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a Marcos capítulo 12 los versos
35 al 37 nos dice aquí la palabra enseñando Jesús en el templo
decía como dicen los escribas que el Cristo es hijo de David
porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo dijo el Señor
a mi Señor siéntate a mi diestra hasta que ponga tus enemigos
por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor, como
pues es su hijo, y gran multitud del pueblo le oía de buena gana. Oremos. Soberano Dios y Padre,
nos acercamos a ti para rogarte, suplicarte e implorarte que nos
dé ahora de este maná, de este pan de vida que es tu palabra
para que nuestras almas sean alimentadas con ese pan que sustenta
y da vida eterna. Pedimos, oh Dios, que tú traiga
a través de ella consolación y edificación, pero también salvación
y esperanza para los perdidos. Prospera nuestra piedad personal
a través de ella y ensancha nuestros corazones santificándolos para
que seamos templo, templos sagrados en donde tu nombre sea glorificado,
tu memoria reverenciada por los siglos de los siglos. Prosperanos
en el nombre de Jesús. Amén. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es Hijo? Estas dos
preguntas Son las preguntas más importantes que jamás oído alguno
habrá de escuchar. Cristo le dirigió estas preguntas
al grupo que estaba allí en el templo, y es interesante ver
qué es lo que significan estas preguntas y qué procuraba el
Señor lograr. Con la respuesta de estas preguntas,
al pueblo a quien él le dirigió estas importantes preguntas. Como podemos observar, hasta
ese momento el señor había enfrentado una oposición virulenta en contra
de su persona, de su ministerio y de su obra. Enemigos a diestra
y a siniestra se habían levantado para hacerle frente Cristo había
lidiado con cada una de esas oposiciones que contra Él se
habían levantado, muchos se acercaron a Él para tentarles y llevarles
a situaciones pecaminosas de falsedad o de error, para encontrar
argumentos para acusarle, justificar su aprestamiento, la ruina de
su persona, de su obra y de su ministerio. Sin embargo, podemos
observar hasta este momento cómo el Señor había lidiado con cada
uno de sus enemigos, cómo Él había lidiado con toda la oposición
que se había levantado contra Él, y de manera sabia y llena
de gracia, los enfrentó y los venció. Cada vez que le lanzaban una
pregunta con fines malévolos, Cristo lidiaba con esas preguntas
y les respondía conforme a la voluntad de Dios. Les aplastaba
con sus preguntas, los vencía con sus respuestas. De esta manera
Él había frustrado a toda la oposición que se le había enfrentado. Uno por uno fue demoliendo a
sus enemigos, y los argumentos con que éstos le enfrentaban
y contradecían, desde que él respondió la última pregunta
ganchosa que le hicieron, preguntándole sobre cuál era el primer y gran
mandamiento, nos dice Marcos que desde ese momento nadie se
atrevía a hacerle más preguntas. ¿Por qué nadie se atrevía a hacerle
más preguntas? Porque obviamente le tenían miedo
a las respuestas que salían de su boca. Esa es la razón por
la cual no le hacían más preguntas. No es que no tuvieran más preguntas,
tenían más cosas que preguntar. Ahora, le tenían miedo a las
respuestas que salían de los labios del Señor Jesucristo. Por eso el silencio. De ahí la actitud de no preguntarle
más. porque cada pregunta que hacían
le daba al Señor la oportunidad de darle más luz a todos aquellos
que estaban expuestos a esas respuestas. Lejos de retirar
la audiencia, de ahuyentar la audiencia que comúnmente le seguía,
cada respuesta que daba a preguntas muy difíciles, y muy complejas,
muy complicadas, lejos de alejar a la audiencia, atraía a más
gente hacia él. Por eso, sus enemigos decidieron
cesar las preguntas. porque le tenían miedo a sus
respuestas y a lo que causaban esas respuestas a la vida de
aquellos que se exponían a las respuestas bíblicas que el Señor
le daba a cada una de sus preguntas. Ahora, aquí en este pasaje encontramos
al Señor, no a la defensiva, como lo vemos en los pasajes
anteriores, respondiéndole a esta gente que le preguntaban, aquí
no lo vemos a la defensiva. Aquí vemos cómo el Señor empieza
a llevar en la iniciativa de las preguntas. Hasta ese momento
las preguntas las manejaban sus oponentes. Ahora, a partir de
aquí, las preguntas las hace el Señor. Las hace el Señor. Es lo que vemos ahí al Señor.
¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es Hijo? ¿A quién le
está Cristo preguntando esto? ¿A sus oponentes? ¿A sus enemigos? Es a ellos a quienes el Señor
le está dirigiendo esta pregunta. Debemos de decir que esos eventos
o estas preguntas sucedieron el jueves de la última semana
de vida de nuestro Señor Jesucristo. Allí en ese lugar, el templo,
estaban presentes el Señor Jesucristo, estaban los discípulos, estaban
los fariseos, los escribas, los saduceos y una gran multitud
del pueblo. Había una gran audiencia allí
escuchando de buena gana, con buena actitud, cada una de las
respuestas que el Señor le daba a esos enemigos que se habían
levantado contra Él, y en este contexto el Señor también pasó
a la ofensiva llevando preguntas muy difíciles de responder a
esta gente. En el contexto de esta pregunta
que Cristo le hace a sus oponentes, Encontramos en Mateo 22, 41 a
42, el texto paralelo a Marcos capítulo 12. Dice Mateo, Y estando
juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo, ¿Qué pensáis
del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron,
De David. Él les dijo, pues cómo David
en el espíritu le llama Señor, diciendo, Dijo el Señor a mi
Señor, Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos
por estrado de tus pies. Pues si David le llama Señor,
¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra,
ni osó alguno desde aquel día preguntarle más. Cuando miramos ese pasaje, encontramos
que hay un nexo directo entre ese pasaje leído y el contexto
donde él mismo aparece. Los versos 28 al 34 de este texto
de Marcos capítulo 12, 35 al 37, habla acerca de la preeminencia
del amor. En estos versículos lo que el Señor está haciendo
es poniendo el amor, el amor en la perspectiva correcta. Porque en la práctica, hasta
que el hombre no conozca al Señor Jesucristo como Señor y Salvador
de su vida, no podrás cumplir con el primer y gran mandamiento,
el de amar a Dios sobre todas las cosas pero tampoco podrá
cumplir fielmente con ningún otro mandamiento, hasta que la
persona no haya conocido de manera personal y redentora a nuestro
Señor y Salvador Jesucristo. ¿Quién podrá amar a Dios con
todo su corazón, con toda su alma, si no tiene una fe salvadora
en el Señor Jesucristo? ¿Quién podrá ser salvo y amar
a Dios con todo su ser, sin un conocimiento correcto, sin un
conocimiento bíblico, sin un conocimiento fiel acerca de quién
es y qué hizo el Señor Jesucristo? ¿Quién podrá amar a Dios? Es
imposible. Es imposible. El alma que ha de ser salva es
aquella que puede responder de manera apropiada, con verdad,
quién es el Señor Jesucristo y qué hizo el Señor Jesucristo. Cuando la persona conoce, responde
y cree de todo corazón estas preguntas, entonces, a partir
de allí, la persona podrá empezar a conjugar en su propia experiencia
el verbo amar. Primeramente lo conjugará hacia
Dios, y en segundo lugar lo podrá conjugar apropiadamente en favor
de su prójimo. Por eso el Señor le hace a la
multitud congregada y a todo el grupo que estaba aquí presente
en el templo, de manera particular a sus oponentes, la pregunta
que tiene que ver con el linaje del Mesías, el linaje del Mesías. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo el Cristo? ¿Hacia dónde apunta esa pregunta? Apunta a su persona, a la persona
de Cristo. De modo que cuando Él le hace
esa pregunta a aquella multitud en la persona de los faiseos,
le está invitando a que descubran el más grande de los tesoros
que este pueblo debía de descubrir para que fuesen enriquecidos. a fin de que así pudiesen llevar
a cabo la obediencia requerida por la ley para amar a Dios sobre
todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De
quién es hijo el Cristo? Esto es similar a la pregunta
que Jesús le hizo a sus discípulos en Mateo 16, 13 al 15. ¿Quién
dicen ustedes que soy yo? Preguntó Cristo. ¿Quién dicen
ustedes que soy yo? ¿Cuál es la identidad con que
ustedes me pueden identificar? ¿Cómo ustedes me pueden reconocer? ¿Cómo me reconocen a mí? ¿Quién
dicen ustedes que soy yo? Era importante que ellos pudiesen
dar una respuesta conforme a la revelación de Cristo que había
en el Antiguo Testamento. Y la respuesta que ellos dieran
a esa importante pregunta iba a determinar de ahí en adelante
la relación que ellos habrían de experimentar con el Señor
Jesucristo, y obviamente los resultados de eso lo podrían
disfrutar aquí en la tierra y por la eternidad lo que aquí tenemos
es a Jesús en otras palabras aquí tenemos al Señor Jesucristo
confrontando a sus oponentes con la necesidad de tomar una
decisión con la necesidad de decidir ¿Qué debían de decidir
esa gente? Una respuesta. Ellos debían de
responder, de decidir para responder si o no conocían quién era el
Cristo. De modo que aquí el Señor lo
pone ante un paredón. Los pone ante un paredón para
que ellos decidieran si respondían a esa pregunta o si decidían
no responder a esa importante y vital pregunta. En otras palabras, cuando el
Señor le da o le emite esas preguntas, Con ello lo que el Señor está
haciendo es escrutando el corazón de estos hombres acerca del conocimiento
que ellos tenían del Antiguo Testamento. El Señor estaba escudriñando
sus corazones para ver qué tanto ellos conocían e interpretaban
el Antiguo Testamento. Eso es lo que Cristo aquí está
fundamentalmente haciendo con esta gente, escudriñándole sus
mentes, escudriñándole sus corazones para determinar su capacidad,
su capacidad intelectual sobre el dominio que tenían de las
profecías del Antiguo Testamento acerca de su persona y de su
obra. Y mis amados hermanos, amigos
presentes, en el día de hoy esta sigue siendo la más importante
de todas las preguntas que tus oídos habrán de escuchar sobre
la faz de esta tierra. Tu esperanza de vida, según la
Oficina de Estadística en este país, es de 75 años. Y en esos 75 años que dan como
esperanza de vida para ti, los estadistas, de seguro que esta será la más
importante de todas las preguntas. Y sé que hasta este día tú has
escuchado muchas preguntas. Mucha gente a ti te ha preguntado
cosas a las cuales tú has tenido que
responder. Una ha respondido bien y otra
ha respondido mal, y te seguirán lloviendo preguntas a las cuales
deberás responder con propiedad. Pero te puedo asegurar que ninguna
pregunta que te haga alguien en este universo durante tus
75, 80, 90 años de vida, ninguna tiene la importancia y la trascendencia
para el tiempo y la eternidad. ¿Qué tiene? Tu respuesta a esta
pregunta. Todo el mundo por los libros
de historia, la tradición de la iglesia católica romana y
la cultura occidental en que se ha criado, Tiene una noción
de quién es Cristo. Tiene una idea de quién es Cristo. Usted va a cualquier campo de
este país, por remoto que sea, y de seguro que si usted le pregunta
a alguien que si ha oído mencionar el nombre de Cristo, le dirá
que sí. Yo creo que haya alguien en este país, por escondido que
viva, aunque nunca haya puesto sus pies en una iglesia, en un
templo, de seguro que ha escuchado mencionar el nombre Jesús o el
nombre Cristo o el nombre Jesucristo. Por lo menos esos tres nombres
que son los más comunes, los de uso popular, nadie es ajeno. al hecho de haber escuchado en
algún lugar de los labios de alguien ese nombre. Todo el mundo
sabe algo acerca de ese personaje, conoce algo por la cultura, por
la historia, por la tradición católico-romana. De algún lado
le ha llegado alguna información acerca de quién es el Señor Jesucristo. Por mano del nombre, Ahora, el
que alguien pueda tener registrado en su memoria el nombre de Jesús,
eso no significa que le conozca. El que alguien tenga registrado
en su memoria el nombre de Jesucristo y lo pueda atar a la historia,
a un personaje histórico que vivió hace dos mil años, eso
no significa que esa persona sea realmente salva. Estos individuos
fariseos conocían hasta la saciedad, el antiguo testamento. Habían
leído una y otra vez, multitudes de veces, las profecías alusivas
al Señor Jesucristo. Y aunque tenían una idea clara
por la profecía que habían estudiado, sin embargo, no podían identificar
la persona que estaba ante sus ojos, que era justamente aquel
de quien la profecía habían estado hablando hasta la saciedad por
más de dos mil años, por más de dos mil años. Los profetas
del Antiguo Testamento estuvieron anunciando el Mesía, anunciando
el Cristo. Cristo trató con esta pregunta
de conectar en la mente de ellos el conocimiento histórico que
tenían del Mesías por la revelación de la profecía que ellos conocían
con su propia persona. Trató de enchufar ambas cosas
con esa pregunta. En otras palabras, trató de aterrizarle
el conocimiento teórico que tenían acerca de el Cristo, de Jesús,
del Mesías. ¿Qué pensáis del Cristo? Esa
es la pregunta. ¿Qué ustedes piensan del Cristo? Conforme al conocimiento que
ustedes tienen de las profecías del Antiguo Testamento, denme
su opinión. Yo quiero saber algo, enséñenme. Vamos a ese tema ahora. Hemos
hablado del amor, hemos hablado del amor al prójimo, del amor
a Dios. Hemos hablado de muchas cosas.
Ahora, yo quiero que ustedes... Quiero que ustedes me hablen
a mí del Cristo. Quiero saber algo del Cristo. Vengan, predíquenme a mí del
Cristo. Yo quiero saber del Cristo. Díganme de quién es hijo del
Cristo, yo quiero saber eso, porque yo no lo sé. Como dicen los escribas que el
Cristo es hijo de David, explíquenmelo, yo no lo sé. Porque miren, oigan bien señores,
oigan bien, oigan esto, escuchen, escuchen, porque si el mismo
David dijo por el Espíritu Santo Dijo el Señor a mi Señor, siéntate
a mi diestra hasta que ponga tus enemigos por el trado de
tus pies. David mismo le llama Señor. Explíqueme esto, porque no entiendo. ¿Cómo, pues, es su hijo, si al
mismo tiempo él le llama Curios, Señor, Dios? Explíqueme eso. Yo quiero saber. Yo soy aquí el gran ignorante.
Usted es lo sabio. Vengan, instruyanme, enséñanme. Cristo aquí lo estaba poniendo
ante un paredón para que decidieran para que entraran al interior
de su corazón, para que sacaran de allí todas aquellas informaciones
proféticas que habían acumulado sobre el Cristo a través de sus
estudios. Quería que ellos pudiesen conectar
las informaciones del Antiguo Testamento con su propia persona,
con su propia vida, con su obra. para que a partir de allí pudiesen
experimentar la salvación y la vida eterna. Dicen, autor, a
nosotros nos resulta difícil entender este pasaje, porque
usa pensamientos y razonamientos que nos son extraños. pero no les resultaría nada difícil
a los que le oyeron en el recinto del Templo de Jerusalén, porque
estaban acostumbrados a esa manera de razonar y de usar las Escrituras. Y añade él, el término Cristo,
en griego Mesías, en hebreo son las palabras que
equivalen a un nido. La razón para el uso del título
es que en los tiempos antiguos se coronaban los reyes uniéndolos
con aceite. Las palabras griegas y romanas
quieren decir el rey ungido por Dios, el que había de venir de
parte de Dios para salvar a su pueblo, y reinar en sus corazones
y en el reino que Él habría de establecer. con esa verdad era
que Cristo quería conectar los corazones de ese público que
estaba delante de sus ojos. ¿Quería que ellos pasaran de
verlo como un simple predicador? a que lo vieran con el semblante,
con el carácter y con la realidad de lo que Él era en realidad,
el Ungido, el Ungido por Jehová, el Rey Ungido por Dios, que venía
de parte de Dios para salvar a Su pueblo, reinar en Sus corazones
y reinar en Su reino. Así es, que cuando Cristo les
pregunta, ¿cómo pueden los escribas decir que el Cristo es el hijo
de David? Jesús estaba refiriendo explícitamente
a Su propia persona, se refería a Sí mismo, se refería a Su obra,
se refería a Su ministerio, se refería a Su reino. de eso era que Cristo estaba
hablándole a esta gente cuando les estaba preguntando acerca
de esas informaciones. Ahora, debemos también denotar que el razonamiento que el Señor
Jesucristo emplea aquí es una cita del Salmo 110, versículo
1, donde dice, El Señor dice a mi Señor, siéntate a mi diestra
hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Los judíos de aquel tiempo suponían
que este Salmo se refería al Mesías que habría de venir a
este mundo. En ese versículo David se refiere
al Mesías venidero como Señor. Ahora, ¿cómo es que David le
aplica el título de Señor si es su hijo, su propio hijo, nacido
de sus lomos? ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo se
explica? ¿Cómo se le hace una exégesis
a esa declaración que hace David? ¿Qué está tratando de enseñarle
aquí con esta pregunta de difícil respuesta? que hace el Señor Jesucristo?
Bueno, cuando nosotros echamos una mirada retrospectiva al Antiguo
Testamento, podemos ver que Israel esperaba un Mesías libertador,
el cual sería levantado por Dios de la dignatía de Israel. Verso 6 al 7, Porque un niño
nos es nacido, un hijo nos es dado, y el dominio estará sobre
su hombro. Se llamará su nombre, admirable
Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado
de su dominio y la paz no tendrá fin sobre el trono de David,
sobre su reino. Para afirmarlo y fortalecerlo
con derecho y con justicia, desde ahora y para siempre, el celo
de Jehová de los ejércitos hará esto. ¿Qué estaban esperando
ellos? ¿Un Mesías? ¿Cuál? El que le
habían prometido. Ese Mesías era el que ellos estaban
esperando. Capítulo 11, versos 1 y 2 de
Isaías. Un retoño brotará del tronco
de Isaí. ¿Quién es Isaí? El papá de David. Ese es Isaí, el papá de David. Y un vásago de sus raíces dará
fruto sobre Él reposará el Espíritu de Jehová, Espíritu de sabiduría
y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu
de conocimiento y de temor de Jehová. Versículo 10, Acontecerá
en aquel día que las naciones buscarán a Aquel que es la raíz
de Isaí. y que estará en pie como una
bandera para los pueblos, y su morada será gloriosa." Ese Mesías
era el que esperaban los judíos de los tiempos de Jesús. Ese Mesías, o por ese Mesías,
fue que el Señor le preguntó a ellos, Ahora, Cristo con esa
pregunta quería que ellos lo conectaran a Él, ¿con quién? Con ese que había sido anunciado
por Isaías en el capítulo 9 y en el capítulo 11. Es ahí donde
Cristo lo está llevando, lo quiere llevar para que ellos pudiesen
identificarlo a Él como ese que había venido fruto del cumplimiento
literal de esas profecías. Y es interesante observar cómo algunos en las multitudes
que seguían a Jesús, con certeza fueron iluminados por el Espíritu
de Dios para identificar a Jesús, quien había sido profetizado
en estos capítulos que hemos citado de Isaías. Noten Mateo capítulo 9, versículo
27. Al irse Jesús de allí, dos ciegos
le siguieron gritando y diciendo, Hijo de David, ten misericordia
de nosotros. Interesante, dos ciegos. ¿Ves que la gracia de Dios se
revela en los lugares más inóspitos
que puedan haber dos ciegos? ¡Dos ciegos! Es algo vergonzoso
para esa gente. ¡Dos ciegos, hermanos! Dos ciegos
pudieron identificar inmediatamente que por ahí estaba pasando. ¿Quién? el que había sido profetizado
por Isaías capítulo 9, versículo 6 al 7. Oiga, dos ciegos, no
tenían ojo para ver, se andaban, se andaba con un ejército detrás,
con muchas parafrenarias. No tuvieron, no tuvieron, no
tenían ojo para ver una corona sobre su cabeza. Era un príncipe
extraordinario, con mucha pompa. Eran ciegos. Sin embargo, esos
ciegos clamaron, ¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros! ¿Y qué le indica eso a usted
y a mí, mi hermano? Que la misericordia de Dios es
la que abre los ojos para que vean a Cristo como un príncipe,
como un rey. Es la gracia de Dios la que hace
la diferencia. y nada más que eso. Cuando el
alma es iluminada para ver a Jesús en la dimensión que Él se halla,
como Dios y hombre, los ojos de entendimiento son alumbrados,
¿para qué? Para que el alma, no importa
cuán ciego sea el individuo, pueda identificar a Jesús como
el Rey, el Hijo de David, Aquel cuyo dominio estará sobre Su
hombro, Aquel que es admirable Consejero, Dios fuerte, Padre
eterno, Príncipe de paz. ¿Quién lo puede identificar de
esta manera? Los que como esos ciegos son alumbrados para que
lo identifiquen. Gloria a Dios. 12-23 de Mateo 9, de Mateo. Toda la gente estaba atónita
y decían, ¿acaso será este el hijo de David? Al ver los milagros,
las acciones extraordinarias que llevaba a cabo, la pregunta
natural que surgió en sus corazones, ¿cuál fue? ¿No será éste el admirable,
el consejero, el Dios fuerte, el Padre eterno, el Príncipe
de paz? No será éste. Porque las señales
que vemos lo identifican como qué? Como el cumplimiento de
esa profecía. Mateo 15, 22, entonces una mujer
cananea no una judía, ilustrada en la ley de Moisés y de los
profetas, una cananea, oiga bien, cananea, oiga ese nombre, que había salido de aquellas
regiones, clamaba diciendo, señor, hijo de quién, de David, ¡Hijo
de David, que ten misericordia de mí! ¡Mi hija es gravemente
atormentada por un demonio! ¿Y qué quería esa mujer? Que el Hijo de David liberara
a su hija de la esclavitud del demonio. Quería que Dios en el
Hijo le limpiara a su hija de la potestad del demonio. ¡Hijo de David! una cananea Mateo 21 9 las multitudes
que iban delante de él y las que le seguían aclamaban diciendo
osagna al hijo de David bendito el que viene en el nombre del
señor osagna en las alturas la gente simple y del pueblo pero creyente en la profecía Mateo 21, 15. Pero los principales sacerdotes
y los escribas se indignaron cuando vieron las maravillas
que Él hizo, y a los muchachos que le aclamaban en el templo,
diciendo, ¡Osanna al hijo de David! ¿A quiénes se les iluminó
el entendimiento para ver en su justa dimensión quién era
Jesús? A los muchachos. a los entendidos
y expertos escribas y fariseos, a los muchachos, a la cananea,
a los ciegos. ¿Y qué quería Jesús con el ministerio
de la Palabra que estaba aquí empleando? ¡Abrirle los ojos
a esos impiazos! para que pudieran identificar
y conocer la justa dimensión de Aquel que estaba allí delante
de sus ojos. Dios y Hombre entre nosotros. Todo el Nuevo Testamento aparece
la convicción apostólica de que Jesucristo era el hijo de David,
en el sentido en que Él procura que se le identifique aquí, en
estas preguntas. Hermanos 1-3, Pablo, siervo de
Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el Evangelio de
Dios que él había prometido antes por medio de sus profetas en
las Sagradas Escrituras acerca de su hijo, quien según la carne
era de la descendencia de David. ¿Ven cómo los apóstoles, inspirados,
conectan a Cristo con el hijo de David? ¿Quién es el Hijo de
David? Ah, el Hijo de David es aquel,
versículo 4, es aquel que fue declarado Hijo de Dios con poder
según el Espíritu de Santidad por su resurrección de entre
los muertos, Jesucristo nuestro Señor. Ese es el Hijo de David. ¿Quién es el Hijo de David? ese
que fue resucitado con poder dentre los muertos. Segunda de
Timoteo 2, 8, acuérdate de Jesucristo resucitado dentre los muertos,
de la descendencia, ¿de quién? De David, de la descendencia
de David conforme a mi Evangelio. La genealogía de Jesús que aparecen
en Mateo 1, 1 a 17 y Lucas 3 al 38, 23 al 38, justamente lo declaran
Hijo de la Vida. De hecho, ¿para qué están ahí
esas largas genealogías? ¿Para qué? Para que se vea el
hilo, el hilo que conecta a Jesús,
¿con quién? con David, para que se vea que
esto es el fiel cumplimiento de todo el pacto que Dios había
hecho, primero con Abraham, después con ¿quién? Isaac, después con
Jacob, después con ¿quién más? Con las doce tribus, y finalmente
¿con quién? Con David. y de David salta y
se conecta directamente con Cristo, Él es el cumplimiento. De Él
fue que se dijo, en ti serán bendita todas las naciones de
la tierra, fue de Él que se habló. De modo que cuando Jesús le pregunta,
¿Quién decís vosotros que es el Cristo? ¿Con qué lo estaba confrontando?
Con esa realidad. Trataba de que ellos pudiesen
ser alumbrados con el conocimiento del Antiguo Testamento para que
ellos le identificaran como aquel que era el cumplimiento de todo
eso que ellos estaban esperando. Por eso, hermanos, la importancia
de estas preguntas. Ahora, ¿cuál era el problema
que había en esencia? Entre los judíos del tiempo del
Señor Jesucristo, el problema era que el título Hijo de David
se había entremezclado inseparablemente con la idea de un Mesías conquistador
y libertador de sus oponentes y ocupantes romano. Habían mezclado la Ignacia con
la Magnesia. Ese fue su problema. Mezclaron
la gimnasia con la magnesia y ambas fórmulas son diferentes. Su esperanza de un Mesía, sus
aspiraciones de que viniera el Mesía era de carácter terrenal,
puramente terrenal. No había nada de celestial en
sus aspiraciones, en sus sueños, en sus metas, en sus ideales. Todo se limitaba a Palestina
terrenal. Ese era su problema. Su interpretación del Antiguo
Testamento era puramente política y nacionalista. A eso se limitaba su interpretación
de las profecías del Antiguo Testamento. Nada tenía que ver
lo que ellos entendían del Antiguo Testamento con el reino de Dios
y el Salvador del mundo. Ambas cosas ellos las desligaron
y la pusieron en un zafacón y la mandaron bien lejos para
ser quemada. Apiraban a ser de la teología de la liberación
católica romana. ¿Cuál es la tesis? de la teología
de la liberación católica romana. Es esa un reino terrenal libre
de toda potencia extranjera que se lleve los recursos nacionales. Ese es el ideal. Y no era ese el ideal de ellos.
¡Ah, un caudillo que saque a estos apestosos romanos, a estos explotadores
romanos! de la tierra prometida a eso
era que ellos aspiraban a eso era que ellos aspiraban y obviamente
el personaje del Señor Jesucristo tal y como él se había revelado
no encajaba con lo que estaba en su cabeza acerca de el Mesías
por eso no tenían manera de verlo así porque hermanos las ideas
equivocadas acerca de las cosas que Dios dice dan frutos terribles,
como lo que ellos cosecharon. Se requiere y precisa de un conocimiento
correcto para poder llegar a tener un conocimiento correcto sobre
quién es Jesús y qué hizo Jesús. Y hasta que el hombre no logra
responder correctamente quién es Jesús, está perdido, no importa
la cantidad de información que tenga acerca de la Palabra de
Dios. Hasta que no logra responder
bíblicamente qué hizo Jesús, está perdido, no importa que
tenga muchas buenas intenciones. ¿Esta gente sabía quién era el
Mesías? Pero llegaron a conclusiones
equivocadas porque tenían ideas equivocadas de quién era realmente
el Mesías y de sus propósitos a los que le vendría. Él no vino
a establecer un reino nacional judío, 100% judío, puramente
judío, para los judíos y nada más que para los judíos. No vino
a eso. Estaban leyendo mal el Antiguo
Testamento. y llegando a conclusiones erróneas. Por eso, cuando él
vino, no lo encontraron, porque se imaginaban a un gran
caudillo llegando en un caballo negro o un caballo blanco con
una gran espada y un poderoso ejército detrás
de él, rompiendo y llevándose cabeza. ¡Fuera, romanos! ¡Váyanse para Europa! ¡Jerusalén para los soderos! Y nada más. Tenían en tan poco
lugar la entrada del reino al reino de los gentiles, que saben
lo que Cristo hizo. barrió el templo, porque la acepción
de los gentiles la habían convertido en un mercado, en un negocio,
la habían clausurado. Su departamento de evangelismo
para los gentiles fue clausurado. ¿Qué hay debajo de esa clausura
del departamento de gentiles en el templo? Su desenfoque de
la misión del Mesías. ¿Ese fue su gran problema? Cuando Cristo trae este tema,
esta pregunta y la coloca en el corazón y en la mente de ese
grupo de gente que estaba en el templo, básicamente lo que
le estaba diciendo era que la descripción que ellos tenían
acerca del Mesía era totalmente equivocada, totalmente errónea,
inadecuada. Y Cristo trató con esta pregunta
de corregir el mal en ellos. de corregir la mala interpretación
que habían hecho del Antiguo Testamento, para eso fue esta
pregunta, por eso fue esa pregunta, para corregir y obviamente redarguirle
de pecado Cristo mediante esta pregunta
lo que quería básicamente era enfocarle en el hecho real de
que en su primera venida el Salvador, el Rey, el Mesías, Jesús, el
Cristo vendría no como un conquistador terrenal, sino como un Cordero
de Dios que quiza el pecado del mundo. Eso fue lo que el Tartaruga
quería enseñarle. El Hijo de David había venido
a este mundo para traer a Dios a este mundo y para traerle a
los hombres a Dios. A eso fue que vino el Mesías.
No fue a otra cosa. Segunda de Timoteo 16. Grande es el ministerio de la
piedad. Dios fue manifestado. ¿En qué? En carne. ¿En qué carne? en la del hijo
de David. Con esta pregunta el Señor trata
dos cosas. Primero, el Señor le quiere sacar
de sus cabezas la idea de un Mesía guerrero y conquistador
a la usanza del César de Roma, y segundo, procura plantarles
la idea de que Él era el Mesía, el Siervo de Dios que vino para
traer el amor de Dios a este mundo, no sólo para los judíos,
sino para toda la raza humana porque de tal manera amó Dios
al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que toda aquel
que el crea no se pierda más tenga vida y vida eterna. Eso fue lo que Cristo quiso ponerle
en el caco a ellos cuando le preguntó ¿Quién es el Mesías? ¿Qué es el Mesías? ¿A qué vino
el Mesías? ¡Ah, él vino a traer el amor
de Dios por paquete! Para que todo aquel que coja
ese paquete del amor de Dios no se pierda, sino que tenga
vida eterna. A eso vino el Mesías, no fue
otra cosa. Finalmente, hermanos, aprendemos de aquí en primer
lugar cuánto hablaba o cuánto habla
más bien el Antiguo Testamento acerca del Señor Jesucristo. ¿Cuánto nos habla el Antiguo
Testamento acerca de nuestro Señor Jesucristo? Cristo usó
el Antiguo Testamento no solamente para enseñar valores morales,
éticos, Él también lo empleó de manera magistral para enseñar
acerca de sí mismo, para darle a conocer a la gente,
a partir de las páginas del Antiguo Testamento, quién él era y qué
habría de hacer. Usó continuamente el Antiguo
Testamento para eso. para revelarse, para darse a
conocer, para que la gente lo identificara. Para eso fue que
le empleó aquí el Salmo 110, versículo 1, que es donde Él
elabora la pregunta, para lanzarla, y luego para explicarla. Observamos cuando leemos el Antiguo
Testamento que nuestro Señor Jesucristo es el hilo de oro
que corre a lo largo y ancho de todo el Antiguo Testamento. El hilo de oro que corre por
ahí. ¿Quién es? El Señor Jesucristo. Él une una profecía con la otra. Ata una profecía a la otra. y
todas ellas conducen a un mismo lugar, el Calvario. El Calvario donde se hizo la
exégesis suprema al amor de Dios por la raza humana, porque ahí
se responde a la pregunta, ¿qué hizo Cristo? ¿Quiere saber qué hizo Cristo?
Vea el Calvario, ahí está lo que Él hizo, revelado en las
páginas del Nuevo Testamento. profetizado en la profecía del
Antiguo Testamento. Cristo empleó de manera diestra
el Antiguo Testamento para revelarse a sí mismo, y mis amados hermanos,
debe ser nuestra responsabilidad y tarea igualmente imitar su
ejemplo. Debemos de amar el Antiguo Testamento,
estudiar el Antiguo Testamento y atesorar sus enseñanzas éticas
y morales en nuestros corazones, para que por ello podamos vivir
vidas prósperas y bendecidas en el reino de Dios en el cual
nos encontramos, o por la gracia de Dios. Es allí donde podremos comprender
con mayor profundidad el significado de nuestra fe. el valor de nuestra
fe. Es allí donde podemos entender
de manera especial la revelación de Dios. Es interesante, hermano, ver
cómo el Antiguo Testamento revela a Dios como el buen creador de
todo. ¿Quieres saber quién es el buen
creador de todo? Vea el Antiguo Testamento, ahí
está la información. clara. ¿De quién es el buen creador
de todo cuanto hay en el universo? ¿Quieres saber quién es quien
gobierna, dirige y dispone todo lo que hay en el universo? Vea
las páginas del Antiguo Testamento, porque ahí se revela como el
sol del mediodía, la providencia de Dios. mediante la cual Él, mediante
su infinita sabiduría y poder, sostiene, dirige, dispone y gobierna
a todas las criaturas y cosas. ¿Dónde se revela todo eso? Supremamente
en el Antiguo Testamento. Y si quiere una mayor luz que
la que te pueda brindar el Antiguo, ve al Nuevo. que ahí está el
sol en toda su plenitud para entender todo lo que te enseña
el Antiguo Testamento. Por eso, hermanos, procuremos
leer y leer y leer con la guía del Espíritu en oración el Antiguo
Testamento. Esta pregunta es para ti, mi
amigo. Esta pregunta de Cristo ayer es para ti hoy. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿Qué
tú piensas? En lo personal. ¿De quién es
hijo? El Cristo. ¿Qué tú piensas? La respuesta tuya, lo que tú
piensas, repito, es importante. Eso va a determinar tu futuro
eterno y tu presente aquí en la Tierra. Eso va a determinar
si tú eres joven, soltero, con quién te va a casar. Eso va a
determinar la carrera que tú vas a escoger, si aún no la has
escogido, y cómo la vas a ejercer después que la termines. Eso
lo va a determinar. Eso va a determinar tu presente
y tu futuro económico y productivo. Eso lo determina. Tu comprensión
de quién es Cristo determina todo en tu vida a partir de una
respuesta correcta sobre esa pregunta. Si yo no hubiese respondido a
esa pregunta hace 30 años, ¿piensan ustedes que yo estaría aquí parado
en este público? ¿Qué te crees? Mi respuesta a esa pregunta determinó, fue lo que determinó que yo abandonara
mi carrera, mi vocación como optómetra en la que trabajé durante
12 años para dedicarme a la obra Se determina mi vocación, mi
respuesta a quien es Cristo. ¡Ah! Cristo es mi Señor, Él es
mi Salvador, Él es Emmanuel, Él es Dios con nosotros. Él llama
a obrero para su obra, yo quiero ir a la obra. Porque qué es mejor
que servirle a Cristo. Tu respuesta a quien es Cristo
va a determinar el curso de tu vida en todos los aspectos. en cada rincón de tu existencia.
¿Quién es Cristo para ti? ¿Quién es Cristo para ti? Tu
respuesta a esa pregunta va a determinar cómo tú vas a criar a tus hijos, cómo los vas a preparar, cómo
los vas a guiar por el camino de tu vida. La respuesta a esa
pregunta lo determina quién es Cristo para ti. ¿Simple y llanamente es un personaje
histórico? ¿Qué tú piensas acerca del Señor
Jesucristo? Es importante tu respuesta a
esa pregunta, porque si tú quieres saber cuál es tu estado espiritual
ahora mismo, lo único que tú tienes que preguntar es ¿Qué
es Cristo para mí? ¿Para ti? y tú vas a ver ahí,
por tu respuesta, cuál es tu estado espiritual, sí o no. Bien fácil. ¿Quieres saber cuál
es tu estado espiritual? Responde a la pregunta, ¿Quién
es Cristo para ti? Suficiente. ¿Qué tú piensas acerca
de quién es el Señor Jesucristo? ¿Qué hizo el Señor Jesucristo?
¿Es Él para ti el más hermoso de los hijos de los hombres?
Sí o no? Es con un sí o con un no, que
tiene que responder. Bueno, él se ve más o menos. Se ve... la nariz, tú sabes, un poquito...
media de frono o no, pero el resto... el resto se le ve más
o menos bien. Yo lo veo más o menos. Él pasa,
él pasa. Es así como tú lo ves. Es el para ti, el más hermoso
de los hijos de los hombres? ¿Qué lugar ocupa Cristo en tus
pensamientos? ¿Qué lugar Él ocupa en tu vida? ¿Es un lugar alto o lo tiene
en un lugar bajo en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu
vida? ¿Te sientes satisfecho con vivir tu vida sin su presencia
en tu ser, en tu naturaleza humana, sin que él esté sentado en el
trono de tu corazón gobernándolo? ¿Te sientes contento, contenta,
satisfecho, satisfecha con eso? Piensa tú livianamente acerca
de quién es el Señor Jesucristo y qué hizo el Señor Jesucristo. Piensa con ligereza y liviandad
sobre eso. Te da un bledo, no le da importancia,
no significa nada para ti. Si tú has vivido sin cultivar
una relación íntima y personal con el Señor Jesucristo, si siempre
has pensado livianamente, ligeramente acerca de quién es y de qué hizo
el Señor Jesucristo, si siempre te has sentido satisfecho sin
vivir en Su presencia, sin tenerlo morando en tu corazón, sin darle
honor, el honor que Él merece, entonces estás gravemente enfermo,
enfermo de Marte. ¡Estás perdido, irremediablemente
perdido, en ese océano llamado ignorancia,
ignorancia sobre quién es Cristo y qué hizo el Señor Jesucristo. Cristo quiso revelarle a estos
hombres quién Él era, y quiso revelarle qué Él haría por ellos. Por eso le preguntó, ¿qué pensáis
de ¿Quién es Cristo? ¿Quién es el Hijo de David? ¿Por
qué le llaman el Hijo de David? ¡La Biblia lo dice! Ahora, ¿en
sus vidas qué, qué, qué, qué es de Cristo? ¡Ah, qué tristeza! Ninguno respondió. ¿Usted vio el pasaje? ¿Cuántos
son? Yo te respondo, yo, yo. Como
en el aula, ¿te acuerdas en el aula, muchachito? Cuando la profesora
te tiene una pregunta que se la saben 15, todo el mundo levanta
la mano. ¿Cuántos son dos más dos? Yo,
profesora, yo, profesora, yo. Todo el mundo quería responder.
Pero en este caso, en este caso, en este caso, mis hermanos, hubo
un silencio, sepulcrar, sepulcrar, ninguno levantó la mano para
responder. Dice aquí una gran multitud del
pueblo, le oía de buena gana, Se limitaron a oír de buena gana,
como muchos aquí presentes. Ahora, ¿quién de ellos levantó
la mano para responder? Ninguno. Se quedaron en oír,
como mucha gente. ¡Ah, sí, Cristo, qué bueno! Tú
sabes quién necesita al Señor. El Hijo mío, ese Señor amado,
tal vez se convierta. Así piensan muchos. El vecino lo necesita, pero yo
no. No me interesa. Hermanos, esta
pregunta es importante. Amigos, esta pregunta es importante. No la deje pasar por alto. Procura con seriedad responder
a esta pregunta. ¿Quién es Cristo? ¿Qué hizo el
Cristo? La respuesta a esa pregunta determinará
tu presente y tu futuro, y tu destino eterno, que Dios te ayude
a responder conforme a la voluntad de Dios. Te damos gracias, oh
Dios, por tu palabra. Ella es viva y eficaz, y es más
cortante que toda espada de dos filos. Te imploramos, oh Padre,
que tú extiendas tus brazos de amor y misericordia. hacia los
que están sentados aquí, Señor, en este primer piso y en este
segundo piso, pero que están aquí sin Cristo y sin Dios. Que
no se limiten, oh Señor, a oír al Señor de buena gana. Que levanten
sus manos, que den un paso al frente y le entreguen su vida
al Señor Jesucristo. Que tomen la resolución firme
de seguir a Cristo y de no volver atrás. Oh, ayúdale, Señor, en
sus debilidades, Ayúdale Señor en su incredulidad, con usted
elevar su pecado, y la puerta abierta en Cristo para refugiarse
y liberarse de la esclavitud de sus pecados. Prospéranos en
ello, lo rogamos, oh Señor, en el nombre de Jesús. Amén.
¿Qué pensáis del Cristo?
Series Evangelio Marcos
¿Qué pensáis del Cristo?
| Sermon ID | 1122453752589 |
| Duration | 1:08:19 |
| Date | |
| Category | Sunday - AM |
| Bible Text | Mark 12:35-37 |
| Language | Spanish |
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