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque
yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino
que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo
poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi
padre. Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.
Muchos de ellos decían, demonio tiene y está fuera de sí, ¿por
qué le oís? Decían otros, estas palabras
no son de un demoniado. ¿Cuide acaso el demonio hacia
los ojos de los ciegos? Hasta aquí la lectura de la Palabra
del Señor en este capítulo 10 de Juan. A lo largo de este Evangelio
de Juan hemos visto al Señor Jesucristo comparándose con muchas
cosas. El Señor Jesús dice yo soy el
agua viva para que la samaritana entienda que esa sed interior
que tiene solo se puede saciar en el Señor Jesucristo. El Señor Jesús dice yo soy el
pan del cielo, le estoy diciendo eso a una muchedumbre hambrienta,
haciéndole saber que solamente ese hambre interior, ese hambre
espiritual, se puede satisfacer con el Señor Jesucristo y con
las palabras del Señor Jesucristo. Aquí el Señor Jesús hace otra
comparación peculiar, se compara a sí mismo con esta historia
del pastor, las ovejas, el redil, En una parábola, no solamente
un civil, sino que cuando desarrolla una pequeña historia le llamamos
parábola. Otras palabras, parábolas, muchas
parábolas vemos en las escrituras. ¿Recordáis aquella del mercader
que encuentra la perla de gran precio y lo vende todo para quedarse
con aquella perla? O aquel que encuentra un tesoro
escondido y lo vuelve a encerrar y hace lo imposible para comprar
aquel terreno para comprar el terreno y quedarse con el tesoro.
Todo eso son ilustraciones del Evangelio, de Cristo, que es
lo más grande, es lo más precioso. También podemos hacer parábolas
del siglo XXI. Nunca serán tan buenas como las del Señor Jesús.
Y les puedo decir que el reino de los cielos es como subir aquí
arriba. O intentas subir por tus propios esfuerzos por las
escaleras, o subes por el ascensor. Pero te han de llamar desde arriba.
Pero es que este ascensor solo funciona si te llaman desde arriba,
¿no es verdad? Ahora bien, las parábolas que el Señor Jesucristo
explicaba, sucedía algo con ellas. Para unos las recibían y entendían
el mensaje espiritual que había en las parábolas, y otros decían,
¿de qué está hablando? No podemos entenderlo. Así que
la parábola tenía esta doble función. Para unos hacía que
el Evangelio fuera más claro, para otros hacía que el Evangelio
fuera más oscuro, más opaco, más difícil de comprender. No
vamos a ir frase a frase o versículo a versículo en lo que acabamos
de leer, sino que vamos a extraer grandes verdades de este pasaje.
El Señor Jesús está diciendo, en primer lugar, nos está dando
dos características del pastor verdadero. Después vamos a ver
dos características de la oveja verdadera. Luego vamos a ver
dos características del Señor Jesucristo como el buen pastor.
Vamos a ver todo esto. En primer lugar, Se nos hace
un retrato de quién es el pastor verdadero. Aquí se nos explica
esta historia del redil, del pastor que cuida de sus ovejas,
de que los ladrones y los salteadores intentan saltar la rapia, meterse
por un lugar que no es la puerta para robar, para hacer daño.
Versículo 1 dice, el que no entra por la puerta es ladrón y salteador,
aquel que intenta entrar de otras maneras. No sólo en el redil,
también en tu casa, ¿verdad? Si son las doce de la noche y
ya estás acostado y oyes que llaman a la puerta, pero voy
a hacer el toque, sería mejor. Y dices, ¿quién será? Voy a mirar. Te levantas, atiendes a quien
sea, resulta que era la vecina del quinto, que necesita un poco
de azúcar, perdona, es muy tarde, pero le invito a tocar un pastel
para mañana. Y vuelves a la cama y dices a tu esposa, mira, era
la vecina. Llamaron a la puerta, ¿verdad?
Ahora, si son las doce de la noche y estás tirado de la cama
y oyes ruido en el balcón, o en una ventana, todo cambia, ¿verdad? ¡Ay! ¿Quién es ahora? Ves a mirar
tu cariño, a mujeres que se invitan, ¿ya? Ves a mirar tu cariño, puedes
ser un ladrón. Gracias amor, yo también te quiero. Mira, mira,
podría ir armado. Vas a mirar al balcón, vas a
mirar a la ventana, pero con otra expectativa. Evidentemente,
quien intenta entrar por la ventana o por el balcón no es amigo. No viene en sombra de paz. Exactamente
esto es lo que está diciendo el Señor. Hay un redil, ahí es
donde guardas las ovejas, donde las escondes, el que entra por
la puerta es el pastor. El que intenta entrar de otro
modo, que no es la puerta, ese es un ladrón, ese es un salteador,
ese no busca ningún bien, ese solamente busca el mal de las
ovejas. Por tanto tenemos dos características
de un pastor verdadero. La primera característica es
que el pastor verdadero entra por la puerta, no busca otro
atajo para entrar en el revivo. Esta parábola que el Señor Jesucristo
está explicando, en la cual define quién es un pastor verdadero,
a la luz de todo lo que he hablado antes con los fariseos, tiene
mucha, mucha chicha, diríamos. Acabo de hablar con los fariseos,
con aquellos que se supone que son los líderes espirituales
del pueblo de Israel, y les está llamando ciegos. ¿Vosotros tenéis
que conducir al pueblo? ¿Vosotros estáis ciegos? Yo soy
la luz del mundo y no me veis, y no me recibís, y no me aceptáis.
¿Cómo vais a llevar vosotros? ¿Cómo vais a conducir vosotros
al pueblo de Israel? Por tanto, el Señor continúa
con esta parábola diciendo, el pastor verdadero entra por la
puerta, los ladrones salteadores entran de otro modo. Y entonces
es cuando Jesús dice, yo soy la puerta. Yo soy la puerta. Aquellos que son de verdad líderes
espirituales del pueblo de Dios entran por la puerta. Entran
a través de Cristo. Su ministerio está hecho a través
de Cristo. Predican a Cristo, sirven a Cristo. Escribe Israel en su comentario,
el verdadero pastor de las almas es aquel que entra en el ministerio
con la mirada puesta solamente en Cristo. con el deseo de glorificar
sólo a Cristo, predicando la doctrina sólo de Cristo, siguiendo
los pasos de Cristo y trabajando para llevar a los hombres y a
las mujeres a Cristo. Este es el pastor verdadero,
aquel cuyo lema es sólo Cristo, aquel que entra por la puerta
y el Señor Jesús dice yo soy la puerta. Los demás, dice, los
que intentan entrar y conducir al pueblo de Dios de otra manera,
no son pastores. Los llaman ladrones y salteadores.
Está llamando a los pariseos, ladrones y salteadores, que buscan
su propio interés, no el interés de las ovejas. En el reciclo 13 el Señor Jesús
dice que los asalariados, cuando viene el lobo, cuando vienen
los peligros, ¿qué hacen? ¡Uy! Yo corro de aquí. ¿Qué hombre
va a pillar? Porque no les importan las ovejas,
no son suyas. les pagan un dinero y salen corriendo. Por tanto, primera característica
del verdadero pastor es que no busca su interés, sino el interés
del Señor Jesucristo. Y ese es cuidar de las ovejas. Hay una segunda característica
del pastor verdadero y es que llama y conduce a las ovejas
a pastos verdes. Lo que también nos dice este
pasaje. Así que el pastor verdadero hace de pastor, ¿sí? Y el pastor
da dirección a las ovejas. El pastor hace de líder de sus
ovejas. El pastor conduce al rebaño en
la dirección correcta. El pastor exhorta y reprende
y disciplina cuando alguien también lo necesita. El pastor consuela
cuando alguien se cae. El pastor aconseja cuando alguien
está confuso. desviado, despistado, perdido. El pastor, digo arte de pastor,
el verdadero pastor, arte de pastor guía, conduce al rebaño,
hacia los pastos verdes, allí donde está ese agua fresca que
es el Señor Jesucristo. Ya sé que yo siendo pastor no
estaría en que predique esto, tendría que ser alguien que no
fuera pastor. Si esto es verdad, hermanos, no os quejéis o no
nos quejemos cuando el pastor se entromete en tu vida. Cuando
el pastor literalmente mete las narices. El pastor no es un psicólogo
espiritual que está esperando a que le pidas cita. El pastor
tiene el derecho a meterse en tu vida. Porque el pastor no
espera a que pregunte. El pastor se entromete. El pastor
lidera. El pastor guía. Y si el pastor
no hace de pastor, Pues nos vamos a la feria de los globos, nos
dedicamos a otra cosa porque el pastor ha de ser de pastor.
Dos características que el Señor Jesucristo apunta aquí sobre
el pastor verdadero. Entra por la puerta Cristo y
sólo Cristo y nada más que Cristo y el pastor verdadero guía, dirige,
lidera al rebaño. Pero luego el Señor Jesús también
habla de la oveja verdadera. Hay ovejas verdaderas Y hay ovejas
falsas. O como alguien decía, hay ovejas
y cabras. Las ovejas van juntas, las ovejas son dóciles, las ovejas
las lleva, la cabra se va, sube al monte, se queda ahí arriba
sola en un peñazo y dices... ¿Y ahora yo cómo la pillo? ¿Qué
hago yo con esta? ¿Cuáles son esas dos características
de la oveja verdadera? La primera es sencilla. Conoce
la voz del pastor. Mira que la oveja es un animal
tonto. Es un animal muy tonto, pero una cosa sabe. Conoce la
voz de su pastor. Cuando el pastor pega un grito
o un silbido, la oveja reacciona. La oveja le sigue. Tal como se nos despide el redil,
y yo no he visto muchos rediles ni muchas ovejas, pero creo que
es así, el redil es un lugar grande donde no solo hay un rebaño.
hay muchos rebaños, varios pastores entran allí todas sus ovejas
están juntas y por eso el Señor Jesús en estos primeros versículos
dice que sus ovejas oyen su voz y que las llama por su nombre
y las saca y en el versículo 4 y cuando ha sacado fuera todas
las propias hay otras ovejas que se quedan allí, son de otros
pastores pero el pastor saca de allí las propias y ¿cómo las
separa? Si hay tantas ovejas juntas,
¿cómo las separas? Porque oyen su voz. Dice, ey, las mías, venid. Y esas salen del redil y siguen
a la voz de su pastor. Así es el cristiano. El que es
de Cristo hubo un día que oyó la voz de Cristo. Dijo, sí, aquí
estoy, soy tuyo, soy tuya, te sigo, reconozco tu voz. Y el que es cristiano hubo un
día en que reconoció la voz de Cristo llamándole a él, no una
voz audible, una voz en el corazón, una voz interior, al leer la
palabra, al escuchar la predicación de la palabra, gracias al testimonio
de alguien, pero hubo un momento que dijo, sí, yo quiero seguir
a Cristo, yo soy de Cristo, yo soy una oveja de Cristo, he de
seguirle. Si eres de Cristo, sabes de qué
estoy hablando. oíste la voz de Cristo, seguiste
la voz de Cristo y aún estás siguiendo la voz de Cristo. Si
aún no eres de Cristo, pero eres una oveja de Cristo, oirás su
voz. Si eres una oveja del Señor,
el Señor Jesucristo, fijémonos cómo lo dice, no dice, el que
oye mi voz, entonces se convierte en una oveja mía. No. Dice, mis
ovejas oyen mi voz. Los que son míos, Oye mi voz
en un momento gordo de tu vida. Si eres una oveja del Señor,
habrá un día en que oirás la voz del Señor. Y dirás, aquí
estoy. Y seguirás la voz de Cristo. Por tanto, primera característica
de la oveja verdadera es que conoce la voz de su pastor. La segunda característica de
la oveja verdadera es que sigue la voz de su pastor. La oveja
verdadera no solamente oye y le entra por los oídos y dice, ah,
aquel es mi pastor, y se queda allí parada. Dice que mis ovejas
oyen mi voz y yo las conozco y me siguen. El auténtico cristiano
no sólo le oye la voz de Cristo, no sólo tiene una convicción
plena de que yo soy de Cristo, sino que sigue a Cristo, es parte
de su naturaleza. No puede estarse quieto. No se
queda allí mientras que el pastor va caminando, sino que la oveja
sigue al pastor, sigue su voz. Así es con el cristiano verdadero,
con la auténtica oveja del Señor Jesús. El cristiano tiene un
sentido que el Espíritu del Señor nos da en reconocer la voz del
Señor. En escuchar una predicación,
o escuchar una conversación, o leer un libro, o escuchar un
sermón y decir Sí, eso es palabra de Dios. Estoy convencido. O escuchar aquello y decir, no,
no, no, no, no, esto no tiene nada que ver con Cristo, yo no
voy para allá, yo voy en la otra dirección. Y este sentido lo
ha puesto Dios en cada uno de sus hijos. El cristiano verdadero
reconoce la voz de Cristo y continúa caminando, siguiendo la voz de
su pastor. Estarás pensando, sí, pero los
sentidos también se pueden apreciar. Sí, es verdad. Si has pasado
alguna enfermedad y tienes el olfato y el gusto apreciado y
abres la nevera y tomas cualquier cosa de allí dentro y te lo comes
y dices, esto no sabe a nada. No sé si está bueno o está malo.
Luego al día siguiente lo notas en el estómago, ¿no? Que no está
en buen estado. A veces tienes que preguntar
cuando estás muy resfriado, por favor, ¿eso era esto? No sé si
está bien o está mal. Los sentidos se pueden estropear,
los sentidos se pueden atrofiar, los sentidos se han de ejercitar. Si el cristiano es verdad que
tiene un olfato espiritual, no puede dejar que se atasque, que
se atrofie. A eso se refiere Hebreos capítulo
5, 13, cuando leemos, Todo aquel que participa de la leche es
inexperto en la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento
sólido es para los que han alcanzado madurez. para los que por el
uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien
y del mal. Y dirás, sí es verdad, hay cristianos
que oyen tonterías y se van para allá, ¿pero qué pasa con ellos?
No tienen los sentidos ejercitados en ese entendimiento del bien
y del mal. Necesitamos ejercitar esos sentidos,
pedirle a Dios que nos dé ese entendimiento. Así que la oveja
verdadera, fijémonos lo que está diciendo aquí el Señor Jesucristo,
la oveja verdadera no es sólo la que OYE la voz de Cristo.
La oveja verdadera es la que OYE la voz de Cristo y SIGUE
la voz de Cristo. Como dice otro pasaje, no todo
el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos. Si
no se hace ni palabra. La obediencia no es condición
para entrar en los cielos. La obediencia manifiesta que
vas a entrar en los cielos. La obediencia, el seguir a Cristo,
el someterse a Cristo, el amar a Cristo, el sacrificarse por
Cristo, muestra que eres una auténtica oveja del Señor. Una
auténtica oveja del Señor. podemos hablar muchas veces en
el grupo de jóvenes no somos salvos por obras pero somos salvos
para obras para buenas obras así que el cristiano verdadero,
la verdadera oveja conoce la voz de Cristo y sigue la voz
de Cristo se deleita en la voz de Cristo quiere escuchar la
voz de Cristo hay como dos enamorados al teléfono mis padres y mis suegros pueden
decir cómo subió la factura de teléfono cuando él sabe que yo
era monogristo al día. Pero es que te deleitas en escuchar
la voz de tu enamorado o tu enamorada. ¿No harías otra cosa? ¿Te pasarías
toda la noche allí? Escuchándose el uno al otro.
Así el cristiano, al buscar la voz del Señor Jesucristo, al
estar loquito con Cristo, enamorado de Cristo, quiere escuchar la
voz de Cristo. Se goza, su corazón da un tumbo
cuando escucha la predicación de la Palabra. Quiere escuchar
la voz de Cristo. Ahora, el Señor aquí no sólo
nos hace un retrato del pastor verdadero, y no sólo nos hace
un retrato de la oveja verdadera, también nos hace un retrato del
buen pastor. Y ese es Él, el Señor Jesucristo. Y también vemos dos características
aquí. La primera, Jesús dice, yo soy la puerta. El que por
mí entrae será salvo. El redil entonces es el lugar
de cubijo, de refugio para las ovejas, de protección durante
la noche. El redil se convierte en un símil,
en una comparación de la salvación, de entrar en el reino de los
cielos. El que por mí entrare será salvo y entrará y saldrá
y hallará paz. estamos bajo el cuidado del buen
pastor. Yo no sé si he visto en toda
mi vida una vez un reyil, vosotros seguro que me ganáis, pero era
un gran cerco de piedra, una pared alta, y eso sí, había una
puerta. Había una puerta para entrar
en el reyil. Por eso Jesús dice, yo soy la
puerta, la puerta, que no hay otra. Sólo se puede entrar y
salir del drayín por la puerta. Si ahora mismo hubiera un incendio
aquí, Dios no lo quiera, y os dijera, ¡corred hacia la puerta!
A ninguno de vosotros se os ocurriría entrar en el lavabo y encerrarse,
¿verdad? No es esa puerta a la que me refiero. La puerta. Hay una puerta. Y es aquella.
La puerta que da la salvación, os diría. Y es aquella. Hay que
correr por aquella puerta para escapar de las llamas. El Señor
Jesucristo dice Yo soy la puerta. Hay una puerta para entrar en
el reino de las ovejas. Hay una puerta para entrar en
el reino de los cielos. Ay David, pero eso no se estira
hoy día. Tienes que hablar con el musulmán y ser comprensivo,
y hablar con el budista y ser comprensivo, y hablar con el
Baha'i y ser comprensivo. Entonces te dirán, bueno, hay
muchos profetas, hay muchos caminos. Este es el tuyo, este es el mío. Bueno, Cristo no entra en ese
juego. Cristo no entra en ese juego. El Señor Jesucristo dice
yo soy LA PUERTA y el que no entrare por mí no haya salvación. Cristo dice yo soy la puerta,
el que por mí entrare será salvo. Cristo dice yo soy el camino,
la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí. Cristo
es exclusivo y exclusivista. Cristo hoy día sería trazado
de intolerante, de incomprensivo. de poco ecuménico. Pero Cristo
dice que no hay otro camino. No te salvas por ser evangélico.
¿Sí? No te salvas por ser católico.
Te salvas por poner tu fe en Cristo. Él dice yo soy la puerta. No dice que una iglesia sea la
puerta. No dice que una denominación sea la puerta. No dice que un
grupo de personas sea la puerta. No dice que un credo sea la puerta.
Dice yo soy la puerta. Yo soy el camino. Explico una
anécdota que un grupo de turistas estaban en la Amazonía, en esa
grandísima selva, ¿verdad? Y pagaron a un líder para hacer
una excursión. Y aquel hombre tomó un grandísimo
machete para ir cortando juncos y cañas por el camino. Y todos
iban siguiendo y le preguntaban, escucha, perdona, ¿dónde está
el camino? Y aquel hombre se gira y les
dice, no hay camino. Yo soy el camino. Era cuestión de seguirle a él.
Y ahí iba portando caña y todo el grupo iba detrás. Y pobre
de ti que no le siguieras. Cristo dice yo soy la puerta,
yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Cristo y solamente
Cristo. Hechos 4.12 también dice y en
ningún otro hay salvación porque no hay otro nombre bajo el cielo
dado a los hombres en que podamos ser salvos. no hay otro nombre. No son líderes religiosos, no
son santos, no son imágenes, no son cristos, no son vírgenes,
no son papas, no hay nada, solamente Cristo y el nombre de Cristo,
no hay otra salvación, no hay otro camino. Por tanto, la primera
cosa que Jesús dice sobre él es, yo soy la puerta, entra por
mí, seguidme a mí. La segunda cosa que Jesús dice
en este texto es, en el versículo 8, yo soy el buen pastor, el
buen pastor su vida da por las ovejas. Hace un momento Jesús
estaba hablando sobre el pastor y el ladrón, y ahí entendemos
que está hablando en general sobre los pastores, estos, los
de carne y hueso, los físicos, ahora está hablando de él, y
él no se llama pastor, él se llama el buen pastor. el pastor
supremo, el pastor con mayúsculas, el pastor perfecto. Los pastores
humanos somos imperfectos. Somos imperfectos. Somos débiles. Los pastores humanos necesitamos
pastores. También tenemos luchas y tenemos
desorientaciones y tenemos flaciencias y tenemos tristezas y tenemos
desánimos. Solo hay uno que se puede llamar
pastor con mayúsculas. El buen pastor. Los demás pastores
somos sub-pastores. Permitidme la comparación un
poquito más ridícula. Somos esos perrillos que el pastor silba
y cae con grito y van corriendo para recoger el rebaño. Pero
también obedecemos a la voz del pastor. Cristo es el pastor de
los pastores. Como dice Primera de Pedro, 5-4,
Cristo es el príncipe de los pastores. El pastor supremo. ¿Y qué diríamos de un príncipe
de los pastores? ¿Qué diríamos? ¿Qué dirías si
yo te explicara de un jefe, capitán de bomberos, que cuando vio un
incendio salió corriendo? No lo podrías comprender, ¿verdad?
¿Qué dirías de un capitán de un petrolero, el cual toda la
tripulación estaba luchando contra el fuego y él corrió a ver si
agarraba la primera barca? Tampoco lo comprenderías, ¿verdad?
¿Qué dirías de un pastor que huye y deja su rebaño a merced
de los osos y de los lobos y de los leones? El jovencito David,
antes de ser rey, debía tener unos doce años, explicaba que
él con su onda mataba osos y mataba leones cuando amenazaban sus
ovejas. Cristo es el buen pastor. No abandona su rebaño. Defiende
su rebaño. da la cara por su rebaño, da
incluso su vida por su rebaño. Los fariseos no, ellos son esos
nasalariados que buscan sólo su propio interés. Cuando vienen
dificultades, se escaquean, huyen. Jesús es el buen pastor que entrega
su propia vida por su rebaño, que encara la muerte y Él muere
en lugar de su rebaño. y muere en la cruz en nuestro
lugar Juan 15 el 13 dice nadie tiene mayor amor que este que
uno ponga su vida por sus amigos en el versículo 17 y 18 hemos
leído antes lo que dice el Señor Jesús yo pongo mi vida para volverla
a tomar nadie me la quita sino que yo de mi mismo la pongo tengo
poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar Para concluir
con el sermón de esta tarde, tengo varias preguntas o varias
conclusiones. La principal es ésta. ¿Quién
es Jesús, tu pastor? Dicho de otro modo, eres una
oveja del Señor Jesucristo. Eres una oveja del Señor Jesucristo. El mismo Señor Jesús nos está
diciendo que está reuniendo a su rebaño Él ha venido a esta tierra,
como hemos cantado antes, a reunir a su rebaño, a juntar a todas
sus ovejas. Incluso dice en el artículo 16,
tengo otras ovejas que no son de este redil, aquellas también
debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastoal. Jesús
está hablando a los judíos, al pueblo israelí. Ellos piensan
que sólo ellos son ovejas del Señor, y Jesús les dice, tengo
otro rebaño, tengo ovejas fuera de Israel, también oirán mi voz
y las voy a oír. Y vemos que cuando los apóstoles
talen sus viajes misioneros, sobre todo el apóstol Pablo,
vemos como realmente otros fuera de Israel que escuchan la voz
de Cristo. Y hay un rebaño y hay un pastor.
Nosotros mismos no somos de Israel, somos de esos pueblos gentiles
de fuera de Israel y hemos escuchado la voz del Señor y formamos parte
también de esa rebaño. ¿Eres tú una oveja del Señor? Si eres una oveja del Señor,
cuatro afirmaciones para ti en esta tarde. En primer lugar,
si eres una oveja del Señor, estate confiado. Puedes estar
confiado. Jesús te conoce por nombre. Jesús
te ha llamado por nombre. Jesús conoce de ti. ¿Conozco mis ovejas? Dice el
versículo 14. ¿Las llamo por nombre? Dice el versículo 3.
Te conoce lo más íntimo, conoce tus intenciones, tus pensamientos,
tus inquietudes, tus luchas, tus flaquezas, tus frustraciones,
tus dolores. Conoce tus pruebas y conoce la
salida, y conoce el resultado. Si eres ovejado del Señor, puedes
estar confiado. Estás en los mejores brazos. Estás bajo el cuidado perfecto,
no hay mejor pastor. No sólo puede estar confiado,
que si eres ovejado del Señor, has de estar atento. Mis ovejas
oyen mi voz y la conocen y me siguen. Has de estar atento para
escuchar la voz del Señor, para seguir la voz del Señor. Aun
en medio de la confusión, aun en medio de la oscuridad, aun
en medio de las pruebas que estés pasando, agúntalo oído. Escucha
la voz del Señor. No te despistes, no escuches
voces extrañas. Escucha la voz del Señor. Está
atento. Y si eres una oveja del Señor
que aún no ha oído la voz del Señor, está atento. Escucha la
voz de Cristo, porque la vas a oír llamarte y vendrás a Él. Cuando Jesús te diga, sígueme,
como Jesús le dijo a muchos de sus apóstoles, le dijo a Mateo,
sígueme. Y Mateo lo dejó todo. Se levantó
y le pidió. De la misma manera, le seguirás. No sólo has de estar confiado,
no sólo has de estar atento, también has de estar firme. Has
de estar firme. Si eres una oveja del Señor,
conoces Su voz y le sigues. Y le sigues porque conoces Su
voz. El llamado del Señor es irresistible. El llamado del Señor es excelente. quieres seguirle, no es que Cristo
te obligue a seguirle, es que quieres seguirle, es que deseas
seguirle, es que no hay nada más hermoso que seguirle, no
hay nada más excelente, no hay nada más que puedas desear. Has de estar firme porque has
de continuar, una vez oyes la voz del Señor, has de continuar
escuchando la voz del Señor. Es tan fácil perderse en medio
del bosque, es tan fácil que un rebaño vaya todo por el mismo
camino y una oveja se despiste y caiga en un hoyo y se enrede
en una zarza y la atrape un lobo es muy fácil sigue escuchando
la voz de Cristo y no dejes de escuchar la voz de Cristo es
la voz de Cristo la que guía al rebaño Es la Palabra de Dios
la que guía a la Iglesia. Pobre de nosotros si un día dejamos
de escuchar la Palabra. Estamos traídos. El rebaño se
dispersa y la Iglesia deja de existir. Sigamos la Palabra. Has de estar confiado, has de
estar atento, has de estar firme y en último lugar has de estar
contento. Has de estar contento. Si eres un ovejo del Señor, sabes
que el Señor te guía hacia pastos verdes. ¿Qué más puedes querer? ¿Qué más puedes desear? ¡Ay,
Señor, pero es que yo quiero otras cosas para mi vida! ¡Es
que no estoy conforme! ¡Es que no me gusta! ¿Para dónde
me llevas? Yo quiero esto, yo quiero aquello,
y una casa mejor, y yo quiero que cambies a mi esposo, y yo
quiero... ¡Señor, esto no puede ser pastos verdes! Es una promesa
de Dios. Si tú eres una oveja del Señor,
Él te está guiando a pastos verdes. Has de estar contento, contento
porque no hay nada mejor. Tu alma ha de estar satisfecha,
tu corazón ha de estar rebosante de esta convicción, de que los
pastos verdes no son lo que tú piensas que son pastos verdes.
sino hacia donde Dios te está guiando. Eso son pastos verdes. Señor, pero es que no veo. Hay
niebla, o hay oscuridad, o hay muchos árboles. Y el Señor te
dice, ven, sígueme. ¿Y qué es ve si no? Que el Señor
te está diciendo, ve, y tú quieres ir en dirección contraria, y
no ves hacia dónde están los pastos verdes. Pero dices, Señor,
no lo veo, pero sé que tu voz está ahí. yo sigo, yo camino,
no desmayo, no hay nada más excelente que seguir tu voz, no hay gozo
fuera del rebaño, no hay dirección fuera del camino que marca el
buen pastor. Todo lo que estamos diciendo,
podéis decir vosotros en vuestra vida, amén, así es, Si yo te
explicara, David, he buscado por todas las filosofías, he
buscado por todas las religiones, he estado aquí, he estado allá,
he viajado, he hecho de todo, hasta que encontré a Cristo y
dije, ajá, esto era lo que estaba buscando. Y cuando encontré a
Cristo, dejé de buscar. ¿Hay alguno de vosotros, por
favor, que haya encontrado a Cristo y continué diciendo, por si acaso,
voy a seguir buscando otras cosas? por si hubiera algo mejor que
Cristo. El que encuentra a Cristo dice, lo veo. No busco nada más. Se acabó la búsqueda. No hay
nada más que pueda desear. Esto es. Él es lo que estaba
buscando. Cristo es ese buen pastor. Para los fariseos y los judíos
de aquel tiempo lo que Jesús está diciendo debía sonar tremendo.
Leemos todo el Antiguo Testamento y sabéis quién es el buen pastor.
Dios el Padre. Jehová es mi pastor. Y ahora
llega este hombre carpintero Jesús de Nazaret y dice yo soy
el buen pastor. Yo soy el buen pastor. Está diciendo
yo soy Dios mismo que he venido a recoger a mis ovejas. Mis ovejas estaban perdidas,
mis ovejas estaban confundidas y he venido a buscarlas y a recogerlas. Por eso podemos leer el santo
23 que hemos leído antes y decir Jesús es mi pastor. Nada me faltará. En lugares de delicados pastos
me hará descansar. Con tu aguas de reposo me pastoreará. Ojalá todos los que estamos aquí
podamos decir Jesús es mi pastor. El Señor es mi pastor. Yo soy
una auténtica oveja del buen pastor. Y si no puedes decirlo,
o aún no puedes decirlo, te invito a seguir escuchando la voz del
Señor. Hasta ese día en que el Señor Jesús te llame por tu nombre
y te diga, sígueme, y tu respondas, aquí estoy Señor, te sigo. Amén. Que el Señor bendiga su palabra
en nuestros corazones.
El Buen Pastor
Series Evangelio de Juan
En contraste con el desinterés que los fariseos mostraban por el bien espiritual del pueblo Jesús dice 'Yo Soy el Buen Pastor'. En este sermon encontramos 2 características del pastor verdadero, 2 de la oveja verdadera y 2 de Cristo como Buen Pastor de sus ovejas.
| Sermon ID | 6108200177 |
| Duration | 37:50 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 10:1-21 |
| Language | Spanish |
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