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Me imagino que todos los que estamos aquí presentes amamos las historias de amor. A todos nos gustan las historias de amor. Entonces, hay una historia de amor que es expresada durante uno de los reinados más cortos de la historia británica, que fue el de Eduardo VIII. Su reinado duró solo unos meses, no porque muriera o porque fuera derrocado, sino porque se enamoró de una mujer llamada Wallis Simpson, quien, esta mujer, según las leyes y las costumbres de ese tiempo, no podía ser reina. Y para poder estar con ella, Eduardo VIII abdicó voluntariamente la corona en 1936. Y su acto de amor quedó marcado como una renuncia voluntaria a un derecho legítimo, por amor. Ahora, Eduardo VIII renuncia al trono por amor a una mujer. Pero lo que veremos hoy es que Jesucristo, el Rey eterno, renuncia a los derechos de Rey, dejando la gloria del cielo, no por necesidad, no por presión, sino por amor a nosotros, pecadores. Sabemos también, nos informa la Biblia, que es para cumplir la voluntad del Padre. Pero Él, Cristo, quien existía en forma de Dios con todos los privilegios divinos, renuncia a usar su igualdad con Dios como un favor. ¿Para qué? Para humillarse y salvarnos. Y es lo que veremos hoy, comenzando con esta sección de filipenses, Pablo elogia la disposición de Jesús apelando a su actitud, apelando a sus acciones. Hoy veremos la actitud en el versículo 6. ¿Recuerdan la actitud de Cristo que la semana pasada dijimos que debemos nosotros imitar para mantener la unidad? Este es un orden lógico, es tanto lógico como cronológico. Una cosa conduce a la otra. ¿A qué me refiero con esto? A que Pablo hizo lo mismo en los primeros cuatro versículos, donde aborda primero el tema de la actitud en el versículo 2, cuál es la actitud que debemos tener para luego mostrar cuáles son las acciones hacia los demás, versículos 3 y 4. Pero el pasaje que comenzamos a ver hoy, En un sentido sigue esto, este orden, digamos, cronológico, pero también lógico. Y este pasaje, hermanos, es una joya teológica, es una joya poética sobre la humillación y la exaltación de Cristo. Y tenemos muchísimo para aprender de este pasaje. Por eso, es que he decidido dividirlo en cuatro mensajes para que nos permita profundizar más sin perder de vista cuál es el hilo central de lo que está comunicando Pablo aquí. ¿Cuál es el hilo central? Que la actitud de Cristo como modelo supremo de humildad y obediencia es algo que nosotros debemos imitar. Filipenses, capítulo 2, versículos 6 al 11, es conocido como el himno cristológico y se divide naturalmente en dos grandes movimientos, dos grandes divisiones. Si usted está ahí mirando Filipenses 2 de 6 al 11, va a ver que del versículo 6 al 8 tenemos la humillación de Cristo, versículos 9 al 11 tenemos la exaltación de Cristo. Pero, a su vez, se pueden trazar subdivisiones temáticas claras para, digamos, construir varios sermones sólidos. Y esa es mi idea, esa es mi intención. Conforme miramos la Humillación de Cristo, esta sección que va del versículo 6 al 8, conforme estudiamos esta sección, vamos a ver los siguientes pasajes, los siguientes mensajes. La humillación de Cristo renuncia a sus derechos. Versículo 6. Este es el mensaje que tenemos hoy. La humillación de Cristo renuncia a sus derechos. Luego veremos, la semana que viene, si Dios quiere, la humillación de Cristo toma forma de siervo. Versículo 7. Y dentro de dos semanas, Dios mediante, la humillación de Cristo se humilló hasta la muerte. La humillación de Cristo es el título. Luego viene el subtítulo. Se humilló hasta la muerte. Entonces hoy comenzamos con el versículo 6. Por favor, ve ahí en su Biblia, abra en esa sección de la humillación de Cristo, permítame leer el versículo. El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Aleluya. Basado en Filipenses 2.6, hoy, hermanos y hermanas, quiero mostrarles dos realidades de la renuncia de Cristo a sus derechos, realidades que nos guiarán a vivir con humildad, a su vez aprendiendo a renunciar a lo que nosotros consideramos como nuestros propios derechos. Y eso se lo voy a mostrar en dos puntos salidos del versículo 6. Primero, vamos a ver si está tomando nota el primer punto, es la realidad de su divinidad, la naturaleza verdadera y gloriosa de Cristo como Dios. Cristo, siendo Dios, renunció a sus derechos para servir con humildad. Y eso nos alienta a dejar nuestro orgullo y a servir a los demás en humildad. Pero luego en nuestro segundo punto de hoy veremos la realidad de su despojo. Cómo voluntariamente Jesús renuncia a esa igualdad para humillarse y servirnos. El despojo de Cristo, quien no se aferró a sus derechos divinos, nos enseña a vivir con humildad, renunciando a nuestros derechos por amor y servicio a los demás. Al comprender estas dos verdades, es mi deseo, es mi oración, de que podamos imitar su humildad, la humildad de Cristo en nuestra vida diaria, en nuestro diario vivir. Entonces, con ese preámbulo, adentrémonos en el punto número uno, la realidad de su divinidad. Pablo escribe, el cual, aunque existía en forma de Dios, o sea, antes de que Cristo se hiciera humano, Estamos hablando de su estado preencarnado. Él, Cristo, existía eternamente como la imagen radiante y visible de la gloria de Dios, de la majestad, del poder, del privilegio que tenía, del estatus que tenía como Dios. Y Pablo, en esta sección, donde va a hablar ahora de que Cristo, el Hijo de Dios, renuncia a sus derechos, transiciona a este himno de Cristo señalando el cual. Este es cómo lo inicia, el cual, hablando de Cristo. El himno que está expresado en estos versículos 6 al 11, hermanos y hermanas, es el pasaje cristológico más importante de esta carta. y es uno de los más importantes del Nuevo Testamento. Es como que Pablo está describiendo la carrera de Cristo desde su preexistencia en forma de Dios hasta su encarnación y muerte y luego su exaltación y finalmente su aclamación universal como Señor en la segunda venida, algo que estamos esperando. Es como que acá Pablo está presentando la carta de vida de Cristo. Él califica, este es su Señor, este es su Salvador, la carta de vida para que apreciemos por qué Él es el único capaz de alcanzar nuestra salvación. Pablo le está contando a sus lectores filipenses y a nosotros quién era Cristo, cómo había actuado Cristo y cómo había respondido Dios a lo que hizo Cristo. Su retrato de Cristo mostraba que la intención de Dios era, ¿qué? Sacrificarse por los demás. Este aspecto de Cristo, el humilde sacrificio por el bien de los demás, proporcionaba entonces un modelo de la actitud que debían seguir los creyentes, que es lo que Pablo está apuntando ahí. Recuerden que él está apelando a la unidad de la iglesia en Filipos. Y al proporcionar este tipo de ejemplo, el himno de Cristo se aleja radicalmente de las nociones de honor y estatus que estaban presentes en otros signos de esa época, estos signos grecoromanos antiguos, donde mostraban la inminencia, mostraban la carrera política de un hombre de Dios, lo exaltaban hasta la altura de ser un dios. En cambio, acá la humildad es lo que se refleja de Cristo. Pablo hace lo contrario. La humildad, algo que no se celebraba en esos signos, es lo que Pablo resalta aquí. Cristo, en un sentido, da un giro radical a la idea de lo que debía considerarse honorable. Y la razón principal por la que Pablo incluye este pasaje es la exhortación que viéramos la semana pasada, ¿se acuerdan, hermanos? De buscar tener la actitud de Cristo que trae unidad. En este himno, Pablo describe y exhibe la actitud de la humildad de Cristo que desea que los creyentes también exhibamos. Y como veremos luego más adelante, cuando Pablo habla en los versículos 9 al 11, él también incluye No solamente la humillación de Cristo, pero él va a hablar de la vindicación de Cristo, de la exaltación de Cristo, de la glorificación de Cristo. Porque esto está hecho, diseñado para alentar a estos creyentes que están sufriendo por su fe. Y esto debe alentarnos a nosotros también. Algo que vamos a ver en el futuro. Porque, seamos sinceros, pensemos en lo siguiente, nadie niega que sufrir por Cristo es algo duro, difícil de llevar. Es algo que todos trataríamos de evitar si fuera posible, pero a su vez todos sabemos que es algo que vale la pena. Es una causa por la que vale la pena sufrir. Vale la pena ser perseguido por causa de Cristo. Vale la pena ser, digamos, despreciado por causa de Cristo. Vale la pena sufrir por su causa, sin importar el costo. Los cristianos sabemos que vale la pena sufrir por Cristo, pero Pablo también nos va a alentar más adelante, con todo lo que viene para Cristo. Y nosotros sabemos que sufrir por Él es algo que, si bien no deseamos y estamos dispuestos a abrazar, porque Él es el Señor y sabemos que va a haber un tiempo donde Él va a ser universalmente reconocido. Entonces, el despojo y la humildad de Cristo, quien renunció a su gloria para servir y sufrir por nosotros, estas dos cosas, este despojo, esta humildad, nos muestran que la verdadera grandeza se halla en sacrificar nuestros derechos. Esto tenemos que llevarlo a nuestro corazón en esta tarde. Debemos sacrificarlos por amor, por unidad, por fidelidad a Dios. Ahora, mire ahí el versículo 6. va a ver que dice, el cual, aunque existía en forma de Dios. Miremos eso. ¿A qué se refiere Pablo cuando dice que Cristo, el cual, existía, aunque existía en forma de Dios? Bueno, el apóstol está describiendo, como les decía al principio, el estado preencarnado de Cristo. Pablo se refiere a la existencia eterna, pretemporal de Cristo, desde antes de la fundación del mundo. Está hablando de la eternidad pasada. que existía, enfatiza que Él existe continua y eternamente antes de su encarnación, un concepto que tenemos que tener en cuenta. La preexistencia de Cristo significa que el Hijo eterno de Dios existía antes de la creación del tiempo, antes de la creación del espacio y antes de convertirse en el Mesías davídico humano, este Cristo prometido aún desde Génesis 3.15. Lo que Pablo dice acá es que esto significa aún mucho más que eso. Significa que existía previamente en el plan, en los propósitos, en la mente de Dios, tal cual es realidad con nosotros mismos. Esto se refiere a una existencia real y personal. Este es el Cristo. preexistente, desde antes de la fundación del mundo. Algo que el apóstol Juan, en Juan 1.1, lo expresa de esta manera. En el principio era el verbo y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios. O en Juan 8.58, en palabras de Jesús mismo, cuando dice, de cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, yo soy. Y como vemos, esto de que existía en forma de Dios, Pablo presupuso o alude a la preexistencia de Cristo en tantos otros textos que no vamos a leer por una cuestión de tiempo. Pero si usted está anotando Romanos 8.3, Primera de Corintios 8.6, Segunda de Corintios 8.9, Gálatas 4.4, Colosenses 1.6. Preexistencia de Cristo. Si bien la preexistencia se refiere a la existencia eterna del Hijo de Dios, este Hijo divino, antes y fuera de la creación, no se refiere a la preexistencia del Jesús humano o del Cristo. Entonces vamos a parar ahí. Pablo está hablando del preexistente Cristo, el Hijo de Dios. No está hablando de Jesucristo en su encarnación. No se refiere a la preexistencia de que Jesús humano encarnado, el Cristo, ha existido por toda la eternidad encarnado, no. Se refiere a la existencia eterna del Hijo de Dios, que voluntariamente toma carne humana a la plenitud de los tiempos, como dice Gálatas 4.4, y se convierte en el Cristo, tomando forma humana. Pablo claramente está señalando acá, hablando acerca del estado anterior de Cristo. Entonces, algo que va a explicar en el versículo 7. Si no, justamente el versículo 7 no tendría sentido. Él dice, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres, algo que vamos a ver la semana que viene. Pero lo que tenemos que tener en claro en este punto es a qué se refiere Pablo cuando habla de esta existencia. Porque estamos hablando, en este primer punto, de la realidad de su divinidad. Y necesitamos mostrar y hacer el contraste entre la divinidad y el despojo de Cristo. Y estamos viendo ahora cómo esta divinidad es algo real, que la Biblia enseña en muchos lugares. Entonces, lo que tenemos que tener en cuenta es eso. Pablo se refiere con esta existencia de Algo que tiene que ver, y acá entramos en algo un poco técnico, con entender la diferencia que hay cuando hablamos de la forma de Dios, que es lo que dice acá, dice, no considero el ser igual a Dios como algo que aferrarse, debemos tener en cuenta y separar ese concepto del concepto de la imagen de Dios. Entonces vamos a ver eso, para no confundirnos, porque Dado el lenguaje, esto puede ser confuso debido a que leemos en la Biblia, en Génesis, el lenguaje de que Dios creó a Adán a su imagen y semejanza. Pero esto es distinto. Acá estamos hablando de forma, que él, como dice, existía en forma de Dios. Y cuando hablamos de forma, esto trata de la apariencia o forma visible y externa, mientras que imagen carece de esta connotación visual específica. Ahí nomás hay una diferencia. En este versículo que estamos viendo hoy, la existencia de Cristo en forma de Dios está relacionada con la igualdad con Dios. Entonces, Vamos aclarando los tantos. No habla de que es hecho a la imagen de Dios, como fue Adán. Habla de igualdad con Dios. Habla de forma, no de, digamos, imagen y semejanza. Entonces, Adán fue creado a imagen de Dios, pero no era igual a Dios. Forma e imagen aquí en la Biblia no se utilizan como sinónimos. Entonces, aceptando que no podemos entender que Pablo se refiere a la imagen de Dios cuando habla de Cristo, para entender a qué se refiere en forma de Dios, podemos considerar cuatro aspectos. Y acá, por favor, estén muy atentos. Si usted considera estos cuatro aspectos, va a poder entender más y mejor a qué se refiere Pablo cuando dice de que Cristo existía en forma de Dios. El primer aspecto es ¿Cuál es el significado de esta palabra forma? Es la palabra amorfe, que viene de, bueno, por ejemplo, cuando decimos que algo es amorfo, que no tiene forma. Bueno, es esta palabra que significa la apariencia externa visible de algo. En la Septuaginta, la Biblia griega que contenía el Antiguo Testamento, también se refiere a la apariencia externa. O sea, en su estado preexistente, Cristo mostró su apariencia externa y visible de Dios, aunque Dios es invisible. Y Espíritu, como se menciona en Colosenses 1.15, Primera de Timoteo 1.17, Juan 4.24, acá cuando hablamos de la forma de Dios, de Cristo, está hablando de que Él muestra su apariencia externa y visible de Dios. Ahora, otra cosa que podemos tener en cuenta, otro aspecto, es el trasfondo que se llama veterotestamentario, que tiene que ver con el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, Dios se reveló visiblemente a través de su gloria. La forma de Dios era su gloria, aunque no son equivalentes. Pero debemos entenderlo así. Solo indica que Dios se manifestaba a través de su gloria visible. Antes de la encarnación, antes de que Cristo naciera como bebé, existía en forma de Dios, sugiriendo que era la gloria de Dios. La imagen de la majestad divina soberana, como dice Hebreos 1.3, que dice, Cristo es el resplandor de la gloria de Dios. Algunos creen que Pablo usó forma en ese sentido para referirse a las características visibles de Dios en el cielo, pero esto es si se sigue una tradición judía que había. O algunos otros lo ven como que se refiere a la belleza celestial eterna de Dios. Ninguna de esas dos últimas son correctas. Entonces, antes de la encarnación, Cristo existía en forma de Dios, sugiriendo que era la gloria de Dios. Ahora, una tercera manera, otro aspecto que podemos considerar para poder entender a qué se refiere Pablo con forma de Dios, es considerar el contexto de Filipenses 2.6. En filipenses, en forma de Dios, es paralelo, aunque no sinónimo, es paralelo, no sinónimo, no es igual o parecido a su igualdad con Dios. O sea, estamos viendo el mismo versículo, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios. Entonces, para entender esto, si consideramos el contexto, vemos que estas frases se complementan. Y dado que Pablo no especificó cómo es que Cristo era igual a Dios, Bueno, no es prudente limitar esta igualdad a un aspecto concreto, como un estatus de Dios o una esencia de Dios, a menos que el contexto lo exija. Y yo sé que esta parte es un poco pesada, densa, pero tenemos que entender, para beneficiarnos más, y recuerden que todo lo que tiene que ver con aprender del Señor tiene que ver con nuestra mente, Por eso es como un músculo, la mente es un músculo que tenemos que ejercitar, ejercitar hasta que se hace cada vez más fuerte. En definitiva, en este punto del contexto de Filipenses 2.6, para entender más la forma de Dios, la preexistencia de Cristo en forma de Dios debe entenderse de manera compatible con esta igualdad de la que habla, lo que significa que aunque en forma de Dios no se refiere a lo que es la esencia divina, pero es compatible con ella y puede, en un sentido, requerir que se hable de eso. Pero bueno, Una cuarta manera en que podemos ver, digamos, un cuarto aspecto para entender de que Cristo existía en forma de Dios, es entender la dualidad de Cristo como Dios y siervo. O sea, dualidad, hay dos cosas, Cristo como Dios, Cristo como siervo. Y Pablo nos dice que Cristo existía en forma de Dios antes de tomar la forma de esclavo y nacer como hombre. O sea, esto implicó un cambio en su apariencia externa. Entonces, este Cristo preexistente que vimos desde antes de la fundación del mundo no era humano y tenía la forma visible de Dios. En la encarnación se convirtió en hombre adoptando la forma visible de un esclavo. Entonces, ahí empezamos a ver a qué se refiere Pablo con forma. De nuevo, el término griego, morfe, se refiere a la apariencia externa, por lo que es mejor entenderlo como, justamente, apariencia o forma, en vez de estar usando y confundiéndonos por ahí con decir, oh, Cristo estaba mostrando la misma naturaleza, la naturaleza misma de Dios. Pero bueno, Pablo está argumentando ahí que Cristo era la manifestación visible de la gloria, de la majestad, del poder y del estatus de Dios. diciendo que aunque Cristo compartía la esencia divina, Él, digamos, en forma de Dios, lo que Pablo comunica es que es la apariencia externa de Cristo como la gloria de Dios. Entonces, Tomar la forma de un esclavo describe su apariencia externa sufriendo la humillación como hombre, incluso como un criminal. La forma de Dios en su estado divino glorioso es esto, miren. Es lo contrario a esta forma del estado humano humilde. Cristo existió en forma de Dios en su estado eterno y preencarnado, mostrando la gloria, majestad, poder, privilegio y estatus. Ya lo mostré ahí. Entonces, la forma de Dios del Cristo preexistente, eso es antes de su encarnación. Luego, cuando se encarna en su estado humano humilde, toma la forma de un esclavo. En Ifilipenses 2, del 6 al 7, forma de Dios indica que comparte la esencia divina. Entonces, toda esa explicación para llegar ahí. En otras palabras, hermanos, después de todo ese caminar por distintas maneras de entender más lo que es la forma de Dios, Cristo, existiendo eternamente como la gloriosa manifestación visible de Dios, renunció voluntariamente a su estatus divino. Y ese aspecto supremo de humildad nos guía a nosotros a renunciar también a lo que consideramos nuestros derechos, para vivir sirviendo a otros como vino Cristo a hacer. Entonces, Le invito a que revise, vuelva a escuchar, sea el audio o si ve el video, para repasar esa parte que le va a ayudar a entender más por qué Pablo está diciendo que Cristo es, digamos, versículo 6, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios. Pero entonces ahora es tiempo de pasar a ver nuestro segundo punto. Y esto lo encontramos en la segunda parte del versículo 6. Nuestro segundo punto es titulado la realidad de su despojo. Ya vimos la realidad de su divinidad, parte de lo cual explicamos qué es esto de que existía en forma de Dios. Ahora vamos a ver la realidad de su despojo. Pablo escribe, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Entonces, ¿qué es lo que estamos viendo? Basado en Filipenses 2.6, hoy estamos viendo dos realidades sobre la renuncia de Cristo a sus derechos, realidades que nos guiarán a vivir con humildad. ¿Para qué? Para que aprendamos nosotros también a renunciar a lo que consideramos nuestros propios derechos. Esto es algo que todos los cristianos debemos imitar. Entonces, en este segundo punto, El Cristo preencarnado no consideró que su igualdad con Dios en esencia y estatus fuera algo que debiera usar Él para su propio beneficio. Al mostrar a Cristo como ejemplo de humildad, Pablo señaló que antes de hacerse humano, Cristo no consideró su igualdad con Dios como algo que Él pudiera explotar o sacarle provecho. Y de nuevo, hermanos, Pablo pone esto porque esto es algo de lo que nosotros podemos y debemos aprender. Miren esto. Si van ahí también a su Biblia, van a ver la palabra consideró, versículo 6. Van un poquito hacia atrás al versículo 3. ¿Y qué nos dice Pablo? La palabra consideró, la conecta, está conectado con la misma palabra que Pablo usa para exhortar a los creyentes en el 2.3, no hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo. Así que Cristo no consideró el ser igual a Dios y nosotros debemos considerar al otro como más importante que a sí mismo. Pablo exhorta a los creyentes a que sigan el ejemplo de Cristo, la humillación de Cristo, el hecho de que Él renuncia a sus derechos aún cuando existía en forma de Dios, que ahora me imagino sabe bien a qué se refiere, en forma de Dios. Esto debe ser algo aleccionador y alentador para nosotros. Ahora, hermanos, Miremos a la frase, el ser igual a Dios. ¿La ve ahí? El ser igual a Dios. Estoy en la Nueva Biblia de las Américas. Esta frase, si bien como vimos es paralela a existía en forma de Dios, como les dije, hablando de la otra frase, no deben ser tomadas como sinónimos. Ambas frases describen el estado preencarnado del Hijo Eterno de Dios. Pablo no especificó en qué sentido Cristo era igual a Dios y, a su vez, no lo limitó a un aspecto particular de Dios. Entonces, dado que Pablo no especifica en qué sentido Cristo era igual a Dios, debemos pensar en que se está refiriendo a su esencia divina, a su estatus, a los privilegios que Cristo tenía, a su poder, a su gloria, etc. Y hay muchas traducciones de esta frase, el ser igual a Dios. Y según las diversas traducciones, Cristo no consideraba su igualdad con Dios como algo que pudiera utilizar en su beneficio. Algo que él pudiera sacarle provecho, algo a lo que él se iba a aferrar, algo a lo que, digamos, se aferraría de tal manera que fuera considerado como un acto de robo. Y cada una de estas traducciones es un intento de traducir lo que es la frase, no considero ser igual a Dios. Nuevamente les digo, algunos traducen algo que pudiera utilizar en su beneficio, algo que pudiera sacar de provecho, algo a lo que aferrarse, algo a lo que aferrarse como un acto de robo, muchas traducciones tratando de reflejar, ok, ¿qué es esto? No considero ser igual a Dios. Porque hay una palabra que es la que ellos están, digamos, interpretando y traduciendo, que es la palabra Harpagmon, que ahora vamos a ver. Esta es una palabra que aparece por única vez en este, digamos, en el Nuevo Testamento, pero tampoco aparece en el Antiguo Testamento. Y rara vez aparece en la literatura griega fuera de la Biblia. Acá quiero hacer un alto. van a ustedes escuchar predicaciones que son más prácticas, exhortativas. Hace esto, esto, esto, lo otro. Hay otras predicaciones que son más que de enseñanza. Entonces, para aquel que estudia la palabra de Dios y para los buenos verianos que estudian la palabra de Dios, muchas veces durante los mensajes también vamos un poquito más profundo. Y eso suena distinto a los dos últimos mensajes que han escuchado. Pero a su vez, ¿qué hacemos? Luego que nos metemos en la mina y excavamos profundamente y sacamos la roca preciosa, luego la convertimos a algo útil, le damos justamente algo que sea práctico. la hacemos, digamos, útil para nuestra vida diaria. Y eso lo vamos a hacer al final. Así que, en estos momentos, mantenga su casco. Estamos en la mina nuevamente. Vamos a seguir viendo. Y ahora nos toca pegarle a la pared del entendimiento para entender esta palabra Harpak Mon, que puede traducirse como un acto de robo. como una apropiación violenta de algo que uno reclama agarrándolo o apoderándose de él. O puede ser traducido como un golpe de suerte, como una ganancia inesperada, como un premio o una ganancia. Entonces, relacionado con el significado del término y cómo Pablo lo usa, está la cuestión de si Pablo estaba diciendo que Cristo ya poseía la igualdad con Dios, pero no la consideraba como harpacmón, algo que Él quisiera. Está esa opción o está la opción que entiende que Cristo estaba aferrándose a la igualdad con Dios, algo que aún no poseía, algo que Él quería. Entonces, el punto es que ¿Cómo verán todo estudioso de la Biblia y la Iglesia durante los siglos se ha enfrentado a todo este tipo de cosas? ¿Cómo interpretamos esto? Por eso Dios le ha dado a la Iglesia eruditos que estudian los lenguajes. Entonces si usted tiene un niño pequeño o si usted tiene un nieto, alientele a que estudie los lenguajes originales. La Iglesia de Cristo necesita eruditos que sean maestros de los lenguajes originales. Y a lo largo de los siglos, estos eruditos han debatido extensamente el significado de esta frase. Y yo quiero ahora, muy humildemente, brindarles un resumen de las distintas opciones de cómo esto puede ser entendido. Existen tres interpretaciones principales sobre lo que significa que Cristo no consideró la igualdad con Dios como algo a que aferrarse. Una afirma que simplemente Cristo reconocía su igualdad con Dios. La otra afirma que Él renunció a sus privilegios divinos. Y la tercera, que le adelanto, es la que yo estoy a favor de ella, es que Cristo no usó su igualdad con Dios en su propio beneficio. Entonces, ¿ven por qué hacemos todo este estudio? Entonces, vamos a ver la primera opción de que no consideró Jesús que ser igual a Dios fuera un robo. Y la idea acá es que Cristo sabía que era igual a Dios. Él sabía que era igual a Dios. Él sabía que poseía esta igualdad, no por un acto de agresión o tomar algo usurpando la autoridad, sino que él la poseía como un derecho inherente. Y hasta ahí estamos bien. Él sabía que su estatus divino no era algo que había obtenido de forma ilegítima. Y hasta ahí también estamos bien. Pero una debilidad que tiene tomar este punto de vista es que estamos esperando que Pablo nos dé un ejemplo ¿de qué? De la humildad de Cristo. Esperamos que Pablo dé un ejemplo de que Cristo, no aprovechándose de su existencia en forma de Dios, entonces luego él explica el 2.7. Pero según este punto de vista, Esto se convierte en un ejemplo de Cristo reivindicando su ventaja y su estatus. O sea, no es Cristo diciendo, bueno, a pesar de que yo tenía forma de Dios, renuncio a esto. No. Según este punto de vista, lo que muestra y resalta es que Cristo defiende este estatus. Y Pablo, si eso fuera así, entender esa palabra de esa manera, Pablo lo que estaría diciendo es esto. Bueno, tened en vosotros mismos la misma actitud que tuvo Cristo Jesús, quien existiendo en forma de Dios, sabía que él era inherentemente igual a Dios. En definitiva, no le aporta nada al argumento que Pablo está haciendo en esa parte de filipenses, de que dado que él tenía la forma de Dios, dado que él tenía todos los atributos de Dios y él tenía todos los derechos como Dios, él deja eso a un lado. Entonces, eso es algo distinto. Entonces, este punto de vista no es muy creído hoy en día, pero en su momento padres latinos como Tertuliano, Ambrosio y Agustín estaban a favor de eso. Ahora vamos a ver la segunda manera en que se puede interpretar esto, y es que Cristo no consideró la igualdad con Dios como algo a la que aferrarse. Y de nuevo, suena bien al principio, la idea es que Cristo no consideraba su igualdad con Dios como algo a lo que aferrarse, digamos, con avidez. En cambio, se despojó voluntariamente de sí mismo, renunciando a algunos de los privilegios de ser igual a Dios. Esta segunda visión entiende que Cristo siempre fue igual a Dios, pero hace una distinción entre la deidad de Cristo y los derechos y privilegios que esa deidad tenía. Entonces, De acuerdo a esa manera de ver de que estamos aprendiendo ahora el ser igual a Dios, como algo hay que aferrarse, ellos ven el versículo 7 que les sigue, que no consiste en renunciar a la deidad, sino en renunciar a alguno de los privilegios asociados a ellas. Y en un sentido, hermanos, hasta ahí está bien. Pero a medida que uno piensa y uno evalúa, se encuentra con dos problemas con esta forma de verlo. es que el lenguaje se torna un poco peligroso porque podría entenderse en el sentido de que Cristo, el Cristo preencarnado, aunque ya tenía la forma de Dios, aún no era igual a Dios y no buscaba adquirir la igualdad aferrándose a ella. Entonces, dado la manera, la expresión en que esto es, digamos, expresado con el lenguaje que es expresado, se puede caer en ese peligro de creer lo incorrecto. Otra de las desventajas que tiene esto es que, si se entiende en el sentido de que Cristo ya era igual a Dios, Pablo podría estar diciendo que Cristo decidió no aferrarse a ser igual a Dios. Entonces, ahí también viene otro problema, que el desporjarse de sí mismo, que habla en el 2.7, podría referirse a su deidad de alguna manera. Pero bueno, nuevamente, esta idea no encaja con la enseñanza que se encuentra en otras partes del Nuevo Testamento. de que, como hombre, Cristo siguió siendo plenamente divino. En este punto les quiero comentar que algunos eruditos señalan que esto que acabamos de ver que era la opinión predominante de los padres griegos. ¿Quiénes eran estos? Por ejemplo, Orígenes, Teodoro, Cirilio de Alejandría. Pero bueno, ahora voy a ir para mostrarles a qué se refiere esta frase, el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Esto es lo que yo creo, que él no consideró la igualdad con Dios como algo que pudiera usar en su propio beneficio o algo que pudiera ser aprovechado. Y usted dirá, pero hermano, ¿por qué no fue ahí directamente? Porque ahí vamos a aprender. Pero yo necesito que usted vea que siempre hay opciones y que el discernimiento espiritual tiene que ver con eso. Cuando usted abre la palabra, cuando usted abre un comentario, cuando usted avanza en el estudio de Dios, junto con el Espíritu Santo dándole iluminación, usted tiene que tomar decisiones. El estudiar la palabra es trabajo duro, arduo trabajo. Somos mineros. que bajamos a lo profundo para escarbar y sacar lo mejor. Y eso es arduo sacrificio. Créame, el pastor está horas y horas y horas y horas y horas y horas estudiando la palabra y viendo y comparando. Y si bien a veces, como le digo, homiléticamente uno está mejor cuando uno exhorta, cuando uno dice, haz esto, haz lo otro, ¿por qué? Y es algo práctico. Pero hay sermones como estos. Entonces, no consideró la igualdad con Dios como algo que pudiera usar en su propio beneficio o algo que pudiera ser aprovechado. Esta opinión es el resultado de una investigación sobre la rara expresión de considerar algo, este harparkmon, en la literatura griega. Se estudió esta palabra en la literatura griega Y si bien hay pocos ejemplos lingüísticos, cuando aparece esta palabra, según los estudiosos, no se refiere a agarrar algo, ya sea para adquirirlo o para retenerlo. Más bien, ¿sabe a qué se refiere? Y es el uso que le estamos dando acá. Es el uso que creo que Pablo le está dando. Se refiere, digamos, describiendo la actitud que uno tiene hacia algo que ya posee. Algo que concretamente uno ya posee y toma la decisión si uno se va a aprovechar de eso o no. Entonces, teniendo este concepto en mente, esto arroja luz ahora sobre el capítulo 2, versículo 6, la parte B. El Cristo preencarnado, quien poseía igualdad con Dios, pero no consideraba esa igualdad como algo de lo que pudiera aprovechar o ser, sacarle provecho. Entonces, cuando tomamos el entender esto de esta manera, hay muchas ventajas. Se está tomando en consideración el significado de la frase griega. Entonces, esto no implica que Cristo quiera aferrarse a esta, digamos, igualdad que tiene con Dios. No, esto implica que debemos considerar algo que Cristo tenía esta ventaja, pero Él no quiso sacar favor de esto. Él no quiso sacar ventaja de eso. Pero también esto concuerda, hermanos, con la teología del Nuevo Testamento de que Cristo no renuncia a nada de su igualdad divina al hacerse hombre. Él es completamente Dios. Él es completamente hombre. Pero esto también concuerda con el contexto de los dos versículos que estudiaremos más adelante. Filipenses 2, versículos 7 y 8, que afirma lo que Cristo hizo. Él eligió, humanamente hablando, vaciarse a sí mismo, aunque no debemos pensar en renunciar a su divinidad, y Él renunció a todo esto humillándose. Ese es el punto que estamos haciendo. Estamos hablando de la realidad de su despojo. Esto solamente tiene sentido si entendemos que Cristo dejó todo esto que era su derecho para poder humillarse y venir a servirnos. Y esta opinión, hermanos, ha encontrado apoyo entre la mayoría, no todos los comentaristas, digamos, recientes. Y es lo que yo considero que es la mejor traducción. En resumen. quien no consideró que ser igual a Dios fuera una ventaja que pudiera ser aprovechada. Eso es lo que estamos entendiendo que Pablo nos dice acerca de Jesucristo. Esto significa que aunque Cristo en su estado preencarnado era la manifestación visible de la gloria de Dios, y era igual a Dios en esencia, en estatus divino, él no considera esa igualdad como algo que debiera ser aprovechado en su propio beneficio. Él no se excusó de la tarea que el Padre le había asignado, en convertirse en hombre e ir a la cruz. En lugar de utilizar su identidad y estatus en su propio beneficio, se humilló a sí mismo y sirvió a los demás. Y con ello nos ha proporcionado a nosotros creyentes un modelo, un modelo de servicio humilde en beneficio de los demás, en lugar de aferrarnos egoístamente a lo que pudiéramos nosotros poseer. Es esta disposición a renunciar al estatus y privilegios que, como les digo, habría sido algo inaudito, algo incomprensible, en esa cultura, en esa sociedad, porque ellos estaban acostumbrados a dioses que eran completamente lo contrario. Mismo los grandes líderes de la política eran conocidos por su egoísmo, porque buscaban todo para ellos. Entonces, sea que hablemos de Apolo, de Zeus, de Alejandro Magno, de los Césares Romanos, esta gente no entendía lo que le están diciendo acá del Hijo de Dios, del Rey de Reyes y Señor de Señores, que teniendo todos los derechos como Dios, dejó eso a un lado para venir a servirnos. Esa es la realidad de su despojo. Contrariamente a estos dioses falsos, que utilizaban sus posiciones en beneficio propio, no para servir a los demás o estos líderes políticos. Este tipo de renuncia voluntaria que vemos en Cristo es algo que ellos no conocían. Tristemente, desgraciadamente, con demasiada frecuencia vemos lo mismo entre líderes políticos del mundo actual. Y estamos hablando tantos cristianos como no cristianos. Pero eso no debe ser así entre nosotros, entre los que seguimos a Cristo. Debemos tomar el modelo de Él. Entonces, hermanos, aunque Cristo era igual a Dios, no usó su estatus divino para su propio beneficio, sino que renunció a sus privilegios para servir. Y ese es un ejemplo que nos guía a nosotros a vivir con humildad, dejando a un lado nuestros derechos, por amor a los demás. Entonces, como conclusión del mensaje de hoy, amados hermanos, hoy hemos contemplado una verdad gloriosa, pero es una verdad muy desafiante. Y no solamente que es desafiante, es una verdad que reclama que nosotros reaccionemos correctamente a la misma. Ahora nos pide algo Dios. Esta verdad es majestuosa, es maravillosa. Nuestro amado Señor Jesucristo, existiendo en forma de Dios, no se aferró a sus derechos divinos, sino que se humilló voluntariamente por amor a nosotros. Él no usó su estatus para su propio beneficio, no se exaltó a sí mismo, no defendió su posición, se despojó, se hizo siervo, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Pablo nos dice lo que vimos la semana pasada. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús. Este no es solo un llamado a admirar a Cristo. Este es un llamado a imitar a Cristo. Este es un llamado a vivir con la misma actitud de humildad, renuncia y servicio que Cristo mostró. Por eso, mis amados hermanos, preguntémonos lo siguiente. ¿A qué es que nos estamos aferrando tanto como si fuera un derecho que no podemos soltar? ¿Qué es? ¿A dónde nos está llamando Dios para servir sin que esperemos reconocimiento? ¿A quién debemos amar de manera práctica, aunque nos cueste? Todas esas preguntas son preguntas reales. verdaderas, válidas, que van a dejar en evidencia si estamos entendiendo esta humillación de Cristo que Él ha mostrado en renunciar a sus derechos. Entonces, es imperioso que recordemos que Cristo no sólo nos ha dejado el ejemplo perfecto, sino que también nos dejó el poder necesario para seguir su ejemplo. El mismo Cristo que se humilló por nosotros, ahora vive en nosotros. O sea, No es algo que debemos o podemos hacer en nuestras propias fuerzas, porque es algo que el Espíritu Santo de Dios y Cristo mismo viviendo en nosotros nos ayuda a hacer, a vivir con humildad, porque esto es por gracia. Como dice Pablo en Filipenses 2.8, quien se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y luego fue exaltado hasta lo sumo por Dios. Así también, si nosotros seguimos su camino de humildad, podemos confiar que Dios mismo nos sostendrá y nos levantará en el momento correcto. Así que, hermanos, sigamos esta realidad del despojo de Cristo, porque hemos entendido de que Él, verdaderamente siendo Dios, dejó todo para cumplir el deseo del Padre, pero por amor a nosotros para alcanzar nuestra salvación. Así que oremos y pidamosle al Señor que eso sea una realidad de nuestras vidas. Señor Jesús, te damos gracias por tu palabra, pidiéndote que tu Espíritu Santo nos bendiga y nos ayude, Señor, a poder vivir esta realidad, a poder caminar sobre este camino que Cristo ya ha marcado y ha trazado para nosotros, a poder replicar este modelo que Él nos ha dejado, Señor. Danos la humildad que nosotros necesitamos, danos amor hacia Ti, hacia Cristo, hacia los demás. Oramos esto en Tu nombre y para Tu gloria. Amén.
La Humillación de Cristo: Renuncia a sus Derechos.
Series Filipenses
Este es el primero de tres sermones relacionados con la humillación de Cristo.
Jesucristo, siendo Dios, renunció a sus derechos para servir con humildad y eso nos alienta a dejar nuestro orgullo y servir a los demás en humildad.
| Sermon ID | 10625254507452 |
| Duration | 50:42 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Philippians 2:6 |
| Language | Spanish |
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