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Bienvenidos sean todos a la casa
del Señor, especialmente los que nos visitan. Aunque cambiamos
el tiempo, verdad, del culto para esta tarde, las seis de
la tarde, les voy a confesar. Qué pena, qué vergüenza, pero
al pastor se le olvidó que era a las seis. Era en las cinco
y andaba haciendo unas cosas y de repente me acordé. Es a
las seis esa tarde. Qué bueno que ustedes se acordaron
y pueden estar aquí con nosotros esa tarde. Próximo domingo normal
a las siete. Vamos a buscar en nuestras Biblias
puestos de pie una lectura de dos versículos nada más. El primero,
a lo mejor no lo tienen que buscar, está en Juan 3, 16. Juan, capítulo
3 y versículo 16. Compartamos nuestras Biblias.
¿Viene alguna persona que no tiene Biblia a favor de compartir? El libro de Juan, el capítulo
3 y el versículo 16. Dice así la palabra de Dios. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo un Ingénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. El siguiente
versículo no es tan conocido. Está en 2 Corintios 9.15. 2 Corintios
9.15. Al final del capítulo 9 de 2 Corintios, exclama el apóstol Pablo esas
palabras. Segunda de Corintios capítulo
9 y versículo 15. Gracias a Dios por su don inefable. Oremos. Padre, nuestro Padre Celestial,
te damos gracias que podemos estar en tu casa, que podemos
leer tu palabra. Ahora, Señor, te pedimos al meditar
en nuestro Señor Jesucristo, en su nacimiento, lo que has
hecho por nosotros en él, te pedimos, Señor, que tu mandes
su Santo Espíritu nos ilumine. Si nosotros, siendo malos padres,
damos buenas dádivas a nuestros hijos, cuánto más tú, como nuestro
Padre Celestial, enviarás a tu Santo Espíritu a los que lo piden.
Te lo pedimos, Señor. Te lo pedimos en nombre de Cristo,
a por tu misericordia, que el Espíritu Santo nos enseñe, nos
anime, nos motive, nos consuele, nos regenere. Nosotros creemos
en las Escrituras, creemos en el Evangelio, creemos, Señor,
en tu Espíritu. Ahora ayúdanos, Señor. Ten piedad
de nosotros y nuestros hijos. Te rogamos, Señor, que abras
nuestro entendimiento a Tu Palabra y la podamos aplicar, especialmente
en este día que celebramos la Navidad. En Cristo Jesús. Amén. Sentémonos, hermanos. Me acuerdo cuando yo estaba en
la primaria, especialmente los primeros años, los últimos años
nos creíamos más maduros, ¿verdad? Pero en los primeros años, me
acuerdo que al regresar de vacaciones de Navidad en enero, lo primero
que mis amigos preguntaban es, ¿qué te amaneció? ¿Qué te amaneció? Y nos contábamos, por supuesto,
los mejores regalos que habíamos recibido. El mejor regalo que
me dieron probablemente en mi primaria fue una bicicleta. Una bicicleta amarilla con los
cuernos así de borrego. No había otra en todo Hermosillo.
Me encantaba mi bicicleta. Otro año recibí, me dieron un
telescopio. Increíble, yo no lo pude creer.
Un telescopio de verdad. Estaba fascinado yo con mi telescopio. No busqué en el internet cuál
es el mejor regalo de Navidad que se ha dado en la historia.
No le pregunté a la inteligencia artificial, ¿verdad? ¿Cuál es
el mejor regalo de Navidad que se ha dado en toda la historia?
Pero estoy seguro que la respuesta es incorrecta a menos que respondan
que Dios nos ha dado a su Hijo Unigénito. Ese es el mejor regalo
de Navidad de toda la historia. De eso se trata la Navidad. De
eso se trata la Navidad. Leímos en Juan 3,16. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo un Ingénito, para que todo aquel
que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. De eso
se trata el sermón esa tarde. Este versículo es tan conocido,
muchos lo han memorizado. Vamos a meditar en este versículo,
Juan 3,16, tomando en cuenta que Cristo es el mejor regalo
de Navidad. En primer lugar, notemos quién
nos da el regalo. ¿Quién nos da el regalo? Apreciamos
un regalo según quién nos lo dé. En la casa de mis padres
hay un espejo que valoran mucho. Y esto porque se los dio la presidenta
municipal cuando se casaron. Lo valoran mucho. Esa es la presidenta
municipal en ese tiempo. Entre más importante la persona
que nos dé el regalo, más apreciado es el regalo, por supuesto. No
tiene que ser un diamante, algo muy valioso, pero si nos da una
piedra, lo que sea, pero por ser la persona, la dignidad y
la persona tan importante, lo reconocemos y apreciamos ese
regalo. ¿Quién nos da el mejor regalo
de Navidad? Según Juan 3, 16. Porque de tal
manera amó Dios. Dios. Y no hay persona más importante
en todo el universo, por supuesto. El eterno, trascendente Dios,
el Rey de reyes, Señor de señores. Él nos dio este regalo. Dios mismo, personalmente, nos
dio a su Hijo. ¿Serías tú un necio, un loco,
si rechazaras un regalo de un rey de este mundo? Un rey de
Inglaterra, por ejemplo. Serías un necio. Lo que fuera,
que él te lo diera. Le pudieras decir a tu amigo,
el rey Carlos me lo dio a mí. Y, por supuesto, rechazar el
regalo de Dios es la locura de locuras. es la necesidad de necesidades. Pero recibirlo es la bendición
de bendiciones. Lo más afortunado o bienaventurado
que has hecho es recibir algo de Dios. El regalo es de Dios. En segundo lugar, noten por qué
Dios nos dio el regalo. En Navidad nos decían, me acuerdo
muy bien, Si se sacan buenas calificaciones, si se portan
bien, habrá regalos en la Navidad. No sé qué le dijeron a usted.
¿Por qué nos dio Dios su gran regalo? ¿Cuál es la razón? ¿Porque nos portamos bien? No.
Porque de tal manera amó Dios. Dios nos dio su regalo por puro
amor, por amor puro. Dios no tenía que hacerlo, nosotros
no merecíamos tal regalo. Pero por su amor con que nos
amó, por su gran misericordia, por su compasión, por su bondad,
Dios nos dio a su Hijo. Supongamos, supongamos que salimos
del banco, acabamos de sacar de la maquinita el aguinaldo,
el aguinaldo de Navidad, y a un lado de la puerta al salir del
banco vemos a un niño paupérrimo. No un limosnero profesional,
como hay muchos en nuestros días, no es un limosnero profesional,
pero de verdad un niño muy necesitado. El niño se ve abandonado, humilde,
y no es un pediche, de hecho, con algo de educación Nos pide,
vemos que no ha comido, se ve que no ha comido en días, no
tiene un suéter para protegerse del frío. Tal vez le demos algo
por compasión, especialmente en este tiempo de Navidad, ese
amor navideño, por así decirlo, ¿verdad? Pero supongamos la misma
ocasión, salimos de un banco y a un lado de la puerta vemos
a un vago sucio, un vago. sucio, greñudo, jediando orina,
jediando alcohol. Se ve luego luego que es un limosnero
profesional. Se ve que se la lleva pidiendo
para gastar en sus vicios. Se ve que ha estado en la cárcel. Su cara lo delata como ladrón.
No tiene nada de educación. Realmente no nos pide, como que
nos demanda, ¿verdad? ¡Dame! Nos sentimos como si nos fuera
a asaltar. Nos da miedo a esa persona. a
ese hombre probablemente no le diramos nada, saldríamos corriendo
de allí. Pero Dios no. Dios da su regalo
al niño y da su regalo al vago hediondo. Es puro amor. Amor puro. Y eso es gracia, verdad,
misericordia. Dar aunque no se lo merecen las
personas. Y el regalo que Dios nos da es
así. No es porque lo merecemos de
ninguna manera. Es por puro amor. Y esto nos lleva al tercer punto.
¿A quién dio Dios su regalo? ¿A quién dio Dios su regalo? Porque de tal manera amó Dios
al mundo. Mundo. ¿Dios no dio su regalo
a un mundo amable? ¿A un mundo bueno? Es un mundo
lleno de pecadores. Es un mundo hediondo a corrupción,
hediondo a maldad. Es un mundo de enemigos de Dios. Un mundo de aborrecedores de
Dios, para usar las palabras del apóstol. Un mundo de desobedientes. Un mundo de traidores, rebeldes,
ingratos. Es seguro que el mundo no merecía
su regalo. Los ángeles hubieran sido más
dignos. Entonces, si Dios dio su regalo
al mundo, debemos de estar muy agradecidos, súper agradecidos. Y el regalo de Dios es para todo
un mundo, no un país, no un pueblo, pero todo un mundo. Lo enfatiza
mucho esto Juan. ¿Por qué? Porque en ese tiempo
los judíos pensaban el Mesías, el Cristo, es para los judíos. Y los judíos nada más. Los demás,
los goyim, los gentiles, el pueblo, las naciones. No, no, no, no.
Pero para los judíos. Y es por eso que Juan escribe
en otra parte. Cristo se sacrificó para calmar
la ira divina causada por nuestros pecados, pero no solamente por
los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y nos dice
aquí en Juan 3.16, porque de tal manera Amó Dios al mundo. Todo un mundo. Un mundo que incluye
a toda clase de personas. Te incluye a ti, te incluye,
me incluye a mí. Todos los que estamos aquí podemos
incluirnos en este mundo. Por más pecadores y rebeldes
que seamos. Quienes seamos, estamos en el mundo. Y aquí nos dice,
Dios dio su regalo al mundo. El siguiente punto es el principal.
Noten qué regalo nos ha dado Dios. Qué regalo nos ha dado
Dios. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su hijo un ingenito. Nos ha dado a su
hijo. ¿Se acuerdan de la profecía de
Isaías? Es de subrayarse. Es un versículo
también de Navidad, por cierto. Nos dice el profeta Isaías, Un
niño nos es nacido. Un hijo nos es dado. Y el principado sobre su hombro
y se llamará a su nombre, admirable consejero, Dios fuerte, padre
eterno, príncipe de paz. Un hijo, un niño nos es dado,
el hijo de Dios. Dios no nos podía dar algo mejor.
Qué mejor regalo, qué mejor don. Su único hijo. Ahora, para los
que no estuvieron esta mañana, creo que esto es muy, pero muy
importante. No debemos de pensar en Dios Padre y Dios Hijo en
nuestros términos. No es que Dios un día dio a luz
a Cristo y Él es su Hijo. Con respeto lo digo. Esta mañana
debí de haberlo dicho así, con respeto. Dios no es un padre
soltero. No, no, no, no, no. El Espíritu
Santo no es la madre. Por supuesto que no. Eso es blasfemia.
Y no es que Dios solo tuvo a Cristo. No. Cristo no es un hijo de Dios
como tú eres un hijo de tu padre. No, no, no. Pero la Biblia describe
la relación de estas dos personas de la eternidad para que entendamos
algo de la cercanía, la comunión, la afinidad. Y es por eso que
dos veces, dos veces Dios Padre dice de Cristo, este es mi Hijo
amado en quien tengo complacencia. En el bautismo, en su bautismo
al principio y luego en la transfiguración rumbo al Calvario. Este es mi
hijo amado en quien tengo complacencia. Toda la satisfacción de Dios
Padre, todo su contentamiento está en Cristo. Por así decirlo,
una vez más, con respeto lo digo, por así decirlo, Dios nos dio
su corazón. Dios nos dio su corazón, lo más
cercano a él. Nos dio a sí mismo lo más como
él. Por eso que el escritor de Hebreos
nos dice en Hebreos 1, si tienen sus Biblias, es un pasaje que
nos lleva a Hebreos 2 o Hebreos 1 y luego Hebreos 2. Y Hebreos
2 es un pasaje en la vida realmente. Nos explica por qué Cristo tuvo
que hacerse un hombre como nosotros. Él no se hizo un ángel porque
él escogió salvar a los hombres nada más. Pero todo comienza
con estas palabras tan sublimes. Hebreos capítulo 1 y el versículo
1. Dios, habiendo hablado muchas
veces y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos
posteriores días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó
heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. el
cual siendo el resplandor de su gloria, la imagen misma de
su sustancia, la sustancia de Dios, y quien sustenta todas
las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la
purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó
a la diestra de la majestad en las alturas, hecho tanto superior
a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás? Mi hijo eres
tú, yo te he engendrado hoy. Y otra vez, yo seré el padre
y él me será a mi hijo. Y otra vez, cuando introduce
al primogénito en el mundo dice, adórenle todos los ángeles de
Dios. Dios nos ha dado el regalo más
precioso, más valioso. Entonces, amiga, amigo, hermano,
hermana, esta Navidad tal vez no recibas un regalo. Tal vez
no. Tal vez no. Pero si recibes a
Cristo, tendrás el mejor regalo que puedas recibir. Y el más
útil. Esto nos lleva al siguiente punto.
Noten para qué nos dio Dios su regalo. Para qué nos dio Dios
su regalo. Hay padres muy inteligentes,
muy sabios, muy precavidos, que dan ciertos regalos para que
los hijos se interesen en algo útil. Por ejemplo, un juego de
química. No sé cuántos de ustedes recibieron
un juego de química cuando eran niños, o una colección de piedras. Unas piedritas, ¿verdad?, que
venían ahí. Estábamos emocionados porque ahí venía una que decía,
¡oro! O tal vez ustedes recibieron un microscopio o un telescopio,
como yo. Sus padres le dieron un juego que lo motivaban a las
matemáticas o a la administración del dinero, o algo para que hicieran
ejercicio. Sus padres pensaron, esto les
va a ser útil en la vida. ¿Para qué nos dio Dios su regalo? ¿Cuál fue su propósito? El regalo
de Dios es de lo más útil, es lo que más necesitamos. No es
para que nos interese la filosofía, la lógica, la ciencia de este
mundo. Su regalo es para que no nos
perdamos. sino que tengamos vida eterna. Probablemente cuando yo leí esos
versículos era un niño. Yo comencé a leer la Biblia cuando
estaba en segundo año de primaria. Yo no nací en una familia cristiana. Yo no asistía a una iglesia cristiana
hasta mi segundo y tercer año de primaria. Y cuando yo escuchaba,
y no se pierda, En esos tiempos, había un programa
que se llamaba Perdidos en el Espacio. No sé cuántos de ustedes,
veo unas sonrisas, algunos hermanos de mi edad, jóvenes, por supuesto,
¿verdad? ¿Se acuerdan de ese programa?
Y cuando yo escuchaba que nos íbamos a perder y no recibíamos
a Cristo, yo me imaginaba como un astronauta que ha salido de
su nave, hay un accidente, se desconecta de la soga y el oxígeno
que va llevando la nave y se pierde en el espacio para siempre. Pero es peor que eso. Es mucho
más grave que eso. Quiero que vean unos versículos
del libro de Juan donde usa la misma palabra pero se traduce
de otra manera. Oye, vean Juan 6, 12. Vamos a
ver la misma palabra de Juan 3, 16 y se traduce de otra manera
aquí. Juan 6, 12. Se trata de la alimentación de
los cinco mil, un milagro, los panes de cebada y los dos pececillos. Hay una multiplicación. Y luego
nuestro Señor Jesucristo nos dice en el versículo 12. Cuando
se hubieron saciado, dijo a sus discípulos, recoger los pedazos
que sobraron para que no se pierda nada, que no se pierda nada del
pan, no se pierda nada del pescado. ¿Qué pasa? Un pan perdido, un
pescado perdido. ¿Qué es? Se pudre. Se corrompe. Es basura. Guácala. Vamos a ver la misma palabra
en otro texto. Juan 11, 50. Juan 11, 50. Aquí
voy a comenzar a leer en el versículo 49, nuestro Señor Jesucristo va rumbo a la cruz, hay un complot
para matarlo ya después de la resurrección de Lázaro, y se reúnen los fariseos, los sacerdotes
para ver cómo lo pueden matar. Entonces, Hay faz, así se produce,
acento en la A. Uno de ellos, sumo sacerdote
aquel año, les dijo, vosotros no sabéis nada, ni pensáis que
nos conviene que un hombre muera por el pueblo y no que toda la
nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo,
sino como el sumo sacerdote aquel año profetizó que Jesús había
de morir por la nación. En el versículo 50, la última
palabra, perezca, es la misma palabra que Juan 3,16, pierda.
Entonces, perdernos en Juan 3.16 es echarnos a perder, podrirnos,
es morirnos, autodestruirnos. Y es morir por toda la eternidad,
es muerte eterna, porque lo contrario es vida eterna. Porque de tal
manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para
que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida
eterna. Y esto es lo positivo, ¿verdad?
El regalo es, la intención es, que tengamos vida eterna. Esto, sin duda alguna, significa
que vamos a tener inmortalidad, como dicen Romanos 2. Tenemos
inmortalidad si recibimos a Cristo. Vamos a vivir para siempre. Algo
que todos queremos, vivir para siempre. Pero es mucho más que
eso en la Biblia. Vida eterna es conocer al Dios
verdadero. Tener la vida con la cual podemos
existir con Él. Vean esto en Juan 17. Juan 17, la llamada oración sacerdotal
de nuestro Señor Jesucristo. Él ya ha lavado los pies de sus
discípulos. Él sabe lo que va a pasar en
unas horas y Él ora por ellos. Y comienza su oración con estas
palabras. Juan capítulo 17. Estas cosas habló Jesús, y levantando
los ojos al cielo, dijo, Padre, la hora ha llegado. Glorifica
a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti, como
le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna
a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna. De
esto se trata. Que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero. Y a Jesucristo a quien has enviado. Vida eterna es conocer al Dios
verdadero. Tener esa vida con la cual podemos
existir con Dios. Tener esa vida con la cual podemos
estar en el cielo. Por así decirlo, vida eterna
es esa atmósfera, ese oxígeno que necesitamos para poder estar
ante la presencia de Dios por la eternidad. Entonces, vida
eterna incluye mucho. Incluye nuestra salvación, el
perdón de nuestros pecados, nuestra regeneración, acreditarnos con
la inocencia y santidad de Cristo, darnos de su Espíritu para poder
tener el fruto del Espíritu en nuestras vidas. para poder ser
recibidos en gloria. Vida eterna, en otras palabras,
es nuestra justificación, nuestra adopción, ser hijos de Dios para
poder estar en la familia de Dios. Y eso, entonces, es de
pensarse. Es de pensarse. Para que pudiéramos
tener vida eterna, Dios tuvo que dar a su Hijo. No había otra
manera. Para poder salvarnos de la perdición,
la pudrición eterna, Dios tuvo que dar a su Hijo y darlo para
que fuera sacrificado por culpa nuestra, nuestra naturaleza pecaminosa
que nos hace pecar todos los días, desobediciendo, siendo
rebeldes, incrédulos y todos los demás pecados con los cuales
solemos pecar. Si saben, ¿verdad?, que somos
pecadores porque nacemos pecadores. Pecamos porque somos pecadores. Y para resolver ese gran problema
de nuestra naturaleza original de raíz, Dios tuvo que dar a
su Hijo. En penúltimo lugar, noten cómo
recibimos el regalo de Dios. ¿Cómo recibimos el regalo de
Dios? ¿Qué hacemos? Que ha dado a su
Hijo un ingenuito para que todo aquel que en Él cree. Todo aquel
que en Él cree. Todo lo que tenemos que hacer
es creer. Las religiones del mundo te dicen,
haz, da, da mucho dinero, da ofrendas y ve a tal parte. Haz, da, ve. Dios te dice, lo único que tienes
que hacer es creer. Extender tu mano para recibir
el regalo. o como nuestro Señor Jesucristo
lo ilustró a Nicodemo. La ilustración que usó nuestro
Señor Jesucristo fue la de serpiente en el desierto. ¿Se acuerdan?
Los judíos rebeldes fueron castigados, los mordió una serpiente muy
venenosa. Estaban muriendo todos. Dios
le dijo a Moisés, levanta una serpiente de bronce, un asta,
y ponla allí. Y el que voltea a ver a esa serpiente,
Es hasta, va a ser sanado. ¿Se acuerdan? Lo único que tenían
que hacer es voltear a ver. Obedecer el mandamiento de Dios
de voltear a ver esa serpiente que fue levantada. Y precisamente
nuestro Señor Jesucristo le dice a Nicodemo, así como fue levantada
esa serpiente, Cristo será levantado. En la cruz fue levantado por
nosotros y todo lo que tenemos que hacer es voltear a ver. ¡Qué
fácil! ¡Increíble! Entonces, ¿no tienes que pagar
por el regalo de Dios? ¿No tienes que sufrir por el
regalo de Dios? Hay muchos así, muchas religiones,
hay muchas personas, ¿verdad? Piensa, si sufro mucho, entonces
Dios me va a salvar. ¡Eso es gratis, totalmente gratis!
Lo único que tienes que hacer es creer que Cristo es el Hijo
de Dios. que vino para nacer, vivir, morir
en nuestro lugar. Entonces, si esto es cierto,
es una hipocresía, creo yo, tragedia, mejor dicho, celebrar la Navidad
si no crees en Cristo. ¿Verdad? Es una tragedia. Es
un tipo de hipocresía. Celebrar que Cristo nació y no
creer en Él, como el Hijo de Dios, el Salvador del mundo.
Y la Navidad del 2023, Es una evidencia que puede ser
presentada contra ti al final. Piénsalo esto. Tú al final, en
el día del juicio, si no recibes a Cristo hoy, ¿no podrás defenderte
con, yo no sabía que Cristo había nacido en este mundo para salvarme?
Hoy estás en la casa de Dios escuchando estas buenas noticias.
Navidad de 2023. Y cada año va a haber una Navidad
probablemente hasta el fin del mundo. Y cada Navidad es un recordatorio
del Evangelio. Y cada Navidad va a ser una evidencia
contra ti si no recibes el regalo de Dios. Amigo, amiga, arrepiéntete de
tu ingratitud, de tu indiferencia a estas cosas y cree en Cristo
hoy. Recibe su regalo para que no
te pierdas, pero tengas vida eterna. Pero me dice usted, Paco,
es que yo no tengo fe. Tengo muy poca fe. Yo no puedo
creer esto. Cree con la poca fe que tienes. Paco, no tengo nada de fe. Pídele
la fe a Dios. La fe es un don de Dios. Y piensa, lo que te da vida eterna
no es tu fe. Lo que te da vida eterna es Cristo.
Cristo fue el que fue crucificado por ti, no tu fe. Hay muchos
que se atoran aquí. Si yo tuviera más fe y pudiera
creer así, entonces, no, no, no, no, no. Por más débil y frágil
que sea tu fe, si es en Cristo, tendrás vida eterna. Ese es el
regalo tan gratuito de Dios. Recíbelo. Cuando me dieron el
telescopio, yo era un niño. Pero yo no sabía cómo funcionaba.
Me tuvieron que ayudar para armarlo. El telescopio, su función, no
dependía de mi entendimiento para que funcionara el telescopio.
Yo no tenía que saber acerca de los espejos, los lentes y
refractarios y los mecanismos que había dentro del telescopio
para moverse. No, no, no. Yo no tenía que entender
todo eso. Funcionaba aunque yo no lo entendía. No es que tienes que entender
esto. Yo no entiendo cómo es posible que Dios Padre, Dios
Hijo y Dios Espíritu Santo sean una persona, tres personas en
la eternidad. ¿Cómo es que Cristo es el unigénito? Yo no entiendo esto. Yo no es
yo no entiendo esto de la salvación, el evangelio. Yo no entiendo
eso de adopción. Y yo soy hijo de Dios. Cómo es
posible eso? Qué es eso de justificación que
que Dios me acredita a mí, a mi cuenta, en los libros de Dios,
la justicia de Cristo y su santidad de inocencia a mí? Cómo es posible
esto? Yo no estaba ahí cuando Cristo nació y cuando Cristo
murió, yo no estaba ahí. Cómo es posible esto? Menos como
es que me regenera a mí hoy en el 2023 y me acepta tal como
pecador que soy, que sigo pecando y de todas maneras me va a recibir
en gloria. No tan solo porque yo creo en
Cristo y lo busco. Bueno, no entendemos muchas cosas,
¿verdad? No sabemos muchas cosas. Pero
aunque no las entendamos, si obedecemos y creemos la palabra
de Dios, eso es. Eso es cómo funciona, por así
decirlo, aunque no lo entendamos. Y de verdad funciona y dura. nos da vida eterna, de verdad
nos lleva a Dios, aunque no lo creamos, no lo sintamos. Hay
muchos de nosotros, verdad, que le tienen muchísimo miedo, fobia
a la muerte. En el tiempo de COVID. ¿Y si me muero? ¿Tengo temperatura? ¿Estoy bien? ¿Si me muero? Fobia a la muerte. Puede ser que le tengas fobia
a la muerte, pero si tienes fe en Cristo, tienes vida eterna. No sabes cómo funciona. Pero
es Cristo que te da vida eterna y no te vas a perder. Y funciona
y dura. Y lo digo con respeto aquí porque
lo puse así porque no sé si a ustedes les pasó que les dieron un regalo. A mí me pasó. Les dieron un regalo
y en el mismo día lo descompuse, se quebró, se cayó. Así pasa
muchas veces, ¿verdad? Muchos regalos que nos dan no
duran mucho. Pero Cristo dura. Cristo funciona todos los días,
fortaleciéndonos, ayudándonos, protegiéndonos. Como dice en
Hebreos, Él vive para siempre, para interceder por nosotros.
El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios. Amigo,
amiga, crea estas fabulosas noticias de Juan 3.16. Dios te da un regalo
totalmente gratis. Tan solo, tan solo tienes que
recibirlo y usarlo. Y esto nos lleva al último pensamiento.
Hay que usar el regalo de Dios. Hay quienes reciben regalos y
no los usan. A mí me han dado corbatas La
semana pasada, ayer, ayer me regalaron una corbata. La estoy
usando hoy. No voy a decir quién. Ya saben
quién me la dio. Las personas que me la dieron.
La estoy usando. Muy bonita. Pero hay veces que
nos dan cosas y no las usamos. Puede ser que las pongamos en
un lugar prominente, pero no las usamos. Puede ser, en teoría,
recibimos una bicicleta, pero no salimos a hacer ejercicio.
Recibimos un collar, lo guardamos y nunca lo ponemos. Puede ser,
es posible. Hay personas así, ¿verdad? Pero
también qué triste y trágico es que hay quienes creen en Cristo,
pero por así decirlo, no lo usan, no aplican sus virtudes, sus
promesas, no se adornan con su evangelio. La verdad es que la
fe de esas personas, como dice Santiago, está muerta. está muerta. Creen con la cabeza, pero no
con el corazón. Ahora, la pregunta aquí es, ¿cómo
usas el regalo de Dios? Por supuesto, como acabamos de
decir, lo primero es creer en Cristo para que no te pierdas,
tengas vida eterna. Pero lo segundo, y lo tercero
también, y lo cuarto, y lo quinto, y lo sexto, y lo séptimo, así
es al infinito, es que sigas creyendo en Cristo. para vivir
la cristiandad, para ser transformado, para ser motivado, para ser consolado,
hasta el final que sigas perseverando. Es lo que hizo el apóstol Pablo.
Hay un famoso versículo también, probablemente lo saben de memoria.
Con Cristo estoy juntamente crucificado. Ya no vivo yo, más vive Cristo
en mí. Lo que ahora vivo en la carne,
lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó
a sí mismo por mí. ¿Cómo vivo en la cristiandad
según este versículo? En la fe del Hijo de Dios, el
cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Hebreos 12, también
versículo muy conocido, Hebreos 12. Por tanto, nosotros también,
teniendo alrededor nuestro tan grande nube de testigos. Despojemos
de todo peso del pecado que nos asedia. Corramos con paciencia
la carrera que tenemos por delante. ¿Cómo? ¿Cómo corremos en la cristianda?
¿Cómo le hacemos esto? Puestos los ojos en Jesús, el
autor y consumador. de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando lo propio,
y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad aquel que
sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro
ánimo no se canse hasta desmayar. es conocer más a Cristo, confía
en sus promesas, continúa en Cristo hasta el final. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, y ha dado a su Hijo un ingenuito, para que todo aquel
que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Gracias
a Dios por su don inefable. Vamos a
El mejor regalo de navidad
Series Navidad
El Padre dio a Su Hijo -- el mejor regalo de navidad!
| Sermon ID | 12282320723699 |
| Duration | 36:25 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | John 3:16 |
| Language | Spanish |
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