00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
mientras pasamos al pasaje que
vamos a tomar como pasaje principal segunda de corintios capítulo
5 verso 18 y 19 estaba pensando sobre cómo se
van acomodando las cosas y tal vez alguien podría pensar que
ha sido intencional lo de la lectura programada para antes
de empezar el culto lo de la santa cena y ahora el mensaje
que se va a compartir y bueno a pesar de que el pastor Jaime
sí conocía el sermón realmente escojo creer que es la providencia
del señor que es muy intencional en hablarnos sobre este punto
del Ministerio de la Reconciliación. Cuando lo que más se escucha
o se lee en las noticias son malas noticias, guerras, pleitos,
peleas, asaltos, asesinatos, delincuencia,
corrupción, daño a personas en situación vulnerable, porque
generalmente esos son los titulares de los periódicos, de los noticieros. ¿Cuánto nos anima a escuchar
buenas noticias? El Ministerio de la Reconciliación
es una de esas buenas noticias. Al revisar la historia y ver
como un país como Alemania, por ejemplo, ustedes saben que han
sido protagonistas en Primera, Segunda Guerra Mundial, esa persecución
a los judíos, el holocausto y la maldad que se ha producido ahí.
La gran parte del siglo XX producto de todas esas cosas que han ido
pasando en Alemania, se han creado incluso muros y división Alemania
Oriental y Alemania Occidental. A día de hoy no sé cuántos niños,
por ejemplo, estaban conscientes de que ha habido un tiempo en
la historia donde había esa división entre esos países. Hoy ya escuchamos
de una sola nación, fuerte, unida. ¿Cómo fue posible que se haya
logrado una reconciliación posguerra? Se han derribado muros para lograr
que una nación dividida ahora sea una nación fuerte, fortalecida. Porque han habido actores claves
que han logrado reconciliación. Podemos ver también en la historia
relatada en la Biblia la historia de la familia de Jacob. Él tenía
varios hijos, su favorito era José. Sus hijos, sus otros hijos
sienten celos por él, por ese favoritismo, y deciden deshacerse
de José. Y en sus planes están, incluso
querían asesinarlo. Terminan vendiéndolo y le cuentan
a su papá la historia de que había muerto. Me imagino esos años en los que
Jacob no pensaba que su hijo ya había muerto y tal vez pensando
que eso era una recompensa por todas las veces que él había
engañado a otros. Años después en la providencia
del Señor también la situación cambia, están en otro lugar,
Egipto, José es alguien muy favorecido. El favor de Dios se ve en la
autoridad que Dios le pone. Era segundo después de Faraón.
Y tenía la oportunidad propicia para cobrar venganza. Tenía a
sus hermanos en frente, sus hermanos con necesidad, necesidad económica. Era el momento justo, adecuado,
idóneo para decir después de tantos años de sufrimiento, de
todo lo que he pasado, de haberme separado de mi padre y lo que
me correspondía, era el momento. Muchos pensaríamos en algo semejante. Jacob toma ese tiempo propicio
para más bien buscar la reconciliación. y logra que su familia se logre
reunir después de tantos años y alegrar el corazón de su ya
anciano padre Jacob. Son historias de la vida real
que nos conmueven, tanto así nos conmueven que se escriben
películas basadas en historias reales que llegan a ser éxitos
de taquilla porque nos conmueve, nos gustan esas historias, nos
tocan las fibras más íntimas del corazón. Pero a veces, cuando
son historias de terceros, suenan bonito. Cuando nosotros somos
los protagonistas, otra es la historia. Pero hay una historia que es
mucho más fascinante que esas historias que acabamos de mencionar. Es la reconstrucción de un país
o la restauración de una familia. Y es el punto de partida de este
Ministerio de Reconciliación del que hoy vamos a hablar. Más
allá de uno mismo, el Ministerio de la Reconciliación es parte
de la serie La Iglesia en el Mundo o El Mundo en la Iglesia.
Esta es una pregunta relevante que como creyentes debemos hacernos
y frecuentemente volver a hacernos esta pregunta. Para examinarnos
como iglesia, para identificar dónde estamos y si toca corregir
también debemos de hacerlo. Porque el mundo ha ganado tanto
terreno que se ha metido en la iglesia. a veces de manera frontal,
donde el predicador mismo está guiando en esa dirección a los
miembros de las iglesias, pero en muchas ocasiones de manera
mucho más sutil. Nosotros no estamos todo el tiempo
como congregación, como creyentes viviendo juntos en una comunidad
de creyentes. Cada quien está después en su
día a día con sus actividades relacionándose en un mundo caído,
en un mundo que tiene un sistema de valores contrarios a la palabra
de Dios. Y no sé si estemos tan conscientes
de cómo el mundo ha permeado muchas áreas. ha traspasado muchas
áreas y nos ha adoctrinado en áreas que tal vez ni siquiera
nos hemos dado cuenta. En la primera parte de esta serie
habíamos hablado del exceso del individualismo que este mundo
promueve. Y hoy también, más allá de uno
mismo, vamos a hablar sobre el Ministerio de la Reconciliación. Muchas veces las iglesias en
su ánimo por alcanzar el mundo han renunciado a principios y
verdades bíblicas que no deberían ser negociables, que no deberían
siquiera tocarse. Pero en ese ánimo de querer hacerte
más amigable con el mundo y no cerrarte puertas, hemos renunciado
a ello. O en principio hemos negociado
Pero ese negociar es debilitar las puertas, las barreras, y
luego las siguientes generaciones las han ido abriendo de par en
par. Hemos cambiado, como Iglesia,
la predicación del Evangelio, que es el poder de Dios para
salvación, como dice la palabra. La hemos cambiado por estrategias,
por métodos, por programas, por cultos a la personalidad, o por
recetas simplonas para hacer sentir bien al ego de las personas
que están escuchando el mensaje. Algunos de nosotros hemos estado
allí, hemos sido partícipes de eso, cambiando el poder de Dios
por métodos humanos. Y algunos de nosotros hemos identificado
eso, nos hemos arrepentido, hemos visto la gravedad de eso y hemos
buscado alejarnos de eso. Hemos comprendido que estar en
ese extremo era un error, pero tal vez sin darnos cuenta nos
hemos ido al otro extremo de la vereda. ¿Quiénes están en
ese otro extremo de la vereda? Aquellos que, amparados en un
celo por la verdad, podemos inclinarnos a una posición que tampoco es
bíblica, una posición de contienda, división, orgullo, vanagloria,
falta de perdón. Y sin darnos cuenta, al igual
que en ese otro grupo que mencionábamos antes, nos alejamos del Evangelio
de Dios. Pero la receta no es tan fácil
como decir que yo estoy en un extremo o estoy en el otro extremo.
Ni siquiera es tan fácil como decir, entonces me toca ser equilibrado. Porque como varias veces se ha
dicho desde este púlpito, no se trata de ser equilibrados,
más bien se trata de ser bíblicos. Hoy, más allá de uno mismo, debemos
abrazar el ministerio de la reconciliación que Cristo nos ha encomendado.
Y eso es lo que hoy día vamos a considerar. Vamos a leer el pasaje que les hemos puesto.
Segunda de Corintios, capítulo 5. Vamos a leer desde el verso
11 hasta el verso 21. Segunda de Corintios 5, voy a
leer desde el 11 en adelante. Por tanto, conociendo el temor
del Señor, persuadimos a los hombres, pero a Dios somos manifiestos,
y espero que también seamos manifiestos a vuestras conciencias. No nos
recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos oportunidad
de estar orgullosos de nosotros, para que tengáis respuesta para
los que se jactan en las apariencias y no en el corazón. Porque si
estamos locos es para Dios, y si estamos cuerdos es para vosotros. Pues el amor de Cristo nos apremia,
habiendo llegado a una conclusión, que uno murió por todos, por
consiguiente todos murieron. Y por todos murió, para que los
que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó
por ellos. De manera que nosotros de ahora
en adelante ya no conocemos a nadie según la carne, aunque hemos
conocido a Cristo según la carne. Sin embargo ahora ya no le conocemos
así. De modo que si alguno está en
Cristo nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron de aquí
y son hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios,
quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos
dio el ministerio de la reconciliación, a saber que Dios estaba en Cristo
reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a
los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros
la palabra de reconciliación. Por tanto, somos embajadores
de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre
de Cristo rogamos, reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado,
le hizo pecado por nosotros para que fuéramos hechos justicia
de Dios en él. Señor, gracias por esta oportunidad
que nos das de poder abrir tu palabra. Gracias por este ministerio que
nos has dado. probablemente no lo hemos considerado
de una manera práctica o lo hemos dejado de lado y hoy sentimos
corazones cargados, capaces, que no se sienten capaces de
ser portadores de este ministerio. Señor, rogamos que abras nuestro
entendimiento de cada miembro, de cada asistente, hoy acá, Señor,
que tú puedas abrir el entendimiento y ayudarnos a considerar este
ministerio primero en nuestras vidas y después, Señor, que podamos
ser vasos útiles para ti, instrumentos tuyos para gloria y honra tuya. Te pedimos esto en el nombre
de Jesús. Amén. En especial, los versículos que
vamos a considerar son el versículo 18 y el versículo 19. La suprema
importancia de la reconciliación con Dios. ¿Por qué partimos de
este punto? ¿Por qué partimos de la importancia
de la reconciliación con Dios? Recuerdo que a lo largo de mi
vida, en diferentes circunstancias, me ha tocado ver o ser protagonista
de intentos de reconciliación. Y lo más práctico es llamar a esas
dos personas para que se reconcilien. Cristian, ven acá, ¿verdad? Y
decirles, ya, reconciliense, ¿no? Y entonces se dan la mano,
se dan un abrazo, pídanse perdón, perdón, ¿no? Y luego se van. Ojalá fuese tan fácil como hacer
eso. Probablemente en el caso de algunos
niños pequeños, esa situación va a ser más genuina, pero conforme
van a ir creciendo en edad van a notar que les va a costar más, que va a haber más carga, que
hacer eso no va a hacer que haya una verdadera reconciliación. La reconciliación no es fácil,
muchos de nosotros vamos a ver eso como un camino imposible. Probablemente por eso el apóstol
Pablo empieza por donde debe de comenzar, la
reconciliación con Dios. Si no partimos de este punto
fácilmente podemos otra vez terminar desviándonos como poníamos al
principio el ejemplo, a la derecha o a la izquierda, ya sea creyéndonos
más benevolentes que Dios, o por el contrario, no mostrando la
misericordia y el amor que Dios nos muestra a nosotros. ¿Hay algo más importante para
el hombre que la relación que tiene con Dios? Lo cierto es que probablemente
en este contexto de iglesia muchos vamos a decir que no. En este
contexto de iglesia vamos a decir que lo más importante es la relación
que tenemos con Dios. Pero a veces ni siquiera nosotros
hemos medido o hemos olvidado la tremenda diferencia que es
estar en paz con Dios o estar en enemistad con Dios. La Biblia
es muy clara porque dice que no hay un punto intermedio. No
podemos estar neutrales con Dios o estamos en paz con Dios o estamos
en enemistad con Dios. Si estamos en una situación de
amistad y paz con Dios, bienaventurado por ese hombre. Ni la más alta
de las enemistades ni la más grande dificultad que pases en
este mundo va a poder levantarse en tu contra. va a poder ser
equiparable a esa bendición que es estar en una relación de paz
con Dios. Pero así también aquel que, por
más que haya poseído todos los éxitos que este mundo pueda ofrecer,
o si ha conseguido todos los sueños que tenía desde pequeño,
que albergaba en su corazón, pero está en una relación de
enemistad con Dios, es el más miserable de los miserables. Hay muchas razones por las cuales
no consideramos en mejor dimensión lo que Cristo ha hecho. Primero
es el estado espiritual en el que el ser humano se encuentra. Realmente no consideramos la
gravedad de la maldad. Tendemos a querer medirnos con
aquel que es visto como el más malvado de los malvados. Probablemente
con un narcotraficante, con un asesino. Pero la Biblia es clara cuando
dice que no hay justo ni a un un. No hay quien busque a Dios. Nos cuesta concebir que Dios
no pueda pasar por alto nuestro pecado. y nos cuesta concebir la dimensión
de justicia y santidad de Dios. Pero lo cierto es que si nuestro
pecado no fuese tan grande, seguramente habrían varios caminos para cubrir
ese pecado. La Biblia relata lo grande, lo
complicado y cómo ese pecado realmente es una barrera para
relacionarnos con Dios. Y que solamente Cristo ha tenido
que pasar por lo que ha tenido que pasar el escarnio que se
hizo de él, la muerte que ha tenido que pasar para que nosotros
podamos estar en una relación de amistad, de comunión, de paz
con Dios. Y la pregunta es si Cristo merecía
eso y obviamente la respuesta es que no se merecía eso. Cristo
no merecía que la ira de Dios se derrame en él, pero a su vez
era el único capaz de cargar tremenda carga. Y ese ha sido
su propósito desde el principio. La Biblia dice que la retribución
del pecado es muerte. La Biblia también dice que los
hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus acciones
eran malas. Voy a citar a Hermán Janco, quien
explica algunas implicaciones que probablemente no hemos considerado. El Dios trino eternamente nombró
a Cristo para ser el mediador del pacto y así lograr la redención
plena y completa a favor de los elegidos. Él fue elegido para
llevar a cabo el propósito de Dios como Hijo de Dios en nuestra
carne para que Dios mismo llevara a cabo la redención. Dios estaba
en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo. Como dice el versículo
19 del pasaje que hemos leído. Cristo cumplió su llamado al
entrar en nuestra carne, en el vientre de la Virgen María, sufriendo
la ira de Dios, muriendo en la cruz, resucitando de los muertos
y ascendiendo al cielo donde Él es exaltado como Señor de
todos. Se nos dice en las Escrituras
que Cristo llevó la ira de Dios contra el pecado desde el principio
de su encarnación hasta el final de su vida en la tierra. Aquí
hay una maravilla, comenta Janco, Mientras que Cristo llevó la
ira de Dios a través de su vida, él también era consciente de
la aprobación de Dios para con él. Por ejemplo, en su bautismo
podemos leer en las escrituras que dice que se escucha una voz
y dice, este es mi hijo amado en quien me he complacido. Cristo
era consciente del favor de Dios y también era consciente de la
ira de Dios y así a lo largo de su vida terrenal. Muchas veces lo que más nos conmueve
de la muerte de Cristo es el padecimiento que ha sufrido,
el escarnio que ha sufrido de parte de quienes se burlaban
de Él, de los líderes religiosos, del ejército, del pueblo judío,
de quienes acusaban y castigaban a Jesús. Y si bien eso es algo
tremendo que se puede retratar muy gráficamente, por ejemplo,
en las películas, hay algo más tremendo que eso. Eso no ha sido
lo más terrible que Cristo ha tenido que cargar, lo más pesado
ha sido cargar la ira de Dios, que la ira de Dios se derrame
sobre él. James Packard dice, una mirada
a la concordancia nos revelará que en las escrituras hay más
referencias al enojo, a la ira de Dios, que a su amor y a su
benevolencia. Dios quiere hacer manifiesto.
Eso. Janco continúa explicando. Sin
embargo, entre más Cristo se acercaba a la cruz, la conciencia
de la ira de Dios crecía más y más, mientras que la conciencia
del favor de Dios disminuía. En la cruz, la conciencia del
favor de Dios fue completamente absorbido en la furia de la ira
de Dios. Y en ese momento probablemente
Cristo sólo reconocía la ira de Dios. Esa conciencia de la
ira de Dios se expresa en el grito de Cristo, Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado? Cristo ni siquiera se atreve
a llamarlo Padre, como en sus oraciones lo hacía habitualmente.
Él sólo pudo decir Dios, porque la ira era demasiado grande sobre
Él. tan grande era la abrumadora
ira de Dios que Cristo soportó, que Él ya no podía entender más
la necesidad de llevar la ira de Dios en ese momento. Pero como decíamos antes, Él
era el único capaz de cargar con eso. Y aún a pesar de ese
sentimiento que Él tenía, Cristo fue obediente. Filipenses 2.8 dice, y hallándose
en forma de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente
hasta la muerte y muerte de cruz. Realmente de este lado de la
eternidad no vamos a lograr entender el tremendo peso que Cristo ha
cargado. de la cual nosotros somos responsables, porque esa ira de Dios debía
derramarse sobre nosotros, pero Cristo ha decidido cargar
con eso. Volviendo a 2 Corintios 5, voy
a leer versículos anteriores 5-14, Segunda de Corintios 5.14,
pues el amor de Cristo nos apremia habiendo llegado a esta conclusión,
que uno murió por todos. Versículo siguiente, y por todos
murió para que los que viven ya no vivan para sí, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos. La más grande reconciliación
solo ha sido posible gracias a que Dios se ha acercado al
hombre por medio de Cristo. Y es en ese contexto que está
el versículo 17 que generalmente lo tomamos varias veces. De modo
que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas
viejas pasaron y aquí son hechas nuevas. La base es lo que Cristo
ha hecho, la base es el Evangelio. El hombre tiene tanto potencial
para alcanzar y lograr tanto, pero ¿a qué costo? A un costo
de darle la espalda a Dios. Si el hombre permanece en enemistad
con Dios, ningún éxito en esta tierra lo va a compensar. La
comunión con Dios es la esencia del propósito divino del hombre.
es por medio de nacer de nuevo por medio de Cristo que esa comunión
puede ser restaurada. Y para los creyentes es por medio
de esa comunión que nosotros podemos avanzar con el ministerio
de la reconciliación. Fuimos diseñados para relacionarnos
con Dios. Y Dios ha sido quien se ha acercado
a nosotros. Para lograr esa reconciliación.
Por medio de Cristo. Verso 18. Y todo esto procede
de Dios, refiriéndose a esa nueva vida. Quien nos reconcilió consigo
mismo por medio de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación. Como dicen la verdad principal,
reconciliación es restaurar una relación dañada entre dos partes. Según explica Alfonso Ropero,
la reconciliación consiste en unir lo separado, en cancelar
la deuda, en conducir a la amistad desde la enemistad, en traer
a la paz desde la ruptura. Dios nos reconcilió consigo mismo
por medio de Cristo. Versículo 19 Dios estaba en Cristo
reconciliando al mundo consigo mismo. Dios estaba en Cristo
restaurando una relación fracturada entre el hombre y Dios. Hermanos, esta es la base, este
es el mensaje. A veces, en algunos negocios
multinivel, te persuaden de vender un producto y para vender ese
producto lo que tienes que hacer es promocionar ese producto. A veces,
muchas veces, ni siquiera estás consciente, persuadido de que
ese producto funciona, pero no es el caso del cristianismo. Porque no estamos hablando de
un producto, estamos hablando primero de un mensaje, pero de
un mensaje poderoso que da vida. Reconciliación con Dios. Y lo más grandioso de eso es
que hemos sido llamados no solamente a reconciliarnos con Dios, sino
que también hemos sido llamados a buscar la reconciliación con
Dios de otras personas. Dios en Cristo ha encomendado
a sus escogidos la palabra de la reconciliación. Presten atención
a esos dos versículos que hemos leído, el versículo 18 y el versículo
19. En ambos dice, y todo esto procede
de Dios quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo.
Y la segunda parte del versículo dice, y nos dio el ministerio
de la reconciliación. El versículo 19, a saber que
Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando
en cuenta a los hombres sus transgresiones. Y luego la última parte dice
y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. En ambos, primero nos recuerda
el mensaje y después lo que se nos ha encomendado. Versículo 18 y nos dio el ministerio
de la reconciliación, versículo 19 y nos ha encomendado a nosotros
la palabra de la reconciliación. y recuerdo lo que estaba diciendo
Pablo antes en el verso 15, sino para aquel que murió y resucitó
por ellos. El trabajo que Dios nos ha dado
es el de proclamar y vivir la palabra de la reconciliación. Y entonces aquí nos encontramos
con los primeros tropiezos en la aplicación. Primero, ser portadores
de este mensaje. Vamos con nuestras Biblias a
1 de Juan capítulo 2 verso 3. 1 de Juan capítulo 2 verso 3. Y en esto sabemos que hemos llegado
a conocerle. si guardamos sus mandamientos.
El que dice yo he llegado a conocerle y no guarda sus mandamientos
es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero el que guarda
su palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado.
En esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece
en él debe andar como él anduvo. Él anduvo compartiendo el Ministerio
de la Reconciliación y ahora eso es lo que Él nos manda. Jesús nos ha llamado a hacer
lo que Él ha hecho, compartir el Evangelio. Primero, nosotros hemos sido
beneficiados con ese ministerio de la reconciliación y ahora
nosotros somos portadores de ese mensaje para que otros se
beneficien de ese mensaje. El verso 20 de 2 Corintios 5
dice, por tanto somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara
por medio de nosotros, en nombre de Cristo rogamos, reconciliaos
con Dios. Al que no conoció pecado le hizo
pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios
en él. A partir de esa gran obra que
hemos recibido como creyentes, que hemos experimentado como
creyentes, es a partir de esa gran obra que nosotros debemos
compartir ese mensaje transformador. Mientras aún estamos en este
mundo, tenemos la responsabilidad de rogar en nombre de Cristo. Reconcíliense con Dios. Reconcíliense
con Dios. Al que no conoció pecado, lo
hizo pecado por nosotros. Para que fuéramos hechos justicia
de Dios en él. Y no sé cómo te está yendo en
la evaluación de evaluarte, cómo estás siendo portador de este
Ministerio de la Reconciliación, pero en el mundo occidental,
por lo menos, probablemente muchos podemos esforzarnos por hacer
esta proclamación. Reconcíliate con Dios. y tal
vez vamos a sufrir alguna burla, vamos a sufrir alguna vergüenza,
algún desprecio, pero en el mundo occidental esas cosas son llevaderas,
por lo menos por ahora. En otros lugares, el escenario
es mucho más complejo. De hecho, en el contexto en el
que se escriben estas cartas, en las que Pablo escribe estas
cartas, el panorama era mucho más complejo, era mucho más desfavorable. Pero lo que este, el ser portador
de este mensaje del Ministerio de la Reconciliación, no es solamente
lo que nosotros estamos proclamando. Proclamar el Ministerio de la Reconciliación
no solamente es que nosotros prediquemos el Evangelio, sino
también es que vivamos el Evangelio. O mejor dicho, que vivamos en
el Evangelio. cambiando nuestra forma de pensar,
cambiando nuestra forma de actuar y entendamos que esto no es algo
sugerido sino que más bien es algo que se nos ha encomendado,
que se nos ha mandado. Esto significa que estamos llamados
a promover y buscar la reconciliación principalmente con Dios pero
por extensión unos con otros. Cuando a Jesús le preguntan cuál
era el principal mandamiento de la ley, Él lo resume en dos
mandamientos. Amarás al Señor tu Dios con todo
tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Y dice,
y el segundo es semejante a este. Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Hay una dimensión que no debemos
de ignorar. Y es como vivimos este ministerio de la reconciliación
en nuestra vida diaria, no solamente en nuestra relación con Dios,
sino entre nosotros. Esto es algo que la Biblia no
omite. Mateo capítulo 5 verso 23. Por tanto, si estás presentando
tu ofrenda en el altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene
algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar y ve y
reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu
ofrenda. La relación que tenemos con nuestro
prójimo sí puede afectar nuestra relación con Dios. Y es algo
que no debemos de negar. Y esto lo vemos claramente, por
ejemplo, quienes estamos casados en el matrimonio. Pedro en su carta dice, y vosotros
maridos, primera de Pedro, capítulo 3, verso 7. Y vosotros maridos,
igualmente convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres,
como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole
honor como coheredera de la gracia de la vida. para que vuestras
oraciones no sean estorbadas. O el apóstol Juan, en su primera
carta, capítulo 4, verso 20. Primera de Juan, capítulo 4,
verso 20. Si alguno dice, yo amo a Dios
y aborrece a su hermano, Es un mentiroso, porque el que no ama
a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien
no ha visto. Y esto es tan real, porque como
sabemos, especialmente cuando somos afectados o dañados por
otra persona, nuestra reacción natural va a ser cargar con esa
falta que esa persona ha hecho con nosotros. Es decir, tal tengo
algo en contra de esa persona y sabemos que eso va a ser especialmente
destructivo en la relación con esa persona. Por eso es que hay
tantos matrimonios que les cuesta resolver los problemas, porque
todo el tiempo estamos cargando las ofensas que unos a otros
nos hemos hecho. Y eso también pasa entre creyentes. realmente se necesita el poder
sobrenatural de Dios para que obre en cada una de las personas
involucradas y ver de manera visible el poder
de Dios en esa reconciliación entre partes. Pero parte de ver, el efecto
de ver ese poder es que se logre esa reconciliación. A veces hay matrimonios que están
tan dañados, tanta ofensa de una parte a otra, pero es cierto
cuando decimos que sólo Dios puede obrar y cambiar y darle
nuevo rumbo a ese matrimonio. Porque Dios puede obrar en nuestros
corazones y ayudarnos a ver nuestra parte. Y como se decía antes en la Santa
Cena, reconocer nuestras faltas, pedir perdón las veces que sea
necesario. No solamente en la Biblia está
a nivel de teoría como algo sugerido o como algo mandado, también
podemos ver ejemplos Hechos es un libro que nos ayuda
a ver cómo se movía la iglesia, principalmente la iglesia primitiva.
Pasamos a Hechos capítulo 12. Vamos a pasar por algunos pasajes
en Hechos. Hechos capítulo 12 verso 25.
Y Bernabé y Saúl regresaron de Jerusalén después de haber cumplido
su misión, llevando consigo a Juan, llamado también Marcos. Parece a tiempo del ministerio,
Bernabé es quien respalda el ministerio de Saúl. Y entonces
ellos empiezan a recorrer Y este punto es importante por
lo que luego pasa en Hechos 15. Pasamos a Hechos 15. Hechos 15,
versículo 36. Después de algunos días, Pablo
dijo a Bernabé, volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades
donde hemos proclamado la palabra del Señor para ver cómo están.
Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos,
pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien
los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en
la obra. Se produjo un desacuerdo tan
grande que se separaron el uno del otro, y Bernabé tomó consigo
a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre. Más Pablo escogió a Silas y partió
siendo encomendados por los hermanos a la gracia del Señor. Estas cosas en líderes de la
iglesia estamos viendo que pasaban, un desacuerdo, posiciones diferentes,
ya sea por desacuerdos por personalidad, por criterios o por decisiones
como en este caso. o por el pecado remanente que
también cargamos aún como creyentes, por nuestras pasiones. Y la historia
podría haberse quedado ahí, pero la Biblia nos da luces de cómo
Dios ha obrado logrando reconciliación. Segunda de Timoteo capítulo 4. Segunda de Timoteo capítulo 4,
verso 9. Procura venir a verme pronto,
Es Pablo quien está escribiendo esta carta. Procura venir a verme
pronto. Pues Demas me ha abandonado habiendo
amado este mundo presente y se ha ido a Tesalónica. Crescente
se fue a Galacia y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma
a Marcos y tráelo contigo porque me es útil para el ministerio. Y yo sé que a esa altura alguien
podría decir es que ya lo estaba llevando a nivel ministerial,
como en un trabajo donde tienes diferencias con alguien, cuando
tienes diferencias dice, ah, pero es un trabajo, tengo que
aguantarlo, tengo que tolerarlo y entonces voy a llevar la fiesta
en paz porque es trabajo. No creo que el enfoque de Pablo
haya sido ese. Y creo que en este caso en particular,
la Biblia da suficiente evidencia para mostrarnos que no ha sido
el caso. Realmente ha habido una reconciliación
entre Pablo y Marcos. Colosenses capítulo 4 verso 10. El contexto es Pablo está en
prisión en Roma cuando escribe a los colosenses. Colosenses,
capítulo cuatro, verso diez. Aristarco, mi compañero de prisión,
os envía saludos. Colosenses, capítulo cuatro,
verso diez. También Marcos, el primo de Bernabé,
acerca del cual recibisteis instrucciones, si va a vosotros, recibirle bien. Y también Jesús llamado justo,
estos son los únicos colaboradores conmigo en el reino de Dios que
son de la circuncisión, que son judíos. Y ellos han resultado
ser un estímulo para mí. Pablo, aquel que no quería viajar
con Juan Marcos ahora está mencionando, primero está encargando que si
Juan Marcos va ahí, que lo reciban bien. En muchas cartas vemos
que Pablo dice, recibanlo como si fuera yo mismo. Y después está diciendo, realmente
este hermano es un estímulo para mí. Creo que es suficiente evidencia
para mostrar el poder transformador de Dios. en seres humanos falibles que
nos cuesta como nosotros. Iglesia, Iglesia Bíblica de León,
hermanos, esquivar la reconciliación práctica es negar el Evangelio. No es algo que nosotros debemos
esperar a sentir, a que nos nazca. Si en nuestros propios matrimonios
esperamos a que nos nazca hacerlo, probablemente estamos en una
situación demasiado peligrosa. Pero no solamente en nuestros
matrimonios, en la relación que tenemos entre nosotros, en cómo
nosotros nos relacionamos con otros. Y aún si ha habido daño real
y si ese daño no ha sido pequeño, sobre la base del Evangelio,
sobre la base de lo que Jesucristo ha hecho por nosotros, es que
nosotros debemos de avanzar, avanzar con el Ministerio de
la Reconciliación. Cuando empecé esta serie yo pensaba
que los temas iban a ir por otro lado, pero creo que es importante,
y seguramente primero conmigo, la dirección de la importancia
de llevar este Ministerio de la Reconciliación, de proclamar
este Ministerio de la Reconciliación. No solamente a nivel de lo que
nosotros estamos diciendo, sino como estamos viviendo. El perdón
que Cristo ofrece es la base para vivir perdonando y pidiendo
perdón a otros. Que Dios nos ayude. Ya para casi
terminar, Romanos 5.10. porque si cuando éramos enemigos
fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo mucho
más habiendo sido reconciliados seremos salvos por su vida Éramos enemigos de Dios y Dios
se ha acercado a nosotros para reconciliarnos con Él entregando a su hijo, sacrificando
a su hijo. Pero hemos sido salvos para vida. Voy a leer la verdad principal.
Reconciliación es restaurar una relación dañada entre dos partes. Solo por medio de Jesucristo,
Dios reconcilia al hombre consigo mismo. A la vez, Dios encarga
este mismo ministerio a todo creyente. El Evangelio es el
mensaje de la reconciliación con Dios. Este mensaje debe cavar
profundo en el alma de cada creyente, de tal manera que pueda proclamar
y vivir de acuerdo a este mensaje de la reconciliación. porque agradó al Padre, que en
él habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar
todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la
sangre de su cruz, por medio de él. Repito, ya sean las que
están en la tierra o las que están en los cielos. Y aunque
a vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados
en malas obras, Sin embargo, ahora Él los ha reconciliado
en su cuerpo de carne mediante su muerte, a fin de presentaros
santos sin mancha e irreprensibles delante de Él. Que nuestras vidas
reflejen la magnitud de la reconciliación que hemos recibido y que nuestro
mensaje resuene en cada lugar donde el Señor nos pone. Vamos
a ponernos de pie y vamos a orar. Señor hay tantas cosas por las
cuales te podríamos dar las gracias como lo paciente que eres con
nosotros pero tal vez incluso debemos
volver más atrás y otra vez reconocer lo grande de nuestra maldad Señor
que no somos tan buenos como quisiéramos o como creeríamos
y a la vez Señor reconocer tu justicia y tu santidad Señor
en nosotros mismos no somos merecedores de tu amor no somos mejores que
aquel que puede que la sociedad pueda señalar como alguien malvado pero tú te has acercado a nosotros nos has alcanzado y en Cristo
Jesús hemos alcanzado tu perdón. Señor, realmente a veces con
los afanes de la vida no consideramos cuán difícil ha sido eso, cuán
pesado ha sido cargar con nuestras faltas, con nuestras maldades, que tu justa ira se derrame sobre
Jesucristo y a la vez nosotros no podríamos
ser fieles como Jesucristo ha sido Señor obediente de cargar
con aquello que nosotros no podíamos cargar Señor ayúdanos a ser portadores
de este ministerio de la reconciliación aclamar en el nombre de Jesús
reconcíliense con Dios reconcíliense con Dios tal vez incluso algunos
de nosotros hoy estamos en un sentido enemistados contigo Señor
rogamos tu misericordia en eso rogamos que tu Espíritu Santo
obre en los corazones logrando arrepentimiento y confesión
de pecado, pero a la vez esa fe puesta en quien sí ha podido
cargar con esa maldad, Jesucristo. Señor rogamos que tu Espíritu
Santo nos ayude a proclamar el mensaje de la reconciliación
con nuestras vidas, en nuestras relaciones con otros, Señor. Sabemos que cuando hablamos,
sabemos que lastimamos, sabemos que nos lastiman. Señor, rogamos que Tú nos ayudes
a, sobre la base de la obra de Cristo, buscar reconciliación
verdadera. no superficial, no pasajera,
no de apariencia, sino esa reconciliación eficaz que restaura a la situación,
la relación como antes era una relación de amistad, una relación
de paz. A la vez, cuán privilegiados
somos porque no solamente somos portadores de este mensaje, sino
que nos beneficiamos de este mensaje. porque podemos volvernos
a ti, volver al mensaje, recordar estas verdades. Señor, ahorramos para que de
esta iglesia, Señor, podamos ser mejores proclamadores del
Ministerio de la Reconciliación. Y Señor, en lo práctico sabemos
que hay matrimonios, que hay amistades, relaciones, fracturadas
también en este lugar. Ruego Señor que haya reconciliación. A nuestros ojos puede ser imposible,
pero lo que para nosotros es imposible para ti es posible,
Señor. Tú puedes lograr esa reconciliación. Oramos por eso. Te lo pedimos
en el nombre de Jesús. Amén.
El ministerio de la reconciliación
Series Contracultura
Verdad principal: Reconciliación es restaurar una relación dañada entre dos partes. Solo por medio de Jesucristo, Dios reconcilia al hombre consigo mismo. A la vez, Dios encarga este mismo ministerio a todo creyente: el evangelio es el mensaje de la reconciliación con Dios. Este mensaje debe cavar profundo en el alma de todo creyente, de tal manera que pueda proclamar y vivir de acuerdo a este mensaje de reconciliación.
Escrituras tomadas de: La Biblia de las Américas® (LBLA®), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.LBLA.com
| Sermon ID | 33241845295481 |
| Duration | 56:11 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | 2 Corinthians 5:18-19 |
| Language | Spanish |
Add a Comment
Comments
No Comments
© Copyright
2026 SermonAudio.