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Santiago capítulo 1, si Dios lo permite, vamos a considerar desde el versículo 19 hasta el versículo 21. Santiago capítulo 1, desde el versículo 19 hasta el versículo 21.
¿Practicas la Palabra de Dios con humildad? ¿Practicas la Palabra de Dios con humildad? Aquí Santiago, inspirado por Dios, acaba de mencionar la palabra de Dios en versículo 18. Podéis notar ahí Santiago 1, versículo 18. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad para que seamos primicias de sus criaturas. Vemos ahí la obra de Dios en en el corazón de los creyentes, aquellos que aceptan la palabra de verdad, que aceptan el evangelio, Dios les transforma, les hace renacer.
Entonces, Santiago acaba de mencionar la palabra de Dios y va a destacar que Dios requiere obediencia a su palabra, va a destacar que Dios requiere que pongamos en práctica su palabra, en especial del versículo 21 hasta el versículo 27, aunque también Santiago, a través de su carta, menciona la importancia de poner en práctica la fe y vivir, o sea, vivir la fe y que se demuestre en nuestras obras. Pero vemos su enfoque en la Palabra de Dios, la importancia de obedecer la Palabra de Dios.
Sin embargo, antes de continuar con ese tema de la Palabra de Dios, ahora en estos versículos, aquí en Santiago 1, desde el versículo 19 al versículo 21, él exhorta a los creyentes a tener cuidado con sus palabras, a tener cuidado con su ira. Y Santiago sabe que suele ser un problema, o sea, es muy fácil no usar las palabras correctamente. Es muy fácil airarse cuando alguien te ofende, cuando alguien te daña.
Incluso menciona aquí en su carta, por ejemplo, en versículo 26, dice, si alguno se cree religioso, entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. Entonces una persona que no pone freno a su boca puede creer ser religioso, puede afirmar lo que quiera, pero su boca demuestra que no es tan espiritual como piensa que es. Por eso nos dice la religión de tal es vana.
También en Santiago 4 versículo 2. Dice, ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros? Eso es Santiago 4, versículo 1. Entonces ahí está mencionando estas iras, estos pleitos, estas peleas verbales que ocurren entre personas que realmente nos están sometiendo al espíritu, que nos están dando en el espíritu. Y lo que Santiago quiere dejar muy claro es que ese no es el caminar que Dios desea. Eso no es vivir una vida que agrada a Dios.
Porque lo que Santiago enfatiza es que la fe y las obras van juntas. Eso es lo que demuestra un creyente genuino. Una persona puede afirmar tener fe, pero si no demuestra esa fe por medio de sus acciones, por medio de cómo habla y por medio de cómo responde ante ataques o cómo responde ante frustraciones, el creyente realmente demuestra que realmente ha puesto su fe en Cristo como Señor y Salvador, se demuestra que uno es creyente por medio de las obras, al vivir de una manera que agrada a Dios.
Y es que la sabiduría espiritual se demuestra en obediencia a Dios. La sabiduría se demuestra en humildad, en servicio, en servir a otros. Y es que el creyente debe responder a la palabra de Dios con un oído atento, debe de escuchar para actuar y hablar con cuidado, o sea, usar su oído para escuchar, su boca la usa cuidadosamente para agradar a Dios y con una actitud humilde, o sea, reflejar humildad. Entonces, hay que responder adecuadamente. Oído atento para actuar, una boca cuidadosa y una actitud humilde.
Y es que recibir la Palabra de Dios indica ponerla en práctica. Ahora, aquí nos dice el texto, en Santiago 1, del versículo 19 hasta el versículo 21, dice, Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada la cual puede salvar vuestras almas".
Ahora, acabo de leer Santiago capítulo 1 desde el versículo 19 hasta el versículo 21. Y lo que deja claro ese texto es que Dios quiere todo el corazón. Que vivamos conforme a lo que le agrada. Realmente destruye la mentalidad de que un creyente puede airarse contra alguien y estar bien espiritualmente. Destruye la mentalidad de que simplemente oír la palabra de Dios es suficiente. Destruye la mentalidad de que no hay que poner en práctica La Palabra de Dios nos recuerda que la Palabra de Dios realmente impacta toda área de nuestra vida. La Palabra de Verdad da fruto en la vida del creyente. El creyente debe de reflejar la Palabra de Dios. Debe reflejar que Cristo realmente mora en su corazón.
Enfatiza que la Palabra de Dios es la que cambia vidas. A Dios le interesa la obediencia. Dios no quiere un corazón dividido, no quiere un show espiritual. Dios no quiere un servicio externo, sino Él quiere el corazón. El que actúa con mala actitud no está practicando la Biblia. Aquí nos muestra la necesidad de mantenerse separados del mundo, la necesidad de mantenerse puros para Dios y recordar que la espiritualidad se refleja en toda área de la vida. Y aquí en versículo 19 dice, por eso, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.
Ahora, estas palabras, por esto, tiene la idea de cómo sabéis, o sea, se conoce por experiencia. Esto conocéis, entonces por esto, mis amados hermanos. Vemos como Santiago se muestra una conexión íntima con sus destinatarios originales. Ahí dice mis amados hermanos, refiriéndose a la congregación de creyentes, les llama amados y les exhorta básicamente a vivir una vida de rectitud.
Porque su destino futuro, o sea, el creer en Jesús como Señor y Salvador, te garantiza la vida eterna, te garantiza una herencia reservada en los cielos. Entonces, ese destino futuro debe de impactar tu vida presente. Debes de vivir de una manera que agrada a Dios. Los hijos de Dios deben de vivir una... en su vida nueva.
Y aquí Santiago presenta tres mandatos para todos. Los podéis notar ahí en versículo 19. Dice, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. Esa idea de pronto para oír es la idea de estar dispuesto a escuchar. Estás dispuesto a escuchar hasta entender la situación y el punto de vista de otros. Entonces, primero escucha.
El problema es que la mayoría de las personas invierten esta enseñanza. Porque son prontos para hablar. Rápidamente explotan. No escuchan. Hay una conversación y quizás hay diferencias de opinión y rápidamente quieren dar su opinión. Rápidamente quieren hablar. Pero Santiago está diciendo... No. Eso no refleja el cristianismo genuino. Hay que escuchar. Hay que entender. ¿Cuál es la situación? Entender la situación. Entender el punto de vista de otros.
Y dice, tardo para hablar. O sea, hay que cuidar la lengua. Incluso aquí en Santiago lo resalta mucho. Especialmente el capítulo 3. Donde nos dice que hay que cuidar la lengua porque es un peligro. ¿Cuántas familias se han destruido los unos a los otros y están divididos por la lengua? ¿Cuántas guerras se han empezado a través de la historia simplemente porque alguien habló lo que no debería de haber dicho, lo que no debería de haber hablado? O sea, la lengua tiene mucho poder y por ello Santiago está diciendo, cuida de la lengua.
Y el creyente genuino somete su lengua en obediencia a Dios. Y entonces esa idea de tardo para hablar es controlar la lengua, es no reaccionar verbalmente sin pensar. Por eso menciona ahí primero hay que oír. Prontos para oír. Hay que estar dispuestos para escuchar. Hay que oír primero, y una vez que se entiende toda la situación, entonces se habla con esa sabiduría, con entendimiento.
Y también menciona tardo para airarse. Entonces, es tardo para explotar, ¿no? Para airarse en el sentido de esa tentación de usar violencia física para establecer justicia. Porque rápidamente, muchas veces, la tensión pues lleva a ese intercambio verbal que va subiendo la tensión, va subiendo la presión y de repente empieza la ira y a veces llega a expresarse de una manera física y muchas veces es porque queremos defender nuestra justicia, tenemos que defender nuestro punto de lado y entonces estamos dispuestos a explotar, ¿no? Pero entonces aquí dice tardo para airarse.
El problema es ese, que la mayoría de las personas hacen exactamente lo opuesto, ¿no? Son tardos para escuchar, tardos para oír, pero prontos en usar la lengua y prontos en airarse. Pero Santiago está diciendo, eso no debe ser así entre creyentes. Estos mandatos tratan de una comunidad caracterizada por amor. Debemos reflejar el amor de Cristo.
Como nos dice Santiago 2, versículo 8, Si en verdad cumplís la ley real conforme a la Escritura, amarás a tu prójimo como a ti mismo. bien hacéis. Eso es Santiago 2, versículo 8. Si realmente amas a la persona con la que estás hablando, que quizás tiene un punto de vista diferente al tuyo, o quizás te ha dañado de alguna manera, si realmente la amas, vas a intentar arreglar las cosas de una manera correcta y no vas a explotar, no vas a usar la lengua para mal y no vas a airarte, sino que vas a intentar entender su punto de vista, intentar mantener la relación basándose en el amor de Cristo.
Una comunidad caracterizada por amor. Eso realmente es lo que Santiago está enfatizando. Es que el creyente debe demostrar sabiduría al escuchar mucho y al hablar poco. Nos dice Proverbios 17, versículo 28. Proverbios 17, versículo 28. Aún el necio Cuando calla, es contado por sabio. El que cierra sus labios es entendido.
Es la idea de... de... usa tu boca con cuidado. No explotes, no hables tu opinión siempre, sino... Calla, ¿no? Por eso dice, aún el necio, cuando calla, es contado por sabio. Y es que a través de las escrituras nos menciona la importancia de frenar la boca, porque la boca tiene mucho poder para dañar. Y por ello, como en Proverbios 10, versículo 19, en las muchas palabras no falta pecado. más el que refrena sus labios, es prudente". Esos es Proverbios 10, versículo 19. Proverbios 13, versículo 3, el que guarda su boca, guarda su alma, más el que mucho abre sus labios, tendrá calamidad. Esos es Proverbios 13, versículo 3. Proverbios 17, 27, el que ahorra sus palabras, tiene sabiduría. De espíritu prudente es el hombre entendido. En Proverbios 29, versículo 20, Proverbios 29, 20. ¿Has visto el hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él.
Entonces ahí, esos son algunos textos que resaltan esa idea de guarda tu lengua del mal, o sea, protege tu boca. Porque como nos dice ahí Proverbios 10, 19, en las muchas palabras no falta pecado. Y lo que Santiago resalta es que la lengua Es un componente importante para la fe genuina. O sea, se demuestra... Demuestras... De la manera que hablas, demuestras tu fe.
Por eso, en Santiago 3.10, de una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. Está diciendo de la misma boca. No deben de proceder lo malo y lo bueno. O sea, el creyente genuino debe siempre hablar lo bueno. O en Santiago 4, versículo 11, hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga la ley. Pero si tú juzgas a la ley, no eres sacedor de la ley, sino juez.
Entonces ahí menciona la importancia de no murmurar de los otros y no usar la lengua correctamente, porque como leí antes, allí en Santiago 1, 27, si alguno se cree religioso entre vosotros y no refrena su lengua, sino que engaña en su corazón la religión del tal es vana. O sea, reflejas la fe de la manera que usas tu lengua, de la manera en que vives.
Porque la escritura hace esa conexión entre la ira y las palabras inapropiadas. Donde rápidamente, al usar palabras inapropiadas, se vuelve y tiene conexión con la ira. Por eso ese texto que leía antes es Proverbios 17, 27. El que ahorra sus palabras tiene sabiduría. De espíritu prudente es el hombre entendido. Y ese... ese término ahí traducido prudente tiene la idea de tranquilo, de sereno, de calmado.
Entonces, aquel que es entendido es el que no se aira rápidamente. Aquel que es sabio no se aira rápidamente. Porque el... el enojo muestra la necedad. El enojo muestra la necedad. Por eso en Ecclesiastes 7, versículo 9 dice, no te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios. Entonces, el enojo muestra la necedad. Es que el enojo suele llevar al descontrol de la boca. nos enojamos, nos frustramos en una situación, nos enojamos y quizás durante un tiempo lo guardamos dentro pero eso, como sabéis, es como una olla hirviendo que va hirviendo y ya se va notando que va subiendo la presión y entonces explotamos con la boca entonces, por ello, el enojo lleva al descontrol de la boca por eso hay que responder adecuadamente y es que responder inadecuadamente muestra orgullo no estar dispuestos a oír el punto de vista de otro, o oír cuando otros hablan, muestra orgullo.
Y Santiago deja claro que por la gracia de Dios y por la hora del Espíritu Santo, el creyente puede someter sus emociones a la voluntad y a la palabra de Dios. O sea, el creyente puede actuar correctamente, puede usar su boca correctamente, puede controlar la ira y no irarse, sino agradan a Dios. Pero tiene que poner en práctica la Escritura, tiene que someterse al Espíritu Santo y poner atención en las necesidades de otros, en vez de en las suyas propias. Como nos dice Filipenses 2, del 3 al 4. Nada hagáis por contiendo por vanagloria. Antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores al mismo. No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.
esos filipenses 2 del 3 al 4 donde menciona la importancia de actuar con humildad y entonces vas a tratar a los demás como superiores a ti mismo esa es la actitud que debemos de reflejar porque eso es lo que hizo cristo con nosotros y por ello por la gracia de dios y la obra del espíritu el realmente el podemos someter nuestras pasiones a Dios. Y Dios es quien nos transforma y transforma incluso nuestras emociones para glorificar a Dios.
Entonces, por ello aquí en Santiago 1, versículo 19, dice por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. Entonces, Lo que Santiago nos deja claro es que sí puedes. Porque quizás estás aquí y dices, es que no lo puedo controlar. Es que a mí me dan un pisoteo en el trabajo y les meto un puñetazo. O a mí me insultan y ¿sabes qué? Pues yo les insulto de vuelta. O a mí me hacen algo y te aseguro que lo van a recordar porque me voy a vengar. Esa no es la actitud correcta. Y lo que Santiago deja claro es que Dios, si has puesto tu fe en Cristo como Señor y Salvador, Dios te da los recursos para agradarle, para vivir para Él. Pero hay que someterse a Dios. Debemos de someternos al Espíritu Santo. Debemos de poner en práctica su palabra. Y nos dice y explica la razón por la cual el creyente debe ser lento para irarse. Nos lo menciona ahí versículo 20. Dice, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. ¿Vale? Aquí cuando menciona justicia se está refiriendo a lo que es recto delante de Dios. ¿Vale? Y ese término obra tiene que ver con la idea de producir o de hacer, de trabajar, de realizar lo que es recto delante de Dios. Entonces, hacer la justicia de Dios es hacer lo que le agrada. La ira del hombre es lo opuesto a lo que agrada a Dios. Por eso aquí nos dice, la ira del hombre no obra la justicia de Dios. O sea, la ira del hombre no produce conducta que sea agradable delante de Dios.
Entonces, por eso tenemos que protegernos, porque esa reacción inicial del hombre, si no se protege, suele ser mala. Suele ser mala. Te ofenden y esa actitud, si no lo controlas de inmediato, va a ser mala. Porque el pecado que tienes dentro te guía a hacer lo que es malo delante de Dios. Y la ira produce hechos pecaminosos. Como se dice Santiago, capítulo 4, del 2 al 3. Codiciáis y no tenéis. Matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar. Combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. no pedís y no recibís porque pedís mal para gastar en vuestros deleites. Eso es Santiago 4, del 2 al 3, donde se está enfocando en aquellos que son tan orgullosos, que piensan en sus propios deleites, piensan que su opinión es la más importante, piensan que ellos saben mejor que los demás, entonces rápidamente se airan, rápidamente usan la lengua para mal. Y eso lleva a toda clase de pecados, de hechos pecaminosos. Y lo que Santiago resalta aquí es que la ira del hombre no refleja el carácter santo y recto de Dios. Por eso nos dice, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Hay que entender que Santiago no está condenando la ira santa, ¿vale? La ira santa que se refleja contra el pecado. porque vemos a Jesús mismo airándose, incluso Dios mismo se aira contra el pecado, pero es contra el pecado. Él actúa con ira, pero es para castigar, y su carácter santo hace no pecar, ¿no? Entonces, es ira santa, como por ejemplo vemos ahí en Marcos 3, del 1 al 6, nos mencionan que entró Jesús en la sinagoga y había allí un hombre que tenía seca una mano, Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca, levántate y ponte en medio. Y les dijo, ¿es lícito en los días de reposo hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o quitarla? pero ellos callaban entonces mirándolos alrededor con enojo entristecido por la dureza de sus corazones dijo al hombre extiende tu mano y él la extendió y la mano le fue restaurada sana y salidos los fariseos tomaron consejo con los erodianos contra él para destruirle esos marcos 3 del versículo 1 al versículo 6 donde vemos que Jesús se airó, pero su ira es santa.
Por eso, en Efesios 4, del 26 al 27, nos puede decir, airaos, pero no pequéis. O sea, puedes tener ira y no pecar, pero nosotros, al ser pecadores, no es muy común que tengamos ira santa. Y por eso hay que tener cuidado. Dios es santo y puro y perfecto. Él sí puede airarse de una manera santa porque Él es recto y Él sabe lo que realmente es justicia o no. Nosotros distorsionamos la justicia. Entonces nos airamos y pensamos que estamos orando justicia cuando la realidad es que simplemente estamos defendiendo nuestro punto de vista. Entonces, esa es la diferencia. Entonces, Santiago no está condenando la ira santa. Esa ira santa se refleja contra el pecado. La cuestión es que nosotros usamos la ira incorrectamente e intentamos defender nuestro punto de vista. Nos intentamos defender a nosotros mismos. Y por ello, la ira del hombre normalmente no es agradable a Dios. Y lleva toda clase de pecados.
Por eso, en... El apóstol Pablo, como por ejemplo en Colosenses 3, 8, nos dice que debemos de desechar o dejar la ira. Y es que sólo Dios puede controlar, ¿no? Puede controlar la ira y a Dios le pertenece la venganza. ¿No? Sólo Dios puede vindicar al recto con su ira, sin pecar.
Y por eso debemos dejar la venganza en sus manos, como nos dice el Deuteronomio 32, versículo 35. Mías la venganza y la retribución, a su tiempo. su pie resbalará, porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura". Eso es Deuteronomio 32, versículo 35. Entonces, Dios está hablando y dice, la venganza es mía.
Entonces, no tomes la venganza en tus manos. ¿Por qué? Porque eres pecador y vas a fallar. Y tú piensas que te estás vindicando y estás haciendo justicia, pero la realidad es que por tu pecado estás distorsionando la justicia rápidamente, lo distorsionas. Entonces déjalo en las manos de Dios. Él es el Dios justo y soberano. Él sabe exactamente lo que debe de hacer. Él sabe exactamente cuál es el castigo que debe de dar.
Por eso nos dice Romanos 12, 19. Entonces, en vez de enojarte con tu prójimo por arruinar tus planes, recuerda que Dios lo controla todo. O sea, descansa en su control. En vez de pensar que eres muy espiritual, considera si tu ira realmente es santa. Cuando alguien te lleve la contraria, responde correctamente. Cuando alguien te grita, responde con paciencia. Cuando alguien te intenta destruir, espera en Dios. O sea, practica la palabra de Dios con humildad.
Y por ahí aquí en versículo 21 dice, por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Y aquí está resaltando la importancia de aplicar la escritura a nuestra vida para que obre ese cambio. Y lo que tenemos que hacer es desechar o eliminar todo lo malo, todo lo que no agrada a Dios, y entonces vestirnos de lo que sí agrada a Dios.
Ese término ahí traducido, desechando, es un término que se usa para... que se usa para quitar la ropa, ¿vale? Es como... bueno, lo pensáis. A veces tienen un día... quizás vais a hacer un día de limpieza en casa, y entonces cuando termináis el día estáis sudando, la ropa está sudada, llena de polvo... Depende de cómo sea tu casa, ¿no? O sea, depende de cuánta necesidad tenías de limpieza, ¿no? Pero creo que entendéis el concepto de que, o quizás es un trabajo, o habéis hecho algo, un trabajo donde te ensucias la ropa, entonces, ¿qué es lo que necesites hacer? Pues quitarte la ropa, ¿no? Y luego te duchas, y luego te pones ropa limpia. Pues es esa idea. Este término tiene esa idea de quitar la ropa. Y quitar toda esa suciedad.
Por lo cual, desechando toda inmundicia. Ese término inmundicia se refiere a toda clase de suciedad o de impureza. De manchas morales. Y abundancia de malicia. Ese término de abundancia es la idea de que hay exceso, abunda, se desborda. ¿De qué? De malicia. Malicia es depravación moral. Toda clase de maldad. Entonces, hay que desechar eso. ¿Y qué es lo que hay que hacer? Hay que recibir o aceptar mansedumbre. La idea de gentileza, consideración, de humildad. Entonces, desechando lo malo. Desechando todo lo que es impuro. Todo lo que es... malo, esa depravación moral, esas manchas morales, desechando todo eso y vistiéndonos de lo que refleja Cristo, de esa humildad.
Y por ahí dice, desechando toda inmundicia y abundancia y malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada la cual puede salvar vuestras almas. Es que el creyente genuino ha sido rescatado de su vieja vida Y por ello debe de vivir conforme al estándar de la palabra de Dios. Es un proceso de crecimiento, es un proceso de desechar lo malo y vestirse de lo nuevo.
Por ello nos dice Romanos 13, versículo 12. Desechémonos, pues, las obras de las ciñeblas y vistámonos de las armas, vistámonos las armas de la luz. son romanos 13 12 donde muestra ese ese cambio no el quitar lo malo y el vestirse de lo bueno es que santiago realmente está haciendo un llamado a quitarse de la suciedad de la suciedad moral quitarse toda la maldad todo lo que no agrada a dios para servir a dios con fidelidad es como nos dice hebreos 12 Versículo 1. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús.
Esos Hebreos 12, he leído el versículo 1 y la primera frase del versículo 2. Tenemos que despojarnos del pecado, de todo lo que estorba nuestra relación con Dios y vivir en rectitud para Él. Es que la comunidad de creyentes debe de limpiarse de los pecados que impiden la rectitud. Cada creyente debe de purificarse. Purificarse de su pecado. Eliminar todo lo contrario a la palabra de Dios. Es necesario quitarse de todas las prácticas moralmente detestables Al igual que uno se quita esa ropa sucia para limpiarse y vestirse con ropa nueva, pues es la misma idea. Es quitar todo lo que desagrada a Dios para vivir de una manera que le agrada.
Esa idea de quitarse el pecado tiene que ver con una lucha activa. Es una lucha activa contra el enemigo donde Bueno, Satanás te tienta o incluso tu pecado interior, tus deseos malignos te tientan hacer lo que es malo y lo resistes y luchas. Es una lucha, es decir, no voy a mentir, sino que voy a decir la verdad. No voy a robar, sino que voy a trabajar honestamente y voy a regalar. Es la idea de desechar lo malo y poner lo bueno. No voy a usar mi lengua para mal, no voy a decir palabrotas, no voy a insultar, no voy a tomar el nombre de Dios en vano, no voy a criticar, no voy a murmurar, etc. sino que voy a decir la verdad, voy a usar mis palabras para edificar, para ayudar, para aconsejar, etcétera, ¿no? Creo que entendéis el concepto, el desechar lo malo para vestirse de lo bueno, de lo nuevo. Entonces esa idea de quitarse el pecado implica esa lucha, es una lucha constante. Es algo que debemos de hacer constantemente, por eso en Efesios 6 nos menciona la importancia de fortalecernos en el Señor y en el poder de su fuerza y vestirnos de la armadura de Dios porque estamos en una batalla. Una batalla espiritual. Y debemos estar alertas, vigilantes. Y por eso Jesús mismo dijo, velad y orad para no entrar en tentación. ¿Vale? Velad y orad para no entrar en tentación.
Viendo la importancia de estar alertas Y eso es en Mateo 26, versículo 41. "Velad y orad, para que no entréis en tentación". El espíritu, a la verdad, está dispuesto, pero la carne es débil. Eso es en Mateo 26, versículo 41.
Entonces, el pecado ataca, ¿vale? El pecado ataca con persistencia, con diferentes disfraces. Y por eso hay que estar alerta. Hay que estar alertas. Porque derribas un pecado y viene otro pecado. Y toma su lugar en este conflicto espiritual. Pero Dios quiere obediencia. Una obediencia práctica. Dios quiere que tengas una vida caracterizada por obediencia. Sí, vas a caer, vas a pecar en este cuerpo de carne. aún pecamos, aún caemos muy cortos del estándar de Dios, pero ahí es cuando debemos de arrepentirnos de nuestros pecados, clamar a Dios para recibir perdón y vivir por Él.
Es una batalla espiritual, es levantarnos y hacer lo que agrada a Dios cada día. Vivir para Dios requiere eliminar lo malo. Es vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, de acuerdo a su palabra, su voluntad revelada. Y es que Dios obra su justicia por medio de su palabra. Por ello, el creyente debe desechar todo lo que le separa de Dios. O sea, todo pecado. Toda práctica del pecado. Hay que eliminarlo de nuestra vida.
Pero hay que recordar, tenemos que depender del Espíritu Santo. Él es quien nos ayuda a vivir de una manera que agrada a Dios. Y desechar lo que es detestable delante de Dios. es que es esencial desechar todas las conductas moralmente degeneradas y es que la idea es quitar esa práctica del hombre natural y reemplazarlo por el hombre espiritual como nos dice Efesios 4 del 22 al 24 en cuanto a la pasada manera de vivir despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos y renovaos en el espíritu de vuestra mente y vestíos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad esos Efesios 4 del 22 al 24 donde dice despojaos del viejo hombre de esas prácticas del viejo hombre esas prácticas del pecado y vestíos del nuevo hombre según Dios en la justicia y santidad de la verdad
Y por ello aquí Santiago nos dice, aquí Santiago 1 versículo 21, por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, y realmente son términos bastante generales, pero se refiere a todo lo que es impuro, a todo lo que es maldad, esas manchas morales, toda clase de pecado, deséchalo. quítalo de ti y reemplázalo por lo que agrada a Dios. Y es que Santiago se enfoca, si notáis, en la última parte del versículo 21, se enfoca en la influencia de la Palabra de Dios para producir toda buena conducta. Por eso nos dice, la última parte del versículo 21, recibid con mansedumbre la Palabra implantada la cual puede salvar vuestras almas.
Ahora, implantada, ese término implantada no se refiere a algo que cada persona tiene dentro desde el nacimiento físico, ¿vale? No es que ha sido implantado y lo tienen desde el nacimiento, sino la palabra, esta palabra implantada se refiere a la palabra de Dios que ha venido a, que ha sido implantada por la predicación del Evangelio. Esa es la que ha obrado el cambio. nos dice en 1 Tesalonicenses 2.13 por lo cual nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros la recibisteis no como palabra de hombres sino según es en verdad la palabra de Dios la cual actúa en vosotros los creyentes eso es 1 Tesalonicenses 2.13 o sea la palabra de Dios actúa dentro del creyente se va transformando no retorna vacía nos dice Isaías 55 obra y la palabra implantada es la palabra del evangelio que tiene poder para salvar para regenerar para hacer nacer como se ha mencionado el versículo 18 santiago 1 18 el de su voluntad nos hizo nacer como por la palabra de verdad para que seamos primicias de sus criaturas entonces cuando creemos en jesús como señor y salvador dios nos hace renacer, y aquí nos dice, por la palabra de verdad.
Entonces, esa palabra implantada, la cual recibimos al poner nuestra fe en Cristo como Señor y Salvador, esa es la que nos va transformando al conformarnos a su palabra, al conformarnos a la imagen de Jesucristo. Y es que la palabra implantada es el Evangelio. Esa palabra de verdad que convierte, que renace como nos dice 1 Pedro 1, del 22 al 25, habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amados unos a otros entrañablemente de corazón puro, siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
Eso es, bueno, he leído Santiago Perdón, he leído 1 Pedro 1, desde el versículo 22 hasta el versículo 23, donde vemos la palabra de Dios que nos ha hecho renacer. Nos ha hecho renacer. La palabra del Evangelio que nos ha transformado.
Es que la palabra de Dios toma su morada dentro de los creyentes. Es como Dios por medio de los profetas, en Jeremías. Jeremías 31, versículo 33. menciona, Dios dice, daré mi ley en su mente y escribiré, y la escribiré en su corazón. Y yo seré a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo.
Entonces, lo que Santiago está afirmando es que esto se ha cumplido. Esas profecías del Antiguo Testamento, donde incluso en Ezequiel 36, del 26 al 27, Dios promete dar un corazón nuevo a su pueblo, pues por medio de su palabra él nos hace renacer, nos da un corazón nuevo, escribe su ley en nuestro corazón y debemos de vivir conforme a su ley, conforme a su palabra.
Entonces Dios instala e implanta su palabra en el corazón del creyente y eso viene a ser guía para nuestra vida. El mandato de recibir la palabra Aquí, en este contexto, realmente no es para incrédulos, es para creyentes. Es la idea de, mira, vive de acuerdo al evangelio que has recibido.
Y cuando demuestras que has recibido el evangelio, eso... cuando demuestras tu salvación, demuestras que realmente eres un creyente genuino y por eso nos dice aquí la última parte del versículo 21 esa idea de recibir esa palabra es dejar que impacte e influya a toda área de tu vida
Por eso hay que recibirla con mansedumbre, con humildad. Porque la humildad es lo opuesto al orgullo. Una persona orgullosa no quiere recibir nada de nadie. Aunque esa otra persona tenga mejor consejo, aunque esa otra persona le pueda ayudar, una persona orgullosa no quiere recibir ayuda porque piensa que lo puede hacer solo. No quiere consejo porque piensa que sabe más.
Entonces una persona orgullosa no va a recibir. ni poner en práctica la Palabra de Dios. Por eso hay que recibirla con mansedumbre, con esa humildad. Y con mansedumbre implica que el creyente la recibe en su corazón y la recibe porque se da cuenta de su necesidad. Demuestra que la Palabra le ha transformado y por eso acepta la autoridad de la Palabra de Dios.
Acepta su guía con humildad. y demuestra el fruto del Espíritu. O sea, demuestra esa mansedumbre. Es que la salvación de la que habla, si notáis, dice, la cual puede salvar vuestras almas. Lo menciona en el futuro porque está pensando en esa salvación futura, cuando se complete nuestra salvación.
Está hablando de esa salvación final. Aquellos que han puesto su fe en Cristo como Señor y Salvador, hoy en día ya son salvos. Pero aún así batallamos con nuestra carne, batallamos con el pecado, batallamos con este mundo perverso.
Pero cuando se complete nuestra salvación, cuando pasemos a la eternidad, se completará nuestra salvación y disfrutaremos de la salvación en todos sus elementos. Y eso es a lo que se refiere aquí Santiago. Está hablando de esa salvación final. Por eso hay que recibir el Evangelio, recibir la palabra de Dios. que la cual nos dice puede salvar vuestras almas o sea se refiere a esa consumación de la salvación por ejemplo también lo menciona el apóstol Pedro en Primea de Pedro 1.5, sois guardados por el poder de Dios mediante la fe para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Está hablando de esa salvación final. Será manifestada en el tiempo postrero. Disfrutas de, si has puesto tu fe en Cristo, disfrutas de esa salvación, pero hay elementos que aún no disfrutas y eso se va a completar en el futuro.
Como nos dice 1 Pedro 1.9, obteniendo el fin de vuestra fe que es la salvación de vuestras almas. O sea, está hablando a creyentes que ya tienen la salvación, pero está hablando de esa salvación futura que disfrutarán cuando pasan a la eternidad.
Y entonces por ello aquí vemos la importancia de poner en práctica la palabra de Dios, de desechar lo malo, de vivir en humildad, en mansedumbre. Entonces, en vez de agarrarte al pecado del mundo, arrepiéntete y recházalo.
Cuando escuchas la palabra de Dios predicada o enseñada, recibela con humildad. No la rechaces con orgullo. Cuando escuches el Evangelio, gózate en tu gran Salvador. Cuando leas un pasaje bíblico que te es familiar, no lo descuides. Es palabra divina. Atesórala. Valórala. No descuides tu tiempo en la palabra de Dios.
Por ello tenemos aquí este texto, aquí en Santiago, capítulo 1, desde el versículo 19 hasta el versículo 21, porque nos exhorta a responder a la palabra de Dios con un oído atento, con una boca cuidadosa, protegemos como hablamos, y con una actitud humilde. Recibiendo la palabra de Dios, poniéndola en práctica, viviendo en humildad.
Y por eso la pregunta con la que empecé. ¿Practicas la palabra de Dios con humildad? Vamos a terminar en oración.
¿Practicas la Palabra de Dios con humildad?
Series Santiago
| Sermon ID | 1027251247512835 |
| Duration | 45:23 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | James 1:19-21 |
| Language | Spanish |
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