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Es un privilegio estar aquí con ustedes en esta mañana. Quiero que vayamos al libro de Santiago en el capítulo 3, versículos 1 y 2. Leamos los versículos 1 y 2. Dice así la palabra.
Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, es una persona perfecta, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
Quiero que notemos en estos versículos, principalmente, un mandamiento inesperado. Veamos el versículo uno. Él manda a sus lectores, les aconseja, no sean muchos de ustedes maestros. Eso no es lo que nosotros esperaríamos de la pluma de Santiago.
Recordemos que él era el medio hermano de nuestro Señor Jesucristo. Él debe haber aprendido muchos de los enunciados de nuestro Señor Jesucristo. James debería haber sabido que hay una gran necesidad de maestros y predicadores en las iglesias.
Tal vez él escuchó las palabras del Señor Jesucristo que encontramos en Mateo capítulo 9. Donde el Señor dice que la miez es mucha, pero los obreros son pocos. Y Él dice, oren al Señor de la miez, que Él va a enviar obreros a su miez.
Y una y otra vez vemos en su ministerio terrenal, el Señor veía las multitudes que necesitaban pastores. Necesitaban pastores y él estaba consciente del hecho Que había muchos líderes religiosos que no eran fieles predicadores de la palabra de Dios.
Un ejemplo de eso eran los fariseos. Santiago conocía acerca de los fariseos. Recuerdan cómo Jesús habló con Nicodemus. Y Jesús le dijo a Nicodemus, ¿eres maestro en Israel? ¿Y no entiendes estas cosas que te estoy diciendo?
Maestros que estén bíblicamente calificados se necesitan. Porque muchos de los maestros oficiales en Israel eran ignorantes. Y muchos de ellos cometían grandes errores en lo que enseñaban.
Pero Santiago también debía haber conocido lo que fue la Gran Comisión, que está en Mateo, capítulo 28. Después de su resurrección, el Señor habló a sus discípulos y les dijo, enseñen. Enseñen. Enseñen que guarden todas estas cosas que yo os he mandado.
El Resucitado Señor Jesucristo mandó a que el Evangelio fuera proclamado. El Evangelio que dice que hay perdón gratuito para los pecadores. pecadores que se arrepienten y confían en el Señor Jesucristo. Y ese evangelio tenía que ser proclamado al mundo.
y después de que las personas conocían al Señor Jesucristo necesitaban más enseñanza. En la gran comisión el Señor dijo deben enseñarle todas las cosas que os he mandado. Así que una gran responsabilidad como esta requería de predicadores que estuvieran bíblicamente calificados.
Así que si pensando en estas cosas que acabo de decir. Cuando piensa en esta realidad de la necesidad del evangelio de que sea esparcido en el mundo. Santiago manda aquí en capítulo 2, versículo 3, perdón, versículo 1. Es algo sorprendente lo que él manda aquí. Es inesperado.
¿Por qué Santiago está diciendo esto? No sean muchos de ustedes maestros. Es un mandamiento inesperado. Algunos de ustedes son jóvenes que no son pastores. ¿Están escuchando lo que Dios a través de Santiago te está diciendo a ti? Te está dando una advertencia.
Dios a través de Santiago te da una advertencia. No hagáis maestros muchos de vosotros. Maestros en las iglesias del Señor Jesucristo. No sean muchos de ustedes maestros en la iglesia del Señor Jesucristo. Yo sé que muchos de ustedes quieren ser predicadores. Quieren ser maestros en la iglesia. Y miran a lo largo de la República Dominicana y saben que hay una gran necesidad. Y en Haití hay una gran necesidad. Y alrededor del mundo hay gran necesidad de hombres piadosos que prediquen el Evangelio del Señor Jesucristo. Entonces, ¿por qué Santiago nos está mandando no sean muchos de ustedes maestros? Es un mandamiento inesperado de parte de Santiago.
Pero ahora notemos, segundo lugar, dos justificaciones para este mandamiento de Santiago. Nos dice esto en este pasaje. Notemos, primero de todo, que James dice, los maestros recibirán mayor condenación. La primera razón que nos da es que los maestros recibirán mayor condenación. Esa es una de las razones por las que Santiago te advierte. No se hagan maestros muchos de ustedes. Los maestros reciben mayor condenación.
Pero debemos hacernos la pregunta. ¿Cuáles son los maestros que Santiago tiene en mente? Miren el versículo 1 del capítulo 3. Santiago se incluye a sí mismo en esta amonestación. Nos agradezco maestro muchos de vosotros sabiendo que recibiremos nosotros. Ven, Santiago no se ausenta de este mandamiento, de esta advertencia. Santiago era un hombre piadoso. Santiago fue un apóstol. Medio hermano de nuestro Señor Jesucristo. Pero se incluye a sí mismo en esta advertencia. Aún Santiago recibiría mayor condenación
Así que Santiago no solamente se está dirigiendo a los pastores, Porque en el versículo uno, él usa una palabra que se usa en sentido general para maestros. Así que la advertencia aquí se puede aplicar para alguien que está enseñando una clase bíblica. Pero puede que no sea pastor. Así que la advertencia es para cualquiera que ha de enseñar en la iglesia. Santiago quiere que entendamos que cualquier momento que tú tomas esta responsabilidad de la enseñanza, tú recibirás mayor condenación.
Yo creo que Santiago es un hombre que Se está dirigiendo a pastores, maestros. Pero una vez más, él no se está dirigiendo exclusivamente a aquellos que son pastores. Así que él le está hablando a todo lo que está aquí en este auditorio esta mañana. ¿Cuál es esta mayor condenación de la que Santiago nos está hablando entonces? Algunas traducciones bíblicas dicen un juicio más estricto. Debemos entender esta realidad.
Déjenme darles una ilustración. Si yo voy a enseñarles a ustedes gramática inglesa, Y si yo no enseño la gramática inglesa de forma correcta, mis errores, bueno es triste que yo cometa esos errores, los estudiantes no van a aprender correctamente la gramática. No es bueno para ellos. Pero mis errores en gramática inglesa no van a afectar su destino eterno. Si yo soy un maestro que enseña como reparar motores de vehículos. y le enseño de forma incorrecta cómo hacerlo, puede dañar el motor de ese vehículo y no va a funcionar. Pero mi enseñanza errada no va a afectar su destino eterno.
Pero si yo enseño errores no bíblicos a niños o adultos, mi enseñanza no bíblica ha de tener terribles resultados en sus vidas. Y si yo enseño errores muy serios, va a tener un impacto mucho peor sobre sus almas y sus vidas. Y si es un error muy serio, va a afectar incluso su destino eterno. Así que yo hago la pregunta. ¿Qué tú le estás enseñando a tu gente? ¿Al pueblo de Dios le estás enseñando verdades bíblicas? O tú te estás enseñando verdades que son populares solamente, no bíblicas.
Cuando yo digo verdades populares, me refiero a algo como esto. el cuarto mandamiento no es relevante para los cristianos. ¡Es mentira! ¡Es mentira, es falso! ¡Es contrario a la Biblia! Si tú estás pensando y enseñando que el cuarto mandamiento no se debe guardar, Estás enseñando errores muy serios. Y si los cristianos creen en eso, ellos no creen en esa falsedad de que el cuarto mandamiento no importa. Aún pueden ser buenos cristianos, pero tener una mala enseñanza y creer lo que es falso.
Pero si tú enseñas esa falsedad, Dios va a traer condenación, mayor condenación a ti. Así que, ¿qué estás enseñando? ¿Cómo sabes que lo que estás enseñando es verdad? Porque debes siempre comparar lo que estás enseñando con la palabra de Dios.
Ustedes son hombres jóvenes. Como jóvenes, ustedes tienen una tentación. Muchas veces ustedes jóvenes quieren ser vistos por la gente. A veces quieren impresionar a otras personas. No tienen que escuchar a los pastores ya mayores como el pastor Guzmán. Escúchame a mí porque soy joven, y yo entiendo, y soy inteligente, pero ya él está mayor. Eso es un pensamiento errado. Y ese es un error común entre los jóvenes.
¿Y qué es eso en realidad? Eso se llama orgullo. El pecado del orgullo. Quieres ser visto. ¡Oh, ahí viene el pastor Smith! No, no, no. Tienes que ser sobrio en tu pensamiento. Tienes que ser humilde de corazón. Tienes que someter tu mente y tu corazón a la voluntad de Dios. Y claro, lo que estoy diciendo para los más jóvenes aplica para los mayores.
Ven, Dios siempre se dirige a la enseñanza de su verdad como un asunto muy importante y vital. porque es la verdad de Dios que libera a los hombres. El Señor Jesucristo dijo, conocerás la verdad y la verdad os hará libres. Y en Juan 17, en la oración del Señor, Él dijo, Señor santifícalos en tu verdad. Tu palabra es la verdad.
En la Biblia, los pastores, los sacerdotes, Ven, en la palabra, los pastores, los maestros, son mayordomos. ¿Qué es un mayordomo? Es alguien a quien se le da una responsabilidad. Y esa responsabilidad es para alguien más. Como maestros y pastores, ustedes son mayordomos. Dios les ha dado su verdad. La Biblia. Dios te dio la responsabilidad de enseñar y predicar. Y tú no puedes enseñar y predicar tu propia opinión. Debes predicar y enseñar la palabra de Dios.
Ustedes son mayordomos de los misterios de Dios. Y Pablo nos dice en 1 Corintios 4 que para los mayordomos hay un requerimiento primordial. Deben ser fieles a la verdad de Dios. Y a causa de estas realidades, maestros y pastores en la iglesia han de ser examinados por Dios con más cuidado. Como maestros y pastores, en el día del juicio, ustedes recibirán mayor juicio. Esto es una gran realidad que debemos ver con sobriedad.
Pararnos y predicar el evangelio a pecadores. Ustedes se paran y predican la palabra a santos. Es una gran responsabilidad. Y con esto en tu mente, tú no puedes ser un payaso, un hombre necio en el púlpito, Tú no debes ser llamado un entretenedor. Alguien que viene y dice una broma, y otra broma, y otra broma en el púlpito. Debes pensar en el día del juicio cuando tú te pares a predicar. el destino eterno de las almas que están frente a ti debe estar en tu mente.
Así que Santiago escribe, él manda, no sean muchos de ustedes maestros, Así que jóvenes que aún no son pastores, con sobriedad deben analizar las razones por las que quieren ser pastores. Y ustedes que son pastores también deben examinar sus motivos por igual. ¿Por qué predicas la palabra del Señor los domingos? ¿Por qué? ¿Cuál es tu motivación? ¿Buscas agradar a los hombres? ¿O buscas agradar a Dios? ¿Estás declarando la verdad de Dios? ¿O estás declarando tus propias opiniones personales? Así que esta es la primera justificación que Santiago nos da. No sean muchos de ustedes maestros.
Pero notemos ahora en el capítulo 3, versículo 2, la segunda justificación. No debes desear grandemente ser maestro o predicador. Nos dice Santiago en el versículo 2, muchos de nosotros tropezamos, ofendemos. Y noten nuevamente que Santiago se incluye de nuevo en esta advertencia. Él dice, nosotros por muchas razones tropezamos.
Santiago no se excluye a sí mismo de la posibilidad de tropezar en sus enseñanzas. Santiago no era ignorante de su propio corazón engañoso. Recordemos lo que Jeremiah nos dice del corazón. Nos dice que el corazón es engañoso más que todas las cosas. Es grandemente engañoso y malvado. Y eso todavía es cierto para el corazón que está en el cristiano. Es una verdad que llega directo a nuestros corazones. Nuestros corazones pueden ser engañosos. Si eres cristiano, tienes un nuevo corazón. El pecado no se enseñorea de ti. Pero tu corazón todavía te puede engañar. Y Santiago entendió esto.
Así que entendió que era posible, incluso para un apóstol, tropezar. Y, por supuesto, James estaba consciente de la realidad de un diablo. Y claro, Santiago estaba consciente de la realidad del diablo. Y Santiago conocía la historia de Israel. Así que por eso nos dice que no querramos mucho ser maestro porque podemos tropezar.
Ahora claramente, este tropiezo del que habla Santiago No es un tropiezo físico. Está hablando de un tropiezo espiritual. ¿Cuál es un ejemplo claro en el Nuevo Testamento? Pensemos en el apóstol Pedro. Era un maestro del Evangelio y un predicador del Evangelio. ¿Y qué hizo Él la noche en que el Señor fue entregado, traicionado? Él tropezó espiritualmente. Él negó conocer a nuestro Señor y Salvador.
Así que a la luz de estas realidades, Santiago nos advierte, no sean muchos de ustedes maestros, pero notemos en el versículo 2. Él dice que nosotros tropezamos en muchas cosas. Sería triste que nosotros tropecemos sólo una vez. Pero él dice que podemos tropezar en muchas cosas. Necesitan conocer la Biblia muy bien. Y debes conocer tu corazón muy bien.
Porque podemos tropezar en nuestros corazones estando celosos de otro predicador cristiano. ¿Qué tú piensas? ¿Qué tú sientes? Cuando un hermano está hablando en tu presencia y te dice a ti, ¿sabes? Pastor Argelis es un predicador sobresaliente. Y tú escuchas eso. Y tú piensas. Bueno. Oye, yo pienso que de verdad soy muy buen predicador. Y creo que yo soy mejor predicador que el Pastor Árgeles. ¿Por qué lo están alabando a él? ¿Por qué no me están alabando a mí? Eso es muy, muy pecaminoso. Solo un ejemplo de un maestro, de un predicador tropezando, tropezando en tu corazón, en tus pensamientos con el pecado de los celos.
Los pastores pueden tropezar en otras formas. Puedes tener lujuria en tu mente, en tu corazón. Así que tú eres predicador, pero ¿eres sexualmente puro? cuando manejas en tu carro en la República Dominicana. Hay muchas mujeres en las calles y están vestidas de una forma muy, muy inmodesta. Estás dejando que tus ojos vayan y miren a esas mujeres. O en tu computador estás viendo pornografía. Si tú estás viendo pornografía en tu computadora, tú no puedes ser predicador en el púlpito. Si tú practicas la lujuria en tu vida personal y en tu mente, no debes estar en el púlpito. Un pastor puede tropezar. Y de repente puede ver a una mujer y no está pensando, planificando tener lujuria, pero tropieza. Así que Santiago era muy realista. Y dice que los pastores y maestros pueden tropezar. O puedes prestar tu oído a escuchar chismes como pastor. Así que todos debemos entender que Santiago nos está advirtiendo. Que no sean muchos de ustedes maestros y predicadores. Porque en muchas cosas podemos tropezar.
Pero fíjense que Santiago se enfoca en un tipo de tropiezo. Versículo 2. Si alguno no tropieza, no ofende en palabra. Cuán fácilmente pecamos tropezando con nuestras palabras. Consideremos solo algunos proverbios. Proverbios 12 Dice que hay hombres que hablan agudamente como golpes de espada. Tus palabras pueden ser como una espada que se clava en el corazón de alguien. O en Proverbios 15. La boca de los necios habla sandeses. Aún los pastores pueden decir cosas que son verdaderas, verdaderamente estúpidas, inesias. O Proverbios 25. El viento del norte trae lluvia. Y el rostro airado trae la lengua detractora. Un pastor puede decir palabras públicamente que son críticas, que dan un golpe en la espalda.
Consideremos Romanos capítulo 3. Pablo da una lista de pecados. Algunos de los pecados que Pablo resalta allí son pecados de las palabras. Nos quiere mostrar cuán pecaminosos somos nosotros en realidad. Con sus lenguas engañan. Veneno de áspides hay en su lengua. Y su lengua está llena de maldiciones. Está llena de Amargura. Así que palabras duras y palabras necias. Palabras que traen muerte, palabras que hieren. Palabras de mentira. Es un discurso pecaminoso. Que hace daño a los que escuchan. que deshonran al Señor Jesucristo.
Y Santiago quiere que entendamos. Los predicadores pueden fácilmente tropezar con sus palabras. Pensen conmigo por un momento. Los pintores de casa que utilizan la brocha y la pintura. Los carpinteros utilizan martillos y clavos. Y los ingenieros utilizan números y esquemas. Los predicadores, los maestros, hacen su trabajo con palabras. De la mañana a la noche están usando palabras. Así que las palabras son tus herramientas. El carpintero tiene su martillo. Y el pintero tiene su brocha. El predicador tiene palabras y por lo tanto tu eres mas vulnerable a pecar con tus palabras en la iglesia. Ellos son carpinteros, pintores, no están usando palabras como lo haces tú.
Cuando tropiezas y pecas con tus palabras, traes daño a aquellos que te escuchan. Haces daño a tu propia alma. pero especialmente deshonras al Señor Jesucristo. ¿Entienden lo serio que es esto? Tal vez tú eres pastor aquí y has predicado por 10 o 15 años. aún debes entender lo serio que es esto. Así que por todas estas realidades, Santiago nos manda y nos amonesta. No sean muchos de ustedes maestros.
Así que hermanos, hemos visto un mandamiento inesperado. Dos justificaciones para este mandamiento. El primero es que los maestros reciben mayor condenación. Y el segundo es que los maestros pueden fácilmente tropezar. Entonces, ¿qué deberías hacer si tienes Así que, ¿qué puedes hacer si ya has pecado con tus palabras? Cuando tú pecas con tus palabras en público, debes confesar tu pecado en público. Y eso requiere de la gracia de la humildad. Y claro, tú debes confesar el pecado de esa forma, de tu hablar al Señor. Y hay perdón en la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Pero entonces debes decirle a la congregación, hermanos, hermanas, por favor perdónenme por pecar con mis palabras. Lo que acabo de hablar en mi ilustración, en mi sermón, tenía un borde corto. Fue un poco feo. Tenía una parte que fue muy fuerte en mis palabras, muy cortante. Por favor, perdonen mi forma dura de hablar.
¿Estás dispuesto a hacer eso? ¿Lo harás? No debes estar en el púlpito si no estás dispuesto a confesar públicamente lo que públicamente has dicho.
Y en tercer lugar, la meta retadora para los maestros. En el versículo 2. Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabras, es una persona perfecta, capaz también de refenar todo el cuerpo. Santiago nos está diciendo con estas palabras que es posible no pecar con nuestras palabras. Lo vemos en el versículo 2. Es posible ser un hombre perfecto, completo. Es posible no tropezar con tus palabras.
Y Santiago nos dice esto para animarnos. ¿Cómo es esto posible? Es a través de la fe en el Señor Jesucristo. Es a través de una unión de fe con el Señor Jesucristo. No está en ti, en tus propias fuerzas. No es porque tú tienes mucha experiencia como predicador. Es por la unión con el Señor Jesucristo. Es por el poder del Espíritu Santo que mora en ti.
Así que Santiago les dice a ustedes, predicadores, no se depriman. No se desanimen. No crean que esto es totalmente imposible. Voy a renunciar a ser pastor ya. No, no es esto lo que Santiago quiere. Él quiere un maestro, un predicador, un pastor que sea maduro, que sea completo.
Por la unión con el Señor Jesucristo, tú puedes controlar tu discurso, tu forma de hablar. Así que, ¿ves? James realmente no quería desanimar a los hombres a que sean maestros o pastores. Pero James quiere que todos nosotros aquí esta mañana seamos sobrios en nuestro pensamiento. Que seamos honestos en nuestra examinación. Que nos examinemos, nos autoevaluemos. Sobre como usamos nuestra lengua cuando estamos predicando y enseñando.
Así que James quiere que entendamos que podemos, por la gracia de Dios, ser pregadores fieles del Evangelio del Señor Jesucristo.
Así que ahora déjenme concluir con algunas aplicaciones. Si usted es un pastor, Si eres pastor y tienes pastores junto contigo en la iglesia, tú como pastor debes orar por los otros pastores en la iglesia. Claro, tú debes orar por ti mismo. Señor, guárdame de pecar con mis palabras. Pero debes orar también por tu hermano, un pastor. Señor, guarda a mi hermano, también pastor, como yo, de que él tropiece en palabras.
Y debes animar a todos los hermanos en la iglesia que deben orar por ti como predicador. Porque la obra de un predicador es muy difícil espiritualmente. La obra de un predicador puede ser peligrosa a veces. Necesitamos orar por uno al otro. Debemos predicar los unos por los otros. Que ningún palabra corrompida salga de nuestra boca. No palabras corrompidas deben salir de nuestras bocas.
Pero, ¿sabes? Esto también significa que no debería ser hecho ningún lenguaje corrupto mientras escribes en las redes sociales. O con tus dedos cuando estás enviando mensajes de texto. O por WhatsApp. Estoy sorprendido Yo estoy en shock por las cosas que cristianos profesantes ponen en las redes sociales, escriben. Ven, ellos no están usando realmente su lengua física, pero están usando sus dedos.
Pero cuando la Biblia habla de la lengua, habla de todo tipo de comunicación. Comunicación verbal. Comunicación escrita. Incluyendo lo que tú pones en redes sociales. ¿Qué Dios nos manda en Su palabra? Que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca. sino aquella que es buena para edificar. Que pueda dar gracia a los que escuchan. Y que pueda dar también gracia a aquellos que leen nuestras palabras.
Debemos orar entonces los unos por los otros. Pero también debemos humillarnos ante nuestro Dios omnisciente. Solo piensa de las muchas veces que has pecado con tus palabras. ¿Qué tal tus palabras con tu esposa? Y tus palabras con tus hijos. ¿Y qué tal cuando tú hablas con alguien de manera personal?
Debemos saber que Dios sabe y Él conoce todas las cosas. Dios conoce tus pensamientos ahora mismo. Todos ellos. Los pensamientos de todos nosotros. Y los pensamientos de billones de personas en el mundo. Porque Dios es infinito. Y Él sabe todas las cosas.
Eso debe humillarnos delante de él. Porque nosotros sí pecamos con nuestras palabras. Pero ¿qué debemos hacer? Cuando pecamos con nuestras palabras, debes creer en el Señor Jesucristo. Debes seguir el ejemplo del ciego Bartimaeus, quien dijo, Señor Jesucristo, Tú eres Dios vivo, el Dios vivo para siempre. Y Tú me ves ahora. Y Tú sabes todo acerca de mí. Y yo he pecado con mis palabras. Por favor, Señor Jesucristo, Hijo de David, ten misericordia de mí.
Debemos recordar las palabras del Señor Jesucristo cuando estaba en la tierra. Dijo en una ocasión, Todos los pecados le serán perdonados al hombre. Y hay blasfemias. ¿Qué es la blasfemia? Hablar palabras en contra de Dios. Hasta la blasfemia es perdonada en la sangre del Señor Jesucristo. Claro, ustedes como pastores no deben ser blasfemos. Pero mi punto es que tus palabras y todos tus pecados son perdonados en Jesucristo.
Y recordemos las palabras de Juan. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados Y limpiarnos de toda injusticia. Esa pequeña palabra TODO en inglés, T-O-D-O. Somos perdonados de todas nuestras iniquidades.
como pastores, como predicadores, como maestros, como esposos, padres y miembros de la iglesia, debemos recordar el Evangelio del Señor Jesucristo. Nosotros también debemos ser estudiantes humildes de la Palabra de Dios. Especialmente cuando otro pastor está predicando, enseñándote a ti. Yo no estoy pensando ahora en mí mismo aquí parado cuando digo esto. Si tienes más de un pastor en tu iglesia, El pastor Piñero tiene un pastor también en su iglesia que es el pastor Ariel Rodríguez como copastor. Cuando el pastor Piñero está sentado en la silla y el pastor Rodríguez está sentado en la y el Pastor Rodríguez está parado en el púlpito. Yo conozco bien al Pastor Piñero. Él se sienta y escucha al Pastor Rodríguez con humildad. Él es un estudiante humilde de la Palabra de Dios ante su pastor, Pastor Rodríguez. Eso es lo que ustedes deben hacer cuando su copastor está predicando la Palabra. Ser pastores humildes de la Palabra de Dios. No sean orgullosos. Yo puedo predicar ese pasaje mejor que lo hizo. No. Ten una mente humilde, humildad de corazón, para recibir con mansedumbre la palabra de Dios.
Para dejar una lección práctica para todos nosotros. Y volvemos de nuevo a las palabras de Santiago. No sean muchos de ustedes maestros, porque hemos de recibir mayor condenación. Pero si Dios te ha llamado a ser predicador, recuerda las palabras de Santiago. Ve y predica el Evangelio, con toda autoridad, con toda humildad, con todo amor, por Cristo. para los pecadores, para los cristianos, ve y predica la palabra de Dios. Amén. Oremos. Oh Señor, Padre Eterno, ante estas palabras de Santiago, Nosotros, Señor, los que somos maestros, otros pastores, quienes tú has llamado a enseñar tu palabra, obra en nuestros corazones, señor, que seamos humildes para primero recibir la enseñanza de parte tuya y luego poder transmitirla a todos los que nos escuchan.
Oh, señor, pero que esta predicación esté respaldada por un buen testimonio en toda nuestra vida y muy especialmente en nuestra manera de hablar. Señor, haznos conscientes también de que Debemos trazar bien la palabra de verdad, como Pablo indicó a Timoteo. Ayúdanos, Señor. Danos este amor sobre todo. Amor por nuestro Señor Jesucristo. Amor a las almas. Amor a los pecadores. Amor a nuestros hermanos.
Oh, Señor, que podamos honrarte en todo esto. Y en aquel día del juicio, sabemos que seremos justificados por la sangre del Cordero. Gracias, Señor, pero ayúdanos a ser fieles, porque podemos ser maduros, podemos ser perfectos, no en todo el sentido de la palabra, pero sí ser maduros y ser fieles a ti, Señor. En el nombre de Jesús te lo pedimos. Amén.
Un mandamiento inesperado del apóstol Santiago #2
Series Conferencia pastoral 2025
Un mandamiento inesperado
Conferencia Pastoral 2025
Pastor Smith
| Sermon ID | 118251439586879 |
| Duration | 56:19 |
| Date | |
| Category | Conference |
| Bible Text | James 3:1-2 |
| Language | Spanish |
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