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Le damos la bienvenida a la Iglesia
Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, y le invitamos a que
visite nuestra página web por gracia.es. Deseamos que Dios
le bendiga ahora a través de su palabra. Vamos abriendo nuestras Biblias
del Evangelio de Juan, capítulo 19. Juan capítulo 19, leeremos a
partir del versículo 17 hasta el final del capítulo Juan 19,
17 recordamos que el Señor Jesucristo está a punto de ser crucificado
y en este pasaje vamos a leer sobre la crucifixión y su muerte
después de todo el proceso judicial de haberlo presentado delante
de Pilato, de haberlo juzgado injustamente de verlo flagelado
y ahora está el Señor Jesús a punto para ser crucificado. Leemos
así Juan 19, 17. Y él cargando su cruz salió al
lugar llamado de la calavera y en hebreo Goybota y allí le
crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús
en medio. Escribió también Pilato un título
que puso sobre la cruz, el cual decía Jesús Nazareno, rey de
los judíos. Y muchos de los judíos leyeron
este título porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba
cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en
griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales
sacerdotes de los judíos, no escribas rey de los judíos, sino
que él dijo soy rey de los judíos. Respondió Pilato, lo que he escrito,
he escrito. Cuando los soldados hubieron
crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro
partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la
cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces
dijeron entre sí, no la apartamos, sino echemos suerte sobre ella
a ver a quién será, de quién será. Esto fue para que se cumpliese
la escritura que dice, repartieron entre sí mis vestidos, y sobre
mi ropa echaron suerte. y así lo hicieron los soldados.
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre,
María mujer de Cleofás y María Magdalena. Cuando vio Jesús a
su madre y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente,
dijo a su madre, mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo,
he ahí tu madre. Desde aquella hora el discípulo
la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo a Jesús
que ya todo estaba consumado, dijo, para que la escritura se
cumpliese, tengo sed. Y estaba allí una vasija llena
de vinagre, entonces ellos empaparon el vinagre en una esponja y poniéndola
en un hisopo se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo
tomado el vinagre, dijo, consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza,
entregó el espíritu. Entonces los judíos, por cuanto
era la preparación de la Pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen
en la cruz en el día de reposo, pues aquel día de reposo era
la gran solemnidad, rogaron a Pilato que se les quebrase las piernas
y fuesen quitados de allí. Vinieron pues los soldados y
quebraron las piernas al primero y a sí mismo al otro que había
sido crucificado con él, mas cuando llegaron a Jesús, como
le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. pero uno de los
soldados le abrió el costado con una lanza y al instante salió
sangre y agua y el que lo vio da testimonio y su testimonio
es verdadero y él sabe que dice verdad para que vosotros también
creáis porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la escritura
no será quebrado hueso suyo y también otra escritura dice mirarán al
que traspasaron después de todo esto José de Arimatea, que era
discípulo de Jesús pero secretamente, por miedo de los judíos, rogó
a Pilato que le permitiese llevar el cuerpo de Jesús y Pilato se
lo concedió. Entonces vino y se llevó el cuerpo
de Jesús. También Nicodemo, el que antes
había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de
nirra y de aloes como 100 libras. Tomaron pues el cuerpo de Jesús
y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas según es
costumbre, secultar entre los judíos. Y en el lugar donde había
sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo,
en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí pues, por
causa de la preparación de la pasto de los judíos, y porque
aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Dios. Hasta aquí les
dejo una palabra del Señor. Vamos ahora. Señorios nuestros,
nos acercamos a este pasaje y a ese episodio en tu vida y en tu ministerio
tan tremendo. Te rogamos Señor que Tú dispongas
nuestros corazones con humildad para recibir Tu Palabra, que
Tú me des palabras a mí para hablar a mis hermanos. Señor
que Tu sacrificio, Tu muerte, Tu entrega tenga un impacto total
en nuestras vidas. Señor que Tú transformes nuestros
corazones y nos hagan vivir para Ti. En el nombre del Señor Jesús. Amén. La cruz del Señor Jesucristo
está siempre implícita en todo lo que decimos de la Iglesia,
por supuesto, al momento que tomamos el pan y el vino, recordamos
la muerte del Señor. Todos los pasajes de la Escritura
estamos convencidos que apuntan al Señor Jesucristo, a su ministerio,
a su vida, a su muerte, a su resurrección. Pero hoy vamos
a hablar de la cruz directamente. Este pasaje describe lo que pasó
en la cruz. La muerte del Señor Jesucristo. y vemos la escritura y es un
pasaje conmovedor, un pasaje hermoso y si hubiéramos estado
allí y Juan dice estoy escribiendo lo que he visto para que creáis
y es verdad si hubiéramos estado allí escribiríamos con esa misma
pasión que está escribiendo así Juan el apóstol así que esto
es probablemente uno de los sermones más difíciles de predicar ese
momento de la cruz y cómo transmitir esa entrega, esa pasión, ese
sufrimiento del Señor Jesucristo. Sabemos que hubo un gran sufrimiento
y es difícil escribirlo. Hubo un gran sufrimiento físico,
la cruz es el elemento de tortura que utilizaban los romanos. No se andaban con chiquitas.
Hoy hay muchos países que tienen pena de muerte y hay muchas muertes
rápidas. No era una muerte rápida. El
crucificado podía estar ahí colgado hasta tres días mientras su cuerpo
aguantara. Era una muerte lenta. Es un gran
sufrimiento físico. Tuvo que sufrir de muchas maneras
el Señor, el insulto, el escarnio, la burla. Tuvo que sufrir la
separación de sus discípulos que le abandonaron en ese momento
y quedó solo Tuvo que sufrir la separación del Padre, un sufrimiento
espiritual que se nos escapa de las manos. Nadie sobre esta
tierra ha sufrido tanto como el Señor Jesús. Hay de nosotros
que estamos sufriendo y se nos ocurre pensar, el Señor no me
entiende. El Señor siempre te entiende
porque Él lo ha sufrido todo y lo ha sufrido al máximo grado. Nadie ha sufrido sobre la tierra
como el Señor Jesucristo. Él lo comprende de sola. De sola. Sufrió la separación
del Padre. Y además del sufrimiento físico,
ese debía ser el más grande sufrimiento de todos. Padre, ¿por qué me
has abandonado? Dios el Padre y Jesús el Hijo,
separados. Sabéis que en el Antiguo Testamento,
pasajes como en Génesis 15, cuando se hacía un pacto, en Génesis
15 Dios hacía un pacto con Abraham de que le va a entregar una tierra,
una tierra prometida. La expresión en hebreo, y esto
lo sabe bien Arturo, que es un experto en la lengua, la expresión
en hebreo de hacer un pacto literalmente es cortar un pacto. ¿Por qué? Porque se tomaban animales, se
partían por la mitad y se ponía la mitad a un lado y al otro,
y aquel que hacía un pacto con otro caminaba por el medio de
los animales. Esto es lo que hace Dios con
Abraham. Pero no es Abraham el que pasa entre los animales,
es Dios en forma de llama de fuego el que pasa entre esos
animales. Dios está haciendo un pacto con
Abraham y cuando haces un pacto de esa manera, pasando entre
esos animales rotos por la mitad, estás diciendo pase conmigo así
como ha pasado con esos animales si yo no cumplo mi palabra. La
cuestión aquí es que Dios hace un pacto con nosotros, su pueblo,
un pacto de fidelidad, un pacto de entrega y somos nosotros los
que rompemos el pacto. Somos nosotros los que deberíamos
ser partidos por la mitad. Y es Cristo el que es partido.
Es Cristo, es Dios mismo el que carga sobre Él las consecuencias
de nuestra violación del pacto. Dios separado de Dios. El Padre
separado del Hijo. Padre, ¿por qué me has abandonado?
Dios partido. Dios roto. No hay sufrimiento
más grande que es lo que experimentó el Señor Jesucristo, la separación
de su Padre. Cargar sobre él todos nuestros
pecados y que el Padre no le pudiera mirar, encargado de culpa
como estaba. Cuando nos acercamos a la cruz,
Nos acercamos a la cruz del Cordero de Dios y eso debemos tenerlo
siempre muy presente. Estamos realmente tan acostumbrados
a la cruz que es algo que nos pasa inadvertido. Vivimos en
un país cristiano, al menos entre comillas, desde el tiempo del
imperio romano. Hay cruces en todas partes. Cruces
en las iglesias, cruces en nuestros cementerios. Hay tanta gente
que lleva una cruz colgando en el cuello y les pregunta tal,
¿es cristiano? No, es que es bonita. que lo llevo porque me
gusta, un elemento de tortura colgando del cuello cuando realmente
lo pensamos. Vivimos en el país, en la tierra
de la cruz y acabamos de pasar la Semana Santa y hay cruces
en todas partes, y procesiones, y santos, y cruces con Cristos
crucificados, paseando por todas las calles de nuestro país. Pero tal como se celebra en este
país es más un culto al sufrimiento, a la sangre, a la muerte, que
no al mismo Señor Jesucristo. ¿Sabéis una cosa? Y ahora os
voy a inquietar. La cruz no salva a nadie. Es el que está clavado
en la cruz el que salva. El sufrimiento no lleva a ninguna
paz. El sufrimiento no salva. La penitencia,
el sufrir por sufrir, no salva a nadie. Es el cordero que está
clavado en la cruz el que salva. Es esa sangre preciosa la que
salva. ¿Ves películas como La Pasión
de Ben Gibson? ¿La habéis visto? Seguramente. Donde realmente
hay sangre y sangre y más sangre y casi una resurrección que no
se ve. Que al final parece que el Señor
se levanta, bueno, en las tolkas del Señor, y aparece como una
luz, como un fulgor, eso no entiende que ha resucitado, pero es como
sangre. Mucha muerte, mucho dolor, pero
no nos salva el sufrimiento. Tu sufrimiento no te salva, mi
sufrimiento no te salva. No es el sufrimiento lo que salva,
es aquel que sufrió, es aquel que murió, es aquel que derramó
su sangre, el Señor Jesucristo. Juan el Bautista ya al principio
del Evangelio de Juan. En el capítulo 1 versículo 29
dice He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este Cordero es sacrificado y
ese sí salva muchos pecados. Sabéis que el pueblo de Israel
continuamente estaba ofreciendo sacrificios que había de derramar
sangre para salvar a cada uno de ellos, a sus familias, al
pueblo de Israel, incluso el sacerdote tenía que ofrecer un
sacrificio por él. y por su propia familia. Para
el Señor Jesucristo es el cordero perfecto. No el cordero que tú
pones, como Abel que ofreció su cordero más precioso para
sacrificarlo. Este es el cordero de Dios, es
el cordero que Dios pone. Él lo trae, Él lo ofrece y eso
es perfecto. Eso es definitivo, ese es el
último sacrificio por nosotros. Y dice el pasaje que acabamos
de leer que Jesús, versículo 17, salió de la ciudad cargando
su cruz. Como Isaac, el hijo de Abraham,
recordéis que Dios le dice a Abraham, ves al monte Moriah y sacrifica
allí a tu hijo. Y su hijo Isaac carga la leña
del sacrificio y sube hacia el monte para ser sacrificado. El
Señor Jesucristo también carga la madera sobre él porque va
a ser sacrificado. La diferencia es que cuando Cristo
llega al Golgotá, Él no encuentra un cordero que le sustituya,
porque es Él el cordero. Él también es ese cordero que
tenía su cabeza trabada en las párpadas, en esa corona de espinas.
Cristo es Isaac que sube al monte, Cristo es el cordero que está
en el monte, y Él es sacrificado. Él es muerto por nosotros. Y dice el pasaje también que
Jesús salió y era costumbre del pueblo de Israel, dice la ley
en el Levítico, que cuando se iba a sacrificar un animal y
caían sobre él todos los pecados del pueblo, tenía que ser sacado
del campamento y muerto fuera porque era inmundo, estaba lleno
de pecados. Así que sin saberlo los judíos están cumpliendo la
ley perfectamente. Toman a Jesús y lo sacan de la
ciudad. Es fuera que ha de morir, sacrificado. Seía 53, 7 dice, angustiado él
y afligido no abrió su boca como cordero fue llevado al matadero
y como oveja delante de sus trastiladores enmureció y no abrió su boca. Jesús no se quejó, Jesús no protestó,
Jesús fue llevado dócilmente como un cordero que lo llevaron
al matadero sin protestar para ser sacrificado. y literalmente
la cruz es un matadero. La cruz es una muerte cruenta,
la más cruenta, una auténtica tortura. Como decía antes, podían
estar clavados tres días. El Señor quiso, en el mismo día
que fue crucificado, quiso morir, pero un crucificado podía estar
hasta tres días allí colgado. un dolor muy largo, muy prolongado. Esos clavos enormes, y no nos
imaginemos unos clavos con punta afilada, ni unos clavos limpios,
eran unos clavos enormes de acero que atravesaban las muñecas y
atravesaban a otros los pies por encima del tobillo y te clavaban
a esa manera. No eran atados, como habéis visto
en algún dibujo, eran clavados. y clavados por zonas que no eran
vitales. Así que uno se iba desangrando e inflando y aumentaba la presión
y aumentaba el dolor de cabeza y aumentaba la sed y era una
larga y agoniza tortura. Esas manos del Señor Jesucristo
fueron clavadas en la cruz. Las mismas manos se multiplicaron
en los pares de los peces. Las mismas manos se sanaban al
parálisis. Las mismas manos que tomaron esos pequeños brazos
los bendijo. Esos pies fueron clavados en
la cruz. Los mismos pies que fueron lavados
y ungidos con lágrimas y con cabellos. Los mismos pies que
caminaron de pueblo en pueblo dando las buenas nuevas que había
en salvación y perdón de Dios. ¡Qué hermosos son los pies del
que anuncia salvación! Dice Isaias 52-7. Esos pies fueron
clavados. oragados contra la cruz. Esta es la cruz del Cordero de
Dios. El Señor Jesucristo es el Cordero que sufre y derrama
su sangre y es el sacrificio perfecto en el cual hay perdón
de los pecados. Pero es que esa cruz es también
la cruz del Rey de los Judíos. Y no nos olvidemos que Cristo
es Rey. ¿Qué letrero puso Pilatos sobre su cabeza? Jesús Nazareno,
Rey de los Judíos. Anda que nos enfadaron los judíos.
No, no, no, por favor, quita eso. Tienes que poner que él
dijo que era rey de los judíos. Y Pilato dice, nada, lo que he
escrito, he escrito. Lo que he escrito ya no lo voy
a cambiar. Normalmente cuando se justificaba
a alguien se daba algún tipo de explicación de su delito. Este era ladrón. Este era asesino. Este mató a su padre. Etcétera,
etcétera. El único delito que encuentran
para Jesús, el único letrero que se deben poner es Este es
rey de los judíos. Este es rey de los judíos. Y ese letrero queda ahí escrito. Pilato lo escribió. Ah, en la
mano de Dios lo escribió. Porque Dios hace que los reyes
y los gobernantes hagan lo que Él quiere hacer. Dice Proverbios 21.1 Como los
repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en
la mano de Jehová. Todo lo que quiere lo inclina. Finalmente Pilato escribió esto.
Rey de los judíos. Porque Dios quería que se escribiera
esto. Rey de los judíos. Y dos más se colgaron al lado
de Jesús. Dos ladrones, dice el texto.
Dos malhechores. Y sabemos, no por Juan, sino
por los otros evangelistas, que uno de ellos mira con fe al Señor
Jesús Cristo. y probablemente es en el credo. Probablemente esa sea toda la
Biblia que haya leído en su vida. Jesús nazareno rey de los judíos.
¿Y cómo responde aquel? Ay, acuérdate de mí cuando vengas
en tu rey. Sí creo lo que dice ahí. Que
tú eres el rey de los judíos. Acuérdate de mí cuando vengas
en tu rey. Jesucristo es el rey y el rey
es crucificado en la cruz. por su propio pueblo. Es rey,
pero es rey de un reino que no es físico, es rey de un reino
que no es serenal, es rey de un reino espiritual, es rey de
un reino invisible. Según el Samuel 7, 12, palabras
del Señor al Rey David. Y cuando tus días sean cumplidos
y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno
de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su
reino, un rey que reinará para siempre. Un rey que reinará para siempre. Este es el Señor Jesucristo.
Un reino eterno. La genealogía en Mateo capítulo
1 empieza diciendo que Jesús es hijo de David, el auténtico
rey de Israel. Los magos de Oriente vinieron
a buscar al rey de los judíos que ha nacido. Pilato interroga
al Señor y el Señor le responde, mi reino no es de este mundo. Señor Jesús muchas veces dice,
el reino se ha acercado. Jesús era rey. Pero era rey de
un reino celestial. Era rey de un reino muy superior.
Muy superior a todos los reinos de la tierra. Cuando todos los
reinos de la tierra hayan desaparecido, el reino de Cristo aún continuará. Eternamente y para siempre. Y
damos gracias a Dios de que somos súbditos del Rey. Con mayúsculas. Y tenemos una patria celestial.
El letrero que pusieron sobre el Señor Jesús era muy grande.
y era muy público, lo escribieron en tres idiomas para que todo
el mundo lo pudiera leer. Lo escribieron en hebreo, porque
era la lengua de los judíos, en griego, que era la lengua
de la época más internacional, de la cultura de entonces, en
latín, porque era la lengua de los romanos, del imperio que
gobernaba en aquel tiempo. Si hoy quisiéramos poner un letrero
semejante, si se tuviera crucificado el señor en Barcelona, aparecería
en catalán, en castellano y en inglés. para que todo el mundo
se entere para que todo el mundo se entere de que este es el rey
de los judíos y evidentemente todo el mundo se entero y es
el texto que la cruz estaba muy cerca de la ciudad y que mucha
gente pasaba y muchos leyeron lo que decían siendo rey el señor
fue clavado en una cruz vemos la entrega, la renuncia del rey
de reyes que quiso dejar su trono para venir a morir por nosotros
Filipenses 2 dice Siendo en forma de Dios no estimó el ser igual
a Dios como cosa que aferrarse sino que se despojó a sí mismo
tomando forma de siervo hecho semejante a los hombres y estando
en la condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose
obediente hasta la muerte y muerte de cruz Muerte de Cruz. El Señor no murió y punto. Muerte
de Cruz. La muerte más humillante que
puede haber. Todos saben de Cleopatra, la
orgullosa Cleopatra, que se quiso suicidar de una forma digna para
una reina como ella, ¿no? Buscó ese ástil, esa cobra, para
que lo picara. Señor Jesucristo es el rey de
reyes. Si el rey de reyes había de morir,
no había de morir en una cruz que forma tan indigna y tan humillante
morir como un criminal. Pero es que cargó sobre nosotros
sus pecados. Él muere como un criminal porque
eres tú el que había de morir como un criminal en esa cruz
del salvaje. Un rey que muere Sin nada. Incluso sin capa, incluso sin
túnica. Incluso sus ropas se reparten
entre sus verdugos. Un rey que no tenía corona, sino
de espinas. Un rey que tiene un reino invisible. Los verdugos se reparten sus
ropas. Era costumbre de aquel tiempo, cuando se justificaba
a alguien como propina, los verdugos se quedaban lo que aquel tuviera.
Poca cosa. A veces solo lo que llevaba puesto. y echaron suerte sobre la túnica
para no partirla porque era de una pieza, no querían desgarrarla.
Así se cumple el Samo 22, 18, cuando decía, oradaron mis manos
y mis pies, repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa
echaron suerte. Comenta el pastor y comentadista
Rael sobre este hecho de que las ropas del Señor fueron repartidas.
Cuando el primer Adán cayó por su pecado y fue expulsado del
Edén, Dios le cubrió y le vistió. Dios le cubrió y le vistió por
Su misericordia. Cuando el segundo Adán murió
como nuestro sustituto, fue hecho maldición por nosotros en la
cruz, y le desnudaron y vendieron su ropa. Adán fue vestido con
la misericordia de Dios. Cristo fue desvestido por culpa
de nosotros. Cristo es nuestro perfecto sustituto. Para Él la corona vecina. Para
Ti la de oro, la de gloria, la del cielo. Para Él el insulto,
el desprecio, el escarnio. Para Ti el honor, la misericordia,
la gracia. Para Él la traición de Sus discípulos.
Para Ti la iglesia y el amor de los hermanos. para Él el abandono
del Padre, para nosotros el amor y el abrazo de un Padre Celestial
que nos está esperando. Isaías 53, 5 dice, Él herido
fue por nuestras cerebrales, molido por nuestros pecados,
el castigo de nuestra paz fue sobre Él y por su llama fuimos
nosotros curados. Cristo es el sustituto perfecto
en tu lugar. Cristo fue desvestido y humillado
para que tú puedas ser vestido y glorificado. Y vemos en Apocalipsis,
escribe también Juan cuando ve esta revelación en el Apocalipsis. Después de esto mire, y aquí
una gran multitud la cual nadie podía contar de todas las naciones
y tribus y pueblos y lenguas que estaban delante del trono
y en la presencia del Cordero vestidos de ropas blancas y con
palmas en las manos. En esa gran multitud, si tú eres
creyente, si tú eres de Cristo, tú estás. ¿Querías saber si salías
en la Bíblia? Aquí sale. Apocalipsis 7, 9. Y esa gran multitud está vestida
de ropas blancas, las ropas de Cristo. Cristo se quedó con tu
ropa sucia, andrajosa, manchada, llena de pecado, se la puso Él
y te puso a ti su vestido limpio, blanco, de lino, fino, para que
puedas entrar en la presencia de Dios y alabar por ti. Gracias a Dios por su entrega
y su sacrificio por nosotros. La cruz es la cruz del Correo,
la cruz es la cruz del Rey, La cruz es también la cruz del hombre. No nos olvidemos. Cristo era Dios. Cristo era hombre. Hay un momento en esa película
de Benjamin Gibson en la que yo, después de verla, desconecto. Porque este hombre empieza a
sufrir, y empieza a sufrir, y realmente está tan bien hecha que dice,
van a matar ahora todas. Es tan increíble. Y empieza a sufrir,
y empieza a sufrir, y hay un momento en el que desconecto
y digo, Es imposible que un ser humano llegue a sufrir como esta
película está reflejando sin caer muerto o desmayado, ya que
el actor se levanta y se vuelve a levantar. Es una especie de
superhombre el que sale en esa película, que al final es crucificado,
pero con unas fuerzas sobrenaturales. El Señor Jesús era un hombre
fuerte porque era un carpintero, sí, era un hombre fuerte, acostumbrado
a trabajar y a caminar, pero no era un superhombre. Él sufre
la cruz como hombre y cada golpe, cada insulto, cada latigazo lo
sufre como tú lo hubieras sufrido en esa cruz. Sufre como hombre,
como hijo del hombre, como ayuntas, como hombre perfecto en nuestro
Buda. Nos dice el texto que delante
de la cruz, a los pies de la cruz, tan solo hay cuatro mujeres
y Juan es el que está escribiendo esto. Cuatro mujeres. Aquí muchos comentaristas no
se ponen de acuerdo, hay unos que dicen que esas cuatro mujeres
realmente eran tres, no se ponen de acuerdo por los nombres, pero
por lo que Juan nos dice está María, la madre del Señor, su
hermana, la hermana de María, Salomé, que es madre de Juan,
o sea que Juan era primo del Señor Jesucristo, María esposa
de Alfeo, que también era madre de dos apóstoles, y María Magdalena. Estas mujeres están junto a la
cruz. Y lo primero que te preguntan
es ¿dónde están los hombres? Han huido, han corrido. Mateo
por aquí y Pedro por allá y Felipe por acullá. Estas mujeres son
las que están delante de la cruz. Y dices ¡qué hermoso! ¡Qué hermoso
ver que es una mujer la que se acerca al árbol del conocimiento,
del bien y del mal! y come y cae, y ahora es también
estas mujeres las que se acercan al árbol de la vida. Cristo y de la vida, el árbol
de la vida en el que tú estás invitado a comer para vivir eternamente. El Señor Jesús sufrió como hombre
y en su sufrimiento, qué palabras, mira a su madre y se preocupa
por ella. No quiere que se quede sola. Le dice a Juan, ella y
su hijo. Ella le dice, ella y tu madre.
Y dice el texto que desde entonces Juan tiene cuidado de ella, de
María. En la cruz, clavado en la cruz,
Jesús mira a su madre y se preocupa por ella. ¡Qué lección! En la cruz Jesús
no piensa en Él, piensa en nosotros. Ay, cuando nosotros tenemos daño
de algún tipo, basta que me duele la muela, ay, yo quiero que me
contemplen, que me miren, que me traigan el desayuno a la cama.
Somos victimistas por naturaleza. Cuando me duelo quiero que todos
me atiendan, no tengo tiempo para nada más que para mí. Jesús
está sufriendo como nadie ha sufrido en esta tierra y Él aún
tiene preocupación, y amor, y entrega para nosotros. Y después, casi sus últimas palabras,
dice Tengo sed. Tengo sed. ¡Qué tremendo! Él,
que le estaba diciendo a la mujer samaritana, si bebieras del agua
que yo te daré, no tengas sed jamás. Él, que da agua de vida,
dice, tengo sed. ¿Por qué Jesús sabía de tener
sed? Sino porque cargó con todas sus culpas. Porque te dio el
agua a ti. Te dio el agua a ti para que
tú vivas eternamente. Y Él dice, tengo sed. y me dieron
a beber vinagre también para que se cumpliera el Salmo 69-21
me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber
vinagre y dicho esto Señor Jesús muere diciendo consumado es se acabó está hecho Misión cumplida. Que Jesús entregue a su Espíritu. Hay siete frases del Señor Jesucristo
desde la cruz, pero esta es la única que Juan, sólo Juan, pone. Consumado es. Y me ha parecido
tan relevante que así dice el título del sermón. Consumado
es. Se acabó. Está hecho. He acabado, lo he logrado. Padre,
misión cumplida." Y el padre Miravíceo dice, misión cumplida.
Consumado es. Consumado es porque el final
de su misión en la tierra había llegado. Entrega su espíritu
y da su vida por nosotros. Consumado es porque él sufrió
lo indecible y pagó el precio de tu rescate. Consumado es porque
vivió toda su vida una vida perfecta hasta el final, hasta el final
cumpliendo toda la ley de Dios. Consumado es porque se consiguió
la misión que con su sangre compró a los elegidos de Dios y ninguno
se escapó. Todos los que el Padre me dio
los he comprado. Consumado es porque acabó su
misión perfectamente. Consumado es porque toda la ley
del Antiguo Testamento se acaba, porque ya no hay más sacrificios,
porque ya no hay más necesidad de sacerdote. Consumado es un
cordero que muere en nuestro lugar y un sumo sacerdote para
todos nosotros para siempre. Consumado es. Consumado es porque
todas las profecías, y hemos visto muchas en el día de hoy,
todas las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Cristo. que cumplen en Cristo. Cristo
murió conforme a las Escrituras, como dice también Apóstol Pablo.
¡Consumado es! Y a lo mejor en esta tarde te
estés preguntando, ¿qué sacrificio? ¿qué entrega? ¿qué misión la
de Cristo? ¿qué vida eterna la que Él promete?
¿qué puedo hacer para ser salvo? Como dice el carterero de Filipos,
y Jesús te dice, ¡Consumado es! No puedes hacer nada para ser
salvo. es lo que Cristo hizo para que
fueras salvo. Con su mano es, está hecho. Sólo mira a Cristo con fe, del
que lo que está hecho por ti fue hecho y se lo salvo. Con su mano es. Sabéis, la religión
dice una cosa, haz muchas cosas para ganarte el favor de Dios.
Dios mira bien sus buenas obras. Haz muchas cosas, lo mejor es
ganarse del cielo. Y las religiones dicen todo lo
mismo, todas iguales. Sólo Cristo dice, con su madre
es. Lo he hecho, lo he cumplido.
Todo lo que tú no podías hacer para entrar en la presencia de
Dios, yo lo he hecho. Vístete de mi gracia, vístete
de mi misericordia, vístete de mi justicia y entra en la presencia
de Dios. Porque no es lo que tú puedas
hacer, es lo que yo ya he hecho por ti. con su madre. Y el Señor entregó su espíritu.
El Señor murió. El Señor de verdad murió. No
estaba desmayado. No estaba desmayado y luego le
reanimaron, como dicen algunas historietas. El Señor de verdad
falleció. Y era una obra de misericordia
para los crucificados romperle las piernas. ¿No era increíble,
verdad? en vez de que agonizaran mucho
más tiempo, si el crucificado era hora ya de quitarlo de la
cruz y debía morir, le rompían las piernas, porque entonces
todo el peso del cuerpo ya no podía aguantarse en las piernas,
se creía que tenían un soporte para los pies, sino que al romperse
las piernas el cuerpo caía sobre los brazos y no podían respirar
y morían de asfixia en muy poco tiempo. Romperle las piernas
era una forma de tener misericordia con el crucificado y que muriera
rápidamente. Así que si acerca la Pasco a
los curiosos les parece mal que estén esos crucificados ahí,
hace feo para la fiesta, así que van a romperle las piernas
para quitarlos rápido. Ven, ven. Le rompen las piernas
a un solo hombre. Pero cuando se acercan a Jesús,
los romanos se lo miran y ven que está muerto. no le rompe
las piernas porque está muerto y para que se cumplan las profecías en éxodo 2.46 se describe el
cordero que debe ser sacrificado en la pascua y se dice que ningún
hueso suyo se romperá Cordero debió ser sacrificado y ningún
hueso suyo se había de romper. Ningún hueso de Cristo se rompió.
Él era el Cordero de la Paz. Ahora, uno de los romanos, para
asegurarse de que Jesús no se ha muerto, clava esa lanza en
el posado del Señor. Y nos dice el texto que salta
sangre y agua. Algunos comentaristas dicen que
también sale agua porque ya no quedaba más sangre en su cuerpo.
Derramó hasta la última gota de su sangre. Y otros dicen que
sale agua de forma milagrosa para traernos un mensaje a nosotros.
Y es que en verdad el Señor Jesucristo es esa peña de oreja que Moncés
golpea y brota agua para que todo el pueblo beba y viva. Y hace no mucho hablamos en varios
sermones sobre el matrimonio y recordamos como Adán dio su
costado abierto para que Eva fuera formada. El Señor Jesucristo
también dio su costado abierto para que su esposa, la Iglesia,
fuera formada. Es del costado de Cristo que
todos nosotros tenemos vida y vida del Señor. El Señor Jesús muere
y así como nació como un niño pobre en un cefebre, en un establo,
muere y es sepultado como un rico. Dos de sus discípulos,
discípulos clandestinos, José de Arimatea y Nicodemo, de aquellos
que podían seguir al Señor pero no querían ser despreciados por
los judíos, piden su cuerpo, José de Arimatea pide su cuerpo,
lo meten en un sepulcro nuevo, Nicodemo paga mucho dinero para
comprar mirra y aloes y embalsamar al señor. Dice Isaías 53, 9. Se dispuso con los impíos su
sepultura, mas con el rico fue su sepulcro. Y de nuevo se cumplen
las travestías. Pero es tremendo ver como ese
Jesús pequeño, ese bebé que nace en Belén, es envuelto en pañales
y le regaban los magos mirra. y ahora Jesús muerto es envuelto
en vientos y es unitado con Dios. Que anuncio de su muerte ya desde
el principio. Ese bebé vino y nació para esto, para esto, para la
cruz, para ser muerto y entregado por nosotros. Y es cierto que en el pasaje,
y así podríamos acabar el sermón, Pero tal vez te quedarías con
algunas preguntas. Y yo creo que la pregunta principal es
la siguiente. ¿Por qué la cruz? ¿No podría haber sido de otra
manera? ¿Por qué Cristo se tuvo que encarnar, tuvo que vivir
una vida perfecta, tuvo que morir esta muerte tan cruenta? ¿Por
qué la cruz? ¿Es que no había otra forma?
¿No podía Dios preparar y disponer nuestra salvación de otra manera? ¿Había de ser la cruz porque
tu pecado es muy grande? Y habrás oído, ah, es que Jesús
me amaba tanto, es que yo era tan importante para Dios que
el Hijo de Dios tuvo que venir a salvarme. No es que tú seas
tan importante, es que tu pecado es tan enorme que el Hijo de
Dios tuvo que venir a salvarte. Y permíteme una sencilla ilustración.
Imagínate un niño que sale de excursión con su colegio y van
a la montaña. Y la profesora les dice, no vayáis
por ese camino que os vais a perder. Y el chavalín se mete por allí,
desobediente, y se mete en medio del bosque, y de golpe y porrazo
cae por un acantilado, y queda colgando por los pirantes de
su hombro de un arbusto, y abajo un precipicio. Y al cabo de unos
minutos aparece un helicóptero que viene a rescatarlo, y el
niño dice, ¿ves qué importante que soy que mis papás me vienen
a buscar en helicóptero? Esa actitud hemos de tener. ¿Ves
qué grande que soy? ¿Ves cuán importante soy para
Dios? ¿Que Dios se hizo carne y vino
a rescatarme? ¿No será más bien? ¿Ves en qué
lío te has metido? ¿Ves en qué gozo has caído? Que tuvo que venir Dios mismo
porque no había otra forma, no había otra forma de rescatarse.
Dios se tuvo que hacer carne y morir clavado en una cruz. Había de ser en la cruz. Y había
de ser en la cruz porque tú pecaste y pecas con tu carne. Y se había de pagar tu deuda
con carne. Se había de pagar tu deuda con
un hombre muriendo en la cruz. Si yo tengo una deuda contigo
en euros, pongamos mil euros, y yo te digo que te pago en otra
moneda, es porque estoy en mil dólares. Y me dirán, ah, no.
Hace diez años sí, pero ahora dólares no. No me engañes. Que
no es lo mismo. Tu deuda con Dios era en carne. Somos hombres y mujeres los que
hemos pecado. Había que ser un hombre que se
había de tomar y pagar en la misma moneda. pero había de ser
en la cruz y el Hijo Eterno de Dios se había de acercarle porque
tu deuda no es entre nosotros tu deuda es con el Dios Eterno tu deuda es Eterna o la pagas tú eternamente o alguien
Eterno viene a pagarlo y ese Eterno es Cristo el que viene
y paga con su vida había de ser en la cruz y había de ser Cristo
en la cruz, porque si tú no eras en la cruz, ¿qué ibas a pagar
por eso? Si tú tienes una gran deuda con
el banco y te perfumas y te pones tu mejor corbata y te mojé el
traje y vas al banco a pagar y firmas un talón y lo comprueban
el talón y en el banco te dicen que este talón no tiene fondo,
que te puedes haber engalanado todo lo que tú quieras, pero
si el talón no tiene fondo, ¿qué vas a pagar con un talón sin
fondo? con un cheque detrás del cual no hay nada. Ya te puedes
disponer delante de Dios a pagar todas tus deudas y decir, Señor
estoy dispuesto incluso a morir en la cruz, merezco el castigo,
pero es que ni tú muriendo por ti podías pagar lo que tú debes. Ni tú muriendo cien veces en
la cruz. sacrificándote y crucificándote
mil veces en la cruz no podías pagar tu deuda con Dios. Ha de ser alguien mayor que tú.
Alguien que sí tiene fondos. Alguien que es justo, alguien
que es puro, alguien que es limpio, alguien que es perfecto. Y eso
sólo puede ser Cristo. Cristo es el único que puede
pagar tu deuda si quieres la deuda. La tuya, la mía, la de
muchos. La de todos los que hemos puesto
nuestra fe en Él. Sólo la muerte de Cristo satisface la justicia
de Dios. Dios ve su vida calmada por la
muerte de su Hijo. La deuda es apagada. Ambrosio,
un antiguo predicador, comenta de forma muy poética que la cruz
es de hecho la espada de Dios, que Dios la ha clavado en el
suelo, expresando que su ira se ha clavado hacia nosotros. que la deuda está saldada. Voy
al Salmo 85, 10. En la cruz la justicia y la paz
se besaron. La justicia de Dios y la misericordia
de Dios se encuentran en la cruz. Y nosotros encontramos el perdón
de Dios. ¿Por qué la cruz? Porque en la cruz se levanta
a Cristo. Y el Señor Jesucristo mismo dice que Él ha de ser levantado
para atraernos hacia Él. En la cruz el Señor es levantado,
puesto entre el cielo y entre el suelo para que nosotros le
veamos y seamos atraídos a Él. Como aquella serpiente en el
desierto, aquella serpiente de bronce de Moisés, recordaréis. que aquella serpiente era levantada
y aquellos que habían sido mordidos por las serpientes del desierto,
que estaban a punto de morir, aquellos que miraban a esa serpiente
de don que con fe eran sanados. Así Cristo es levantado, el que
mira con fe al Señor Jesús es sanado, es salvado de todos sus
pecados. ¿Por qué la cruz? Porque en la
cruz el Señor Jesucristo tiene sus brazos extendidos como ese
padre del hijo crónico que le recibe y dice ven aquí hijo mío
que vamos a hacer una fiesta y Cristo aún le está esperando
que vayas corriendo a él y te recibe con los brazos abiertos
como Moisés que levantaba sus brazos para que el pueblo israel
continuara ganando la batalla como Sansón que empujó las columnas
con sus brazos para derribar el templo y vencer a sus enemigos
Cristo viene a morir con los brazos extendidos. Señal de victoria. ¿Y por qué la cruz? Dice 1 Pedro
2.21 Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo. Había que ser en la cruz, porque
la cruz es lo que mueve nuestra vida cristiana. El cristiano
toma su cruz cada día. No es la cruz de Cristo, esa
cruz es solo para él. No pagamos por nuestros pecados,
Cristo es nuestra gente. Cristo dejó todo y se entregó
a nuestro lugar y murió. El cristiano toma su cruz y sigue
a Cristo. El cristiano ya no vive para
él, vive para Cristo. El cristiano ya no vive para
él, vive para sus hermanos. Había tres cosas lavadas en la
cruz. El letrero, Jesús de Nazaret
y tú. Por eso el apóstol Pablo dice,
con Cristo estoy crucificado. Ya no vivo yo, más vive Cristo
en mí. Me preguntan esta tarde, ¿estabas
tú clavado en esa cruz? Si tú estabas clavado en esa
cruz con Cristo, la ira de Dios pasa sobre ti. El fordero fue
ya sacrificado. Si Cristo murió en tu lugar,
Sólo te queda la gracia de Dios, la misericordia de Dios, el perdón
de Dios, la corona de oro, la vida eterna, el vestido de un
hijo fino y alabar a Dios eternamente junto a tus hermanos. Si eres de Cristo, ya no vives
para ti, vives para Él. Ya no vives para tus placeres,
vives para su placer. Ya no vives según tu criterio,
vives según Él quiere. Ya no vives para lo que te agrada,
vives para lo que le agrada. Ya no vivo yo, vive mi Señor. Y si aún no te has entregado
al Señor, Él en la cruz tiene sus brazos abiertos para recibir. Ven a los pies de la cruz como
esas mujeres, como Juan, y entrega tu corazón al Señor Jesucristo. Vamos a tener una oración. Señor
Dios Nuestro, queremos agradecerte esta hermosa entrega tuya en
la cruz por muchos de nosotros. Señor, tú realmente dices consumado
es porque tú acabaste todo lo que querías. Todo está completo
en ti, Señor. No necesitamos nada más. Nuestra
esperanza está completa en el Señor Jesús. Nuestra fe, nuestro
futuro, nuestra vida eterna. Y es nuestra oración Señor, que
esto sea una verdad en el corazón de todos los que estamos aquí.
Y si hay alguno que aún no ha podido a su cruz, que corra hacia
ella, que se abrace a sus pies, que suplique el perdón de sus
pecados. Y que su Señor, con los brazos abiertos, le apertives,
le perdones, le amas, le vistes de vestidos blancos. para poder
entrar en la presencia de Dios eternamente y alabarle por siempre. Señor, te abogamos que así sea
en la vida de cada uno de nosotros. Y tú en la mía. En nombre del
Señor Jesús. Amén.
¡Consumado Es!
Series Evangelio de Juan
"¡Consumado Es! dijo el Señor desde la Cruz. Y con sus palabras mostraba que la misión que vino a cumplir había sido completada. La Cruz de Cristo era el único medio de lograr la salvación de los creyentes, y el Señor derramó toda Su sangre en nuestro favor.
| Sermon ID | 419091811156 |
| Duration | 50:49 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 19:17-42 |
| Language | Spanish |
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