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Amén. Bueno, esta porción del Salmo 119 nos abre una ventana a la vida interior del creyente, sus anhelos, sus luchas, sus correcciones, sus consuelos y su resolución firme bajo la palabra de Dios. Pero note bien el enfoque. Bueno, en todo este capítulo, este salmo es la palabra de Dios. Ella debe ser el centro de la vida de todo hombre y el creyente debe vivir, respirar y conducirse bajo la palabra de Dios.
Vamos a ver algunas cosas esta noche. Primero, en primer lugar, vamos a ver desde el versículo 40, un deseo santo, o sea, un alma que anhela vida espiritual, dice versículo 40. Y aquí yo he anhelado tus mandamientos. Vive, vive, fíjame en tu justicia. Y observe el enfoque aquí del salmista.
Su deseo, su anhelo, su corazón están puestos en los preceptos de Dios, la palabra de Dios, sus mandamientos y todo aquello que Dios nos ha dado. Y él tiene un santo apetito por las cosas de Dios. Y oh hermanos, de la misma manera nosotros debemos cultivar un santo apetito por las cosas de Dios. Que nuestros corazones arden con celo por Cristo, quien es el logos divino, la palabra. No se puede separar la palabra de Dios de Cristo, esto es seguro.
Pero observe también un deseo de avivamiento. Vivificarme, dice. Esto es renovación espiritual en la justicia de Dios y el verdadero avivamiento siempre conduce el alma hacia la obediencia. Nunca lejos de ella. Esta es una oración que a Dios le agrada responder. Un corazón frío, aislado de la palabra de Dios, es algo muy, muy peligroso.
Oramos esta noche, hermanos, para que nuestros corazones sean cautivados por este santo apetito por las cosas de Dios. Oramos, Señor, haz que yo desee lo que Tú mandas. Ahora, en el segundo lugar, vemos deleite en el versículo 47 y el versículo 48. Deleite un corazón que se regocija en la palabra de Dios. Dice en 47, y me regocijaré en tus mandamientos los cuales he amado. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé y meditaré en tus estatutos. El deleite en las cosas de Dios no nos nace de manera natural como hombres. Es algo que debe ser cultivado por gracia, por el poder del Espíritu Santo. Y cada día debemos esforzarnos por deleitarnos en las cosas de Dios. Nuestros corazones se enfrían. Nuestras afecciones se apagan y nuestro amor se pierde siempre. Nuestros corazones deben obedecer a nuestro Dios, no de mala gana, sino con gozo.
Y todo esto se centra una vez más en la palabra de Dios. El amor por la palabra produce deleite en la obediencia. También nos ayuda a meditar, a cultivar afecto y a alabar a nuestro Dios de quien proceden todas las bendiciones. Queridos hermanos, orden por un corazón que se deleite en la palabra, que se deleite en Dios, que se deleite en obedecer. No se limiten solamente a soportar la palabra de Dios, sino disfrutenla siempre. Oren por ese espíritu de deleite. Señor, perdóneme por mi frialdad, por mi apatía y líbrame llevándome a un estado de deleite y gozo en Cristo y en el Evangelio.
¿Qué debemos hacer nosotros cuando nuestras afecciones se enfríen? Bueno, confesamos nuestro pecado. Volvemos a nuestro primer amor. Rogamos al Señor que haga a Cristo totalmente hermoso para nosotros. Vivimos y moramos en la palabra. Oramos sin cesar. Y el Señor oye esas oraciones.
Entonces, mis hermanos, No se contenten con una vida cristiana fría y sin afecto. No se resignen a obedecer a Dios solo por deber externo. Rueguen al Señor por un corazón vivo, sensible, que ame lo que Él ama. Y clamen por este deleite santo en Dios y en su palabra. porque cuando el corazón ama a Dios, la obediencia deja de ser una carga y se convierte en gozo para nosotros. Y también no descuiden los medios de gracia. Permanezcan en la palabra, perseveran en la oración y confíen en que el Señor es fiel para avivar el corazón que humildemente le busca.
Ahora, en el tercer lugar, en los versículos 49 y 50, vemos un poquito de la aflicción o un alma consolada en medio del sufrimiento. Dice, acuérdate de la palabra dada a tu siervo. en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.
Mis hermanos, debemos entender la realidad de la aflicción y del sufrimiento en esta vida. A causa del pecado sufrimos. Enfrentamos tribulaciones, Y el salmista nunca ignora este dolor, más bien reconoce que es real y muchas veces abrumador para nosotros.
Pero observe el consuelo del creyente aquí, una vez más, la palabra de Dios. El verdadero consuelo en medio de la aflicción y la pérdida proviene de las promesas de Dios, de su palabra. La palabra viva afirma y sostiene el alma. Entonces, querido creyente, esta noche, cuando enfrente pruebas, sufrimientos, aflicciones, cura a Cristo, cura a su palabra. Y usted, si usted es un incrédulo, usted debe ahora curar a Cristo por la fe. Oye a Él y véalo como su única esperanza. Y si así lo hacemos, ciertamente hallaremos verdadero consuelo en medio de la aflicción.
Descansamos siempre en nuestro Dios inconmovible. También, hermanos, no busquen consuelo. No busquen consuelo donde Dios nunca prometió dárselo. No esperen que el alivio verdadero brote de las circunstancias, sino de la palabra viva del Dios inmutable. Afiéranse a Cristo por la fe. Permanezcan bajo su palabra y confíen en que el mismo Dios que ordena la prueba es fiel para sostener el alma que se apoya en él.
Como dice, ve allí los versículos 71 y 72 Bueno me es haber sido humillado para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y de plata. Número 4. Aquí vemos también la devoción. 57 y 58. Mi porción es Jehová. He dicho que guardaré tus palabras. Tu presencia supliqué de todo corazón. Ten mis recuerdos de mí según tu palabra. Observe que es Dios mismo quien es la porción del creyente. El don de Dios mismo a su pueblo es lo que produce esperanza, anhelo, deleite y gozo.
No son nuestras circunstancias, ni nuestra seguridad en esta vida, ni nada que se encuentre en este mundo. Dios debe ser el centro de nuestras vidas, de cada pensamiento, de cada acción, de cada obra. ¿Qué es lo que le da sentido a su vida, querido amigo? ¿Es el consuelo en esta vida o es el Cristo verdaderamente? ¿Es la estabilidad o son las promesas incomovibles de Dios?
Debemos rodearnos también de aquellos que desean lo mismo. Más de Dios y menos de mí. Debemos recordar que no somos más que peregrinos de paso camino a la ciudad celestial. Por tanto, Tenga la seguridad de que Dios tenga la preeminencia en su vida. Ore por esta reorientación, día tras día, momento a momento. Hermanos, no viven con un corazón dividido. No intenten hallar descanso en lo que pasa. Fijen sus efectos en el Dios eterno. Hagan de Dios su porción, su tesoro y su mayor bien. Y día tras día por los medios de gracia piden al señor que él sea cada vez más grande en sus efectos y ustedes cada vez más pequeños ante su gloria.
Y finalmente. Vimos vemos aquí. En los versículos 73 y 74, la determinación, o sea, un corazón decidido a perseverar. Finalmente, Vemos aquí un corazón determinado, un corazón resuelto a perseverar por la fe en la esperanza de la palabra de Dios. Aquí hay una dependencia que la criatura debe manifestar.
Dependencia de Dios y no de sí mismo. Confianza en el Señor y no en mis propias fuerzas. Y si somos honestos, mis hermanos, Si somos honestos, con mucha frecuencia, vivimos como personas autosuficientes. No oramos como debemos, simplemente actuamos. No detenemos nuestros vidos para someter cada pensamiento, cada deseo y cada acción a la palabra de Dios. Debemos vivir como personas dependientes de Dios, desesperadas, porque porque Dios actúe y obre en nuestras vidas.
Pero nuevamente, es la gracia de Dios la que nos hace perseverar. Y debemos orar con ese fin. Señor, guárdame, consérvame, que todos mis días sean vividos en tu presencia y para tu gloria. ¿Vacila su corazón? ¿Está inquieto e instable? Entonces, ore. por esta santa resolución por las cosas de Dios. Ore para ser sostenido por la gracia cada día y arrepiéntase de confiar en sí mismo.
Hermanos, no se apoyan en la fuerza de su propio brazo. Reconozcan su necesidad diaria de la gracia de Dios y viven de rodillas delante del Señor, dependiendo de Él para cada paso. Y confíen en esto. El Dios que comienza la buena obra es fiel para sostener y preservar a su pueblo hasta el fin. Es por eso dice el versículo 80. Sea mi corazón íntegro en tus estatutos para que no sea yo avergonzado. Que el Señor nos ayude, mis hermanos, y que podamos orar con estas cosas en mente esta noche. Vamos a orar.
Una Vida Vivida Bajo la Palabra de Dios
Series Meditaciones para Oración
Culto de Oración
| Sermon ID | 252631705715 |
| Duration | 14:47 |
| Date | |
| Category | Prayer Meeting |
| Bible Text | Psalm 119:40-80 |
| Language | Spanish |
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