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En el año de 1988, hermanos, yo estaba recién llegado aquí a California y se escuchaba mencionar mucho un nombre de un asesino llamado Richard Ramírez. Estaba siendo buscado por la policía porque había asesinado a varias personas. Y cuando lo capturaron, tomaron una foto muy satánica, haciendo símbolos satánicos con la mano y con algunos símbolos tatuados que tienen que ver con referencia al satanismo y al nazismo. Y Richard Ramírez se convirtió en el símbolo de aquello que es perverso, que es malvado. Y cuando una persona en aquel tiempo quería insultar a otra le decía cállate Richard. Porque era como un insulto, una especie de insulto.
Y también antes que Richard Ramírez se encontró culpable otro hombre llamado Charles Mason que había asesinado también a muchas mujeres. Y de la misma manera hay videos, hay fotografías donde se les captura y uno puede ver, quizás puede ver más la perversión de esos hombres por los hechos que hicieron, pero podemos observar que son hombres perversos. Y cuando nosotros pensamos en el nombre de Richard Ramírez y Charles Mason, podemos estar pensando en la encarnación de lo que es ser un asesino, un hombre perverso que no considera la vida de los demás. Y creo que ninguno de nosotros, los que estamos aquí en esta noche, nos consideraríamos en ninguna forma asociados a estos hombres. Creo que nos consideramos personas, hombres y mujeres, muy separados de ellos.
No obstante, cada uno de nosotros hemos hecho aquello o sentido aquello que la Escritura condena de la misma manera como asesinar, que es el enojarse contra el prójimo, contra el hermano, desear que muera el prójimo o el hermano. Y muchos de nosotros quizás nos hemos detenido de hacer una maldad por las consecuencias, pero Por decirlo así, la gasolina, el combustible necesario para asesinar está en nuestros corazones, según las Escrituras. Y es muy importante que cada uno de nosotros en esta noche, al considerar este tema, cuando escuchamos que el Señor Jesucristo dice en el versículo número 21, a su audiencia, le dice, han escuchado, no matarás y cualquiera que matares será culpable de juicio. Nos sentimos como libres, no? Oh, esa porción de la escritura no aplica a mí. Pero el Señor Jesucristo lo va a llevar a un nivel más profundo. que tiene que ver con la intención del mandamiento en el libro de Éxodo XX y en Deuteronomio donde se repite el hecho de quitar la vida a una persona.
Lo va a llevar no al hecho de cometer un asesinato, sino a la intención donde nace aquel rencor, aquel odio que se puede culminar en un asesinato. que es el caso de los hermanos de Caín y Abel. En el Sermón del Monte, aquí en esta porción de la Escritura que leímos hoy, el Señor Jesucristo va a abordar lo que es el tema en general de la ley y del Espíritu. Y hoy vamos a profundizar en esos versículos, número 21 al versículo 26, donde el Señor enseña sobre el tema de la ira la reconciliación y el arreglo de cuentas. Hay tres cosas importantes y todas están interrelacionadas la una con la otra. Y a través de este pasaje nosotros vamos a ver la importancia de sanar las relaciones que están rotas y la urgencia que tenemos cada uno de nosotros de buscar siempre la reconciliación.
Entonces, el propósito de este pasaje de la Escritura es comprender la enseñanza de que el Señor Jesús da sobre la ira la reconciliación. reconocer que las implicaciones de este punto son mucho más profundas porque podemos llegar a albergar en cada uno de nosotros y a alentar pensamientos e ideas que muy fácilmente podrían llegar al asesinato. Yo no sé si ustedes saben, pero hay personas que han cometido asesinato sin pensarlo. El punto fue que llegó un momento en el que fueron dominados por la ira a tal punto que no saben ni cómo pasó aquello. Pero el potencial para asesinar se encuentra en el corazón, en la ira.
Pero antes de llegar a esta porción de la Escritura, siempre es muy importante entender el contexto de la porción que estamos estudiando. Acuérdense que así, en un contexto general, El propósito del Evangelio de Mateo es hablar de Jesucristo como el Rey. Él es el Rey inaugurado. En el bautismo del Señor Jesucristo, cuando el Padre dice, este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, en ese bautismo, básicamente el bautismo sirve como una forma de coronación, de unción.
Luego el Señor Jesucristo es movido por el Espíritu al desierto y vence a Satanás y a las tentaciones que son presentadas por Satanás haciendo una representación y teniendo victoria, victoria que no tuvo el pueblo de Israel cuando fue llevado al desierto. Más adelante el Señor comienza a predicar que el arrepentimiento y el perdón de pecados y cuando cuando tiene un grupo de seguidores les presenta el sermón del monte y el sermón del monte es el discurso del rey a sus súbditos
Y la primera parte del sermón nosotros aprendimos el tema de las bienaventuranzas que tiene que ver con el carácter de los súbditos del reino. Luego después aprendimos el propósito que es ser la sal y la luz de la tierra. Y esto es muy importante porque el versículo 16 el versículo 16 y el último versículo del capítulo número 5 versículo número 48 son como dos rebanadas de pan o dos panes de hamburguesa que están uno a la orilla del centro de lo que es la hamburguesa, la carne, la lechuga, el jitomate, la cebolla y el contenido principal de esa hamburguesa está en el centro pues el contenido principal entre el versículo 16 y el versículo 48 está ahí.
Y es importante porque el Señor Jesucristo ya le ha dicho a los discípulos, le dice, así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Noten que el propósito del Señor Jesucristo es que sus discípulos vivan de tal manera que muestren su relación con el Padre, con Dios. y que vean sus buenas obras, es decir, su buena conducta.
Entonces, comenzando de este versículo 16 hasta el versículo 48 que termina con una exhortación diciendo, sed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. El Señor Jesucristo va a hablar de la forma en la que los ciudadanos del reino de los cielos deben de conducirse. Va a enfatizar en las relaciones interpersonales. Cómo debemos de vivir y básicamente esa es la instrucción en todos estos versículos.
Noten que en el versículo 21 del capítulo 5 hasta el 26 trata el asunto de la ira. Luego del 27 al 30, el adulterio. Luego del 31 al 32, el divorcio. Luego en el versículo 33 al 37, acerca del dar la palabra, del si sea así, el no sea no, el juramento. Y luego en el versículo 38 hasta el 42, habla del amor hacia los enemigos. y en el texto 43 hasta el 48 va a terminar concluyendo.
Entonces el propósito de estas instrucciones es enseñar a los discípulos cómo conducirse, cómo vivir en este mundo, cómo obrar de tal manera que los incrédulos puedan ver nuestras buenas obras y al verlas, al ver nuestra manera de vivir, den gloria a Dios.
Entonces hoy en esta noche nos vamos a enfocar en esos versículos 21 al versículo número 26. Entonces empecemos pensando un poco en el contexto de las personas a quien Jesús les está hablando.
Note que el versículo 21 dice, oístes que fue dicho a los antiguos. Noten que desde tiempos antiguos a personas ancestrales a los judíos se les ha venido enseñando algo y se les ha enseñado que matar es un pecado. Porque el versículo dice, no matarás si cualquiera que matares será culpable de juicio. Ellos les dijeron, no mates porque matar es malo. Pero hasta ahí llegaba la enseñanza, ellos no profundizaban, no trataban en el problema del corazón
El problema del corazón es la ira, como lo vamos a ver un poco más adelante. Y en la época del Señor Jesucristo, los líderes judíos enfatizaban mucho en que había que adherirse a la ley de Dios, y en particular a los diez mandamientos. Y aquí en este versículo número 21, Jesús va a hablar del mandamiento número seis, que es no matarás, que se encuentra en el libro del Éxodo. Y ahí ellos dicen que cuando alguien no mata, está cumpliendo estrictamente el mandamiento.
Y el Señor Jesucristo quiere ir más allá. Él no quiere tratar con los efectos externos. El asesinato es el efecto de un problema interno que es la ira. Y eso es lo que el Señor Jesucristo quiere tratar. Y aquí lo que hace el Señor es cuestionar la interpretación superficial de los líderes religiosos y el Señor lo que va a hacer es que elabora el problema o lo aborda de una manera más profunda y dice el problema no es el asesinato, ese es el resultado del problema. El problema es un problema del corazón que es la ira, es el desprecio. Y esas dos cosas pueden conducir a un comportamiento destructivo que puede concluir en un asesinato. Y eso es lo que Cristo está hablando aquí.
Muchas veces nosotros nos preocupamos mucho por, vamos a decir, por venir a la iglesia. Vamos a ir el domingo porque tenemos que ir el domingo porque el domingo es el día del Señor y tenemos que obedecer el día del Señor. y está bien, debe de ser así. Sin embargo, el venir a la iglesia ese no es el punto. Venir y hacer presencia no es el punto. El punto es venir con un corazón dispuesto a adorar a Dios, con un corazón dispuesto a aprender de la palabra de Dios, con un corazón dispuesto a ser amonestado por algún hermano o a dar amonestación, o a recibir palabras de ánimo, o a dar palabras de ánimo a otro, tiene que ver con la acción que se hace en el día del Señor. No incumplir con venir a la iglesia.
Alguien puede decir, yo me siento feliz porque no falté un solo domingo durante todo el año. Que bueno que fuiste puntual y que no faltaste, pero ese no es el punto. Venir no es el punto. El punto es venir con un corazón dispuesto a adorar a Dios.
Entonces en el tiempo en el que el Señor Jesucristo está hablando, la gente está acostumbrada a escuchar solo lo que tiene que ver con lo externo. Con lo que es visible, pero no tratan con el corazón. Y el Señor va a hacer algo que comienza, hay una frase que la va a repetir una y otra, seis veces. Y noten lo que dice en el versículo número uno, oíste, perdón veintiuno, oíste es que fue dicho a los antiguos. Esa es la primera vez que menciona esta frase. Versículo 27, oíste que fue dicho, no cometerás adulterio. Esta es la segunda vez. Versículo 31, también fue dicho, cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Esta es la tercera vez. Versículo 33, además habéis oído que fue dicho a los antiguos, Versículo 38, oísteis que fue dicho. Versículo 43, oísteis que fue dicho.
Lo que el Señor está haciendo aquí es, ustedes han escuchado esta enseñanza, pero no es una enseñanza correcta. Es una enseñanza que se enfoca en lo externo, en lo superficial, y no van al problema que es el corazón del hombre. Esto es similar a lo que muchos padres hacen con sus hijos. Por ejemplo, enseñan a los niños a venir a la iglesia, lo cual debemos de hacer. Incluso los traen bien vestiditos, pantalón azul, camisa blanca, corbata azul, zapatitos negros, y se ven hermosos. Y los sientan ahí y todo el mundo dice, wow, que niños. Y los niños vienen, y vienen, y vienen. Pero nada sirve que el niño venga bien vestido y encorbatado cuando no se le enseña el propósito. por el cual tiene que hacerlo. Tienes que ir porque si no vas me vas a hacer quedar mal. ¿Y qué van a decir de mí si tú no vas? Y el niño comienza a escuchar que lo que importa es la apariencia. O cuando el niño se porta mal y el padre le dice, no me hagas quedar mal delante de la gente. Entonces ahí el problema, oh, lo que mi papá no quiere es verse mal delante de la gente. No es el problema del corazón. Y muchas veces a los niños no se les enseña conducta externa, pero no se les enseña a lidiar y a tratar con el corazón.
Los maestros del pueblo de Israel le enseñaban a la gente a lidiar con lo externo, con las ceremonias, con todo lo que se veía. Por eso el texto, noten como el Señor Jesucristo lo cita en el capítulo 5, versículo 21, dice, oíste que fue dicho a los antiguos, no matarás. y cualquiera que matare será culpable de juicio. Y cuando ustedes van a leer al libro de Éxodo, capítulo 20, versículo número 13, sí dice, no matarás. Así dice el versículo. Pero en lo que fallaron los maestros del pueblo de Israel fue en no interpretar correctamente el versículo. ¿Sí? Matar es un pecado. quitar la vida de otra persona es un pecado no debe de ser así porque la escritura desde el principio lo dice es más lo dice desde antes de que la ley fuera dada por ejemplo en el libro de el génesis en el capítulo número creo que es el capítulo 9 versículo 16 no lo tengo mis notas pero vino a mi mente Pero no, creo que no lo voy a tener. Pero bueno, la semana que viene lo busco. Lo estuve leyendo hoy pero no hice una nota y ese es un problema.
Génesis habla, cuando habla de la prohibición de asesinar, incluye que nadie debe matar a otro hombre porque está hecho a la imagen y semejanza de Dios. Es decir, que quitar la vida no es la prerrogativa del hombre. Y de hecho, ahí mismo en ese versículo se instituye la pena de muerte. Dice que el hombre que haga morir a otro hombre por otro hombre, su sangre también será derramada. 9-6, entonces no es 9-16, si es 9-6. Gracias, hermana Adriana. Ese es, hermana, gracias. Gracias por sacarme del atolladero. Dice el versículo 6, yo pensaba que era el 16, es el 6, 9, 6. El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Noten que este versículo está estableciendo lo que es conocida como la pena capital. Si una persona le quita la vida a otra persona, derrama la sangre de otra persona, dice ahí el versículo muy claro, por el hombre, es decir, por una autoridad, su sangre será derramada. porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
Entonces, volviendo a nuestro texto, al evangelio de Mateo, el Señor Jesucristo ahora va a tratar con mucho detalle acerca del problema. El Señor Jesús dice, ¿ustedes escucharon que fue dicho? Y sí, ciertamente así dice la Escritura, pero Él quiere ir y tratar con el problema que es mucho más profundo, que es un problema del corazón. Y en este problema lo que se va a tratar ahora es el deseo malévolo del corazón. El deseo de ir y de quitarle la vida a una persona que nace con la enseñanza de una persona que no tiene amor para con otro.
Dice el versículo, seguimos leyendo versículo número 22. Dice, pero yo os digo Esta frase es sumamente importante porque muestra la autoridad del Señor Jesucristo. Él tiene autoridad no solamente para enseñar. Él tiene autoridad para decir lo que es correcto. Por esa razón, cuando el Señor Jesucristo enseñaba la palabra, la gente se admiraba porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas y como los fariseos.
Entonces, el Señor ve aquí y les dice a ellos, más bien dicho, les corrige a ellos el gran problema. Y el problema es que Él les dice, pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, ahora le va a tocar hermanos la raíz del problema. Él va a tocar el problema real. Asesinar es algo, es un resultado de una raíz de un problema. Y el problema aquí es el enojo.
Y hermanos, nosotros creo que en nuestra vida somos a veces bastante livianos para tratar con el enojo. A veces decimos, es que me hacen enojar. Es que me hiciste enojar generalmente es lo que uno llega a decir. Pero la escritura dice que el necio ventila su ira. O sea, voluntariamente la deja salir. Por esa razón cuando nosotros leemos versículos como este debemos de considerarlos y tomar atención porque seguramente hermanos es un versículo que nos va a hablar a cada uno de nosotros.
Aquí algo que nosotros debemos de comprender con claridad y es que el enojarlos es el problema que trata El libro de Éxodo, el libro de Éxodo en el capítulo número 20, versículo número 30, cuando dice, no matarás, está queriendo tratar no solamente con el asesinato, está queriendo tratar con el problema del corazón. que es la ira, que es el enojo, es aquello que está prohibido, es aquello que afecta la vida de una persona y por esa razón el Señor Jesucristo ahora va a tocar este punto
Y en este punto, lo que él quiere enfatizar, hermanos, cuando dice, pero yo os digo, utilizando su autoridad o diciendo lo que es correcto de otro modo, yo les digo, él está estableciendo el problema del asunto. El problema, ciertamente, enojarse y matar no es lo mismo. Cuando una persona se enoja, puede quebrar una puerta, puede quebrar algún objeto, puede dar insultos y las consecuencias no son las mismas de asesinar. Una persona que asesina va a la cárcel. Pero el problema es que no es Aquí el problema no es ir a la cárcel, el problema es ir o evitar el problema que es el enojo. Y aquí el Señor Jesucristo está tratando con este punto.
Por eso dice el versículo, cualquiera que se enoje contra su hermano. Obviamente aquí está hablando de los israelitas, Pero está hablando desde el contexto de la familia, está hablando del contexto comunitario con el pueblo de Israel. Cualquiera que se enoje el uno contra el otro tiene una consecuencia. Dice, cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de qué, hermanos? De juicio. Aquí ya no está hablando de un juicio que tiene que ver con el ser humano. El ser humano puede castigar la muerte. Toma una persona, la captura, la enjuician, le da una sentencia y la ponen en la cárcel. Pero aquí estamos hablando de algo que tiene que ver con mucho más allá.
Dice, y cualquiera que diga necio a su hermano, hay unas versiones que traducen raka, creo que esa era la versión de la Las Américas, también la reina baleara antigua traducían raka. Cuando uno lee estas versiones uno se pone a pensar ¿pero qué es lo que está diciendo con esto? La palabra raka es un término que está escrito en arameo y se utiliza para hablar de algo que tiene que ver con desprecio, tiene que ver con desdén, con insulto. Es el propósito de decirle a una persona con palabras ¿cuánto te detesto? ¿cuánto te odio? ese es el propósito. Entonces cuando el Señor Jesucristo aquí dice y cualquiera que diga a su hermano necio, juicio, necio dice a su hermano será culpable ante el concilio y cualquiera que diga fatuo quedará expuesto al infierno de fuego.
El énfasis aquí en este versículo está en la ira que está en el corazón que se manifiesta ya no a través del asesinar a una persona, pero sí con las palabras que manifiestan esa ira que está adentro. Palabras que expresan desdén, palabras que expresan maledicencia. Y hay alguien que dijo en una ocasión que hay palabras que hieren más fuertes que un puñal. No. y hay palabras que son muy fuertes. Hay personas que se expresan y dicen, con lo que tú dijiste, me atravesaste el corazón". Tus palabras fueron como puñales que atravesaron mi corazón. ¿Por qué? Porque son palabras dolorosas, son palabras que tienen el propósito de mostrar esa ira, tienen el propósito de asesinar a una persona, pero no se hace por el temor a no ser encarcelado. Y esto es el asunto que el Señor Jesucristo está tratando aquí.
El Señor Jesucristo no está basándose en las interpretaciones aquí de los fariseos y los escribas. Él está interpretando correctamente Éxodo capítulo número 20. Y lo está interpretando de una manera en la que les da la verdadera interpretación. Aquí el punto, una persona no solamente es culpable por asesinar, una persona es culpable también por tener ira en el corazón. Y esta ira en el corazón es algo que el creyente no debe de dar lugar a. En la vida del creyente no debe de haber ira. Nos podemos enojar, pero necesitamos de lidiar con nuestra ira. De no ventilarla, de quedarnos callados e ir al Señor y confesar y decirle, Señor perdóname por la maldad de mi corazón. Porque siento el deseo de decir cosas malvadas, perversas. Siento el deseo de insultar a X persona cuando me enojo. Entonces, esto es exactamente lo que el Señor Jesucristo está interpretando.
Ahora, ¿por qué el Señor Jesucristo dice en el versículo número 22 otra vez? Habéis oído, pero yo os digo. Lo que el Señor Jesucristo haciendo aquí es corrigiendo la perversión de la ley de Dios que los escribas y los fariseos habían hecho con la palabra. Ellos habían creado en ese tiempo 613 reglas hechas por los hombres que solo imponían cargas pesadas a la gente y ellos les decían guarda estas 613 prohibiciones y mandamientos y le agradarás y le satisfacirás a Dios y harás justicia.
Y el Señor Jesucristo dice, no, no tiene que ver con lo externo, tiene que ver con lo interno. Tienes que lidiar con el problema de dentro, no con el problema de fuera. Es como cuando hice la misión el domingo, que en la confesión católica, cuando se confiesa el pecado y el sacerdote le dice a la persona, yo te absuelvo, Es decir que yo te perdono o tus pecados son perdonados, son borrados. Pero luego le dice a la persona ahora ve y paga una penitencia. Pero mi punto es ¿de qué sirve la penitencia cuando no se trata con el problema del corazón? La misma persona volverá a estar ahí la semana próxima repitiendo las mismas cosas al sacerdote. ¿Por qué? Porque no trató con el problema del corazón. Lo externo no hace nada en el corazón.
Y Jesús quiere que sus discípulos traten con su corazón. Eso es lo que Él quiere. Él quiere que entiendan que enojarse es tan malo, es tan pecaminoso, es tan perverso, que de los enojos y de las iras vienen los asesinatos. O sea, cuando tú te enojas, cuando tú no refrenas ese sentimiento malvado, puedes terminar asesinando a una persona. Es la gasolina necesaria para que el carro arranque y vaya la perversión del asesinato. Entonces, Jesús aquí está corrigiendo ese problema.
El problema, por supuesto, entonces no es con relas externas, es con el corazón del hombre. Porque dice la escritura en Jeremías 17, 9 que el corazón es engañoso y es perverso y que está desesperadamente enfermo. El corazón del hombre, sin duda, es un corazón perverso. En el libro de Génesis, en el capítulo número 8, Génesis capítulo número 8, en el versículo número 21, Génesis 8, 21, dice y percibió Jehová olor grato y dijo Jehová en su corazón no volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud ni volveré más a destruir todo ser viviente como he hecho pero vean la frase donde dice que el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud.
Y el versículo que les mencioné hace un momento, el versículo de Jeremías en el capítulo 19, si quieren vayan ahí por favor hermanos. 17, 9. 17, 9. ¿Qué dije? 17, 19. Ah, leí mal, leí mal, pero es 17, 9. Sí, Jeremías 17, 9. Ahí en este versículo, hermanos, vayan por favor y véanlo. Observen un par de cosas que creo que son importantes que nosotros podamos observar en esta hora. Cuando se habla de la maldad y la perversidad del corazón del hombre, aquí en este capítulo de Germías 17, versículo número 9, dice, engañoso es el corazón, ahora vean, más que qué, más que todas las cosas. Y también añade que es perverso. El corazón del ser humano es engañoso y es perverso. Ese es nuestro corazón, hermanos.
Y creo que ninguno de nosotros en esta noche, aparte de la gracia de Cristo, debería de pensar que hay algo bueno en uno. No hay nada bueno, hermanos. Cuando nosotros hacemos algo bueno es por la gracia de Dios, aún cuando no éramos creyentes. Cuando no hacíamos lo malo es por la restricción que Dios había puesto en nuestras vidas. Pero seríamos capaces de hacer cualquier perversidad. Y aquí el corazón se describe entonces como perverso. Y la pregunta que dice es ¿Quién lo conocerá? El único que conoce verdaderamente nuestro corazón es Dios. Nosotros no lo conocemos verdaderamente a no ser porque creamos lo que la palabra de Dios dice acerca de nuestro corazón. Entonces, eso es algo importante.
El comentarista bíblico Warren Wisby dice, la ira es algo tan necio nos convierte en destructores en lugar de constructores, nos roba la libertad y nos hace prisioneros. Odiar a alguien es cometer asesinato en nuestro corazón, de acuerdo a 1 Juan 3.15 que así lo dice. Entonces, aquí cuando hablamos del enojo, en esos versículos que estamos leyendo, estamos hablando No del enojo que se menciona en Romanos 1.18 cuando dice que la ira de Dios se manifiesta contra toda impiedad e injusticia de los hombres. El enojo del hombre y la ira de Dios son dos cosas muy distintas. No podemos llegar nosotros a decir, ah es que si Dios se enoja, si Dios se aira ¿por qué yo no me puedo enojar? La ira del hombre tiene que ver con aquello que tiene que ver con enojarse, estar furioso, enfurecerse, provocarse, y se refiere a la ira humana satánica. La ira humana que nace del corazón del infierno.
La ira de Dios, o más bien dicho, el juicio de Dios sobre el hombre cuando Dios se aira, Es una palabra que tiene que ver con aquello que es correcto, con manifestar una justicia correcta y voy a ilustrarlo de esta manera. Si un Estado tiene pena capital y un hombre asesina a otro y es capturado por las autoridades, es llevado a juicio y es sentenciado a la pena capital y es puesto a morir por la inyección letal en el momento que se le aplica la inyección letal y ese hombre que le aplica la inyección no es un asesino, simple y sencillamente está administrando la justicia. Es como el soldado que va a la guerra y mata a otros, no está asesinando, está peineando una guerra. Y eso es lo que se llama en este contexto una muerte justificada, ya sea la autoridad o ya sea un soldado que va a la guerra.
Pero aquí estamos viendo lo que tiene que ver con algo que es el problema del hombre. Esta es una ira que hace que el corazón lata de tal manera que es como una olla en la que se está hirviendo leche. ¿Han visto una olla de leche la cual no se cuida como hierve a tal punto que sale todo hacia afuera y se quema? Y de la misma manera el corazón hierve la ira de tal manera que la persona que se pone a un lado Es una persona que va a ser afectada.
En Efesios 4.26 hay un versículo donde dice Pablo que nos airemos pero que no pequemos. Aquí airarse tiene que ver con el hecho, Efesios 4.26, cuando dice la escritura aireaos pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo, La Escritura entiende que nosotros nos enojamos, pero lo que la Escritura prohíbe es que nosotros ventilemos nuestra ira. Debemos que en el momento que nos enojemos, nosotros reaccionemos y vayamos a Dios y pidamos perdón por ese malvado deseo que hay en nuestro corazón. Por ese sentimiento perverso debemos de tratar con él y no lo debemos de ventilar, de sacar, de mostrar, que todo mundo sepa que estamos enojados porque ahí es donde viene el pecado. Por eso dice el versículo, airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo.
Y luego habla de la consecuencia cuando una persona se enoja, dice, ni deis lugar al diablo. O sea, una persona que se enoja le da lugar al diablo. Enojarse, pero no pecar, dice el texto. No dejen que el sol se ponga sobre vuestro enojo, dice el versículo 27. Aquí la escritura nos habla y nos dice que debemos de tener cuidado contra este problema.
Los escribas y los fariseos enseñaban que cualquier cosa, incluso el asesinato, podía permitirse Y Jesús regresa a la ley y trata con el asunto del corazón. Volviendo a nuestro texto para terminar, quiero terminar haciendo una observación aquí en Mateo, donde vean la palabra que se encuentra constantemente, pero es una palabra que va a ascender. En el versículo número 21, al final dice, será culpable de juicio. En el versículo número 22 dice, será culpable de juicio. Enseguida sigue diciendo, será culpable ante el concilio. Nota la progresión. Ahora está delante de un grupo de personas. Y termina diciendo que cualquiera que llama a Fatua a su hermano quedará expuesto al infierno de fuego. O sea que no solamente es un problema que trae, la ira no solamente es un problema que trae consecuencias en esta vida, sino que es un pecado que si no se trata se lleva consecuencias eternas, es castigado en el infierno.
Ahora alguien podrá decir, oh pero es que yo ya soy salvo, ya soy salvo, ahora Pues si me enojo, me enojo. Ya soy salvo. No hermanos, no trabaja así. Una persona salvada tiene el Espíritu de Dios en su vida y tiene un fruto que es amor, gozo, paz, paciencia, bendignidad, mansedumbre, templanza, fe y todo eso obra para que no sea un corazón iracundo. Entonces una persona verdaderamente ha sido salvada tiene que lidiar con el pecado. No estoy diciendo que una persona, que un cristiano nunca va a lidiar con la ira. No. Todos lidiamos con la ira. El punto es cómo vas a lidiar con ella a tal punto que la ira no se enseñore de ti. Ese es el punto. Debemos de tratar con esto, porque si no tratamos con esto, los problemas en nuestra vida siempre irán en ascenso.
Ahora, hasta aquí llega el punto. El Señor Jesucristo dice, el problema de matar y ser encontrado como un asesino es un problema externo de algo que viene del corazón. Por lo tanto, hay que tratar con el problema del corazón. Y luego pasa en el versículo número 23 al 24 a decir, a hablar de los problemas entre hermanos, entre personas que se conocen. Y aquí hay un contexto de adoración. Dice por tanto, ahora vean después de que ya estableció el principio que el problema es un problema del corazón. Dice por tanto Si traes tu ofrenda al altar y ahí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y anda, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda. Lo que el Señor Jesucristo está haciendo aquí es estableciendo un principio. El principio que el Señor Jesucristo establece en esta oración de la Escritura es que el énfasis en la reconciliación, antes de ofrecer cualquier adoración a Dios, resalta la prioridad de las relaciones. O sea que tiene mayor prioridad la relación, el estar bien con una persona, que venir y presentar cualquier tipo de ofrenda ante Dios. Es decir que nosotros podemos decir que adoramos a Dios, que buscamos a Dios, todo eso. Y todo eso vuelvo a insistir, debemos de hacerlo. Pero si sabemos que una persona literalmente tiene una ofensa contra nosotros, tenemos que ir a tratar de arreglar la situación.
Ahora, hay ocasiones en que Usted puede buscar la paz, pero la otra parte no quiere la paz. Y la Escritura dice, en lo que dependa de vosotros seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Hay una excepción, obviamente. Pero generalmente, por la gracia de Dios, las relaciones se pueden recuperar.
Entonces llega a esta segunda parte, en el versículo 23 y 24, donde se establece el principio que es más importante, perdón, no es más importante, Delante de los ojos de Dios, si bien la adoración es importante, porque aquí dice, y entonces ven y presenta tu ofrenda, debe de hacerse en un contexto de reconciliación, donde yo estoy seguro que al menos en lo que depende de mí, yo no estoy enemistado con nadie, en lo que dependa de mí. Yo no tengo ira contra nadie.
Si hay algo en su corazón en este momento en el que hay algún rencor que usted no ha perdonado porque usted mismo cree que es algo justificable, es decir, me hicieron mal y no me vinieron a pedir perdón, dé el perdón aunque no le pidan perdón. Tome la decisión de perdonar. Pase por alto la ofensa. Si la persona, quizás la persona ya murió, Pase por alto la ofensa. Quizá la persona está muy lejos. Pase por alto la ofensa. Quizá la persona está en la misma casa. Bueno, arregle la ofensa. Vaya con la persona y perdone. Porque de otra manera, nuestra adoración a Dios no puede ser hecha. Tiene una prioridad la relación antes de hacer nuestra adoración.
Y luego viene el Señor Jesucristo. Vean que este es un problema que afecta las relaciones entre hermanos y este es un problema que afecta las relaciones entre otros. Versículo 25 al 26 ahora tiene que ver con los de afuera. Dice, ponte de acuerdo con tu adversario pronto. Aquí la palabra adversario es un enemigo. De tiempo en tiempo nosotros entraremos quizás en problemas que no podemos prever y haremos un enemigo. Y cuando esto venga, hay que tratar de ir pronto. Dice, entre tanto que estás con él en el camino, porque puede llegar un tiempo, dice, no sea que el adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante.
O sea, que no seas orgulloso sino que más bien te doblegues en tu orgullo, te humilles y vayas y te reconcilies con esa persona en cualquier problema de negocios que han tenido. Aquí todo va hacia lo mismo, todo va hacia lo mismo. El problema de la ira. Si no lidiamos con el problema de la ira hermano, si no tratamos el pecado de la ira, aprender a confesarlo delante de Dios, a aprender a tener dominio propio que no nos domine la ira, aprender a perdonar, es decir, refrenar nuestra ira y a lidiar con ello nos va a llevar a relaciones, a la destrucción de relaciones familiares, a la destrucción de relaciones entre hermanos en la iglesia, y también nos llevará a la destrucción de relaciones fuera de la iglesia en la comunidad. O sea que la ira es algo con lo que se debe de lidiar.
El que se aira, dice la Escritura, que cometerá locuras. Por esa razón, hermanos, la exhortación para nosotros de la Palabra del Señor en esta noche es seguir la instrucción del Señor Jesucristo. Y si habremos de ser personas, como dice el contexto del versículo 16, 5-16, así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos, debemos de tratar con el problema de la ira, con el problema desde el corazón. Confesar cuando nos airamos. Rogar al Señor dominio propio para no ventinar la ira. pasar por alto las ofensas, humillarnos cuando nosotros cometimos el error, humillarnos, ir y pedir perdón para hacer que las relaciones puedan ser restauradas, tanto a nivel familiar, a nivel de la iglesia, a nivel entre vecinos o personas con las que nos relacionamos.
Porque de otra manera De otra manera, nuestra justicia no será mayor que la justicia de los escribas y de los fariseos. Y el propósito es llegar a ser como dice el capítulo 5, versículo 48. Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Se espera que los hijos representen bien a los padres. Se espera que los creyentes verdaderamente le demos honra y gloria a Dios tratando con nuestros corazones. Y en lugar de tener espíritus iracundos, ser pacificadores, como dice el contexto. Bienaventurados los pacificadores. Bienaventurados los mansos. En lugar de ser personas que se dejan dominar por la ira.
Vamos a orar, hermanos. Padre, este es un versículo que produce mucha vergüenza en muchos de nosotros, Señor. Porque podemos decir que nuestra vida antes de Cristo estaba marcada por la ira. Y muchas veces, estando en Cristo, el pecado de la ira nos gobernó, Señor. Queremos Señor pedirte que tú tengas misericordia con nosotros, para con nosotros. Que Señor nos perdones por todas aquellas ocasiones en las que hemos manifestado nuestra ira, a través de palabras, a través de acciones.
Ruego Señor que tú en tu misericordia nos des dominio propio. que cada uno de nosotros aprenda a no dejar salir la ira, a ventilar la ira. Si bien podemos tener un momento en el que nos enojemos, ayúdanos primero a entender que también nosotros pecamos cuando alguien peca contra nosotros.
Ayúdenos a entender, Señor, que la ira no es la solución, sino que más bien es un estorbo para nuestras vidas porque destruye, nos convierte en prisioneros. Ayúdenos, Señor, a que tu Santo Espíritu, más bien dicho, que el poder de tu Santo Espíritu, obre en nosotros para que podamos ejercer dominio propio.
Oramos, Señor, para que Tu Espíritu Santo nos ayude para que podamos ser hombres y mujeres que son mansos, que tienen sus fuerzas bajo control. Ayúdanos, Señor, a reconciliarnos con aquellos que hemos ofendido. Ayúdanos, Padre, a que nuestra vida esté marcada por la mansedumbre y no por la ira.
Ayúdanos, Señora, que cuando alguien nos ofenda o alguien pegue contra nosotros, en lugar de manifestar la ira, podamos tener misericordia para con los demás, estar dispuestos a conversar, estar dispuestos a ofrecer perdón o a pedir perdón cuando lo necesitamos hacer.
Y de esa manera, Señor, que los hombres puedan ver nuestras buenas obras y te glorifiquen a ti, Señor. Para que nosotros verdaderamente podamos ser llamados hijos tuyos y de esa manera ser perfectos así como tú eres perfecto.
Estas cosas te las rogamos Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén. Amén.
Dios les bendiga hermanos.
Asesinos de Corazon
Series El Sermon Del Monte
| Sermon ID | 1030251858376399 |
| Duration | 51:14 |
| Date | |
| Category | Midweek Service |
| Bible Text | Matthew 5:21-26 |
| Language | Spanish |
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