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Bien, quiero pedirles que leamos
el Evangelio de Marcos, capítulo 9, versículo 24. Marcos 9, versículo 24, leemos
y vamos a orar al Señor pidiendo su bendición sobre nosotros. Marcos 9, 24, dice la palabra
del Señor. E inmediatamente el padre del
muchacho clamó y dijo, creo, ayuda mi incredulidad. Oremos. Nuestro Dios y Padre Celestial,
a ti que habitas, Señor en la eternidad, En los cielos, tu
santa morada, glorioso eres tú y santo y digno de ser temido
por todos nosotros. Aquí estamos, Señor, esta manada
pequeña de tus hijos, quienes hemos sido alcanzados
por tu poder y gracia. Y la razón, Señor, de que estamos
aquí eres tú, Señor, tu gloria, tu evangelio, tu palabra. Gracias, Señor, por esa obra
que has comenzado en nosotros y que sigues perfeccionando hasta
el día de Jesucristo. Y gracias porque podemos, Señor,
reunirnos como tú nos convocas en tu palabra para adorarte y
rendirte el culto y la adoración que tú eres digno. Y te pedimos,
Señor, que tu espíritu venga sobre nosotros con poder y unción
para atender tu llamado, Señor, tu consejo, tu instrucción, tu
corrección, Señor, para nuestras vidas. Lávanos de nuestros pecados
y bendícenos, Señor, para que tu palabra hable a nuestros corazones
según tu propósito en Cristo Jesús. Amén. Y mi tema, hermanos,
en esta oportunidad es algunas persuasiones y orientaciones
para almas que buscan a Dios. Algunas persuasiones y orientaciones
para almas que buscan a Dios. Nuestro versículo que acabamos
de leer es parte de la narración que nos da el evangelista Marcos
acerca de la sanidad y liberación que el Señor realizó en la vida
de un niño, un joven, quien era atormentado por un espíritu inmundo
de mudez y de sordera. Versículo 17, por favor, leamos.
Y respondió uno de la multitud dijo maestro traje a ti mi hijo
que tiene un espíritu mudo el cual donde quiera que le toma
le sacude y echa espumarajos y cruje los dientes y se va secando
y dije a tus discípulos que lo echasen fuera y no pudieron. Y respondiendo él les dijo oh
generación incrédula ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta
cuándo os he de soportar? Traedmelo. Y se lo trajeron. Y cuando el Espíritu vio a Jesús,
sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba
echando espumarajos. Jesús preguntó al Padre, ¿cuánto
tiempo hace que les sucede esto? Y él dijo, desde niño. Y muchas
veces le echan el fuego y el agua para matarle. Pero si puedes
hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos. Y note
las palabras, hermanos, del padre del muchacho en el versículo
22. Si puedes hacer algo, ten misericordia
de nosotros y ayúdanos. El padre estaba desesperado por
conseguir ayuda, pero ¿qué podía hacer él? Nada podía hacer. Solo podía decir, ten compasión
de nosotros y ayúdanos. Piensa en la terrible situación
de este joven. Se arrojó al fuego, se arrojó
al agua, al río quizás. Había que vigilarlo constantemente.
Sus parientes tuvieron que correr tras él para agarrarlo e impedir
que se suicidara o se matara. Él no podía oírlos, era sordo,
noten esto. No podía decir lo que sentía
ni lo que pensaba porque no podía hablar tampoco. ¿Qué condición
tan triste y trágica de este muchacho? Tiene un impulso constante
de destruirse a sí mismo. Y el padre lleva al muchacho
a Cristo y le pregunta si puedes hacer algo. Lo que nos muestra
que todavía no cree del todo en el poder invencible de Cristo.
Su fe era débil y no completa. Si puedes, ¿saben que Él no dijo
como dijo el leproso? ¿Se acuerdan del leproso? El
leproso dijo, si quieres, puedes limpiarme, dijo el leproso.
Pero aquí este dice, si puedes, Su fe era débil. Él está seguro
de que Cristo tiene compasión. Eso se da por sentado, dice el
versículo 22. Ten compasión, ten misericordia,
ayúdanos. Eso se da por sentado entonces,
pero si puedes entonces ejerce la compasión que sabemos que
tienes. Así que es un creyente a medias. Cree en la bondad de
Cristo. Parece que no cree del todo en
su poder, en su divinidad y en su gran poder para liberar a
su hijo. Pero alguna esperanza tiene este
hombre. Parece que todavía no ha llegado al punto de poner
toda su confianza en el Señor Jesús como el poderoso Salvador. Hay dudas. La respuesta del Señor,
versículo 23, Jesús le dijo, si puedes creer al que cree,
todo le es posible. Versículo 24. E inmediatamente
el padre del muchacho clamó y dijo, creo, ayuda mi incredulidad. Y ya volveremos sobre este versículo
más adelante, hermanos. Pero este versículo nos permite
introducir brevemente nuestro tema hoy. Algunas persuasiones
y orientaciones para almas que buscan a Dios. Ahora, no me refiero
en esta oportunidad a las objeciones o las excusas que mucha gente
pone cuando oye el evangelio. Cuando se les predica el evangelio,
mucha gente lo rechaza de facto. Muchas personas impugnan y rechazan
el llamado del Señor de manera tajante. Pero eso sería otra
perspectiva importante de considerar este tema. Pero no me estoy refiriendo
a esto. De hecho, yo recuerdo que hace
varios años atrás tuve la oportunidad de leer un valioso folleto del
conocido y distinguido pastor conocido por el pastor Piñero,
el pastor Albert Martin, un follito que titula Razones por las cuales
algunos no entran a Cristo. Y lo leí hace mucho tiempo. Pero
de esto no estoy hablando. También recuerdo que el reconocido
pastor Charles Spurgeon tiene un valioso libro titulado El
ganador de almas. que en realidad fue una serie
de conferencias que él pronunció a los estudiantes de su curso
pastoral en su academia ministerial en su época, donde argumentaba
que el ganar almas para el Señor es la ocupación principal del
ministro cristiano y de todo verdadero creyente. Y en esas
conferencias él dedica un capítulo o una conferencia entera, que
después se convierte en un libro, a los obstáculos en la salvación
de las almas. Es un tema muy interesante también
y valioso leerlo para lidiar con ese tema desde otra perspectiva. Pero lo que quiero animarles,
hermanos, en esta mañana es en referencia al hecho de que la
dinámica o la mecánica de la salvación, por decirlo de alguna
manera si me permiten, en el mecanismo o proceso de la salvación
que Dios empieza a obrar en el pecador, en quien él va a salvar,
en las etapas del peregrinaje espiritual, de las almas en esa búsqueda
de Dios, hay una etapa que viene después de la concepción o regeneración
inicial, en la cual muchos todavía están luchando porque de manera
experiencial poder encontrar a Dios. Aunque la regeneración
inicial o concepción ya ha tenido lugar como una obra absolutamente
soberana y del poder de la gracia del Señor, el pecador. De manera
general, el pecador todavía va en el camino de convicción y
persuasión del Evangelio que confluya en su conversión definitiva
y completa a Dios. A veces puede ocurrir que hay
conversiones al Señor que pueden suceder de manera instantánea,
después de haber oído por primera vez el Evangelio, pero hay otras
que ocurren de manera más prolongada. y en el cual hay un proceso de
razonamiento y reflexión a través del cual el Espíritu de Dios
está llevando a esa persona a mayor profundidad de la comprensión
de quién es Dios, y de su propio pecado, y de la promesa de salvación
en Cristo Jesús del Evangelio. Entonces puede haber personas
que están combatiendo en sus mentes con una serie de obstáculos
que les ha impedido entregarse al Señor en fe y arrepentimiento,
y lidian en su interior, en sus mentes, con muchas cosas. Recordemos,
por ejemplo, las vidas y biografías de hombres del pasado, como por
ejemplo Lutero, Si usted ha leído algo de Lutero se dará cuenta
que él luchaba en su mente previamente. Charles Spurgeon igualmente.
Quienes en su camino hacia la verdadera paz y libertad en Cristo
leemos cómo encontraron muchas dificultades y luchas internas
durante algún tiempo para poder encontrar de manera personal
al Señor. No olvidemos que la imagen bíblica
de la salvación de una persona se puede ilustrar perfectamente
con el nacimiento de una persona, el cual comienza con la concepción,
que en nuestro caso sería la regeneración inicial, y se desarrolla
y continúa hasta concluir con el nacimiento del bebé, en nuestro
caso el arrepentimiento y la fe, que trae la justificación
y el consciente nuevo nacimiento en el pecador. Ahora, como mencioné,
ahora no está hablando del tiempo que toma un proceso de nacimiento,
sino del proceso. Como mencioné, algunas conversiones
a Cristo pueden ser muy rápidas, como vemos en Hechos 2, donde
cientos, o miles más bien, fueron despertados a su necesidad espiritual
y convencidos de pecado y convertidos al Señor. Durante la predicación
de un solo sermón, Pero en otros casos, la mayoría de los creyentes
dan testimonio de haber experimentado un periodo de búsqueda y dificultades,
aún después de haber recibido alguna luz y cierta convicción. De manera que, en general, en
el camino de la salvación de un pecador a Cristo, puede suceder
de una forma más prolongada, Y hermanos, entender este proceso
de etapas, de estas etapas, permite que los predicadores del Evangelio
puedan ver la importancia de su instrumentalidad como herramientas,
como instrumentos en las manos del Señor para presentar el Evangelio
con persuasión y convicción, para ganar almas para Cristo.
y saber en el lugar en que se encuentran las personas en su
camino de salvación, para ayudarles con razonamientos y argumentos
y persuasión bíblica, por supuesto, para que puedan encontrar definitivamente
al Señor. Por supuesto es el Señor quien
nos ha encontrado primero, eso lo sabemos. y quien ha comenzado
la obra en el corazón, sin la cual ninguno de nosotros le hubiésemos
buscado a él. Pero también, como mencionaré
más adelante, la Biblia nos muestra que el pecador también debe buscar
conscientemente al Señor y confiar en Él para ser salvo. Ahora bien,
este despertar, esta convicción que viene después de la regeneración,
Puede verse ilustrada perfectamente en El Hijo Pródigo, que yo sé
que ustedes conocen bien la historia. El Hijo Pródigo, ese muchacho
necio, después de haber abusado del amor y la bondad de su buen
padre, y haber malgastado su vida en sus placeres y deleites,
cayó en la ruina total. Y llegó la terrible hambruna
para él y le tocó ir a arrimársele a este joven a una persona que
le envió a apacentar cerdos, imagínense ustedes. Y deseaba
llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos. Y yo no
sé si usted ha estado en una cochera de marranos, así lo decimos
en Colombia, no sé si se dirá lo mismo en otros países, un
lugar donde se apacientan, se cuidan cerdos para engorde. Pero
yo si vivía al lado de la misma casa, estaban criando muchos
cerdos. Y sé lo que se siente, sé lo
que es eso. Es algo horrible, hermanos. Pero este joven ni siquiera podía
comer de eso, de la comida de los cerdos. Pero entonces ocurre
un cambio de actitud sorprendente, nos dice la Biblia, y volviendo
en sí, El griego literalmente indica que se despertó. ¿Y cuándo
se despertó? Entonces, el primer resultado
de esa obra inicial de Dios en el pecador. es que el pecador
despierta y ve su real situación espiritual de la misma manera
que este muchacho insensato de repente vio su estado trágico
y deplorable y dijo, y volviendo en sí, cuántos jornaleros hay
en casa de mi padre tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre. Y este despertar lo llevó a la
convicción y a tomar acción. Humillado y quebrantado, se dijo
a sí mismo, me levantaré e iré a mi padre y le diré, padre,
pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser
llamado. Tú, dijo, hazme como a uno de
estos jornaleros. Ahora, hermanos, en esto hay
mucho que decir, pero poco tiempo. Y sé que ustedes saben estas
cosas. Así que rápidamente quisiera,
en el tiempo que me resta, mostrar brevemente algunas de las luchas
de las almas en su búsqueda de Dios. Y quiera el Señor bendecirnos,
de forma que si hay, aunque fuera una sola alma en este lugar,
que hoy esté luchando en su corazón para confiar en Cristo como su
Señor y Salvador, que estas breves orientaciones puedan ayudarle
a no detenerse por más tiempo, sino que confíen hoy mismo en
el Señor Jesús y sean salvos. Y si tú ya eres salvo o salva,
esta enseñanza quizás pueda ayudarnos a comprender las luchas que puede
haber en algunos para saber cómo ayudarles a encontrar definitivamente
al Señor. Y que esto nos estimule también
a nosotros que ya hemos sido convencidos y alcanzados por
ese poder de Cristo, que nos hemos entregado a Él, nos estimule
a alabar al Señor porque es Él quien finalmente ha venido y
ha vencido nuestros corazones esas dudas, esas durezas de corazón. Como dijo el profeta, me sedujiste,
oh Jehová, y fui seducido, más fuerte fuiste que yo y me venciste. Entonces, reitero, hermanos,
puede suceder que algunas personas que han sido convencidas de la
necesidad de su conversión a Cristo, a menudo experimentan ciertas
dificultades en su búsqueda del Señor como su Salvador, y son
personas sinceras y serias en su búsqueda de Dios, pero tienen
dificultades que no han logrado superar en sus mentes. Generalmente
no son oposiciones, no son cuestionamientos, sino barreras en su entendimiento
que se interpone al acercarse al Señor por medio de la fe.
Son como el padre de aquel joven que leímos, creo Señor, ayuda
mi incredulidad. Así que jóvenes, niños, señores
y señoras, hablo a cada uno de ustedes que reconoce su necesidad
de Cristo. Que tal vez desean seguir al
Señor, pero tropiezan con ciertas luchas internas. Tal vez sean
sinceros en su búsqueda del Señor, y deberían serlo. Si van a obtener
algo del Señor, pues el Señor nos dice, y me buscaréis y me
hallaréis porque me buscaréis de todo vuestro corazón. pero tienen dificultades que
no saben cómo sobrepasarlas para hallar definitivamente al Señor
y descansar completamente en Él para su salvación. Y quizás
esto les ha desalentado para seguir insistiendo y buscando
con seriedad y urgencia a Cristo. Bueno, permíteme decirte que
la palabra de Dios viene en nuestra ayuda en estos casos para vencer
cualquier barrera y dificultad y ayudarnos a encontrar una vez
por todas a Cristo, el Salvador precioso de pecadores. El Salvador
precioso de pecadores sucios y ser salvos. Y la primera dificultad
que quisiera mencionar es la dificultad del temor y la duda.
Quizás este sea el caso del padre de Marcos capítulo 9. Este hombre
ha intentado todos los remedios posibles para su hijo. Y él le
pide al Señor que lo ayude, aunque con duda, versículo 22, volviendo
al pasaje de Marcos 9. Al final dice, pero si puedes
hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos. Versículo
23. Jesús le dijo, si puedes creer
al que cree, todo le es posible. ¿Creer qué? Creer en la persona de Cristo. ¿Quién es Él? En la obra de Cristo,
lo que Él ha hecho para salvar almas y cambiar vidas. Bajó de
la gloria celestial a este mundo pecaminoso. Imagínense eso. Dios mismo, el Hijo de Dios,
vino de las cortes celestiales a este mundo sucio y pecaminoso
para salvar pecadores como usted y como yo. Hay que creer eso. Creer en la disposición de Cristo
y sus promesas de ayudar a todos los que acuden a Él. Creer que
él vino a sufrir y morir en la cruz del Calvario para tomar
sobre sí el castigo que correspondía a todas las personas que alguna
vez serían perdonadas y recibirían una nueva vida. Él tomó su castigo
de ese pueblo. Ese castigo eterno lo tomó él
por ellos. Eso hay que creer. Lo sufrió
como ellos debían sufrirlo. comprimido en un espacio de tiempo,
en la cruz del Calvario. Debes creer en su disposición
a ayudarte y a recibirte. Él está más dispuesto a ayudarte
y a recibirte de lo que tú estás más dispuesto a entregar tu vida. Él dice, venid a mí, todos los
que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Si puedes creer estas cosas,
Él te ayudará y perdonará todos tus pecados. Él puede darte una
nueva vida y puede darte una relación nueva con Él. Unión
con Cristo, imagínese eso. Él puede ser tu Señor, tu Dios,
tu ayudador, tu Padre, tu Pastor, como Él dice, Jehová es mi Pastor,
y llevarte hasta la gloria eterna con Él. Porque es su promesa. Versículo 23. Si puedes creer,
le dice el padre a este hijo, al que cree, todo le es posible. Versículo 24. Inmediatamente
el padre del muchacho clamó y dijo, creo, ayuda mi incredulidad.
Este versículo nos muestra una de las respuestas más grandes
de toda la Biblia. El padre del joven gritó y dijo,
con lágrimas quizás, lo decía con cada aliento de su ser. Él
dice, aunque la reina Valera no está, pero no sé si en las
Américas sí, pero en la original sí está. Él dice, señor. ¿Qué
diferencia, hermanos? Ahora ya no es el maestro que
dice en el versículo 17, maestro traje a ti mi hijo. Ahora es
el Señor, es mi Salvador, mi Señor. Creo, creo en ti, creo
en tu promesa, pero ayuda mi credulidad. Amigo, tú que buscas
a Cristo, Pero aún tienes dudas, aún temes y dudas. Permíteme
brevemente explicarte algunas luchas reales en tu corazón cuando
vienes a Cristo. La vieja vida y el diablo, que
son enemigos de tu alma, harán todo lo posible para impedir
que vengas. La vieja vida y el mundo no quiere soltarte. No quiere perder su control sobre
ti. El infierno no quiere perderte.
Estos poderes harán todo lo posible para retenerte. Y entonces, a
medida que te acercas a Cristo, te encontrarás pensando lo opuesto
de lo que quieres. Te encontrarás pensando, ¿quiero
esto? ¿debo hacer esto? Quizás esto
me hará miserable. Esto me llevará a lo desconocido.
Esto significará que tendré que renunciar a mi pecado, esto significará
que tendré que servir al Señor y amarlo y no sé si seré capaz. Esto significará entonces que
habrá una lucha interna en ti y pondrá en duda todo lo que
Dios te dice. Tus amigos o algún familiar tuyo
te dirán que todo esto es basura y tonterías. No sigas con esto
te dirán. Eso es lo que sucederá. Las dudas,
los temores vendrán. El padre del muchacho agitado
dio la respuesta perfecta a Cristo. Señor, creo, ayuda mi incredulidad. Y saben, es una oración que Cristo
siempre responderá si lo hacemos con sinceridad. Señor, quiero
creer en ti, pero tengo algunas dudas. Ayúdame, Señor. Y Él lo
hará. Él te ayudará a disipar esas
dudas. Él te ayudará a venir a Él si
lo pides de corazón, si le pedimos fe para creer en Él, porque la
fe es un don suyo. Escucha esta ilustración que
leí en algún lugar. Si vas por la calle, nunca verás un almacén
o una tienda de lo que sea que tenga del mostrador en el vitral
exterior. Un cartel que diga, si deseas
estos productos y no puedes obtenerlos, entra y te daremos el dinero
para pagarlos. ¿Alguna vez ha pasado eso? Nunca
verás eso en un almacén. Pero eso es lo que Cristo nos
dice a nosotros. Si vienes a mí y tienes dudas
y vacilaciones o ansiedad o sientes que no tienes suficiente fe,
entonces ven a mí y pídelo y te lo daré. Pedir y se os dará,
dice el Señor. Buscad y hallaréis, llamad y
se os abrirá. Esa es la misericordia y la bondad
del Señor. Señor, ayúdame en credulidad,
dijo este hombre, porque estás deseando creer en él, el hijo
eterno de Dios. Lo que ha hecho su muerte en
el Calvario por los pecadores y sus promesas de recibir a todos
los que vienen a él son ciento por ciento verdaderas. Entonces,
por favor, no dudes del amor y la compasión y del poder del
Señor. Aprende esto que el Señor me ayudó a aprender hace un tiempo.
Hay tres hechos que aseguran que Dios mantendrá sus promesas. Tres hechos, brevemente. Primero,
su integridad. No la suya, la de Dios. Dios
es un ser íntegro. Segundo, su deseo de salvar.
Y tercero, su poder infalible. Piensa en esto, queridos amigos.
Lo que Dios promete es verdad porque Él es íntegro. Porque
Él es el Dios que no miente. Dios no puede mentir porque eso
contradeciría su carácter santo. Él es luz y en Él no hay ninguna
tinieblas. Así que Cristo ha prometido recibir a cualquiera
que sinceramente se arrepiente y se rinde a Él. Y eso es verdad. Si Él nos dice, y el que a mí
viene, no le echo fuera. Y de igual manera, si Él nos
ha prometido que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel
y justo para perdonar nuestros pecados. y limpiarnos de toda
maldad. ¿Saben, hermanos y amigos? Él
no lo dice jugando. Él no lo dice jugando. Él no
está jugando con nosotros. Él lo dice en serio. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú
para cuestionar a Dios su integridad perfecta al prometernos estas
cosas? ¿Nos miente Dios? Eso ni lo pienses. Antes, si a Dios verás, como
dice el apóstol, y todo hombre, mentiroso. Entonces, es inconcebible
que Dios no cumpla sus promesas, porque Él es totalmente íntegro,
y además, Él tiene todo el deseo de salvar, y Él es todopoderoso
para hacerlo. ¿Por qué las dudas? El Señor
ha prometido la salvación a todos los que acuden a Él en arrepentimiento
genuino. Y tú tienes que confiar en Él,
lo cual es vital en el significado bíblico de ser salvos por medio
de la fe. Le pido que tome aliento su corazón
por el hecho de que nadie que haya acudido genuinamente al
Señor ha sido jamás defraudado. Porque dice el salmista, y no
serán condenados cuantos confían en Él. Mira aquí a tu alrededor. Y pregunta si algunos de los
que aquí han confiado sinceramente en el Señor han sido defraudados. Y estoy seguro que nadie dirá
que sí. Creo en el perdón de los pecados,
pero ¿qué es eso para mí? Dijo Lutero en una ocasión a
lo amigo. Miren lo que dice Lutero. Creo
en el perdón de los pecados, pero ¿qué es eso para mí? Dijo
Lutero. Cuando se encontraba tendido en una cama enfermo.
Ah, le dijo, le respondió su amigo, acaso eso no incluye tus
propios pecados, Lutero? Tú crees en el perdón de los
pecados de David y de Pedro. ¿Por qué no en los tuyos propios? El perdón es para ti, tanto como
lo fue para ellos, le responde este amigo. Si tú te humillas
y le pides de corazón al Señor que te perdone y te haga suyo,
Él te perdonará. Entonces, acude a Él ahora, pues
las palabras de Dios dicen, al corazón contrito y humillado,
no despreciarás tú, oh Dios. Pero hay otros que dicen, Deseo
confiar en Cristo, pero temo que me rechace porque todavía
tengo muchos pecados en mi vida. Y otra manera de expresar esto
es que algunas personas tropiezan en su búsqueda de Cristo porque
piensan que no son todo lo buenas personas que piensan que deben
ser para ser aceptados por Dios. Así que se dicen a sí mismos,
debo primero, yo quiero seguir a Cristo, pero debo primero reformarme,
debo cambiar mi vida primero para pedir a Cristo que me salve.
Esta fue una de las dificultades que recuerdo un joven me expresó
en una ocasión cuando recié yo, el Señor me permitió comenzar
el pastorado en Colombia. Pero, amigos, debemos saber que
es con nuestros pecados que debemos acudir al Señor. Pero esta es una de las lecciones
que tardamos en aprender. Pero sin aprender esta primera
lección, no podemos tomar un paso correcto en dirección a
Dios. Que es con mis pecados que debo ir a Dios. Jeremías
13.23, uno de los versículos de la Biblia que como arminiano
que yo era, hace varios años, me costó entender y aprender.
¿Qué dice Jeremías 13.23? ¿Mudará el etíope su piel y el
leopardo sus manchas? ¿Así también podréis vosotros
hacer el bien estando habituados a hacer el mal? La respuesta
es obvia. No. ¿Puede alguien limpiar su
propio corazón sucio o reformar su propia vida? ¿Puede alguien
por sí mismo conquistar y vencer su corazón pecaminoso? ¿Y limpiarse
de tal forma que pueda hacerse digno de entrar al reino de los
cielos? No, Jesús dice que todo aquel
que hace pecado, esclavo, es del pecado. Y añade, pero si
el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Ahí no
dice si tú te libertas, tú mismo, si el Hijo. Por tanto, tenemos
que ir al Hijo. Usted tiene que reconocer de
una vez por todas y aceptar que no hay nada que pueda hacer para
contribuir a su salvación y que es Cristo quien lo ha hecho todo.
Como expresó en otro lugar un siervo del Señor, la deuda por
tu pecado es tan grande que no hay forma en la cual puedas pagarla. Y tu naturaleza está tan lejana
de Dios que exige que nunca podrías reparar tu vida lo suficiente
o conquistar tus propios pecados internos. ¿Qué acerca del orgullo? de la codicia, del engaño, de
la egolatría, los celos, la ira, la hipocresía. Sólo el Señor
puede salvar tu alma. Sólo la muerte del Señor puede
lavar todos los pecados que tú has cometido. Y sólo el poder
de Dios puede implantar vida espiritual en ti. Su conversión
debe descansar completamente entonces en este hecho fundamental,
que usted confía en que el Señor lo hace todo. Y se da cuenta
que es sólo un pecador condenado que no puede contribuir en nada. Pero si tú sientes que debes
mejorar antes de que puedas confiar en Cristo, no has comprendido
lo esencial, como lo muestra un antiguo himno. ¿Qué dice? ¿Cómo dice el himno? Que su conciencia
no le retrase, tampoco un sueño de ser apto para Dios. Todo lo
que Él requiere de usted es que sienta su necesidad de Él. Venid
vosotros cansados y cargados, perdidos y arruinados por la
caída, si esperáis hasta mejorar, dice la estrofa del himno, entonces
nunca vendréis. Tito 3, perdón, Tito 3, 4, 5,
nos dice la palabra del señor allí, que cuando se manifestó
la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres,
Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,
sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración
y la renovación del Espíritu Santo. El texto dice, nos salvó
no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, pero
por la obra grande de la justicia terminada por nosotros. por Cristo,
nuestro Salvador. Así que nuestra calificación
para obtener esa justicia de Cristo es que nosotros somos
injustos. Así como la calificación del
hombre para el médico es que él está enfermo. Les pregunto,
¿es el ser pecadores una barrera para que nosotros seamos perdonados
y salvos por Dios? Ahora les voy a hacer otra pregunta.
Esa es una pregunta sin sentido, hermanos. ¿Es la sed que usted
pueda tener intensa un impedimento para que usted reciba agua? Es una pregunta sin sentido.
¿Es su suciedad un impedimento para que usted reciba una buena
ducha, una buena limpieza con agua y jabón? Eso tampoco tiene
sentido. Al contrario, es mi sed que me
hace apto para el agua y mi suciedad que me hace apto para la limpieza.
El ser pecadores perdidos no es una barrera para que nosotros
podamos ser salvos, sino al contrario, es la condición, porque el Hijo
del Hombre vino a buscar y salvar lo que estaba perdido. Los sanos
no tienen necesidad de médico, sino los enfermos, porque no
he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento,
dice Cristo. Entonces te ruego que deseches
esa dificultad de tu mente y acude al Señor tal y como eres. Piensa
en el hijo pródigo nuevamente. En el capítulo 15 de Lucas nos
dice que él, volviendo en sí, dijo, ¿cuántos jornaleros en
casa de mi padre tienen abundancia de pan? Y aquí perezco de hambre. ¿Y qué hizo él? Versículo 18
de Lucas 15. Me levantaré, iré a mi padre
y le diré, padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Eso fue
lo que él reconoció y le dijo que tendría que hacer. El arrepentimiento
implica el darse cuenta de que no solamente hemos hecho maldad
en contra de otros, sino que sobre todo hemos desobedecido
de la santa ley de Dios, deshonrándolo a él. Y él dice, contra el cielo
y contra ti he pecado. Versículo 19. Él dice, ya no
soy digno de ser llamado tu hijo. Hazme como a uno de tus jornaleros. Él no se hizo digno para venir
a su padre. Pero él reconoció, ya no soy,
¿qué? Digno. Como algunos, quieren hacerse
dignos antes de irse a Cristo. Eso no funciona así, queridos.
Tenemos que venir a Cristo con nuestra indignidad. Y él se levantó
y vino a su padre. y lo cual nos muestra el movimiento
del pecador para venir al Señor por la fe y el arrepentimiento
genuino. ¿Y saben qué hizo ese buen Padre
bueno y misericordioso? Nos dice la Escritura que desde
muy lejos lo vio y fue movido a misericordia y corrió y se
echó sobre su cuello y le besó. Lo salvó porque vino con su indignidad
y Cristo lo perdonó. Y el último, hermanos, en los
pocos minutos que me quedan. Algunas personas dicen, deseo
buscar a Cristo y ser salvo. Pero no sé si Él me ha elegido
para ser salvo. Tengo esa duda. ¿Será que Él
me ha elegido a mí para ser salvo? Y bueno, no sé si Él está orando
en mi corazón para llamarme a Él. Hay algunos que, a pesar de haber
oído el Evangelio, viven en una cierta desesperación de que el
Evangelio sea para ellos, de que Cristo realmente sea para
ellos. Pero queridos, jamás pensemos
así. Porque si ese deseo de conocer
al Señor y llegar a ser suyo es genuino, es porque Dios lo
ha puesto en usted. Y esa puede ser una excelente
señal. Usted solo tiene un mandato y un deber de Cristo. No investigar
si usted es elegido o no elegido. Su deber es creer en el Señor
Jesucristo y será salvo. Ese es el mandato y es la promesa
y eso deja aferrarse con todo su ser. No suelte eso. Pero permítanme ayudarles y animarles
con esto también. Es verdad, hermanos, que hay
muchos textos en la Palabra de Dios que muestran que Dios ha
escogido que Él es el que inicia la salvación, que la salvación
empieza con un acto soberano de Dios. De tal forma que son
traídos y enseñados por Dios y sus voluntades son abiertas
para creer y confiar en el Salvador precioso de las almas. Juan lo
dice, el apóstol Juan, dice Cristo a través de Juan, ninguno puede
venir a mí si el Padre que me envió no le trajere. Eso es un
texto categórico. Más adelante Cristo dijo, por
eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le fuere dado
del Padre. Santiago nos dice que él de su
voluntad nos hizo nacer por la palabra para que seamos primicias
de sus criaturas. Él nos hizo nacer. Eso es una
verdad absolutamente cierta. Y así hay decenas de textos de
la Biblia que demuestran este hermoso lado de la verdad. Pero
también hay otros textos que muestran que la experiencia de
la vida y de la salvación en un pecado viene después de su
arrepentimiento consciente ante Dios y de creer en el Señor Jesucristo. Jeremías lo dice, permítanme
leerles. Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis
de todo vuestro corazón. Zacarías 1.3, mira lo que dice.
Les dirás pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos. Volveos
a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha
dicho Jehová de los ejércitos. Mateo 11, 28 lo dice, venid a
mí, dice Cristo, todos los que estáis trabajados y cargados
y yo os haré descansar. Dijo el carcelero de Filipos
a Pablo y a Bernabé que estaban allí, si bien recuerdo, señores,
¿qué debo hacer para ser salvo? Preguntó con angustia este carcelero
a Pablo y ellos le dijeron, ¿Investigas si eres predestinado primero?
No. Cree en el Señor Jesucristo y
serás salvo. Ese fue el mandato. Entonces,
mientras que hay algunos textos de la Biblia que muestran que
la salvación es una obra enteramente de Dios, estos también deben
ser comprendidos a la luz de esta otra familia de textos de
la Biblia que nos muestran que el perdón y las bendiciones de
la salvación que experimenta conscientemente un pecador siempre
siguen al arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. Este
hecho es afirmado prácticamente por cada pasaje de la Biblia
que contiene una promesa del Evangelio y debemos tomarlo en
cuenta plenamente. Ahora, hermanos, por favor, entonces,
amigos, dejemos de paralizarnos para confiar en Cristo. porque
no sabes si has sido o no escogido para ser salvo. Y humíllate ante
el Señor, reconoce tus pecados y arrepiéntete, genuinamente,
y confía en el Salvador maravilloso que Dios ha provisto para nuestras
almas. No te detengas más, cobra ánimo,
acude al Señor ahora mismo con sinceridad y pídele como pidió
el leproso Señor, si quieres puedes limpiarme. Estoy seguro
que el quiere porque le he dicho que el quiere. Aférrate a sus
promesas, que Él lo echará fuera al pecador que viene a Él con
sinceridad, y Él lo hará. Hermanos, debo terminar enseguida,
pero espero que esto pueda hacernos pensar en la realidad de que
muchas veces la salvación de las almas se da en un contexto
de muchas luchas y dudas y que es bueno, en alguna manera, conocerlas,
identificarlas para ayudar con amor y paciencia y con gracia
a aquellos que están luchando por encontrar al Señor. Que saben
que la Biblia es verdad, que el Evangelio es verdad, pero
que no han llegado a una convicción plena ni a la fe y al arrepentimiento
para con Dios. Y amigos, hoy hemos lidiado con
algunas barreras, muy brevemente, no son todas. Si usted busca
al Señor y aún hay dudas, aún tiene dificultades que no le
han permitido acercarse plenamente al Señor, y que yo no he mencionado
en esta oportunidad, por tiempo, por el bien de tu alma, busque
consejo espiritual urgentemente de los pastores de esta amada
iglesia. Y preséntale a ellos sus dificultades. que ellos le
ayudarán y le animarán en su búsqueda con sabio consejo y
orientación bíblica. Esté seguro de que esta iglesia
de Cristo ora que muy pronto, más pronto que tarde, tú puedas
confiar y encontrar al Señor y comprobar que Él es fiel a
su palabra y que puedas caminar verdaderamente con Él por el
resto de sus días en esta tierra y por la eternidad. Amén. Padre,
te damos gracias por tu palabra, Señor. y te rogamos que tú obres
en cada corazón conforme a tu perfecta voluntad, Señor, y donde
haya necesidad. Ven con tu espíritu, Señor, y
avívanos, y da vida, Señor, y gracias. por la obra de Cristo que ha
hecho por nosotros. Y gracias, porque, Señor, Tú
lo hiciste todo y sólo nos dices, creen en mí, crean y sean salvos. Pero, Señor, No podemos nosotros
mismos. Ayúdanos. Ten misericordia. Aún como creyentes que ya somos,
ayúdanos a seguir creyendo en ti cada día, Señor, confiando
solamente en Cristo para nuestra salvación. Te lo pedimos en el
nombre de tu santo Hijo. Amén.
Algunas persuasiones y orientaciones para almas que buscan a Dios
| Sermon ID | 2725202403081 |
| Duration | 45:22 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Language | Spanish |
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