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Vamos a dar lectura a Lucas capítulo
7. Esta historia también está en
el Evangelio de Mateo pero vamos a estar estudiando aquí en Lucas
algunos detalles vamos a ver en Mateo. Lucas capítulo 7 de
los versos 1 al verso 10. Vamos a orar antes de leer y
después vamos a comenzar. Señor, gracias por esta última
alabanza en especial que nos dice que pongamos nuestra mirada
en ti. Y ahora que vamos a estudiar
tu palabra, ayúdanos como iglesia a poner nuestros ojos en ti,
Jesucristo, en esta historia y que podamos realmente entender
lo que ha sucedido, lo que ha pasado, y que eso produzca esta
obra en nuestros corazones, Señor. Gracias por este pasaje. Te pedimos
tu ayuda, tu Espíritu Santo, para poder compartir, poder meditar,
pensar y que estas verdades realmente puedan afectar nuestra vida,
transformar nuestra mente y nuestro actuar, Señor. Gracias en el
nombre de Jesús. Amén. Lucas 7 de la Biblia de
las Américas dice Cuando Jesús terminó todas sus palabras al
pueblo que le oía, se fue a Capernaum. Y el siervo de cierto centurión,
a quien éste apreciaba mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Al oír hablar de Jesús, el centurión
envió a él unos ancianos de los judíos, pidiéndole que viniera
y salvara a su siervo. Cuando ellos llegaron a Jesús,
les rogaron con insistencia diciendo, el centurión es digno de que
le concedas esto, porque él ama a nuestro pueblo y fue él quien
nos edificó la sinagoga. Jesús iba con ellos, pero cuando
ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a unos amigos
diciéndole, Señor, no te molestes más, porque no soy digno de que
entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me consideré
digno de ir a ti. Tan solo di la palabra y mi siervo
será sanado. pues yo también soy hombre puesto
bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes y digo a este
ve y va y al otro ven y viene y a mi siervo hace esto y lo
hace. Al oír esto Jesús se maravilló
de él y volviéndose dijo a la multitud que le seguía, os digo
que ni aún en Israel he hallado una fe tan grande. Y cuando los
que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron sano al
siervo. Yo quiero que estés muy atento a Jesús
en esta historia. Y aunque tiene muy poca participación,
quiero que estés atento y puedas más o menos imaginar, por así
decir, cómo se sintió Jesús y lo que aquí va a pasar, aunque el
protagonista principal parece ser que no es Jesús en esta historia,
pero me gustaría que pongas tu atención, tus ojos en Jesús y
vayas viendo cómo se va desarrollando esta historia y cuál crees que
era la actitud o el corazón o el sentir de Cristo mientras esto
acontecía. Aquí hay una frase en el versículo nueve ¿verdad? que fácilmente
es la frase justo que Jesús menciona que uno lee esta historia y no
encuentra este tipo de frases a lo largo de la biblia ¿no?
que dice al oír esto Jesús se maravilló de él es decir de este
centurión y volviéndose dijo a la multitud que le seguía os
digo que ni aún en Israel he hallado una fe tan grande hay
otro pasaje en la biblia en los evangelios que también habla
de que jesús estaba maravillado pero era de la incredulidad de
ellos en esta oportunidad dice que está maravillado de la fe
de este hombre entonces estaba mencionando este verso porque
fácilmente uno mira el pasaje y fácilmente uno dice el tema
de este de esta historia es la fe de este centurión y Después uno puede mirar en la
frase que el centurión dice cuando Jesús se está acercando a su
casa y le dice, cuando manda a los amigos de Jesús, perdón,
del centurión para decirle a Jesús que ya no se acerque más porque
no es digno de que entre bajo su techo y el centurión dice,
tan solo di la palabra y mi siervo va a sanar. Y entonces ahí uno
más puede ver acerca de, otra vez, sí, la fe de este hombre,
pero acerca también del poder de la palabra de Jesús, ¿no?
Que ni siquiera necesita acercarse, que si desde esa distancia él
solo dice una palabra, este milagro va a acontecer. Entonces, otro
tema que también se puede ver ahí acerca del poder de la palabra.
Pero a lo largo de viendo, leyendo, leyendo, leyendo, creo yo que
estos no son los temas principales en esta historia. Y vamos a ir
viendo algunas cosas que Creo yo muy importantes. Personalmente
confieso que cuando vi el tema no imaginaba que este iba a ser
el tema. Rápidamente ya lo veía de lejos y decía, va a ser la
fe. Está maravillado de la fe, ¿no?
Y la fe. Y a todos nos gusta escuchar
acerca de la fe porque todos de alguna manera estamos esperando
algo y es como un ánimo para decir, ten fe, ya viene, ten
fe, ¿no? Pero no es el tema. Aunque es
un subtema que está ahí. Y creo que es un tema mucho más
importante en este tiempo aún para mi vida y para, creo, como
iglesia también. Y vamos a ir viendo esto, hermanos, lo que está pasando acá. Y solo
quiero empezar en cuanto al título, Tú eres digno. Miren esta cosa
interesante y después vamos a llegar ahí. Dice en el verso 2, donde
va a empezar en el contexto, solo para justificar el título,
dice, Y el siervo de cierto centurión, a quien este apreciaba mucho,
estaba enfermo, a punto de morir. Este es un gentil romano, centurión,
hombre de ejército, a cargo de 100 soldados, y tiene un esclavo
o un siervo en su casa, Y este siervo dice que estaba enfermo,
a punto de morir. Mateo dice que estaba con una
parálisis, postrado en una cama. Pero acá dice algo interesante.
Este centurión dice que apreciaba a este siervo. En algunas versiones
dice lo estimaba, lo quería, dice la reina Valera. Pero ahí
los que tienen la Vila de las Américas hay un numerito para
decir que también puede ser traducido esto, ¿cómo? ¿Para quién él era
honorable? Este siervo, este esclavo, para
este centurión romano, dice que era honorable. ¿Qué significa
en un diccionario sencillo la palabra honorable? Vas a un diccionario
y buscas honorable y te sale ahí al lado, digno de honor.
Y tú buscas, sigues, ¿y qué es digno de honor? Es alguien que
merece la ayuda o lo que se le va a dar, merece. Entonces, miren
esta primera etapa, primera fase, digamos. El centurión está diciendo
de su esclavo, él es digno de honor. Está muriendo y los judíos que hablan de Jesús a los oídos
de este soldado y él escucha y les pide que puedan ir a Jesús
y le pidan que pueda venir para sanar a su siervo, los judíos
van a Jesús y en el versículo 4 dice que le insisten diciendo
el centurión, y aquí se repite otra vez el punto, es digno,
otra vez la palabra, el centurión es digno de que le concedas esto. En otras versiones como la NTB
dice, si alguien merece la ayuda, es él. Otra vez, el centurión
dice de su siervo, él merece. Los judíos dicen del centurión,
él merece. Y llegamos al versículo 6. Entonces
Jesús escucha a estos ancianos y los está acompañando a ir en
la ayuda de este siervo, pero noten que estos ancianos no abogan
por el siervo, están abogando por el centurión. El centurión
no era el del problema, el problema era el del siervo. Entonces uno
aboga por uno, el otro aboga por otro y el argumento es, él
merece, él es digno, él es digno. Llegamos al versículo 6 y dice,
Jesús manda a unos amigos para decirle a Jesús que no se acerque
más a la casa Y el argumento que este hombre dice, de sí mismo
ahora el centurión va a decir, porque no soy digno. No soy digno. Él es digno, ellos
dicen tú eres digno, él dice de sí, yo no soy digno. Y otra
vez en una versión más popular como la de las Américas es, no
te molestes en venir a mi casa porque no soy digno de tanto
honor. No merezco que entres bajo mi techo. porque ni siquiera
me he considerado digno de ir a ti. Por eso he mandado unos
ancianos. Podía yo ir a ti, pero he mandado
a ellos porque ni considero estar en tu presencia y mucho menos
que entres, mucha cosa es que entres a mi casa. No soy digno. Entonces aquí hay tres veces
la palabra interesante, él es digno a su siervo, los judíos
al centurión, él es digno, él merece, y él dice de sí mismo,
no soy digno, no merezco. Y entonces yo estaba pensando,
y por eso digo, pon atención a Jesús en esta historia y dice,
entonces ¿quién es digno? Y vas a ver la respuesta en esta
historia. Por eso el tema ahí dice, tú eres digno, tú eres
digno. Y empezamos con ahí en sus bosquejos,
en el primer punto de esta historia, cómo era y lo que él hacía en
favor de los demás, este centurión. Claramente se puede ver ahí algunas
cosas y vamos a ver cómo actuaba este hombre, que no estaba supuesto
a hacer todo lo que este hombre hacía. Pero piensa por un momento
conmigo y revisemos las cosas que él estaba haciendo. Lo primero
que es interesante ver de este hombre es que este hombre, este
centurión, no buscaba reconocimiento. Y eso es algo interesante. Porque
empieza diciendo, diciendo, había un esclavo de cierto, de cierto
centurión, ni su nombre. Y es interesante que no buscaba
reconocimiento, porque el argumento de los judíos cuando van a pedirle
a Jesús que venga y le ayude a su siervo, ¿cuál es? Le dicen,
cuando ellos llegaron a Jesús, verso 4, les rogaron con insistencia,
diciendo, el centurión es digno de que le concedas esto, porque
él ama a nuestro pueblo. Y aquí miren el tiempo, dice,
y él fue el que nos edificó esta sinagoga. Es decir, la sinagoga
ya estaba edificada, pero nadie sabía, o muchos no sabían quién
lo había pagado. Pero él fue el que lo pagó y
ahora Jesús estaba enterando que posiblemente en este lugar
que es Capernaum era la única sinagoga que tenían los judíos
y había sido pagada por este centurión. Y aquí le están informando
a Jesús, y por si no sabías Jesús fue él el que pagó la construcción
de esta sinagoga. Este hombre era una persona que
no estaba buscando ningún tipo de reconocimiento. como a veces
vemos cuando alguien hace una construcción y ponemos una plaqueta
con el nombre de la persona y el año que lo ha hecho. Pero él
no hacía eso. Otra cosa que es interesante
acerca de cómo era y lo que él hacía este hombre, dice en el
versículo 2, y el siervo de cierto centurión a quien él apreciaba
mucho, estaba enfermo y a punto de morir. Esta historia rápidamente se
puede confundir con esta otra historia de este otro centurión
que corre a Jesús, pero no era su siervo. ¿Quién era? Su hijo.
Y la desesperación se comprende porque es tu hijo. Cuando tu
hijo está enfermo, lo que hacemos, ¿verdad? Pero aquí dice que era
su esclavo y dice que estaba tan preocupado porque lo quería
y no dice que solo lo quería, lo quería mucho. Entonces, podemos
ir viendo la ¿Cómo era este hombre y lo que él hacía? Que estimaba
y se preocupaba por alguien que ni siquiera era su hijo. ¿Habrá
tenido hijos? Tal vez. Pero este era su esclavo
y por él dice que se preocupaba y lo estimaba mucho. Rápidamente, después de haber
hablado de esta palabra digno, una clara característica de este
hombre es que este era un hombre humilde. Y vamos a ver más adelante,
pero... Porque repite varias veces, yo
no soy digno. Ni siquiera, ni siquiera podía
acercarme a tu presencia. Es como recordamos a Juan el
Bautista que decía, ni siquiera soy digno de desatar la correa
de su calzado. Ni siquiera. Y algo que yo estaba
pensando en este tiempo mientras hacía esto es que a veces nosotros
decimos algo así, ¿verdad? Señor, no merecemos nada. No
somos dignos. pero pasan cosas en las acciones
que no demuestran, que no hay coherencia con eso en nuestra
vida y es más teoría a nosotros, es más superficial. Pero vamos
a ver que este hombre que está diciéndole a Jesús, no soy digno
y esta humildad no es algo, porque a veces, en ese librito que hemos
estado compartiendo en la iglesia que se llama Del Orgullo a la
Humildad, El autor de ese libro está tratando de mostrar las
distintas maneras en que se manifiesta el orgullo. Y una de las maneras
en que el orgullo se manifiesta es con una falsa humildad también,
¿no? Queriendo aparentar que eres humilde, pero en el fondo
estás haciendo eso porque eres también orgulloso. Pero no es
lo que está pasando aquí, lo vamos a ver con esta persona.
Esta persona era una persona humilde. Estimaba realmente a
los demás como superiores a sí mismo. Estamos hablando de un
centurión romano y un esclavo. Otra de las cosas que podemos
ver acerca de este hombre y lo que él hacía es que si él tenía
la oportunidad de ayudar, lo hacía. Este hombre era bondadoso
con su dinero, como hemos visto cuando le dicen a Jesús, Él nos
ha edificado la sinagoga. No tengo idea cuánto dinero.
Tal vez era una persona muy acomodada, ¿sí? Y fue él el que dio el dinero
para la construcción, era bondadoso. Y también dice en el argumento
ahí, porque él ama a nuestra nación. Y esta palabra amar que
hemos estado aprendiendo, es decir, él se preocupa, él busca
nuestros intereses, importa nuestra nación, Señor Jesús. Y Jesús
era judío. Y le está diciendo, este hombre
es bondadoso, es humilde, este hombre no está buscando un reconocimiento,
Otra de las cosas que podemos ver de este hombre es que era
una persona bien cuidadosa y delicada. Decimos delicado, ¿recuerdan
cuando uno va a la casa de alguien y te invitan algo y comes solo
lo necesario o no quieres abusar y eres muy cuidadoso? Pero otra
vez, insisto en esto, podemos llegar a ser nosotros así, pero
de una manera un poco más externa, ¿no? Como te saludamos, ¿cómo
estás? Y somos delicados, pero en la realidad, en nuestras acciones,
muchas veces eso ya no es una realidad. No estoy diciendo que
no hay que ser lo uno si es que no vas a ser lo otro. Está bien
ser delicados, pero vamos a ver qué estas palabras de esta persona.
Por ejemplo, cuando le dice a Jesús, en el versículo 6 dice, Señor,
no te molestes más, porque no soy digno de que entres bajo
mi techo. ¿Qué está diciendo? Ya el hecho de que te he mandado
personas, yo sé que te estoy molestando. O sea, ya no te molestaré
más. Ya te he molestado demasiado.
Tal vez estás ocupado en varias cosas y yo aquí molestándote. No te molestes más. Es una persona
claramente cuidadoso, delicado en cuanto al tiempo y los intereses
de otra persona. No te molestes más. Como he dicho, algo que nos enseñan
en nuestra cultura, algo que siempre se dice cuando vamos
a veces a visitar a parientes en el campo, es que nosotros
venimos de una cultura de reciprocidad. Cuando te invitan algo, tienes
también que corresponder. Cuando te regalan algo, tienes
que también regalar. Eso es algo cultural. Y creo
que del todo no está mal, pero este hombre no era así. Este
hombre no hacía cosas para recibir. Y eso es bien interesante. A
lo largo de la historia, fíjate cómo actúa, cómo hace las cosas. Te vas a dar cuenta que todo
lo que él está haciendo no está siendo como para recibir algo.
A todo esto, hermanos, pensando un poquito y repasando lo que
acabo de decir, como dice en 1 de Juan, capítulo 3, verso
18, dice, Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino
de hecho y de verdad. Este hombre amaba, pero no era
solo de palabra. de hecho, con su dinero, con
su tiempo, con su interés. Y yo estaba pensando, mira otra
vez repasando, no buscando reconocimiento, es algo que a nosotros nos cuesta.
Cuando nosotros hacemos algo, por más pequeño que sea, tenemos
que luchar con nosotros mismos para que los otros no se enteren
que fuimos nosotros los que hicimos eso. Y yo cuando estoy pensando
eso, yo esta semana al estudiar esto me estaba dando cuenta cuán
natural es para mí hacer eso. Yo tengo que frenarme para no
hacerles saber a otros que yo hice eso, que yo pagué eso. Eso
es contra naturaleza de mí y de mi persona. Entonces este hombre
era una persona así. Hemos dicho que este hombre se preocupaba
por personas que ni siquiera eran sus parientes, como este
esclavo. Era un hombre humilde. Era un hombre bondadoso con su
dinero, con su tiempo, cuidadoso, delicado. Y una pregunta que,
obviamente, nosotros vemos este tipo de persona. Y yo digo, ¿te
gustaría ser así? ¿Te gustaría realmente ser así?
Y yo digo, sí, yo quisiera ser así. Entonces, una de las cosas
cuando uno mira a este hombre, y lo interesante es que aquí
dice, cuando el verso 3 dice, al oír hablar de Jesús, el centurión
envió a unos ancianos de los judíos pidiéndole que viniera.
Tal parece que este hombre ni siquiera tenía una relación muy
íntima con Jesús, no conocía mucho. Solo había escuchado unas
pocas cosas de Jesús. Había escuchado tal vez muchas
cosas de los judíos o tenía amistad, pero con Jesús mismo no tenía
ese trato. Y algo interesante acá es que,
no sé si has notado, pero muchas veces la Biblia o Jesús usa ejemplos
de personas que no están supuestas a actuar de esa manera, pero
lo hacen mejor que personas que estarían supuestas a actuar de
esa manera. Como el ejemplo, por ejemplo, del buen samaritano,
¿verdad? que habla de que este hombre, que ayudó a este hombre
herido y después pasó un levita, un sacerdote y no lo ayudaban
y pasaba una persona odiada que era un samaritano y fue él el
que hizo lo que los otros dos deberían hacer. Es como para
sacarse los pelos, es decir, podías decir otro judío pero
tenías que decir un samaritano, ¿no ves? Y ahora aquí está mostrando
un ejemplo que un religioso de ese tiempo o un cristiano evangélico
de este tiempo debería ser, pero no es esa persona. Es un romano
gentil y que no conoce mucho a Jesús, no sabe mucho de Jesús.
Y algo está queriendo decir el Señor para poner a través de
Lucas, obviamente, este ejemplo. Ha escogido a esta persona para
decir, mira lo que esta persona hace, que los religiosos, aún
los mismos que fueron a Jesús a pedirle la ayuda, lejos estaban
de la actitud de este hombre, lejos estaban. Y algo que claramente
el Señor nos quiere decir que no se necesita mucho para actuar
de esta manera. Este hombre no tenía mucho conocimiento,
pero con el poco conocimiento que tenía, era suficiente. Era
suficiente para comportarse de esa manera. Y ahora, hermanos, la pregunta
primera era, ¿no? ¿Te gustaría ser así? Y la respuesta
es obvia. ¿Te da muchos problemas ser una
persona que no tiene estas características en el matrimonio, en la iglesia,
en el trabajo? Creo que la que más resaltaría
en el punto uno es el opuesto a la humildad, que es una persona
orgullosa, soberbia, ¿no? ¿Cuántos problemas nos de el
orgullo, hermanos? ¿Cuántos problemas? Entonces,
cuando ya me fui dando cuenta del tema, ya se están dando cuenta,
¿verdad?, de decir, él es digno, él es digno, no soy digno, ¿quién
es digno? Y la palabra digno, digno, digno,
a cada rato repitiendo, mostrando al señor algo ahí, ya le puso
mayor interés, porque era un tema que realmente Es de mi interés. Quiero cambiar
en esto. Quiero mejorar. Quiero ser más
humilde. Entonces ya empecé a escarbar, pero ya no pensando sinceramente
en enseñar o en la prédica, sino en encontrar el secreto que este
hombre tenía para ser como era. ¿No te pasa eso? Cuando estás
estudiando algo y ves una característica o cuando hay una persona que
destaca en algo, una de las cosas que uno le quiere preguntar es,
¿cuál fue tu secreto? ¿Por qué eres como eres? Y entonces
ya en el segundo punto, acerca del pensamiento que él tenía,
yo me metía con esa mentalidad. Vamos a descubrir cuál era el
secreto y por qué este hombre era como era. Y algo que nosotros podemos ver,
como estaba diciendo hace rato en este punto dos ya, de este
centurión, es que no era algo superficial en su vida esta manera
de hablar, sino era algo que tenía total Convicción. A tal punto que primero manda
a ancianos para llamar y los sane, y el segundo punto, cuando
ya se está acercando, manda a unos amigos al decirle, a mi casa
no vas a entrar. Y lo paró en seco a Jesús. O
sea, no era alguien que solo tenía algunos, una manera de
hablar amable, sino era alguien que decía, no, no y no. Tenía los pensamientos bien firmes
con convicciones, ¿verdad? Hace rato estaba comentando,
yo estaba diciendo, muchos de nosotros cuando nos preguntan,
y el pastor Eduardo muchas veces ha estado predicando y compartiendo,
y una de las preguntas recurrentes en el pastor Eduardo es, ¿nosotros
merecemos esto? Y toda la iglesia siempre responde,
no. ¿Tú mereces esto? Y decimos no.
Y todos nosotros, estoy seguro, no hay nadie aquí en la iglesia
que pueda decir, sí, yo merezco esto, desde la salvación. Puede
decir, yo merecía que me salven, yo merecía que me bendigan, yo
merecía este trabajo, yo merecía esta cosa material. Todos nosotros
estamos de acuerdo que diríamos, no merezco, ¿sí? Estamos totalmente de acuerdo
ahí. Pero, muchas veces, cuando nosotros nos quejamos, Cuando
nosotros nos enojamos, cuando a nosotros nos da envidia de
otro hermano, estamos demostrando que realmente no creemos lo que
decimos que creemos. O al menos, si creemos eso, esas
verdades no nos gobiernan. No sé si te has puesto a pensar
en eso, pero yo estaba pensando en eso. Yo me he evaluado en
ese sentido. Yo creo que no merezco esto. Yo creo que no merezco
esto. Yo creo que no soy digno de esto. Pero entonces, ¿por
qué vivo mi vida como si lo mereciera? ¿Dónde está el problema? ¿Cuál
es el problema? ¿Qué era este hombre que lo que
él decía también era parte de sus convicciones? Y ¿saben qué? Entonces estuve
estudiando, dando vueltas y vueltas en varias versiones, queriendo
encontrar, como estaba diciendo algo, el secreto de este soldado
romano. Tal vez hay algo que este hombre
está haciendo que yo no sé o que yo no estoy haciendo. Y eso quiero
saber para empezar a dejar de ser como soy y no quiero ser.
Pero en un sentido, después de estar leyendo, en un sentido,
terminé como un poco decepcionado. No había nada nuevo. No dice
nada nuevo y leía y debe haber alguna cosa que en unos versos
y no lo estoy pudiendo ver, pero no había algo que, por así decir,
todavía yo no sabía. Esas verdades que este hombre
tenía firmes en su corazón eran cosas básicas, como su conocimiento
del Señor Jesús de este hombre básico, pero que estaban puestos
por obra. Y acá va lo primero, hermanos,
que quiero animarte, yo estoy seguro que lo has escuchado,
pero no es algo nuevo, sino es algo que tenemos que meditar,
repetir, y que estas verdades tienen que gobernar nuestra mente,
porque dice la Biblia, tal es el pensamiento del hombre, tal
es él. Si una verdad realmente nos gobierna, esa va a ser nuestra
manera de actuar. Y aquí va el primer punto, cuando
él dice el argumento, por la razón porque este hombre era
como era. Empieza diciendo acá y dice, Verso 8, 7 voy a leer, pero el
8 es el punto, dice, Por eso ni siquiera me consideré digno
de ir a ti. Tan solo di la palabra y mi siervo
será sanado. Y aquí viene el argumento. Porque
yo también soy hombre puesto bajo autoridad. Y aquí hay toda
una frase y toda esta conjunta en la estructura gramatical,
pero podemos claramente irla separando y darnos cuenta de
dónde estaban sus convicciones. Aquí dice, la razón por la que
yo soy así es porque no soy digno, es porque yo también soy hombre. Y noten la importancia de esta
palabra, yo también. Yo también soy hombre. Voy a
ir desglosando por partes, aunque es toda una expresión. Y dice,
yo también soy hombre. ¿Recuerdan esta pregunta en 1
Corintios capítulo 4, verso 7, cuando el apóstol Pablo está
hablando de la arrogancia y el orgullo? Pablo empieza diciendo
este versículo con una pregunta, y la pregunta es la siguiente.
¿Quién te distingue? ¿Quién te distingue? Y este soldado
romano, ¿qué respondería acá? Este centurión diría, nadie me
distingue, yo soy hombre como cualquiera de los otros. Lo primero, y yo otra vez estoy
pensando más en esto, estas verdades a veces que en la iglesia se
han compartido acerca de que nosotros somos criaturas, somos
hombres, Tenemos que repetirnos, o yo
tengo que repetirme muchas veces a mi mente lo siguiente, hermanos.
No soy mejor que otros. Quiero pausar ahí porque yo creo
que esto es algo que está fuerte en mí y en nosotros como seres
humanos. No soy mejor que otros. Evidentemente,
yo sé que la mayoría de los que están acá y mi persona no somos,
no estamos pensando que somos mejor que otros en todo. Pero
sí creemos que somos mejores que otros en ciertas áreas. Y para empezar, hay que resetear
nuestra mente, haciéndonos pensar, no soy mejor que otros. ¿Saben
por qué pienso eso, hermanos? Porque a menudo muchos de nosotros
vivimos muchos días de nuestra vida comparándonos con otros,
internamente. Siempre, siempre, siempre. Y lo primero que este hombre
dice es, yo soy hombre y soy como cualquiera de ustedes. Igual
o peor, pero no mejor. Y piénsenlo, hermanos. Piénsenlo
en esta frase de decir, yo no soy mejor que otros. Alguien
a estas alturas estará diciendo, qué baja autoestima que tenía
este hombre. Pero no es baja autoestima, es
humildad. Reconocer que es, soy hombre,
a mí nada me distingue, yo soy igual que otros. Pero eso muchas
veces no es el pensamiento que nos gobierna. Entonces él empieza
diciendo, porque yo también, pues yo también soy hombre. Entonces una de las cosas que
hay que estar pensando para salir de este tema de la arrogancia
y el orgullo es entender que no eres mejor que otros. La segunda cosa que este hombre
dice y que lo podemos desglosar es, que lo que somos y lo que
tenemos se nos ha concedido. Es interesante que Pablo tiene
exactamente lo mismo y él dice exactamente lo mismo. Dice el
versículo 8 nuevamente, pues yo también soy hombre puesto,
a mí me han puesto en este lugar, a mí se me ha concedido. El apóstol
Pablo en Efesios capítulo 3 que fue el capítulo que hoy día tuvimos
también en la meditación, en los versículos 7, dice, hablando
de su ministerio, de lo que se le ha concedido, dice, del cual
fui hecho. Fui hecho, voz pasiva, ministro
conforme al don de gracia, al regalo que he recibido de Dios,
que se me ha concedido, otra vez repite lo mismo, según la
eficacia de su poder. A mí, que soy menos que el más
pequeño de todos los santos, se me ha concedido, otra vez
repite, esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables
riquezas de Cristo. Este centurión dice, yo he sido
puesto en este lugar. Se me ha concedido esto. El versículo
que hace rato leíamos en 1 Corintios capítulo 4, verso 7, donde decía,
¿Quién te distingue? La continuación de ese versículo
es, ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿Por qué te
jactas como si no lo hubieras recibido? En ese librito, otra vez, del
orgullo a la humildad que hemos obsequiado aquí en la iglesia,
define básicamente la palabra orgullo como una postura del
cuerpo, erguirse, sacar el pecho y levantar la cabeza. Y define
humildad como algo tan sencillo como agacharse, bajar, subir. Hermanos, este centurión que estos judíos
lo consideraban digno, que merece, les está diciendo a estos judíos
y a mismo Jesús, yo no merezco. Si estoy en esta posición no
es por mi mérito propio, es porque a mí se me ha concedido, se me
ha puesto en este lugar. A veces Bueno, cuando uno, como
alguien igual en la iglesia lo decía, ¿no? Cuando uno es orgulloso
pero no tiene la oportunidad para mostrarlo, hasta que tiene
algo en donde puede manifestar eso, es donde nosotros realmente
ahí decimos, había sido orgulloso, pero es que siempre fue orgulloso
o siempre fuimos orgullosos, simplemente no teníamos la oportunidad
de manifestarlo. Y este hombre estaba en una posición
reconocida, era un centurión, tenía un buen salario, había
hecho construir una sinagoga, tenía 100 hombres a su cargo,
tenía esclavos en su casa y aún con todo eso él está diciendo
lo que yo soy y lo que yo tengo se me ha concedido. A veces Dios
tiene que quitarnos un montón de cosas para que entendamos
que lo que tenemos se nos ha dado, se nos ha concedido. Entonces, la otra cosa para meditar
en cuanto a este problema fuerte que el Señor está queriendo mostrar
en esta historia es lo siguiente. Es en cuanto al orgullo y la
humildad que estamos hablando. Lo primero es, no eres mejor
que otros. Nada te distingue. La otra cosa
es, todo lo que eres y lo que tienes se te ha concedido. Yo no sé si a ustedes les pasa,
pero a mí me pasa que muchas veces cuando me va bien en algo,
normalmente yo pienso que la diferencia es porque yo he hecho
cosas que el otro que no tiene eso no las ha hecho. Estudiando este tema, hermanos,
me he dado cuenta más y más cuán fuerte, cuán profundo está el
orgullo dentro de mí. Y... Muchos de nosotros muchas
veces pensamos, yo tengo algunas habilidades que otro hermano
no tiene. Yo puedo hacer algunas cosas que otro hermano no puede.
Yo tengo la habilidad para ciertos negocios que otros hermanos no
tienen, por eso me va mejor que a ellos. O algunas veces hasta las personas
te hacen creer esas cosas, ¿no? Y te hacen querer ver como una
persona que eres hábil en cierta área y que por lo que tú haces
es porque te va así. Y entonces, hasta a veces uno
termina creyendo eso, hasta que el Señor te hace ver que es por
su misericordia y su bendición. Entonces, lo segundo que hay
que estar pensando fuertemente es, Jaime, ¿qué tienes? ¿Qué eres? Un pastor decía, ¿no? Nadie va
a llegar al cielo diciendo con un camión ahí atrás, mi propio
esfuerzo, ¿no? Pensemos en eso, hermanos. Ayuda
a pensar. Tapa la boca. Nos ayuda a agacharnos
un poquito y decir, todo lo que tienes se te ha concedido. Entonces
este hombre dice, no soy mejor que otros, todo lo que tengo
se me ha concedido, se me ha puesto en este lugar a mí. Y
lo otro que sigue diciendo este hombre es algo interesante, también
dice, otra vez el verso 8 en el argumento del secreto de este
hombre, dice, pues yo también soy hombre puesto bajo autoridad. Podría haber dicho yo soy un
soldado puesto de autoridad pero dice soy hombre y si hombre soy
está haciendo una categoría ahí y le está hablando al señor Jesús
y le está diciendo no soy digno porque yo soy hombre y como hombre
la característica más común al hombre es pecador yo soy pecador
Y yo estaba pensando en el apóstol Pablo 1 Corintios capítulo 15
verso 8 miren lo que dice Y al último de todos como aún nacido
fuera de tiempo se me ha parecido también a mí porque yo soy el
más insignificante de los apóstoles que no soy digno de ser llamado
apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios El argumento
de Pablo para decir como este soldado está diciendo yo no soy
digno dice Pablo, este soldado dice yo no soy digno y Pablo
pone el argumento porque yo sé lo que yo he hecho contra la
iglesia del Señor y este hombre también dice yo soy hombre, yo
entiendo mi pecado, yo estoy consciente de mi pecado. Primera
Timoteo capítulo 1 verso 15 dice palabra fiel y digna de ser aceptada
por todos Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores
entre los cuales yo soy el primero Cuando uno escucha estos versos
de Pablo seguidos, podría parecer como una persona que tiene una
falsa humildad, que solo quiere aparentar que es algo que no
es, pero por entender y leer sus cartas, nosotros vemos que
Pablo realmente, un secreto de la vida, de la humildad de Pablo,
¿cuál era? Que nunca olvidó de dónde lo
sacó el Señor. Nunca se olvidó de eso. Y yo
sé que no es grato recordar nuestra vida pecaminosa. Pero nada nos
va a poder mantener agachados si no estamos meditando de dónde
nos ha sacado el Señor. ¿De qué basura? En la semana
pensaba en muchos pecados que estaban a la cara de Dios, que
eran como para que Dios me mande un rayo y acabe conmigo. Pero
Dios, como el hermano José siempre le encanta este versículo de
Jeremías, que él dice, con paciencia, con amor eterno te ha aguantado.
Por eso te ha aguantado con paciencia. ¿Cuántos pecados? ¿Cuántas cosas
que Dios ha visto abiertamente que hemos hecho? Y Pablo dice,
yo sé que soy el primero de los pecadores. Si habría, como alguien
ha dicho, un desfile de pecadores, yo tendría que llevar el estandarte.
Yo soy pecador. Estas tres cosas, hermanos, mantienen
a una persona humilde. En una parte, no hemos terminado.
¿Cuáles son esas tres cosas que quiero repetir? Para repetir
y repetir y repetir. La primera cosa es, no somos
mejores que otros. La segunda cosa es, todo lo que
somos y lo que tenemos lo hemos recibido. Y la tercera cosa es,
somos pecadores. Reconocemos de dónde el Señor
nos ha sacado. Pero este hombre le dice algo
interesante. Aquí hay dos cosas que este hombre hace. La humildad
tiene que ver con reconocer estas tres cosas, pero con algo más.
Cuando le está diciendo a Jesús, no eres digno de que entres bajo
mi techo, como hemos dicho en otra versión, no soy digno de
tanto honor, le está diciendo a Jesús algo. Yo sé quién tú
eres. aunque lo poco que me han comentado
pero yo creo y yo sé quién tú eres yo sé la autoridad que tú
tienes y que ya hayas venido hasta aquí es gran cosa como
para que entres a mi casa y sabes esta mañana otra vez es la continuación
del texto de Juan 13 Estamos preguntando hace rato,
¿qué te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?
Somos pecadores, ¿verdad? Pero este centurión, ahora cambia
esas tres cosas y ponlas al Señor Jesús. Y decirle al Señor Jesús,
¿qué te distingue a ti? No, Él sí es distinguido. ¿Qué
tienes que no hayas recibido? Todo lo que el Señor Jesús recibió,
se lo ganó. Y Él no es pecador. Entonces
el centurión dice, tú realmente eres digno de honor. Y Juan capítulo
13, qué bueno que se ha leído y se ha compartido esa parte
de Jesús lavando los pies de sus discípulos. Pero la segunda
parte de eso del capítulo 13, el verso 12 decía, entonces cuando
acabó de lavarle los pies, Tomó su manto y sentándose a la mesa
otra vez les dijo, ¿sabéis lo que he hecho? Vosotros me llamáis
maestro y señor y tenéis razón porque lo soy. Pues si yo, el
señor y maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis
lavar los pies los unos de los otros. Porque os he dado ejemplo
para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Ejemplo
de qué? Ejemplo de humildad. ¿Y saben? Pedro en ese momento,
como le dijo al Señor, no me vas a lavar los pies, en ese
momento es algo interesante, él no estaba entendiendo lo que
realmente significaba. la relación entre un maestro
y su servidor. Pero lo interesante es que en
el final de su vida, en primera de Pedro capítulo 5, cuando Pedro
ya es pastor de la iglesia y le está hablando a los pastores
de la iglesia, dice esto Pedro, como al decir, lo entendí, ahora
sí lo entendí lo que en esa oportunidad el Señor estaba haciendo. Primera
de Pedro capítulo 5 verso 2 dice, pastorear el rebaño de Dios entre
vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente
como quiere Dios. No por avaricia de dinero, sino
con sincero deseo. Y aquí dice, tampoco como teniendo
señorío de los que os ha sido confiado, sino demostrando ser
ejemplos del rebaño. Y más abajo dice, con toda humildad. ¿A quiénes les está hablando
esto, Pedro? A los líderes, a los ancianos, a los pastores de la
iglesia. Les está diciendo, hagan lo que un día Jesús hizo conmigo.
No para que se enseñoreen de los que les sirven a ustedes,
sino más bien para que ustedes sean ejemplos y se humillen a
ellos y les sirvan. Y entonces, Pedro, aquí está
reconociendo lo que un día Cristo hizo con ellos. El siervo preocupándose
por su esclavo, buscando los intereses de su esclavo. Pero,
¿sabes? Aquí hay algo muy precioso y
yo no entendía, no entendía, no entendía la relación en este
argumento. Le dice al Señor Jesús, solo
di la palabra y mi siervo va a sanar, pero no vas a entrar
bajo mi techo. Y miren aquí la conexión del
argumento. Le dice, porque yo también soy
hombre puesto bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes
y digo a este ve y va y al otro ven y viene y a mi siervo haz
y lo hace ahora aquí fácilmente uno dice el argumento que está
diciendo es porque le está diciendo con estos versos porque yo también
soy pecador como el apóstol Pedro cuando estaba en la barca con
Jesús y la pesca milagrosa y Pedro le dice apártate de mí porque
soy pecador pero no es el punto principal el punto principal
tiene que ver con el verbo ¿Y la conexión que está haciendo?
Le está diciendo al Señor Jesús solo di la palabra. ¿Sabes por
qué? Porque yo también solo digo y se hace. Es decir, este hombre
le está diciendo a Jesús, yo entiendo el principio de autoridad.
Si yo, dice sido puesto bajo autoridad y tengo soldados. ¿Qué
quiere decir? Si yo digo algo, se tiene que
hacer. Si un superior de mí me dice
algo, yo tengo que obedecer. Así también tú tienes toda la
autoridad, por eso solo tienes que decirlo. Y si lo dices, se
va a hacer. Creo que es una bendición el
hecho de haber estado en el ejército para este hombre y entender este
principio de autoridad, que lo que se dice, se tiene que hacer.
Y por eso le está diciendo en ese argumento al Señor, solo
di la palabra. Porque yo también cuando digo
algo, se hace. Y algo que yo pensaba acerca
de la... Y aquí está Jesús bien pasivo,
escuchando a los judíos que lo vienen a buscar y ahora escuchándole
a este centurión, pero no directamente por medio de estos amigos. Y
Jesús ni le ha visto la cara a este centurión y está totalmente
pasivo en toda esta historia. Caminando con los judíos, yendo,
siendo frenado por estos amigos, escuchando recado tras recado,
pero no de cara con este centurión. Y de pronto, ya pasando al otro
punto y el final. Y yo creo que esto es precioso,
hermanos, porque aquí hay algo que el Señor quiere mostrar.
Yo les había dicho al principio, y creo que cuando estábamos cantando
la canción Pon tu mirada en Cristo, estuve pensando en esto que les
había dicho al principio. Observen a Jesús en esta historia. La estima que Jesús le mostró.
El último punto. Una pregunta para ustedes, a
estas alturas de esto, ¿dónde ustedes creen que este centurión
había aprendido esta humildad? ¿Dónde aprendió esta humildad
este centurión? ¿En su propia casa? ¿Por qué
lo decimos así? Dice que este centurión tenía
un ciervo que estaba enfermo, a punto de morir, al cual él
apreciaba mucho. Seguramente. el actuar y el conducirse
de este siervo hacía que este centurión tenga este aprecio
por este siervo. ¿Por qué? Porque más adelante
se nos dice que los judíos le dicen a Jesús que Él merece,
que Él es digno del centurión. ¿Por qué? Por la manera de cómo
Él apoyaba, ayudaba por la forma como se conducía. Entonces, podemos
inferir que este centurión apreciaba a este muchacho, que dice en
Mateo, porque este muchacho era humilde en su casa cuando se
comportaba con este centurión. Y hay paralelismos aquí, ¿se
dan cuenta? El esclavo con el centurión,
una manera de comportarse humilde, que el esclavo creía y vivía
con convicciones como no merezco nada. ¿Y cómo responde el centurión
ante esa actitud? Un mucho aprecio, una mucha preocupación. Ahora está el centurión frente
a Jesús y los judíos le dicen, es el otro paralelo, él se comporta
así Y él merece eso y entonces ¿qué le toca a Jesús? ¿Mostrarle
al centurión qué? Mucho aprecio, mucha estima. Y aquí una pregunta para nosotros.
Piensa en alguien, aparte de tu familia, en la que tú estimas,
a la que tú estimas mucho. Mucho. Alguna vez yo he dicho
que yo tengo un amigo que si algo me pasa, Él va a hacer algo. Por ejemplo, por así decir. Lo que quiero hacer con este
ejercicio de pensar en alguien a la que estimamos o al que te
estima a ti, ¿sabes qué hace la estima? Y aquí no dice, puede
decir, este centurión estimaba a su sierva, pero dice lo estimaba
mucho. Es decir, esa estima, ¿qué hace? Te mueve a preocuparte, a buscar
hacerle bien a esa persona. Y entonces aquí hay algo interesante
que es, al terminar, que está queriendo mostrar esta historia. Y quiero leer este versículo
que el pastor Eduardo, creo que es uno de sus favoritos, siempre
lo cita, siempre lo cita, pero en otra versión, y escucha lo
que dice acá. Y este es Isaías 66, que también
está en su libro, y dice, Así dice el Señor. El cielo es mi
trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden
construir? ¿Dónde estará el lugar de mi
reposo? Fue mi mano la que hizo todas
estas cosas. Fue así como llegaron a existir,
afirma el Señor. Y miren esta versión lo que dice.
Yo estimo a los pobres y contrictos de espíritu, a los que tiemblan
ante mi palabra. Y esta frase que dice pobres
y contrictos de espíritu, nosotros podemos ponerlo como sinónimo
de humilde. El Señor está diciendo acá, Jehová
está diciendo acá, yo estimo a los que son humildes. Yo estaba
buscando, no va a dar por el tiempo, pero una colección de
versículos que hablan sobre esta palabra. Yo amo a los humildes. Yo estimo a los humildes. Y la
opuesta también está en la Biblia. Ustedes lo han visto varias veces.
Al soberbio lo miro de lejos. Lo resisto. Lo que está mostrando, por así
decir, esta historia al final, La relación de este centurión
con su siervo es, por así decir, un tipo de lo que Cristo es con
una persona humilde. Cada vez que nos, y aquí viene
una, este versículo que está ahí también en las fotos mientras
estábamos cantando, vi este versículo ahí atrás, Efesios 4.1, miren
lo que dice Efesios 4.1, dice, Yo pues prisionero del Señor
os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que
habéis sido llamados. Y aquí yo no leí la verdad principal
a propósito, pero la verdad principal dice como la conclusión de todo
esto y la pasividad de Jesús en toda esta historia. Cada vez
que no llevamos una vida de humildad delante de Dios, estamos diciendo
que Dios no es digno. Empecé esta enseñanza diciendo
El centurión diciendo a su siervo, él es digno, él merece. Los judíos
diciendo al centurión, tú eres digno, tú mereces. El centurión
diciendo de sí mismos, no soy digno, no merezco. Y miren en
la pasividad de Jesús, Jesús escuchando cosas de un mensajero,
de otro mensajero y Jesús parado ya frente a la casa de este centurión
y sólo va a hacer la declaración final Jesús y va a decir, al
oír todas estas cosas se maravilló y dijo a la multitud que le seguía,
os digo que ni aún en Israel he hallado una fe tan grande
como esta. ¿Saben qué? Yo lo puedo imaginar
así. Jesús estaba no sé a qué distancia
de la casa de este hombre, pero fue un momento en la vida de
Jesús, hablando terrenalmente, en que Jesús fue honrado. Porque alguien le dio su lugar
y lo trató como se le debía tratar. Jesús está maravillado, está
sonriendo, está feliz, está alegre. Porque alguien con toda esta
historia le está diciendo, la razón por llevar esta vida que
estoy llevando es porque tú eres digno. Y cada vez que nosotros,
como dice ahí, no somos humildes, estamos diciendo, Dios no es
digno. Y por eso Pablo dice, compórtense de una manera digna
de su llamamiento. ¿No? Creo que otra vez no son verdades
que tal vez nunca hemos escuchado, pero no sé cómo, aparte de meditar
y repetirme a mí mismo, puedo hacer que estas verdades me gobiernen. Ayer un hermano decía que antes
de un pecado Dios le recordó algo por lo que estaba orando
y no pecó. Esto también pasa, así hermanos. No es algo que
solo tenemos que decir, Señor, te pido por ser humilde. Es algo
que tienes que luchar cada día. A veces nos pasa como Ezequías,
¿verdad? Que cuando llegan algunos parientes
o algunos amigos, queremos mostrarles todo lo que hemos logrado, o
todo lo que somos, o todo lo que tenemos. Y Dios tiene que recordarnos
estas cosas para estar más callados. para hablar sólo lo necesario
y que no se note tanto nuestra arrogancia y nuestro orgullo.
Y yo creo que esta es la enseñanza del Señor Jesús para nosotros
a través de este centurión. Y como decía al principio, qué
interesante que es un hombre gentil, romano, un militar con
no mucho conocimiento, pero viviendo de esta manera. No sé qué nos
ha pasado a nosotros que sabemos mucho más que este hombre. Sabemos
mucho más y conforme a lo que decía este pastor una vez en
la librería, no me preocupa lo que no sé de la Biblia si no
me preocupa lo que sé y no lo pongo por obra. Y son cosas bien
sencillas y básicas. He estado orando para que Dios
me ayude en esto y nos ayude en esto, pero creo que esto es
algo que nos va a tomar trabajo. Pero al principio hice una pregunta
también. ¿Te gustaría ser como este hombre?
Todos nosotros tenemos presuposiciones. Y si yo te pregunto a ti, ¿cómo
crees que la iglesia te ve a ti? Y todos saben, yo sé cómo me
mira a mí la iglesia. Nuestras presuposiciones. Yo
también sé cómo yo creo que ustedes me miran. Pero por la gracia
del Señor, yo quisiera que un día alguien pueda decir de mí,
Él es humilde. Yo creo que no estoy ahí y y
pero ya sé cómo llegar ahí y voy a estar orando y trabajando en
esto y es un desafío y es un ánimo para nosotros y como decíamos
en la conferencia una iglesia humilde es una iglesia que ama
una iglesia que ama es una iglesia unida y una iglesia unida es
una iglesia que crece vamos a orar para pedirle al señor que nos
ayude señor gracias por tu palabra gracias por esto que hemos podido
pensar en cuanto a ser humildes, en que tú eres digno de nuestra
vida, obediencia, sumisión. Te pido, Señor, porque Nos libres
aún de la falsa humildad, Señor, de la apariencia, de la gentileza,
de la amabilidad que a veces nos hace creer que es humildad,
Señor. Ayúdanos realmente a crecer en
esto. Sabemos que nos vamos a equivocar mucho más, pero también hemos
visto este ejemplo y el camino de pensar en que todo lo que
tenemos lo hemos recibido, en que no somos mejores que otros,
en que somos pecadores, y la autoridad y tu bondad y el ejemplo
de condescendencia que tú has tenido al hacer lo que has hecho
con tus discípulos y aún más lo que has muerto en la cruz
por nosotros, Señor. Ayúdanos a ir caminando, a hacer
nuevos hábitos, a pelear contra el orgullo y a entender, Señor,
que toda la gloria es para ti porque tú eres digno, Señor.
Te damos gracias en el nombre de Jesús. Amén.
Tú eres Digno
Series Parábolas y Milagros de Jesús
Verdad principal: Cada vez que no llevamos una vida de humildad delante de Dios, estamos diciendo que Dios no es Digno.
Escrituras tomadas de: La Biblia de las Américas® (LBLA®), Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. www.LBLA.com
| Sermon ID | 3242505212315 |
| Duration | 58:40 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Luke 7:1-10 |
| Language | Spanish |
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