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El título del sermón es Reconciliando
a los Perdidos, Escritura Romano 5, del 10 al 21, serie La Gracia
Salvadora de Dios. Y esta es la palabra de Dios,
porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios
por la muerte de su Hijo, mucho más habiendo sido reconciliados,
seremos salvados por su vida. Y no solo esto, sino que también
nos gloriaremos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,
por quien ahora hemos recibido la reconciliación. Por tanto,
tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre,
y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió
a todos los hombres, porque todos pecaron. Pues antes de la ley
había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta
cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó
desde Adán hasta Moisés, aún sobre los que no habían pecado
con una transgresión semejante a la de Adán. el cual es figura
de aquel que había de venir. Pero no sucede, pero no sucede
con la dádiva como con la transgresión, porque si por la transgresión
de uno murieron los muchos, mucho más la gracia de Dios y el don
por la gracia de un hombre Jesucristo abundaron para los muchos. Tampoco
sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que
pecó, porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión,
resultado en condenación, pero la dádiva surgió a causa de muchas
transgresiones, resultando en justificación. Porque si por
la transgresión de un hombre, por este reinó la muerte, mucho
más reinará en vida por medio de un hombre Jesucristo, los
que reciben la abundancia de la gracia, y el don de la justicia. Así pues, tal como por una transgresión
resultó la condenación de todos los hombres, así también por
un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos
los hombres. Porque, así como por la desobediencia
de un hombre, los muchos fueron constituidos pecadores, así también
por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. La ley se introdujo para que
abundara la transgresión. pero donde el pecado abundó,
sobreabundó la gracia para que así como el pecado reinó en la
muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia
para vida eterna mediante Jesucristo, nuestro Salvador, nuestro Señor. Padre, te damos gracia por tu
palabra. Abre nuestros entendimientos acerca del primer y el segundo
Adán, las cosas importantes que tenemos que aprender acerca de
ellos. Enséñanos, Padre, lo que significa ser reconciliados.
Enséñanos, Padre, lo que ese reconciliamiento debe traer a
nuestras vidas. Pedimos todo esto en el nombre
de Jesús y para tu gloria. Amén y amén. Pueden tomar asientos,
amados. Nuestro último sermón examinó
la siempre importante doctrina de la expiación limitada, ¿se
recuerdan? Fue un sermón hablando de esta
gran doctrina. El sermón de hoy se centra en
el distanciamiento y la reconciliación. Aprendemos que el hombre se alejó
de Dios a través de nuestro primer padre, Adán. Específicamente,
el pecado original contaminó tanto a la humanidad que la comunión
con Dios se volvió imposible. La buena noticia de nuestro pasaje
es que Dios vence la maldición del pecado original y trae vida
a través del segundo Adán, Jesucristo. Ese será el tema de hoy. Así
que miremos la reconciliación en el versículo 10. Dice así
la palabra de Dios, porque si cuando éramos enemigos fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su hijo, mucho más
habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. El tema de este versículo tiene
que ver con el tema central de la escritura y eso es hablando
de la reconciliación, el acto en que Dios nos trae para atrás. Reconciliar significa traernos
para atrás a un estado que antes teníamos. Pablo afirma que Dios
emprendió la reconciliación mientras éramos enemigos. En otras palabras,
la condición previa esencial para que tome la reconciliación
a cabo era el distanciamiento que teníamos nosotros con Dios. Antes de nuestra salvación, éramos
enemigos, alejados de Dios. Para reconciliarnos, en otras
palabras, significa que Dios nos tiene que traer para atrás,
porque nos hemos alejado al principio. ¿Tiene sentido esto? Que nosotros
fuimos alejados de Dios y ahora el Señor nos quiere traer para
atrás, cerca de Dios. Esto ocurrió, como usted sabe,
en el jardín. Pero, ¿qué significa que éramos
enemigos alejados de Dios? En el mundo actual existe un
rechazo a la idea de que los humanos sean enemigos naturales
de Dios. Si usted habla con cualquier
persona y usted dice, si usted no cree en Cristo, usted es un
enemigo de Dios, creo que la mayoría de la gente se ofendería
con usted. La mayoría de la gente dice, pero yo no soy un ateo,
yo no escribo libros contra Dios, no estoy activamente peleando
contra Dios, yo no soy enemigo de Dios. A lo mejor no soy religioso
como tú, pero no soy enemigo de Dios. Pienso en él, a veces
oro o rezo, como lo digan ellos, oro o rezo. A veces voy a la
iglesia o la misa y pienso en Dios en general. No estoy para
Dios y no estoy contra Dios. Yo no soy enemigo de Dios. Ese es el problema. La mayoría
de la gente admitirá una indiferencia hacia Dios, pero no su animosidad. estamos cegados a nuestra hostilidad
hacia Dios. Creemos porque no lo amamos y
no lo odiamos que estamos en el medio, que estamos bien. Sin
embargo, la Escritura nos enseña que la indiferencia hacia el
creador y sustendor de la vida es un grave crimen, es un grave
pecado y es enemistad. Y de eso no tenemos un pasaje
más claro que en el Apocalipsis 3 15 al 16, donde el Señor le
recomienda a una iglesia lo siguiente, yo conozco tus obras, que ni
eres frío, ni eres caliente, eres indiferente. No estás frío,
no estás caliente, eres indiferente. Ojalá fueras frío o caliente. Esa oración siempre me tomó a
mí como sorpresa. Quisieras que estuviera caliente,
pues podemos entender eso. O que me odiaras con todo tu
corazón. Pero ¿cómo, dice Dios, me da
ira que te quedes en indiferencia en el medio? Uno diría que indiferente
sería mejor que odiar a Dios, pero Dios dice no, indiferencia
es peor que odiar a Dios. Algo increíble considerar, ¿verdad
que sí? Ojalá, dice Dios, que fueras frío, que me odiaras,
o caliente, que me amaras con todo, pero porque estás tibio,
indiferente. Así puesto que eres tibio y no
frío ni caliente te vomitaré de mi boca Entonces la persona
que admite indiferencia y no amor a Dios no sabe realmente
la profundidad de su pecado Es un gran enemigo de Dios Entonces
el Nuevo Testamento habla de reconciliar porque la reconciliación
con Dios es lo que todo ser humano que está alejado de él necesita
desesperadamente ¿Usted cree esta verdad? Reconciliamiento
es lo que todo ser humano que está alejado de Dios, es lo que
necesitan desesperadamente. ¿Amén? ¿Estamos de acuerdo? Porque
si estamos de acuerdo, eso va a consumir nuestras vidas. Que
esa gente que esté alejada, tráela cerca a Dios, a ver si Dios la
reconcilia. Las Escrituras también nos enseñan
que no solo estamos en enemistad con Dios nosotros, sino para
empeorar las cosas Dios está en amistad con nosotros también.
La guerra es mutua, no es solo de un lugar. El hombre guerra
contra Dios y Dios entonces es enemigo del hombre. Y por eso
le he dicho con cuidado siempre decirle al pecador que Cristo
lo ama. ¿Por qué? Considere la santidad de Dios.
Nuestro distanciamiento es tan grande y nuestro pecado tan ofensivo
que hay un abismo cada vez mayor entre el Dios Santo y el hombre
pecador. Nacimos y hay un abismo, pero
increíblemente grande que nosotros no podemos traspasar. Y mientras
vivimos, seguimos pecando contra Dios y ese abismo se hace aún
más grande, más peor para cruzar. Entonces, no hay ninguna manera
que el hombre se reconcilie con Dios de parte de su propia voluntad. ¿Y cuál es la causa de este distanciamiento
mutuo? Bueno, hay dos causas, el corazón
del hombre y el corazón de Dios. El corazón del hombre, la oposición
del hombre a Dios es impulsada por el mal dentro del corazón
humano, el pecado que él ama. Eso es lo que nos distancia del
Señor. Yo amo el pecado y no amo los santos. Amén. Ese es
todo hombre que conocemos aparte de Cristo. Y la posición de Dios
al hombre está impulsada por su santidad y su odio por el
pecado. Dios está opuesto al hombre en
su condición natural porque Dios es que santo y los santos no
puede permitir tolerar lo inmundo. El hombre está separado de Dios
porque el hombre es inmundo y no quiere venir a la santidad de
Dios. Ahí es el problema. Pueden ver? Ahí está la enemistad.
La posición de Dios al hombre está impulsada por su santidad.
Debemos entender la diferencia. Piénselo bien conmigo, hermanos,
y piénselo de esta manera. No es correcto, es ofensivo que
la criatura, el hombre, esté alejado del Santo Creador. La
criatura ama su pecado más que ama a Dios. Eso es ofensivo,
porque la criatura debe amar a quién? A Dios, porque es santo. Pero, pero, Habiendo dicho esto,
es muy importante que entendamos esto, que no es correcto que
la criatura esté alejada de Dios. Sin embargo, sí es correcto que
el creador se aleje de la criatura pecadora. No es correcto que
el hombre se separe de Dios. El hombre debe buscar la santidad.
Pero sí es correcto que Dios, que es santo, se separe de lo
que es pecaminoso. En otras palabras, si hay ofensa,
si hay una guerra, si está bien Dios estar en guerra con nosotros,
siempre es pecado nosotros estar en guerra contra Dios. Amén. Y es muy importante que reconozcamos
esto. Por lo tanto, la iniciativa para nuestra reconciliación solo
puede venir de un lado. No puede venir el hombre. El
hombre es pecador y ama su pecado. Solo puede venir del santo, que
aunque odie el pecado, hará una manera de santificar al pecador.
Glóriese a Dios por esta verdad. Solo Jesucristo, solo Jesucristo
puede cerrar la brecha. En la cruz, mediante su obra
de propiciación, Jesús reconcilió al Padre con su pueblo. Escuchen lo que, Cristo reconcilió
a quién? Al Padre con su pueblo. Cristo
está en el medio, en la brecha. Aquí está el Dios Santo, aquí
está el pueblo que, pecaminoso que Dios intenta salvar. ¿Y quién
está en el medio? Jesucristo el Santo. Él cierra
la brecha. Él es como el Moisés. ¿Usted
recuerda esa historia en el viejo antiguo testamento? Donde el
Señor le dice a Moisés quítate, salte del lado que yo lo voy
a matar a todos. ¿Han leído esa porción? donde el Señor ha dicho
ellos han ido muy lejos, han pecado muy grave contra mí quítate
del lado los voy a matar a todos y de ti haré causar una nueva
nación y Moses inmediatamente dijo Señor no por favor si tú
matas al pueblo que se lo merece todo hijito va a decir es porque
Dios no tuvo el poder de llevarlo a la tierra prometida tu nombre
estará por el piso todas las naciones se reirán de ti de tu
poder Oh Señor, no. Y Señor, si tú vas a matar a
tu pueblo, dice Moisés, empieza primero con ¿quién? Conmigo. Él se puso entre la ira de Dios
y el pueblo de Dios. Él actuó como ¿quién, amados?
Jesucristo. Varias ocasiones. Otra ocasión,
Moisés viene con el censo y viene Harón y se paran entre la ira
de Dios y el pueblo, actuando como Jesús. Y aquí miramos exactamente
esto lo que hizo Jesús, el hombre distanciado de Dios, el hombre
distanciado de, el hombre distanciado de Dios en el pecado, Dios distanciado
del hombre en santidad, viene el Dios hombre, Dios que cumple
su palabra y hombre representándonos a nosotros y el cierra la brecha
por medio de la cruz. Gloria sea a Dios. Así que cada viernes santo Recordamos
que Cristo pagó por nuestros pecados, hizo expiación por su
pueblo con el sacrificio perfecto y satisfizo la ira de Dios por
completo. La oposición de parte de Dios
terminó. Somos reconciliados porque Dios,
el partido ofendido quedó satisfecho. Eso ocurre en la cruz. Cristo
reconcilia a Dios con su pueblo. Escuche, este es un pensamiento
increíblemente, creo, grande para usted y para yo captar hoy.
Dios es, Dios se reconcilió con nosotros mientras todavía nosotros
estábamos alejados de Él. En otras palabras, no experimentamos
nuestra reconciliación con Dios hasta que termine nuestra hostilidad
hacia Él, cuando Él abre nuestros corazones a la verdad de quién
es Dios. Cuando el Espíritu Santo nos
regenera, nuestros corazones endurecidos se quebrantan y somos
llevados gozosamente a una relación amorosa con el Padre a través
del Hijo. En este punto, ambas partes están
completamente reconciliadas. En otras palabras, Dios, su oposición
contra el pueblo terminó en la cruz, cuando Dios derramó su
ira sobre el Hijo. ahí la oposición de Dios hacia
usted y hacia mí en el futuro se terminó, porque él fue satisfecho. Pero usted y yo caminándose en
el pecado, nuestra reconciliación con él no tuvo acabo hasta que
vinimos a Jesús en el tiempo. En el pasado Dios reconciliado
con nosotros, nosotros reconciliado con Dios en el tiempo que venimos
a Cristo. Y en ese momento entonces la
reconciliación completa, porque ambos partidos están en armonía. Glorie Dios por lo que hizo Jesucristo. Pablo enseña que la muerte de
Cristo nos reconcilió, pero también enseña algo increíble. Miren,
miren los versículos. Pablo enseña que por su vida
resucitada nos salvó. Su muerte reconcilia, su vida
salva. Aprendemos que es una cosa experimental
la reconciliación que viene a través de la muerte de Cristo, pero
cuanto más significativa es la salvación que ocurre a través
de la vida de Cristo. Podemos decir que es la vida
de Cristo, incluso más que la muerte de Cristo, la base de
nuestra salvación. Y vamos a estudiar esto porque
creo que es algo increíble. Mira a Cristo antes de la cruz.
¿Qué hace Cristo antes de la cruz? Cristo vivió una vida perfecta,
una vida de obediencia a la ley por la cual su justicia era merecida,
ganada y sería imputada a los elegidos. Amén. Cristo vivió
la vida de perfección que usted y yo no podemos vivir. Su vida,
su vida marca la perfección que ahora puede imputar a usted y
para mí. ¿Vio lo que es la vida de Cristo?
Él por su vida se gana la habilidad por su perfección de hacerte
a ti, hacerte a usted y a mí perfectos, imputar su perfección
en nuestra cuenta, su obediencia. Gloria a Dios por la vida de
Cristo antes de la cruz. Miremos a Cristo en la cruz.
En la cruz fuimos reconciliados porque tuvimos un mediador que
murió por nosotros. Él pagó el precio por los pecados
de los elegidos de Dios. donde Dios derrama su ira y Dios
está reconciliado con nosotros. Así que la vida antes de la cruz
gana el mérito para usted y para mí. Cristo en la cruz paga por
nuestros pecados reconciliándonos, reconciliándonos. Y después de
la cruz, amados, ese mediador resucitó de entre los muertos
y continúa ahora intercediendo por los santos. ¿Qué pensamiento? Que Cristo ahora mismo, Cristo
ahora mismo, si eres tú de Él, está orando por usted, intercediendo
por usted. Aun cuando usted está alabando
a Dios, Cristo está intercediendo por usted. Porque Él vive, Él
intercede. Amén. Que gloria a Dios que Él
vive. Porque ¿cuánta intercesión necesita
usted? ¿Cuánta intercesión necesito yo? infinita. Cuando estoy durmiendo, Cristo
intercede. Cuando estoy alabando, Cristo
está intercediendo por mí. Cuando estoy pecando, desafortunadamente
pecando, Cristo intercede por mí. Cuando no estoy pensando
yo en Dios en ninguna manera, Cristo está intercediendo por
mí. Su vida, amén, su muerte reconcilia,
su vida salva. Gloria a Dios por esta verdad.
Él es nuestro Rey de Paz. Él vive para siempre y continuamente
representándonos ante el trono, delante del Padre. Por más maravilloso
que fuera la muerte en la cruz, cuanto mayor es la salvación
que tenemos y experimentamos porque Él vive. Amén. Cristo
vive. Él vivió, aseguró la habilidad
de imputar en nosotros su justicia. Él murió y nos reconcilió. Y
Él vive de nuevo y intercede y asegura que nosotros siempre
estemos delante del trono del Padre. Necesitamos amados a Cristo
Jesús en todo aspecto, en el pasado, presente y futuro. Amén.
Cristo es nuestro todo. El versículo 11, mire el gozo
que debe traer la reconciliación. Y no solo esto, sino que también
nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
por quien ahora hemos recibido la reconciliación. El resultado
de la reconciliación debería ser un gozo indescriptible. La vida cristiana, del principio
a fin, debe ser gozosa. Tenemos mucho de qué agradecer. Mire lo que dice Felipense, regocíjense
en el Señor siempre. Otra vez, por si no lo escucharon
la primera vez, regocíjense. Este es un mandamiento, amén.
Pablo no dice, ustedes deben regocijarse. ¿Qué dice él? Regocíjense,
es un mandamiento de Dios. El cristiano debe estar siempre
lleno del gozo de su salvación. Pero sé que ustedes son inteligentes
y sé que están pensando algunas cosas. Usted diría, Amado, a
veces podemos tener motivos para quejarnos. Mira, a veces las
cosas están malas. Nosotros como joven vivimos en
un mundo de malas noticias. A veces viene el timbre. A veces
viene alguien que toca. Mira que tu negocio se quemó.
Mira que tus mulas se murieron. Mira que tus animales fueron
captados. Mira que tus servientes fueron
matados. Mira que tus hijos han muerto.
A veces vienen así. las malas noticias, ola tras
ola tras ola. Vivimos en un mundo caído, un
mundo de malas noticias. Sin embargo, incluso en medio
de las circunstancias difíciles, el mandamiento es regocíjense
siempre. Y usted dirá, pero pastor, es
que entonces tenemos que caminar con una sonrisa en la boca y
todo está bien. Se murió, mis hijos. Gloria a
Dios. Es lo que Dios espera de mí,
que sea un robot, que no tenga sentimiento, que no me duela
el corazón. Absolutamente no. Recuérdese, el versículo más
corto en la Biblia. Cristo lloró. No fueron lágrimas
de regocijo, fueron lágrimas de luto, de dolor. Amén. Y la palabra nos manda
a regocijense con aquellos que se regocijen la mente con aquellos
que están lamentando. Amén. Y miramos a Jeremías, el
profeta de las lágrimas, como le dicen mucha gente. Y miramos
las dificultades de Cristo en la cruz. Cristo no estaba sonriendo
diciendo, ay Padre que bonito este dolor. No. Él sudó gotas
llenas de sangre. Él le dolió los clavos. Entonces,
¿cómo podemos regocijarnos cuando a veces la vida nos pega, parece
tan duro? ¿Cómo es que tenemos que regocijarnos
en el Señor siempre? Y aquí habla algo importante,
y la importancia se encuentra en esto, amados. Aún cuando estamos llorando,
podemos tener el gozo de saber quién nos salvó y en qué posición
estamos en él. Amén. Y el mundo lamenta sin
esperanza, pero nosotros podemos lamentar y todavía mirar a aquel
que ha prometido, que él va a quitar toda lágrima de nuestros ojos.
Y en eso hay un gozo, amén. Hay un gozo en saber que estoy
seguro en las manos de quien? De Cristo. Escuchen lo siguiente. Si alzáramos nuestros ojos a
la cruz y a la resurrección, veríamos que el Señor Dios, que
es demasiado santo para mirarnos cuando estábamos en el pecado,
ahora no solamente nos mira, pero nos ama y nos abraza. Nos
abraza y nos adopta. como hijo suyo porque hemos sido
reconciliados. Esta increíble verdad, solamente
esta verdad de que la vida de Cristo continúa marcando una
diferencia para nosotros. Que Cristo aún está en el medio
de los momentos de luto en mi vida intercediendo por mí. Esta
verdad motiva al cristiano a nuevas alturas de gozo indescriptible. Amén. Llegamos al punto donde
si me duele, si estoy llorando, pero también tengo esperanza,
también puedo ver la cruz, también puedo ver la tumba vacía y sé
que Cristo está intercediendo por mí. Y gloria a Dios por su
amor. Amén. Regocíjense. ¿Cuántas veces amados? Siempre. Siempre. Miramos el versículo
12 al 14, donde miramos el pecado original que trajo el distanciamiento
entre nosotros y Dios. El versículo 12 describe la ruina
de la humanidad en solo 35 palabras en español. Escuche estas 35
palabras. Por tanto, tal como el pecado
entró en el mundo por medio de un hombre, Adán, y por medio
del pecado la muerte entró, así también la muerte se extendió
a todos los hombres, porque todos pecaron. Y usted diría, pero
yo no pequé, fue Adán que pecó. Pero Adán es nuestro representante.
Y si él pecó, que hizo usted amado y que hice yo? Nosotros
con el que pecamos. Igual que cuando Abraham empezó
a alabar o darle diezmo a Melchizedek. Y dice cuando el dio diezmo,
sus hijos que estaban en sus extrañas también dieron su que? Diezmo. Y ciertamente el mayor
bendicera a quien? Al menor. Entonces la línea de
los profetas, perdón, de los sacerdotes que vino de Abraham,
era menos que la línea del sacerdocio de quien? De Melquisedec, que
es la misma cosa, representación. Esta palabra es muy importante,
representación, amados. La ruina de que Pablo describe
es la caída de Adán. Pablo nos dice que el pecado
y la muerte se extendieron a todos los hombres porque, como dicen
las palabras finales del versículo, todos pecaron. No dice Adán pecó,
¿Qué dice? Todos pecaron. El verbo pecado
aquí significa una acción completada en el pasado. Nuestro pasaje
trata del pecado original y de cómo ese pecado fue imputado
a toda la humanidad. Y es la primera vez que yo he
usado esta palabra con usted para hablar del pecado. Siempre
cuando hablamos de la imputación hablamos de la justicia de quien?
De Cristo. Cristo imputa a nosotros ¿qué?
Nuestra justicia. Nosotros le imputamos a Cristo
¿qué? Nuestro pecado y somos salvos. Doble imputación. Hemos
hablado de esto ¿verdad? Pero recuérdense que la imputación
empezó en el jardín primero. Adán imputó su pecado. Adán era el representante y él
imputó a todos los que vino detrás de él en el pecado. El pecado
original también es imputado. Por eso necesitamos la imputación
de la que? Justicia de Cristo. Nos enteramos
de que Adán era el representante federal de la raza humana. El nombre Adán significa humanidad,
hombre. Adán su nombre es que hombre. Él representa a todos los que
hombre. Su nombre es hombre en el lenguaje
original. Lo que Adán hizo en el jardín
no fue simplemente para sí mismo, sino para todos aquellos a quienes
él estaba representando. Dios designó a Adán para que
actuara por sí mismo y por toda su descendencia. Dramados, nuestro
individualismo hace que la humanidad rechace la idea de que todos
estamos condenados en Adán, esta representación. La humanidad
cree que no debería haber condenación, sino sin su propia representación
elegida. Pero yo no escogí Adán. No es
justo que Dios me castigue a mí por algo que hizo ¿quién? Adán. ¿Han oído esa objeción antes?
Yo la he oído muchas veces. Yo no escogí a dar, cuando le
hablo a la gente de su pecado original, pero yo no escogí a
dar. Nadie me consultó a mí. ¿Cómo
es justo que yo no escoja a alguien que me represente, que esa persona
falle y que entonces Dios me diga a mí que yo soy culpable?
Eso no es justo. Se oye como un buen razonamiento,
verdad que sí, es falto, pero se oye bien por el principio.
La gente, la gente objeta y dice, Yo no elegí a mi representante.
En otras palabras, no tenemos confianza en que nuestros intereses
estuvieron representados adecuadamente por alguien elegido por otra
persona, sea Dios para nosotros. ¿Cómo podría ser justo que Dios
designe a un hombre para representar a todos los tipos de personas
y culturas y lenguas y maneras de pensar cuando esas gentes
ni siquiera tenían voz en su elección? No es justo. Dios no
me debe imputar a mí el pecado de Adán. Yo no escogí a Adán.
¿Qué respondemos a esto? Bueno, la verdad. ¿Cuál es la
verdad? Cuando Dios seleccionó a nuestro
representante, Adán hizo esa selección de manera infalible
y impecable, sin falta y sin pecado. ¿Por qué? En ningún lugar
del tiempo o del espacio hemos sido representados más perfectamente
que en el Jardín del por representante que Dios eligió para actuar en
nuestro lugar. ¿Por qué? Simplemente no podemos
quejarnos, Adán era el hombre, el único hombre perfecto. ¿Quién seleccionara usted para
representarlo? Ah, Jorge Washington, pecador. Abraham Lincoln, pecador. ¿Cualquier nombre que usted me
dé de toda la historia? Pecador. Cuando Dios seleccionó
a alguien para representarlo a usted, Él le dio perfección. Ese hombre no se quedó perfecto,
pero cuando Dios dio al representante, lo dio perfecto. Al principio,
cuando Dios dio a Adán, perfecto. Al final, cuando Dios dio al
segundo Adán, aún más que perfecto, al Hijo Jesucristo. Cuando Dios
da un representante, Él siempre da ¿qué? Perfección. Si Adán cayó, cualquier otra
persona que usted hubiera destinado hubiera caído a un más peor.
Si este Adán, este hombre perfecto cayó, ningún hombre en la historia
de la humanidad hubiera podido no pecar contra Dios. No podríamos
haber elegido a nadie mejor. Dios nos dio lo mejor que podíamos.
Un hombre tal como nosotros, completamente perfecto, sin el
entendimiento o el conocimiento del pecado. No hay nadie en la
historia que tengas este testimonio. Usted sabe lo que es el pecado,
usted sabe lo que es el pecado, usted sabe lo… Adán no conocía
el pecado, la desobediencia. El principio, entonces, este
principio de representación está en el corazón y el alma de nuestra
salvación. ¿Qué es lo que nos condena? Nuestro
representante pecó. ¿Qué es lo que nos salva? Nuestro
perfecto representante tuvo éxito. debemos tener cuidado de no rechazar
el principio de la representación, porque si lo hacemos, habremos
rechazado nuestra única esperanza de la salvación. En otra palabra,
tenemos que ser consistentes. Si yo digo, Adán no me representó
a mí, yo no lo escogí a él, entonces Cristo no te puede representar
a ti, porque tú no lo escogiste. ¿Y vas a ir a dónde? Al infierno. O estás en Adán para poder estar
en Cristo, o estás fuera de Adán y no tienes a Cristo y vas a
ir al infierno. Esas son tus dos opciones. Adán representó
a toda la humanidad y él fracasó. Pablo, entonces, hace una afirmación
sorprendente. Él dice, ¿y qué tal entonces
el pecado que se tomó en cuenta cuando no había ley, antes de
la ley? ¿Cómo esos humanos fueron condenados? ¿Cómo fueron condenados
los que estaban caminando con Abraham en el tiempo de Abraham
que no creyeron en Dios. Ellos no tenían la ley. La ley
me enseña mi necesidad de Dios y si no hay ley cómo voy a saber.
La ley me enseña que él es el pecado y sin la ley cómo entonces
iba a saber que estaba pecando. ¿Cómo fue condenado ese grupo
de gente antes de venir la ley? Una buena pregunta ¿verdad? para
considerar. Pero sí, ¿cómo fueron condenados si no tuvieron la
ley? Si la muerte es la consecuencia natural del pecado y el conocimiento
del pecado Viene solo a través de la ley. ¿Cómo morirán los
hombres y las mujeres antes de que tuvieran la ley? Y la respuesta
es bien simple. Porque nuestra pecaminosidad
en Adán. ¿Pueden verlo? ¿Qué dice la palabra? Todos pecaron. ¿En quién? Adán. Adán, su pecado es nuestro pecado. Toda la raza humana se encuentra
bajo la ruina del pecado original. Toda la humanidad pecó en Adán.
Usted, tenemos que entender qué grave fue el pecado de Adán.
Yo le diría a usted que es más grave pecado que cualquier otro
pecado en toda la historia humana. Y usted me diría pero que tal
de los hombres que mataron a Cristo. Ese tiene que ser más grave de
lo que hizo Adán. Y yo le diría, mi opinión y esa opinión, creo
que lo que hizo Adán fue peor. Y la razón es, escuchen por favor,
los hombres que mataron a Cristo eran ya qué, pecadores. El pecador
solo puede caminar y actuar en su qué, en su pecado. Pero el
hombre que falló a Dios en el jardín, ese hombre no tenía pecado. Pueden ver que esta tragedia,
lo que ocurre en el jardín, Destruye, manda a millones y a millones
y a millones de seres humanos al infierno. Algo terrible ocurrió
en el jardín y tenemos que ponerlo en la mente. Toda la humanidad
pecó en Adán. Nuestra unidad con Adán nos condena
incluso antes de que cometamos pecado real. Por eso la gente
dice ¿Y qué tal de los bebeses? ¿No han cometido pecados? ¿Son
santos? ¿Son lindos? Recuérdense, nacemos ya condenados
¿En quién? En Adán. Y por eso es tan importante
que usted sea un padre cristiano. Porque la palabra del Señor enseña,
y hablaré de esto un poquito nada más, que los hijos de nosotros
son santificados por nuestra fe hasta que el Señor los salve
o caminen con el Señor. Es algo increíble considerar.
Amén. No dice nada de los niños que vienen de hogares perdidos. Es algo terrible considerar cuál
puede ser el fin de ellos. Pero de los niños que crecen
en familias nacidas en hogares cristianos, Parece que el Señor
los santifica. Como dice David de su hijo, yo
iré a él, pero él no regresará a mí. Confiado estaba David,
que su hijo estaba ¿con quién? Con el Señor. Amén. Gloria a
Dios por ello. Bueno, amados, regresamos otra
vez a esto. Antes de yo aumentarle al pecado
original, mi propio pecado, ya estoy condenado por el pecado
original. Esta es la naturaleza del pecado
original. Nos condena desde el útero, mira
lo que dice el Salmo 51.5, yo nací en Iquidad y en pecado me
concibió mi madre. El salmista no está diciendo
que su mamá y su papá pecaron en tener relaciones como hombre
y mujer, casados y producir un bebé, él no está diciendo que
ellos pecaron en el acto de amarse el uno al otro, lo que él está
diciendo que sean sus padres lo que sean, vamos a decir hombre
que ama al señor, mujer que ama al señor, ambos eran pecadores.
Y el pecador con el pecador solo puede producir un que? Otro pecador. Es lo que está diciendo él. Un
pecador, una mujer pecadora con un hombre pecador, la solo puede
producir que? Un niño que sea pecador. Es obvio lo que está diciendo
aquí el salmista. 58.3 Desde la matriz están desviados
los impíos. Desde sus nacimientos se descaerían
con los que hablan mentira. Ah, dice usted, sí, pero eso
dicen los impíos, sí, pero qué éramos nosotros antes de venir
a Cristo. Impíos. Esto habla de toda la humanidad.
Amén. Gracias a Dios que Dios ha salvado a alguno de nosotros.
Pablo enseña entonces que el pecado de Adán fue contado y
transferido, imputado a toda la raza humana. Por lo tanto,
cada ser humano nace culpable, nace pecador. Pero el versículo
15 al 19 es la buena noticia, el rescate del hombre, el rescate
del hombre por medio de Jesucristo. Mire, mire aquí, cuando dirigimos
nuestra atención de Adán al Adán del Nuevo Testamento a Jesucristo,
vemos al representante que nunca cedió a los pecados de la serpiente,
sino que vivió una vida de perfección una vida de obediencia, no solo
por sí mismo, sino por el bien del pueblo a quienes vino a representar,
reconciliándonos y salvándonos. Gloria a Dios por el segundo
Adán. El primer Adán dejó la raza humana en ruinas. El segundo vino a salvar y traer
vida eterna. Nuestro rescate llegó a través
de un segundo y mucho mejor Adán. La última frase del versículo
14 nos dice que Adán era un modelo, un tipo de aquel que había de
venir, Jesucristo. El segundo Adán, Jesús, era completamente
diferente al primer Adán. Su única simultud fue que las
acciones de ambos afectaron a innumerables seres humanos. Pero miren la
diferencia. El primer Adán nació perfecto. El segundo Adán también nació
qué? Perfecto. Pero el primer Adán se hizo imperfecto. El segundo Adán se quedó, ¿qué?
Perfecto. El primer Adán comió y trajo
muerte. El segundo Adán no comió para
traer vida. No solo del pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que salga de la boca del Señor cuando fue
tantado con la comida. Ambos fueron tentados con comida.
Uno tuvo acceso al otro. El primer Adán estaba en el jardín.
Lo tenía todo. No le faltaba nada. El segundo
Adán estaba en el desierto y le faltaba todo lo que era necesario
para la vida. 40 días y noches sin comer o
tomar nada. Imagínense. El primer Adán desobedeció
creyéndose y haciéndose, tratándose de hacerse un Dios. Cuando tú
comas de eso, tus ojos serán abiertos y serás como Dios. El
segundo Adán siendo Dios hizo un hombre, hizo mío. Pueden ver la diferencia, el
antitipo que es el primer Adán y el segundo Adán. A Adán se
le puede llamar un antitipo de Cristo porque lo que es cierto
para Adán solo lo es para Cristo en el sentido opuesto. Nunca
debemos cometer el pecado de ver el primer y el segundo Adán
como perfectamente iguales. Ese es el pecado realmente de
los mormones. Ellos miran a Satanás y a Jesús como hermanos. Son
iguales. Ese es un grave pecado. Nuestro
pasaje nos dice que la obra del segundo Adán, Jesucristo, es
mucho mayor que la del primer Adán. El pecado de Adán trajo
muerte, tanto física como espiritual, pero la gracia del segundo Adán
trajo un poder mucho más dinámico, la vida eterna. Cristo acabó
con la muerte y restauró lo que había sido destruido por el pecado
original. En el día que tú comas, ciertamente
¿qué? Morirás. Pero ¿qué ofrece Cristo? Vida
eterna. ¿Puede ver? Cancela ¿qué? La
maldición. Cancela la maldición. Gloria
a Dios por ello. Considere la gran obra de Cristo,
el versículo 16. Mire el versículo 16. donde miramos
la obra de Cristo es mucho más poderosa que la de Adán. El versículo
dice, tampoco sucede con el don como lo que vino por medio de
aquel que pecó, porque ciertamente el juicio surgió a causa de una
transgresión resultando en la condenación, pero la dádiva surgió
a causa de muchas transgresiones resultando en justificación.
La transgresión de Adán trajo la muerte a toda la humanidad,
pero la muerte de Jesús perdonó a innumerables transgresores,
a los elegidos de Dios. Gloria a Dios. Uno trae muerte,
otro trae ¿qué? Vida. ¿Qué es más poderoso, muerte
o vida? La vida. Glorias a Dios. Versículo 17
enfatiza que la obra de Cristo es mucho más eficaz que la transgresión
de Adán. Mire el versículo 17. Porque
si por la transgresión de un hombre, por este reinó la muerte,
mucho más reinará en vida por medio de un hombre, Jesucristo.
los que reciben abundancia de la gracia y el don de la justicia. Cristo da al hombre mucho más
de lo que un hombre perdió en el huerto de Edén. Más de lo
que Adán jamás tuvo, la bendición que viene de Cristo es infinitamente
mayor. El creyente en Cristo recibe,
dice la Palabra de Dios, abundancia de gracia. No solamente gracia,
amados, abundancia de gracias sobre gracias sobre gracias,
don gratuito de justicia, la capacidad de reinar en vida eterna
a través de Cristo. Gloria a Dios. Adán trae muerte,
trae esclavitud, Cristo trae vida, trae libertad. Los versículos
18 y 19 resumen la grandeza de nuestro rescate cuando dice así
pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos
los hombres Así también, por un acto de justicia, resucitó
la justificación de vida para todos los hombres. Porque así
como por la desobediencia de un hombre, los muchos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los
muchos eran constituidos justos. Adán, en desobediencia, quiso
ser igual con Dios. Esa fue la tentación que le trajo
Satanás a la mujer. es que Dios no quiere que tú
comas, porque sabe que el día que tú comas, serás tú como quién,
como Dios. Y la mujer cuando lo vio y miró
que era deseable para comer y para entendimiento, agarró la fruta
y comió, y se la trajo al esposo. Mira que si tú comes de esto,
tú vas a ser como quién, como Dios. Y Adán agarró la fruta
y comió. Fue un intento del hombre a suplentar
a Dios, a hacerse Dios la caída de Adán. Adán en desobediencia
quiso ser igual con Dios, pero Cristo en obediencia se despojó
del privilegio de ser Dios y se hizo solamente un humano. Considere
Filipenses. Cristo, el cual aunque existía
en forma ya como Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo
a que aferrarse sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo humano, haciéndose semejante a los hombres, y hallándose en
forma de hombre, sumilló él mismo, haciéndose obediente hasta la
muerte, y la muerte en la cruz. ¿Pueden ver la diferencia? ¿Dónde
estaba la obediencia de Adán? No tenía obediencia. ¿Dónde estaba
la humildad de Adán? No había orgullo, quería ser
Dios. ¿Dónde estaba él humillándose? No, él agarró la fruta, quiero
ser Dios. Y Cristo ya siendo Dios se despoja,
se quita los privilegios, se hace uno de nosotros, se humilla
hasta el punto de qué? De la muerte. Pueden ver la diferencia
entre los dos hombres, estos dos representantes. Algo increíble
considerar. Entonces por un lado vemos la
grandeza de nuestra ruina a través del pecado original de Adán y
por el otro el milagro de nuestra salvación a través de Jesucristo.
Si estamos en Cristo, nuestra unidad con Él supera con creces
nuestra ruina y resulta en nuestro rescate para siempre. En otras
palabras, ¿cuál obra fue más poderosa? ¿La caída o el rescate? El rescate. Porque el rescate
trastorna la maldición y la hace ¿qué? Bendición de nuevo. Más poderosa, es más grande. Gloria a Dios por ella. Miremos
entonces para terminar el versículo 20 al 21, donde vamos a ver a
Cristo reinando. La ley se introdujo para que
abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó y abundó
mucho, sobreabundó la gracia para que así como el pecado reinó
en la muerte, así también la gracia reine por medio de la
justicia para vida eterna mediante Jesucristo. Nuestro Señor. Qué lindo pasaje ¿verdad que
sí? Empieza oscuramente, vino el pecado y abundó. Dicimos ¿qué vamos a hacer? Aquí
está el pecado y está ¿qué? Abundando, está creciendo, se
está tragando todo, todo está perdido, pero entonces dice,
pero entonces en Cristo viene la gracia y la gracia ¿qué? Sobreabundó
para conquistar la abundancia del pecado. Gloria a Dios. Amén.
siempre gana Cristo amados. La ley nunca fue dada para hacernos
justo. Escuchen lo que dice el apóstol,
la ley se introdujo para que abundara la transgresión. Pablo deja esto claro y aún lo
enseña en el capítulo 7 y lo aclariza en Galatas capítulo
3 del 21 al 23 que dice los siguientes, es entonces la ley contraria
a las promesas de Dios, de ningún modo, porque si Si se hubiera
dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente
hubiera dependido de la ley. Pero la escritura lo encerró
todo bajo pecado para que la promesa que es por la fe en Jesucristo
fuera dada a todos los que creen. Antes de venir la fe, estábamos
encarcelados bajo la ley, confiándonos, confinándonos, perdón, por la
fe que había de ser revelada. Entonces, donde hay ley, el pecado
abunda, aumenta más tanto en cantidad como en profundidad,
amén. Usted era pecador antes de venir
a Cristo, entonces un día Dios le abrió los ojos a la ley de
Dios y pudo ver qué tipo de pecador. Usted sabía que era un pecador,
pero no sabía qué horrible era de usted de pecador. Y cuando
usted leyó el mandamiento no mentirás, desde ese momento adelante
cada vez que usted mintió Su mentira era peor que las mentiras
antes de saber, porque ahora usted sabe que no era correcto
mentir. Cuando usted no sabía que estaba mintiendo, no sabía,
pero ahora sabe que mentir es un pecado. Y cuando lo hace,
ese pecado es más profundo y es más grande en cantidad. Pueden
verlo, amados. Porque ya que sabemos lo bueno cuando no lo
hacemos, entonces es peor ese pecado. Eso es lo que está hablando
Pablo aquí. Donde hay ley, el pecado aumenta. más tanto en cantidad como en
profundidad. Sin embargo, la ley también nos
acerca a la gracia, porque cuanto más descendemos, más cerca estamos
del quebrantamiento final en donde necesitamos a Cristo. Y
es por eso que en mi evangelización, amados, yo siempre uso la ley.
Especialmente cuando a alguien le digo, tú necesitas a Cristo.
Oh no, no, yo soy una buena persona. Oh sí, sí, te puedo dar un examen. Oh claro. y lo llevo a la ley
de Dios. ¿Has mentido una vez en tu vida,
aunque sea una vez? ¿Qué dicen todos? Sí, sí, sí. La Palabra del Señor dice no,
mentiras no, darás falso testimonio. ¿Has mentido aunque sea una vez
en tu vida? Ajá, entonces, ¿a qué hablan todos? Entonces, eres
un mentiroso. ¿Has matado a alguien? No, yo
nunca he matado a nadie, Gloria. Yo estoy bien en eso. Oh, Cristo
Dios, que si miro a una persona de tal manera, lo odio en el
corazón, es equivalente a ser un asesino. ¿Has matado a alguien?
Si, entonces eres asesino. Dos leyes y ya eres un asesino
mentiroso. Tenemos que continuar. Amén. Vio la necesidad de la ley porque
la ley te enseña que profundo es tu pecado. Es absolutamente
necesario. Por eso Pablo dice victoriosamente
aquí. Él dice la ley también nos acerca
nos enseña nuestra necesidad y dice Pablo Víctor Rosiamente,
pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia. La palabra traducida sobreabundar
es difícil de traducir, representa una gracia interminable y desbordante,
una gracia que no conoce el límite, es una gracia que corre y corre
y corre y llena, es imposible de parar, una llave de agua que
se rompió. y el agua sigue corriendo y no
hay una manera de apagar esa agua. Sobreabundó la gracia de
Dios. Con Dios la gracia es siempre
más abundante que el pecado. ¿Has pecado contra Dios esta
semana? ¿Te sientes terrible? Sobreabunda
la gracia en Cristo Jesús. ¿Has mentido? Sobreabunda la
gracia en Jesucristo. ¿Has tenido actitud incorrecta,
pecaminosa? sobreabunde la gracia en Jesucristo. En Jesucristo siempre sobreabunde
la gracia para los santos. Amén. El pecado abunda, pero
la gracia aquí, amados, sobreabunda, siempre gana. Glória sea a Dios
por esta verdad. Así que no importa cuán grande
sea nuestro pecado, en cantidad o en profundidad, habrán consecuencias,
pero no importa. La gracia de Dios sobreabunda
para los elegidos. Y este es el pensamiento de Efesios
cuando el dice entre ellos los pecadores ustedes también eran
entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las
pasiones nuestras carnes pecados satisfaciendo los deseos de la
carne esclavos y de la muerte y del ambiente y éramos por naturaleza
igual que los demás hijos de ir a lo mismo que los demás no
había ninguna diferencia el pecado que abundaba en nosotros Amén? Abundaba en nosotros. Pero Dios. Amén? Yo siempre circulo esas
palabras en mis nuevas Biblias. Pero Dios. Porque ahí está toda
la diferencia. Pero Dios que es rico en misericordia,
por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos
muertos en nuestros deleitos, nos dio vida justamente con Cristo,
por gracia sobreabundante diría yo, ustedes han sido ¿qué? Salvados. El pecado abundó Pero
la gracia que sobreabundo. Gloria a Dios por esta verdad.
¿Cuál es el propósito entonces de esta gracia? El versículo
21 dice, para que así como el pecado reinó en la muerte, así
también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna
mediante Jesucristo nuestro Señor. Esta gracia de la vida a los
muertos, esta gracia de la vida, perdón, a los muertos, anula
y destruye el pecado original. Yo no soy esclavo. El que el
Hijo le da, lo hace libre, libre completamente que está. Amén. No tenemos que ser esclavo al
pecado ya. Gloria a Dios por esta verdad. El revierte la maldición. Ustedes recuerdan la maldición
que dice en el día que tú comes de esta fruta ciertamente morirás. Antes de Cristo estábamos muertos,
pero en Cristo ahora tenemos vida y vida eterna. ¿Qué tipo
de vida eterna? Juan 10, 10. Yo he venido para
que tengan vida y para que la tengan en, ¿qué tipo de vida? Vida abundante en Jesucristo.
Amado, ojalá que esto tenga sentido para usted, que haya tocado su
corazón como lo ha tocado el mío. Donde el pecado abunda,
sobreabunda la gracia. Gloria a Dios. El primer Adán
fue mi representante, imputó pecado, pecaminosidad, naturaleza
pecaminosa delante de Dios. El segundo Adán, mi representante,
me trajo la vida. El primer Adán me maldice. El
segundo Adán me bendice. El primer Adán me mata. El segundo
Adán me da vida. Amén. El primer Adán destruye. El segundo Adán construye. Le
damos gracias a Dios por esta verdad. Sueremos. Padre, te damos
gracias. Pues la verdad que hemos aprendido
hoy, ojalá que sea de gran bendición a tu pueblo. Que Padre salgamos
aquí llenos del conocimiento de donde abunda la maldición,
donde abunda el pecado, donde abunda lo malo, sobreabunda Padre
la bendición, sobreabunda la gracia, sobreabunda lo bueno.
Te damos gracias Padre que en Cristo nuestro representante
tenemos vidas, que el pecado reginal fue conquistado, que
la muerte que viene de ese pecado original, has cambiado a vida
eterna y una vida en abundancia. Te damos gracias por esta verdad.
Es en el nombre de Jesús y para tu gloria. Amén.
Reconciliando a los Perdidos
Series La Gracia Salvador de Dios
Cristo, el segundo Adán, fue infinitamente mayor que el primer Adán. Donde antes reinaba la muerte, ahora se nos promete la vida eterna.
| Sermon ID | 1022232059135523 |
| Duration | 54:18 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Romans 5:10-21 |
| Language | Spanish |
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