00:00
00:00
00:01
Transcript
1/0
Y hemos llegado al ministerio de la palabra de Dios. Entonces, oremos y pidamos al Señor que bendiga nuestro tiempo juntos en su palabra. Oremos.
Padre Celestial, gracias por tu bondad hacia nosotros en el Evangelio. Y gracias por nuestra unidad, Señor. Te adoramos como Dios de este mundo y el Dios de esta iglesia, Señor. Y hablando de tu iglesia, Padre, no hay nada más importante en ella que la unidad. Tu pueblo debe ser un pueblo de amor. Tu pueblo debe ser un pueblo de lealtad, Señor. Tu pueblo debe ser un pueblo que piense en los demás como más importantes que ellos mismos.
Padre, como tú sabes, mi intención es predicar esta mañana sobre la unidad. Por favor, danos ojos para ver y oídos para oír. Ayúdanos a honrarte en la forma en que vivimos y actuamos unos con otros. Oramos por todas estas cosas en el nombre de Jesús. Amén.
Lo siento, dejé las copias en la impresora. El título de nuestro sermón de esta mañana es Nuestra unidad en Cristo. Nuestra unidad en Cristo. Y es un tema en el que he estado pensando durante bastante tiempo. Y lo pensé especialmente mientras estuve en los Estados Unidos durante las últimas dos semanas. Tuve la oportunidad de pasar tiempo con varios otros pastores. También tuve la oportunidad de pasar tiempo en la iglesia Batista Conestón en Orlando, donde solía servir como pastor. Y todo ese tiempo juntos me trajo muchos recuerdos del pasado. Algunos eran historias de cosas que habían sucedido en otras iglesias. Y otros eran historias que yo mismo había vivido. Y un tema se repetía una y otra vez. Es la unidad en Cristo.
Cuando digo la unidad en Cristo, hay dos formas. que puedo decir esta frase. Cuando yo digo unidad en Cristo por el propósito de este sermón, estoy hablando de nuestra unidad como iglesia. El amor, la comunión entre hermanos. Tenemos una unidad como el pueblo de Dios. Y el otro sentido es la base de esta unidad es nuestra, podemos decir, unión con Cristo. El hecho que estamos en Cristo y Él está en nosotros. Pero el propósito de este sermón es tratar el tema de nuestra relación como iglesia. Nuestra relación como hermanos. ¿Cómo debemos pensar entre unos y otros? ¿Cómo debemos actuar? ¿Cómo debemos amar?
Y muchas veces cuando pensamos en la salud de una iglesia, pensamos en las cosas objetivas que podemos medir. Pensamos en la doctrina correcta. Pensamos en la adoración santa y sin mancha. Pensamos en las diversas tradiciones y prácticas que han ayudado a la iglesia a lo largo de los últimos 2,000 años. Sin embargo, rara vez pensamos en la unidad. Todas estas otras cosas son importantes, muy importantes. Y no podemos dejar esas cosas al lado. Debemos tener una doctrina correcta. Sin una doctrina correcta, no somos una iglesia. Debemos tener una adoración santa. Debemos tener buenas prácticas eclesiásticas. Pero sin la verdadera unidad cristiana, Todas esas otras cosas no tienen ningún efecto. Ningún efecto.
Ustedes saben un parte de mi historia en la iglesia Batista Cornerstone. No tengo vergüenza de hablar del acontecimiento de la división que ocurrió allá. No es una historia incomún. Es muy común. divisiones en las iglesias, bautistas reformadas, iglesias con doctrinas correctas, con una buena confesión de fe, buenos actos de adoración, pero sin unidad, sin unidad, sin amor, sin obediencia de pensar en los unos y otros mejor. que nosotros mismos.
Entonces, por favor, van conmigo sus Biblias a Filipenses capítulo 2, versículo 1. Filipenses capítulo 2, versículo 1 Este texto nos enseñará acerca de la unidad que los cristianos tienen y deben ejercer en Cristo. Y la clave para comprender correctamente esta unidad es la humildad. La humildad. Si queremos, podemos titular este sermón, Nuestra Humildad en Cristo. Porque es el carácter, la parte del carácter más importante para nuestra unidad.
Filipenses capítulo 2, empezando en versículo 1, dice, por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del espíritu, si algún afecto y compasión, Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. No hagan nada por egoísmo o por vanagloria. sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo. Interesante. No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
Haya pues en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. y hallándose en forma de hombre, se humilló él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre. para que a nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Amén.
Esta mañana dividiremos nuestro sermón en tres partes. El primer punto de los versículos 1 al 4 es vivan con humildad. Vivan con humildad. De los versículos 5 al 8, observen la humildad. Y el último, de los versículos 9 al 11, usen la humildad. Vivan con humildad, observen la humildad y usen la humildad. Todo con humildad.
Para explorar nuestro primer punto, vamos a leer los versículos 1 a 4 de nuevo. Dice, Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del espíritu, si hay algún afecto y compasión, no hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde, cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo. No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
Las primeras dos palabras del versículo 1 podrían ser una de las más importantes. Las palabras, por tanto, por tanto. Está señalando algo que dijo antes. Tenemos, es una conjunción, creo que la palabra es. Es una palabra o grupo de palabras que dice, mira, estoy diciendo esto en lugar de otra cosa que dije antes. Pablo en este momento está encarcelado, está en prisión. Filipenses es una de sus cartas de la cárcel, de la prisión. Pero la palabra de Dios no ha sido encarcelada con Pablo, no está atada. Los versículos 12 y 13 del capítulo 1 dicen que su encarcelamiento ha hecho avanzar el evangelio. Explica cómo los hermanos se han envalentonado ahora por su encarcelamiento. Han crecido hasta el punto de predicar el evangelio sin temor. Incluso sus oponentes necios y pretenciosos han promovido el evangelio mientras lo predican con envidia. Y él se regocija por ello. También menciona cómo se le ha perdonado la vida. Pero su vida no le preocupa mucho porque para un cristiano la muerte no significa nada. Él dijo, vivir es Cristo. Y morir es ganancia. En cambio, su principal preocupación son sus amados hermanos. Y les hizo una petición. Mire conmigo un poco a la izquierda en el capítulo 1, a partir del versículo 27. Filipenses capítulo 1, versículo 27. Dice así.
Solamente comportense de una manera digna del Evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a verlos o que permanezca ausente, puedo oír que ustedes están firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del Evangelio. De ninguna manera estén atemorizados por sus adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos. pero de salvación para ustedes y esto de Dios. Porque a ustedes se les ha concedido por amor de Cristo, no solo creer en él, sino también sufrir por él, teniendo el mismo conflicto que vieron en mí y que ahora oyen que está en mí.
Y hermanos, eso es lo que oro por ustedes, que su manera de vivir sea, como él dijo en el versículo 27, digna del evangelio de Cristo.
En el capítulo 2, versículo 1, vemos que Pablo comienza a suplicar tiernamente a estos filipenses. No les habla como les habló a los corintios. Los filipenses son una congregación en gran parte obediente. ¿Y a qué apela, Pablo? Apela a lo que Dios ya ha producido en ellos. Apela a lo que ya es evidente en sus vidas.
Les dice, hermanos, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, en capítulo 2, si hay alguna comunión del Espíritu, si hay algún afecto y compasión, Si alguna de esas cosas reside en ustedes, si alguna de esas cosas se ha producido y se ha visto en ustedes, que esta forma de vida que glorifica a Dios crezca a partir del suelo de estos frutos producidos por el Espíritu.
Si en tu corazón reside el aliento que proviene de la obra de Cristo, si has sido consolado por el amor de Dios, si has disfrutado de la comunión del Espíritu con el pueblo de Dios, si sientes afecto por los demás, simpatía o compasión por ellos, ¿qué les pide Pablo que hagan con eso? les dice que completen su gozo. Completen su gozo.
Pero qué es exactamente lo que completaría su gozo? Su mayor gozo es ver que la iglesia está bien. Es como un padre amoroso que desea ver a sus hijos sanos y felices. En el versículo 2 dice Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.
Está pidiendo unidad, Pablo. Está pidiendo unidad de una manera muy específica. Está pidiendo unidad en el pensamiento y en el amor. De ser unidad por dentro y por afuera. De ser unidad en la doctrina y en la práctica con afecto.
Podrían preguntarse, bueno, ¿cómo se ve eso exactamente, Pablo? ¿Cómo? Vean los versículos 3 y 4. Él dice, no haga nada por egoísmo o por vanagloria. Es como puedes cumplirlo. Sino que con actitud humilde, cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo.
Interesante, ¿no? No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Interesante. Es una manera de pensar completamente diferente de todo el mundo. ¿Qué dice todo el mundo? Nadie va a amarte como tú amas a ti mismo, dicen. Sí. Pero Pablo dice, no haga nada por egoísmo.
El egoísmo significa buscar tu propio deseo, incluso a costa de los demás. Produce conflictos, ¿no? El egoísmo. También Pablo menciona la vanagloria. La vanagloria es amor propio. Es buscar la gloria en la carne. hay gloria y yo quiero esta gloria para mí. Yo quiero la atención, yo quiero la recompensa, yo quiero ser glorificado en esta tierra. La persona que tiene egoísmo para gloria es alguien que tiene la mente de un rey. Actúa y cree como si fuera soberano. Toma decisiones como si fuera el centro de todas las cosas.
Ahora bien, cuando la mayoría de la gente oye hablar de esas cosas, les vienen a la mente los nombres de otras personas. Piensan en un amigo o familiar concreto que es conocido por su egoísmo. Piensan en ese asistente de la iglesia orgulloso. Piensen en ese tío o primo que siempre está buscando la manera de glorificarse a sí mismo.
Y mira, puede que esas cosas sean ciertas, ciertas en el caso de otras personas. A mí me vienen a la mente nombres muy concretos. Cada vez que pienso en egoísmo, para Gloria tengo nombres. proverbios actuales.
Pero ahora no es el momento de centrarse en los demás. Ahora es el momento de centrarse en uno mismo, tú. Porque si eres honesto, también sabes que tiendes a ser egoístamente ambicioso. También tiendes a ser vanagorioso.
Hay muchos necios en este mundo, pero es una necesidad reconocer la necesidad de los demás mientras se sigue su ejemplo. Así que pensando en ti mismo, considera esto. Todo lo que tienes te ha sido dado. Todo. Tu salud, tu dinero. tus habilidades, te ha sido dado, no viene de ti. Cada uno de tus dones y habilidades, cada detalle de tu inteligencia, cada fibra de tus músculos e incluso tus buenas decisiones son producto de la gracia de Dios en tu vida.
Todo lo bueno que hay en tu vida es una gracia completamente inmerecida. Y la persona que comprende esa verdad puede mirar a su prójimo y apreciar todo lo bueno que hay en él. Puede anteponer los intereses de su prójimo a los suyos propios. puede considerar a su prójimo mejor que a sí mismo?
Porque cómo puede un pecador regodearse? Cómo puede un pecador salvado por la gracia de Dios considerarse mejor que nadie?
Es interesante cuando ves la traición de Judás cuando ves la razón que los escribas y fariseos buscaban a Cristo. La palabra que utilizó Marcos en Marcos capítulo 14 es envidia, envidia. Dijeron, Cristo tiene esto. No quiero que Él tenga esto. Yo lo quiero. Es mío. Esta autoridad es mi autoridad. Esta gloria es mi gloria.
Entonces, en una iglesia cuando hay división, Es envidia. Siempre es envidia. Este pastor hizo una decisión. No me gusta su decisión. Vamos a tener una reunión. Siempre es así. Siempre hay una reunión. Y hay una reunión y muchas personas quejándose. Y hay una división grande. ¿Por qué? Porque no consideran a unos y a otros más importantes que sí mismos. Es envidia.
Pero cuando podemos entender que todo lo que tenemos es algo dado de Dios, no hay razón para envidia. Y cuando ese pecador que es salvo por gracia se ve a sí mismo tal como es, ¿qué hace? Él sirve. Sirve. Ama a su hermano. Se entrega por el bienestar de su hermano. De hecho, sufre por su hermano. Se conforma con tener menos para que su hermano tenga más. considera a su hermano más importante que a sí mismo.
Y ahora, esa es la pregunta para ti. ¿Eres conocido por eso? Podrían decir, sí, sí, él, él, este cristiano, es que no busca su propia reputación. Él es que no busca su propio bienestar. Sufre por amor a Cristo. Sufre por amor a los hermanos. No se queja. No se ausenta cuando las cosas se ponen difíciles. No inventa excusas irrazonables para faltar al servicio. Considera a su hermano más importante que a sí mismo.
¿Es eso lo que los hermanos pueden decir de ti en este momento? Si no es así, lo que te falta es humildad. Humildad. Y eso es lo contrario de lo que te enseña este mundo, como dije. El mundo te enseña a tomar lo que puedas conseguir. Dicen, solo vives una vez. Te dicen que tú eres más importante. Hay que amar a ti mismo, dicen. Nadie va a amar a ti mismo como tú. Tienes que encontrar tu camino. Tienes que garantizar tu éxito personal. Tienes que garantizar el éxito de tu familia. Tu trabajo es más importante, dicen. Tu escuela es más importante. Tu salud es más importante. Tu familia es más importante.
Pero Cristo no vivía así, ¿no? No vivía así. Esto nos lleva a observar la humildad de Jesucristo. Veamos juntos el versículo 5. Dice así. Hay pues en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. sino que se despojó a sí mismo tomando forma de ciervo, haciéndose semejante a los hombres y hallándose en forma de hombre. Se humilló él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Amén.
Así que ahora vemos que Pablo no solo está llamando a los filipenses a ser obedientes. En cambio, los llama a ser obedientes teniendo la misma mentalidad que Cristo Jesús. Nuestra unidad entre nosotros tiene su raíz en nuestra unidad con el único. Nuestra unidad en la doctrina, la práctica, el afecto tiene su raíz en el ejemplo de Cristo.
Entonces, ¿qué nos enseña Pablo con este ejemplo? Nos dice que Jesús existía en forma de Dios. No está diciendo que Jesús existía en forma de Dios como si no fuera realmente Dios. En cambio, se refiere a la majestad de Cristo como Dios. Por ejemplo, la forma de un hombre es su figura, su aspecto, sus gestos. Es así como lo reconocemos. La forma de un rey es propia majestad. Es su propia majestad. Todo desde su forma de vestir hasta las tradiciones formales y la pompa forma parte de su majestad. Todas esas cosas nos muestran y nos hacen reconocer que un determinado hombre es efectivamente rey. Si vas a Inglaterra, tú puedes identificar quién es el rey. Muy fácil.
Y lo mismo ocurre con Cristo. Él existía en forma con la majestad, con la pompa de Dios. Existía muy por encima del reino terrenal, fuera del tiempo y el espacio. Y tenía una gloria infinita, tanto intrínseca en sí mismo como procedente de él. Y Jesús, interesante, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Como dice el versículo 6, en otras palabras él es Dios Y como es Dios, tiene todo el derecho a mostrarse como Dios y recibir siempre y en todo momento los beneficios de su Deidad.
Pero Él se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Podemos decir que Cristo consideró seres humanos más importantes que a sí mismos. El Hijo de Dios, la segunda persona de la trinidad, nació de mujer, nacido bajo la ley. Asumió una naturaleza muy inferior a su estatura. De hecho, se hizo carne. Se hizo hombre. Sin dejar de ser Dios, se convirtió en una sola persona con dos naturalezas.
Ahora considera lo bajo que es para el Hijo de Dios rebajarse así. El ilimitado tomó sobre sí una naturaleza limitada. Recibió un cuerpo limitado. Es un cuerpo que se asemeja al de las personas más malvadas. Estas personas han mostrado en todos sus pensamientos, palabras y acciones, odio hacia Dios. Odio. Él tomó la naturaleza, la semejanza de una creación maldita. llegó a identificarse contigo. Una persona que nació en amistad con Dios. Estas personas, tú, estas personas han mostrado en todos sus pensamientos, palabras y acciones, odio hacia Dios. Y eres en este grupo. Él tomó la naturaleza y la semejanza de una creación maldita. Llegó a identificarse contigo, una persona horrible.
Pero incluso al asumir la naturaleza de los hombres, se humilló aún más al vaciarse a sí mismo y hacerse obediente. Se vació a sí mismo, ocultando gran parte del tiempo su propia deidad. Aunque no se despojó de su deidad, fue como si estuviera desechando el hecho de que él es Dios. Ocultó su majestad y caminó con los hombres como un hombre. No tomó la forma del hombre más hermoso, más estimado y mejor vestido. En cambio, vivió como dice Isaías 53.
Isaías 53 nos dice esto. Escucha bien. No tiene aspecto hermoso ni majestad para que lo miremos, ni apariencia para que lo deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres. Barón de dolores. experimentado en aflicción. Y como uno de quienes los hombres esconden el rostro, fue despreciado y no lo estimamos."
¡Wow! Es Cristo. Es Cristo. Cristo no vino como Cash Luna. Él no vino como los maestros y maestras de prosperidad. No vino como un presidente. No vino como alguien que merece el respeto. Él vino como un hombre de hombres. Él sufrió. Tampoco recurrió a su divinidad para aliviar su sufrimiento. Recurrió a su divinidad como una gracia para nosotros. Lo hizo para darnos testimonio de sí mismo.
También fue obediente como siervo. Pablo dice en el versículo 8 que se humilló él mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. El Hijo de Dios no solo vino, sino que vino y se sometió al Padre con quien es igual. Como hombre, obedeció al Padre con gozo. Obedeció hasta la última ley. El gobernante del universo, que no se inclina ante nadie, se hizo obediente. Incluso obedeció las leyes de los hombres en la tierra. Imagínate, Cristo como Rey, obedeciendo Pilatos, obedeciendo César. Incluso cuando los hombres intentaron explotar la ley en su propio beneficio, Él estuvo dispuesto a sufrir con gozo.
Pero él no solo fue activamente obediente, porque la ley exige más que solo obedecer todas sus exigencias. Exige un castigo para todos los que han infringido la ley. Entonces, ¿qué hace Jesús en su humildad? Jesús no solo obedeció la ley, también recibió el castigo por aquellos que la han quebrantado. Él murió por ti. Él murió por ti. Fue castigado por ti. Según el Corintios capítulo 5, dice, al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros para que fuéramos hechos justicia de Dios en él.
¿Conoces la gran diferencia entre la humildad de Cristo y nuestra humildad? Cuando nos humillamos, nos alejamos de los pensamientos ilusorios. Nos alejamos de una estimación errónea de quiénes somos. Estamos diciendo, voy a empezar a pensar la verdad sobre mí mismo. Cuando soy humilde, estoy simplemente pensando correctamente.
Pero con el Hijo de Dios es diferente. El Hijo de Dios se humilló a sí mismo desde una posición que le correspondía por derecho. Él nunca tuvo ilusiones. No es posible que piense demasiado bien de sí mismo. En cambio, él voluntariamente se humilló por amor. Si yo digo, mira, yo soy el mejor, Soy loco. Si Cristo dice, mira, yo soy mejor, claro que sí. No es orgullo para Cristo decirlo. Es la verdad. Él es el mejor.
Tus pensamientos sobre ti mismo cambian cuando te enfocas en Jesucristo, ¿no? De repente, tu gloria, tu éxito, tu bienestar y tu familia ya no parecen importantes si Jesús, que lo merece todo, lo renunció todo. ¿Por qué no puedes renunciar tú a lo que no mereces? La humildad de Jesús pone a descubierto tu orgullo. Pone a descubierto tu adulación. Pone a descubierto tu ambición egoísta. Y te llama a la obediencia y al arrepentimiento. Te llama a la humildad y la unidad. Y esa humildad y unidad deben funcionar de una manera determinada.
Veamos juntos los versículos 9 al 11. donde vemos muy brevemente nuestro deber de usar la humildad, dice así.
Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre.
Mira la razón, la razón que debemos considerar los otros hermanos más importantes que nosotros es la humildad de Cristo. Cristo es la razón por la que debemos decir, mira, mi hermano es más importante que yo porque Cristo vino y Él dio toda su vida para mí. Toda su vida. Y si Cristo puede dar toda su vida, Yo tengo que dar toda mi vida.
Todo lo que escuchas de muchos maestros falsos, de muchas iglesias, todo lo que escuchas de buscar tu propio bien, buscar tus propios deseos, es una mentira. Es una gran mentira. Esta vida que tienes no es tuya. No es tuya. Es su vida. Y debes dar tu vida como Cristo dio su vida.
El propósito, tu propósito en la iglesia no es recibir más que dar. Sí, vas a recibir. Pero de tu mente debes considerar cómo puedo dar más de mi vida para el bien de mis hermanos hoy. Pero como acabamos de leer, también hay otra cosa, porque Jesús no solo murió en la cruz. Resucitó el tercer día. Y Dios Padre lo exaltó.
Es interesante que la humildad de Cristo diera lugar a lo contrario, la exaltación. Y podemos ver, hermanos, que un día vamos a estar exaltados en el día final con él. Entonces, pero debes dar tu vida ahora mismo. Vas a sufrir ahora y tener gloria más tarde. Vas a sufrir ahora y recibir la recompensa más tarde. Pero tu vida ahora mismo no es para recibir, es para dar. Y ya recibiste mucho de él. Recibiste para dar. Y es importante.
Y con esto, con esto, vamos a tener unidad como iglesia. Con esto vamos a tener mucho amor. Cuando todos están pensando en dar, todos reciben mucho. Cuando todos están pensando en dar la vida, nadie se queja. Porque estamos pensando primero en el otro. ¿Qué necesita Nacho? ¿Qué necesita Cacho? ¿Qué necesita Sandy? ¿Qué necesita cualquier otra persona? ¿Qué necesita este visitante que vino? ¿Qué necesita el edificio? ¿Qué necesita cualquier persona? Este niño. Cuando pensamos así, no hay problema.
Entonces, hermanos, seamos fieles en esto y oremos.
Padre Celestial, que Cristo sea nuestra visión y que Él sea nuestra fortaleza. Que Él reciba la recompensa por su sufrimiento. Por favor, edifica nuestra unidad en esta iglesia, Señor. y que tu pueblo camine de manera digna del Evangelio. Te pedimos estas cosas en el nombre de Jesús. Amén. Amén.
Nuestra unidad en Cristo
| Sermon ID | 1129252117522357 |
| Duration | 44:55 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Philippians 2:1 |
| Language | Spanish |
© Copyright
2026 SermonAudio.