00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Filipenses capítulo 2, versículos 1 al 4. Estaremos viendo el mensaje, la gracia que mantiene la unidad de la iglesia. Y esta gracia es la humildad. Filipenses capítulo 2, versículo 1 al 4. leo la palabra del Señor. Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, haced completo mi gozo, sintiendo del mismo sentir, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Amén.
La idea que vamos a estar estudiando, la idea exegética que Pablo nos da aquí, es que la gracia de la humildad practicada los unos hacia los otros mantiene nuestra unidad en la iglesia. Pero las obras de la carne, la vanagloria, el orgullo, destruyen la unidad de la iglesia. Y esta es la idea que vamos a estar viendo.
Nosotros hemos estado observando cómo el apóstol Pablo escribe a la iglesia de Filipo, a la iglesia de Éfeso, escribe a Timoteo. Él tiene varias cartas y en cada una de estas cartas él expone la humildad como algo necesario para poder vencer al antagónico enemigo la obra de la carne. Es decir, es un enemigo nuestro, un enemigo de la iglesia. Y él nos está llevando, el apóstol Pablo, a comprender que hay un gran peligro porque, hermanos, habrá entre nosotros dificultades, habrá entre nosotros falta de comprensión. Porque somos pecadores, salvados por gracia, pero pecadores. Y que habrá momentos que no lo vamos a entender.
Ahora, ¿cómo vamos a vencer esas dificultades con la humildad? Vamos a vencerlo procurando el bien del hermano. Vamos a ver esto en varios puntos.
En primer lugar, la obra de la carne destruye la unidad de la iglesia. Mire conmigo lo que dice el versículo 3. En el original hay dos palabras diferentes. intereses propios, ambición, rivalidad. Esa palabra egoísmo se refiere a ese deseo de alcanzar un lugar, interés propio. En el primero, esa palabra procura una sola cosa, mi gloria. Yo entro en competencia, en hostilidad, en rivalidad, en pleito con los demás porque yo quiero algo para mí. Quiero que se me respete, quiero que se me estime, quiero que se me honre, que se me dé lo que no tengo o lo que me han robado, produciendo en el corazón Ver a los demás como un obstáculo para alcanzar lo que codiciamos. Pablo está diciendo aquí en este versículo, no hagáis nada por esa práctica de la vanagloria, la rivalidad, para alcanzar tu propio beneficio. Observa que esto es un obstáculo para tu comunión con los hermanos.
Santiago capítulo 3, 4 al 15 nos habla de las contiendas que había en el pueblo de Dios, la guerra que había en el pueblo de Dios y el resume diciendo porque son estas contiendas, estas guerras por vuestro egoísmo, por la vanagloria Si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad, porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Es lo que el Señor dice en Santiago. La rivalidad La guerra, buscar la vanagloria, no es el fruto del Espíritu Santo, es el fruto de la carne, es la obra de la carne. Esta no se contenta, la rivalidad, el egoísmo, hasta que no evidencia su enojo, formando un mar turbulento donde quiera que esté. en cualquier situación, procurando aprovechar el menor descuido para introducir pleitos, contiendas dentro del cuerpo de Cristo. El objetivo es alcanzar su beneficio. Tiene un objetivo.
Hermanos, por eso es que el apóstol dice, cuidado con usted de estar entrada a su vida, a la contienda, de introducir contiendas para ganar la batalla para ganar su punto, para que lo vean como el más importante. Este no es el Espíritu de Cristo quien está gobernando nuestros corazones. Quienes utilizan tales artimañas de la carne están procurando la destrucción del cuerpo de Cristo.
Y por esta causa debemos velar por la unidad de la iglesia, examinándonos a nosotros mismos y la verdadera causa de nuestra molestia. Porque muchas veces estamos molestos. Pero ¿cuál es la verdadera causa? ¿La honra? ¿La gloria de Dios? ¿Que se ha pecado contra Dios? ¿Esa es la causa? ¿O es tu propia gloria? ¿Tu propio nombre?
También se utiliza otra palabra, vanagloria, orgullo. Orgullo vacío, esa es otra palabra que se utiliza aquí en el pasaje. El primero fue el egoísmo, el segundo la vanagloria, el versículo 3. Y este representa la esencia misma de la obra de la carne. El orgullo es... El orgullo es este pecado que emana desde el mismo corazón de todo pecador. Que produce dichas guerras. Tan solo para demostrar que nosotros tenemos el primer lugar, que merecemos el reconocimiento. De esta manera, caemos en una lucha vacía por la vana gloria.
Y amados hermanos, si hay algo que ha dividido a muchas iglesias, es precisamente cuando cada uno, en vez de buscar el bien del hermano, lo que está buscando es su lugar. Mi lugar es éste, mi posición es ésta. Eso no debe de ser, hermano, la iglesia, sino que más bien tenemos que estar buscando ayudar, servir al necesitado para gloria de Dios.
Qué triste es estar en una reunión donde las personas solamente muestran orgullo, critican. Deshonra, se deshonran unos a otros, se burlan unos de otros. Amados hermanos, no debemos fomentar este espíritu del diablo en nuestras vidas, en nuestra familia, en la iglesia. Hermano, y eso se ve en todos los lugares. Lo que el apóstol Pablo nos está diciendo aquí, divide a familias. Hermanos que se amaban mucho se terminan matando porque este le faltó el respeto a aquel, porque aquel le dijo tal cosa y es buscando quién es el primero, quién es el más importante. Y eso no debe de ser. Familias divididas, iglesias divididas.
¿Por qué seremos reo de condenación? Miren lo que dice 1 Corintios 3,17. Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él. Porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. Observad que para Dios es tan importante la iglesia, que Él nos señala con una advertencia. El que se atreva a destruir a la iglesia, es decir, a los hermanos, se va a ver conmigo. Va a recibir juicio. El templo es la iglesia del Señor.
Entonces, hermanos, miren cómo el apóstol Pablo llama la atención a la iglesia para que alejemos de nosotros el egoísmo, para que alejemos de nosotros la vanagloria. Hay que alejar eso de cada uno de nosotros.
Vamos a ver nuestro segundo punto. El fruto del espíritu, la humildad, mantiene la unidad del cuerpo de Cristo. El versículo 3 dice al final, sino Es decir, a diferencia de ser egoísta y vanaglorioso, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo. Versículo 4, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás, el bien de los demás. Observe hermano, la medicina. porque hermanos así como hay pecado y hay un mal que está en cada uno de nosotros también hay una medicina una medicina para contrarrestar el egoísmo y la vanagloria y esa medicina es la gracia que el Espíritu Santo da llamada la humildad que se convierte en la enemiga del orgullo y de la vanagloria Mientras el orgullo se estima a sí mismo como más importante que todos, la humildad contempla la grandeza de Dios. Contempla, mira, las demandas, los mandamientos de Dios. Y entonces produce en nosotros una conciencia clara de quienes somos. En la humildad yo no me comparo con el hermano, sino con Dios. El humilde no mira las demandas de los hombres, mira las demandas de Dios. Porque la ley de Dios, hermano, exige mucho más que lo que exigen los hombres. La ley de Dios nos dice lo que realmente es justo, tanto para mí como para el vecino.
Por eso, se nos dice aquí que tenemos que considerar Vencer el orgullo, vencer nuestra propia vanagloria, que todo la tenemos en el corazón, con esta gracia del Espíritu Santo, que instruya nuestra conciencia quiénes somos y cómo tenemos que tratar los demás.
Veamos la esencia y el alma de la humildad El versículo 3 dice con actitud humilde cada uno de nosotros considera al otro como más importante que a sí mismo. El apóstol nos llama a valorarnos, a estimarnos, a valorarnos. Para el apóstol esta gracia del espíritu tiene que ver con la ternura de corazón. Es un aprecio del corazón hacia los demás. Pablo nos exhorta a fomentar aquella humildad que mira al otro como superior a mí. Yo no me puedo comparar con el otro porque el otro al igual que yo fue creado imagen de Dios, es mi hermano. Y cuando dos personas están pensando así Cuando yo pienso darle el primer lugar a mi hermano y mi hermano me da el primer lugar a mí, qué linda amistad, qué linda relación, porque nos estamos prefiriendo el uno al otro. Cuando cada uno de nosotros nos damos el primer lugar y no deseamos competir No deseamos la vana gloria, no nos interesa el primer lugar. Hermanos, habrá una relación de respeto mutuo. Al anciano se le dará el primer lugar, porque así lo dice la palabra. Y el más joven no se va a sentir mal. Porque, como dije, la humildad mira a Dios y mira a su palabra para obedecerla. La conciencia del joven es instruida por Dios y por eso honrará al anciano, honrará al adulto. Y qué importante que cada uno de nosotros crezcamos así, porque entonces el adulto que está mirando a Dios y su ley no menospreciará al joven, sino que lo tratará con el amor y con el respeto que se le debe.
Cada uno, no importa la posición social, no importa el lugar, no importa la edad, cada uno de nosotros debe de estar buscando hacerle bien a su hermano, darle honra a su hermano. Cuando eso suceda en la iglesia, no tendremos contienda porque no nos interesa que se haga lo que nosotros queremos. No nos interesa que se haga nuestra voluntad, ni imponer nuestra posición, no estamos buscando eso. Buscamos la gloria de Dios. Mientras el orgulloso piensa que su trabajo es mejor y merece lo mejor, el humilde procura que se exalte al compañero y se le reconozca su trabajo. Eso hace el humilde, amado hermano. Esta es la humildad que no es egoísta y falsa. Es la vestimenta del verdaderamente fuerte. El verdaderamente valiente. El verdadero hombre y mujer cristianos. Que conociendo del lugar donde fue sacado del pecado. No procura vanagloriarse. Porque no he olvidado quien es. Es un hijo de Dios por gracia. No es por mérito. No es por honor. Mire, yo estoy en esta iglesia, pero tú sabes que yo merezco algo mejor. Eso es orgullo. Porque ¿quién éramos nosotros si no pecadores? ¿Y de dónde fuimos sacados? ¿Del lodo? Entonces no es el tamaño de la iglesia. No es el lugar donde está la iglesia. Es a quien estamos sirviendo, al Rey de Reyes. Y cumpliendo su palabra.
Mire la práctica de la humildad. Versículo 4. Lea conmigo. No buscando cada uno sus propios intereses. Mire la práctica, la humildad. Sino más bien los intereses de los demás. Aquí vemos que el apóstol nos enseña que no nos debemos mirar como superiores en importancia. No debemos poner nuestras cosas primero. Y este es un termómetro para medir el orgullo, hermano, en nuestro corazón. ¿Qué es lo primero que se hace? ¿Lo tuyo? ¿O estás dispuesto a ceder lo que tú deseas para que se haga realmente la voluntad de Dios? ¿En qué somos diligentes, solícitos? ¿En qué empleamos nuestras destrezas en nuestro propio beneficio? o en el de los demás. ¿Quiénes se benefician de tus dones, de tu cocina, de tus capacidades? ¿Y para qué lo haces?
Hermanos, hay veces que nosotros decimos, no, no, no me pague a mí, es para el Señor. Pero lo guardamos como un favor que no se ha pagado. Bueno, el hermano Ledin le ayudé en algo, le ayudé a subir las cargas a su vehículo. No, no, hermano, no me pague. Pero luego yo digo, mira, ¿tú te acuerdas del favor que yo te hice? Ahora ven págame. A veces la gente no pilla dinero, no acepta dinero, pero lo guarda como un favor pendiente por pagar. Hermano, y es igual de orgullo. Es igual. La humildad está pensando en el otro, no está pensando en cómo se lo va a cobrar. o si le debo un favor. No estima las cosas de sí mismo primero. No piensa primero en su barriga y luego en los demás. Y es triste ver que ahí los hombres somos bien orgullosos.
En vez de nosotros decir a la mujer, ¿en qué te puedo ayudar para poner la mesa? La pregunta que hacemos es, ¿dónde está mi comida? Y eso es orgullo, hermano. Eso no es humildad. Me pongo yo en primer lugar. En algunos lugares, la carne grande se lo dan a los hombres. ¿Por qué? Si lo que realmente dan en desarrollo son los niños. Y esos hombres no van a coger más desarrollo de ahí. Pero hermano, le queremos dar. Pero si uno lo ve de manera positiva, la mujer le quiere dar en primer lugar a su marido. Bien. Pero el marido debería estar pensando en que sus niños coman bien. Entonces, él debería coger su carne grande y partirla por la mitad y dársela al niño para que crezca fuerte y sano.
Hermano, miren cómo el yo pensar en el otro trabaja con mi corazón. Porque es verdad, hermano, que muchas veces oramos por humildad, pero no sabemos lo que estamos pidiendo. Entonces, ¿está dispuesto a ser el último? Tú estás dispuesto a servir primero, antes de recibir. Estás dispuesto a darle el primer lugar a los demás, antes que tú tomar el primer lugar. De eso estamos hablando.
Piensa en esto. Habían cuatro ratones, cuatro ratoncitos, sentados en un lugar, cada uno en frente del otro. La comida está en un hoyito, en un hueco abajo. Ellos tienen cucharas largas para meter la cuchara y sacar la comida. Pero las cucharas son tan largas que no pueden llevarla a su propia boca. Hermanos, y la comida está ahí, nada más tienen que tomarla, pero no pueden bajar y solamente tienen cucharas. Entonces, ¿qué hace la humildad? La humildad les sirve al otro. Entonces, para que estos ratones no se murieran de hambre y para que todos pudieran comer por igual, se pusieron de acuerdo. Y ellos decidieron tomar mi cuchara y tomar de esa comida y dárselo al compañero que estaba enfrente. y así el del frente tomó la comida con su cuchara larga y me la dio a mí porque era imposible hacerlo de otra manera eran demasiada larga la cuchara para llevar a la boca y hermano esto es una breve ilustración de lo que hace la humildad de la iglesia mientras más capacidad y dones tenemos hermanos no fueron dados para nosotros mismos sino para servir a los demás para alimentar a los demás y mientras más gracia y sabiduría tú tienes es para dar más amor, más cuidado y atención por los demás y querido hermano tiene que entender que cuando estamos en la iglesia del Señor todos somos necesitados y si usted ve que una hermana es muy amorosa y da mucho amor ella también lo necesita.
Hermano, y tenemos que ser humildes para recibir de los demás. Es bonito que usted le haga un regalo a los demás cuando cumplen años, pero tú recibes el mismo regalo cuando te lo dan a ti en tu cumpleaños. Qué bonito cuando usted le hace una buena comida a un hermano, que estaba enfermo, pero cuando te la llevaron a ti, ¿tú la recibiste? Es igual de orgullo cuando tú dices, no, no, yo no necesito nada, no me des nada. Hermano, cuidado. Trata con tu corazón, porque tal vez ese corazón tuyo te esté engañando. Tú eres un ratoncito que ya alimentó con tu... Tú úsate tu cuchara para alimentar a otros, pero otros tienen que alimentarte a ti. Tú estás del otro lado y tú necesitas que otros hermanos te den del alimento y te lo lleven a la boca. Eso es lo que hace la humildad en el cuerpo de Cristo. Pone en primer lugar al compañero, le da de comer.
Y esto es a lo que el apóstol Pablo se está refiriendo. La verdadera humildad no es una expresión de no soy nadie. Eso no es humildad. No soy nadie. No. La verdadera humildad es una correcta comprensión de nosotros mismos como siervos de Cristo y siervos de los demás. Y eso llevarlo a la práctica. A veces lo que sí hay es autocompasión. Cuando decimos yo no soy nadie, no merezco nada. No, no, no, no. Usted merece. Y usted es alguien. Usted es una persona que era de imagen de Dios. Y lo demás le deben respeto. A usted hay que respetarla, pero usted también tiene que respetar a los demás. Usted tiene que recibir amor, pero también los demás tienen que recibir su amor. Esta es la gracia necesaria para que nuestra iglesia pueda sobrevivir ante las obras más perniciosas de las obras de la carne. Porque cuando ésta se procura servir con la cuchara grande las obras de la carne, la humildad es la gracia que nos capacitará para ser como Cristo y lavar los pies de los santos.
Hermano, yo veo mucha gente que está dispuesto a entregarlo todo por los demás. y yo creo que eso está muy bien es su edificación pero yo creo también que tú tienes que aprender a recibir de los demás no solamente dar tienes que recibir y dar las gracias y dejarlo ahí y si tú tienes problema en tu corazón y tu corazón se quiere levantar no no yo no merezco que me de nada tranquilo ellos están tratando de bendecirte recibe la bendición del señor Recibe la bendición, la ayuda. Deja que te ayuden. Eso te hará más humilde. Si eres humilde para ayudar a otro, necesitas más humildad también para recibir. La humildad es la gracia que nos capacita para ser como Cristo, hermanos. Es la humildad lo que producirá que veamos a esa hermana como superior a mí. para darle de comer con nuestra cuchara. Pero ¿cuántas veces usted le ha ido a dar de comer a otro y ha salido más lleno? Porque así como tú le diste de comer, él te dio de comer.
¿Qué es lo que ha pasado con la hermana Ángela? Usted iba allá a verla. Hermana, vengo a visitarla. Y usted salía también muy gozoso porque ella le daba. Y usted le daba alimento espiritual y ella le daba alimento espiritual. a través de la acción de gracia, de su alegría, a veces estaba triste y entonces uno la consolaba y le recordaba, mira el Señor, hermano, gracias por decirme esas palabras.
Hermanos, si nos aislamos, si nos alejamos del Señor o de la iglesia, queridos hermanos, eso no es humildad. Eso no es humildad. Tenemos que recordar que Dios quiere enseñarnos a ser humildes. Es que Dios está detrás de eso, hermano. No es el pastor, no son los hermanos, es Dios. Dios está detrás de hacerte una mujer, un hombre humilde, trabajador, que reconozca la posición del otro y le honre, pero también que ese otro te honre a ti. Que tú le ames, pero también que él te ame a ti. Eso es necesario.
El apóstol está aplicando esta verdad a la iglesia de Filipo. Porque sus pleitos, los pleitos de la iglesia de Filipo, eran el fruto de un corazón orgulloso que deseaba el aplauso. Y él, el apóstol, provee de la medicina de la humildad. para que sus fuerzas no se perdieran en los pleitos, sino que usaran toda su fuerza y capacidad para cuidarse unos de otros, cuidándonos unos de otros.
Queridos hermanos, que Dios nos conceda entender que esta gracia del Espíritu debe de crecer en nosotros, pero no crecer como nos parece, sino como el Señor nos está diciendo aquí, Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino con actitud humilde. Cada uno de vosotros considera al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
Mírenla el objetivo. Cada don, cada gracia que Dios da a hombres y mujeres en la iglesia es para servir a los demás. Pero el don mío, el don mío es para servirte a ti, pero tu don es para servirme a mí. Mi don es para servir a Ledín, para servir a Fernanda, pero el don de Fernanda es para servir a Ledín y para servir a Dante. No podemos ser egoístas. Por eso es que él ha dado multitud de dones para que haya abundancia de bendición en su hogar.
Hay personas que oran, hermano, eso es un hermoso don. Hay personas que sirven, eso es un hermoso don. Hay personas, hermanos, que lloran con los demás, eso es un hermoso don. Personas que consuelan a los demás. Esos son dones, hermanos. Y mientras más tú das de esos dones, mientras más tú bendices a los hermanos con tu don, tú más vas a recibir. Más vas a recibir. Porque cuando tú estás dando, al mismo tiempo ellos te están dando a ti.
Dios amado, hermano, nos siga derramando gracias sobre nosotros. Porque hay cosas muy desagradables. Cuando hay un liderazgo orgulloso y vanaglorioso, la iglesia se destruye. Cuando hay miembros de una iglesia orgulloso y vanaglorioso, la iglesia se destruye. No importa si son los pastores o si son los miembros. No importa si es el diácono o si es cualquier hermano. Lo que edifica es la humildad. Porque la gracia y el don que yo tengo es para ti. es para darte, para impartirte fortaleza, consolación, ánimo. Al hacer esto, al hacer la obra de Dios en medio nuestro, nosotros estamos contribuyendo con el Evangelio. Estamos contribuyendo. Que Dios nos conceda imitar al apóstol, porque él se mostró como Cristo para hacer siervo de todos, que Dios nos conceda, que Dios conceda que las visitas que están en medio nuestro puedan ver que hay un trato amable, gentil, amoroso y que nos estamos ministrándonos a otros, ministrando, estamos ministrándonos con el don que Dios nos ha dado y eso le dé testimonio a ellos de que Dios está en medio nuestro.
Eso le da testimonio de que el amor de Dios está con nosotros. Eso le da testimonio de que el Señor sigue trayendo esperanza y gozo. Y ellos quieren esa esperanza y ese gozo. Yo quiero estar en esa iglesia, porque esa iglesia que se ama, allí se respira el amor de Dios. Es un amor espiritual, sí, pero es un amor donde cada uno tiene cuidado de los demás. donde estamos buscando el bien de los demás.
Hermano, y qué bueno luchar contra nuestro egoísmo. Tenemos que luchar, todos tenemos que luchar. Porque si no luchamos, dejamos que el pecado abunde y eso destruye la unidad del cuerpo de Cristo. Nos destruye como iglesia. Pero si somos humildes y nos estamos sirviendo, qué alegría. estar en una casa así, en una iglesia así, en un hogar así. Todos estamos buscando el bien, ministrar a los demás. Y cuando uno se duele, todos están allí, consolando. Cuando uno se goza, todos están allí, alegrándose.
Así que Dios nos dé, hermano, esa gracia para entender que no es No es algo que si quiero, no, no. Esto es una bendición para nosotros. Y es nuestro deber. Dios nos conceda poder disfrutar de ese bien. Vamos, hermanos, a orar.
Y yo quiero concluir llamando a los jóvenes que están aquí para que piensen que esta gracia de la humildad la pueden recibir si en sus corazones Cristo reina. Y yo quiero invitarte a mi querido joven, mi querido adulto, que aún no conoces al Señor, para que tú invites a Jesucristo a habitar en tu corazón, a vivir en tu corazón. Invita al Señor a tu vida. ¿Quieres ser una mujer, un hombre humilde? Invita al Señor a tu vida.
Mira que aquí como se señala el versículo 5, haya pues en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús. El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como cosa que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
Miren cómo Cristo se humilló. Miren cómo Cristo se hizo hombre, con humildad vino a servirnos y a dar su vida por nosotros. Él vino a dar su vida por ti, para que tú no te pierdas. Y quiero que lleves eso a tu corazón. Si Cristo vino a hacer esta obra por ti, no desprecies su sacrificio, no desprecies su obra. no desprecies al Señor. Recibelo en tu corazón y comienza a servirle con dignidad, con aprecio, porque el Señor exalta al humilde, porque él mismo fue humillado y él mismo fue exaltado por su Padre.
Así que hoy te animamos para que tú te reconcilies Si tú te arrepientes de tu pecado y viene el Señor, hallarás perdón, porque Él acepta a los humildes. Ahora, el orgulloso, que no necesita a Dios, Dios lo aleja, sigue tu camino, termina en tu camino de perdición. Y así termina el hombre y la mujer, sin Dios, sin esperanza y en el infierno. ¿Por qué? Cuando Dios le llamó, fue orgulloso, no fue humilde, no le buscó, no le sirvió, no le adoró.
Así que Dios te dé un corazón humilde para recibirlo como tu Señor. Vamos a orar. Padre, damos gracias por tu palabra y por tu hermoso mensaje, el cual tú nos das para que cada uno de nosotros considere su camino, para que nosotros Dejemos las sobras de la carne y crezcamos en el fruto del espíritu. Padre, tenemos mucho que aprender y mucho que hacer. Danos de tu poder y gracia, que en todo podamos honrarte, así como tú te diste, como enviaste a tu hijo.
Así, Señor, úsanos para tu gloria. Mira a los jóvenes y adultos que están aquí sin Cristo. Te pedimos para que tú bendigas sus almas, dales un corazón humilde para responder a tu llamado y para servirte con todo su corazón. Tráelos a ti, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.
La gracia que mantiene la unidad de la Iglesia - la humildad
La humildad es una gracia del Espíritu Santo, que debe ser conocida y aplicada por todos para que la iglesia sobreviva a los embates naturales de los conflictos internos dentro de su ceno.
En dicho estudio la humildad será comparada con sus antagónicos enemigos llamados: la obra de la carne, la vanagloria o ambición personal, guiándonos así una comprensión del peligro que corre el cuerpo de Cristo y al mismo tiempo de la necesidad de que crezcamos en dicha gracia.
| Sermon ID | 121251623193113 |
| Duration | 38:09 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Philippians 2:1-4 |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.