Quiero pedirles que abran por
favor sus Biblias en Mateo capítulo número 6 en el versículo número
5. Hoy comenzaremos una serie de
meditaciones acerca de la oración y el título de esta primera meditación
es ¿Cómo no orar? La Palabra de Dios dice de la
siguiente manera. Cuando ores, no seas como los
hipócritas, porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas
y en las esquinas de las calles para ser vistos de los hombres.
De cierto os digo que ya tienen su recompensa. El Señor Jesucristo
comienza su instrucción acerca de la oración asumiendo que sus
discípulos oran, porque Él dice, cuando ores. Cada verdadero creyente
tiene una vida de oración. donde adora a Dios, le da gracias,
presenta diferentes tipos de peticiones por otros y por él
mismo, y ora en general. El Señor Jesús estaba advirtiendo
aquí sobre el motivo detrás de nuestras oraciones. No se trata
de ser vistos por los demás, sino de tener una comunión sincera
con Dios. Dice el texto, no seas como los
hipócritas. Esta palabra, hipócrita, tiene
su origen en el teatro griego, donde se describe a un actor
llevando una máscara en su cara para representar algo que él
no es. El término, tal y como se usa
en el Nuevo Testamento, normalmente describía a una persona no regenerada,
que se engañaba a sí misma. La oración hipócrita se enfoca
en la apariencia externa más que en la sinceridad interior.
Tales oraciones ya son recompensadas solo por la alabanza momentánea
de los hombres, y no por el recibimiento eterno de Dios. El versículo
dice que oran para ser vistos de los demás. Ellos aman el orar
en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles. Su
recompensa es que ya fueron vistos por los hombres, nada más. Dios
no premia la hipocresía, pero sí la castiga. En el Evangelio
de Mateo capítulo 23, versículo 13 al 23, el Señor Jesucristo
profiere una serie de juicios acerca de la hipocresía de los
fariseos. Por esa razón debemos de no ser
hipócritas, evitar la hipocresía a todo costo. El énfasis aquí
está en la autenticidad. Dios valora la postura del corazón
por encima de cualquier otra apariencia externa. Por esa razón
debemos de orar al Señor pidiéndole que nos ayude a orar con autenticidad
y humildad. que nos ayude a despojarnos del
deseo del reconocimiento público, que permita que nuestras oraciones
sean verdaderas expresiones de gratitud genuina que salen de
un corazón humilde, que nos enseñe a buscar la intimidad con él,
que nos ayude a buscar su aprobación y no la de los hombres. Para
esto debemos de reflexionar y hacernos la pregunta ¿Están alineados
con la búsqueda de la presencia de Dios o están influenciados
por un deseo de aporación pública? Cuando oramos, ¿qué es lo que
está pasando? Debemos de comprometernos a pasar tiempo en oración donde
solo estemos el Señor y nosotros, buscando un espacio tranquilo
para orar y estar en la presencia del Señor.