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Sí, saludos. Una vez más estamos
aquí en lo que es compartiéndole esta lectura que yo tengo acá
celebrando cada cierto tiempo, un librito cortito, pero que
me he tomado el tiempo para compartirlo con ustedes. Así que les invito
por favor a que me acompañen en la lectura. Está bien interesante. Y si le interesa adquirir este
ejemplar, pues tan solo tiene que decírmelo en los comentarios
y con gusto les estaremos haciendo llegar un ejemplar a su hogar. ¿Qué es creer? Es el título de
este libro. Pero hoy nosotros vamos a estar
leyendo el capítulo 5. Creer en Cristo es el mandamiento
de Dios. Creer en Cristo es... Y nos dice así la lectura. Creer
en Cristo es el mandamiento de Dios. Capítulo 5. Repetimos,
la fe es el 100% un don de Dios, pero al mismo tiempo el 100%
un ejercicio del hombre. Número 2. El primer mandamiento
es el amor, pero la base del amor es la fe. Por eso en la
Biblia viene antes el mandamiento de creer que el de amar. Sobre estos dos datos vamos a
meditar en este capítulo. Comenzamos. Fe es la obra de
Dios. Constantemente Jesús hace resaltar
que la fe es el único camino hacia la vida eterna. Muy breve
y conciso, Juan 6, 47 nos dice, el que cree en mí tiene vida
eterna. Cuando los judíos preguntaron
a Jesús, ¿qué debemos hacer para poner en práctica las obras de
Dios? no le responde con una referencia a los diez mandamientos
y ni siquiera síntesis de la ley en el mandamiento del amor.
Llama a la fe en él como la primera y verdadera obra que Dios anhela
de nosotros. Juan 6, 29 nos dice, respondió
Jesús y les dijo, esta es la obra de Dios que creáis en el
que él ha enviado. Quizás usted quede sorprendido
de eso, pero desde el punto de vista de la Biblia es muy comprensible,
ya que sin la fe nada bueno podemos llevar a cabo. Según eso, tampoco
lo más importante de la ley, el amor. Si quieres saber hacer
algo de la ley de Dios, también el amor, entonces primero tienes
que creer, porque solo por la fe somos unidos a Cristo y por
Él podemos producir el fruto del amor. La incredulidad es el pecado.
Eso se desprende de lo arriba expuesto y se enseña también
de modo expreso en la Biblia. En su discurso de despedida,
Jesús promete el Espíritu Santo como el consolador que tomará
su lugar cuando Él haya subido al cielo. Y Él enumera tres cosas
que hará el Espíritu Santo. La primera es, y cuando Él venga,
convencerá al mundo de pecado. Muchos ponen un punto detrás
de eso. Afirman que el Espíritu Santo
en primer lugar nos presentará la ley de Dios, de modo que tengamos
el sentimiento de que con frecuencia y de muchas maneras hemos transcendido
esa ley y luego después nos lleva a Cristo. Por eso piensan que
primero se debe predicar muy detalladamente sobre el pecado
y que tal vez luego se pueda abrir un resquicio de la puerta
hacia Cristo. Entonces reconocemos abiertamente
que un hombre solo puede aceptar a Cristo como Salvador si al
mismo tiempo es consciente de que es un pecador. Pero no puedes
citar a Juan 16, 9 para esta verdad bíblica porque no hay
ningún punto sino una coma. Aquí se lee, de pecado, coma. por cuanto no creen en mí". Juan
16, 9. Como la fe es la obra de Dios,
así también el no creer en Cristo es el pecado, la síntesis y el
abominable punto álgido de todo pecado. Eso significa que el
Espíritu Santo nos quiere convencer de que de todos nuestros pecados,
el más grave es que hasta ese momento nos hemos negado a creer
en Cristo. Eso significa que en la predicación
debemos siempre indicar ese pecado capital. En determinados círculos
se ve toda clase de pecados, sobre todo en el terreno del
sexo, horribles, pero que alguien no cree en Cristo se ve como
algo corriente, casi como normal y dado por descontado. A veces
eso se pone tanto en práctica que de hecho la seguridad de
la fe se hace sospechosa y la duda se ensalza como una muestra
de piedad. los que con todo desnuedo declaran
que creen inquebrantablemente en la promesa del amor de Dios
en Cristo, con frecuencia son considerados como demasiado ligeros
y disipados. Tú serás un buen cristiano a
sus ojos cuando hables mucho de las dudas que tienes sobre
el perdón de tus pecados. ¿No son igual que los judíos
que tenían celo de Dios y de la religión, pero no conforme
a ciencia, como nos dice Romano 10, 2? No tienen ningún discernimiento
de las verdaderas intenciones de Dios. Al contrario, cuando
oyen a alguien lleno de alegría dar testimonio de Dios como Padre,
quien no le tiene más en cuenta sus pecados, sino que con plena
misericordia le quiere abrazar como su hijo pródigo, le miran
con amargura. Lo mismo que el hermano mayor
de la parábola de Lucas 15. Eso no se hace así. Antes tiene
que suceder algo más. Si después de largos años llegasen
a confesar su mayor pecado, dejarían para siempre la costumbre de
señalar con su dedo acusador a los otros. entonces gritarían
en su quebrantamiento. Yo he cometido durante largos
años, desde mi más tierna infancia, cada día y en cada momento el
mayor de los pecados que se puede imaginar. Dios, en su incomprensible
amor, ha dado a su amado hijo para que yo fuese reconciliado
con Dios por medio de su horrible muerte y sufrimiento, y yo he
rehusado aceptarlo para mí. El Espíritu Santo, por la Palabra
de Dios que la ha inspirado, me ha querido convencer de ese
gran pecado de que yo no quise creer en Cristo. Antes bien he
cerrado mis oídos, he taponado mis oídos con la dogmática para
no oír la voz del Espíritu. ¡Ay de mí! efectivamente, hay
de mí. Pero precisamente cuando alguien
exclama eso, puedo animarle desde la Biblia con, bienaventurado
tú, porque ahora has llegado por fin al discernimiento y al
reconocimiento del grandísimo pecado que durante tanto tiempo
has cometido. Es decir, que siempre has rechazado
aceptar en Cristo en fe como tu Salvador. Ahora el camino
de la salvación está completamente abierto para ti. Ahora todas
las promesas de la Biblia sonarán como música en tus oídos, así
como bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada
y cubierto su pecado. o también como nos dice otro
pasaje de las Escrituras, mientras callé, mientras traté por todos
los medios de ocultar mi incredulidad, se envejecieron mis huesos. Pero
mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad, y tú perdonaste
la maldad de mi pecado. Así se manifiesta David ante
el Señor. Pero por eso pudo, al final del
Salmo 32, dar gritos de alegría. Alegraos en el Señor y gozaos,
justos, y cantad con júbilo, todos vosotros, los rectos de
corazón. Convertirse es creer en Cristo. Hemos hablado en el capítulo
1 sobre lo que es la conversión, sin embargo quiero volver sobre
el tema. Muchos entienden la palabra bíblica conversión como
un cambio por el que un hombre que vivía mal ahora va a llevar
una vida buena. Pero si eso es así, yo no me
puedo contar seguramente entre los convertidos, porque tengo
que admitir con Pablo, yo sé que en mí, esto es, en mi carne,
no more el bien. Romanos 7, 18. Jesús dijo, Así
os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un
pecador que se arrepiente o convierte. Lucas 15, 10. Pero si aquí se
entendiera por conversión el cambio de una mala vida en una
buena, entonces nunca en los cielos se han alegrado por mí.
Cierto, yo puedo además confesar lleno de alegría que me he vuelto
un hombre bueno, pero eso es únicamente por la bondad de Cristo.
Jesús ha dicho No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el
árbol malo dar frutos buenos. Mateo 7, 18. Yo he sido hecho
árbol bueno, no porque haya mejorado de vida, sino porque yo por la
fe, como una rama, he sido injertado en Cristo, el árbol de la vida. Sólo cuando por la fe estoy unido
a Cristo, soy un árbol bueno y llevo buenos frutos. Por desgracia,
si mengo a esa fe por la que yo soy uno con la vi, también
se dan en mí los frutos malos. Así podemos comprender que Juan
escriba, todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado
porque la simiente de Dios permanece en él y no puede pecar porque
es nacido de Dios. Primera de Juan 3, 9. Pero también,
si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos
y la verdad no está en nosotros. Primera vez Juan 1.8. Mientras
por la fe seamos uno con Cristo, nacido de Dios, no podemos pecar. Pero porque nosotros podemos
no permanecer en esa pura fe, todos ofendemos en muchos aspectos,
como nos dice Santiago 3. Finalizamos lo que es la lectura
de este capítulo 5 de este libro, que es creer. Como le decía, si a usted le
interesa adquirir un ejemplar para usted tenerlo totalmente
gratuito, en los comentarios me puede dejar su solicitud y
un medio a través del cual podamos contactarle para así hacerle
llegar su ejemplar a su casa. Ha sido todo por este día. En
una próxima ocasión seguiremos leyendo este libro, que es creer. Que la pasen muy bien. y
CREER EN CRISTO
Series Lecturas Devocionales
- La fe es el 100 por ciento un don de Dios, pero al mismo tiempo el 100 por ciento un ejercicio del hombre.
- El primer mandamiento es el amor, pero la base del amor es la fe. Por eso en la Biblia viene antes el mandamiento de creer que el de amar.
Sobre estos dos datos vamos a meditar en este capítulo
Acompáñame y envíame tus motivos de oración, acciones de gracias o inquietudes en el chat o a través del número: +1(809)234-7795 y el correo electrónico: [email protected].
| Sermon ID | 33241724495481 |
| Duration | 13:03 |
| Date | |
| Category | Audiobook |
| Language | Spanish |
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