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Hola amigo o amiga que me escuchas. Mi nombre es Edgardo Vargas. Escucharás mi voz en español traduciendo el sermón del Dr. Jack Hiles. Espero que sea de mucha bendición. Si te gustaría escuchar más contenido como este, no olvides suscribirte a nuestro canal y dejarnos un comentario de dónde nos escuchas.
Les quiero pedir una disculpa. Esta es la segunda vez en una escuela de pastores que hago esto en 17 años, que predico tres veces en cuatro días. En una escuela de pastores tuvimos una campaña por toda la ciudad. Rentamos el Civic Center de la ciudad para tener servicios evangelísticos cada noche, donde yo les predicaba. Les aseguro que no va a pasar cada año, pero sentí que este año necesitábamos enfocarnos en el Espíritu Santo. Y porque lo hicimos, sentimos que el mismo predicador debería llevar el mismo tema por toda la Escuela de Pastores.
El lunes hablamos del Espíritu Santo en los laicos. El martes hablamos del Espíritu Santo y la Biblia. El día de ayer, el Espíritu Santo y la oración como compañero de oración. Y el día de hoy, voy a predicar este mensaje que será como la marca comercial de la Escuela de Pastores. No recuerdo la última Escuela de Pastores que no he predicado este mensaje. Durante el día o por la noche, alguien me da un mensaje pidiendo este mensaje. Cada vez que me he acercado al púlpito a lo largo de la semana, me han pedido que predique este mensaje.
voy a estar predicando aceite fresco. Así que esta noche voy a caminar por un camino ya recorrido y a veces por el camino crecen malas hierbas y tenemos que recorrerlo para limpiarlo. Esta noche voy a leer de este pasaje. primera de Samuel, 16-13. Y Samuel tomó el cuerno del aceite y lungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante, el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel y se volvió a ramar.
David era tan solo un joven que estaba cuidando las ovejas de su padre. Este pasaje es cuando Samuel fue a la casa de Isaí y le dijo, manda a traer a todos tus hijos, que uno de ellos va a ser rey. y Zahid trajo a los más grandes pensando que uno de ellos iba a ser rey. Samuel dijo, de cada uno de estos, este no es, este tampoco, este tampoco. ¿Tendrás otro hijo? Y Zahid respondió, sí, pero él es el más pequeño de todos, que está cuidando a las ovejas. No creo que quieras verlo. Samuel pidió que lo trajesen y Samuel fue y ungió a David como rey. David dijo, seré ungido con aceite fresco, y con aceite fresco fue ungido David.
En 2 Samuel 2.4 dice, Y vinieron los varones de Judá, y ungieron allá a David, o rey sobre la casa de Judá. Yo pensé que David ya había sido ungido para ser rey. Sí lo fue, pero ahora fue ungido con aceite fresco. Y dieron aviso a David, diciendo, los de Jabez de Galat son los que sepultaron a Saúl. Pero eso no es todo. Vemos en 2 Samuel 5, 3. Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón. Y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón, delante de Jehová, y ungieron a David por rey sobre Israel.
Esta es la tercera vez que fue ungido con aceite fresco para ser rey de Israel. Fue ungido cuando estaba pasentando las ovejas, cuando era joven. Fue ungido rey en Segunda de Samuel 2, sobre una parte de la casa de Judá. Y ahora que se convierte en rey, sobre todo en Israel, es ungido por tercera vez. Es por eso que David dijo en Salmo 92 10, seré ungido con aceite fresco. Todos los planes, todas las noches sin dormir, todo el esfuerzo que se ha hecho en esta escuela de pastores, se ha hecho para que, de alguna manera, mandemos a predicadores y siervos de Dios de regreso a sus casas con aceite fresco y el poder del Espíritu Santo.
Leo otra vez, pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo, seré ungido con aceite fresco. Oremos, Padre Celestial, no sé cómo hacer esto yo mismo, No hay manera que lo pueda hacer yo solo.
Miles de personas aquí, sillas por todos los pasillos, aquí adentro y afuera. 49 estados de la nación y 13 países representados aquí de la gente que han venido a esta escuela de pastores. Y en muchos casos, los predicadores más influyentes de esos estados están aquí.
Oro que tomes a este pequeño predicador y lo levantes fuera de sí mismo por estos momentos y hagas algo real. Espíritu Santo, este es el último mensaje de la Escuela de Pastores. Y no tendremos otro mensaje después de esto. Este es mi último mensaje del Espíritu Santo. Haz algo por nosotros. Puede que algún predicador se rinda si no haces algo en este mensaje.
Un pastor me dijo esta tarde que llamó a su esposa a casa y un miembro de la iglesia estaba dando problemas porque predicó del diezmo el domingo en la noche. Hubiera tenido temor regresar, pero ya no. No puedo esperar para regresar y luchar esta batalla. Espíritu Santo, necesitas hacer algo esta noche, y que tu Espíritu Santo obre sobre nosotros esta noche. En el nombre de Jesús. Amén.
Cuando era niño, creciendo bajo el cuidado de la mujer sentada en la cuarta fila, al final, yo era un niño muy nervioso. Mi padre era un alcohólico. Mis primeros recuerdos eran de mi papá cuando llegaba a la casa Posiblemente había chocado el carro en un árbol y mi madre llorando para que él fuera un padre decente para sus hijos. Me convertí en un niño muy nervioso. Era un niño muy temeroso. Y de repente empezaba a llorar incontrolablemente durante el servicio de la iglesia. Estoy hablando cuando tenía 8, 9, 10 años pasaba esto. A veces cuando yo tenía 12 años, yo era muy pequeño de tamaño, a veces mi madre me tenía que sacar del servicio y el pastor tenía que decir durante el servicio, ayúdenle a la señora Hayos para que saque al niño Jack. Así como sacan a un bebé, mi madre intentaba ayudarme a controlarme.
Tenía la presión alta durante el tiempo que estaba en la escuela y a veces faltaba. Cuando faltaba en la escuela, mandaban enfermeras a mi casa para que checaran mi presión. Cuando cumplí 17 años, pesaba 41 kilos. Me decían Jackie Boy. Si hubieran apostado, ¿quién sería la persona que menos lograría ser alguien en la vida? Yo hubiera ganado sin excepción.
Me encantaban los deportes, pero era muy pequeño para jugar. Empecé a salir con las muchachas hasta los 17 años porque todas las de mi tamaño estaban en el culto infantil. Nadie me tomaba en serio. A la iglesia que asistía también Joe Boyd iba. Creo que él ha estado aquí esta semana. Joe era mi héroe. Joe Boyd es 10 años mayor que yo. Parece que tiene 25 años más que yo. Joe vivía a dos cuadras de donde yo vivía. Él pertenecía a la pandilla más violenta del vecindario. Mi madre solía decir que si ves a Joe Boyd en la esquina de la calle, corres a casa.
Joe Boyd pesaba más de 100 kilos y yo pesaba apenas 40 kilos. Yo era talla 52 de saco y 30 de pantalón. Joe Boyd era un jugador de fútbol americano. El primer equipo que fue asociado en la prensa como todo americano en 1947, Texas A&M. Era también un luchador y boxeador campeón de Texas A&M. Él era alguien. Todos en la iglesia adorábamos el piso por el cual pisaba Joe Boyd.
Los caminos de Joe Boyd eran pecaminosos por un tiempo. Ahora, por un tiempo, Joboy vivió en pecado. Yo estaba en la iglesia cuando Joboy rindió su vida para ser predicador. Recuerdo que el pastor de la iglesia dijo, hermanos, el campeón y todo americano de fútbol americano ha rendido su vida para ser predicador. Muchos gritaron, ¡Gloria a Dios! ¡Amén! Por todos lados se escuchaba, ¡Joboy va a ser un predicador! ¡Joboy va a ser un predicador! Nosotros pensamos que tal vez un asesino o un contrabandista de licores, pero nunca un predicador.
Yo le dije a Dios, Dios, si yo hubiera sido tú, yo hubiera escogido a él. Y yo decía a las personas, Joe Boyd va a ser un gran predicador. Y un día, cuando estábamos en un servicio en la iglesia, esperando el año nuevo, y Joe Boyd estaba unos pies detrás de mí sentado, y Dios me llamó a predicar. Y Dios dijo, Jack, quiero que seas un predicador. Y yo contesté, Jack, ¿quién? Y él dijo, tú. Yo era muy tímido. Le dije, Dios, se van a reír de los dos. Se van a reír de mí porque saben que soy muy tímido y no sé predicar. Y se van a reír de ti por escoger mal. Y Dios me dijo, Jack, te he escogido a ti.
Una muchacha al final de la fila. Ella no sabía que Dios me estaba llamando a predicar, pero el Espíritu Santo le dijo, y ella me escribió una nota y decía, Jack, yo sé que Dios te está llamando a predicar. ¿Por qué no rindes tu vida a Dios para predicar? Caminé por el pasillo y le dije al pastor, Dios me había llamado a predicar. Nunca olvidaré lo que dijo el pastor. Me miró y me preguntó, ¿estás seguro? Y le contesté, sí, pastor, estoy seguro. A Job-Boy nunca le preguntó eso. Al contrario, gritó gloria a Dios. Cuando lo anunció a la iglesia, empezó a reír.
Hermanos, sabemos que Dios es un Dios de milagros. Él es el Dios que ha partido el mar rojo, y Él es el Dios que paró el sol, y aún Dios puede hacer milagros. Dios ha llamado al pequeño Jackie Boy Hiles. Nadie dijo amén. Nadie dijo gloria a Dios. Varios dijeron, oh, por Dios. Fue lo más religioso que se puso en el servicio. Nadie se alegró por mí. Eso fue el 31 de diciembre 1944. Han pasado 36 años.
Al final de la noche, el primero de enero 1945, por la madrugada, me puse a orar y miré al cielo y le rogué a Dios Y le dije, Dios, yo no soy tan grande como Joboy. No tengo las fuerzas de Joboy. No te puedo dar todo lo que Joboy te puede dar. Pero Dios, te doy lo que Joboy puede dar de Joboy. Así yo te doy todo de Jack, lo que Jack puede dar. Dios sabe que esto es cierto. No tenía mucho que darle. No fue difícil darle todo lo que yo tenía. Nadie más quería lo que yo tenía.
Ojalá pudiera decirte todo lo que Dios ha hecho. Ojalá pudiera decirte lo que Dios ha hecho con este pequeño regalo que le di a Dios esa noche. Esto no es parte del servicio, pero siento que debo decirlo. No lo decía anteriormente y sabrás en un momento el por qué. Mi papá no vivía con nosotros. Mi papá y mi mamá no vivían juntos. Algunos de ustedes niños saben a qué me refiero cuando papá llama que quiere verte. Era el primero de enero. Llamó y me dijo que lo viera en el centro de Dallas. A veces me decía que lo viera ahí para que me diera unos cuantos dólares. Mi papá me dijo que lo viera en una intersección donde había una tienda de licores. en la esquina de Commerce y la calle Acres me dijo que ahí lo viera. Por cierto, mi papá odiaba a los predicadores. Si había alguien a quien mi papá odiaba, eran los predicadores. Yo había visto a mi papá maldecir a varios predicadores. Él pensaba que los predicadores solo estaban atrás del dinero.
Le dije, papá, necesito decirte algo. No quiero decirte. Tengo miedo de decírtelo, pero necesito decírtelo. Dios me ha llamado a predicar y voy a ser un predicador.
Mi papá antes era un luchador profesional y pesaba más de 100 kilos. Él comenzó a golpearla y me empujó con la pared de ladrillo. Me siguió golpeando y maldiciéndome. Tanto me golpeó que me caí. De repente, gente se empezó a juntar, me empezó a patear, me empezó a maldecir mientras estaba en el piso. Me gritaba, estoy avergonzado de ti. ¿Cómo es posible que un hijo mío va a ser un predicador? Empezó a cruzar la calle y se regresó y me pateó en mis costillas. Y siguió maldiciéndome. La gente se empezó a juntar para ver qué estaba sucediendo. Algunos jugadores de fútbol americano estaban ahí para el partido de Cotton Bowl. Se cruzó la calle otra vez y se volteó. y me volvió a patear y continuó a decirme maldiciones, estoy avergonzado que seas un predicador. En eso me grita y me dice, me volvió a patear y lo último que me dijo fue, si vas a ser uno de esos malditos predicadores, edifica la iglesia más grande del mundo.
Nunca le dije a nadie eso. Veinticinco años después, el Dr. Elmertown vino durante el servicio a otorgarme una placa por tener la escuela dominical más grande del mundo. Después del servicio, corrí a mi oficina y me puse a llorar y dije, papi, hice lo que me pediste. Hice lo que me pediste.
Cuando fui llamado a predicar, un hombre que se llamaba Dan Davis me pidió si podía predicar por él en su iglesia bautista, Cedar Temple, en Dallas. Se había enterado que había sido llamado a predicar y me llamó a que predicara en su iglesia. Él iba a estar de vacaciones el miércoles y me pidió que predicara. Le dije, por supuesto. Nunca lo había hecho. Se veía fácil. pero nunca lo había hecho. Nadie me dijo que estudiara. El pastor siempre decía, Señor, te pido que me guieses a decir lo que tengo que decir. Así que pensaba que eso sucedía. Oré de tal manera, Señor guíame para decir lo que debo decir.
Estaba sentado a la plataforma. El encargado del servicio dijo a la congregación, nuestro pastor salió fuera, pero no ha dejado el pulpito vacío. Dije entre mí, pues es casi lo mismo. Tenemos el reverendo Jack Hiles que va a predicarnos esta noche. Me levanté y recuerdo que él dijo, estamos ansiosos por escuchar lo que Dios ha hablado a su corazón. Pensé entre mí, yo también estoy ansioso por escuchar lo que Dios había puesto en mi corazón. Y a Dios se le pasó poner algo en mi corazón.
Me levanté al púlpito para predicar, y a los tres minutos después de tartamudear y trabar, me dije, hermanos, está haciendo mucho calor aquí arriba. Me bajé del púlpito y les dije, no puedo seguir predicando. Dios me llamó a predicar, pero no sé cómo. Gente después del servicio vino a consolarme. Mi mejor amigo vino después del servicio y me dijo, no puedes hacer esto para vivir.
Un hombre de Texas, una noche después de predicar hora y media, pasó a saludarme y me dijo, no lo puedo creer, no lo puedo creer. Le dije, ¿por qué? Él contestó, yo estaba en la iglesia bautista Cedar Temple. Cuando comenzaste a predicar, no lo puedo creer, no lo puedo creer. Predicaste tres minutos esa primera vez y hoy predicaste una hora y media. Creo que me gusta más el joven de tres minutos. en East Texas Baptist College, la primera semana que estaba en el colegio, el profesor de psicología, Edward Boyd, me dijo, ¿tú eres nuevo aquí? Le dije sí. ¿Eres tú un predicador? Me preguntó. Tenía tres minutos de experiencia. Le dije sí. Le pedí perdón a Dios inmediatamente.
El profesor me dijo, Voy a ir a predicar un aviamiento al otro lado de la ciudad la próxima semana, y no puedo conseguir a alguien que predique en un lugar. ¿Podrías tú predicar por mí? Le dije que sí. El siguiente domingo fui y me senté en la primera fila de la iglesia. Tenía el mismo bosquejo que había predicado anteriormente. No recuerdo que Salmo leí, solo recuerdo que dejé que mi biblia se abriera.
El diácono le dijo a la congregación, tenemos esta noche al reverendo Jack Hiles, que va a decirnos lo que Dios ha puesto en su corazón. Tenía el mismo bosquejo que tenía la primera vez que prediqué. Empecé a leer los salmos. Empecé a leer un versículo. Vuelve el desierto en estanques de aguas. Y yo dije, él vuelve el desierto en estanques de aguas. No charcos de aguas, pero estanques de aguas. No el bosque, pero el desierto. No lagos, sino estanques de aguas. Dije, las hace volver, no las deja como están. Y leí la próxima parte. Y la tierra seca en manantiales. No tierra mojada, pero tierra seca. No los manantiales contaminados, pero en manantiales. Allí establece a los hambrientos, no a los sedientos, pero a los hambrientos. Dije a los hambrientos, los hambrientos. y leía un versículo y gritaba, y así lo hice por 15 minutos. Estaba teniendo el mejor tiempo de mi vida, leyendo y gritando, leyendo y gritando. 30 minutos después seguía leyendo y gritando. 45 minutos después seguía leyendo y gritando. Gracias a Dios, 35 años después sigo leyendo y gritando.
Nunca olvidaré lo que pasó después de que terminé de predicar. El diácono de la iglesia se me acercó y me dio un sobre con un cheque. Yo le pregunté, ¿qué es esto? Él me dijo un cheque de 12 dólares. Y esto, ¿por qué? ¿Nadie me debe dinero? Por predicar, me contestó. Le miré y le dije, escúcheme bien, amigo. No me vas a subornar. Yo he escuchado de tu tipo. No me vas a poder comprar. Tu dinero perezca contigo. Mientras viva, nunca me van a pagar a mí por predicar la gloriosa palabra del Evangelio de Cristo.
Quiero anunciarla a nuestros diáconos esta noche que he cambiado mucho desde ese tiempo. Semanas después me llamaron para ser un pastor. La iglesia tenía 19 miembros. Las dos paredes estaban chuecas. Por solo milagro de Dios, nos habían caído. Tenía un solo baño que estaba afuera. Solo uno, afuera. No teníamos baño adentro de la iglesia. Sólo un hombre tenía un teléfono en la iglesia y estaba sordo, así que no lo escuchaba cuando sonaba. La señora Smith tocaba el piano y sólo sabía tocar un himno en el piano, en el Monte Calvario. En realidad se escuchaba más la banca rechinar que el piano tocar. Todo lo que cantábamos, lo cantábamos a la melodía del himno en el Monte Calvario.
El primer domingo nadie caminó el pasillo para aceptar a Cristo. Nadie caminó el pasillo para transferencia de iglesia. Y el segundo domingo lo mismo. Y el tercer domingo lo mismo. Y por un largo año nadie caminó el pasillo. No tuve ni un solo salvo o bautizo. Nadie rindió su vida para servirle a Dios el primer año de mi ministerio. Tuve un año estéril. Recuerdo que me ponía atrás de la iglesia, Grange Hall Baptist Church, ahora en el campus de Hiles-Edison College, antes del servicio a orar, y le clamaba a Dios y le decía, Dios, no puedo ser un predicador sin poder. No puedo seguir viviendo así sin tener a alguien salvo. Me iba al bosque a orar por la noche y levantaba mis manos y le gritaba, oh Dios, oh Dios, no puedo seguir siendo. Un predicador estéril, sin fruto, sin salvos y bautizados. Y alzaba mis manos orando. ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡No puedo seguir! ¡No puedo seguir así! ¡No puedo seguir así!
Ojalá hubiera esta noche unos predicadores que tengan ese mismo deseo que yo cuando le dijera a Dios, no quiero ser el mismo predicador, úsame Dios. Ojalá antes de que salgamos de aquí, algunos de ustedes digan, me voy a ir a casa, pagaré el precio para obtener el poder del Espíritu Santo en mi ministerio y escuchar esa voz hablándome mientras predico.
Fui a la biblioteca de East Texas Baptist College. Y mientras estaba pastoreando, también estaba estudiando en el colegio. Y me fui a la biblioteca del colegio. Empecé a leer biografías. Leí todas las biografías que podía leer. Leí de D. L. Moody. Y mientras leía, mi corazón ardía. Leí de dos mujeres que le dijeron al predicador Moody, Señor Moody, estamos orando para que el poder de Dios esté sobre ti. Él les decía, no oren por mí. Cuando yo predico, 10 personas son salvas. Yo estoy bien, oren por mí. Ellos decían, Dios tiene algo más grande para ti. Dios tiene un poder para ti que aún no tienes. Y eso lo provocó más. Cuando él estaba en Nueva York, caminando la calle de Wall Street, levantando recursos para sus campañas de avivamiento, de repente el poder de Dios cayó sobre él y lo tumbó al piso. Le pidió a Dios que se contuviera y no podía más. Cuando pudo, llegó al cuarto de su amigo y el poder de Dios descendió sobre él. Y recuerda que él nunca fue el mismo desde ese día.
Después de esto, Dele Moody se paraba a predicar con el mismo bosquejo. En vez de ver a 5 o 10 salvos, veía 50 salvos. Usaba el mismo sermón, la misma ilustración, mismos versículos y tenía 100 salvos. Cuando yo leí eso como un predicador de pueblo, que no había visto a nadie ser salvo. Por un año, mi corazón empezó a arder. No lo entenderías cómo mi corazón ardía. Yo le clamaba a Dios que si eso le pasó a Dale Moody, podría pasarme a mí hoy en día, en 1949, 1950, a un predicador de Pueblo de Texas, y nada pasaba.
Leí la historia de Christmas Evans, que cuando iba a cabalgar en su caballo, sintió una gran carga por su condición. Se puso de rodillas al lado de su caballo. y el poder de Dios descendió en él, y no fue el mismo, y mi corazón comenzó a arder. Ustedes podrán decir lo que ustedes quieran, podrán llamarme lo que ustedes quieran, pero hay algo que no necesariamente obtienes cuando eres salvo, que Dios te da para predicar el Evangelio en el poder y plenitud. Y no estoy hablando de estos predicadores que hacen puros dramas y carismáticos. Yo no quiero nada de eso.
Leí después del predicador Savannah Rowell, leí de su vida que un día decidió no predicar hasta que Dios los llenó del poder del Espíritu Santo. Se paró al lado del púlpito por cinco horas y la gente hambrienta se quedó sentada ahí en la iglesia hasta que su predicador fue lleno del Espíritu Santo. Me ponía a orar porque mi corazón ardía. Señor, ¿podrías tú aún hacerlo por este pequeño predicador en 1950? Leí de la vida de Carlos G. Finney, que cuando fue salvo fue lleno del Espíritu Santo, la noche que fue salvo. John Wesley cuenta que él fue lleno del Espíritu Santo el 3 de octubre en 1738. A las 3 de la mañana, después de orar toda la noche con 60 otros predicadores, y como el poder de Dios cayó sobre él, y supo por primera vez que tenía la plenitud del Espíritu Santo.
Y mi pequeño corazón domingo tras domingo ardía y predicaba. No podía comer nada. Pesaba 64 kilos. No pesaba mucho y bajé a los 55 kilos. Recuerdo que desayunaba y no podía mantener la comida. Había un arroyo atrás de mi iglesia y recuerdo que vomitaba todo lo que comía. Me iba al bosque a orar y le rogaba a Dios, oh Dios, oh Dios, Tú necesitas hacer algo. Mis diáconos me llamaron a una junta y me dijeron que estaban preocupados por mí. Mi madre me decía, estás perdiendo peso, necesitas cuidarte. Mis diáconos me decían, ¿necesitas comer, pastor? Le respondía, no puedo comer, no quiero ser un predicador sin el poder de Dios, no quiero.
Parón de Dios, ¿no estafes a tu gente y prediques sin el poder de Dios? Vete a un bosque a orar o al campo y ruegale a Dios de su poder. Que poseen ti y esperen Dios. Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas y levantarán alas como las águilas. Correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.
Si te hubieras pasado por la carretera de Los Pinos de Texas, por la autopista 43 entre Marshall, Texas y Henderson, Texas, por las curvas, si te hubieras parado tu carro, hubieras escuchado muchas noches a un pequeño predicador orando. ¿Dónde está el Dios de Elías? ¿Dónde está el Dios de Elías? Oraba y lloraba. Después iba mi púlpito y predicaba y nada sucedía. Lloraba más y lloraba un poco más.
El 12 de mayo de 1950 me puse a orar con mi cara en el piso por el bosque del sureste de Texas. Salió el sol del este. Había orado toda la noche. Y le dije, Dios, estoy dispuesto a pagar cualquier precio por tener tu poder sobre mí. No sabía lo que había dicho. Eso fue el 12 de mayo 1950 a las seis de la mañana. Me levanté de ahí y me fui a una estación de radio para predicar. Llegué a mi casa para desayunar a las 10 de la mañana. Después de desayunar, me senté en el sofá de mi sala a leer el periódico y mi teléfono sonó. El operador dijo, llamada de larga distancia para el reverendo Jack Hiles. Yo le dije, yo soy el hermano Hiles, reverendo Hiles, yo soy Smith. Yo he trabajado con tu papá colgando hojas de yeso por años. Reverendo Hiles, tu padre acaba de caer muerto por un ataque al corazón.
Has llegado al final de la primera parte del sermón. Si te gustaría escuchar la segunda parte, déjanos saber en los comentarios y espérala muy pronto. No olvides compartirlo o volverlo a escuchar como recordatorio.
11.26 Dr. Jack Hyles en español “Aceite Fresco” (Parte 2) Audio
Series Dr. Jack Hyles
| Sermon ID | 121725203481444 |
| Duration | 30:17 |
| Date | |
| Category | Podcast |
| Language | Spanish |
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