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Mateo capítulo 21, si Dios lo permite, vamos a considerar desde el versículo 23 hasta el versículo 32. Mateo capítulo 21 desde el versículo 23 hasta el versículo 32. ¿Aceptas la autoridad de Jesús? ¿Aceptas la autoridad de Jesús? Aquí en Mateo capítulo 21 vemos como los líderes religiosos de aquel día, nos dice el versículo 23, en especial los principales sacerdotes y los ancianos, y aún el texto paralelo en Marcos y en Lucas en Marcos 11 del 27 al 33 y Lucas 20 del 1 al 8 también menciona a los escribas pero estos líderes religiosos no aceptaban la autoridad de Jesús y le cuestionan especialmente porque está haciendo cosas con gran autoridad le vemos al principio del capítulo 21, con su entrada triunfal a Jerusalén, le vemos purificando el templo, ahí a partir del versículo 12, del versículo 12 al versículo 17, le vemos enseñando incluso en Mateo 7, nos dice que enseñaba con autoridad, en Mateo 7, 29, le vemos haciendo milagros. Les vemos incluso perdonando pecados. Ahí en Mateo 9, del versículo 2 al versículo 7. Entonces, estos líderes religiosos le cuestionan, cuestionan su autoridad. No quieren creer el mensaje que proclaman. No quieren creer que Él es el Mesías. No quieren creer que Él es el Hijo de Dios. Y entonces, nos menciona aquí en Mateo capítulo 21, versículo 23, dice, cuando vino al templo. O sea, hay que recordar que justo antes, como he mencionado ahí al principio del capítulo 21, acaba de entrar Jerusalén como rey. O sea, una entrada triunfal. Ah... donde... eh... él está... descendiendo... por el Monte de los Olivos, llegando a Jerusalén. Y la multitud... vemos que... Nos dice versículo 8, en Mateo 21 versículo 8, la multitud que era muy numerosa tendía sus mantos en el camino y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino. Y la gente que iba adelante y la que iba detrás aclamaba diciendo, ¡Osana el hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Osana en las alturas. Y por ello en versículo 10 dice, cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo, ¿Quién es este? Y luego le vemos purificando el templo. Nos dice versículo 12. Y entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo, escrito está mi casa, casa de oración será llamada. Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Versículo 14. Vinieron a él en el templo ciegos y cojos y los sanó. Y aún luego, en versículo 15, vemos que los muchachos están aclamando, ¡Josán, al hijo de David! Y por ello, los... estos... nos dice versículo 15, los principales sacerdotes y los escribas se indignaron. Entonces, vemos la autoridad con la que... con la que... se mueve Jesús, o sea, Él tiene autoridad. Aún le vemos luego maldiciendo la higuera y se seca, ¿no? Ahí en versículo del 18 al versículo 22. Entonces, en versículo 23, cuando viene al templo, llega al templo Y entonces vienen estos líderes religiosos a Jesús, cuando Él está enseñando. Nos dice ahí en el versículo 23, cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a Él mientras enseñaba. Ahora, el pasaje paralelo ahí en Lucas, Lucas 20, versículo 1, nos dice que está enseñando el Evangelio, está anunciando el Evangelio. Eso es en Lucas 20, versículo 1. Entonces, aquí vemos a estos líderes religiosos, los cuales incluyen, aquí Mateo menciona, los principales sacerdotes y los ancianos, los ancianos del pueblo, aunque como mencioné, los pasajes paralelos en Marcos 11 y Lucas 20 mencionan que estaban también los escribas. Ahora, los principales sacerdotes eran funcionarios del templo de alto rango. Entonces, tienen autoridad. Si algo ocurre en el templo, ellos se creen la autoridad máxima entre los hombres. Entonces, ven a Jesús enseñando, ven a Jesús haciendo tantas cosas con autoridad, pues vienen a cuestionarle. También mencionan aquí los ancianos del pueblo, lo cual es probable que no eran sacerdotes, sino líderes de familias poderosas, líderes de familias influyentes en la sociedad entre los judíos. Y, en este caso, aquí vemos cómo Mateo menciona a estos dos grupos, son un grupo representante del Sanedrín. El Sanedrín es el tribunal supremo de los judíos. Y entonces ellos vienen y cuestionan a Jesús. Ahora Jesús, Él ya ha profetizado de que este grupo tendría parte en su muerte. O sea, que le iban a rechazar hasta su muerte. Incluso en Mateo 16, versículo 21. Dice, desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos y de los principales sacerdotes y de los escribas y ser muerto y resucitar al tercer día. Eso es Mateo 16, versículo 21. Entonces, este rechazo no le sorprende a Jesús. que le cuestione su autoridad, no le sorprende. Él sabe que le van a llevar a la muerte. O sea, se van a oponer a él, van a ser hostiles a él. Entonces ellos vienen y le hacen dos preguntas que son similares, con el mismo tema, que tienen que ver con la autoridad. ¿Vale? La primera pregunta es más general. ¿Con qué autoridad haces estas cosas? Y la segunda es más precisa, porque se enfoca en el origen de la autoridad. Por eso le preguntan, ¿y quién te dio esta autoridad? Porque ellos saben, no han sido ellos. Ellos se consideran la autoridad máxima religiosa, entonces, este hombre está enseñando cosas acerca del reino de Dios, ¿De dónde viene esta autoridad? ¿Qué autoridad tiene y quién le ha dado esa autoridad para hacer lo que está haciendo? desafían a Jesús y su autoridad, especialmente por esa entrada triunfal, ese limpia el templo, enseña con autoridad los milagros, aún perdona pecados. Ahí en Mateo 9, del 2 al 7, vemos, nos dice que sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama, y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico, ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados. Entonces, algunos de los escribas decían dentro de sí, ¡este blasfema! Y conociendo a Jesús los pensamientos de ellos, dijo, ¿por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil decir, los pecados te son perdonados o decir, levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dice entonces al paralítico, levántate, toma tu cama. y vete a tu casa, entonces él se levantó y se fue a su casa. Eso es Mateo 9, del 2 al 7. O sea, Jesús se describe como el hijo del hombre, que es un título mesiánico, él es el mesías, él es el hijo de Dios y tiene poder para perdonar pecados y lo demuestra al tener poder en sanar al paralítico, porque solamente Dios puede sanar a un paralítico y de la misma manera solo Dios puede perdonar pecados. Y Jesús deja muy claro, Él es Dios, Él puede sanar al paralítico y también puede perdonar pecados. Pero estos líderes religiosos no les interesa esta persona que tiene autoridad. No les interesa conocer la verdad sobre Jesús. Jesús se está enseñando como si fuera un rabino, sin tener una educación formal. Porque ellos eran los que educaban, ellos eran los que preparaban a las personas para ser rabinos, etc. Entonces, ellos saben que no le han preparado. Entonces, Él no tiene esa preparación. ¿Cómo es que está enseñando? ¿Quién le ha dado esa autoridad? Y aún también Jesús está realizando milagros como un gran profeta, pero no quieren creer en él. Y es que, realmente, lo que demuestra es que no quieren saber su identidad real. Ellos suponen que Jesús no viene de Dios. Buscan atraparle en alguna palabra. Y ellos rechazan la autoridad de Jesús, por eso le hacen estas preguntas, porque están escuchando para atraparle. pero muestra la autoridad mesiánica de Jesucristo, en contraste con la falta de autoridad de los líderes religiosos. Y aquí, este texto va a presentar la fidelidad de Jesús y también de Juan el Bautista, en contraste con la infidelidad de los líderes religiosos. Ahora, Jesús les responde, pero no directamente, les responde preguntándoles a ellos también. En versículo 24, respondiendo a Jesús, les dijo, yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. Entonces vemos como Jesús les responde, les pone una condición. Primero, tienen que responder a su pregunta y entonces Él responderá directamente a la pregunta de ellos. Y realmente la respuesta de Jesús es magistral. O sea, Él les responde con una doble pregunta. Y... lo que hay que entender es que en los debates judíos, específicamente entre los rabinos, era común responder con preguntas. Especialmente si la segunda pregunta sigue el tema planteado por la primera pregunta. Entonces, aquí las preguntas que presentan tienen que ver con autoridad, pues Jesús les responde haciendo preguntas también sobre autoridad, y realmente la pregunta que Jesús hace es casi la misma que ellos le hacen a Él, pero Él les está preguntando qué es lo que creen sobre Juan el Bautista. ¿Qué autoridad tenía Él? ¿Y de dónde venía esa autoridad? ¿Cuál es el origen de su autoridad? Y lo que Jesús está haciendo, Él está respondiendo a su pregunta de una manera indirecta. Porque si ellos responden correctamente a esa pregunta, y que de dónde viene la autoridad, de Juan el Bautista viene de Dios, pues Juan el Bautista era el precursor del Mesías, es el precursor de Jesús de Nazaret, entonces la autoridad de Jesús de Nazaret es divino. Esa autoridad es divina también. Pero les está respondiendo con una doble pregunta. Y su pregunta no se puede responder sin revelar sus corazones duros. La realidad es que no quieren creer. Y... aquí vemos cómo Jesús les hace la misma pregunta. Cuando ahí en versículo... en versículo 25, dice, el bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres? O sea, en el sentido de que, del cielo, o sea, la autoridad de Juan el Bautista venía de Dios, que está en el cielo, o de los hombres. O sea, fue una autoridad otorgada por los hombres, incluso por el San Edrín mismo. Entonces, ¿vino Juan el Bautista con autoridad de Dios o de los hombres? Es que la respuesta a la pregunta de Jesús es la misma que la pregunta que le hacen a él. O sea, la autoridad. ¿Quién le dio autoridad a Juan el Bautista? Porque si respondes correctamente a esa pregunta, entonces ya conoces la respuesta de la pregunta que le hicieron a Jesús. Y es que la misión y la autoridad de Jesús se asocia con la de Juan el Bautista. Es notable que estos oponentes realmente no están interesados en la verdad. sino en el resultado. Ellos quieren atrapar a Jesús y quieren verse bien con el pueblo. Y aquí vemos como... esta conexión entre Juan el Bautista y Jesús mismo. Porque Juan el Bautista es el precursor, el que desde incluso el Antiguo Testamento se profetiza de que vendría, como nos dice en Malaquías 3.1. He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí. O sea, Dios está hablando, está diciendo, mira, voy a enviar a un mensajero, va a preparar el camino delante de mí, y entonces sabréis que cuando viene ese mensajero, justo después viene el señor porque dice y vendrá súbitamente a su templo el señor a quien vosotros buscáis esos malaquías 3 1 y jesús nos dice en lucas perdón en mateo en mateo 11 del 9 al 11, en Mateo 11, de nuevo el 11, dice, Jesús dice, ¿pero qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Está hablando de Juan el Batista, dice, ¿os digo? ¡Sí! ¡Os digo más que profeta! Entonces, Juan el Batista es más que un profeta. Versículo 10, esto es Mateo 11, 10. Porque este es de quien está escrito, He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti. De cierto os digo, entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista, pero el más pequeño en el reino de los cielos mayor es que él. Eso es Mateo 11, del 9 al 11, donde Jesús mismo afirma que esa profetía de Malaquías 3, versículo 1, se cumple en Juan el Bautista. Juan el Bautista es el mensajero que Dios envía delante de sí mismo. Porque Jesús es Dios. Entonces, Juan el Bautista viene con la autoridad de Dios. Dios le dio esa autoridad y Jesús también. Él es divino. Él tiene autoridad. Ahora aquí, al referirse al bautismo de Juan, cuando dice aquí Mateo 21, versículo 25, el bautismo de Juan, ¿de dónde era? Al referirse al bautismo de Juan, está hablando de todo el ministerio de Juan. Se le conocía como el Juan el Bautista porque él pedía que las personas se arrepintiesen y que fueran bautizados. Y Jesús realmente lo que les está preguntando es qué es lo que creen del ministerio de Juan el Bautista. Ahora, la pregunta de Jesús, no sólo les reprocha su incredulidad, porque no quisieron creer a Juan el Bautista, sino, él, él, él, al no entender el ministerio de Juan, tampoco van a entender el de Jesús. O sea, si responden correctamente a la pregunta de Jesús, demostrarán que ya conocen la respuesta a su propia pregunta. La cuestión es que no quieren aceptar de que Jesús es Dios. de que actúa con autoridad divina. Y es que si responden aquí a la pregunta de Jesús, si responden que el bautismo de Juan vino del cielo, o sea que vino de Dios, entonces tienen la responsabilidad de creer a Juan el Bautista. Pero no quieren creer. Pero si creen el ministerio de Juan el Bautista, si creen que vino con autoridad divina, Entonces, están obligados a creer a Jesús. O sea, si creen el mensaje de Juan el Bautista, van a creer el mensaje de Jesús. Pero si rechazan el mensaje de Juan el Bautista, van a rechazar también a Jesús. Porque tiene que ver con fe. Hay que creer en Dios. Y es que el ministerio de Juan el Bautista, apuntó al ministerio de Jesús. Porque en Juan capítulo 1, del 19 al 27, Dice, este es el testimonio de Juan. Cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen, ¿tú quién eres? Confesó, y no negó, sino que contestó, yo no soy el Cristo. Y le preguntaron, ¿qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo, no soy. ¿Eres tú el profeta? Él respondió, no. Le dijeron, pues, ¿quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? El siglo XXIII, eso es Juan 1.23 dijo, Yo soy la voz de uno que clama en el desierto, enderezada el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Y los que habían sido enviados eran de los fariseos y le preguntaron y le dijeron, ¿por qué pues bautizas si tú no eres el Cristo? Ni Elías ni el profeta. Juan le respondió diciendo, yo bautizo con agua. Más en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí. el que es antes de mí, el cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado". Eso es Juan 1, del 19 al 27, donde Juan el Bautista, él afirma, él no es el Cristo. Él es el que apunta al ministerio de Jesús. Y él El mismo dice que su ministerio cumple la profecía del profeta Isaías. Entonces, el ministerio de Juan, de Juan el Bautista, apunta al ministerio de Jesús. Si creen el mensaje de Juan, también van a creer el mensaje de Jesús. Si reconocen de dónde venía la autoridad de Juan el Bautista, también conocerían también de dónde viene la autoridad de Jesús. Pero vemos aquí aquí volviendo a Mateo 21 versículo 25 vemos a estos líderes religiosos que ellos discuten entre sí para intentar formular una respuesta porque no les interesa la verdad ellos simplemente se quieren proteger a sí mismos y quieren acusar a Jesús de blasfemia y por ello Jesús les confronta a la incredulidad porque ellos mismos ahí en versículo 25 a la mitad del siglo dice ellos entonces discutían entre sí diciendo si decimos del cielo nos dirá porque no le creísteis y si decimos de los hombres tememos al pueblo porque todos tienen a juan por profeta sabemos cómo ellos están discutiendo están viendo todas todos los posibles resultados dependiendo a cómo responden a Jesús. Pero vemos, la realidad es que no les interesa la verdad. Ellos simplemente quieren atrapar a Jesús. No recibieron a Juan el Batista. Tampoco recibirán a Jesús. Y Jesús les confronta por su incredulidad. Su rechazo de Jesús resulta en su condenación. Y aquí vemos en versículo 26 que ellos temen al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta. Nos dice Mateo 11, versículo 9, cuando Jesús dice, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí. Os digo, y más que a un profeta. O sea, las personas iban al desierto a ver al profeta, ¿no? Ver a Juan el Bautista y todos le reconocían como profeta. Incluso en Mateo 14, 5, Nos dice que Herodes quería matar a Juan el Bautista, pero temía al pueblo porque tenían a Juan por profeta. Entonces vemos aquí ese mismo temor que tienen estos líderes religiosos. Temen al pueblo porque si dicen es que Juan no era profeta, su autoridad no venía del cielo, pues el pueblo mismo que creen que Juan era profeta, les van a rechazar. Quizás se van a burlar de ellos, o etc. Entonces, ellos temen. Y... por ello, vemos que se encuentran en un dilema, no saben qué hacer. No quieren quedar mal, no quieren perder respeto, y saben que explicar su opinión sobre Juan el Bautista les va a poner en peligro de la ira del pueblo y por ello no quieren responder y aquí básicamente lo que hay que entender es que es como Jesús le responde con estas preguntas para que ellos puedan entender la verdad porque al considerar de dónde vino la autoridad de Juan automáticamente les llevaría a la conclusión Jesús tiene autoridad divina Y es que alguien que busca a Dios sin preocupaciones por la opinión de la gente, llegaría a la conclusión correcta. Pero estos líderes religiosos sólo estaban interesados en atraparle en alguna palabra. Y es que si no pueden percibir la autoridad de Jesús, es porque están cegados por su incredulidad. No quieren aceptar la revelación divina. Y por ahí les responden en el versículo 27. Respondiendo a Jesús, dijeron, no sabemos. No es que no sepan, es que no quieren responder. No sabemos. Él también les dijo, tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. Entonces, estos líderes religiosos deciden no responder a la pregunta de Jesús. Y por ello no cumplen la condición que Jesús les puso. Vale, os responderé directamente si me respondéis directamente. Ellos no respondieron, entonces eso permite a Jesús no tener que responder a la pregunta de una manera directa. Pero veamos cómo ellos rechazan la revelación de Dios y por ello no les toca saber más. No quisieron entender la Escritura y por ello rechazaron el testimonio de Juan el Bautista. Ellos cuestionaron la autoridad de Juan el Bautista cuestionaron la autoridad de Jesús. Y por ello vemos a Jesús que Él cuestiona si ellos son competentes para discernir en este asunto. Ellos rechazaron la revelación y por ello Jesús no les da más revelación. Y aquí en versículo 28 vemos como Jesús continúa dirigiéndose a estos principales sacerdotes y ancianos del pueblo porque les llama a reflexionar. Acaba de hablar de esta autoridad y la importancia de entender de dónde viene la autoridad de Jesús. Y por ello en versículo 28 Jesús ahora presenta una parábola. para reprochar a todos los que rechazan al Mesías. Y nos dice el Presígulo 28. Pero, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Y acercándose al primero le dijo, hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo a él dijo, no quiero. Pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro le dijo de la misma manera. Y respondiendo a él dijo, sí señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hijos, o sea, cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos el primero. Jesús les dijo, de cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia y no le creísteis, pero los publicanos y las rameras le creyeron. Y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle". He leído Mateo 21, del versículo 28 al versículo 32. Lo vemos a Jesús aquí enseñando a través de esta parábola. Lo que está haciendo es reprochando la incredulidad de los líderes religiosos, porque no quieren aceptar la revelación divina, no quieren aceptar la autoridad de Juan el Bautista, por ello no quieren aceptar la autoridad de Jesús, y por ello rechazan a Jesús, y porque rechazan a Jesús son condenados, porque nunca se arrepienten de sus pecados. Y vemos aquí como Jesús enseña a través de esta parábola y es totalmente natural. Un hombre que es dueño de una viña, él, ¿qué es lo que espera? Que sus hijos le ayuden trabajando en la viña. Entonces, aparenta que es un hombre bastante rico, porque los hijos, aunque no nos dice si los hijos ya eran independientes, o sea, si tenían sus familias independientes, o si aún vivían en casa, y quizás eran muy ricos y no tenían que trabajar todos los días, el punto que nos dice es que les llama para que vengan a trabajar. Ahora, ¿qué es lo que deben de hacer? Honrar a su padre. Deben de obedecer. Deben de ayudar. O sea, en una viña familiar es totalmente natural contar con la ayuda de los hijos. Porque un hijo tiene la responsabilidad de honrar y obedecer a su padre. Pero rechazar la petición es chocante. ¿No? Podéis notar el primero. Cuando el padre le dice, ve hoy a trabajar en mi viña. En versículo 29. Respondiendo, él dijo, no quiero. Ahora, eso es bastante chocante, ¿no? Que un hijo responda de esa manera a su padre. Muestra a un hijo rebelde, un hijo obstinado. Le vemos aquí despreciando a su padre en su respuesta. Pero algo ocurre en su corazón donde él se da cuenta de que fue un error. se da cuenta de que no debería de haber respondido de esa manera, se da cuenta de su necesidad de honrar a su padre, pero, y aunque dijo que no, él sabía la voluntad de su padre. Por ello fue. Y le ayudó en la viña. Y trabajó en la viña. Entonces, por ello vemos aquí la clave. La clave es el arrepentimiento. Se arrepintió de su actitud. Se arrepintió de sus palabras. Se arrepintió de cómo actuó hacia su padre. Y por ello fue. Probamos el contraste, porque en el siglo XXX nos menciona el segundo hijo que responde de manera totalmente opuesta al anterior. El anterior dijo, no quiero. Pero éste dice sí. O sea, cuando el padre le dice, hijo, ve hoy a trabajar en mi viña, Él, respondiendo, le dijo, esto es sobre el siglo XXX, sí señor, voy. O sea, le responde con respeto, le llama señor. Dice que sí, voy a ir, le promete ir, afirma que va a ir, y eso, pues, a los ojos del padre, pues, lo hubiera sido... ¡Qué bien! Especialmente después del anterior, que le respondió tan negativamente, ahora le ha respondido afirmativamente, todo va bien, ¡qué bien! ¡Qué bueno tener un hijo tan ejemplar! ¿No? ¡Qué bueno tener un hijo modelo! ¿No? Aparenta que es un hijo modelo... ¡Sí, señor! ¡Sin problemas! ¿No? Voy a ir. Parece mostrar respeto y obediencia, sin embargo, al final no fue. Sí, sí, sí, yo voy, yo voy, pero no fue. Entonces, al final no se presenta en la viña. O sea, su acuerdo inicial sigue en desobediencia. Este hijo, lo que Jesús está enfatizando a través de esta palabra es que este hijo es idéntico a los líderes religiosos. que sí afirman conocer a Dios, afirman seguir a Dios, buscar a Dios... Hablan mucho, ¿no? Usan la lengua muy bien. Eh... mueven la lengua y los labios de maneras maravillosas, elogiando a Dios y en toda su religiosidad... Pero al final no hay arrepentimiento. No, no... No hay... No se dan cuenta de que las palabras no son suficientes. Tiene que haber fruto. Tiene que haber cambio. Tiene que haber un cambio de conducta. Tiene que actuar de acuerdo a lo que se ha dicho. Como estos dos hijos. ¿No? En especial el segundo hijo que dice, sí señor voy y no fue. Hay que actuar de acuerdo a lo que se ha dicho. En la superficie, estos líderes religiosos aparentan obedientes, aparentan que siguen la ley de Dios. Pero a la hora de la verdad, rehusan seguir el plan de Dios. Rehusan creer en la revelación de Dios. Rehusan creer en el Mesías. Rehusan creer en que Juan el Bautista realmente vino con la autoridad que Dios le dio. y Jesús de Nazaret también. Él es el Mesías. Él tiene autoridad divina. Deben de creerle. Y es que el pueblo de Dios, el que realmente ha puesto su fe en Dios, demuestra su amor al obedecerle. El que cree el mensaje de Jesús, le obedece. Como nos dice Juan 14, 15. Si me amáis, guardad mis mandamientos. O sea, poner en práctica esa afirmación. Si realmente amamos a Dios, demostrémoslo con nuestras vidas. Versículo 31, Jesús les pregunta a estos líderes religiosos, ¿cuál de los dos, o sea, de los dos hijos, cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Y ellos le responden correctamente. El primero. O sea, ¿y por qué? ¿Por qué el primero? Porque, aunque dijo que no inicialmente, él cumplió la voluntad de su padre, que la voluntad de su padre era que fuera a trabajar en la viña. Entonces, ellos responden correctamente ante la parábola. Y entonces Jesús Se lo aplica a ellos. Lo aplica a su audiencia. Y les sacude. Porque nos dice aquí versículo 31. Eso es Mateo 21, 31. Jesús les dijo. De cierto os digo que los publicanos, o sea, los publicanos son recaudadores de impuestos. Que se les consideraba traidores porque trabajaban para Roma. Se les consideraban los opresores. Entonces, los publicanos eran judíos, traidores que trabajaban para Roma y recaudaban los impuestos para Roma, eran... eran engañadores, se los consideraba ladrones, entonces, se les consideraban los peores de la sociedad. Al igual que las rameras. Aquí menciona las rameras también. Dice, de cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros, Juan, en camino de justicia, y no le creísteis, pero los policanos y las rameras le creyeron. Y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle". Entonces Jesús aplica esa parábola que acaba de enseñar. El primer hijo dice que no, pero luego cumple la voluntad de su padre. El segundo hijo dice que sí, pero no cumple la voluntad de su padre. Entonces, por eso Jesús sacude la audiencia, porque los supuestos rebeldes son los que se arrepienten y cumplen la voluntad de su padre, al igual que los policanos y las rameras, que se los consideran los peores de los pecadores, pero ellos se arrepienten y se arrepintieron ante el mensaje de Juan el Bautista y ante el mensaje de Jesús. Se arrepintieron y creyeron y por ello entran en el reino de Dios. Pero los líderes religiosos, estos supuestos obedientes, son los que viven para sí mismos, pero no cumplen la voluntad del Padre. aunque afirman cumplir la voluntad del Padre, aunque afirman religiosidad, ser la élite espiritual, etcétera, pero no cumplen la voluntad de Dios Padre, no se arrepienten, no creen el mensaje de Jesús y por ello reciben condenación, no entran en el reino de Dios, porque sólo los que se arrepienten entran en el reino celestial. Ahora, estos líderes religiosos, ellos pensaban que los cobradores de impuestos y las rameras, al no tener lugar en la sociedad judía, o sea, no tenían lugar, les rechazaban, ¡mucho menos en el reino de Dios! Pero... Así no funciona el reino de Dios. Cada persona tiene que arrepentirse de sus pecados. Y solamente aquellos que se arrepienten son los que reciben misericordia. Son los que reciben perdón. Estos líderes religiosos despreciaban a estas personas, a estos pecadores. Incluso, si recordáis la oración del fariseo en Lucas 18, versículo 11, El fariseo dice, Dios te doy gracias, porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano. Ahí menciona el publicano y menciona personas adúlteras, como serían las rameras, a esos Lucas 18, versículo 11, viendo cómo los despreciaban. Entonces, aquí lo que Jesús está diciendo, mira, lo peor de la suciedad, vale, le dice no a Dios, pero luego se arrepienten. Esa es la clave. El arrepentimiento es clave. se arrepienten y cumplen la voluntad de Dios y por ello entran en el reino de los cielos. Pero estas autoridades religiosas dicen sí a Dios, pero no hacen lo que Dios les pide y por ello no entran en el reino de los cielos. Y Jesús no solamente dice que habrá publicanos, habrá rameras y toda clase de pecadores que van a entrar en el reino de Dios, sino que aquí les dice que van delante de vosotros. Y, o sea, hay que pensar, como estos líderes religiosos que piensan son la élite espiritual, ¿quiénes entran primero en el reino de Dios? ¡Ellos! ¡Ellos mismos! Pero Jesús les dice, no. Las personas que se arrepienten, aunque sea de los peores de la sociedad, los que se arrepienten van delante de vosotros. Porque, la justicia propia no es suficiente. Como en Mateo 5.20 dice, porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Es porque el hombre no puede ganarse el mérito para acceder al reino celestial. No puede por sí mismo. ¿Por qué? Como nos dice la Escritura. en Romanos 3, 10 al 12, no hay justo ni a un uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, aún así hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno. Eso es Romanos 3, del 10 al 12, y saltando el versículo 23, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Entonces, todos estamos condenados por nuestros pecados. Somos pecadores. y no los podemos justificar por medio de nuestras obras nos dice Galatas 2.16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe de Jesucristo nosotros también hemos creído en Jesucristo para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley porque cuando por las obras de la ley nadie será justificado eso es Galatas 2.16 entonces no te puedes ganar mérito para con Dios por medio de tus obras sino que tienes que acudir a Jesús y Él es quien te da su justicia cuando crees en Él como Señor y Salvador nos dice hermanos 10 del 9 al 11 si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeras en tu corazón que Dios le levantó de los muertos serás salvo porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Sos Romanos 10 del 9 al 10 donde resalta la importancia de la fe. Tenemos que creer en Jesús como Señor y Salvador y creer de corazón y entonces confesarlo públicamente. Y entonces somos salvos cuando creemos genuinamente de corazón. Nos dice 2 Corintios 5.21, al que no conoció pecado, está hablando de Jesucristo, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Entonces, ahí resalta que él tomó nuestro lugar y él tomó nuestro pecado sobre sí mismo, murió en nuestro lugar, pagó por nuestros pecados y él nos dio su justicia para que nosotros pudiéramos ser salvos. Pero es aceptar el sacrificio de Cristo en la cruz por nosotros, creer en Él como Señor y Salvador. Y entonces recibimos la justicia de Jesucristo. Y por ello tenemos acceso al reino celestial. No tenemos acceso al reino de Dios por nuestro propio mérito, por nuestra propia justicia. Es por la justicia de Jesucristo. Es por los méritos de Jesucristo. Y por ello, estos publicanos y estas rameras, que están resumiendo a toda clase de pecadores, Ellos van delante. Ellos tienen la justicia de Jesucristo porque han creído el mensaje de Jesucristo. Y por ello entran en el reino de Dios. Pero los líderes religiosos que rechazan a Jesucristo, pues van a perecer en sus pecados. O sea, ellos prometen servir a Dios, pero en realidad no lo hacen. Es que hablar es fácil, pero obedecer es difícil. Y es que es necesario creer el mensaje de Jesús, necesario creer a Jesús y creer su autoridad. Y aceptar su autoridad. Y por ahí nos dice aquí en el versículo 32, donde Jesús aquí une la parábola con el texto anterior, donde cuestionaron la autoridad de Jesús, Y aquí en versículo 23 dice, porque vino a vosotros Juan en el camino de justicia y no le creísteis. Pero los publicanos y las rameras le creyeron. Y vosotros viendo esto no os arrepentisteis después para creerle. O sea, Juan el Bautista indicó el camino de Dios. Indicó cuál camino deberían seguir. Él predicó el mensaje del Evangelio enfocándose en Jesucristo, que había que creer en el Mesías. Y los pecadores le creyeron. O sea, las personas que se dieron cuenta de su necesidad espiritual, como los publicanos y las rameras, ellos le creyeron. Y por eso van a entrar en el reino de Dios. Y es que Juan el Batista predicó la voluntad de Dios sobre lo que es recto y de cómo cumplir la voluntad de Dios. Inicialmente es creyendo en Jesús como Señor y Salvador. Juan también exigió fruto. O sea, fruto de arrepentimiento. Cuando dice en Mateo 3, versículo 8. Haced pues frutos dignos de arrepentimiento. Básicamente lo que está diciendo es, demuestra tu fe. Porque es fácil afirmar algo, pero vivir de acuerdo a ello es más difícil. ¿No? Y por eso dice, da fruto. Y él exigió ese fruto de arrepentimiento. Es que Juan el Bautista apuntó a Jesús como el Salvador. Nos dice Juan 1, 29. Y dice, el siguiente día vio Juan a Jesús, que venía a él, y dijo, He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Eso es Juan 1.29. Juan apuntó al Mesías y dijo, ese es el Cordero de Dios. En él hay que creer. Pero los líderes religiosos no creyeron a Juan, ni aun cuando veían a los pecadores arrepentirse. Porque dice aquí al final del siglo 32, y vosotros viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. Nos dice Lucas 7, del 29 al 30, todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios bautizándose con el bautismo de Juan. más los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan. Eso es Lucas 7, del 29 al 30, que resalta, ellos rechazaron el mensaje de Juan el Bautista, no quisieron creer el mensaje de arrepentimiento que Juan les predicaba. Y es que cumplir la voluntad de Dios es más que cuestión de palabras, requiere dar fruto. Hay que creer, hay que apropiarse por la fe y demostrarlo y vivir esa fe. No es suficiente afirmar, creer la verdad. Hay que ponerla en práctica. Jesús mismo dijo en Mateo 7.21, no todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi padre, que está en los cielos. Eso es Mateo 7.21. ¿Y cuál es la voluntad principal? de Dios Padre es que creamos en Jesús como Señor y Salvador. Entonces, viviremos nuestra fe y pondremos en práctica su palabra. Y es que aquellos que conocen su necesidad espiritual valoran la gracia y por ello reciben el mensaje de Jesús. Y entonces, por ello aquí tenemos este texto, porque nos alerta de que debemos de aceptar la autoridad de Jesús. Y nos alerta de que una persona puede ser extremadamente religiosa. Puede incluso haberse criado en la iglesia, haberse criado con padres de fe, con padres que profesan a Jesús como Señor y Salvador, y haber escuchado las historias de la Biblia desde niño, haber leído la Biblia completa, haber memorizado un montón de pasajes bíblicos, etcétera. Puede ser muy religiosa, pero si no se ha arrepentido, aún va a perecer en sus pecados. Y también nos enseña que da igual lo que hayas hecho en tu vida. Si te arrepientes, Dios perdona. Si te arrepientes, Dios te da un lugar en el Reino Celestial. Pero tienes que aceptar la autoridad de Jesús. Entonces, en vez de cuestionar la Escritura, estúdiala con fervor. En vez de dudar del plan de Dios, sométete a su voluntad. En vez de querer aparentar ser espiritual, vive de acuerdo la Escritura. En vez de dejar que tu orgullo te engañe, arrepiéntete y busca a Dios, porque Cristo tiene la autoridad. Debes de reconocer su autoridad, reconocer la autoridad de la Palabra de Dios, reconocer la enseñanza de la Escritura y no despreciarla. Hay que servir a Dios con fidelidad y obedecer su Palabra. No dejes que tu orgullo te engañe. Nadie es salvo por las apariencias. Tienes que arrepentirte de tus pecados y creer en Jesús como Señor y Salvador. Por ello, obedece a la Palabra de Dios. Sométete a Su Palabra. No te enorgullezcas en tu sabiduría. No cuestiones la autoridad de Jesús. No rechaces la Palabra de Dios. ¿Qué de ti? ¿Aceptas la autoridad de Jesús? Vamos a terminar en oración.
¿Aceptas la autoridad de Jesús?
Series Parábolas
| Sermon ID | 11826161637009 |
| Duration | 49:12 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Matthew 21:23-32 |
| Language | Spanish |
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