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así poder tener ese tiempo de
poderlo hacer de manera virtual y que usted también pueda ser
edificado con esta lectura que es interesantísima. está a su
disposición un ejemplar, si usted así se anima a pedirlo. Mientras tanto, nosotros continuamos
con lo que es la lectura del capítulo 4. Hoy vamos a terminar
este capítulo 4. Este capítulo lleva el mismo
título del libro, que es creer una segunda exploración. Así
que acompáñenme, acompáñenme en este momento y preste atención
a la lectura que también nos desafía como creyentes a poder
saber lo que es la fe salvífica. Dice así, luego esperar pasivamente. Me puedo imaginar que alguien
saque la siguiente conclusión. Si yo no puedo hacer nada, entonces
solo debo esperar hasta que un buen día de repente venga a mí
la fe. Eso parece muy lógico, pero el
creer tiene como el amor su propia lógica. Esa es muy distinta de
la lógica de la razón. En ocasiones la razón mueve la,
entre comillas, sabia cabeza cuando ve lo que hace el amor. No, en ninguna parte la Biblia
saca la conclusión que creer es un don. Por tanto, debes simplemente
sentarte a esperar hasta que recibas ese regalo. No es así. Espero que usted ahora se encuentre
algo más curioso y anhele saber más sobre ese acontecer de la
fe claramente tan extraño. Intentaré con mucho gusto seguir
describiéndolo, aunque es realmente difícil. Es tan difícil como
describir qué es el amor entre una joven y un joven, o entre
una madre y su hijo. Puedes escribir poesías sobre
el amor. Puedes hacer una gran novela
con todas sus intrigas sobre el tema del amor. Pero querer
encerrar en palabras lo que es el amor es algo muy difícil. Y eso es también lo mismo con
el creer. Luego, ¿algo que hacer? Sí. Cuando el carcelero de Filipos
preguntó a Pablo y a Silas qué debo hacer para ser salvo, no
les respondieron, no debes hacer nada, sino esperar pasivamente
hasta que Dios tal vez te dé la fe. Ellos respondieron al
carcelero, creen en el Señor Jesucristo y serás salvo. Hechos 16, 31. Creer es ciertamente un don de
Dios, pero también un quehacer del hombre. Dios no es el que
cree en nosotros. Nosotros mismos debemos creer,
aunque ese creer también es causado y obrado por Dios. Por eso encontramos
continuamente en la Biblia el llamamiento a creer. Incluso
Jesús comenzó su predicación con eso. arrepentíos y creed
en el Evangelio". Marcos 1, 15. Quien no haya querido
creer en Jesucristo no debe pensar que después de su muerte puede
alegar su incapacidad para por sí mismo llegar a la fe como
una excusa ante el Señor. de verdad que no será absuelto
ante el tribunal eterno cuando quiera alegar en su defensa,
la fe es un don de Dios, luego el divino juez no puede condenarme
porque yo no haya creído, ya que él no ha querido darme esa
fe. En primer lugar, la fe es un
don de Dios, es en efecto plenamente bíblico. pero la conclusión que
saca de eso, luego, no es bíblico. Una especial forma de hacer.
No sin cierta duda llamo al creer un hacer, pues realmente no es
un hacer, al menos en el pleno sentido de la palabra. Creer
es abrirte tú mismo para recibir algo. Creer es saber que dependes
de alguien que lo hace y lo ha hecho todo por ti. ¿Se da cuenta
de lo difícil que es encerrar en palabras lo que es creer?
Eso ocurre porque el creer hace al hombre así de rico. La actitud
de la fe en Cristo tiene tal cantidad de matices y matizaciones
que yo necesitaría todo un libro para poder describirla un poco. Pero si usted mismo ha llegado
a la fe, también leerá este libro de una manera muy distinta. Es
lo mismo que cuando alguien sabe por su propia experiencia lo
que es amar. Tampoco nadie lee un libro sobre
qué es el amor porque no sepa la respuesta, sino más bien porque
encuentra maravilloso ver cómo es cantado el amor y a la vez
su propio amor se puede intensificar. Así leerá un creyente este libro. Cantará conmigo el prodigio de
la gracia de Dios en Jesucristo. y quizás su fe se profundice
y se enriquezca. Tal vez les resulte más fácil
comprender cómo Dios obra la salvación. Contradicción. Puede ser que usted pierda la
paciencia y diga, no comprendo nada de esto. Usted dice que
la fe es un regalo que debemos recibir de Dios, y por otra parte
usted afirma que yo soy responsable si no creo. Esa es una contradicción
interna. Además de darle una respuesta,
debo en primer lugar recordarle que la fe, así como el amor,
tiene su propia lógica. donde el raciocinio no entiende
nada o muy poco. Escuche el lenguaje que una madre
utiliza con su hijo. Eres encantador. Me dan ganas
de comerte. Y lea las cartas de un enamorado. Si tú no miras en el fondo de
ese amor, entonces te parecerá un lenguaje ingenuo lleno de
internas contradicciones. No digas tan deprisa que es algo
ridículo e ilógico. Por suerte, la vida real es más
que un trenzado de fe realógica. Nuestra alma no vive solo de
teoremas y conceptos. Nuestro corazón tiene necesidad
de los misterios que están por encima de los fríos esquemas.
Escucha atentamente lo que la Biblia dice sobre lo que es creer. Hebreos 11.1, es pues la fe,
la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se
ve. Tal vez suene esto como un código
secreto en sus oídos, y sin embargo hay en eso una profunda sabiduría
que cada vez se abre más ante usted. Pero no es una sabiduría
del hombre. como nos dice 1 Corintios 2.7
y 2.10. Más hablamos sabiduría de Dios
en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes
de los siglos para nuestra gloria. Pero Dios nos las reveló a nosotros
por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo
de Dios. ¿Hacia dónde apunta ¿La fe? Podemos tener una visión más
completa sobre lo que es creer si de nuevo nos preguntamos hacia
dónde apunta la fe. La fe se extiende hacia algo
y hacia alguien. Muchas cosas puedes llegar a
saber o pueden llegar a saber lo que son si te explican para
qué son utilizadas o para qué sirven. Si ves un instrumento
con grandes tubos y distintas lentes, y se te dice que lo que
se intenta con ese aparato es acercar las estrellas a nosotros,
entonces te das cuenta de que es un telescopio. Ya hemos oído
de pasada para qué sirve el creer. Por la fe podemos descubrir a
Cristo. por ella podemos acercarle a
nosotros mejor. Por la fe, Cristo nos acerca
a Él. La fe, pues, tiene como función
unirnos a Cristo y guardarnos unidos a Él. Creer es aceptarle, recibirle. Esto está claro en Juan 1.12,
más a todos los que les recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Lo que significa
aceptar, recibir, te lo puede contar un niño. Los niños también
saben que tú no puedes hacer valer ningún derecho para recibir
un regalo. Un regalo es algo muy distinto
de un salario, algo que tú has ganado en el caso del salario. En efecto, el salario lo ganas
tú con el trabajo para lo que has sido contratado. Tu contratante
está obligado a darte el salario convenido. Si él se niega, le
puedes llevar ante los tribunales y siempre tendrá las de perder. Pero si tú, por ejemplo, el día
de tu cumpleaños no recibes el regalo que tú habías esperado,
puedes sentirte profundamente desilusionado, pero no puedes
llevar a nadie ante un tribunal porque no quiso darte ese regalo
en concreto. Y si lo intentases, perderías
sin apelación y estarías obligado a pagar todos los gastos del
juicio. Creer es dejarle entrar. Esto se desprende de la carta
que Jesús escribe a la iglesia de la odisea. En Apocalipsis
3.20 dice el Señor que le está llamando a la puerta y al corazón
de todo el que le oye. Él no fuerza para entrar dentro.
Él nomina nuestra casa. Su actitud es de buena gana o
no. Esto está totalmente de acuerdo
con lo que es creer. Creer es tener confianza. Tú
no puedes hacer tener confianza a alguien por la fuerza. El creer nos impone. Y sin embargo,
también la confianza de la fe debe de surgir de dentro de ti,
y al mismo tiempo viene de fuerza hacia ti. Te debe ser dada. Repetimos, la fe es un ejercicio
para el hombre y un don de Dios. Si oímos la llamada de Jesús
a la puerta de nuestra alma, por eso solo aún no estamos en
condiciones de levantarnos y abrirle la puerta. Por naturaleza, todo
en nosotros se opone a eso, porque sabemos que Él quiere solamente
entrar en nosotros si nos reconocemos a nosotros mismos como perdidos
pecadores, que solo podemos ser salvos por Él como el Salvador. Y no deseamos pasar tal humillación,
pero ese es el milagro de la gracia de Dios. Él quiere regalarnos
esa fe, esa disposición a humillarnos ante Dios. Su nombre sea amado. Gloria al nombre del Señor. Con esta parte concluimos el
capítulo 4 de este libro. En una próxima ocasión estudiaremos
el capítulo 5. Creer en Cristo es el mandamiento
de Dios. Que la pasen muy bien.
Una segunda exploración
Series Lecturas Devocionales
Acompáñame en la lectura del libro: ¿Que es creer? Esta es la lectura del capítulo 4, segunda parte.
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La versión de la Biblia que utilizamos es la Nueva Biblia de Las Américas (NBLA)
| Sermon ID | 218242314335298 |
| Duration | 14:15 |
| Date | |
| Category | Audiobook |
| Language | Spanish |
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