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Quiero pedirles que busquen en
sus Biblias el Salmo 51. Voy a leer el versículo 5. he aquí yo nací en iniquidad
y en pecado me concibió mi madre. Vamos a tener un momento de oración.
Padre, en esta noche alabamos tu nombre por haber enviado al
Señor Jesucristo el Salvador de pecado. Te damos gracias por
la aplicación de la obra de Cristo y de la virtud de su sangre a
nuestras vidas. Estamos en pie y servimos por
tu gracia. Te damos gracias por el Salmo
51, por la rica enseñanza que allí se encuentra para nosotros. Te suplicamos que nos des luz
sobre el significado de la verdadera confesión de pecado. que esto
nos permita hacerlo, de tal manera que tú oigas nuestra oración
y petición. Cuando pidamos perdón, te suplicamos,
pues, la bendición, la capacitación del Espíritu Santo sobre nosotros
para la edificación de la Iglesia. la salvación de pecadores, en
Cristo. Amén. El Salmo 51 es la oración
de un alma penitente. En este Salmo, David reconoce
y confiesa su pecado. En su confesión encontramos los
tres elementos esenciales de una verdadera confesión de pecado. El primer elemento es el reconocimiento
doloroso de la realidad del pecado. Versículo tres, porque yo reconozco
mis transgresiones y mi pecado está siempre delante de mí. El segundo elemento esencial
de la verdadera confesión es el reconocimiento de la naturaleza
del pecado. Versículo 4. Contra ti, contra
ti, sólo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos. El tercer elemento de la verdadera
confesión es el reconocimiento doloroso del origen del pecado. Versículo 5, David confiesa,
He aquí yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre. David reconoció con dolor y vergüenza
su pecado. Al hacerlo, básicamente dijo,
oh Señor, mi confesión de pecado no está completa con simplemente
reconocer lo que hice con Betsabe y con Traurías. No sólo confieso
mi pecado actual, sino también lo que soy. Soy, para mi vergüenza,
un pecador. Al David reconocer el origen
de su pecado, su naturaleza moral corrupta afirmó la doctrina bíblica
de la depravación del hombre, o lo que se conoce como el pecado
original. Pelagio, monje bretón residente
en Roma en torno al año 409, se opuso a la doctrina que David
afirmó en el Salmo 51. Según la enciclopedia ilustrada,
Pelagio enseñaba que la caída de Adán no afectó en nada al
género humano, ni ejerció influencia alguna en su posteridad. Para
este individuo, el corazón del hombre es como una superficie
horizontal, no se inclina ni al bien ni al mal. Según Pelagio,
el pecado de Adán es sólo un mal ejemplo, pero en ningún sentido
su naturaleza pecaminosa es propagada a su posteridad. Socinio, Un
hereje que vivió entre los años 1539 al 1604, no sólo negó la
divinidad de Jesucristo, la predestinación, la expiación por un sustituto,
negó también que la naturaleza depravada pudiera ser propagada
de padres a hijos. Cuando el hombre nace, no es
un pecador, no es un criminal, ni merece castigo por la transgresión
de Adán. Otros han dicho que el pecado
de Adán, siendo un solo hecho, no podía corromper su naturaleza
humana, mucho menos tenía poder para corromper la naturaleza
humana de toda su posteridad. Hoy en día esta es la creencia
de nuestra sociedad. El hombre es fundamentalmente
bueno. El problema no está en el hombre,
sino fuera del hombre. El problema principal del hombre
no es que su corazón es malo, sino que vive en un ambiente
malo. La raíz del problema no está
en el hombre, sino en el ambiente en que crece o que vive. Por
esta razón, muchos concluyen que el hombre no es responsable
de sus hechos. Más bien, él es una víctima del
ambiente o de las circunstancias. Cuando hace algo que la sociedad
considera negativo, el hombre no debe ser castigado sino rehabilitado. Esta forma de pensar revolucionó
nuestro sistema jurídico. A esto se debe que un juez imponga
una sentencia mínima a aquel que viole a una niña. Su intención
no es de castigar al criminal por el delito que éste cometió,
sino de rehabilitarlo. La víctima no es la persona perjudicada
o violada, sino la persona que hizo el daño. Él debe ser tratado
humanamente, por tanto no debemos castigarlo, sino rehabilitarlo. Dejar al criminal libre, tratarlo
como una víctima, cuando es culpable y una criatura moral responsable
de sus hechos, ignora la ley de Dios que demanda que tal persona
sea castigada o haga restitución. Además, es una injusticia contra
la persona injuriada. Esta injusticia se debe fundamentalmente
a que nuestra sociedad rechaza la enseñanza bíblica de la naturaleza
moral corrupta del hombre o del pecado original. Esta injusticia
y otra se debe a que el hombre del siglo XXI rechaza lo que
David enseña en el Salmo 51 sobre el pecado original, sobre la
depravación del hombre. Rechaza lo que el resto de la
Biblia enseña y lo que el Señor Jesucristo mismo enseñó sobre
este asunto. La fuente principal de los pecados
del hombre, sus malas obras, es su corrupción moral interna. El hombre es responsable por
lo que él es y por lo que él hace delante de Dios. Aunque el hombre de hoy es indiferente
a lo que realmente él es, un ser caído, un ser caído y moralmente
corrupto, esto no cambia la realidad ni el testimonio de la palabra
de Dios, ni la manera o la base sobre la cual Dios ha de juzgar
al hombre. Estas cosas nos enseñan que cada
ser humano nace con una naturaleza pecaminosa o corrupta. Esta es
la fuente de donde proceden todos sus pecados actuales. Nuestra
sociedad no podrá tratar correctamente con el mal y la maldad del hombre
a menos que reconozca su origen. Y tú, mi amigo, no podrás correctamente,
no podrás tratar correctamente con tu pecado hasta que reconozcas
con dolor no sólo la realidad de tu pecado, la naturaleza de
tu pecado, sino también el origen de tu pecado. David reconoció
estas tres cosas y Dios tuvo misericordia de David. David
podía vivir a pesar de lo que él hizo porque él conocía que
él había confesado a Dios sus pecados y sobre la base que Dios
habría de proveer y ha provisto en Cristo, Dios le había perdonado. He aquí, yo nací en iniquidad,
y en pecado me concibió mi madre. Es decir, soy por mi propia naturaleza
un pecador. Estas declaraciones afirman el
pecado original. Consideremos en esta noche la
doctrina del pecado original, la evidencia bíblica de esta
doctrina, y concluiremos con algunas aplicaciones. J. E. Packer, un gran teólogo, define
correctamente el significado de esta expresión, el pecado
original, y sus consecuencias. En su libro, Teología concisa,
él declara, la expresión pecado original, que se refiere al pecado,
que se deriva de nuestro origen, no es una frase bíblica. Fue
Agustín quien la ideó. Pero sí enfoca de una manera
provechosa la realidad del pecado de nuestro sistema espiritual. La afirmación de que hay un pecado
original no significa que el pecado forme parte de la naturaleza
humana tal como Dios la hizo. Él la hizo justa a la humanidad,
Ecclesiastes 7, versículo 29. No significa que haya pecado
involucrado en los procesos de reproducción y nacimiento, la
impureza relacionada con la menstruación, el semen y el parto en Levítico
12. capítulo 15? ¿Esto sólo tenía
que ver con algo ceremonial, no moral y real? La afirmación
de que hay un pecado original significa que el pecado marca
a todos desde su nacimiento y se haya presente bajo la forma de
un corazón torcido en cuanto a sus motivaciones antes de que
exista ningún pecado real. Esta pecaminosidad interna es
la raíz y fuente de todos los pecados personales. Llega hasta
nosotros de una manera real, aunque misteriosa, desde Adán,
nuestro primer representante ante Dios. La afirmación de que
hay un pecado original expresa el principio de que no somos
pecadores porque pequemos, sino que más bien pecamos porque somos
pecadores nacidos con una naturaleza esclavizada al pecado. La frase depravación total se
suele usar para hacer explícitas las consecuencias del pecado
original. Significa que existe una corrupción
de nuestra naturaleza moral y espiritual que es completa no en grado,
porque nadie es tan malo como podría ser, sino en extensión. Todas nuestras facultades y ser
han sido contaminados por el pecado. Por tanto, no hay acción
nuestra que sea tan buena como debería ser, y, en consecuencia,
no hay nada en nosotros, o relacionado con nosotros, que pueda parecer
jamás digno de mérito ante los ojos de Dios. Esta depravación
total conlleva una incapacidad total, esto es, el estado de
no tener recursos internos para responder ante Dios y ante su
palabra. Fin de la cita. Consideremos
en esta noche la evidencia de esta doctrina. Énesis capítulo
5, versículo 3 declara, Cuando Adán había vivido 130
años, engendró a un hijo a su semejanza conforme a su imagen,
y le puso nombre Sed. En este versículo hay un contraste
entre la imagen de Dios según la cual Adán fue creado, y la
imagen según la que Sed fue engendrado. La imagen De Dios, en la que
Adán fue creado, designa moralmente sabiduría de mente, santidad
de voluntad, pero lo opuesto, la imagen de Adán denota corrupción
inherente de mente y de voluntad. En la primera epístola a los
Corintios, capítulo 15, versículo 49, se expresa un contraste entre
la imagen del primer Adán y el segundo Adán. El primer Adán
es una imagen terrenal, corruptible. La imagen del segundo Adán es
celestial, incorruptible. Esta imagen terrenal, caída mortal,
corruptible fue la que Adán pasó a su hijo Zed y a su posteridad. Esta es la imagen que Cristo
renueva a su estado anterior de justicia y santidad, Colosenses
capítulo 3, versículo 10. Esta imagen terrenal la pasó
Adán a su hijo Ceti a su posteridad, Romanos 5, versículo 19. En otras palabras, Adán engendró,
no según la imagen en la que él fue creado por Dios, sino
según la imagen caída. Como consecuencia, vemos que
las generaciones que descienden de él son generaciones corruptas. Génesis capítulo 6, versículo
5, habla de esta corrupción moral o depravación, dice, Y el Señor
vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra. y que
toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer
siempre el mal. Esta depravación no fue la herencia
exclusiva de los que existieron antes del diluvio, sino que pasó
a la gente que vivió después del diluvio. Génesis capítulo
8, versículo 21. Y dijo el Señor para sí, nunca
más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque
la intención del corazón del hombre es mala. desde su juventud. La palabra juventud aquí debe
ser entendida como también es usada en otro lugar de las escrituras,
incluye la infancia. Aunque los infantes no pueden
ser acusados de pecados actuales en el sentido que se acusa a
aquellos que pecan con conocimiento, ellos son pecadores por la naturaleza
pecaminosa que heredan de Adán. Por esta razón no hay que enseñarle
a los niños a mentir ni a hacer cosas malas. Eso estén ellos. Al contrario, tenemos que enseñarles
a gobernar su corazón malo, sus motivaciones malas, a reconocerlas,
llamarlas por lo que son y a tratarlas. Job, capítulo 14, versículo 1
al 4 declara, el hombre nacido de mujer, corto de días, lleno
de turbaciones, a este Dios castiga por su impureza. Versículo 4,
¿quién hará algo limpio de lo inmundo? ¡Nadie! El hombre es
un ser inmundo, impuro o corrupto. Su impureza no es algo físico
o externo. Si este fuera el caso, el hombre
por sí mismo pudiera limpiarse. La impureza a la que Hobbes se
refiere es a la corrupción moral innata del hombre. ¿Pueden los
padres pecadores engendrar aquel que no esté contaminado por el
pecado? no pueden. Por esta razón la
Biblia declara en el Salmo 58, versículo 3, desde la matriz
están desviados los impíos, desde su nacimiento se descarrían los
que hablan mentira. ¿Hay algún ser humano que no
ha mentido? Observen que este texto no dice
que los impíos se descarriaron después de la edad de la inocencia
o cuando llegaron a esa etapa intelectual que les permite dar
cuenta de sus acciones. El texto no dice tal cosa, sino
que afirma que desde su nacimiento se descarriaron los que hablan
mentiras. La corrupción y maldad está en
sus corazones desde su nacimiento, y tan pronto ellos pueden manifestar
su desvío o rebelión, lo hacen. Isaías 48, versículo 8, habla
también del pecado original del hombre. Declara, si tú no las
oíste, ni nunca las conociste, ciertamente no habían sido abiertos
de antemano tus oídos. Porque yo sabía que obrarías
con mucha perfidia rebelde te han llamado desde el seno materno. Este texto afirma que el niño
desde el seno materno es un transgresor. Juan capítulo 3, versículo 6
declara, Lo que es nacido de la carne, carne es. Lo que es
nacido del espíritu, espíritu es. La palabra carne en este
versículo no se refiere al cuerpo o algo físico, sino moral. Habla de la naturaleza del hombre,
la naturaleza moral del hombre. Esto se deduce del contraste
entre lo que produce la carne y lo que produce el Espíritu
de Dios. Carne, o naturaleza humana bajo el dominio del pecado,
solamente produce la misma naturaleza. Lo que es nacido de la carne,
carne es. Efesios capítulo 2, versículo
3, nos da mayor luz sobre este asunto, pues dice, entre los
cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos, todos
nosotros, los que ahora somos cristianos, en las pasiones de
nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la
mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los
demás. Pablo dice, que la manera en
que vivíamos, que él la describe como en las pasiones de nuestra carne,
satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente. Pablo dice
que la manera en que vivíamos se debe a lo que éramos. Éramos por naturaleza, por la
disposición de nuestros corazones pecaminosos, hijos de ira. Nuestro
corazón es pecaminoso. Hay un principio en nuestra naturaleza
humana que se opone a Dios. Dios dice esto, el hombre dice
no. Pero es que a mí me gusta, eso
no es punto. Dios es tu creador y dice que
no, pero el hombre tiene una naturaleza, nace con esa naturaleza
de oponerse a Dios. ¡Díselo! El Señor Jesucristo afirmó categóricamente
que el corazón es la fuente donde se origina el pecado actual.
Marco 7, versículo 21 declara, porque de adentro del corazón
de los hombres, oiga bien, de adentro, salen Los malos pensamientos,
fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades,
engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo, insensatez,
todas estas maldades de adentro salen y contaminan al hombre. El Catecismo Menor enseña la
doctrina bíblica del pecado original que David afirmó que el Señor
Jesucristo enseñó. La pregunta 16 dice, ¿cayó todo
el género humano en la primera transgresión? La respuesta es
la siguiente, habiéndose hecho la alianza con Adán, no para
él solo, sino también para su posteridad, es decir, que Adán
es representante el primer Adán y se compara al segundo Adán. Jesucristo representa aquellos
que él vino a salvar. Adán, a toda su posteridad. Cuando el hombre y la mujer pecaron,
¿a quién Dios llamó? No llamó a Eva. Llamó a Adán. ¿Dónde estás? No solamente él
era cabeza de ese hogar, sino también el representante de toda
su posteridad. Habiéndose hecho la alianza con
Adán, no para él solo sino también para su posteridad, todo género
humano descendiendo de él según la generación ordinaria pecó
en él y cayó con él en su primera transgresión, Génesis 1, 28,
Hechos 17, 26, 1 Corintios 15, 21 y 22 y Romanos capítulo 5,
versículo 12 en adelante. La siguiente pregunta dice, ¿a
qué estado redujo la caída al hombre? La caída redujo al hombre
a un estado de pecado y de miseria. Romanos 5, 12, versículo 13. La pregunta 18 dice, ¿en qué
consiste lo pecaminoso del estado en que cayó el hombre? Lo pecaminoso
del estado en que cayó el hombre consiste en la culpabilidad del
primer pecado de Adán, la falta de justicia original y la depravación
de toda su naturaleza, llamada comúnmente pecado original, con
todas las transgresiones actuales que de ella proceden. Romanos
capítulo 5, versículos 18 y 19, Efesios 2, 1, Romanos 8, versículos
7 y 8. ¿En qué consiste la miseria del
estado en que cayó el hombre? Respuesta, todo género humano
perdió por su caída la comunión con Dios. Está bajo su ira y
maldición, y expuesto a todas las miserias de esta vida actual,
a la muerte misma y a las penas del infierno para siempre. Hay
una asociación entre Adán y una relación entre Adán y su posteridad. Por esta razón hay niños que
cuando mueren en la infancia, mueren, mueren en la infancia,
¿y por qué mueren en la infancia? Si no son culpables. Porque la
paga del pecado es la muerte. La doctrina fundamental que David
afirma en el Salmo 51, versículo 5, es la doctrina del pecado
original. Esta doctrina enseña que cada
ser humano nace con una naturaleza que carece de la justicia original
en la que Dios creó al hombre con una inclinación al pecado,
nace con una naturaleza moral corrupta y esclavizada al pecado. El que comete pecado es esclavo
del pecado. Esa es la declaración del Señor
Jesucristo en Juan capítulo 8. Esta corrupción moral se extiende
a todas las facultades del hombre, es decir, el pecado ha enviciado,
influye, gobierna, controla, ¿qué? la mente, la memoria, la
conciencia. la voluntad, los pensamientos,
sentimientos, aún la conducta del hombre, todas las facultades,
aún el mismo cuerpo del hombre usado por un alma pecaminoso,
un corazón pecaminoso, también caen bajo la influencia y el
poder del pecado. Esta naturaleza moral corrupta
es la fuente de donde procede todo pecado actual. El hombre
peca porque es un pecador. El hombre desobedece la ley de
Dios por lo que es por naturaleza un pecador. Esta naturaleza corrupta
no se manifiesta necesariamente de la misma manera o al mismo
grado en cada persona. Pueden existir diferentes factores
y restricciones que no permitan que Esa corrupción se manifieste
plenamente. En el Salmo 51, versículo 5,
David reconoce con dolor y confiesa el origen de su pecado. En pecado me concibió mi madre. En esta forma, David afirmó la
doctrina bíblica del pecado original. Consideramos lo que enseña esta
doctrina, mostré algo de la evidencia bíblica de esta doctrina, y ahora
quiero hacer algunas aplicaciones. ¿Qué demanda de nosotros la doctrina
bíblica del pecado original? Esta doctrina que David afirma
en el Salmo 51, versículo 5, te llama a tener un concepto correcto
de tu persona. Llama a cada hombre a tener un
concepto correcto de su persona, un concepto correcto de lo que
es moralmente. Según David, el testimonio bíblico
y el Señor Jesucristo, pecamos porque somos pecadores. Nuestra
falta de consideración, nuestro egoísmo, insubordinación, codicia,
impureza, orgullo, arrogancia, se debe a lo que somos. Somos criaturas pecaminosas. Tu corazón y el mío es engañoso. Jeremías capítulo 17. Frecuentemente
no quiere aceptar su maldad, su pecaminosidad o corrupción
moral. No queremos reconocer nuestras
faltas y pecados. Y no solamente es lo que somos,
somos pecadores. Pastor, pero cuando uno es cristiano,
¿esto no cambia? Sí, esto cambia. Dios pone ahora
un principio moral de santidad en el corazón y las cosas cambian,
pero aún queda un remanente de corrupción. Y ese remanente de
corrupción que todavía está en el creyente es un potencial en
él para hacer cualquier pecado. Pedro negó a Jesús. David pecó, adulteró, mató por
casi un año. Vivió como un hipócrita. escondiendo
su pecado. Un verdadero arrepentimiento
nos llevará a una verdadera confesión, no sólo de lo que hemos hecho,
sino también de lo que somos. La doctrina del pecado original
le llevó a David a reconocer lo que era. Esto le llevó a refugiarse
en la misericordia de Dios, pues ¿quién puede tratar con un corazón
como este? No hay psiquiatra en el mundo,
no hay hombre en este mundo que pueda hacerlo. Sólo Dios puede
tratar con tu corazón corrupto. Por esta razón, cuando él fue
convencido de pecado, compungido por su pecado, se
acercó al único que podía tratar con su pecado y con lo que David
es, un pecador. Él no fue a psiquiatra ni fue
a psicólogo. Él fue a Dios. La doctrina del pecado original. Tal realidad llevó a David a
refugiarse en la misericordia de Dios. Le llevó a pedir perdón
a Dios, no sólo perdón para que Él le perdonara por su pecado
actual, sino también para que el Señor le limpiara, le lavara
de su maldad. El aforismo griego, conocete
a ti mismo, es muy pertinente en lo que respecta a nuestro
tema sobre el pecado original. Tú debes conocerte a ti mismo. Esto conlleva inevitablemente
a verse uno mismo como un ser humano ante la verdad que es
lo que tú eres. Eres un pecador. Pecas por lo
que eres, una criatura moral corrupta con un corazón malo
y corrupto. Tú que me escuchas, conócete
a ti mismo. Pero, amigo, recuerda que tú
no te conoces a ti mismo hasta que tú sinceramente llores por
tu pecado y por tu pecaminosidad. Hasta que tú no llegues a orar,
a gemir, a clamar y a llorar como David delante de Dios por
la fuente de maldad que hay en ti, tú no te conoces a ti mismo. verdadera confesión de pecado
aceptable a Dios. Reconoce no sólo el pecado actual,
la actitud o la acción pecaminosa, sino también la fuente corrupta
de donde procedieron. Es decir, que no se trata solamente
de confesar tu ira, tu enojo pecaminoso, sino también la fuente
corrupta de la que procedieron tales pecados. David sabía de dónde procedió
su pecado. Por esto, al confesarlo, no vemos
que él trata de culpar a Betsabe y a otros por lo que él hizo,
ni a las circunstancias, ni tampoco le dijo a Dios, el diablo me
hizo hacer, un demonio. Hoy en día muchos evangélicos
se conocen por este asunto, para todos es un demonio. Para todo
el demonio de esta enfermedad, del demonio de esta otra enfermedad,
el demonio de esto, el demonio de aquello otro, el demonio de...
todo ahora es un demonio. Pero poco se conoce de la doctrina
bíblica del pecado original, de la total depravación del hombre,
de la incapacidad total espiritual del hombre. Es fácil, es bueno. El diablo
me llevó a hacerlo. Somos buenos para tal cosa. El
diablo pudo muy bien influir y también seducir, pero no dejamos
seducir y caímos en el pecado. David sabía la raíz, conocía
dónde estaba la raíz de su pecado. A la luz de esta enseñanza y
este ejemplo bíblico, te digo, hasta que no dejes de echar la
culpa a tus circunstancias, a tus vecinos, a tus hermanos, a tu
jefe, a tus padres, y reconozcas que el origen de tu pecado es
la corrupción de tu corazón, tú no te conoces a ti mismo y
tampoco has confesado tu pecado como Dios espera que tú lo hagas. Señor, yo he pecado. He hecho
esto, pero he hecho esto por lo que soy. Mi amigo, aunque tú tengas una
buena educación y seas conocido por tus buenos modales, hay un
potencial de corrupción en tu corazón para cometer cualquier
pecado. Si tú no reconoces esta verdad,
tú no te conoces a ti mismo. Aún más el oír la palabra de
Dios no será beneficioso para tu alma si tú ignoras que eres
un pecador capaz de cometer cualquier pecado debido a la corrupción
moral de tu corazón o si eres cristiano debido al remanente
de corrupción que todavía hay en ti. Si tú no escuchas la palabra
de Dios consciente de ese potencial de corrupción, te sentarás ahí
a repartir para todos, pero no comerás para ti. Cuando escuchamos la palabra
de Dios consciente del potencial de corrupción que hay en nosotros,
no estaremos tan pendientes si lo dijo por mí o por quien lo
dijo, sino que pensaremos lo que debemos pensar. Yo soy capaz
de cometer tal cosa. Cuando Natán vino a David para
confrontarle con su pecado, David, al principio de esta reunión,
pasó por alto su propia corrupción y el potencial de corrupción
o de maldad que había en su propio corazón. Por esta razón fue pronto
a enojarse contra el hombre rico que le quitó al pobre la única
corderita que éste tenía. Él no se detuvo a pensar sobre
la maldad de su propio corazón, el potencial de corrupción en
su corazón, mientras que el profeta hablaba. Mientras Natán relataba
su parábola o lo que pasó entre el hombre rico y el pobre, David
no recibió beneficio espiritual y personal porque no escuchó
la palabra consciente del potencial de maldad que residía en su propio
corazón. Oiga bien, se indignó o se incendió
de ira en gran manera, no contra él, sino contra aquel que había quitado
al pobre la corderita. ¡Tal persona estigma de muerte! Nada de esto afectó su propio
corazón. Nada de esto le convenció de
su verdad. Si él hubiera tomado en cuenta
el potencial de corrupción que moraba en su propio ser, si hubiera
dado cuenta de las implicaciones de lo que el profeta Natán decía,
y que esto tenía que ver con su propio corazón y su propio
comportamiento pecaminoso, se hubiera dado cuenta de cuán pertinente
para su vida era la historia que Natán había relatado. Pero
cuando uno oye la palabra sin tener delante el potencial de
corrupción que hay en su propio corazón, no podrá ver las implicaciones
de esta palabra, su pertinencia para su propia vida. David oyó
la palabra, pero no vio la aplicación de ésta para su vida. Si hubiera oído la palabra, consciente
de su capacidad para cometer cualquier pecado, si lo hubiera
oído tomando en cuenta la doctrina del pecado original, la palabra
de Natán le hubiera sido como una flecha que hubiese traspasado
lo más profundo de su corazón. David se hubiera beneficiado
en gran manera. ¿Pero cuál fue su reacción? Segundo libro de Samuel, capítulo
12, después de relatar la parábola o lo que sucedió,
Después que Natán contó lo que sucedió, versículo 5, aquí la
reacción. Y se incendió la ira de David
en gran manera contra aquel hombre. Y dijo Natán, vive el Señor,
que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir. Y debe pagar cuatro veces por
la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión. ¿Cómo oyes la palabra de Dios?
que se predica en este lugar, como un fariseo, como un juez,
como David, entonces no te sorprendas que la palabra no beneficie tu
alma, o que tú no veas la pertenencia de la palabra en lo que respecta
a tu vida. El problema no es el predicador
ni la predicación, sino tu alma, Tú no oyes tomando en cuenta
el potencial de corrupción remanente que hay en ti para cometer cualquier
pecado. Si tú y yo tenemos el potencial
para hacer lo que hizo aquel hombre rico, lo que hizo David,
contra Dios, cuando pecó contra Bethsabé, contra Orías y contra
el pueblo de Dios. Pero observen el amor y la fidelidad
de Natán hacia David. Natán, consciente de la doctrina
del pecado original, consciente cuan pronto es el hombre a ignorar
o a pasar por alto su propia corrupción y pecado, el mal propio
de su corazón, Natán aplicó la palabra de Dios de una manera
directa a la conciencia de David. Natán se dirigió a David de un
modo directo. Ya que no te has dado cuenta
de tu transgresión, y no has oído la palabra consciente de
tu propia corrupción y potencial para cometer este y cualquier
otro mal, Natán le dijo a David, versículo 7, tú eres aquel hombre. Así dice el Señor Dios de Israel. Yo te uní, Rey sobre Israel,
y te libré de la mano de Saúl. Yo también entregué a tu cuidado
la casa de tu Señor, las mujeres de tu Señor. Te di la casa de
Israel y de Judá. Y si eso hubiera sido poco, te
hubiera añadido muchas cosas como esta. ¿Por qué has despreciado
la palabra del Señor, haciéndolo malo? a sus hojas. Ustedes ven, si hubiera sido
en un contexto típico de algunos círculos evangélicos, lamentablemente
reformados también, el predicador hubiera terminado
después de la parábola. Algunos predicadores llegan al
versículo 4, relatan la historia y sienten que han cumplido su
tarea. Estos predican sin tener en cuenta
la doctrina de la depravación humana. ¿No quieren aplicar las escrituras
a la conciencia? ¿No quieren pasar al trabajo? ¿No se atreven ¿Quieren ser predicadores
populares? Más bien es más fácil hablar. Hay que tener pasión. Hay que
tener gozo en el Señor. ¿Verdad que esos temas son muy
agradables? A la gente le gusta, les anima, les agrada. ¿A quién
no le gusta que le hablen sobre el gozo del Señor? ¿A quién no
le gusta que le hablen de mirar las cosas de las doctrinas bíblicas
con la perspectiva del gozo de estas cosas? Natal le dijo, tú eres ese hombre. Algunos predicadores hoy predican,
piensan ellos, mi trabajo es dar la palabra
y que el espíritu se ocupe de aplicarla. En eso caen en un hipercalvinismo. No, Dios también dio medios. El Espíritu Santo usa a hombres
como Natán, que no sólo relatan la historia, sino que también
aplican la historia a la vida, al corazón y a la conciencia. Predican consciente de la doctrina
de la depravación humana. Si nosotros no venimos a oír
la Palabra de Dios, consciente de las implicaciones de la doctrina
original del pecado, la Palabra de Dios no será beneficiosa para
nosotros. Esta doctrina que David afirma
nos llama a todos a conocernos a nosotros mismos, a tener un
concepto correcto de nuestra persona. Esto es necesario para que la
predicación de la palabra sea provechosa. En segundo lugar,
la doctrina que David afirma en el versículo cinco nos enseña
que la verdadera confesión incluye el reconocimiento doloroso de
la fuente de nuestro pecado. Por tanto, cuando estemos en
la presencia de Dios para confesar nuestro pecado, debemos sentirnos
avergonzados, no sólo por nuestro pecado, sino también por nuestra
corrupción moral de la que somos responsables. David con dolor reconoce, no
sólo su pecado, sino que él es un pecador. ¿Ha sido esta tu
experiencia? ¿Conoces en tu propia experiencia
el dolor y la vergüenza que produce este reconocimiento? A menudo volvemos a cometer los
mismos pecados. porque no nos hemos detenido
a meditar en la naturaleza de nuestro pecado y en la fuente
de su origen, nuestro corazón. Mientras más uno conoce la palabra
de Dios y la ley de Dios, mientras más uno conoce a Cristo, mientras
más uno crece en gracia, mayor conocimiento se adquiere
de lo engañoso, sutil y pecaminoso que es el corazón. Pablo dijo, ¡miserable de mí! ¿Quién me librará este cuerpo
de muerte? Ah, pero no terminó ahí. Gracias
a Dios por el Señor Jesucristo. No hay condenación para aquellos
que están en Cristo Jesús. Aleluya. Querido hermano, Dios espera
que tú confieses la realidad, la naturaleza y el origen de
tu pecado. Podríamos entrar en otra aplicación. La psicología de hoy, el asunto
del ambiente. Reconocemos que el ambiente contribuye
y puede contribuir a las acciones de los hombres,
pero no es la raíz principal. La raíz principal es el pecado. Por esta razón, Dios dijo, envió
un ángel que dijera, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará
a su pueblo. ¿No dice ambiente? dice el pecado. En última instancia, no sólo
nos libra del pecado, sino que un día habrán cielos nuevos y
tierra nueva donde prevalecerá la justicia y seremos librados
del ambiente pecaminoso, cruel, injusto en que vivimos. ¡Ven, Señor, ven pronto! Ah, pero la raíz principal del pecado
no es el ambiente, es nuestro pecado. Ah, pastor,
entonces ahora todo es pecado. No, nosotros sabemos que Dios
maldijo la tierra y que indirectamente el pecado afecta también el cuerpo
humano y también el alma de tal manera que hay tal cosa como
enfermedades que hay que tratarlas desde una perspectiva física,
orgánica y biológica. Sí, yo no niego ni la Escritura
tal realidad. El pecado afectó al hombre en
su totalidad. Y hay situaciones donde una persona
actúa como no debe de actuar. Hay situaciones que puede muy
bien ser que esté siendo afectado por algo orgánico. Pero la raíz
básica del problema, de todo problema, es el pecado. De ahí que el Señor Jesucristo
vino a tratar con el problema. ¿Cuál es el problema? El pecado. Llamarás su nombre Jesús porque
Él salvará a su pueblo de sus pecados. No hay pecado del cual
Jesús nos salve. Dice la palabra del Señor de
la siguiente manera, palabra fiel y digna de ser aceptada
por todos. Cristo Jesús vino al mundo para
salvar a los pecadores. entre los cuales yo soy el primero,
yo soy un pecador. Necesito un salvador extraordinario,
divino, poderoso. Eso es Cristo. Oremos. Oh Padre, Te alabamos por tu gran salvación. Nos acercamos conscientes no
sólo de nuestro pecado actual, sino también de nuestra corrupción
innata, interna. Te damos gracias que en Cristo
hay perdón para el pecado y hay limpieza. Tú nos has prometido que si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda nuestra maldad. Entonces, ten
misericordia de nosotros. y gracias por el Señor Jesucristo. Te suplicamos que tú uses tu
Palabra para edificar a tu pueblo y santificarnos. Te lo suplicamos
en Cristo. Amén.
El pecado original
Series Salmo 51
| Sermon ID | 1211311491610 |
| Duration | 57:59 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Psalm 51:5 |
| Language | Spanish |
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