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Hoy estaremos viendo el mensaje
titulado Jesús hace bien a un leproso Jesús hace bien a un leproso
Mateo capítulo 8 versículo 1 al 4 y cuando bajó del monte grandes
multitudes le seguían Y aquí se le acercó un leproso, y se
postró ante él, diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús la mano,
lo tocó, diciendo, quiero, sé limpio. Y al instante quedó limpio
de su lepra. Entonces Jesús le dijo, mira,
no se lo digas a nadie. Si no ve, muéstrate al sacerdote
y presenta la ofrenda que ordenó a Moisés para que le sirva de
testimonio a ellos. Amén. Jesús hace bien a un leproso
y la idea que el salmista procura transmitir aquí en este pasaje
Es que Jesús quiere y hace bien a un hombre que nadie deseaba
tocar. Jesús quiere hacer bien y Jesús
hace bien a un hombre que nadie quería tocar. Nadie le quería
poner la mano. Esa es la idea básica que el
evangelista nos quiere traer. Y lo vamos a estar viendo brevemente
en dos puntos. En primer lugar, veremos el ruego
de un hombre que nadie desea tocar. El ruego de un hombre
que nadie desea tocar. Y en segundo lugar, veremos Jesús
responde a su ruego con una expresión de amor. Nosotros hemos estado
viendo, hermanos, que Jesús ha enseñado sobre el reino de los
cielos. Nosotros hemos estado viendo
que Jesús en todo el capítulo 5 y 7 ha hablado del sermón del
monte. ¿Cómo nosotros debemos de aplicar
este sermón? ¿Cómo nosotros debemos de actuar
sabiamente? Al final del sermón del monte
veíamos los peligros de no obedecer, caer en el engaño, caer en la
mentira de que somos algo que no somos. Caer en el engaño de
ser tomados por falsos maestros y arrastrados a un camino de
impiedad y maldad. Hermanos, las enseñanzas de Jesús
en el sermón del monte tuvieron cosas muy positivas las que teníamos
que aplicarnos y actuar y obedecer, pero hubieron cosas que teníamos
que prestar atención para no caer en errores y en peligros. A partir de hoy estaremos viendo
el capítulo 8 y el capítulo 9, donde el Señor está actuando,
sirviendo, trabajando, haciendo milagros, llamando a sus discípulos
y a la responsabilidad de predicar el evangelio buscando las ovejas
perdidas. Observe como en dos capítulos
o en tres capítulos, cinco, seis, siete, son enseñanzas en cuanto
al reino y los peligros de no hacer caso a esas enseñanzas.
Pero el capítulo ocho al nueve, que ya estaremos viendo a partir
de hoy, son como el servicio, el trabajo y la preparación de
hombres para la obra de Dios. Las dos cosas eran necesarias,
ver los mensajes de Jesús, las enseñanzas del reino, pero también
ahora el servicio, el trabajo de Jesús en la obra del Señor.
Vamos a ver entonces nuestro primer punto, el ruego de un
hombre que nadie desea tocar, versículo 1 y 2. El versículo
1 dice, y cuando bajó del monte, grande multitud le seguían. recordemos
que aquí está unida unido el capítulo 8 unido lo que está
pasando ahora con el sermón del monte Jesús estaba en un monte
literalmente un monte y la gente estaba en la falda del monte
escuchándolo hablar le estaba allá arriba Y la gente lo escuchaba
debajo. Cuando terminó eso, que él bajó
del monte, lo que está narrándose aquí, al finalizar su sermón
del monte o de la montaña, las multitudes permanecían con él. Estaban asombradas por la autoridad
con que les hablaba. Estaban asombrados porque entendían
el mensaje. ¿Qué diferencia escuchar un fariseo
dar vuelta y vuelta y vuelta y no dar ninguna enseñanza a
escuchar a Jesús y decirle tú eres sabio si tú haces esto y
eres un necio si no lo haces impactante las palabras de Jesús
amonestaban a las personas lo confrontaban con la verdad ahora
vemos hermanos que esa multitud asombrada le seguía le seguían
admirados de su doctrina, le seguían porque miraban en él
un hombre con la autoridad de la palabra de Dios, con un mensaje
claro, profundo. Ellos le seguían por el mensaje
del reino de los cielos que habían escuchado. Pero ahora van a ver
una faceta un poquito diferente del Señor. Él es un gran maestro,
un gran guía hacia el reino de Dios, pero ahora miremos los
tratar con las personas. Jesús se acerca, sale de su podio,
sale de su púlpito de predicar y ahora se acerca a la gente.
Versículo 2. Y aquí se le acercó un leproso
y se postró ante él, diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. El texto dice, aquí en la Biblia
de las Américas dice, es aquí. Y la reina Valeria dice, mirad. En otras traducciones dice, mirad.
Y me da la impresión como que el que escribió el evangelio,
Mateo, está diciendo, hey, hey, mira, un leproso. Mira, mira,
mira, mirad. Mirad. Llamando la atención a
un hecho asombroso. La primera razón del asombro,
un leproso. El leproso, en el Nuevo y Antiguo
Testamento, era alguien inmundo. Inmundo porque la enfermedad
que tenía era contagiosa. Y la ley de Moisés, el Levítico,
se exigía que el leproso saliera del pueblo, se alejara de su
pueblo, Porque la lepra, hermanos, es fuertemente contagiosa y destruye
al que la posee. La lepra era una enfermedad en
los tiempos de Jesús que aún no tenía cura. La medicina no
había avanzado a un nivel tal que pudieran salvar a un leproso.
Este leproso se acerca y alguien dice, mira, un leproso. Y no
se crea que una sorpresa de alegría. Ay, qué bueno. No, hey, cuidado.
Cuidado, un leproso. Mirad, llama la atención sobre
el leproso, un hombre enfermo, inmundo por la ley, separado
del pueblo y obviamente con una enfermedad contagiosa que nadie
quiere tocar. Nadie quiere tocar a este hombre.
Nadie quiere acercarse y ponerle la mano sobre él. Nadie quiere
olerle ni siquiera. porque una de las cosas de la
lepra es que se van pudriendo áreas del cuerpo, aparecen manchas
y luego de esas manchas comienzan salpullidos y eso da un mal olor
y esa lepra se van comiendo hermano los dedos, daña los órganos internos,
la gente se está pudriendo viva. espudriéndose que atacó, un mal
olor grandísimo, obviamente, ellos iban envueltos y la ley
exigía que cuando había un leproso, el leproso tenía que gritar,
gritar, inmundo, inmundo, para que los demás no se acercaran. Era una ley civil para proteger
al pueblo de esa enfermedad que en esos momentos no tenía una
cura. Por esto es parte de la sorpresa. Parte de la sorpresa
es que este hombre viene hacia ellos. ¡Ey, cuidado, un leproso!
Miren. Parte de la sorpresa es que este
leproso se acerca a ellos. Pero el leproso no se acercó
de tal manera que estuviera cara a cara, sino que a cierta distancia
se arrodilla como una muestra de reverencia, de respeto hacia
aquel que viene de parte de Dios, hacia Jesús. El versículo 2 dice,
y aquí se le acercó un leproso y se postró ante él. Él se humilló
delante de Jesús. No necesariamente para adorarlo
como si fuera Dios, pero sí mostrándole reverencia, respeto, porque él
es un hombre de Dios. Recordemos que Estas personas
veían a Jesús como un profeta. Tal vez Elías, tal vez Juan el
Bautista resucitado. Es un gran profeta. Mira como
los censellos del reino de los cielos. Mira como los hombres
se acercan, lo tocan y son sanados. Cómo él puede llamar a una niña
y se salva y resucitarla. Hermanos, este era un hombre
de Dios, la gente lo sabía. El mismo hombre que había estado
ciego dijo, Dios no oye a los impíos. Y este hombre habla de
parte de Dios y sana de parte de Dios. Este es un profeta.
Nadie podía negar eso. Y el leproso lo reconocía así.
De forma reverente se inclina delante de este hombre que él
reconoce como un hombre de Dios. Este hombre se estaba poniendo
delante de Jesús. Y aunque había llamado la atención
de todos, él solamente hizo una petición. Y de lejos. Él no venía a molestar a nadie.
Él sabía que estaba leproso. Y sabía que no debía acercarse.
Él no quería molestar más de lo que ya molestaba. Y quiero
que piense en esto, hermano, la condición de una persona así.
Era una persona que iba a morir sola, sin nadie que pudiera estar
al lado de ellos. Y sabía que su sola presencia
era una molestia para otros. Otros no lo querían ver ni tener
cerca. Es la condición de este hombre.
Solamente quería pedirle algo al maestro. Solamente quería
pedirle algo a Jesús. Señor, si quieres, puedes limpiarme. Observen esta petición. Ese es
el ruego de un hombre que nadie deseaba tocar, nadie deseaba
tenerlo cerca. Si quieres, puedes hacerme limpio. La palabra querer, si quieres,
es importante. Es una condición. mi sanidad está en tu deseo o
en tu buena voluntad el leproso no estaba exigiendo sáname yo
exijo que me sanen o como hacen muchos yo declaro
que voy a ser sano él no estaba exigiendo una forma irreverente
de exigir a dios lo que uno desea ¿Somos criaturas de Dios o somos
Dios igual que Él? ¿Cómo es eso que tú exiges a
Dios que haga tal o cual cosa? Yo soy su hijo, yo soy su hija,
que Dios haga esto. No estás más bien tentando a
Dios. Porque Satanás en Mateo capítulo
4 le dijo a Jesús, si eres hijo de Dios, Di que esta piedra se
convierte en pan. Si eres hijo de Dios, lázate
del pináculo del templo y ven ver a sus ángeles para que tu
pie no tropiece. Hermanos, ¿no parece eso una
tentación a Dios? Yo pienso que sí. Cuando nosotros
exigimos cosas en base a nuestra posición, ¿realmente tú eres
qué? ¿Qué tú eres? Si tú te miraras
en tu pecado, si tú te miraras en tu desobediencia, si tú recordaras
donde Dios te sacó, no olvidarías que eras un leproso, eras un
leproso y de la lepra del pecado te sacó. ¿Qué puedes exigir si
todo ha sido por gracia? Si todo ha sido por amor que
Él te lo ha dado, tú no te has ganado nada. Entonces, hermanos,
esas declaraciones y esas exigencias, porque somos hijos de Dios, suena
más a arrogancia. Suena más a orgullo que otra
cosa. Este hombre enfermo, si quieres, si es tu voluntad, no
es lo que yo quiera, es lo que tú quieras, No es mi propósito,
no es mi declaración, no es que yo soy un hijo de Abraham y yo
exijo como hijo de Abraham que se cumpla la promesa en mí. No,
no es así. Es humildad. Es sometimiento
a Dios. Si quieres, yo me someto a tu
voluntad. Este hombre se ponía en manos
de Jesús. Si quieres, no te lo exijo. No
soy quién para exigirlo. Estoy enfermo. No puedo ofrecer
nada a cambio de mi salud. Si tú quieres. No puedo pagar mi sanidad. Porque, dígame usted, ¿cuántos
millones se pagaría por la vida. Una persona que está muriendo
de cáncer, ¿cuánto no pagaría? Todo lo que tuviera lo daría.
Todo lo que tuviera. ¿Puedes tú comprar un alma? No. ¿Puedes tú comprar tu sanidad?
No. Es si Dios quiere que tú eres
sano. Es si Dios quiere que tú eres
prosperado. Es si Dios quiere que tú vas
o vienes. Es si Dios quiere. Así son las
cosas, hermano. él es el soberano y nosotros
somos criaturas bajo su autoridad creo que este hombre estaba pidiendo
con una actitud humilde y correcta si quieres si quieres Jesús si
es tu voluntad de rodillas delante de él se entrega completamente
a la voluntad de Dios completamente la voluntad de Dios pero que
dice de más Puedes. Puedes limpiarme. Y la palabra
puedes es dunasai, eres capaz, fuerte, eres poderoso para hacerlo. Con que tú quieras, si tú quieres,
si es tu voluntad, tú eres poderoso para hacerlo, eres capaz, puedes
limpiarme. Y aquí expresa una completa seguridad. Hermanos, qué combinación. sometido
a su voluntad y al mismo tiempo completa seguridad qué combinación
deben tener nuestras peticiones tenemos que someternos a la voluntad
de dios señor si es tu voluntad quita de mí esto jesús dijo pasa
de mí esta copa pero no se haga mi voluntad sino la tuya sometido
a la voluntad de dios pero señor yo sé que tú puedes en ti hay poder y autoridad para
hacerlo puedes limpiarme y el leproso aquí está expresando
una completa seguridad una fe tan fuerte que vence la incredulidad
la lepra no tenía cura hermanos hasta los años 70 o
75 por ahí el sida no tenía forma de tratarse. Cuento
de allá para acá. No han pasado 100 años, hermano.
El SIDA, el que contraía SIDA, simplemente se moría, hermano.
Es a partir de hace unos 40, 50 años que ya hay ciertos fármacos
que ayudan para que estas personas tengan una mejor vida, para que
no mueran por una gripe. Porque recuerden que el sida
es que tu inmunología del cuerpo desaparece. Hasta una gripe te
mata. Una tos. El que tenía sida en
esos tiempos lo mataba. Una infección que lo destruía.
No tenía la inmunodeficiencia. No, no,
eso es el SIDA, el sistema inmunológico. No tenía el sistema inmunológico.
Queridos hermanos, igualmente para la lepra en aquellos días
del Señor Jesucristo. El que caía en lepra, hermano,
simplemente lo sacaban del pueblo para que se muriera solo. Este
hombre está diciendo que Cristo es capaz de limpiar lo de la
lepra. Cristo es capaz de curarlo. Y repito, aquí hay dos cosas,
la entrega total a la voluntad de Dios y segundo, un clamor,
una realidad, una seguridad de que Cristo puede hacerlo. Dos
cosas que tú y yo necesitamos. Completo sometimiento a la voluntad
de Dios. y una fe fuerte porque él es el todopoderoso el que
es capaz y puede ambas cosas es de lo que se forma la piedad
el temor a dios de ambas cosas un temor reverente delante de
dios que se humilla delante de dios que se inclina delante de
dios que sabe que la voluntad de dios es lo mejor pero también
Un corazón que clama a su Dios, que ora a su Dios, que ama a
su Dios y que sabe que lo que él quiere lo hace. Ambas cosas
son necesarias. ¿Qué aprendemos de este primer
punto? La condición en que vivimos, en que venimos a Dios debe ser
de humildad. No exigiendo, sino humillándonos
para que se haga su voluntad. pero también con una completa
seguridad de que Él puede, que es capaz de hacer bien, sanar,
restaurar nuestras vidas. Las dos cosas deben estar en
nosotros. Vamos a ver en segundo lugar.
Jesús responde a su ruego con una expresión de amor y de misericordia. Versículo 3. y extendiendo Jesús la mano lo
tocó diciendo quiero ser limpio hermanos al leproso con la enfermedad
contagiosa que el cuerpo se pudre que huele mal Jesús a mucha gente
que le decía Señor tócame para sanarme el hijo y lo tocaba y
era sano la gente se acercaba a Jesús y lo tocaba por el manto
lo tocaba por aquí y eran sanos pero y qué sucedería con el leproso
yo me imagino me pongo en el lugar de Mateo y qué va a hacer
Jesús tú estás mirando lo que está haciendo él fue y tocó al
leproso al enfermo. Hermanos, una expresión de amor
hacia un enfermo lo encontramos en Jesús, que era tocándolo. Sí, era el leproso, pero también
era una persona. Y aunque Levítico 13, 46 le señalaba
inmundo, pero esta es una ley civil, no es una ley moral. Y con Jesucristo, las leyes civiles
y ceremoniales de Israel fueron abrogadas. Jesús no estaba pecando. Jesús estaba haciendo un acto
de misericordia. Él no tenía que tocar al... Él tenía el poder para decir,
te sano, sin tocarlo. Te sano, no te toco porque tú
sabes que estás enfermo. No. Jesús tenía el poder para
acercarse, para tocarlo, y para sanarlo y así lo hizo hermano
así lo hizo qué hermoso qué glorioso él no estaba pecando esta fue una ley civil que fue
abrogada al llegar Jesús para revelar el amor de Dios hacia
un hombre solitario que moriría solo en un espacio sin familia
sin mamá que estuviera allí llorando a su hijo nada Jesús va y restaura
a este hombre con su amor aquí vemos una expresión grande de
amor hacia un necesitado hermanos qué hermoso es ver al maestro
sirviendo al necesitado qué hermoso es ver al maestro en el monte
enseñando y luego bajando del monte ayudar al que está necesitado. Eso es hermoso. Y eso es lo bíblico. Quiero, dijo Jesús. Usó la misma
palabra del leproso. Si tú quieres. Y Jesús dijo,
yo quiero. Quiero. Jesús afirma que es su
voluntad hacerle bien. Señor, si es tu voluntad, esa
es mi voluntad, hacerte bien. Esa es mi voluntad, sanarte.
El que el hombre disfrute del bien es la voluntad de Dios,
hermanos, amigos que me escuchan. Es la voluntad de Dios que tú
disfrutes del bien, de la benevolencia de Dios, de la bondad de Dios,
de la sanidad. Hermanos, muchas veces recibimos
mal por nuestros malos caminos. pero Dios no quiere esos malos
caminos el hombre es quien elige esos malos caminos Jesús vino
para traer sanidad no solamente al cuerpo sino también al alma
para la salvación y esa es su voluntad quiero Quiero tu bien,
quiero que seas limpio Quiero que andes en el temor de Dios
Quiero que seas un hombre piadoso No se pregunte si es la voluntad
de Dios Que usted sea fiel, no se lo pregunte Porque usted sabe
la razón y sabe la respuesta a eso Anda delante de mí y sé
perfecto Esa es la respuesta de Dios, anda en mi palabra Ay
Señor yo me voy a ir con el diablo hoy Esa no es la voluntad de
Dios ¡Ay Señor que yo voy a mentir hoy! Esa no es la voluntad de
Dios. Él quiere que hagamos su voluntad.
Él quiere que en nuestras vidas haya consolación. La consolación
la dio este leproso hermanos en Jesús. Encontró una expresión
de amor grande. Nadie posiblemente le había tocado
y Jesús le tocó. Lo que menos el leproso esperaba
era que Jesús le iba a tocar. Lo que menos esperaba los discípulos
era que Jesús le tocara, tocara al leproso. Eso es lo menos que
esperaba. Pues tú no ves que está enfermo
de lepra, no lo toques, háblele de lejos, de lejos. Sí, sí, está
bien, vamos a visitarte. No, no, así no. Jesús vino y
lo agarró. Ven, quiero. Usó sus propias
palabras. Jesús manda su limpieza total,
sé limpio. Y allí es una orden. Él le dice, mi voluntad es que
yo quiero hacerte bien. Y luego él da una orden, un mandato,
sé limpio. Mi voluntad es salvar a los discípulos
del mar embravecido. Calla, mar, viento, cálmate. Mi voluntad es que la niña sea
sanada, sea levantada entre los muertos. Niña, a ti te digo levántate. La voluntad de Dios y sus obras
están unidas, hermanos. La voluntad de Dios Tú tienes
que entender que cuando tú oras, cuando tú trabajas, cuando tú
quieres hacer algo, tú no puedes ir en contra de la voluntad de
Dios, porque entonces su poder y autoridad no estará para hacerte
bien. Mi oración, mi ruego, mi clamor
al Señor tiene que estar unido a la voluntad de Dios. Señor, tengo hambre, voy a robar.
Esa es la voluntad de Dios. Voy a hacer un negocio que no
es muy lícito. Esa es la voluntad de Dios. Voy a enamorar a una mujer que
no es mi esposa. Esa es la voluntad de Dios. Pregúntate
siempre. Esa es la voluntad de Dios. Si actúas contrario a su voluntad,
no esperes su salvación, no esperes su bien hacia tu vida, es desgracia
lo que te va a venir. Porque no elegiste la voluntad
de él, elegiste la tuya, la desobediencia y la rebeldía. Y después echaste
la culpa al diablo. Porque es más fácil, ¿verdad?
Eso fue Satanás que me tentó. Mentiroso, eso fuiste tú, que
chateaste con la mujer por celular y luego la buscaste y después
la llevaste a un sitio y te acotaste con ella. Mentiroso. Ay, que yo no quise ofenderlo.
Mentirosa, eres una rebelde y le faltas de respeto. Y te mandan a honrar a tu esposo,
pero tú no quieres. Eres una rebelde. Hermanos, no
ocultemos la realidad de nuestro corazón. Mejor, arrepintámonos. Actué mal, perdóname. Hice mal. Actué neciamente. Soy un necio,
perdóname. Es la voluntad de Dios lo que
estamos buscando. Hermanos, cuando este hombre
fue don de Jesús, estaba rogando, haz tu voluntad, y yo sé que
tú puedes limpiarme y Jesús dijo si mi voluntad es hacerte bien
y ordenó se limpio fue una orden que el dio hermano
la lepra huyó huyó de este hombre Jesús ordena,
manda su limpieza total, Él posee toda autoridad, ordena total
limpieza para el leproso y así cuando Él habla que el mar se
calma, así le obedeció la enfermedad, la lepra se fue. No me pregunten
cómo pero se fue, desapareció. ¿Acaso no Él hablaba con esa
misma autoridad a la muerte y al que estaba muerto? Lázaro ven
fuera una orden y Lázaro se levantaba de los muertos y salía caminando
hermano ando brinquito no es eso autoridad y poder amén eso
es autoridad y poder esa es su voluntad hacer bien pero amado
hermano observa que esta lepra los demonios el mar, el viento,
todo le obedece, todo le obedece y esto es importante que lo asimilemos
¿A quién tú crees que tú estás adorando?
Es al Todopoderoso, es al Eterno, es a Jesús, es al Padre, es al
Espíritu Santo, tú puedes orar Ora conforme a la voluntad de
Él, porque Él tiene el poder y la autoridad para actuar. En
el versículo 4, entonces Jesús les dijo, mira, no se lo digas
a nadie. Si no ve, muéstrate al sacerdote
y presenta la ofrenda que ordenó Moisés para que le sirva de testimonio
a ellos. En el versículo 4, Jesús ordena
que no diga a nadie nada. No hables de esto. Y aquí vemos,
hermanos, la búsqueda de Jesús de mantener bajo incógnita, mantener
oculto su poder y su autoridad. Jesús aquí no quiere salir en
el periódico, ni en las redes sociales, ni en Facebook, ni
nada de eso. Él no quiere salir en nada de
eso. Encontramos un hombre que sana, un leproso, se publica
en todas las redes sociales. Jesús no le interesaba eso. No buscaba eso. Y muchas veces,
hermanos, esto o esta forma de actuar en la que publicamos las
cosas puede servir para robarle la gloria a Dios. Puede servir
como un tropiezo. a las demás personas. Hay casos
en los que hay que publicarlo. Hay casos en los que hay que
publicar el servicio. Hay casos en que la gente demanda
qué se está haciendo. Si tal vez, vamos a poner un
ejemplo, una iglesia está siendo apoyada por otras, esas iglesias
necesitan ver en qué tú inviertes tu esfuerzo, tu tiempo, tu dinero,
porque te están apoyando. Entonces, ellas necesitan un
testimonio. Eso es una cosa aparte. Pero que publiquemos lo que hacemos
simplemente para que nos tiren foto y para que piensen bien
de nosotros, eso es robar la gloria al Señor. Eso es robarle
al Señor. Hermanos, Jesús tenía que cuidarse
por una tercera razón, por la razón de que Él en este mundo
no era bien recibido. Muchos querían aprovecharse de
Jesús. Muchos estaban buscando a un supuesto rey para poder
liberarse en una revuelta social, política, de los actuales gobernantes,
los romanos. Hermanos, Jesús no quería llamar
la atención. Jesús no quería ser usado por
estos políticos Pero tampoco Jesús quería aprovecharse de
un hombre pobre para recibir alabanza. Es triste escuchar
las últimas noticias de lo que está saliendo a la luz de esa
institución llamada USAID. Hermanos, les entregaron 2,000
millones, 2,000 millones de dólares. Y apenas aparecen 50 millones
en una institución. 2.000 y solamente entregaron 50. ¿Y qué pasó con los otros 1.550 millones? Se los robaron, hermano. ¿Quiénes? Los americanos, ellos mismos,
que estaban allá recibiendo todos esos millones con sus ONG. Se
lo robaron, no aparece, no saben dónde estaban, hermano. Ni Toronga
podía encontrar ese dinero, ni lo va a encontrar. Dos hermanos. ¿Para qué habían invertido ese
dinero? Hace como unos 15 años hubo un gran terremoto en Haití,
aproximadamente el tiempo, y eso desbarató Haití, destruyó Haití.
Y ahí se metieron todas esas ONGs, aquí estamos, ven, ayuda,
aquí estamos, envíen ayuda. Y hermano, 2,000 millones enviaron
y no llegaron. Entonces, Jesús no está interesado,
como estos ladrones, no está interesado Jesús en aprovechar
la salud de un enfermo para hacerse de la gloria o de las riquezas
de los hombres. Jesús no está interesado. Y ponga
muchas cosas más ahí. Nosotros, amados hermanos, tenemos
que mirar que esa que Jesús tenía que cuidarse. Él estaba en este
mundo, pero él no era parte de este mundo y de su carnaval. Como creyentes tenemos que cuidarnos,
no seamos parte del carnaval. No nos dejemos usar. ¿Qué aprendemos de este último
punto? La voluntad de Jesús es la voluntad del Padre. y saber
que Él quiere sanar y responder a pecadores, esto es consolador. Nos anima a orar, nos anima a
buscar a Dios en oración. Él posee toda autoridad, pero
también su voluntad es el de hacer misericordia. Hermanos,
las dos cosas. Muchas veces usted puede tener
dinero, la capacidad. Pero no tiene la voluntad. No
ama a las almas. No ama a las personas. Dios tenía
ambas cosas. La voluntad de hacer el bien,
el deseo de hacer el bien. Y lo hacía y la capacidad para
hacerlo. Nosotros como creyentes tenemos
que desarrollar esas dos cosas. Hermanos, tenemos que crecer
en una voluntad consagrada a Dios. en crecer en amor los unos por
los otros, en ser serviciales, empezando por nuestros propios
hogares. Y yo le pregunto a los hombres
que están aquí, ¿eres tú un hombre servicial con tu esposa, con
tus hijos? ¿Eres tú un hombre que cuida
de su hogar? Si es así, tú puedes servir en
la iglesia del Señor. Si es así. Pero si no es así,
tú no puedes servir a la iglesia del Señor. Porque tú tienes que
empezar a ser un diácono, un siervo en tu casa. Hay hombres que no comen si la
mujer no le pone la comida en el plato. Y está ahí como una
sierva esperando que le diga qué necesita. Por favor. Ese machismo tiene que terminarse. No podemos ser como los hombres
del mundo. En la que nosotros somos señores,
los demás, todos los demás son esclavos nuestros. No es así
como Cristo dice. Es al revés. Tú quieres ser el
primero, ser siervo de todos. Entonces, debe de haber una voluntad
piadosa, generosa, compasiva. Yo me pregunto tu pisto, ¿en
qué tú lo usas? ¿A cuántas personas tú ayudas,
sirves? ¿A cuántos hermanos tú te has
acercado para animarlo en medio de su aflicción y le has comprado
una medicina? ¿Qué voluntad tú tienes para
hacer el bien, para obedecer a Dios y su palabra? ¿Dónde está tu corazón en ese
sentido? No importa el dinero que tú tengas,
si eres un tacaño, si eres un hombre que no agradece nada,
un mal agradecido, no importa lo que tú tengas, no servirá
de nada. Necesitamos como creyentes desarrollar,
hombres y mujeres, una voluntad piadosa conforme a la voluntad
de Dios. y una capacidad. Por eso, hermanos, tenemos que
procurar en la capacidad que tenemos, en los dones que Dios
nos ha dado, tenemos que procurar ser excelentes, procurar servir,
usar las herramientas que Dios nos ha dado para hacer extender
el reino de Dios. Nosotros queremos que se levanten
jóvenes capaces, varones y hembras, que estudien, que se preparen,
Porque mientras más capacidad tiene, mejor puede cuidarse de
su hogar, mejor puede cuidar de sus padres ancianos, mejor
puede servir a su generación, mejor puede servir a la iglesia.
Pero si tú tienes una mala capacidad y una mala voluntad porque no
te sometes a Dios y eres un rebelde, entonces no sirves. No sirves. Necesitamos traer
a nuestros corazones el entendimiento, Dios nos ayude. Ambas cosas son
necesarias. Tenemos que imitar a Cristo. Y yo quiero concluir con estas
aplicaciones. ¿En qué condición venimos a Dios a pedir? Cuando
tú oras, ¿vienes a exigir o a rogar? ¿Vienes a aclamar por misericordia
o a exigir tu puesto como si tú tuvieras una cinco manzanas
en el cielo y que ya tú eres el hijo del rey? ¿Cómo tú vienes
delante de Dios? ¿Como el leproso, humilde, o
como el fariseo orgulloso? Yo hago esto, yo hago aquello,
yo hago lo otro, yo hago esto, yo hago esto. Hermanos, al momento
de acercarnos a Dios, no olvides quién tú eres. No olvide de dónde
fuiste sacado. No olvide lo que eres, una criatura,
delante de su creador inmenso, todopoderoso. Eso no lo olvides
para que vengamos delante de él con humildad, con reverencia,
pero también para que vengamos delante de él, señor, yo quiero
esto, pero haz tu voluntad. Señor, yo quiero que tú me ayudes
con mis hijos, pero haz tu voluntad en su vida. Señor, yo quiero
este trabajo, este negocio, esta familia, me quiero casar, pero
haz tu voluntad, yo lo quiero hacer a tu manera. Hasta que no haya un propósito
así en mi corazón, el propósito de yo hacer la voluntad de Dios.
Amados hermanos, o no hay crecimiento si eres creyente, o no eres creyente,
eres un impío que quiere vivir de acuerdo a tu deleite y placer. Si eres creyente, tienes que
madurar. Eso de que yo soy el centro del mundo y Dios tiene
que hacer todo lo que yo diga, óyeme, ese no es el camino. La
idolatría, ego, ego, ego, yo, egolatría, ese no es el camino.
Es el de la humildad del camino. Pero también tienes que creer,
tienes que conocer a tu Dios. Conoce a tu Dios. Él es el Todopoderoso. ¿Qué hay en la vida que Él no
puede hacer? Nada, todo lo puede hacer. Entonces, ven humilde
a hacer su voluntad, pero también con una fe tan grande y tan fuerte,
que la montaña que tú le vas a pedir a Dios que se mueva,
se va a mover ahorita mismo, porque Él puede. Hermano, hay
cosas que no van a suceder en tu vida por tu incredulidad,
porque tú vas a orar sin fe. Ese es el detalle. Hay cosas
que no van a suceder nunca. Es por tu incredulidad. Arrepiéntete. Arrepiéntete de tu incredulidad.
Es un pecado. Él puede. Él puede y quiere. Ahora, es su voluntad. Clama, Señor, ayúdame a conformarme
a tu voluntad y a creer que tú eres poderoso. Somos, en cierta manera, gente
muy humilde, hijas del rey, muy humildes, temerosos de su padre
e hijos del rey, rey de reyes, señores, señores. ¿Qué combinación? Cuando Dios se presentó delante
de Moisés, él se humilló como un hombre humilde. Pero luego
él fue y abrió el mar en dos, como un hijo del rey, con fe. ¿Qué combinación? Eso es lo que
nosotros necesitamos como iglesia y como creyente. Y en último
lugar, la palabra da testimonio de su poder y de su amor, de
su compasión. Anímate, amado hermano. Anímate
a orar. Anímate a buscarlo. Él expresa
su amor de forma tan sorprendente. Yo nunca me hubiera imaginado,
me imagino, me pongo en el lugar del leproso contándole a sus
hijos o contándole a su familia, nunca nadie me tocó, solo Jesús. Y cuando me tocó, me limpió. Ponte en el lugar del leproso
y piensa, Vives solo y desamparado y Jesús viril te toca. Nadie
hubiera hecho eso, ni los médicos lo tocaban. Sepárate y muere
solo. No, no vas a morir solo porque
has confiado en el Dios Todopoderoso. No vas a morir solo. Es una mentira
de Satanás. Confía en mí, cree en mí y serás
sano. Sé limpio. Eso, amado hermano,
es el amor de Dios revelado en Cristo. No es verdad que tienes
que estar atado por el diablo. No es verdad que tienes que servir
al diablo y morir sirviendo al diablo. Eso es mentira. Cristo
es poderoso para liberarte de toda tentación y de toda atadura.
Pero tienes que creer en Él y confiar con toda tu alma, con toda tu
mente y con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con todo
tu ser. Tienes que confiar en Él. Él
puede y Él quiere. Dios nos dé esa fe. Esa es la
fe evangélica en Cristo. Dios nos dé esa fe que rompa
las cadenas. Cristo la puede romper. Cree. Cree y serás salvo. Vamos, hermanos,
a orar. Padre, damos gracias por tu palabra.
Damos gracias por tu evangelio. Damos gracias por las muestras
de tu amor y de tu misericordia. Siendo nosotros leprosos en el
pecado, tú nos tomaste de la mano, nos rescataste. Señor,
trae aquí a estos leprosos, a los que aún no se han convertido.
Tráelos a ti. Tráelos con amor, con misericordia.
Tráelos por amor de tu nombre, a tu reino, al reino de tu amado
Hijo. Es en el nombre de Jesús que
te lo rogamos. Amén.
Jesús hace bien a un leproso
Series Evangelio de Mateo
Jesús quiere y hace el bien a un hombre que nadie deseaba tocar.
| Sermon ID | 332536514947 |
| Duration | 48:45 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Matthew 8:1-4 |
| Language | Spanish |
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