el libro de Génesis, vayan conmigo
al capítulo 32 del libro de Génesis y escogí el libro de Génesis
para hacérselo fácil a los pastores encontrar el libro en la Biblia y así no pasamos mucho tiempo
en que se tarda en encontrar el libro y vamos a comenzar a leer desde
el versículo 6 y luego vamos a desarrollar una historia aquí
La Palabra de Dios, Génesis 32, 6, si pueden mantenerse sentados
a leer yo la Escritura, me siguen por favor, la Biblia dice así.
Y los mensajeros volvieron a Jacob diciendo, venimos a tu hermano
Esaú y él también viene a recibirte y cuatrocientos hombres con él. Entonces Jacob tuvo gran temor
y se angustió y distribuyó el pueblo que tenía consigo y las
ovejas y las vacas y los camellos en dos campamentos. Y dijo, si
viene Saúl contra un campamento y lo ataca, el otro campamento
escapará. Y dijo Jacob, Dios de mi padre
Abraham, Dios de mi padre Isaac, Jehová que me dijiste, vuélvete
a tu tierra y a tu parentela y yo te haré bien. Menor soy
yo que todas las misericordias y que toda la verdad que has
usado para con tu siervo. Pues con mi callado pasé este
Jordán y ahora estoy sobre dos campamentos, líbrame ahora de
la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo
no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Vamos a
orar, Padre mío, te doy gracias por lo que ya nos has dado y
ahora Espíritu Santo de Dios toma control de este tiempo.
Sé que hermanos aquí han viajado largas distancias, danos fortaleza,
mentes atentas, y Señor ayúdame a mí a hacer una ayuda y hacer
una bendición. En el nombre de Jesús, gloríficate
mi Dios. Amén. Quiero hablarles en breve
en esta noche sobre cómo Dios cambia a un hombre. cómo Dios
cambia a un hombre. Hace unos cuantos años yo recuerdo lo que Dios obró en mi vida,
y me trajo a memoria un montón de cosas que me ayudaron a determinar
el curso, el camino y las decisiones que yo tomaría en el ministerio,
para mi familia y en mi vida. Ven, hermanos míos, cuando yo
le entregué mi vida al Señor Jesucristo, yo pensé que la gente
más feliz y más contenta en todo el mundo iban a ser mis padres.
Yo les daba una vida muy mala a ellos. Mi madre se desvelaba
y lloraba en las noches esperándome, no sabiendo dónde en el mundo
yo andaba. Llegaron varias veces a recogerme en la cárcel. Recuerdo
estando en Puerto Rico y salir del baño y ver algunas cicatrices
en mi cuerpo que había ido un tiempo que no había visto, que
me recordaron las tantas veces que llegué cerca a perder mi
vida por apuñaladas y problemas y pleitos en pandillas en las
cuales yo estaba envuelto. Dios ha sido tan bueno conmigo. Y yo llegué a mi casa el día
que entregué mi vida al Señor pensando que nadie iba a estar
más feliz que mis padres, porque no más iba a darles problemas
ni más quebrantos de corazón, no más mi madre tendría que preocuparse
y derramar lágrimas. A mi sorpresa, no fue así. Mis padres se declararon mis
enemigos. Mi padre me dijo a mí, prefiero
verte como andabas que haber hecho lo que hiciste. Yo oí esas
palabras y me hirieron en una gran manera. Yo no entendía cómo
mi padre podía decir eso. Yo dije dentro de mí, mi padre
me está diciendo a mí, que él prefiere el verme a mí, drogado,
en pandillas, en algún callejón, vomitando el hígado, emborrachado,
ebrio, que haber yo cambiado de una religión que no ofrece
nada más que una bola de mentiras, que no tiene solución para ninguno
de nuestros dolores, nuestras penas y nuestros problemas, y
yo no entendí eso. Y recuerdo distintivamente cuando
Él me dijo, por generación tras generación, eres el primero en
haber traído esta vergüenza a nuestra familia. Hermanos, esas palabras
me hicieron pensar. Cuando Él dijo, eres el primero
en generación y generación, yo me puse a pensar en eso. Y recordé
años atrás en nuestra niñez, y las cosas que yo vi de niño
en mi familia. Recuerdo en el norte de México
nos reuníamos toda la familia, tíos, primos, abuelos, hijos,
y las festividades de Navidad o Año Nuevo, celebrándose llegaban
las cajas de cerveza y de licor Ya más o menos como a esos de
las once de la noche, medio mundo estaba tan loco que ya no podía
ni caminar. Veía a mis tíos agarrados a puño
abierto con mi abuelo. Yo no estoy hablando de discusión,
yo estoy hablando de sangre. Estoy hablando de puño y pleito. Mi abuelo con mis tíos y mis
primos y una sangre. Y nosotros de niños mirando todas
estas cosas. Y luego llegaba como a las once
y media de la noche y alguien decía, ay, hay que alistarnos
para ir a misa de gallo. Y recordé lo que me dijo mi padre. Y dije, sí es cierto que por
generaciones esto ha sucedido en nuestra familia. Hemos sido
una bola de religiosos, pero irresponsables. Una bola de religiosos,
pero majaderos. y borrachos. Y, hermanos, yo
me determiné desde aquel entonces y dije, soy el primero, pero
por la gracia de Dios no voy a ser el último. Por la gracia
de Dios, con la ayuda de mi Dios, yo le ruego y le pido que esto
cambie. El círculo vicioso para aquí. Aquí para. y quiero que por futuras
generaciones mi Dios, lo que tú iniciaste en mi vida, continúe. Pero yo entendí que esto es lo
que yo había recibido y que yo era un producto de ello. Pero hermanos, la Palabra de
Dios nos dice de manera que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es. Y no está hablando de algo que
Dios encontró y medio lo compuso, no está hablando de algo que
Dios reformó, está hablando de una creación completamente nueva. Dios transforma, no reforma,
transforma. Y comencé a ver lo que Dios hizo
y lo que Dios todavía está haciendo en tu vida y en la mía. Hermanos,
quiero decirles que esta semana aquí ojalá que estemos aquí esperando
que Dios obre cambio en nuestras vidas. Tiene que haber cambio
en nuestras vidas, hermanos, porque corremos el peligro en
nosotros crear una generación de bautistas religiosos, pero
que no tienen ni la más mínima distinción o diferencia a la
gente allá afuera que no conoce a nuestro Señor. Yo creo que todos nosotros no
podríamos argumentar que los cambios más grandes que ocurrieron
en tu vida y en la mía ocurrieron los primeros días de nuestra
salvación. Los primeros días de nuestra
salvación Dios obró cambios increíbles y grandes. Pero me atrevo a decir
que hay muy poco que ha sucedido desde entonces. Y si es así, entonces una de
dos cosas ha sucedido, o Dios ya acabó y somos el producto
terminado, y a propósito eso no es cierto,
o hace tiempo que Dios no hace nada en tu vida, y te has conformado
simple y sencillamente a cómo tú eres. ¿Cómo me canso de oír
a cristianos justificar sus actitudes, sus hábitos, su proceder, su
conducta, y decir, pues es que así soy yo? ¿Predicadores? Es que yo soy así. Ah, perdóname. Ahora entiendo, ahora eres justificado. Y hermanos, yo estoy aquí para
decirle a todos nosotros que desde el día que Jesús nos salvó,
está en su voluntad, dice la Biblia, y esa es la voluntad
de Dios, vuestra santificación. Dios tiene el intento de cambiarte
a ti y a mí a ser más y más cada día a la imagen de su Hijo Jesucristo. Pero déjame hacerte una pregunta,
¿qué Dios está haciendo en tu vida? ¿Qué cambios últimamente
puedes marcar y palpar que Dios ha obrado en tu vida? Necesitamos cambio, y quiero
por unos momentos llevarlos por una jornada de un hombre con
quien Dios trató, entendiendo que Dios no trata diferente con
usted y conmigo, y ayudarnos a ver lo que Dios tuvo que hacer
con él para cambiarlo. Quiero que primeramente entendamos
de qué Hay cosas que usted y yo estamos cargando. La gran mayoría
de los que estamos aquí no crecimos en un hogar cristiano. Y venimos
cargando con nosotros un montón de equipaje de allá atrás. ¿Cuánta
gente ha llegado a la iglesia y me dice, pastor, cómo alguien
no me dijo esto hace 30 años? ¿Cómo alguien no me dijo estas
cosas hace 40 años? ¿Cuántos errores he cometido?
¿Cuánta de mi vida he desperdiciado? Y es verdad de que muchos de
nosotros llegamos a conocer al Señor ya a una edad media, ya
algunos más que eso, y ya casi la mitad de la vida se nos ha
ido. y venimos cargando con nosotros un montón de cosas de dónde fuimos
criados, quiénes fueron nuestros padres, cuáles eran los hábitos
y cuáles eran las costumbres que ellos tenían, que nosotros
adaptamos. Hermanos, esa fue la situación
con este hombre que se llamaba Jacob. ¡Qué familita que se cargaba
Jacob! ¡Qué linda familia! Mire, déjeme contarle un poquito
que comienza con que había problemas los papás de
Jacob, Isaac y Rebeca. Tenían unos cuantos problemas
y prejuicios que ocasionaron de que Jacob terminara como terminó. Aquí en la historia que acabamos
de leer se encuentra Jacob pidiéndole a Dios que le ayude porque está
en increíble temor de enfrentarse a su hermano Esaú, quien había
jurado el matarlo. Los padres de Jacob y Esaú fueron
responsables de que estos dos hermanos ahora se encontraban
en esta situación. Ves, Dios le había dicho a Isaac
que era por el menor que Dios iba a cumplir las promesas que
le había hecho a su padre Abraham. Pero Isaac era un necio y era
un terco. Y Rebeca sabía lo que Dios quería
y hizo lo que toda mujer hace, tomó las cosas en sus propias
manos y arruinó las cosas. Ven, comenzó el asunto en que
en la familia había favoritos. La Biblia nos dice que Isaac
amaba a Esaú, porque Esaú era hombre con pelo en pecho, un
cepillote que se cargaba, era cazador, hombre del campo, y
Esaú decía, este es mi hijo, bla, bla, bla. Y Jacob lo amaba Rebeca, porque
Jacob no le gustaba la cacería, él le gustaba la cocina. Así es como lo engañó a su hermano,
le preparó un chile colorado que él aún no pudo aguantar. Pero comienzan estos problemas.
Y venimos cargando de nuestro pasado prejuicios, complejos,
malos hábitos. A propósito, nunca andes comparando
a tus hijos con sus hermanos. Jamás, nunca en la vida tú le
digas a uno de tus niños, ¿por qué no eres como tu hermana?
Mira, pues deberían ser como tu hermano, míralo a él. Cuando
tú le dices eso a una criatura, tú le estás diciendo que tú no
lo aceptas. Ya estás criando prejuicios y
crías un distanciamiento, división y hasta a veces odio entre hermanos
que tú crías. ¿Me estás escuchando? Y así comenzaron
los problemitas. Pero Rebeca, entendiendo que
su esposo Isaac era un terco y estaba aferrado de que Saúl
iba a ser el que tomara la primogenitura y la herencia, ella agarró a
Jacob y dijo, mira, tu papá es un necio, no quiere entender.
Vamos a darle una manita a Dios. El muchacho no quería hacer lo
que le dijo su madre. Las mujeres se creen tan poderosas
a veces. Jacob tenía miedo, y dijo que
si mi padre me descubre, él va a saber que yo no soy Esaú, mi
hermano. Él me ayudó, mi hermano, yo no
tengo pelo, y si me descubre, la maldición que va a venir sobre
mí, y la mujer, como siempre, que se creía tan poderosa, diga,
no te preocupes, yo me lo arreglo. ¿Me están escuchando? Mujer,
mujer, Deja que Dios obre, deja que Dios haga lo que Él tiene
que hacer. Mi esposo no entiende, pastor, mi esposo es un necio.
No te metas, ora por Él, encárgaselo a Dios, deja que Dios haga lo
que Él tiene que hacer. Pero se mete Rebeca a querer
darle una ayudadita a Dios. Termina todo en que Esaú dice
un día, Nomás se muere mi padre y lo mato. ¿Saben por qué no
hay cambios? Porque en primer lugar tú y yo
pensamos que no necesitamos cambios. Y discúlpenme algunos de ustedes
reverendos que yo sé que ya llegaron. Dios mío, yo no sé qué te pasa
a ti, pero yo sé una cosa que lo más y más que yo me acerco
a mi Dios, lo más y más que me doy cuenta que estoy tan lejos
de ser lo que Él quiere que yo sea. Yo tengo una carga increíble
en mi corazón y es el deber que Dios me haga más como Jesús. Yo quiero ser como Jesús. No
lo soy y lo entiendo y lo veo. Y si va a haber un cambio, lo
primero que tenemos que admitir es que venimos cargando un montón
con nosotros del pasado, y a veces lo decoramos, lo santificamos,
le ponemos vocabulario bíblico, pero sigue siendo pecado. Y a
propósito, no se trata de que eres mexicano o no eres mexicano
o eres... Pecado es pecado. Y antes de
que tú seas mexicano, tú eres hijo de Dios y eres cristiano.
La verdad, ¿saben ustedes quiénes...? Es más, ¿saben qué? No digan
que... ¿saben quiénes son los verdaderos
extraterrestres? Nosotros. Este mundo no es nuestro hogar,
hermanos. ¡Es la verdad! ¡Vamos de pasada! Y algunos lucen como extraterrestres. Pero si vamos a ver un cambio,
lo primero que necesitamos entender, hermanos míos, es que hay necesidad
de un cambio. Pablo dijo, no pretendo haberlo
ya alcanzado. ¡Oh, que más de nosotros dijéramos
eso! Tú ya alcanzaste, esa es la razón,
que ya hace tiempo, desde el momento que fuiste salvo, que
Dios no obra algo significante en tu vida. Marca las cosas que Dios ha cambiado
en tu vida últimamente. ¡No puedes! Porque hubo un momento
en que los cambios pararon. Y más te pusiste en el plan de
entender de que otros necesitaban cambiar, pero tú no. Amén. Estamos aquí esta semana para
que Dios nos cambie. Pero si va a haber un cambio
necesitamos admitir. La vida dice hay camino que al
hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte. Y
hay veces que estamos tan aferrados y tercos a creer que estamos
en la razón y que tenemos la razón, pero podemos estar tan
equivocados. Dios sabe lo necio y terco que
somos. Y lo que hace Dios es que nos
lleva por un caminito y una jornada donde si tú y yo no entendemos
la necesidad de nuestro cambio, Él no lo hace ver. Ves, cuando Esaú amenazó a su
hermano, entonces viene Rebeca y sí busca la ayuda del esposo
Isaac. Ella la arma primero, amén, Causa
el problema, y Lola Lina dice al hombre, haz algo, no haces
nada, mire estos dos, ya se quieren matar. Y tú la armas hermana, y no me
mires así porque estás confesando que eres tú. Mira, mira dice tu hijo que va
a matar a Jacob, mandémoslo allá con mi familia, y se va Jacob
a la casa de su tío Labán. Y Jacob dijo... Esto ya se arregló. Poco entendía
Jacob que Dios permitió que él fuera a la casa de su tío para
que él comenzara a probar de su propia medicina. ¡Amén! Llega Jacob allá y se
enamora de una muchacha que se llamaba Raquel. Y Raquel tenía
una hermana que se llamaba Lea. Y suele suceder que le dice a
Labán, tu hija Raquel me interesa, quisiera que me la des como esposa.
Labán dice, bueno es mejor que te la de así que alguien más.
Trabaja menos siete años y te la doy. Me canso, dijo Jacob. eso está
en el hebreo. Pasan los siete años, pasan los
siete años, llega la noche de la boda. ¿Quién dice que Dios
no tiene un buen sentido de humor, hermanos? Dice la palabra de
Dios que amanece después de la noche de matrimonio y la Virgen
declara, y he aquí que era Lea. ¡Ponte a pensar! ¡Despierta! ¡Esta no es! ¿Y sabes lo que hizo Jacob? Jacob que engañó a su padre,
le mintió a su padre, engañó a su hermano, estafó a su hermano,
lo suplantó. ¿Sabes cómo reaccionó Jacob?
De la misma manera que tú y yo. Pero mira nomás este mentiroso
y engañador de mi tío. Amén. Mira, no hay tal cosa como suerte
o coincidencias en nuestra vida. A veces nosotros vemos la vida
de una persona y vemos, ¡ay, pobrecito! ¡Mira qué mal que
le ha ido en la vida! ¡Mira qué mal que la vida lo
ha tratado! ¡Ay, le ha ido tan mal a esa familia! ¡Le ha ido
tan mal a ese hermano! No, hermanos míos, este no es
un asunto de suerto de chiripada. Hay una ley divina que viene
de parte de Dios, y es bien sencilla. No os engañéis. Dios no puede
ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará. Porque el que siembra para su
carne, de la carne segará corrupción, mas el que siembra para el Espíritu,
el Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer
el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos. Hermanos, hemos
sembrado un montón de mala semilla, y luego comienza a salir la hierba,
y todo lo que viene siendo el fruto de ella, y decimos, ay,
¿qué pasó? cuando Jacob se encuentra probando
su propia medicina y ya no le gustó. ¿Me están escuchando? ¿Y qué
pasó si yo te trabajé siete años por Lea, por Raquel y me metes
a Lea? Pues ustedes saben nuestras costumbres.
No podemos dar a la menor sin darla. ¿Pero quieres a Raquel?
Échame otros siete años. A propósito, muchachita, déjame
decirte algo. No te vayas detrás del primer
mocoso que te... ¡Ay, si me amas, lo harías ahorita
mismo! ¡No le hagas caso a ese sinvergüenza! ¡Dale un bibliazo! La Palabra de Dios nos dice que
Jacob trabajó catorce años pero se le hicieron pocos porque él
amaba mucho. El amor sabe esperar. Pero bueno, para no alargarle
la historia, el tío lo engaña, le mete una muchacha en vez de
la otra, le cambia los sueldos, sabrá cuántas veces, abusa de
él al ser su jefe y, mire, le fue a Jacob. Pero hermanos, durante
todo este tiempo, ¿saben lo que decía Jacob? Pero qué injusto,
qué mentiroso y qué engañador es mi suegro. ¿Hasta dónde puede
llegar la gente? ¡Mira quién estaba hablando!
¡Y así te portas tú y yo! ¡Así nos portamos! ¡Estamos tan
atrás! ¡Mira nomás ese hermano! Y Jacob no se daba cuenta que el
que necesitaba cambio era él. Y ahora llegamos al escenario
que acabamos de leer. Porque Dios por fin le dice a
Jacob, Jacob, ya es tiempo que regreses a tu parentela. Y Jacob
se cree en la voluntad de Dios y Jacob dice, ha señor hasta
que me deshago de este mi suegro que es un mentiroso, engañador,
hombre tan injusto. Nunca había visto un hombre tan
mentiroso en mi vida. Regreso a su casa, viene a darle
una noticia y la noticia es éste, tu hermano Esaú viene a encontrarte
y vienen 400 hombres armados con él. La última vez que Esaúl lo había
visto, le dijo, muere mi padre y te mato. ¿Y qué hizo Acos? Lo que tú y
yo hacemos. Señor, ¿qué no me dijiste, vuélvete
a tu tierra? ¿Qué tú no me dijiste, regrésate
a tu parantela y yo te haré bien? ¿Cuál bien? Este va a emanezar
más armas y ahora viene con 400 hombres. Se encuentra Jacob cerca al lugar
donde Dios lo necesitaba para poder cambiarlo. Tú crees que tú no estás en la
voluntad de Dios porque te está yendo mal. Pero tú no sabes que Dios tiene
más interés en cambiarte que en hacer algo a través de ti.
Te lo voy a repetir para que lo entiendas. Dios tiene más
interés en cambiarte que en hacer algo a través de ti. Dios puede
usar a un burro. ¿Me estás escuchando? Porque
ves, Dios sabe que cuando Él te cambie, entonces vas a ser
útil en sus manos. Tú te conformas con decir, Dios
me usa. Sí, y sigues siendo el mismo
y la misma rata que eras antes de que fueras cristiano. Mismo
carácter, misma exposición, mismo espíritu vengativo. ¿Y cuál es nuestra justificación?
Es que así soy yo. Pues eres hijo de Dios. Pero... Pedro hizo. Nosotros le echamos
tanto a Pedro. ¿Saben qué? Pedro caminó en agua. Solo otra persona en la historia
de la humanidad ha caminado en agua. Fue Jesús. Pedro caminó
en agua. A ver, órale. Y le echamos tanto a Pedro. Y
sí, cuando Pedro ve las tormentas y ve los vientos, se asusta y
se conmueve y toma control su temor y comienza a hundirse. Pero él y Jacob tienen algo en
común, que cuando se encontraron en problemas, fueron en búsqueda
de Dios. Tú, mira, tú haces eso, te hundes
como perro. ¡Me ahogo! ¡Me ahogo! ¡Me ahogo! ¡Estoy ahogando! ¡Me
ahogo! Y ahí sigues. No, hermanos, Pedro
nomás comenzó a hundirse y dijo, ¡Señor, sálvame! Y Jacob ahora
viene a Dios y le dice, ¡Señor, Padre de Abraham y Dios de mi
padre Isaac! Tú me dijiste que volviera. Yo
soy menor que todas sus misericordias y las verdades que has usado
para con tu siervo. Líbrame ahora de la mano de mi
hermano, de Saúl, porque le temo. No venga acaso y me hiera la
madre con los hijos." Su vida peligraba. Y al principio
comenzó a formular una táctica militar. Seguía jugando los mismos
jueguitos de parcialidad que le habían enseñado sus padres.
Dividió los campamentos y puso primero a sus siervos y a todos,
y luego puso a la que no quería tanto, a Lea, y atrás puso a
Raquel. Pero después Jacob entendió que
Dios era el que tenía que hacer algo. Dice la Palabra de Dios que tomó, pues, a los campamentos, pasó el arroyo con ellos y con
todo lo que tenía, y el versículo veinticuatro de Génesis treinta
y dos dice, Jacob, qué hermanos. Déjame decirte que los cambios
más grandes en tu vida no van a ocurrir en una conferencia. Ya te has almorzado como veinte
y nada ha sucedido en tu vida. Hay algunos aquí que son expertos
asistentes a conferencias y nada ha cambiado en tu vida. Cambios en nuestra vida vienen
cuando nos encontramos en una manera muy seria a solas con
Dios. Dice la Biblia, Así Jacob se
quedó solo y luchó, ¡luchó! Es una lucha. ¿Por qué es una
lucha? Porque, hermanos, nuestra carne, nuestro orgullo, nuestra
cerquedad, nuestra ceguedad, nuestro rehúso de a veces querer
ver lo que Dios quiere enseñarnos y nosotros no queremos ver. Y la Biblia nos dice que luchó
con Dios, luchaba con el ángel. Pasó toda la noche... Mira, tú
quieres que Dios haga algo en tu vida. ¿Cuándo fue la última
vez que tú buscaste a Dios seriamente? Pasaste toda una noche en oración,
buscándolo y pidiéndole que Él te ayudara y te cambiara. ¿Cuándo
fue? Nos hemos quedado despiertos
en las noches preocupados de un montón de cosas. Pero el raro
es el que se ha quedado luchando con Dios en cuanto a su propio
estado y su manera de ser. Y el ángel dijo, suéltame que
raye el alba. Y Jacob dijo, no te suelto hasta
que tú no me bendigas. Y hermanos, lo que nos falta
es saber cómo agarrarnos de Dios de esa manera. Queremos un serio
encuentro con Dios en una manera casual y no va a suceder, hermanos. Tú no le pegas a un encuentro
con Dios de chillipada o porque te tocó. No, tú vas en una serio
búsqueda de Dios. No vamos a tener un serio encuentro
con Dios si venimos a Él en una manera tan casual. Esta noche
se espera que se tomen decisiones. Y vamos a tener una invitación
y gente va a pasar aquí adelante, pero te voy a decir una cosa,
que eso no va a ser nada. Porque este asunto de lo que
tú tienes como problema en tu vida y en la mía no se arregla
en unos cinco minutos, en una invitación, en una conferencia.
Se toma noches. y desvelos y lucha con Dios. Señor, ayúdame. No, tú no estás en serio. Señor,
mira, claro, mi hermano es Saúl. Sí, eso es lo que te aflige,
tu hermano es Saúl. Tú ves el problema, pero no entiendes
que el problema no es tu hermano es Saúl. No, tú no estás listo para que
yo te ayude. ¡Sí, señores, de plano! Ese mal espíritu. Y por fin, Dios llega a un lugar donde ve
que Jacob está serio de lo que estaba pidiéndole. Y luego le
dice Dios a Jacob algo bien raro. Ahora recuerden, Esaú, cuatrocientos
hombres viniendo en contra de él. Su hermano amenazó a matarlo. Jacob, toda la noche orando,
luchando, buscando que Dios le ayude. Por fin Dios dice, ok,
te voy a ayudar. Y luego dice, Jacob, ¿cómo te
llamas? Señor, Esaú, cuatrocientos hombres. ¿Cómo? ¿Dónde encaja esto con
un me llamo? A veces es una pregunta. ¿Dios
no sabía cómo se llamaba Jacob? ¿Dios no sabía cómo se llamaba
Jacob? Déjeme explicarte algo. En tiempos bíblicos le daban
los nombres a los niños con propósito. Y muchas veces el nombre se le
da a una criatura en predicción de lo que esa criatura iba a
hacer y desarrollar en su vida o características en cuanto a
su persona. Hoy en día los niños los nombramos
porque es el nombre popular del artista novelero, el cantante
fulano y suena muy lindo. Mi hijo se llama Juan Gabriel.
Y estoy tan orgulloso. No, en tiempos bíblicos tenían
propósito con los nombres que les ponían a sus hijos. Allá,
en nuestra iglesia, puros, mire, puro indio con el nopalote en
la frente, y les nace un niño, y dice, ay hermano, qué bendición,
un niño fue, fue un niño, sí. Ay, ¿cómo se llama? Se llama
Johnny. Ah, se llama Juan. No, se llama
Johnny. Perdóname, indio de pata rajada. ¡Ay, hermano, fue una niña! ¿Cómo
se llama? Se llama Becky, pastor. ¡Ah,
se llama Becky! No, Becky se llama. Mira. Pero Jacob, hermanos míos, quiere
decir mentiroso, estafador, engañador, suplantador. Dios no estaba preguntando
cómo se llamaba porque no sabía cómo se llamaba. Dios le estaba
preguntando a Jacob si estaba dispuesto a admitir lo que él
era. Se la pasó allá con el tío Labán. Este tío Labán nunca había visto
un hombre tan mentiroso y tan engañador como éste. Probó de
su propia medicina y ni aún así la agarró. Y ahora Dios dice,
¿estás en serio? Sí, Señor. ¿Quién eres? Cuando le preguntó cómo te llamas,
estaba preguntando, Jacob, ¿quién eres? Y Jacob no tuvo más que decirle,
Señor, soy un mentiroso, soy un engañador, un estafador, y
un suplantador. No esperes que Dios te cambie
hasta que tú contestes la pregunta, ¿cómo te llamas? ¿Cómo te llamas, vanidoso? ¿Cómo te llamas, calumniadora,
chismosa? ¿Cómo te llamas frío, arrogante? ¿Cómo te llamas peleonero, contencioso,
contenciosa? ¿Cómo te llamas amargada, amargado? ¿Cómo te llamas envidioso, que
no aguanta ver la prosperidad, la bendición, el ministerio de
otro hermano porque tienes que estar hablando tus tonteras.
¿Cómo te llamas? ¿Y queremos una bendición de
Dios? ¿Y queremos que Dios nos cambie? Hermanos, déjenme decirles en
primer lugar qué absurdo es no admitir delante de nuestro Dios
lo que Él muy bien ya sabe de todas maneras. ¿Me están escuchando? ¿A quién nos engañamos, sino
sólo a nosotros mismos? Y estoy hablando en la predicadores,
porque son los que menos creen que necesitan este mensaje. Amén. Y yo pienso que lo más absurdo
es tratar de esconderle a Dios lo que Él muy bien ya sabe, y
tenemos miedo al ser desnudados por completo en Su presencia,
y Él nos descubra por lo que somos y quién somos. Pero hermanos
no deberíamos de tener miedo, venir a Dios y decirle como nos
llamamos y quien somos, porque hermanos Dios es capaz de cambiar
nuestro nombre hermanos, Amén. Dios le dijo a Jacob cuando el
se humillo, se trago su orgullo y por fin dio lo que por años
Dios estaba tratando de enseñar, le dijo no se dirá mas tu nombre
Jacob, sino Israel. Dios cambió su nombre y Dios
puede cambiar el tuyo y el mío. Y si en esta semana algo va a
suceder tenemos que ya dejar de estar
rodeando el asunto como hemos hecho ya por tantos años porque
hay gente que de plano somos masoquistas Dios nos manda una
y otra y otra y todavía no la agarramos. ¿Tú quieres que Dios te cambie? ¿Estamos conscientes que necesitamos
cambio? Esta semana los conferencistas,
los predicadores te van a desafiar a un montón de cosas que tú necesitas
cambiar en tu vida. Y de nada va a servir todo eso. si tú y yo no llegamos a donde
esta noche Dios quisiera llevarnos. Y quiero terminar con aclararte
de que yo no estoy hablando de qué va a hacerse en esta conferencia. Puede iniciar aquí, pero se va
a tomar que tú luches y lo desees y no lo anheles. y es muy posible
que Dios tenga que ponerte en un aprieto que no tiene otra
salida más que tú te agarres de Él. Y será posible que Dios
te ponga en un temor tan profundo que por fin te rindas y estés
dispuesto a humillarte en Su presencia y decirle, Señor, voy a hacer caso a lo que has
estado tratando de decirme ya por tanto tiempo. Cámbiame, mi
Dios, cámbiame. sino lo único que va a cambiar
en las futuras generaciones que vienen allá adelante es que en
vez de llamarnos católicos ahora nos llamamos bautistas, pero
somos los mismos. ¿Me están escuchando? Los mismos. Mismos pleitos en la casa, mismo
desorden, mismo caos, misma división, mismos pleitos en las iglesias,
incluyendo entre predicadores. ¡Lo mismo! Sólo que ahora nos
llamamos bautistas. Y ahora bautista se ha hecho
hasta una excusa para ser peleonero. Soy bautista, por eso soy peleonero. Eres carnal, por eso eres peleonero. No maluses el nombre bautista.
¿Qué vamos a hacer esta semana? ¿Venimos a pasar un bonito tiempo?
¿Tener compañerismo con los hermanos que no hemos visto en un rato?
o vamos a buscar que Dios en verdad cambie lo que sabemos
que necesita cambiar. Nadie mirando, todo ojo cerrado
y todo rostro inclinado. Vamos a ponernos de pie. Habrá alguien aquí en esta noche
que tú no sabes que cuando tú mueras tú estarías en la gloria
con Jesús. Habrá alguien aquí que, si hoy
enfrentara la eternidad, tú no sabes que sería de tu alma. ¿Cuántos
están aquí y tú sabes que cuando tú te mueras estarías en la gloria
con Jesús? ¿Cuántos tienen esa seguridad?
Adelance la mano, bien alto, bien alto. Dios bendiga por ese
testimonio, hermanos. Pueden bajar la mano. Dios les
bendiga por ese testimonio. Habrá una persona aquí que dijera,
Pastor, yo no pude alzar mi mano porque yo no tengo esa seguridad,
pero yo quiero tenerla. Ore por mí. A ver esa mano sincera. A verla. Bien alto. Bien alto.
Bien alto. Habrá alguien. Veo esa mano aquí.
Dios le bendiga a mi hermana. Habrá alguien más. Bien alto.
Alza su mano. Veo su mano allá atrás. Veo tu
mano allí, caballero. Veo tu mano allí, caballero.
Dios te bendiga. Habrá alguien más. Veo su mano aquí, caballero.
Dios le bendiga. Yo quisiera pensar que voy a...
Mantenga su mano alzada. Ayúdeme y mantenga su mano alzada.
No le vamos a avergonzar, no le vamos a pedir que diga nada.
Simple y sencillamente alguien se le va a acercar y le van a
enseñar en la Biblia cómo usted se puede ir segura, seguro del
perdón de Dios en su vida. Habrá alguien más. Alce su mano
bien alto, bien alto, bien alto. Habrá alguien más. Habrá alguien
más. Alce su mano bien alto. Pastor,
yo no tengo la seguridad de irme a la gloria. Yo creo en Dios,
yo he frecuentado una iglesia toda mi vida, pero si yo me muero
ahorita, yo no sé a dónde yo iría. Pastor, yo no quiero arriesgar
mi alma. Yo quiero asegurarme que el día
que yo me muera, estoy preparado y listo para enfrentarme a la
eternidad y enfrentarme a mi Dios. Le ruego, no sea indiferente
en cuanto a su alma. No sea apático en cuanto a su
alma. Jesús dijo de qué le serviría
al hombre ganarse todo el mundo y perder su alma. Pues hay después. Debe pensarlo. No se porte así
en relación a su alma. Hoy Jesús puede darle salvación. Hoy es el día de salvación. No
espere. Habrá alguien más. Que tú no
sabes que cuando mueras vas a ir a la gloria, pero quieres tener
esa seguridad. Habrá alguien más. Alza tu mano.
Bien alto. Habrá alguien más. Habrá alguien más. Bien alto.
Bien alto. ¿Quién más? ¿Quién más? ¿Quién más? ¿Quién
más? ¿Habrá alguien más? ¿Quién más? Dios le bendiga. Veo su mano,
señora. Ah, ven. Habrá alguien más. ¿Quién
más? Caballero. ¿Sigue el círculo vicioso en
tu familia? ¿Vas a seguir la tradición de
generación tras generación y perder a futuras generaciones, tus hijos
y los hijos de tus hijos, todo en el nombre de una religión,
cuando lo que tú necesitas es a Jesús? ¿Habrá alguien más? ¡Alza tu mano bien alto! ¿Habrá
alguien más? La predicación fue principalmente
para cristianos. La hermana va a tocar un himno
y al tocar el piano No va a cambiar todo en un día o en una semana,
pero sí puede ser el inicio. La Palabra de Dios se ha predicado.
No puedo creer que el hermano Rafael Ramírez ha predicado un
tremendo mensaje y tú a escuchar dos mensajes de la Palabra de
Dios y Dios no te haya dicho nada. El piano comienza a tocar
y si tú necesitas tomar decisiones, No te quedes en tu asiento. No te quedes en tu asiento. Sal. Sal de donde tú estás y ven y
dile al Señor, Señor. Ya por tiempo me has estado hablando.
Ya por tiempo. Pasen hasta enfrente, hermanos.
Hay muchos hermanos pasando y no vamos a tener espacio si se quedan
en medio de la fila. Hermanos, pasen, pasen hasta
enfrente, hasta enfrente. ¿Cómo te llamas? ¿Quién eres? ¡Oh, si es cierto! Tú eres aquel
que ya no necesita cambios, porque tú ya llegaste. Tú ya eres todo
lo que Dios quiere que tú seas, ¿verdad? ¿Así te has engañado a creer? Porque, hermanos, en esta vida
jamás seremos totalmente todo lo que debemos ser. Algún día lo veremos tal y como
Él es, y en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, seremos
transformados. pero hasta que llegue ese día,
en la gracia de Dios tienen que alcanzar esas áreas en nuestra
vida que impiden la bendición de Dios. Dile al Señor, Señor,
esta semana háblame, abre mis ojos, hazme ver lo que no quiero
ver o no he querido ver. Señor, cómo puedo engañarte a
Ti, Tú me conoces, Tú sabes quién yo soy, Señor cambiame, cambia mi nombre. ¿Cuál es tu nombre? ¿Y el resumen de hoy? Y el varón le dijo, no se le
dirá más su nombre a Jacob sino a Israel Padre amantísimo, gracias por hablarnos en esta noche Gracias por tu Espíritu Santo. Gracias por tu Palabra. Gracias por tus siervos, Jesús
Santo. Señor produce cambios en nosotros. Necesitamos esos cambios. Que esta noche, Señor, sea el
inicio de muchos de ellos en nuestras vidas. Gracias por permitirnos postrarnos
delante de Tu presencia y ayudarnos a empezar a reconocer lo que
realmente nosotros somos, Señor. En el santo nombre de Jesucristo
te damos las gracias, Señor. Amén. Amén.