00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
La creación entera gime, como
con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos
de Dios. Los hijos de Dios también gemimos,
esperando la redención, esperando la adopción como hijos, esperando
básicamente el regreso de nuestro Salvador Jesucristo. La creación
gime, nosotros gemimos, Pero ahora Pablo nos va a enseñar
que hay uno más que también jime. Romanos, capítulo 8, versículos
del 26 al 28, dice así. Y de igual manera el Espíritu
nos ayuda en nuestra debilidad. Pues, ¿qué hemos de pedir como
conviene? No lo sabemos. Pero el Espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. más el
que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu,
porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman
a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme
a su propósito son llamados. Oremos. Nos acercamos a un pasaje hermoso
y empezamos a introducirnos en pasajes muy conocidos que sabemos
que son de mucho consuelo y de mucha fortaleza y queremos pedirte
que imprimas de manera muy especial en cada uno de nosotros las verdades
que vamos a aprender. Enséñanos, oh Padre Santo, todas
estas realidades que traen consuelo, que traen fortaleza, que traen
seguridad, que traen firmeza a nuestros corazones para poder
enfrentar nuestro día a día, fortalecidos por ti, animados
por ti. Estamos aquí hoy, primer día
de la semana, escuchando tu palabra y te pedimos, oh Dios, que nos
des lo que necesitamos para enfrentar esta nueva semana que empieza.
y que pueda calar tu verdad en nuestros corazones, no solo para
esta semana, sino para todas las semanas que vienen, y que
podamos ir creciendo de esta manera en tu conocimiento, creciendo
de esta manera en el carácter cristiano, creciendo de esta
manera en amor hacia ti y hacia nuestro prójimo. Ayúdanos a llevarte
mejor gloria cada día. En el nombre de Jesús. Amén y
Amén. El Espíritu Santo se une al gemido
de la creación y de los creyentes. El Espíritu, dice, nos ayuda
en nuestra debilidad de igual manera. De igual manera que como
gime la creación, de igual manera que como gime cada uno de los
hijos de Dios esperando el regreso de Cristo, de la misma manera
así el Espíritu Santo también. Jime, para ayudarnos en nuestra
debilidad. Aquí hay algunos puntos importantes,
solamente en la frase, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad.
Nos vamos a detener unos minutos ahí, porque en primer lugar debemos
reconocer que somos débiles. Es lo primero que tenemos que
saber. El mundo nos vende la idea de que somos todopoderosos. De que si usted lo visualiza,
lo puede alcanzar. De que querer es poder, ¿verdad? Escuchamos eso. Usted puede hacer
lo que se proponga. incluso en el cristianismo. A
veces nos venden esa idea, ¿verdad? Declárelo, declárelo. Confiéselo,
créalo. Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece. El versículo más abusado de las
escrituras. Usted es hijo del rey, usted
es hija del rey, usted todo lo puede. No, no se menosprecie,
¿verdad? Y nos venden esta idea. Y sin
embargo, Pablo viene y de entrada la derriba y nos dice, no, ustedes
son débiles. Recordemos que somos débiles. Tenemos flaquezas. Y hemos hablado
de estas flaquezas muchísimo. Tenemos flaquezas físicas. Nuestros
cuerpos se enferman, ¿verdad? Se debilitan, se van deteriorando
conforme vamos envejeciendo. Tenemos flaquezas mentales. Hay
cosas que no entendemos, que no sabemos. que ni siquiera podemos
aprender, tenemos limitaciones y, por supuesto, flaquezas espirituales. Ninguno de nosotros ha alcanzado
la madurez del carácter de Cristo. Y cualquier cosa que esté corta
de la madurez del carácter de Cristo es flaqueza, es debilidad,
es una deficiencia. Esos somos nosotros, limitados. Nosotros no somos omnipotentes,
no tenemos toda capacidad. Recuerdo una conversación con
un amigo que él le había metido la idea de que él podía hacer
lo que quisiera, entonces yo le preguntaba ¿qué quiere hacer
cuando ya entrara a la universidad? ¿qué quiere estudiar? Lo que
sea, cualquier cosa, porque puedo hacer cualquier cosa. Y le tuve
que corregir El Señor nos ha dado capacidades limitadas. Nosotros
tenemos dones específicos. El Señor nos ha dado gustos particulares. Usted no puede hacer lo que quiera.
Si le han metido esa idea, jóvenes, no es así. No pueden hacer lo
que quieran. Es su deber buscar qué capacidades
les ha dado Dios, qué dones les ha dado Dios y elegir su carrera
o los estudios o el oficio que van a llevar a cabo cuando sean
grandes con base en lo que Dios les ha dado. Pero lo cierto es
que somos criaturas limitadas. No podemos hacer cualquier cosa. No somos omnipotentes. Tampoco
somos omniscientes. Estamos limitados en nuestro
conocimiento, limitados en nuestro entendimiento. Nosotros no podemos
ver y saber lo que está ocurriendo en el mundo entero. Nuestro conocimiento
está muy limitado a lo que vemos en este momento, aquí donde estamos,
y ahora, y en este lugar. Y tampoco somos omnipresentes. que tiene que ver con lo mismo.
Yo no puedo saber lo que está pasando en mi casa en este momento
porque estoy aquí. No puedo estar en muchas partes
a la vez. A veces uno quisiera poder estar en muchos lugares
a la vez, pero no se puede. Tenemos, además de todas estas
limitaciones normales de toda criatura, las limitaciones de
nuestro pecado. y los efectos del pecado en nuestros
sentimientos pecaminosos, nuestras ideas pecaminosas, nuestros malos
pensamientos, malas decisiones, nuestras motivaciones retorcidas
Todo eso es flaqueza, todo eso es debilidad, y súmele a eso
el hecho de que vivimos en un mundo donde también hay dificultades
externas, circunstancias difíciles y decisiones que tenemos que
tomar que parecen imposibles en toda nuestra humanidad. Somos
pequeños. Aún como cristianos, tenemos
limitaciones. Tenemos flaqueza. No somos dioses. No somos autosuficientes. Y entonces,
desde esa posición, podemos reconocer el segundo punto de esta frase.
Necesitamos ayuda. Necesitamos que alguien nos ayude.
Necesitamos a alguien más poderoso que nosotros. Necesitamos a alguien
que sepa más que nosotros. Necesitamos a alguien que esté
en todo lugar para que realmente nos pueda ayudar. Y eso nos lleva al tercer lugar,
que efectivamente tenemos a esa persona que nos ayuda. Y tenemos,
es más, tenemos a la persona más calificada, mejor calificada
para ayudarnos, el Espíritu Santo. No podríamos pedir mejor ayuda
que la del Espíritu de Dios, Dios mismo. ayudándonos en nuestra
debilidad. ¿Cómo nos ayuda? Podemos pensar
en muchas cosas. Aquí podríamos sacar todo un
sermón solo de aplicaciones a esa pregunta. ¿Cómo nos ayuda el
Espíritu Santo? Pero voy a señalar unas pocas
nada más para empezar a pensar, porque Pablo se enfoca en una
en particular que vamos a ver más adelante. Pero nos ayuda,
por ejemplo, cuando estamos en medio de tribulación, en medio
de dificultad, Cuando estamos a punto de desmayar, o cuando
pensamos que tenemos razones para desmayar, Él nos da fuerza,
nos anima, nos sostiene, y una de las maneras claves en que
lo hace es recordándonos la verdad, recordándonos la sana doctrina,
recordándonos lo que hemos aprendido. La pregunta es, ¿qué razón tiene
usted para desmayar? ¿Usted cree que tiene motivos,
justificación para flaquear, para desmayar? Escuche esto.
Dios es su Dios. El Señor Jesucristo es su Salvador. El Espíritu Santo de Dios mora
en usted, es su ayudador directo, personal, y la gloria es su destino. ¿Tiene usted alguna razón para
desmayar? Esas verdades centrales, de nuestra vida cristiana son
las que el Espíritu Santo nos recuerda en los momentos más
oscuros, en los momentos más difíciles. Él nos dice, sí, esta
tribulación es real, sí, esto que usted está atravesando es
cierto, pero recuerde ¿Quién es usted? Recuerde quién es su
Dios. Recuerde cuál es su posición.
En otras palabras, nos lleva al Evangelio, nos lleva a Cristo,
nos lleva a los beneficios de la obra de Cristo en nuestra
vida, en nuestra ignorancia, nos lleva a toda verdad, en nuestra
incapacidad. Nos da dones, nos fortalece,
nos capacita para efectivamente poder hacer lo que tenemos que
hacer y rendir el fruto que debemos rendir. Eso es obra del Espíritu
Santo en nuestra flaqueza. Pero Pablo se detiene en una
flaqueza en particular y es una debilidad que todos hemos enfrentado,
estamos enfrentando o enfrentaremos. ¿Qué hemos de pedir como conviene? No lo sabemos. No sabemos orar. No sabemos orar. ¿Alguna vez
les ha pasado esto? Que sienten que su oración es
torpe. Que las palabras no son adecuadas.
Que no está en sintonía, que no está en sintonía con Dios.
Que está tan consciente de su pecado, tan consciente de su
pecado, que ni siquiera se atreve a orar. O está tan desacostumbrado a
orar que cuando va y lo hace, Es como que ha perdido práctica
y le entra torpe, no sabe cómo hacerlo, se le ha olvidado cómo
orar. Tal vez no sabe cómo abordar
una petición en particular. Porque se pregunta, ¿cómo puedo
orar por esto? ¿Cómo puedo orar en estas circunstancias?
Yo a veces hago esa pregunta a los que han recibido mi mensaje
de pidiendo peticiones. Casi siempre la formulo así,
¿cómo puedo orar por usted? Porque se necesita esa claridad,
¿verdad? Usted me puede contar su petición,
pero yo no necesariamente voy a saber cómo, cómo quiere que
ore, qué es lo que necesita, qué es lo que quiere. Y nosotros
mismos no podemos contestar esa pregunta. ¿Cómo debo orar por
esto? ¿Qué es lo que debo pedir? Es
muy difícil saberlo a veces. Uno mismo no entiende todas las
aristas del problema como para poder orar adecuadamente. Y eso
es parte de nuestra limitación. No somos omniscientes. No sabemos
cómo puede afectar todas las ramificaciones de esta petición. No la sabemos. No sabemos cómo
orar. Somos muy pequeños. Y el mundo
es muy grande. Y estamos limitados y esas limitaciones
hacen que sea difícil. Y ni qué decir de lo emocional,
porque ese es otro factor que ahí está. A veces nos despertamos
muy de buenas, otros días muy de malas. A veces estamos enojados,
a veces felices, a veces tristes, a veces con miedo. Y eso juega
un papel en nuestra oración y estorba, entorpece o puede entorpecer
nuestra oración. A veces no sabemos la voluntad
de Dios para algo en particular. Tal vez no lo hemos estudiado
suficiente y tenemos que tomar una decisión y no sabemos bien
qué hacer. Y toca hacer las denomías, ¿verdad?
Y oré a Dios y dije. Oraciones rápidas, oraciones
torpes, oraciones inseguras. Somos criaturas muy complejas. muy complejas, dirigiéndonos
a un Dios que no se complica. Pero nosotros sí nos complicamos
y por lo tanto necesitamos a un traductor, a alguien que nos
ayude a poner esto que yo estoy sintiendo y que estoy pensando
y que no logro entender y que no logro articular, alguien que
lo ponga en términos que Dios pueda entender, por decirlo así.
Y esa es la obra que hace el Espíritu Santo, porque Él sí
entiende todos los detalles. Creo que Pablo, tal vez, se estaba
refiriendo a nuestros gemidos cuando dice que el Espíritu Santo
también gime, o se une, de alguna manera, ¿verdad?, nos ayuda orando
o intercediendo con gemidos indecibles. es posible que nuestra debilidad y nuestra
necesidad y nuestra incapacidad de orar estén más en línea con
esos gemidos nuestros que se dan en este tiempo de espera,
en este tiempo del ya pero todavía no, en este tiempo en el que
tenemos la salvación pero no se ha consumado y entonces surgen
peticiones en este tiempo en particular surgen peticiones
en la mente y en el corazón de los creyentes que son muy diferentes
de lo que pediríamos normalmente o de lo que pediría un incrédulo
incluso porque queremos ser más santos y pedir por santidad queremos
pedir por victoria sobre pecados particulares. Queremos pedirle
a Dios que nos dé firmeza en la verdad, que nos dé convicción
en su palabra, seguridad para poder expresarla, que nos dé
una fe que esté en constante crecimiento. Son peticiones muy
raras. Uno no oye a cualquier persona
pidiendo estas cosas, ¿cierto? Surgen de este tiempo de gemido,
este tiempo de espera. Por más grande amor hacia Dios
y más grande amor hacia nuestro prójimo. ¿Quién pide eso? Sin
embargo, son las peticiones que están ahí. ¿Quién entiende mejor
estas peticiones que aquel que las pone en nuestro corazón?
El Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el mejor,
es el mejor calificado para traducirles. Y entonces Él intercede por nosotros
con gemidos indecibles. Se une a nuestros gemidos y gime
también. Ese mismo Espíritu, dice, el
Espíritu mismo del que hemos venido hablando, el Espíritu
de vida, el Espíritu de esperanza, el Espíritu de santidad, el Espíritu
de verdad, el Espíritu de adopción, El Espíritu de Libertad, el Espíritu
de Cristo, es el Espíritu que en nosotros gime, intercediendo
por nosotros. Es decir, hablando a Dios en
nuestro nombre, de parte nuestra, con gemidos indecibles. Yo creo que sus gemidos son inexpresables,
imperceptibles para nosotros, no los podemos oír, Y no podemos
oírlos, y si los oyéramos creo que no podríamos repetirlos,
no podríamos expresarlos, no podríamos explicarlos, porque
trasciende nuestras palabras, trasciende nuestra articulación,
trasciende nuestro idioma, perdón, nuestra capacidad de expresarnos. No hay palabras. para expresar cómo el Espíritu
Santo intercede por nosotros, con gemidos indecibles. No lo hacen nuestros términos,
lo hacen los términos de Dios. Vean lo que dice el versículo
27. El que escudriña más el que escudriña los corazones sabe
cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad
de Dios intercede por los santos. Vea, con sólo eso, es mucho,
nos supera, nos supera con creces, lo que el Espíritu Santo dice
y como ora por nosotros. Empieza diciendo que escudriña
los corazones. El que escudriña los corazones,
sabe cuál es la intención del Espíritu. ¿De quién está hablando?
Está hablando del Padre, en este caso. El Padre es el que escudriña
los corazones. El Padre sabe cuál es la intención
del Espíritu. Espíritu en mayúscula, hablando
del Espíritu Santo. Y entonces, ese Espíritu ora
conforme a la voluntad del Padre, o de Dios, por nosotros. La comunicación que sea, es perfecta.
Es una comunicación perfecta. Dios en nosotros, clamando a
Dios en el cielo. Eso es lo que está ocurriendo.
El Espíritu Santo en nosotros, clamando a Dios, Padre, en los
cielos. el que oye, conoce nuestros pensamientos,
conoce nuestros sentimientos, conoce nuestras motivaciones,
conoce nuestras intenciones, mejor aún que nosotros mismos,
lo más remoto de nuestro corazón, lo que parece indescifrable incluso
para nosotros, lo más recóndito de nuestro interior, Dios Padre
lo conoce, Él escudriña los corazones, Él sabe, Él sabe. ¿Ok? Pero el que oye también
conoce la intención del Espíritu. ¿Y cuál es la intención del Espíritu? Pedir o interceder conforme a
la voluntad de Dios. Y el que intercede lo hace conforme
a la voluntad de Dios. El Espíritu Santo oye nuestro
gemir y traduce con sus gemidos El Padre en el Cielo conoce nuestros
corazones y conoce la intención del Espíritu, y el Espíritu intercede
por nosotros conforme a la voluntad del Padre. Si esto es así, ya entienden lo que está ocurriendo. ¿Qué creen ustedes que sucede
cuando Dios Padre en el Cielo escucha lo que el Espíritu Santo
le pide. ¿Cuál será la respuesta? Siempre,
sí. Siempre, sí. Lo que el Espíritu
Santo pide, lo pide conforme a la voluntad de Dios. Y Dios
conoce lo que el Espíritu Santo quiere y lo que Él pide, se lo
da. Pero aquí está la mejor parte,
lo más increíble, por quienes está intercediendo el Espíritu
Santo de esta manera. Dice por los santos, por usted
y por mí. Tal vez no es exactamente lo
que yo había pedido, tal vez no pide exactamente lo que yo
quisiera, pero definitivamente lo que él pide es mejor que lo
que yo quiero. Lo que Él pide es bueno para mí, y lo que Él
pide Dios lo quiere dar. Es una fórmula para el éxito.
La respuesta de Dios será siempre sí a lo que el Espíritu Santo
pide por nosotros, de modo que todo lo que Él nos concede en
respuesta a lo que el Espíritu Santo pide por nosotros, es bueno
para nosotros. Hay un libro de Paul Taukes que
estoy leyendo que se llama Recreados y él habla de que los cristianos
debemos siempre vernos a la luz de estos tres o bajo estas bajo
estos tres lentes le llama a él o un lente triple somos pecadores
Somos santos y somos sufrientes. Y me encantó eso, porque realmente
creo que resume la experiencia cristiana. Eso somos, eso es
lo que somos, pecadores. santos sufrientes. Esa es nuestra
vida. Así sí. Si alguien nos pregunta
en resumen, es un buen filtro. Pero lo que pasa es que a veces
nos inclinamos más hacia una parte que otra. Y yo creo que
tenemos muy claro que somos pecadores, ¿verdad? Y sí, y lo afirmamos.
Siempre pecadores hasta que Cristo vuelva pecadores. No hay kit.
Somos llamados a sufrir. Hemos hablado de esto abundantemente
en esta carta y seguiremos hablando. del sufrimiento cristiano, porque
es parte del llamado cristiano. Pero yo creo que muy pocas veces
nos detenemos a pensar en que somos santos. A veces pensamos
en los santos como las personas que han vivido de forma de ata,
¿verdad? Toda su vida y han sido canonizados
por la iglesia. o pensamos en los apóstoles en
San... o pensamos en los evangelistas,
San Mateo, San Marco, San Lucas, San Juan... La Biblia enseña,
constantemente, que somos santos todos los hijos de Dios. Porque,
¿qué significa ser santos? Significa que hemos sido apartados
para Dios. Significa que somos el pueblo
especial de Dios. Un pueblo para Dios. Dios Espíritu Santo intercede
ante Dios Padre por el pueblo de Dios. Esa es la realidad en
la que vivimos. Entonces le pregunto, si usted
entiende la posición en la que se encuentra en esta relación
de oración, vuelvo a preguntar, ¿tiene usted razón para desmayar? ¿Tiene usted razón para dudar,
para flaquear, para temer? No. No quiero decir que no dudemos,
y no temamos, y no flaqueemos, y no desmayemos, pero no tenemos
razón. Cuando eso pasa, no tenemos razón.
Necesitamos recordar la verdad. Usted no es cualquier persona
a los ojos de Dios. No para elevar su ego, pero entienda
que usted es santo. apartado para Dios, entienda
que usted es amado por Dios. Entienda que usted le pertenece
a Dios para siempre. Esa es una verdad irrevocable.
Entienda que Él lo salvó, que Él dio a su Hijo por usted. Y si nos dio a su Hijo, ¿no nos
dará junto con Él todas las cosas? En última instancia, Dios se
dio a sí mismo a usted. como un regalo no tiene por qué
temer no tiene por qué desmayar y el versículo 28 introduce El tema que vamos a continuar
viendo en Romanos 8, y sabemos que a los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a
su propósito son llamados. Sabemos, esta es una verdad segura,
estamos convencidos Esto es indiscutible, incuestionable, indudable. Todas las cosas les ayudan a
bien a los que aman a Dios. En otra versión, la Biblia de
las Américas dice, todas las cosas cooperan para bien. Y algunos
manuscritos, incluso lo traducen así, Dios hace que todas las
cosas ayuden a bien. Y a mí me gusta eso. No son la
mayoría de manuscritos, pero creo que es una idea verdadera. No estamos a la merced de la
casualidad, no estamos a la merced de la suerte, no estamos en manos
incompetentes o en manos incapaces, en manos torpes. En toda esta
experiencia, todo este tiempo de espera, este ya pero todavía
no, entre el presente y la eternidad, En este tiempo de santificación,
donde estamos luchando contra el pecado, contra la maldad,
contra el mundo, donde hay tribulación, angustia, ansiedad, debilidad,
enfermedad, insatisfacción e incluso muerte, en este tiempo, Dios
hace que todas las cosas cooperen para nuestro bien. Todo. Todo. Lo bueno, y lo no evidentemente
bueno. Todo opera para nuestro bien. Así que la próxima vez que doble
sus rodillas en oración, recuerde, el Espíritu Santo de Dios le
está ayudando ahora. Está traduciendo todo lo que
usted no sabe expresar. Él sí sabe cómo pedir. Él sí
sabe qué pedir y cómo pedir. Él está rogando por usted como
parte del pueblo de Dios, como amado por Dios, como santo de
Dios. Y en el cielo el Padre escucha. En el cielo el Padre conoce. En el cielo, el Padre sabe lo
que es bueno para usted, y quiere lo que es bueno para usted, y
el Espíritu pide lo que es bueno para usted, y el Padre le dará
lo que es bueno para usted, porque lo ama. Hay una salvedad, sin
embargo. Y con esto termino. Una salvedad. Esto es, para los que conforme
a su propósito son llamados. Ahí hay una calificación. No
es para todo el mundo. Es para los que son llamados
conforme a su propósito. Si usted no ha respondido al
llamado del Evangelio, si usted no se ha arrepentido de su pecado
y no ha creído en Cristo Jesús para salvación, nada de esto
que he hablado hoy es suyo. No es suyo. ¿No puede tener consuelo? ¿No puede tener esperanza? ¿No
puede tener esta seguridad? Usted no es santo, no es hijo,
no le pertenece a Dios. Si no ha creído en Cristo Jesús
para salvación. Conforme a su propósito son llamados. Así que yo le hago el llamado
del Evangelio. Arrepiéntase de su pecado y crea
en Jesucristo. Sólo entonces podrá decir, junto
con todos los creyentes, estoy bien. Todo va a estar bien. Todo lo que Dios hace en mi vida
es bueno. Sólo los hijos de Dios podemos
decir eso. Arrepiéntase y crea, y dígalo
con nosotros. Todo está bien.
El Espíritu intercesor
Series Romanos
| Sermon ID | 511241758572822 |
| Duration | 29:51 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 8:26-28 |
| Language | Spanish |
Documents
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.
