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A todos nos gustan las fechas
especiales, ¿verdad? Yo creo que hay un sentido de
anticipación, especialmente cuando es nuestro cumpleaños o el cumpleaños
de alguien muy querido. Estamos como anticipando y deseando
que llegue el día y poder celebrar. En algunos casos, aguardamos
ansiosos los días feriados, especialmente cuando caen pegados al fin de
semana, ¿verdad? Y anhelamos ese respiro. Tal vez anhelamos la Navidad,
esperamos ansiosos, ¿verdad? Yo conozco personas que están
contando los días como desde febrero faltan 200, ¿verdad? Tantos días para la Navidad.
porque es una fecha especial. Tal vez a veces viajes, dependiendo
de a dónde vamos, ¿verdad? Si no implica mucho nervio, tal
vez disfrutamos o estamos esperando el día del viaje. Y a veces la
espera es como que se disfruta más, ¿verdad? Casi que cuando
ya llega el evento y pasa y se va rapidísimo, no dura mucho. Una fiesta de cumpleaños no duran
mucho las vacaciones, pero de alguna manera la espera hace
sentir como que va a ser algo que vamos a disfrutar así un
montón. Recuerdo cuando era pequeño que me gustaban las vacaciones
de tres meses. Sí, nosotros teníamos vacaciones
de tres meses. Entonces, disfrutaba esperar
esas vacaciones porque en ese tiempo iba a visitar a mis tíos
en Cartago y me iba por semanas. Yo no sé cómo mis papás permitían
eso, pero me iba por semanas a Cartago a visitar a mis tíos
y a mis primos. Si no era para eso, por lo menos
vegetaba en casa durante tres meses, leyendo y viendo TV. Pero uno esperaba las vacaciones,
¿verdad? Y después, estando en vacaciones,
anhelaba el regreso a clases, porque ya uno se cansa de descansar. Entonces, esa expectativa, esa
expectación, la tenemos todas, la hemos experimentado en alguna
medida, pero no es muy santa, que digamos, ¿verdad? Sin embargo,
las Escrituras hablan de una santa expectación, algo que esperamos
todos los creyentes, una fecha muy, muy especial que aguardamos. Romanos 8, versículos 18 y 19,
dice así. Pues tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria
venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo
ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de
los hijos de Dios. Que el Señor añada bendición
a nuestras vidas a través de su palabra. Vamos a orar. Amado
Dios, Este momento es un momento especial
en el que tú nos hablas y nosotros tu pueblo escuchamos. Prepara
nuestros corazones, haz que nuestra tierra sea buena, que sea fértil,
para al recibir esta semilla de tu palabra pueda producir
un fruto abundante en cada uno de nosotros. Y de esta manera
un fruto abundante en esta tu iglesia. Bendice a cada uno de
nosotros. Ayúdanos, oh Dios, quitando toda
distracción, todo estorbo de nuestra mente, tanto interno
como externo. Y permite, oh Dios, que podamos
escuchar atentos lo que tú tienes para nosotros hoy. Gracias por
este privilegio. En el nombre de Jesús. Amén.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente
no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de
manifestarse. Vamos a detenernos muy brevemente
en el pues porque es necesario. Recordemos que esta es una carta
escrita corrido, y nosotros, porque tenemos el tiempo limitado,
tenemos que partirla en pedazos. Pero ese pues, lo que viene es
a elaborar lo que se había dicho antes, y les recuerdo nada más
lo último que vimos, es que no hay gloria sin cruz. Hay sufrimiento
en este mundo. Sufrimos como creyentes, y ese
sufrimiento es normal, es de esperarse, es más, nuestro Señor
nos prometió que sufriríamos, y no hay gloria sin cruz, no
hay crecimiento sin sufrimiento. Y ahora, Pablo, entonces, continúa
esta idea con ese, pues, pues tengo por cierto, estoy seguro,
estoy convencido de esto, considero o creo, esto que les voy a decir,
que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con
la gloria venidera. Las aflicciones del tiempo presente,
o los sufrimientos de este tiempo, antes del regreso de Cristo.
Desde el principio, cuando el hombre cayó y hasta el regreso
de nuestro Señor Jesucristo, hay sufrimiento en la tierra. Y nosotros estamos, en este mundo,
expuestos a ese sufrimiento. Ser hijos de Dios no nos exime
del sufrimiento. Y por eso, el Evangelio de la
Prosperidad es tan pernicioso y cruel Porque vende una idea
de que el sufrimiento no debe ser parte de la realidad del
cristiano. Nos vende la idea de que debemos ignorar el sufrimiento
y promete una felicidad aquí y ahora. Y el problema para el
Evangelio de la Prosperidad es la enfermedad. El fracaso, la
pobreza y a esos problemas son a los que ofrece una solución,
diciendo que los hijos de Dios deben andar en salud, en éxito,
en prosperidad, en riqueza material. Es un evangelio cruel. Es un
evangelio cruel porque en realidad no ofrece consuelo. cuando estamos
atravesando dolor, ofrece culpa cuando estamos atravesando sufrimiento,
porque nos dice que es por su falta de fe, que es porque a
usted le falta algo, como cristiano, por eso está sufriendo. La Biblia
no enseña eso. No ofrece, además, la solución
al verdadero problema. El verdadero problema es el pecado.
Y sólo el Evangelio de Jesucristo ofrece solución al pecado. Y cualquier sufrimiento en este
mundo no es más que una sombra, una consecuencia del problema
mayor, del problema más grande que es el pecado. Y aún cuando
hemos sido librados del pecado y cuando hemos sido perdonados,
Aún así, no hemos sido glorificados todavía. De modo que estamos
en este mundo expuestos al sufrimiento. Vivimos en un mundo que está
bajo maldición, donde hay enfermedad, habrá enfermedad, si usted no
ha padecido, padece o padecerá. En algún momento, enfrentaremos
las flaquezas de este cuerpo. Hay imperfección. No somos capaces
de hacer todo lo que quisiéramos hacer. existen los desastres naturales
que afectan nuestra vida en la creación ahora hay espinos
y cardos y entonces trabajamos y trabajamos y trabajamos pero
a veces la tierra no produce lo que nosotros esperábamos nos
da espinos nos da cardos y con ello insatisfacción y por supuesto
todos veremos la muerte Esa es la realidad del mundo en el que
vivimos. Vivimos en un mundo que está
bajo maldición y además enfrentamos los efectos del pecado porque
nosotros pecamos contra otras personas y también otras personas
pecan contra nosotros. Y eso es sufrimiento. Eso duele. Y es parte de la realidad. Y
aún siendo creyentes tenemos que bregar con eso porque no
hemos sido perfeccionados. Entonces, es parte de nuestro
andar en este mundo, recordemos, el pecado está presente, no es
algo que debamos ignorar, no se nos llama a ignorarlo. De
hecho, se nos llama a pelear contra él y también en eso hay
sufrimiento, porque tenemos que procurar morir al pecado y la
muerte al pecado duele. A veces estamos en este mundo
predicando el Evangelio a oídos sordos, y eso también duele. A veces son las personas cercanas
a nosotros que anhelamos, anhelamos que entreguen sus vidas a Cristo.
Y es nuestra oración y nuestra
predicación constante, pero no escuchan, y eso duele. Y perdemos amistades, perdemos
relaciones, enfrentamos la posibilidad de persecución, y eso es sufrimiento
en este mundo. ¿Podríamos perder la libertad?
¿Podríamos perder la vida? ¿Cómo entendemos el sufrimiento?
Los cristianos lo entendemos diferente. Hemos hablado de esto
muchas veces, pero es necesario recalcar que el sufrimiento en
sí no es malo. Sí es doloroso, a nadie le gusta,
tiene consecuencias difíciles, nos produce sentimientos de dolor,
de tristeza y todo eso es real. Pero recordemos que en las manos
de Dios, todo lo que ocurre para el creyente es bueno. Y es difícil
en medio del sufrimiento recordar esto. Y a veces odiamos que nos
lo digan cuando estamos sufriendo. Y que nos digan, pero es que
todo ocurre por una razón. Pero es que Dios tiene el control.
Pero mi hermano, es cierto. aunque no nos guste escucharlo,
es la verdad. Dios está en control y Él ha
prometido que todas las cosas ayudan a bien a los que aman
a Dios y han sido elegidos conforme a su llamado. Entonces, es cierto
y debemos, nos hacemos un bien en recordar esa realidad. Es
como una medicina. La medicina a veces no sabe muy
rico, ¿verdad? Pero un tema de nuestros hijos. Hay medicinas
que no nos gustan, pero son necesarias. Y el sufrimiento en alguna medida
es incluso mejor cuando sufrimos por Cristo. porque es un testimonio
al mundo del Evangelio de Jesucristo y el poder del Evangelio de Jesucristo.
Pero en medio de todo, no importa cuál sea el sufrimiento que usted
está enfrentando, ya sea por las consecuencias de la maldición
en la creación, por los efectos del pecado en su vida, en la
vida de los demás, o por su lucha como creyente, cualquier sufrimiento
que usted enfrente, recuerde esto, está limitado. Cualquier sufrimiento que usted
enfrente es temporal, está ubicado en el tiempo presente, ahorita,
y esto no se compara con la gloria venidera. ¿Qué sabemos de esa
gloria venidera? ¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
Que disfrutaremos, en lugar de un mundo bajo maldición, disfrutaremos
de la bendición ETERNA. No una maldición temporal, bendición
ETERNA. Cuerpos glorificados, sin enfermedad,
cuerpos perfectos, cuerpos sin flaquezas, sin debilidades, viviremos
en una nueva creación, una creación sin pestes, sin ventoleros, sin
desastres naturales, perfectamente productiva, porque seguiremos
trabajando, pero no habrá más espinos, ni habrá más cardos,
habrá satisfacción en todo lo que hagamos, y todo lo que hagamos
va a rendir un fruto agradable y un fruto bueno. El fruto del trabajo será perfecto.
Es vida en el sentido más pleno. Y yo sé, he dicho esta frase
varias veces en esta serie de sermones, pero no hay otra manera
de explicarlo porque yo mismo no sé cómo es. Solo puedo decirles
que cualquier concepto que nosotros tengamos de lo que es vida plena,
la gloria venidera lo va a superar y nos va a sorprender. Pero eso
es lo que nos aguarda. Vida en el sentido más profundo
de la palabra. sin pecado, sin culpa, sin vergüenza,
sin temor a que nos hagan daño. Todo el sistema del mundo recreado
será cristocéntrico. Todo el sistema del mundo buscará
la gloria de Dios en esa nueva creación. Imagínense lo que sería
vivir en un planeta donde todos los habitantes están viviendo
para la gloria de Dios en todo el sentido de la palabra y usted
no tiene que andar con temor. en verdadera adoración y en verdadera
comunión unos con otros, como nunca hemos experimentado de
este lado del cielo. Los vínculos de amistad, los
vínculos familiares, como nunca hemos vivido. Y la Iglesia es
sólo un anticipo, si bien muy imperfecto, de eso que disfrutaremos
en gloria. Esa gloria será perfectamente
satisfactoria. Una gloria inagotable. Hablamos
mucho de recursos. Recursos renovables, ¿verdad?
Y recursos no renovables en nuestro planeta. Y temen que se agoten
los recursos no renovables. Ya no habrá más temor de ese
tipo. La gloria de Dios. La gloria
de Dios será un recurso inagotable y renovable. Renovable para siempre. Nunca cambiará, nunca se gastará,
nunca se perderá, y no nos vamos a pelear por ella. Dios será
todo en todos, por los siglos de los siglos. Mis hermanos,
esa gloria, dice Pablo, que se manifestará en nosotros. ¿Usted
entiende eso? Ese es el futuro que a usted
le espera. El futuro que le aguardas y ha creído en Cristo, es esa
gloria. ¿Sabe usted que ese es su futuro?
¿Está convencido? Eso esperan los hijos de Dios.
Eso es lo que espera a los hijos de Dios. Los que han sido adoptados
en Cristo. Y Pablo dice, de esto estoy convencido,
y yo creo que de ahí tenemos que sacar una lección nosotros,
porque los sufrimientos de ahora, la Biblia de las Américas lo
pone así, no son dignos de ser comparados con la gloria venidera.
No son dignos de ser comparados. A veces nosotros, porque están
aquí, porque están presentes, porque los podemos ver y sentir
y experimentar, les damos más peso y los vemos como más reales
que la gloria que vendrá. Así que cuando sufra, no se sienta
culpable por el sufrimiento. El sufrimiento es real, llore,
haga duelo, entristézcase si lo ameritas, sufra, no hay problema
en eso. Dios no nos prohíbe derramar
lágrimas. De hecho, si leemos los Salmos,
los Salmos están llenos de lágrimas, llenos de dolor, llenos de tristeza. El Salmo 31, escuchen las expresiones. El Salmo 31 de Nueva Leyes dice,
Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia. Se
han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también, y mi cuerpo. porque mi vida se va desgastando
de dolor y mis años de suspirar. Se agotan mis fuerzas a causa
de mi iniquidad y mis huesos se han consumido. Lo hemos memorizado. ¿Hasta cuándo
Jehová me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro
de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos
en mi alma con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo
será enaltecido mi enemigo sobre mí? Y el Salmo 22, Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi
salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de
día, y no respondes, y de noche, y no hay para mí reposo. El dolor, la tristeza, el sufrimiento
es real. Es real. Pero cuando sufra, usted
tiene que tener una convicción intencionada. Tiene que recordar
ciertas cosas, porque si no el dolor se lo va a llevar. se lo
va a llevar. Entonces, intencionadamente recuerde
la gloria, intencionadamente recuerde las promesas, recuerde
lo que le espera, recuerde lo que Cristo hizo para asegurar
su destino. Porque Él clamó, Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has desamparado cuando estaba en la cruz? Él
experimentó el sufrimiento más grande, incomparable, a lo que
nosotros jamás podremos experimentar, cuando Dios Padre le dio la espalda
en la cruz y derramó sobre Él toda la ira que debía haber caído
sobre nosotros, para que nosotros no seamos desamparados, para
que nosotros no tengamos que clamar en el día final, Dios
mío, Dios mío. Considere, que esto no se compara,
este sufrimiento tan real, tan real, tan presente, que parece
durar una eternidad, no va a durar una eternidad. Ese problema que
parece no tener solución y que parece ser lo más terrible y
lo más grave en la existencia, ese vacío que dejó un ser querido,
ese temor ante un mañana incierto, Todo eso es real, pero no se
compara. Necesitamos los ojos de la fe. Necesitamos recordar que hay
una gloria invisible en medio de este dolor tan visible, tan
tangible. Necesitamos ver con los ojos
de la fe la eternidad en medio de este sufrimiento temporal.
Necesitamos ver al Cristo de esa gloria, a pesar de su ausencia
física, y recordar que Su Espíritu mora en cada uno de nosotros.
Él está tan presente o más presente en nuestras vidas que nunca. Y no estamos sufriendo solos.
Esta es la realidad de todos los creyentes. ¿Usted cree que
usted se lo digo que sufre? No. Todos los creyentes hemos
sufrido. Todos los creyentes sufrimos.
La historia de la iglesia está llena de creyentes que han sufrido. Y también, Pablo ahora nos dice
en el versículo 19 que no solamente los creyentes, sino toda la creación
está sufriendo. Dice, porque el anhelo ardiente
de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos
de Dios. Ese anhelo ardiente, ese anhelo
profundo, lo vamos a desglosar porque este término en el griego
es interesante. Está conformado por tres palabritas.
Bueno, el término es apocapadoquía. Ese es el término traducido como
anhelar profundamente o anhelar ardientemente. Capa es cabeza. Doqueo es esperar algo. Y Apo
es desde lejos. Y comunica la idea de esperar
algo que viene de lejos y esperarlo como con la cabeza levantada.
Como así, ¿verdad? Como cuando estamos buscando
algo. Pero esto que esperamos, lo esperamos con la mirada puesta
en el horizonte. Sabemos que vendrá el día. No sabemos la fecha, pero sabemos
que allá en el horizonte se asomará, en algún momento, nuestro Salvador. Y la creación está aguardando
ese día. Todo lo que Dios creó, imagínense
esto, todo lo que Dios creó, el universo entero, no estoy
hablando solamente de las criaturas aquí en la Tierra, el universo
entero, todas las galaxias, todos los soles, todos los planetas,
todo lo conocido y lo desconocido por el hombre, espera, aguarda,
con la mirada fija en el horizonte. En un sentido figurado, mis hermanos,
las estrellas del cielo que nosotros contemplamos todas las noches,
nos están contemplando a nosotros, esperando, ansiosas, expectantes. ¿Qué esperan? ¿Qué aguardan? La manifestación de los hijos
de Dios. El día en que Dios revele quiénes
son sus hijos. En la venida de Cristo, se dará esa manifestación y el
mundo entero sabrá, la creación entera sabrá, quiénes son los
hijos de Dios. En el Antiguo Testamento hubo
una mirada expectante. El pueblo de Dios sabía que vendría
uno que los iba a salvar. Y allí, en ese tiempo, tenían
su mirada puesta en el horizonte también, aguardando la venida
del Mesías, la simiente de la mujer, el hijo de David, el retoño
de Isaí, la piedra angular, el santo de Israel, el hijo del
hombre. el varón de dolores, el siervo
sufriente, el sol de justicia, la gloria del Señor, el deseado
de las naciones, vendría. Y ya vino por primera vez, y
ya inauguró su reino, y ahora la consumación para nosotros
está en el horizonte, y la creación aguarda, pero así tan cierto
como Jesucristo vino la primera vez. Así vendrá por segunda vez. En aquel día, Él pondrá a sus
hermanos a su derecha, a sus hijos, a los creyentes, y los
llamará benditos del Padre. Y a los incrédulos los pondrá
a su izquierda. Y sus hijos pasarán a disfrutar
de la gloria eterna. en dicha, en bendición, y los
que no creyeron irán al fuego eterno, bajo maldición, bajo
condenación, donde será el lloro y el crujir de dientes. Y entonces,
en un instante, la creación expectante, ansiosa, anhelante, será renovada. será recreada, y los hijos de
Dios serán contemplados por las estrellas del cielo, por los
cielos nuevos y la tierra nueva, y todos sabrán que somos hijos
de Dios y estaremos para siempre con el Señor. Esa es la gloria
que nos aguarda. Aguante un poco más. Si tiene
que llorar, llore. Si tiene que sufrir, sufra. No
hay problema. Pero recuerde, la gloria nos
abraza.
La gloria futura —parte uno—
Series Romanos
| Sermon ID | 42124327234730 |
| Duration | 24:50 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Romans 8:18-19 |
| Language | Spanish |
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