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Primera Timoteo, capítulo seis. ¿Cuál está prendido, hijo, este
o este? Este, ok. La Palabra de Dios dice, comenzando
en el versículo ocho, así que, teniendo sustento y abrigo, estemos
contentos con esto. Porque los que quieren enriquecer
se caen en tentación y lazo. Y en muchas codicias necias estoy
en versículo 9 de 1 Timoteo 6. Perdón, hermano, no sé si les
dije otra cosa. A veces ya no sé ni cómo me llamo. 1 Timoteo
6. ¿Estamos ahí? Porque raíz, versículo 10, de
todos los males es el amor al dinero. el cual codiciando, algunos
se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.
Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia,
la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre. Pelea
la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna.
a la cual así mismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión
delante de muchos testigos. Usa imágenes de los eventos deportivos
que él asistió, donde antes de un evento salía una lista de
todos los participantes y ante muchos testigos para estar en expectativa de quién
obtendría la victoria. Versículo 13. Te mando delante
de Dios en su mandato, que da vida a todas las cosas, y de
Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante
de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni
reprensión hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.
Esta batalla no se acaba, esta pelea no termina hasta que Él
nos lleve con Él o hasta Su aparición cuando Él venga. La cual a su
tiempo mostrará el bienaventurado y solo soberano Rey de reyes
y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita
en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede
ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Quiero hablarles en breve un
mensaje que he estado haciendo hincapié en predicar en todo
lugar donde yo puedo, porque creo que es la necesidad de nuestro
tiempo y nuestro día. Quiero hablarles sobre pelea
la batalla que te mantendrá en la batalla. Pelea la batalla
que te mantendrá en la batalla. Padre mío, ayúdame. Señor, quiero
ser una ayuda, una bendición. Llérame tu poder. Usa tu sierva,
hermano Casillas. Úngelo, mi Dios. Al seguir, en
Cristo Jesús. Amén. El conflicto, la batalla, en
la cual la mayoría de nosotros estamos envueltos, no tiene nada
que ver con lo que el apóstol está hablando aquí. En sí, yo
me atrevo a decir que en este cuarto hay muy pocos que verdaderamente
se encuentran peleando la batalla de la cual él habló. Termina
su ministerio y más adelante dice, he peleado la buena batalla,
he acabado la carrera, guardado la fe. La pelea y la batalla
es por la fe. La pelea y la batalla es por
la fe. Y la pelea y la batalla por la fe no es batalla y pelea
por la fe de alguien más, es pelea y batalla por tu fe y por mi fe. La mayoría de nosotros nos encontramos
en conflicto, nos encontramos en dilema, nos encontramos en
batalla, pero muchos de nosotros estamos enfocados en la batalla
equivocada y peleando cosas que no debemos de pelear. Cuando
la verdadera batalla queda descuidada. Y hermanos, déjenme decirle en
1 Corintios capítulo 9 Por eso es que Él dijo esto, y esto hago
por el Evangelio. Además, había acabado de decir
que el débil se hacía débil para ganar a los débiles. Todo hacía
para que de todos modos pudiera salvar a algunos. Y dice, por
la causa del Evangelio, esto hago. Dice, No sabéis que los que corren
en el estadio todos a la verdad corren, pero uno solo lleva el
premio. Corred de tal manera que obtengáis.
Todo aquel que lucha de todo se abstiene a la verdad para
recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible.
Así que yo de esta manera corro, no a la aventura. De esta manera
peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo
y literalmente está hablando de moretones, está hablando de
golpes que vuelven tu piel morada. De eso está hablando. No sea
que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. He oído cantidad de mensajes
sobre pelea la buena batalla tiene su lugar, tiene su aplicación
y tremendos mensajes pero lo que he oído normalmente
es que se refiere a esta batalla como que la batalla es el ministerio
la obra de Dios y servir a Dios hermanos, déjenme decirles una
cosa yo no encuentro un solo lugar en este libro donde Pablo
consideró servir a Dios una carga ni un solo lugar donde yo veo
que Pablo consideró la obra de Dios, el ministerio de Dios,
una carga. Cuando hablamos de batalla, inmediatamente
pensamos del ministerio, las demandas del ministerio, los
golpes del ministerio, el trabajo del ministerio, hacer presupuestos,
organizar, administrar, estar combatiendo contra cosas exteriores,
problemas internos, pero esa no es la batalla de la cual está
hablando. acababa de advertirle a Timoteo,
Timoteo, no te metas en el conflicto, no te metas en la batalla en
la cual la mayoría de la gente en este mundo está metida. No te metas en aquella vida llena
de batalla y de conflicto por el dinero. Ahí está. Porque hacer eso ¿Ha metido a
gente en tentación y lazo muchas codicias necias y dañosas? ¿Sean
muchos extraviados de la fe? ¿Han sido traspasados de muchos
dolores? Mastúo, hombre de Dios, está
haciendo un contraste. Huye de estas cosas. Pelea la
buena batalla. Y en el versículo 15, versículo
13 dice, te mando delante de Dios. No hay opción. No hay opción,
hay que pelear. Además, hay que pelear. Yo soy un pacifista, pastor. Paz y amor. Hay que pelear. Es un mandato pelear. ¿Pero qué
es aquello contra lo cual peleo? ¿Cuál es mi lucha? ¿Cuál es mi
batalla? ¿Cuál es mi verdadero conflicto? Y lo que Él está diciendo es
esto. Si hay demandas en el ministerio,
si hay grandes responsabilidades y cargas que a veces vienen por
la tarea de servir a Dios y llevar el Evangelio. Pero dijo, eso
hago por el Evangelio porque yo quiero seguir en esta lucha,
yo quiero seguir en esta batalla, por eso es que yo peleo esta
batalla. Vamos, escuchen lo que les voy
a decir. Si un siervo de Dios, algún día Dios guarde, ya no
se encuentra sirviendo a Dios, no va a ser porque no supo cómo
correr autobuses, no va a ser porque no supo cómo administrar
un programa, no va a ser porque necesariamente ni supo cómo predicar
bien, porque hay personas, hermanos, que marean a la gente con su
predicación. Va a ser. porque fueron negligentes
de esta batalla de la cual está hablando aquí. ¿Cuál es esa batalla? Tu hombre
de Dios huye de estas cosas, sigue la justicia, la piedad,
la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre. Esa es la buena batalla. Más, esa es la buena batalla.
Para los escolapios y los teólogos en este lugar, en el contexto
del pasaje, esa es la buena batalla. Y vaya que cuando se nos habla
de pelea, y más son bautistas, nos encanta un pleito. Como cuando
estabas en la escuela y gritabas ¡Fight! ¡Fight! ¿Dónde? ¿Dónde? Nos encanta el pleito.
Nos encanta pelear y saber de pleito. Pero hay muy poca gente
poniendo atención a la batalla más grande y debida a la cual
se nos ha pedido ponerle atención que si descuidamos puede descalificarnos
de estar en esta lucha. ¿Alguien me está entendiendo?
La batalla no es contra todo lo cual usted cree que hay...
Hay un dicho, o sea, hay que luchar en esta vida, sí, pero
¿para qué? En esta vida hay que pelear,
sí, pero ¿pelear qué? La mayoría de nosotros estamos
combatiendo y peleando lo que no debemos de pelear. Cuando
la buena batalla queda descuidada, y nos exponemos de manera que
algún día el enemigo tome ventaje y no podamos llegar a aquel lugar
donde al final el apóstol pudo decir, he peleado la buena batalla,
he terminado mi carrera, he guardado la fe. ¿Cuál es esa batalla? Comienza
a decir primeramente, sigue la justicia. La Palabra de la Justicia habla
de lo que es recto. Habla de lo honesto. Habla de integridad. Pero es una batalla. Ahora, yo
sé que algunos creen que nacieron justos. Y hay algunos que no nacieron
justos pero ya se hicieron. Les brota ser justos. Les brota,
digo. Son automáticamente justos. Yo,
yo tengo que pelear. Es una batalla. Vamos, es una
batalla. Yo tengo que pelear. Esta carne es vil. Y por si acaso
tu mami un día te dijo que tú tenías buen corazón, tu mami
te mintió. Tu mami te mintió. El corazón
es perverso, engalloso. ¿Quién lo conocerá? Por eso dice
la Biblia en el próximo versículo, sólo tú, Jehová. ¿Sabes lo que pasa, hermanos?
El diablo nos agarra la ventaja porque nos creemos mejor de lo
que somos. Nos creemos buena gente. Pero
mi Biblia me dice que hay que pelear. Es una batalla, pelea,
buena batalla. Es batalla y pelea. Ser justo.
Ser recto. No mentir. No hacer tranza, movidas
suecas. Mentirle al gobierno. Es una batalla. Ahora, yo sé
que a ti te broca. Te viene automático y yo me...
yo tengo que pelear. Yo fui a un ATM, una maquinita,
porque mis hijos querían ir a comer y les dije, no tengo dinero.
Dale la maquinita, la maquinita te da. Y fui a sacar 40 dólares de mi
cuenta y después de que le moví a todos los botones allí, pedí
40 dólares, pero esa máquina comenzó a escupir billetes de
a 20 a lo loco. Y yo miré para allá. Y yo miré
para acá. Yo, yo, yo soy bien malo. Tú no. No, tú no. Tú naciste
justo. Y yo olvidé todo eso allí. Y
el Espíritu Santo me decía... ¡Yo sé! ¡Yo sé! ¡Déjame menos
contarlo para ver cuánto es! Yo, yo, tú no. No, tú no. Yo. Yo tengo que pelear. Lo conté. Y por curioso no te
voy a decir cuánto era. Pero era un montón. Yo fui al
presidente del banco, le dije lo que había sucedido, y me miró
como diciendo, ¿qué estás tonto? ¡Corre! ¡El presidente del banco! Su cuenta, señor Salazar, por
favor, está tonto, está loco. Y comenzó a decir, señor Salazar,
no tenemos evidencia que ese dinero ha salido del banco y
si usted no viene a decirnos, no hubiéramos sabido. Dios sabía. Dios hubiera sabido. Pelea la
buena batalla. Sigue la justicia. Sigue la piedad. Y no habla de ser un fariseo,
habla de santidad práctica. ¿Cómo nos comportamos? ¿Cómo
nos tratamos unos a los otros? ¿Cómo tratamos a alguien más?
¿Cómo nos llevamos? ¿Qué vale nuestra disposición? Pero no viene normalmente hay
que pelear. Hay que pelear para ser justo. Es una batalla. Hay que pelear, hermanos míos,
para vivir una vida santa y vivir en piedad, porque nadie nació
piadoso. Hay que pelear. Y por si acaso
se nos ha olvidado, hermanos míos, la carne mala y vana y
perversa todavía está en ti y en mí. Tenemos que pelear. La fe habla de permanencia. Habla
de estar donde debes de estar cuando debes de estar haciendo
lo que debes de estar haciendo. ¿Cómo necesitamos a gente fiel?
Pero hay que pelear. Hay que pelear. Hay que pelear
para quedarte en la misma iglesia, venga lo que venga y pase lo
que pase y no correrle cuando vienen los problemas. No queremos pelear. Dejamos muchas
veces la voluntad de Dios porque se pone difícil. ¿Dónde están
los fieles? ¿Dónde están los que cumplen
su ministerio? Hay que pelear. El amor. El amor. ¿Qué responde usted,
hermana, cuando su esposo le ladra? ¿O es al revés? A propósito, yo siempre me he
puesto a pensar, ¿por qué es que cuando siempre hay un problema,
a nosotros nos toca el sofá? ¿Por qué no se va el sofá a ella?
Es nomás una observación. A mí el sofá me toca, la casa del
perro. La manera de nosotros batallamos
con amar. Este es el concepto de amor que
tenemos. Aquí estoy, ámenme. Aquí estoy, ámenme. Me casé para
que me amaras. Nosotros no sabemos amar. Hay
que pelear en contra de nuestro egocentrismo, nuestro egoísmo
para poder amar. Este hombre está interesado en
una sola persona. Yo, yo soy bien pecador. Aquí
nadie más. Especialmente los reverendos. Pero yo peleo. Porque si Ezequiel
Salazar tiene su manera, yo sólo pienso en mí, me importa sólo
yo. Y aún en mis intentos de expresión
de amor, muchas veces es impuro y hasta con interés. ¿Cómo que
lo amo y no me amo de regreso? Pero ese soy yo. Yo peleo contra
estas cosas. A todos aquí yo sé que les brota
y les viene normal. ¡Hay que pelear! ¡Es una pelea! Esta es la pantalla, esta es
la atención donde Dios nos quiso que nos enfocáramos y hay muy
pocos peleando contra estas cosas. ¡Háblale a alguien de la batalla!
Y normalmente sí, no me alcanzo el dinero. ¡Ay, tengo gente en
las cosas de la iglesia! ¡Ay, me están causando problemas!
¡Ay, mi área es tan dura! ¡Ay, los católicos! ¡Ay, la falsa
religión! Y esa batalla acá, pocos la están
peleando. La paciencia. Pero esa la vamos a dejar porque
hay gente aquí tan paciente. Están mostrando paciencia ahorita
mismo, los veo. Y la mansedumbre. No voy a entrar
a la armadura de Dios que se nos describe en Efesios capítulo
6. Se nos ha dado con qué pelear.
Tenemos armas con qué pelear. Las armas de nuestra milicia
no son carnales. Se nos ha dado con qué pelear.
El problema es que hay muy poca gente levantando armas en contra
de aquello que verdaderamente nos hace daño, mientras tanto
estamos muy prestos y listos para levantar armas contra un
montón de otras cosas, incluyendo el uno contra otro. en vez de pelear la buena batalla.
Por si acaso tú no lo entendiste, déjame aclarártelo. El problema
más grande que tú y yo tenemos, la pelea más grande que tú y
yo podemos enfrentar, las cosas, hermanos, que van a arruinarte
y que te van a hacer daño, la mayoría de ellas son aquellas
que tú tienes dentro de tu corazón. ¿Quién está peleando esa batalla? ¿Quién la pelea? No, por eso
es que estamos tan enfocados en los problemas y las batallas
de alguien más, metidos en los ministerios de alguien más. Uy,
ustedes saben más de la iglesia de alguien más que de tu propia
iglesia. Están poco callados. Puede ser que algunos hasta mandan
espías, porque quieren asegurarse que el otro hermano todavía es
fundamental. ¿Dónde está tu batalla? Sierva de Dios, ¿cuál es tu dilema?
¿Cuál es tu conflicto? y es la falta de atención y la
negligencia a esta batalla aquí, lo que un día Dios guarde, cancela
el privilegio en la vida de un siervo de Dios para estar en
esta batalla. Hermanos, si yo voy a seguir
ganando almas, alcanzando a gente para Cristo, predicando el glorioso
Evangelio de Jesucristo, lo que me va a parar no es todo contra
el cual yo peleo, es ser negligente de esta batalla. Es no ganar
esta batalla. Si pierdo esta batalla, pierdo
el privilegio de estar en esta. ¿Me están entendiendo? El problema
más grande y la guerra más grande que tú tienes es con la persona
que ves en el espejo cada mañana. Pero a ese que ves en el espejo
es al que menos le pones atención. Agarrados con medio mundo. Agarrados
los unos con los otros. ¿Pero quién está peleando esta
batalla? ¿Alguien me está escuchando? Yo recibo correos electrónicos
que yo pienso que ya voy a quemar la computadora. Vamos. Pastor Salazar, por su posición
en el fundamentalismo, vi la necesidad de hacerle saber que
el reverendo fulano de tal, de la iglesia tal y tal, se ha estado
envolviendo en tal y tal pecado, y creo que usted debería decir
algo de la situación. Yo, en primer lugar, ustedes
que hacen eso, no tienen nada que hacer. ¿No tenés nada que
hacer? Yo estoy ocupado. ¿De dónde agarras
el tiempo de andarte fijando de la paga que está en el ojo
de tu hermano? De nada. Cuando de vez en cuando me encuentro
con un siervo de Dios y batallo para decir eso de esa gente.
Ya saben hermano, yo tengo suficientes problemas como para andar investigando
o metido. Somos bautistas independientes.
Deja que la iglesia local se encargue de lo que tiene que
hacer. Todos tendremos que dar cuenta delante de Dios. Yo estoy
muy ocupado peleando contra el que más problema me da y ese
es el que veo en el espejo cada mañana. Yo, yo que yo, soy bien
malo. Tú no. Muy pocos estamos envueltos en
esta batalla. Y por eso el diablo nos agarra
la ventaja. Esta es la buena batalla. ¿Es
la buena batalla? ¿Por quién es nuestro capitán?
¡A ver! Porque ya somos más que vencedores
por él, aquel que nos amó. Y hermanos, termina el apóstol
su ministerio y testifica y dice de nuevo, he peleado la buena
batalla. He acabado la carrera. No comienza
a enumerar sus logros. No comienza a decir, yo he sido
el leccionero más grande en la historia. El cristianismo no
nos dice eso. No comienza a hablar de su experiencia de cómo fue
trasladado al tercer cielo y se le permitió escuchar cosas que
un ser humano no debería o es permitido escuchar. No dijo que
él fue usado por Dios para escribir una gran mayoría del Nuevo Testamento.
No dijo nada de eso. Simple y sencillamente dijo,
eh, guardazo, la fe. Eso es todo. He guardado la fe. Yo quisiera hacerla en el ministerio.
Yo batallo para ser cristiano. Yo. Tú no. No, tú no. Pero yo. Es una batalla. Y Pablo termina
su carrera y su batalla y dice, he guardado la fe. Eso es todo. He peleado para
ser un buen cristiano. Porque de vez en cuando hay algunas
personas que son pastor y cristiano a la vez. De vez en cuando. ¿Qué batalla
estás envuelto? ¿Cuál es tu conflicto? Hermano, siervo de Dios, no es
la gente que te está dando lácteos en tu iglesia. Es más, ponte
a pensar que a lo mejor porque no estás peleando esta batalla,
tú te creaste tus propios problemas. De nada. Yo mañana me voy. Hermanos, hermano Casillas, cómo
admiro la mano de Dios sobre su vida. ¿Cómo admiro la mano
de Dios sobre la vida de Amado Sabedo? ¿Cómo admiro aquellos
que han estado en esta lucha y esta batalla toda una vida?
Yo creo que ellos comprenden lo que hemos estado diciendo
esta noche. Y saben lo que es. Yo quiero terminar bien. Yo quiero terminar bien. Yo quiero
poder decir con la costo le he peleado la buena batalla. he
terminado mi carrera, he guardado la fe. Nada más, nada menos. Y así, caso algo, logré todas
las glorias de mi Dios. Y así, algo se hizo a través
de este siervo inútil, fue Él quien lo hizo de todas maneras.
Yo nada más quiero terminar bien. Pero no va a suceder si yo no
me enfoco en la verdadera lucha y batalla y el problema más grande
que yo tengo. Y eso es contra mí mismo. Deja
de estar echándole la culpa a alguien. Deja de estar apuntando dedos.
Deja de estar haciendo excusas. Deja de estar echándole la culpa
a algo o a alguien. Pelea la buena batalla. Dios los bendiga. Vamos a orar. Todo ojo cerrado
y todo rostro inclinado. No voy a hacer una invitación.
Nomás por seña de mano, ¿cuántos aquí dirían? He estado peleando luchas que
no son mías. He estado poniendo mi atención
en otras cosas que verdaderamente no es lo que debo de estar peleando.
Y todo el tiempo más y más me alejo de la idea de que a lo
mejor el problema soy yo. Pero yo quiero estar en la batalla.
Yo quiero estar en la verdadera batalla, la buena batalla. Y
yo igual, yo igual, Pastor Salazar, quiero terminar un día como el
apóstol diciendo, he guardado la fe. ¿Cuántos aquí dirían,
yo quiero vivir envuelto en esta batalla? Abre esas manos bien
alto, bien alto, bien alto. Padre mío, alza mi mano con mis
hermanos. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros, todo
lo que es nuestro en Jesús y lo que tenemos rodado por ti para
ser victoriosos, para pelear esta buena batalla. Señor, gloríficate
en nuestras vidas. Manténnos fiel hasta el fin.
En el nombre de Cristo. Amén.
Luchando la Batalla
Series Conferencias 2008
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