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El título del sermón es Más que
Conquistadores, Escritura Romanos 8, del 31 al 39, la serie La
Gracia Salvadora de Dios. Esta es la palabra de Dios. Entonces,
¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién
estará contra nosotros? El que no negó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también junto con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los
escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condena? Cristo Jesús es el que murió,
sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra
de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito,
por causa tuya somos puesto a muerte todo el día. Somos considerados
como ovejas para el matadero. Pero en todas estas cosas somos
más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Porque
estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles,
ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni los poderes,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro
Señor. Amén. Padre, te damos gracias
por tu palabra. ¿Qué poder se encuentra ya en
la lectura de ella? Enséñanos, Padre, la seguridad
del creyente. Perdona cualquier pecado que
tengamos, Padre. Te doy gracias, Padre, que tú
usas herramientas imperfectas como yo para traer la perfecta
verdad tuya a tu pueblo. Úsame, Padre, de manera grande
y poderosa en la vida de estos amados, estos creyentes que amo
tanto, Padre. Oh, Padre, Dale a ellos el deseo
de oír, el que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu está
diciendo. Padre, dale hambre en su corazón
por oír tu palabra y aplicarla. Un deseo increíble de caminar
justamente contigo y dame a mí la habilidad, Padre, tan herramienta
imperfecta que soy para predicar la perfección de Cristo. Oh Padre,
haga un milagro aquí entre nosotros, pedimos en el nombre de Jesús.
y para tu causa, oh Dios, amén y amén. Pueden tomar asientos,
amados. Bueno, el último sermón que predicamos
acerca a romanos fue Romanos 8, del 28 al 30. Muchos de ustedes
y mucho del grupo de inglés me hicieron comentario, me mandaron
texto, Me dijeron que fue un sermón de increíblemente bendición
en sus vidas. Gloria a Dios. Toda la gloria
estaba para él. Hoy es la segunda parte, si podemos
decir, de lo que Pablo estaba enseñando. Y en estos versículos,
28 a 30, Pablo nos enseñó mucho la última vez. Estas verdades
profundas, a medida que estudiamos el orden de la salud, el orden
de la salvación, Y aprendimos y exploramos varias doctrinas.
Primero aprendimos que hay un propósito divino en nuestras
pruebas. Incluso en medio de pruebas y desafíos, Dios decreta
los eventos para el beneficio final de su pueblo. Todas las
cosas obran para bien para aquellos que aman al Señor y son los llamados
de acuerdo a su propósito. Y ahí estudiamos esta la doctrina
de la soberanía de Dios. Todas las cosas trabajan para
bien. No hay nada fuera del control de Dios. Incluso el caos del
mundo. que a veces viene contra el creyente.
Eso está ordenado, decretado por Dios para traerle gloria
a su nombre y el bien de nosotros. Todo está en las manos del Señor.
Dios es soberano. Y después fuimos a esta, la cadena,
¿se recuerdan? De la redención, la cadena dorada,
la de redención. Y ahí miramos los dos primeros
pasos de la salvación. El conocimiento de antemano de
Dios y la predestinación. Y aprendimos que Dios en su conocimiento
de antemano predestinó a los creyentes a ser conformados a
la imagen de su Hijo Jesucristo. Y esta predestinación no es arbitraria,
sino que surge del conocimiento íntimo que Dios tiene de aquellos
que ha elegido. Y ahí estudiamos, se recuerda,
esta gran doctrina de la elección incondicional. Dios conoce a
los suyos, Dios sabe quién son, Dios lo ha conocido de antemano,
los ama y los predestina. Esta es la elección de los elegidos. y debido a que estamos predestinados
a ser conformados a la imagen de Jesús, necesariamente entonces
Jesús tiene que morir para redimir a este grupo elegido por Dios.
Y esta era la doctrina de la expiación limitada. Seguimos
a los segundos dos rángulos de esta cadena adorada de la justificación
y miramos el llamamiento y la justificación. Y a través de
la proclamación del Evangelio y la obra del Espíritu Santo,
los creyentes, son hechos, y este es propósito, puse estas palabras,
son hechos responder al llamado eficaz de Dios y por lo tanto
son justificados o en otras palabras declarados justos por la fe en
Jesucristo. Y esto miramos era la doctrina
de la gracia irresistible. El Espíritu Santo hace que venga
el creyente elegido, hace que él venga en tiempo los llama,
en tiempo los justifica, ellos tienen que venir porque el Padre
nos has dado al Hijo. Y por último, el último rango
de esta cadena era la glorificación. Y hablamos cómo la glorificación
estaba hablada en el tiempo pasado, algo ya hecho, algo ya seguro,
porque los que Dios predestinó, los que Él antemano llamó, lo
que Él trajo y los justifica por medio del Espíritu Santo,
ellos un día serán glorificados. Esto es cierto de cierto. Esto
se refiere a la transformación entonces final, de los creyentes
a la semejanza de Jesucristo, tanto espiritual como físicamente,
en la era venidera. Tenemos garantizada esta glorificación,
esta es la doctrina de la perseverancia de los santos. El que Dios salva,
lo salvará hasta el final. Gloria a Dios. Entonces, lo que
aprendimos dos semanas atrás era lo siguiente. Las doctrinas
de la gracia son el fundamento de la esperanza cristiana. Amén. Otra vez, las doctrinas de la
gracia son el fundamento de la esperanza del cristiano. Porque
las doctrinas vienen y te dicen Dios te amó de antemano, Dios
te ha elegido, Dios el Espíritu Santo te va a traer, Él te va
a salvar, Dios el trino asegurará que tú llegues a donde? Al hogar.
Cristo murió por ti. En estas doctrinas hay la esperanza
cristiana, y me da lástima que muchas de las iglesias rechacen
estas doctrinas, porque en rechazar en estas doctrinas lo que hacen
es que su pueblo no esté seguro de su salvación. Hoy exploraremos
la certeza del amor de Dios por los elegidos y cómo este amor
garantiza que cada creyente se encuentre firme en el último
día. El amor de Dios garantiza que cada creyente será más que
un vencedor en el día final. Gloria sea a Dios. Así que, amados, pongamos atención
hoy. Porque la pregunta para ustedes,
¿cómo de seguro está su salvación? ¿Cómo de seguro está su salvación?
Esa va a ser la pregunta que al final de este pasaje quiero
que usted diga, Gloria a Dios, yo estoy completamente seguro
de mi salvación. No hay nada en el mundo creado,
no hay nada en el universo, no hay nada fuera del control de
Dios. Nada que pueda impedir que Dios me salve como intentó
cuando me eligió. Así que, mantengan sus Biblias
abiertas si gustan y miren el versículo 31. Y si están tomando
notas, el primer punto que quiero dar es que Dios, el protector
de los elegidos. Dios es el protector de los elegidos. Ese es el primer punto. Miremos el versículo 31. Entonces,
¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién
estará contra nosotros? Nuestro pasaje comienza con una
pregunta. Entonces, ¿qué diremos a esto?,
dice Pablo. Pablo nos recuerda de toda la
enseñanza pasada, principalmente lo que acaba de enseñar inmediatamente
en los versículos 28 al 30. Si Dios me eligió, si Dios conquistó
mi depravedad total, si Dios me eligió, si Cristo murió por
mí, si el Espíritu Santo me ha traído al Hijo para ser salvo,
para que sea rescatado por el Padre, si Dios el trino asegurara
que persevere hasta el final, si Dios está conmigo ¿Qué entonces
vamos a dirir? ¿Qué vamos a decir? ¿Qué seguro
es mi salvación? Dado que Dios ha salvado a los
individuos totalmente depravados como usted y como yo al elegirlos
ante la fundación del mundo para que el Hijo muriera por ellos
y para que fueran atraídos irresistiblemente a la gracia por el Espíritu Santo
y seguros de la perseverancia divina, ¿qué podemos decir sobre
nuestra seguridad eterna? ¿Qué tal de seguro estoy yo que
llegaré al cielo si pongo mi fe en Jesucristo? Y la respuesta
a eso es completamente completamente seguro. Miremos, sigamos. Si
hay algo que nos enseña las doctrinas de la gracia es que Dios está
a favor de su pueblo elegido. Los elegidos están seguros. Y
por eso Pablo pregunta, si Dios está por nosotros, ¿quienes son
los nosotros? El pueblo de Dios, los elegidos.
Si Dios está por nosotros, los que él acaba de decir que Dios
murió por ello, que Cristo vino, que Cristo murió, que el Espíritu
Santo los trae, las doctrinas de la gracia. Si Dios está por
nosotros, ¿quien estará contra nosotros, los elegidos? Por supuesto,
esta es una pregunta retórica, una pregunta que las doctrinas
de la gracia ya ha dado la respuesta a ella. Nadie, amados, nadie,
ni ningún ser creado, ni Satanás mismo puede resistir el propósito
de Dios para salvar sus elegidos. Gloria a Dios, iglesia. Amén.
No hay nada, no hay nadie que pueda impedir que Dios salve
a los elegidos. Es cierto que debido a que Dios
está por nosotros, el mundo entero se está contra nosotros, porque
el hombre en su rebelión contra Dios no solo se enfurece contra
su creador, sino contra todos sus redimidos. Y sin embargo,
el infierno, Satanás y el mundo no redimido no pueden frustrar
el propósito del Dios que nos ha salvado y está dedicado a
realizar la glorificación en nosotros. Venga el mundo. Venga
Satanás. Venga todas las potestades de
este universo. Venga los demonios. Venga el infierno completo contra
los cristianos. Háganos sufrir. Háganos morir.
Pero nadie nos separará del amor de Dios. Nosotros estamos seguros
en nuestra salvación. Y por último, toda la amenaza,
toda la maldad, todo el pecado del mundo en resistir y atacar
y aún matar a los cristianos. ¿Para qué sirve? Para conducirnos
a la presencia de Aquel que nos ama, para la salvación final. Nadie puede estar contra nosotros,
los elegidos. Y nadie puede tener victoria
sobre el creyente porque Dios está a nuestro lado. Dios es
omnisciente, invicto en su propósito. y implacable en el cumplimiento
de su voluntad. Amados, hemos sido salvados por
esa implacable voluntad de Dios. Esa misma voluntad Dios dice
ellos son míos y míos son y no hay nadie que pueda evitar que
seamos de él. Gloria sea a Dios. Por favor
lean en Efesios 1, 4 y 5 conmigo. Miren lo que dice la palabra
de Dios. Es un pasaje que usted conoce muy bien pero ponga atención
a la voluntad de Dios cuando dice porque Dios nos escogió
en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos,
santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para
adopción como hijos para sí mediante Jesucristo y lean conmigo conforme
a la buena intención de su voluntad. Es la voluntad de Dios que nos
salva a nosotros. Dios dice, esto es mío por mi voluntad y
me asegura y es mío, me conoce antemano y me predestina para
ser uno suyo. Después de eso, ¿qué puede hacer
el mundo para impedir que yo llegue al cielo? Nada, amados.
Entonces, Dios protege a los elegidos. Los elegidos siempre
han encontrado gran consuelo en esta verdad, que Dios ama
a su pueblo. Escuche el Salmo 27 del 1 al
3. El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré? El Señor es
la fortaleza de mi vida. ¿De quién tendré temor? Cuando
los malhechores vinieron sobre mí para devorar mis carnes, ellos,
mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron. Si un ejército
acapa contra mí, no temerá mi corazón. Si contra mí se levante
guerra, a pesar de ello, yo estaré confiado en el Señor. Este es
un hombre en el Antiguo Testamento que dice le pertenezco a Dios.
Venga ejército, venga guerra, venga obstáculos, venga problemas,
no importa, yo estoy confiado en quien? En mi Señor. Que la
Iglesia de Dios diga amén. Porque es tan importante. Venga
lo que venga en este mundo, yo estoy confiado de la protección
de quien? De Dios. Porque Dios ama a sus elegidos.
Mira el versículo 32. El versículo 32, el segundo punto
es el que hace. Dios es el dador de gracia inmensurable
a los elegidos. Dios da una increíble gracia
a los elegidos. Y este versículo fue tan poderoso en mi estudio,
en mi propia vida. Hola, que Dios le dé el corazón
para escuchar. El que no negó ni a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos
dará también junto con Él? todas las cosas. El versículo
32 comienza con una verdad dramática. El que no negó ni a su propio
hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. El que no escatamizó,
dice creo la reina Valera. El que lo dio completamente para
la ira de Dios. ¿Cómo puede ser esta verdad?
Me pregunté yo. Que Dios no negó a su hijo. Dios no negó a su hijo. Es importante
que pongamos atención aquí. Sabemos que nada más que un sacrificio
perfecto y sin pecado podría ser el sustituto de la humanidad
pecadora. Eso lo hizo claro el Antiguo
Testamento. Y el Nuevo Testamento nos enseña
que solo Jesús pudo propiciar la ira de Dios. Pero mi pregunta
es la siguiente. ¿Cómo es que Dios no negó a su
hijo? No lo ayudó, no lo rescató en
nada. Por lo tanto, nuestro versículo
nos dice que el Padre decidió salvarnos, escuche, a expensas
del Hijo. El Padre escogió su salvación
que la comodidad de su propio ¿Qué? Hijo. La seguridad de su
propio ¿Qué? Hijo. El bienestar de su propio
¿Quién? Hijo. El Padre escogió salvarlo
a usted y derramar iras sobre el Hijo. Es algo increíble considerar. Dios no negó ni a su propio hijo. No habría lenidad para el hijo,
ni medida, ni media medida de la ira. Usted como padre se mira
a su hijo sufrir por algo que él hizo. Usted lo está castigando.
Usted dice, pero es mi hijo, no lo voy a castigar hasta el
extremo porque lo amo. Lo voy a proteger de mi propia
ira como padre. Pero el padre le dijo al hijo
no. Vas a sufrir toda la ira para salvarlos a ellos. Pongan
atención, esto es muy importante. Lo que Pablo está enseñando es
esto. Si Dios hizo lo más grande, ¿cómo no va a ser lo más básico?
Otra vez, si Dios hizo lo más grande, ¿cómo no va a ser lo
más qué? Básico. Si Él dio a su Hijo y no negó
a su Hijo y le dio toda la ira a su Hijo, esos son los más grandes,
¿cómo no va a asegurarse que usted llegue al cielo? Que es
más básico, es más fácil para Él. Si Él hizo lo más difícil,
hará lo más que fácil. El Padre derramaría toda su ira
sobre el Hijo como sustituto por el pecado. No se restringiría
ni una gota de la ira de Dios. Cristo sufriría el precio total
de la expiación. El Padre no lo negó en nada. Toda la copa de toda mi ira te
la tendrás que tomar. Hasta la última que Es lo que Dios el Padre decidió
para salvarle a usted. Amados, inmediatamente mi pensamiento
va a Génesis capítulo 22, donde Dios le ordenó a Abraham que
ofreciera a su hijo Isaac en el altar del monte Moravia. En
el último segundo, cuando Abraham estaba a punto de clavar el cuchillo
en el pecho de su propio hijo, Dios salvó al hijo de Abraham,
pero no el suyo. Dios salvó al hijo de Abraham,
pero no salvó a su propio hijo. Increíble considerar, ¿no? Que
tuvo misericordia, tuvo lenidad, tuvo amor suficiente para salvar
a qué? Al hijo de Abraham, pero a su
hijo le dijo te amo, pero para salvar al hombre no puedo enseñarte
misericordia en nada absoluta. tienes que sufrir todo. Así que
tenemos a Abraham con el puño en la mano, el cuchillo en el
puño en la mano, listo para ponerlo en el pecho de su hijo y podemos
saber el padre con ese mismo cuchillo con su hijo. En el caso
de Abraham le dice Abraham no, no lo toques, no le hagas daño
a Isaac, no voy a permitir que tú lo mates, voy a proporcionar
un carnero substituto y Dios salva al hijo de Abraham, pero
cuando viene con su hijo el cuchillo baja. en el pecho de su propio
hijo. Esto es lo que significa que
no negó. ¿Pueden ver la increíble verdad aquí? Y si el Padre está
dispuesto a llegar al tal extremo para salvarle a usted, ¿cómo
usted va a dudar de su salvación? ¿Qué seguros están? Absolutamente
seguros de nuestra salvación. Amados, fue en este mismo sitio,
en este mismo sitio, en el Monte Moraya, Más tarde, llamado el
Monte Calvario, en las afueras de la ciudad de Jerusalén, donde
mil años después de Abraham, nuestro Salvador, la noche antes
de su muerte, entraría al huerto de Getsemaní sudando gotas de
sangre, rogándole al Padre que le librara la agonía que iba
a venir cuando la ira divina se ha caído sobre él. Él entró
en ese mismo lugar. Padre, enséñame misericordia,
lenidad. Padre, Por favor, si hay alguna
otra manera de salvar al hombre, enséñame mi misericordia. Leamos
Lucas 22, 42 diciendo, padre, si es tu voluntad, aparta de
mí ¿qué? Esta copa. ¿Cuál copa está hablando
Cristo? La copa de la ira ¿de quién?
De Dios. Sálvame de la copa. Yo no quiero
tomar la copa. Si hay otra manera de salvar
al hombre, sino tomar la copa. Padre, por favor, si no hay,
entonces me rindo a tu voluntad. Cristo le pide al Padre que lo
liberte. Pero no mi voluntad, sino la
tuya. En el versículo 44, y estando en agonía, oraba con mucho fervor y su sudor
se volvió como gruesas gotas de sangre que caían sobre la
tierra, las venitas chiquitas en todo el cuerpo bajo el estrés
de la oración, de la agonía que viene, de la ira de Dios, no
es la muerte, no es la espada, no son los clavos, no son los
látigos, aunque esas cosas fueron horribles, sino la copa de la
ira de Dios que Cristo le dice al Padre, si, si, si me puedes
enseñar un poco de misericordia en esta área Y el estrés es tan
grande que empiezan a reventar las venitas y la sangre se empieza
a mezclar con el sudor y él está sudando sangre. Tanta agonía,
tanto estrés estaba el cuerpo de Cristo por la copa de la ira
del Padre. Padre si hay alguna manera. ¿Qué
dice la palabra en Romanos 8? Él no lo negó nada. Tú vas a
sufrirlo todo. En la mayor angustia de Cristo,
la respuesta del Padre a las súplicas por lenidad del Hijo
fue una imaginable NO. Tienes que tomarte toda la copa
por entera. A diferencia de Isaac, Jesús
tuvo que ser sacrificado y soportar toda la medida de la ira. La
salvación requería que el Padre no perdonara al Hijo. ¡Qué amor
tan incomprensible, amados! Y cómo entonces tenemos la cara
a veces de atrevernos a dudar del amor de Dios hacia su pueblo
después que el Padre ha llegado a tales extremos para redimirnos. Ya creo que Dios me ama. ¿Han
tenido pensamientos blasfemo ustedes? Esto no es justo Dios. ¿Ha tenido ese pensamiento blasfemo?
El Señor se olvidó de mí. ¿Ha tenido ese pensamiento blasfemo?
El que no negó a su Hijo. para salvarlo a usted, el que
sacrificó a su propio hijo, el que tuvo el puñal en la mano
y lo trajo al pecho de su hijo para salvarlo a usted, ¿cómo
se va a olvidar de usted después de eso? ¿Cómo no va a ser justo
con usted? ¿Cómo no lo va a amar? Dios no es catimón, nada para
asegurar nuestra salvación, ni siquiera a su propio hijo. Y
por eso Pablo dice, si no que lo entregó por todos nosotros.
¿Y qué significa esta idea que lo entregó para todos nosotros?
En el lenguaje original significa dar en manos para condenación
injusta a veces. La idea es que el padre entregó
al hijo a la humanidad para su crucificación y su muerte. Aquí
lo tiene, es mi hijo, hagan con él lo que vayan a hacer. Y cuando
terminó el mundo haciendo lo que estaba haciendo, entonces
el padre derrama también su qué, su ira sobre el pobre hijo. Pablo
afirma que Dios dio a su yo para todos nosotros. ¿Y quiénes son
los nosotros? Los que están en la codena de
oro de la redención, los elegidos de Dios. Y debido a que Jesús
murió por nosotros, por este grupo, y el padre no lo perdonó
a él, no lo negó a él, sino se los dio. Por lo tanto, el Padre
también con Cristo bondadosamente nos dará todas las cosas. ¿Qué
significa esto? Bueno, significa que nuevamente
nos topamos con la gloriosa doctrina de la adopción. Si por Cristo
somos salvos y si la obediencia de Cristo causa que el Padre
le dé todas las cosas al Hijo, entonces nosotros que estamos
en Cristo recibimos todas las cosas de Cristo también. Si no
lo negó, Y por eso le da al Hijo, entonces le da a todos sus hijos
la misma bendición. Somos tan plenamente hijos de
Dios que compartimos con Cristo todo lo que el Padre le ha dado.
Somos herederos de Dios, pero escuchen, coherederos con Cristo. ¿Amén? Coherederos con Cristo. Lo que el Padre le da a Cristo,
también se le da ¿a quién? Al creyente. El Padre se complace
en dar todas las cosas a su Hijo, a quien no escatimó. Y por tanto,
se complace en darle todas las cosas a aquellos que Él le ha
dado a su Hijo, a usted y a mí. Qué maravillosa posición ocupa
cada santo en el corazón de Dios. Dios es por nosotros. Hay gracia
increíble para el creyente. La gracia del Hijo ser qué? Sacrificado. Amados, hay increíble
gracia. Él no escatimó a su Hijo para
que nosotros recibiéramos una gracia increíble. Miremos el versículo 32 al 34
donde viene el próximo punto. No solamente es el protector
Dios de sus elegidos, no solamente es el Dios que da increíble gracia
a sus elegidos, Dios es el justificador también de los elegidos. Dios
es el justificador de los elegidos. Mire el versículo 33. ¿Quién
acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condena? Cristo es el que murió. Sí, más
aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
el que también intercede por nosotros. El gran teólogo y pastor
R.C. Sproul, antes de morir, escribió
largamente sobre estos dos versículos. Quiero leerle dos párrafos, si
me permiten. Él dice lo siguiente, Satanás trabaja para presentar
toda acusación difamatoria e imaginable contra los elegidos de Dios.
Satanás nunca deja de acusar a los hermanos. Él nunca deja
de acusarnos y tocar nuestra conciencia diciéndonos cuál malvados
somos y qué no merecemos estar en comunión con Cristo. La obra
principal de Satanás en la vida del creyente no es la tentación,
aunque sí está embolcado en la tentación. Su trabajo principal
es la acusación. Continúa el hermano. Nos acusa
para quitarnos la seguridad y el gozo y el consuelo que tenemos
en Cristo. Él sigue recordándonos nuestro
pecado, nos habla de nuestras deficiencias, pone contra los
elegidos de Dios todos los cargos imaginables que puede presentar. Sin embargo, no hay trabajo más
inútil. La razón por la cual Pablo se
burla de Satanás con la siguiente pregunta. ¿Quién acusará a los
elegidos de Dios. Es un trabajo inútil acusar a
los elegidos de Dios. ¿Cómo? Bueno, ¿qué puede ser
más inútil que acusar a los redimidos mediante la sangre del coldero?
El que justifica al creyente también es el juez. El que nos
justifica es Dios. ¿Y quién es el juez del universo?
Dios. Y si ese juez perfecto ha declarado
al creyente justo por la imputación de la perfecta justicia de Cristo,
¿quién puede acusar a ese creyente? Si el padre dice, el juez, este
es justo y yo lo justifiqué, ¿cómo puede Satanás entonces
tratar de acusarnos para que perdamos nuestra salvación? Es
imposible. Déjame ponérselo de esta manera.
Piénselo de esta manera, amados. ¿Alguien podría presentar con
éxito una carga de pecado contra Jesús? Hago esa pregunta otra
vez. ¿Hay alguien que pueda acusar
a Cristo de pecado? La respuesta es que no. Sabemos
que Jesús no tiene pecado. Por lo cual, cualquier intento
de acusarlo de pecado es un intento absurdo. Es una pérdida del tiempo
porque el Padre sabe que Cristo es perfecto. Amén. Y este es
el punto. Recuerde, La obediencia perfecta
de Cristo es imputada a la cuenta de todos los que ponen su fe
en Él. Por lo tanto, es tan inútil que alguien presente una acusación
contra nosotros como lo es presentar una acusación contra Cristo,
porque estamos revestidos de la justicia de Cristo en la absoluta
perfección de Él. En otras palabras, ¿qué perfecto
soy yo en los ojos de Dios? Soy tan perfecto como ¿quién?
Jesucristo. ¿Qué justo soy yo delante de
los ojos de Dios? Soy tan justo como ¿quién? Jesucristo. Cuando el Padre me mira a mí,
mira la justicia de Cristo, mira la perfección de Cristo, mira
la santidad de Cristo. Y Él dice, ¿esa santidad le pertenece
a quién? A Ismael, por el trabajo de Cristo. Y si es imposible acusar a Cristo
de pecado, es imposible ¿qué? Acusarme a mí de pecado. Porque
el pecado que yo cometí, Cristo pagó por él. Amén. ¿Pueden verlo
amados? No sé si usted lo ha mirado de
esta manera antes. Yo soy tan perfecto como Cristo
es perfecto. No por mi perfección, sino la
imperfección, la perfección de Él que ha puesto en mi cuenta.
Así que acusarme a mí es como acusar a Cristo de pecado. El
Padre se burla de tal acusación. Y la próxima vez que usted oiga
esa voz y la está oyendo a veces en su vida, en su vida, tú no
vales nada para como un cristiano. Mira que fácil dejarte las cosas
del Señor. Mira que pecado te encuentras.
Te recuerda cuando tú cantabas y alababas y adorabas y le decías
a tus hermanos ven vamos a servir a Dios y ahora mírate cómo tú
estás. Yo no creo que tú seas salvo.
¿Cómo vas a decir que tú amas a Dios viviendo como estás viviendo?
Yo estoy seguro que hemos escuchado algo así en nuestras vidas. Amén.
Mira como trataste a tu esposo, mira como trataste a tu esposa,
mira como trataste a tu hijo, mira que no fuiste un buen padre,
mira que y las acusaciones vienen, vienen, acusaciones de pecados,
acusaciones que deben hacernos correr, que podemos decir a Satanás.
Tienes razón, soy un gran pecador, pero yo tengo razón cuando digo
que Cristo es un más grande salvador. Amén. Yo soy un gran pecador,
pero Cristo es más grande en salvar. Gloria a Dios. Amén.
Y la perfección de Cristo es mi perfección. Si es por mí,
yo voy al infierno, tienes todas las razones Satanás. Pero si
es por Cristo, cuando me mira Dios el Padre, me mira a mí como
quien? Como el Hijo. Glorie a Dios. No sé si eso le
da entusiasmo en su vida. No sé si eso le llena su espíritu
de gran gozo saber que no hay una acusación que pueda traer
al contrario. Así que pare de escuchar las
acusaciones. Pare de decir, tienes razón Satanás,
que terrible soy yo. Diga no, pero el que murió por
mí. El que me revistió de su justificación,
el que me revistió de su santidad, ese es el que el Padre ve en
mí. Y por esa razón, Satanás, tú no tienes nada que acusarme.
¿Quién traerá una acusación contra los elegidos de Dios? Ni Satanás
puede hacerlo. Lo intenta, lo intenta todo el
tiempo, pero no puede hacerlo. Es inútil. Es inútil. Los méritos de Cristo nos justifica.
Dios no solo nos ha perdonado, sino que habiéndonos revestido
con la justicia de Cristo, Dios nos ha declarado que cada creyente
es justo. En otras palabras, tenemos una
posición correcta delante de Dios. Eso es lo que significa
estar justo, estar correctos delante de Dios. Yo estoy correcto
delante de Dios. ¿Qué traduce, hermano? Usted
puede decir conmigo amén, yo estoy correcto delante de Dios.
Oh hermano, usted no sabe el pecado que yo he cometido y no
las cosas que he pensado y cómo me he aportado. Pero ¿estás en
Cristo? Sí. La justicia es tuya, la justicia
es de Él, es de Él. ¿Qué justo eres tú? Delante de
Dios, completamente. ¿Qué santo eres tú? Delante de
Dios, completamente. ¿Qué seguro estás tú de tu salvación?
Completamente seguro. Amados, toda la calumnias del
mundo no pueden cambiar el veredicto final de Dios Dios es el juez
Dios me ha declarado justo ¿Cómo me atrevo yo decirle a Dios insistes
un error en justificarme? Oh padre yo soy un pecador y
no puedo ser justificado Dios dice pero te he declarado justo
por mediante del Hijo ¿Quién sabe más usted o Dios? Dios por
eso dice la palabra ahí no hay condenación para los que están
en Cristo Jesús Porque el Juez nos ha declarado santo como el
Hijo es, tan como el Hijo es santo, tan santo es usted, tan
santo como Cristo es santo en los ojos del Señor. Gloria a
Dios por esa verdad, verdad. Salir de aquí sin mis imperfecciones
y mi terrible pecado a veces, cuando Dios me mira a mí, Él
mira el perfecto Hijo de Dios. Yo soy tan santo como Cristo
es santo, tan perfecto como Cristo es perfecto, tan puro como Cristo
es puro. Gloria a Dios. Gloria a Dios. No hay ningún otro tribunal o
no hay ningún otro juez más alto a quien apelar. La autoridad
final, Dios, ha hablado y nos ha justificado. Es Dios, dice
la palabra de Dios quien justifica. ¿Quién justifica? Dios. No yo. Y gracias a Dios, no Satanás.
Dios me declara mi justo. ¿Quién es el que condena entonces?
El propio Satanás no tiene fundamento para condenar a los hijos de
Dios. Y en un cuadro profético de esta verdad, leemos aquí en
Zacarías 3, 1 al 5. No sé si lo pueden leer, pero
déjenme leérselo a ustedes. Es una porción que usted conoce
muy bien, estoy seguro. Entonces, me mostró al sumo sacerdote Josué. Si esperamos que alguien se ha
justificado por sus propios méritos, ¿sería quién? El sumo sacerdote
Josué. Era un hombre dedicado a las
cosas del Señor. Y Josué estaba delante del ángel
del Señor. Y Satanás estaba a su derecha
para acusarlo. ¿Pueden verlo? Acusarlo. Pero
mire la reacción de Dios. Y el ángel del Señor dio a Satanás. El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escondido
a Jerusalén. No es este Josué un tizón arrebatado
del fuego. Es mío. Yo lo elegí, déjalo quieto,
para de acusarlo. Josué se estaba vestido de ropas
sucias, su propia justicia en pie delante del ángel. Y este
ángel habló y dijo a los que estaban delante de él, quítenme
las ropas sucias. Y a él le dijo, mira, he quitado
de ti tu iniquidad y te vestiré con ropas de gala. ¿Las ropas
de quién, amados? De Cristo. Después dijo que le
pongan un turbante limpio en la cabeza y le pusieron un turbante
limpio en la cabeza y lo vistieron con ropas de gala y el ángel
del Señor estaba allí con él. Pueden ver lo que estaba aquí,
que estaba aquí, estaba ahí Satanás acusando, acusando, acusando.
¿Qué le dice el Señor a Satanás? Lárgate, párale, déjalo quieto. Él es uno de mis elegidos y por
eso él es salvo completamente. quítenle las ropas inmundas y
pónganle las ropas que del Hijo de Dios y ahí se puede levantar
Josué y esta es la presencia de Dios porque no hay nadie que
lo pueda acusar porque él le pertenece a quien a Cristo Jesús
así que dice la palabra de Dios que Cristo Jesús Es el que murió,
si más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra
de Dios, el que también intercede por nosotros. Es Cristo quien
murió, es Cristo quien resucitó para nuestra justificación. Es
Cristo que ascendió a la diestra de Dios, donde está sentado en
la posición de autoridad cósmica. Cristo, por su posición más elevada,
ahora intercede por los elegidos. Él es nuestro gran sumo sacerdote
que defiende nuestro caso ante Dios cada minuto de cada día.
Qué seguro está usted de su salvación. Dios lo eligió, el Hijo murió
por usted, el Hijo intercede, el Espíritu Santo vive en usted
y asegura que usted llegará a casa. Qué seguro es su salvación. ¿Puede
perder usted la salvación, amados? He conocido cristiano que dice,
estoy perdiendo, estoy perdiendo mi confianza en Cristo, estoy
perdiendo, parezca que se me está saliendo de la mano. Pero
tú nunca saldrás de las manos de Dios. Él te guarda. Por tanto, es una tontería preocuparse
por las acusaciones de los hombres. ¿Quién acusará a los elegidos
de Dios? Dios es el que justifica. Amados,
somos inocentes ante de Dios. Y sé lo que usted me está pensando,
pero inocente. Usted no sabe cómo yo vivo a
veces. Pero sí conozco al Salvador que murió por usted. Y Él fue
completamente inocente. Y si Él es inocente, los redimidos
son qué? Inocente usted es, inocente puro
como la nieve blanca. Somos santos en las vestiduras
justas de Jesucristo. Somos perfectos en Él. No puede
haber ningún cargo contra los elegidos de Dios. versículo 35
al 36, donde vamos a estudiar que Dios es el que guarda a los
elegidos. ¿Quién nos separará del amor
de Cristo? ¿Tribulación o angustia, persecución o hambre o desnudez
o peligro o espada? Tal como está escrito, por casa
tuya somos puestos a muerte todo el día, somos considerados como
ovejas para el matadero. ¿Quién nos separará del amor
de Cristo? Esa es una buena pregunta. Ojalá
que usted ya pueda decir la respuesta que nada ni nadie. Aquellos que
viven una vida de incertidumbre, pensando que pueden perder su
salvación, deben de correr hacia las doctrinas de la gracia. Amén. Tanta lástima me da con tantos
cristianos que creen que pueden perder su salvación o que el
Señor los ha abandonado porque sus pastores no le han enseñado
las doctrinas vitales. que le confirman su salvación.
Nada puede separarnos del amor de Cristo, amados de Dios. La
Sotería de las Gracias nos enseña que toda la certeza bíblica clama que pertenecemos a Dios.
Hemos sido suyos desde la eternidad pasada, somos suyos ahora en
este día y seremos suyos por toda la eternidad. Dios ha determinado
que así sea. El Hijo ha consumado la obra
y el Espíritu Santo la hace realidad en nuestras vidas. Alabados a
Dios. Y aquí Pablo da una lista de terribles cosas que nos pueden
sacudir la fe al cristiano, pero no sacude la mano de Dios. Tribulación, angustia, persecución,
hambre, desnudez, peligro. ¡Espada! Es posible que en estas
situaciones usted diga, ay Señor, ¿dónde estás? El Señor le diga,
siempre donde estás, a tu lado. Amén. Precisamente en estas cosas
tenemos la seguridad de la presencia de Dios. Dios promete estar con
nosotros a medio de la persecución, el peligro, la espada, el hambre
y todo lo que el mundo y la carne y el diablo puedan arrojar contra
nosotros. Trae todo lo que tú quieras,
Satanás. Dolerá, no me gustará, pero sabes que al nada me puede
separar del amor de Dios que está en Cristo Jesús. Y si me
matas, si Dios te da permiso y me matas, solo me vas a conducir
a la presencia de Aquel que me amó. Y vamos a consumir esta
gran salvación. Estaré en gloria. Es todo lo
que tú puedes hacer. No temas a Aquel que solo puede
destruir el cuerpo, pero no puedes hacer nada más que eso. Pero
teme a Aquel que no solo puede destruir el cuerpo, pero sino
sentenciar el alma al infierno. A Él te digo debes de que de
temer. A Cristo es el único que tenemos
que temer. ¿Qué puede hacer Satanás? A lo
peor, si Dios le permite, puede ¿qué? Matarnos. ¿Qué pasa si
nos mata? ¿A dónde vamos? A esta seguridad
que tenemos para siempre. ¿Quién nos separará del amor
de Dios? Como está escrito, por causa
tuya somos puesto a muerto todo el día. Somos considerados como
ovejas para el matadero. Es cierto que seguimos a nuestro
pastor participando en su humillación y tribulación en muerte. Si los
cristianos han sufrido mucho por la causa de Cristo en tiempos
pasados y aún hoy. Pero Cristo ha estado con ellos
en cada paso del camino. Y en última instancia, todo nuestro
sufrimiento nos lleva a la presencia de Dios, al estado glorificado.
Gloríase a Dios. Nada que este mundo pueda arrojar
nos separará al creyente de su maravilloso maestro. Podemos
sufrir junto a él, pero nunca estamos abandonados. Alabándose
al Señor por esta verdad. Y es por eso que el Evangelio
no puede ser derrotado. Porque han habido hombres y mujeres
en la historia de la cristinidad que le dicen al mundo, hagan
su peor. Solo me van a asegurar que llegue
a casa más pronto. ¿Cómo vamos a derrotar a un enemigo
que no tenga miedo a la muerte? ¿Cómo se derrota a un enemigo
que no le tenga miedo a la muerte? Es imposible derrotar a un enemigo
que no le tenga miedo a la muerte. Un enemigo que dice si tu me
matas, gloria a Dios, llego la presencia de Dios, gané. Y si no me matas, si Dios no
permite que me mates, seguiré predicando y glorificando a Dios
en este mundo. Como sea, yo gano. Pablo habla
de eso, ¿verdad? No sé qué escoger, si vivir o
morir, porque el morir me lleva a la presencia de Dios, y el
vivir es usable para ustedes. Entre los dos, no sé ni qué escoger.
Gano como sea, es el pensar. Para mí el vivir es Cristo y
el morir es ¿quién? Cristo. Gloria sea a Dios. Gloria
sea a Dios. Miremos el versículo 37, donde
seguimos al siguiente punto. Dios es el dador de la victoria
de los elegidos. Pero en todas estas cosas somos
más que vencedores por medio de aquel que nos amó. La palabra
griega que Pablo usa para vencedores proviene del término hypernical
y significa que somos hiperconquistadores, hiperconquistadores. debido a
que Cristo es el hiper conquistador supremo, a nosotros también se
nos considera hiper conquistadores, son otras palabras, si Cristo
conquistó a todo, nosotros conquistamos junto con él. Si Cristo se rió en su muerte, si Cristo se burló
de Satanás y del pecado y los conquistó, Nosotros los conquistamos
también. El que resucitó primero se asegura
que los que siguen van a resucitar. El que ascendió a gloria se asegura
que los que siguen con él van a ascender a gloria. Somos más
que qué, vencedores por medio de aquel que venció primero Jesucristo. La victoria de Cristo es la victoria
de nosotros. Y aquí quiero que escuchen un poquito. Miren en
su mente a la historia de David y Goliat. En la historia de David
y Goliath, Israel estaba ¿qué? aterrorizado. Había un gigante
terrible, enorme, que no podían ellos pelear con él. Tenían miedo.
Habían fracasado. No tenían victoria. Estaban derrotados. Y viene ¿quién? David, que es
una foto ¿de quién? De Jesucristo. Y él se enfrenta
contra este gigante. Y queríamos que iba a haber una
pelea increíble, pero la pelea no duró más de dos o tres segundos. Una piedra, este chiquito que
no parece nada, por ejemplo de quien de Cristo derrota al gigante,
el gigante cae muerto, le corta la cabeza, levanta la cabeza
y la tiene ahí toda sangrada y que hace Israel? Israel viene
a la victoria ¿Por qué? Porque David conquistó, Israel
que conquistó. Porque David ganó, Israel que
ganó. Los que estaban fracasando ahora
tienen éxito porque había un campeón en su lado que conquistó
primero. Esta es la historia del cristiano.
aterrorizados, con miedo, impotentes, delante de un gran gigante, Goliat,
Satanás, delante de nosotros, viene el hijo de David, viene
Jesucristo, no parece nada, pero la batalla dura, ¿qué? Dos segundos,
lo mata, lo derrota y porque él ganó, ganamos nosotros el
pueblo de Dios. Somos más que vencedores por
aquel que nos amó. Cristo venció, nosotros vencemos
también. Cristo ha conquistado potestades,
principados y toda maldad en el cosmos. Satanás a todo él
ha vencido. Escuchen la palabra de Dios en
Colosenses 2, 13 a 15. Y cuando ustedes estaban muertos
en sus deleitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida
juntamente con Cristo. Mire, cuando ustedes estaban
¿qué? Muertos, fracasados, derrotados, impotentes, sin habilidad. Viene Cristo y nos da ¿qué? Vida. Él conquista y nos da vida. Versículo
14. Habiendo cancelado el documento
de deuda que consistía en decretos contra nosotros y nos era adverso
y lo ha quitado de en medio clavándolo en la cruz y habiendo despojado
a los poderes y autoridades hijos de ellos un espectáculo público
triunfando él sobre ellos dice triunfando sobre ellos por medio
de él nosotros triunfamos por medio de quien él él gana siempre
nosotros ganamos con él porque él ganó yo gané amén ¿Quién nos
puede separar del amor de Cristo, amados? De Dios, nadie. Tribulación, espectáculos, así. Nada de eso importa. El pensamiento
en nuestros versos es el siguiente. Gracias al amor de Cristo podemos
enfrentar la furia del mundo y vencer. La victoria de Cristo
en la cruz asegura nuestra victoria en este mundo caído. Él ganó,
nosotros ganamos. Gloria a Dios. Y por final miramos
los versículos 38 al 39 que he titulado Dios, el amante de los
elegidos. Dios, el amante de los elegidos. Porque estoy convencido de que
la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados,
ni lo presente, ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto, ni
lo profundo de ninguna otra cosa creada, incluso Satanás, nos
podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor
nuestro. Dice Pablo, ¿qué quiero escuchar?
Lo alto nada, lo bajo nada, lo profundo nada, principales potestades
nada, nada, nada en el cosmos, nada en el universo te puede
separar a ti del amor de Dios. ¿Cómo? Porque Dios dio a su Hijo,
no lo salvó de nosotros, no lo salvó de la ira. Y si puede hacer
lo mayor, puede hacer lo menor. Asegurar que yo llegue al cielo.
El amor de Dios nos eligió. El amor de Dios nos llamó en
tiempo. El amor de Dios nos llevará a
casa. ¿Qué seguro estoy yo de mi salvación? Amados, escuchen.
Ismael Miranda está seguro de seguro de seguro. Más seguro
de cualquier otra cosa en esta tierra. Más seguro del amor de
mi esposa. Más seguro del amor de la iglesia. Más seguro de
cualquier otra cosa. Estoy más seguro de mi salvación
que otra cosa en el mundo. Porque el Dios que nunca falla
ha determinado que yo sea suyo. y el decreto de Dios siempre
va hacia adelante. Amén. Amados, a veces sentimos que
Dios se ha apartado de nosotros, pero es entonces cuando tenemos
que creer su palabra por encima de nuestros pensamientos. La
palabra de Dios promete y garantiza que la muerte no puede separarnos
del amor de Cristo, ni tampoco la vida, ni los gobiernos terrenales,
los principados en el mundo, demoniacos, y sus sangres o demonios
no pueden separarnos del amor de Cristo. Ni nada de lo que
suceda hoy, ni nada de lo que suceda mañana, ni nada de lo
que está en creación. No hay ningún poder en el universo
que sea más grande que el poder de Dios. Y si Dios dijo, este
es mío, no hay nada que pueda impedir que yo sea suyo. Si hemos
sido salvos, amados, somos salvos de cualquier cosa que este mundo
pueda poner en nuestra contra porque Dios desde la eternidad
pasada nos ha amado y nos ha redimido. Somos sus elegidos.
Hemos sido elegidos por Dios por ser conformados a la imagen
de Cristo y pertenecerle a Él. No por un día, no por una semana,
no por un año, ni por una década, pero por toda la eternidad yo
le he pertenecido a quién? A Dios. De ante la fundación
del mundo Ismael le pertenece a Dios. Y cuando este mundo explote,
cuando no quede nada más, Cuando el Señor recrea todo el universo,
cuando todo, cuando cien mil millones de años de hoy, todavía
yo le perteneceré a quien? A Dios. Porque no hay nadie que
me pueda acusar, no hay nadie que me pueda separar del amor
de Dios, porque yo le pertenezco a Dios. Amén. Padre, te damos
gracias por tu palabra. Palabra segura, doctrinas de
gracia segura que nos enseñan, Padre, ¿Cómo confiar en este
Dios que nos ha amado tanto? Padre, cuando venga Satanás otra
vez a acusarnos, que recaigamos en estos pasajes y le digamos
a Satanás, como le dicen en el libro de Zecharías, apártate
de aquí. Yo soy uno escogido por Dios.
Estoy vestido en la justicia de otro. Soy perfecto, soy lindo,
soy puro, soy santo por la santidad de Aquel que se le imputó a mi
cuenta, Cristo Jesús. Estoy seguro de mi salvación,
más que el seguro que el aire de que respiro. Oh Padre, aresta
la realidad del corazón, esta seguridad que nos va a impulsar
a amarte más y a servirte con todo el corazón. Pedimos esto
en el nombre de Jesús y para tu gloria. Amén.
Mas que conquistadores
Series La Gracia Salvador de Dios
¡Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó! Este sermón explora la maravillosa verdad de la seguridad eterna del creyente. Debido a lo que Dios ha hecho, el creyente puede estar siempre seguro de que su salvación es una certeza.
| Sermon ID | 552420595358 |
| Duration | 52:42 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Romans 8:31-39 |
| Language | Spanish |
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