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Hebreos capítulo 2, voy a leer
del versículo 1 al 4. Por lo tanto, debemos prestar
mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos,
porque si la palabra hablada por medio de ángeles, resultó
ser inmutable, y toda transgresión y desobediencia recibió una justa
retribución. ¿Cómo escaparemos nosotros si
descuidamos una salvación tan grande, la cual después, que
fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada
por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto
por señales como por prodigios, y por diversos milagros, y por
dones del Espíritu Santo, según su propia voluntad. Vamos a orar para que el Señor
Jesucristo use su palabra. para el bien de nuestras almas,
clamemos a Dios a través de Cristo. Oh Padre, te alabamos por tan
grande salvación que tú has obrado en Cristo, que has anunciado
a través de tu Hijo amado, confirmado a través de los apóstoles, y
atestiguada por ti a través de obras extraordinarias. Te damos
gracias por lo que Cristo hizo para salvar a pecadores. Danos
oídos para escuchar nuevamente con gozo y alegría las buenas
de salvación. Aquellos que están perdidos,
te suplicamos que tú abras sus oídos, que sea esta noche cuando
ellos abandonen sus pecados. por la fe reciban a Cristo. Oh Padre ven y haz esto, te lo
suplicamos en Cristo. Amén. En esta ocasión vamos a considerar
una pregunta retórica que se encuentra en la Biblia. Según
el Diccionario de la Real Academia Española, la retórica es el arte
de bien decir. de embellecer la expresión de
los conceptos, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante
para deleitar, persuadir o conmover. Una pregunta retórica, entonces,
es una pregunta diseñada para persuadir o conmover con eficacia. No busca información, más bien
su objetivo es producir un efecto o hacer una afirmación para conmover
o persuadir a los oyentes. Una pregunta como ésta la encontramos
en la Epístola a los Hebreos, capítulo 2, versículo 3. Allí dice cómo escaparemos nosotros
si descuidamos una salvación tan grande. Antes de estudiar
el contenido de esta pregunta, es necesario entender su fundamento. ¿Sobre qué cosa se basa el escritor
de esta pregunta? para tratar de persuadirnos a
tomar en serio sus inquietudes. La persuasión del escritor se
basa en dos realidades que tienen que ver con la salvación. La primera realidad es que Dios
ha provisto una gran salvación, descrita como dice el texto,
salvación tan grande. El escritor nos pregunta, ¿cómo
escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? El escritor nos habla de esta
gran salvación al principio de su epístola. Hebreos capítulo
1, versículos del 1 al 3 declaran, Dios habiendo hablado hace mucho
tiempo en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres poloprofetas,
en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo. ¿Quién es
éste a quien constituyó heredero de todas las cosas? ¿Por medio
de quién hizo tan bien el universo? Él es el resplandor de su gloria,
la expresión exacta de su naturaleza. Él es el que sostiene todas las
cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación
de pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Esta persona que se describe
en estos versículos es el Hijo de Dios a quien Dios el Padre
llama en ese capítulo Dios. Según el versículo 3, Él hizo
purificación de pecados, ciertamente no por sus pecados, porque Él
no cometió pecados, sino que hizo purificación de pecados
a favor de aquel pueblo que Él iba a salvar del pecado. Él hizo purificación de pecado. Y para realizar esta obra de
purificación, según el capítulo 2, versículos 14 al 18, el Hijo
de Dios tomó una naturaleza humana. Versículo 14 del capítulo 2,
vayan al texto, dice, Así que Por cuanto los hijos participan
de carne y sangre, él igualmente participó también de lo mismo,
para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el
poder de la muerte, es decir, el diablo. y librar a los que
por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante
toda la vida, porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino
que ayuda a la descendencia de Abraham. Por tanto, tenía que
ser hecho semejante a sus hermanos en todo. a fin de que llegara
a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que
atañen a Dios, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. El
Hijo de Dios vino a ser propiciación por los pecados del pueblo, vino
a aplacar la ira de Dios contra el pecador, contra el pueblo
que Dios iba a salvar. La ira divina es la reacción
santa y justa de Dios contra el pecado. contra la desobediencia
a la ley de Dios. Dios está irado contra el pecador. ¿Por qué? Porque éste se ha rebelado
contra Dios, ha ofendido a Dios. Éste ha desobedecido la ley de
Dios. Y la reacción de Dios ante tal
cosa es ira, que trae consigo, se manifiesta a través de ese
castigo que Dios trae sobre los hombres, la muerte, muerte y
juicio que los hombres temen. Pues el Hijo de Dios tomó una
naturaleza humana, un cuerpo y un alma realmente humanos para
hacer purificación y propiciación por el pecado. ¿Para qué? Para librar a los que por el
temor a la muerte estaban sujetos a la esclavitud durante toda
la vida. Cuando ustedes oyen que el pastor
dice y enfatiza tomó una naturaleza humana, esto era esencial. No podría haber salvación sin
que él tomara una naturaleza realmente humana. Él se hizo
hombre para tomar el lugar del hombre. y como hombre se ofreció como
sacrificio por el pecado del hombre. Él tomó una naturaleza humana. Esto le llevó a nacer de una
virgen Esto significa que hubo un niño real que nació en Belén,
en un lugar geográfico real en esta tierra. Este niño llegó
a ser un joven real que creció en Nazaret. Este joven llegó
a ser un hombre real que fue bautizado en el río Jordán que
se encuentra allí en Palestina. Allí, en Israel, este hombre
real se llamó Jesús. Él anduvo en Palestina haciendo
el bien y confirmando su identidad como el Mesías, el Cristo, el
Ungido. Él anduvo cumpliendo todas las
profecías dichas. en el Antiguo Testamento sobre
él y sobre su obra salvadora. Este hombre real, llamado Jesús,
fue entregado a los líderes religiosos de los judíos en Getsemaní y
a las autoridades romanas en Jerusalén. Estos son hechos,
realidades. Este hombre real fue llevado
a un lugar llamado Gólgota, y allí sobre una cruz sus brazos fueron
extendidos y sus manos clavadas en aquella cruz, aquella cruz. Allí Jesús derramó su sangre. Sangre que realmente salpicó
y cayó sobre la tierra. En aquella cruz Él sufrió contunciones
reales en su cabeza. Fue el objeto de burla. Padeció, sí, una muerte real. Su cuerpo fue sepultado en una
tumba real. Y al tercer día de haber sido
sepultado su cuerpo. fue resucitado. Mujeres oyeron
a los ángeles anunciar la resurrección. Hombres vieron a Jesús, el resucitado,
ascender al cielo después de esa resurrección y de haber logrado
una salvación real a favor de su pueblo. que logró a través
de su sangre y el triunfo de su resurrección. Es a través
de esta persona que Dios ha provisto una salvación perfectamente adecuada
para todas las necesidades del más vil pecador. Es por esto
que el escritor de la epístola a los hebreos Hace la pregunta,
cómo en vista de estas realidades, cómo escaparemos nosotros si
descuidamos una salvación tan grande. No se trata de cualquier
salvación, no es sólo una salvación, ni meramente una gran salvación,
sino que se trata de una salvación tan grande. No tiene paragon. John Brown
nos explica algunas de las razones por las que esta salvación se
describe de esta manera. Esta salvación es tan grande
por los males de los que nos libra y las bendiciones a las
que nos eleva. Esta salvación nos libra del
disgusto de Dios, con todas sus consecuencias terribles en el
tiempo y la eternidad. La realidad del disgusto eterno
de Dios va más allá de lo que nosotros podríamos imaginarnos. Este disgusto se manifiesta en
las miserias y en los múltiples sufrimientos que el hombre padece
cuando vive en esta tierra. Se manifestará también en los
tormentos indescriptibles que el hombre sufrirá si en aquel
lugar del cual Jesús habló, el Gehenna, el infierno. Aunque
ahora la capacidad del hombre para percibir y sufrir estos
tormentos es limitada, Dios el Todopoderoso aumentará tal capacidad
para que el hombre pueda sufrir intensa e incesantemente estos
tormentos horribles y eternos en el infierno. No juzgues según lo que tú puedas
ver hoy. Juzga según lo que Dios va a
hacer y la capacidad que dará a tu cuerpo para colocarte en
el quejera para que allí sufras por la eternidad. Y tal cosa
no es imposible. El Dios que dijo, mandó, creó
y existió. Esta salvación tan grande que
Jesús obtuvo otorga grandes bendiciones. Concede al hombre el perdón pleno,
libre y eterno de sus pecados. Libra al hombre de la esclavitud
al pecado. Le libra del reino de las tinieblas
y lo traslada al reino de Jesucristo. ¡Qué gran privilegio! Esta salvación
en Cristo quita la culpa, da acceso al trono de la gracia,
crea una buena esperanza y a su debido tiempo obrará pureza y
felicidad perfectas que no tendrán fin. Escúchame, niño joven, este
cuerpo, este cuerpo débil, se vestirá
de inmortalidad. Si ha sido sepultado por el poder
de Dios, se integrará y resucitará para luego gozar de qué? De los cielos nuevos y la tierra
nueva donde prevalecerá. la justicia. Allí no habrá más
llanto, allí no habrá más dolor, allí no habrá más lágrimas, injusticia,
iniquidad, violencia. No habrá enfermedad, ni muerte. Será un mundo perfecto. ¡Qué
grande salvación! Por toda la eternidad, sin interrupción,
el hombre disfrutará de Dios. ¿Cómo somos librados de estos
males? ¿Y cómo se obtuvieron estas bendiciones? Por medio de la encarnación,
sufrimiento, obediencia y muerte del unigénito Hijo de Dios, Él
se entregó por nosotros como una ofrenda expiatoria por el
pecado. ¿Y cómo se aplica esta grande,
esta salvación tan grande, por medio de la obra del Espíritu
Santo, que por Su gracia poderosa y eficaz aplica esta salvación
al hombre. cuando Dios por el Evangelio
llama eficazmente a ese hombre a gustar de la salvación en Cristo. Aquel poder que el Espíritu de
Dios ejerció para crear el mundo y para resucitar a Jesucristo
de los muertos es el poder que el Espíritu Santo ejerce para
aplicar esa salvación tan grande. Sin duda alguna que esta liberación
es digna de esta descripción. Ante la realidad de esta salvación
tan grande, Y la posibilidad de descuidarla, el escritor de
la carta a los hebreos hace la oportuna pregunta, ¿cómo escaparemos
nosotros si descuidamos una salvación tan grande? El fundamento para
esta pregunta consiste de dos realidades. La primera realidad
es que Dios ha provisto una gran salvación. La segunda realidad
es el testimonio que se ha dado de esta gran salvación, salvación
tan grande. Esta salvación ha sido anunciada
Confirmada y atestiguada, el versículo 3 del capítulo 2 de
Hebreos dice, ¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación
tan grande, la cual fue anunciada primeramente por quién, nada
menos que el Señor, el Hijo de Dios? El Señor de la Gloria,
que tomó una naturaleza humana, anunció esta salvación tan grande. En Marcos 1, versículos 14 y
15 dice, después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino
a Galilea proclamando el Evangelio de Dios y diciendo, El tiempo
se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. Arrepentíos
y creed en el Evangelio. Después de su resurrección, Jesucristo
se apareció a sus discípulos y les dijo Lucas capítulo 24,
versículo 44 y 47, esto es lo que yo decía cuando todavía estaba con vosotros,
que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí esté escrito
en la ley de Moisés, en los profetas, y en los Salmos, en el Antiguo
Testamento. Así está escrito, que el Cristo
padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día, y
que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón
de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Esta salvación anunciada por
el Señor fue confirmada por Sus discípulos, a quienes Él llamó
a servir. ¿A quién? A quienes Él llamó
apóstoles. Hebreos 3, versículo 2 declara,
la cual después que fue anunciada primeramente por medio del Señor,
nos fue comunicada, nos fue confirmada por los que oyeron. Lo que sigue indica que estos
que oyeron se refiere a sus apóstoles, pues su testimonio fue respaldado
de una manera especial por señales, prodigios, milagros. Hechos 5,
versículo 2, dice que por mano de los apóstoles se realizaban
muchas señales y prodigios. La primera epístola de Juan,
capítulo 1, versículos 1 al 3, allí encontramos La confirmación
apostólica sobre esta grande salvación que Jesús anunció dice
lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos
visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han
palpado nuestras manos acerca del verbo de vida Pues la vida
fue manifestada y nosotros la hemos visto y damos testimonio
y os anunciamos la vida eterna la cual estaba con el Padre y
se nos manifestó. hemos visto y oído, os proclamamos
también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión
con nosotros, y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con
Su Hijo Jesucristo. Como testigos Presenciales, los
apóstoles dieron testimonio de la veracidad de los eventos ocurridos
y del mensaje que había sido predicado por el Señor Jesucristo. Esta salvación fue también atestiguada
por la actividad extraordinaria y milagrosa de Dios, Hebreos
2, versículo 4, dice, testificando Dios. Juntamente con ellos, tanto
por señales, como por prodigios, y por diversos milagros, y por
dones del espíritu según su propia voluntad, Dios confirmaba la
veracidad de la predicación y del testimonio de los apóstoles a
través de prodigios, señales, milagros y dones. Estas cosas
Él mismo, Dios las obró a través de estos hombres para dar a conocer
que lo que ellos decían era la verdad. Ahora bien, ¿qué es esto
de señales, prodigios, milagros y dones? Como otro explicó, el
término señales se refiere a un milagro que viene a ser una prueba
de la validez del testimonio cristiano. Prodigios, Griego
Teras, habla de una maravilla con un significado espiritual,
algo que no se explica según las leyes de la naturaleza. Cada
prodigio o teras es una señal. Pero una señal no es necesariamente
un teras o un prodigio. Para Juan, las obras de Cristo
eran señales que testificaban de su divinidad. La combinación
de señales y prodigios se hallan en pasajes bíblicos, como Marcos
13.22, Juan 4.48. Con frecuencia lo vemos en los
Hechos. En orden inverso, Romanos 15.9,
Segunda a los Corintios 12.12. Luego el escritor del Epístola
a los hebreos se refiere a los milagros. puede traducirse diversas
maravillas. Dios atestiguaba el mensaje de
los apóstoles con milagros. La palabra griega es dunamis,
mejor traducido, poderes milagrosos. La Biblia de las Américas dice
diversos milagros. Esta designación se refiere a
los poderes que tenían los discípulos para hacer milagros. Pedro sanó
un cojo, restauró un paralítico, resucitó a dorkas de los muertos. Luego se menciona los dones,
o mejor los repartimientos del Espíritu Santo, los repartimientos
en griego, merismos, del Espíritu Santo. La idea es que a cada
uno de estos apóstoles se le dio una medida de un don espiritual
Se dio o repartió este don de acuerdo con la condición espiritual,
el deseo ferviente de poseerlo, y más importante, se repartió
según la voluntad soberana del Espíritu Santo, 1 Corintios 12,
versículo 11. Señales, prodigios, milagros,
dones expresan el carácter múltiple de las pruebas de una gran fuerza
espiritual que estaba siendo ejercida sobre los primeros discípulos
y por medio de ellos, y todo esto para validar su mensaje. Este pasaje nos enseña que estas
manifestaciones extraordinarias, estas señales, prodigios, milagros
y dones no fueron realizados para divertir a la gente. no fueron presentados para divertir
a la gente, para satisfacer la curiosidad humana, sino para
atestiguar o afirmar la veracidad del testimonio apostólico. Dios usó estos milagros con el
expreso propósito de sellar la verdad del Evangelio que los
apóstoles predicaron. Nosotros, los lectores del Nuevo
Testamento, no hemos visto a Cristo. No hemos oído directamente su
voz como los apóstoles. No hemos visto sus milagros.
No estuvimos presentes cuando el Dios vista a los ciegos. no
comimos panes ni peces multiplicados por su poder. Ah, pero tenemos
en forma escrita el mensaje de salvación que él proclamó. Tenemos sus palabras y obras
confirmadas por el testimonio de los apóstoles, testimonio
atestiguado por Dios por medio de señales, prodigios, milagros,
y dones. ¿Todas estas pruebas para qué? Para confirmar la veracidad del
testimonio de Jesús y sus apóstoles acerca de esta tan grande obra
de salvación, obrada por el Señor de señores, el Hijo de Dios. La pregunta retórica que procura
persuadirnos a que no descuidemos esta salvación tan grande se
basa en dos realidades. La gran salvación que Dios ha
provisto y el testimonio contundente sobre esta gran salvación. Puesto que hay una salvación
tan grande, y porque esta salvación nos ha sido anunciada, confirmada
y atestiguada, ¿cómo escaparemos nosotros? ¿Cómo escaparás tú si descuidas una salvación
tan grande? Hasta aquí hemos considerado
el fundamento de esta pregunta retórica. Ahora consideremos,
en segundo lugar, el contenido de esta pregunta. Esta pregunta
habla de una actividad y de un resultado. Observen, la realidad
principal que preocupa al escritor de la epístola no es un rechazo
hostil y abierto de la salvación, No es una negación agresiva de
esta salvación, ni es una burla blasfema contra esta salvación. La actividad que inquieta al
escritor que hace la pregunta es simplemente un descuido. Ahora, ¿cómo se puede descuidar
esta salvación tan grande? Alguien correctamente señaló
que Mateo 22, del 1 al 5, nos ayuda, o nos ayudará a entender
cómo se puede descuidar esta salvación. Mateo 22, dice, versículo
1 al 5, tomando Jesús la palabra, les hablo otra vez. En parábolas
diciendo, el reino de los cielos puede compararse a un rey que
hizo un banquete de bodas para su hijo y envió a sus siervos
a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no
quisieron venir. De nuevo envió otros siervos
diciendo, Decid a los que han sido invitados, Ved, ya he preparado
mi banquete, He matado mis novillos y animales cebados, Y todo está
aparejado, venid a las bodas. Pero ellos no hicieron caso,
Y se fueron uno a su campo y otro a sus negocios. Palabra griega
ameleo, que en hebreos 2, 3 se traduce descuidar, en Mateo 22,
5 se traduce no hicieron caso. Podríamos hacer la pregunta de
esta manera, ¿cómo escaparemos nosotros si no hacemos caso de
una salvación tan grande? El versículo 5 de Mateo 22 nos
da una idea de la manera en que estos súbditos descuidaron la
invitación del rey. Este versículo dice, y se fueron,
uno a su campo, otro a sus negocios. Yo tengo más cosas, yo tengo
cosas más importantes que hacer, que tratar con asuntos de el
rey. En otras palabras, trataron sus
quehaceres e intereses personales como cosas más importantes que
la invitación del rey. No le dieron importancia a esa
invitación, sus tareas y quehaceres no eran cosas malas en sí mismas. Pero al ellos tratar sus asuntos
propios como más importantes que la invitación del rey, ellos
menospreciaban la invitación y, por lo tanto, rechazaban al
mismo rey. No le hicieron caso a la invitación
del rey, no vieron la invitación como un gran privilegio, no les
interesó la compañía del rey y lo que él les ofrecía. Esta es la manera en que muchos
tratan la invitación que Dios les extiende a través del mensaje
del Evangelio. Menosprecian la salvación que
se les ofrece, no quieren tener una verdadera comunión con Dios. Esto Es una gran ofensa contra
Dios y un menosprecio de su bontad, misericordia y gracia. Aunque estas personas no tratan
a Dios con una hostilidad abierta, El mero hecho de tratar sus propios
intereses como algo más importante que el tener comunión con Dios es un menosprecio enorme. Así como los súbditos del rey
no tomaron en cuenta las preparaciones que el rey había hecho para recibirlos,
así también los pecadores desprecian y rechazan al rey del universo
al no tomar en cuenta todo lo que Dios ha hecho para proveer
¡Una salvación tan grande! ¡Salvación que Él les ofrece
por su purísima gracia! Amigo, la invitación de Dios
no es meramente una invitación, es también un mandato. Hechos 17, 30 declara, Dios declara
a todos los hombres en todas partes que se arrepientan. Primera de Juan 3, 22, y este
es su mandamiento, que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo. El arrepentirte de tus pecados
y creer en el Hijo de Dios no son opciones, son mandatos. Son mandatos como lo son los
diez mandamientos. Así como tú no tienes ningún
derecho de ignorar los diez mandamientos, tampoco tienes el derecho de
evitar o posponer el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. Dios no te invita a venir a Él
cuando te sea conveniente. No, Dios te manda a venir a Él
ahora, hoy. No tienes el derecho para tratar
su invitación y oferta con indiferencia. Por otro lado, Dios no te manda
a indagar para ver si tú eres uno de los elegidos. Para que
te animes a venir a Él, tú no tienes que preocuparte por tal
cosa. Tu deber es arrepentirte de tus
pecados y creer en Jesucristo para la salvación de tu alma.
Si no aceptas la invitación de Dios en el Evangelio, oh amigo,
oh joven querido, manifiestas Tú no deseas la salvación que
Dios en Cristo te ofrece, anunciada por Cristo, confirmada por sus
apóstoles, atestiguada por Dios a través de señales, prodigios,
milagros y tores del Espíritu Santo. Si tú en verdad deseas la salvación,
entonces te esforzarás por entrar por la puerta estrecha que conduce
a la salvación. Leerás tu Biblia, escucharás
la palabra de Dios con atención y con un espíritu de oración. Vendrás y abrirás tu corazón,
mi corazón, sí, delante de Dios. Derramarás tus pensamientos y
le dirás, Señor, mi corazón está duro. No deseo esta grande salvación,
oh, pero la necesito, ven y obra en mi corazón. No me dejes en
esta condición y seguirás buscando y clamando. Y aquellos que vienen
a Dios de esta manera, Jesucristo no les echa fuera. Mi amigo,
tú no tienes derecho a permanecer en tu incredulidad. ¿Por qué? ¡Que Dios no ha provisto
una salvación tan grande y gloriosa para que tú la desprecies! Al examinar el contenido de la
pregunta retórica que aparece en Hebreos 2.3, hemos visto que
la actividad que le preocupa al escritoro de la epístola es
simplemente descuido, descuido, menosprecio. En este asunto,
el descuido es un desprecio sumamente ofensivo. La otra cosa que aparece
en el contenido de la pregunta retórica es el resultado horrible
de este descuido. El versículo 2 da luz sobre el
resultado de este descuido. Este dice, porque si la palabra
hablada por medio de ángeles resultó ser inmutable. Y toda transgresión y desobediencia
contra aquella palabra hablada por los ángeles recibió una justa
retribución. Entonces, ¿cómo escaparemos nosotros
si descuidamos una salvación tan grande? Aquí el autor presenta
una comparación entre la salvación anunciada por el Señor y la palabra
hablada por medio de los ángeles. La palabra hablada por los ángeles
se refiere a la ley que Dios dio a los israelitas desde el
monte Sinai. Según Hechos 7, 53 y Gálatas
3, 19, Dios usó a los ángeles para transmitir su ley a su pueblo. Ahora, el Antiguo Testamento
da numerosos ejemplos que demuestran que toda violación de la ley
recibió justa retribución. Ahora, si esto fue lo que sucedió
por la desobediencia a la ley transmitida por los ángeles,
seres inferiores al Hijo de Dios, entonces, cuanto más severo y
seguro Será el castigo de aquellos que desprecian la palabra del
Evangelio transmitida por un ser superior a los ángeles. Si los hombres que desobedecieron
la ley de Dios no pudieron escapar del castigo que merecían, entonces
es imposible que los hombres que no hacen caso de esta tan
grande salvación anunciada por el Señor, confirmada por los
apóstoles y atestiguada por Dios, escapen del castigo horrible
reservado para ellos. Dios no puede ser burlado. Los
mandó a cautiverio porque violaron su ley. No escaparon del juicio
de Dios. cómo ustedes escaparán de la
justa retribución o castigo horrible que Dios tiene reservado para
aquellos que menosprecian una salvación tan grande. No, pero es que mi papá es diálogo.
No, pero es que mi papá es papá. ¡No, no, no, no, no, no! Eso
no te va a salvar. si tú descuidas esta gran salvación. ¿Cómo escaparemos? Esta pregunta se hace para que
tú te des cuenta que no hay modo de escapar del castigo de Dios
si tú descuidas esa gran salvación. Es como si el escritor te dijera,
piénsalo bien, trata de averiguar, cerciórate si hay modo de escapar
del castigo de Dios. ¿Y de qué consiste este castigo? Ningún niño, joven, adulto, anciano,
impeditente, podrá escapar. Pablo en la segunda epístola
a los tesanonicenses nos dice de qué se trata este castigo.
Capítulo 1, versículo 6 al 10. porque después de todo es justo
delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen
y daros alivio a vosotros que sois afligidos y también a nosotros
cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo. con sus poderosos
ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen
a Dios, y a los que no obedecen al Evangelio de nuestro Señor
Jesús. Estos sufrirán el castigo de
eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de
la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado
en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los
que han creído. La gente no se quiere ir de este
planeta. ¡Es buenísimo! Tiene muchas cosas
buenas. Sí está bajo la maldición de
Dios, pero no todo está mal. A la gente le gusta. Y usted
los ve, se van a la playa, se van a los montes, caminan para
ver lo que ellos llaman naturaleza, que es creación. ¡Les encanta,
les fascina! ¡Qué cosa bonita! Y a la verdad, que cuando uno
se sienta y uno considera, esto no es cualquier cosa. Exhibe,
manifiesta, sabiduría, orden, propósito de un ser que lo creó. Que es así, no es una mera fuerza. Es un Dios personal, que piensa,
determina, tiene una mente, es sabio, infinitamente sabio. Cuando Cristo venga, si tú no
te has arrepentido, o si tú mueres sin Cristo antes de que Él venga,
oye bien, mira cómo te gusta estar en esta tierra. Porque
aunque eres un pecador, rebelde, desobediente, Dios tiene misericordia
y te permite todavía estar y disfrutar hasta cierto punto de su bondad
en esta tierra. Cuando el Señor te llame a capítulo,
Él te excluirá de todo esto y de lo que viene tan glorioso como
es. Y lo que es peor de su presencia
y sin su presencia no hay bien alguno. Y así, niño, joven, adulto,
estarás para siempre. viviendo en una confusión, gritando,
clamando, llorando por toda, toda la eternidad y no se acaba,
y no se acabará. ¿Eso es lo que tú quieres? Eso
es lo que tú quieres. Si no te arrepientes y crees
en Cristo y descuidas de esta grande salvación, eso es lo que
Dios te dará. Mi amigo incrédulo, ¿cómo piensas
escapar? ¡Oh, eso son tonterías fábulas! Así reaccionaron los hombres
antes del diluvio. No creyeron, tuvieron en poco
la predicación de Noé, que por muchos años le predicó. Se burlaron de él cuando construía
aquel gran barco. Cuando vino el diluvio y las
aguas caían y caían, entonces ellos se dieron cuenta de que
lo que el predicador decía no era para burlarse, era para tomarlo
en serio. Dime, joven niño, ¿cómo tú piensas
escapar si en esta noche Dios pide tu alma. ¿Cómo podrás escapar del juicio
de Dios por tu incredulidad, por tu descuido, por tu desobediencia? Amigo, no hay modo de escapar. El único modo de escapar de este
juicio es a través de esta salvación tan grande. Tú no puedes hacer
nada para salvarte a ti mismo. Dios lo ha hecho todo en Cristo. El único modo de escapar no es
a través de tus obras, buenas obras, no, es a través de Cristo,
es creyendo en Cristo, es confiando en Cristo, es descansando en
Cristo, es recibiendo a Cristo como Él se presenta en las Escrituras. Él dijo, yo soy el camino, la
verdad y la vida, eso excluye todo lo demás. No creas el cuento
de que todas las religiones llevan al mismo lugar. No. Hay un solo
camino. Hay una sola verdad. Y Cristo es la vida. Amigo, ¿cuándo piensas dejar
tu descuido de esta salvación? ¿Piensas que tu corazón continuará
palpitando como hasta aquí? Pues te digo una realidad inevitable,
tu corazón no palpitará para siempre. No estés tan seguro
que tu corazón seguirá latiendo mañana. Oh, no te jades del mañana,
porque no sabes que traerá el día. Dios declara, en el tiempo
propicio te escuché, en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora, es el tiempo
propicio, niño joven, por amor a tu alma. He aquí, hoy, es el
día para la salvación. ¿Qué planes tienes para tu vida?
¿Estudiar? ¿Y después qué? ¿Trabajar? ¿Y después qué? Quiero casarme,
pastor. ¿Y después qué? Quiero comprar
una casa, disfrutar del sueño americano. ¿Y después qué? Quiero
tener hijos. ¿Y después qué? Quiero tener
nietos. ¿Y después qué? ¡Retirarme a
jugar golf! ¿Y después qué? Viajar bien. ¿Y después qué? ¿Qué te espera? Te espera la muerte. Está establecido que los hombres
mueran una sola vez y después el juicio. ¿Cómo escaparás si
desprecias tan grande salvación? Tú tapas tus oídos para no oír
Vendrá el tiempo cuando Dios tapará sus oídos para no oír
tu clamor. Y eso será cuando venga sobre
ti lo que más temes. En el infierno clamarás, llorarás. Tal vez dirás, yo conocí al pastor
Piñero. Pero Dios no te escuchará. ¿Cómo
escaparemos nosotros? Si descuidamos una salvación
tan grande, ¿no hay menosprecio tan insensato como este? Por otro lado, esta salvación
que Dios en Cristo te ofrece es maravillosa, sin comparación,
enteramente adecuada, traída por un Salvador grande y glorioso
que reina sobre el universo. Es una salvación que salva del
mayor castigo. ¡Oh amigo, cree en Cristo! Finalmente, esta pregunta retórica
sugiere un gran peligro para aquel que profesa conocer a Cristo. La implicación de esta pregunta,
cómo escaparemos si descuidamos, sugiere que hay corrientes fuertes
que pueden llevar a descuidar esta salvación tan grande que
hoy tú profesas. Familiaridad con la verdad. Ya no me hace cosquillitas. la
presión diaria del trabajo, de los quehaceres cotidianos, las
ansiedades. A veces que uno se acuesta, cuando
uno más quiere dormir, aparece el pensamiento de las
deudas, de los compromisos, o de otras cosas que infunden cierta
ansiedad y temor. ¿Y qué pasa? Se va el sueño. Las ansiedades, los afanes de
este mundo pueden llevar gradualmente tu corazón a descuidar esta gran
salvación. Si este eres tú, estás en peligro. Hay corrientes que pueden llevarte,
sí, no importa cuántos años tengas en la iglesia, no importa con
buena sea la iglesia. Si tú no te cuidas y tu trabajo
es más importante, tus deudas son más importantes, Tus hijos,
tus familiares, tu negocio, tus placeres son más importantes. Tú que profesas conocer al Señor,
te verás poco a poco descuidando esta grande salvación. Y llegará el día que te apartarás
de Dios. Si no te apartas de Dios, sí,
sí, apartarte de Dios estarás. Te vestirás de una religión externa
cuando estás vacío por dentro. El escritor temía que sus lectores,
profesantes del cristianismo, cumbiendo a las presiones más
o menos sutiles, pudieran separarse en forma creciente y gradual
de su profesión pública hasta que el Evangelio dejara de tener
una influencia sobre sus vidas. Cuidado, el mundo y aún las cosas
legítimas del mundo tienen un poder muy abarcador. Sus corrientes poco a poco apartan
el alma de Cristo del Evangelio de Dios. Tanto deliberadamente
amarra el barco de tu alma a la puerta de la salvación. Y asegúrate
que diariamente estás amarrado al puerto de esta salvación como
ésta se presenta en Cristo. Asegúrate que no te encuentras
a la deriva alejándote del puerto por las corrientes de la presión
y de este mundo. ¡Espada alertas para resistir
estas corrientes! ¡Concéntrate en las verdades
y realidades del Evangelio! ¡Refresca cada día tu mente con
estas verdades! ¡Deléitate en ellas una y otra
vez! Y en aquel día, cuando Cristo
venga, te encontrará perseverando. El que persevere hasta el fin
será salvo. ¿Qué te pasa cuando tú oyes el
Evangelio? ¿Tú qué profesas? Eso no es para mí, eso es para
los que están perdiéndose. Esto siempre es para ti. Estas
verdades, esa historia, esa sublime historia, el tema todos los siglos,
en la eternidad. Siempre alegrará el corazón del
creyente. Apártate, haz todo lo posible. Si tú estás en ese estado de
frialdad, de sequedad, de cierto vacío, Agarra un libro que hable de
Cristo y lo presente como las Escrituras lo presentan. Abre
la Escritura y los Evangelios. Ve allí con un espíritu de oración
y dile, Señor, ayúdame a ver la gloria de mi Cristo. Ayúdame a ver la salvación que
Él por mí logró. Ayúdame a apreciar aquella sangre,
aquella cruz, es decir, lo que aquella cruz enseña y de lo que
me habla de lo que mi Cristo hizo por mí. Y sigue clamando
a Dios hasta que Él se revele nuevamente. Y esa verdad del
Evangelio traiga nuevamente grande alegría y gozo en tu alma. Regocijaos en el Señor siempre. Y el gozo del Señor, de lo que
es de su salvación tan grande, es nuestra fuerza. Oh, que el Señor nos ayude y
bendiga su palabra. Ten misericordia, Dios, de nuestros
hijos, de nuestros jóvenes, de aquellos adultos aquí que no
conocen a Cristo. Oremos. Oh, Padre, ven a extender tu
misericordia. Marra la conciencia y el corazón. Habla a través del Evangelio. Palabra eficaz para que los muertos
resuciten y puedan recibir vida. Ven y ayúdanos como hijos tuyos
a apreciar y a gozarnos de tal salvación tan grande. Te lo pedimos en Cristo. Amén.
Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande?
| Sermon ID | 12813952502 |
| Duration | 1:04:18 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Hebrews 2:1-4 |
| Language | Spanish |
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