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En el año 1904, un joven americano de 16 años se gradúa de la preparatoria en Chicago, la escuela secundaria, y su apellido era un apellido muy conocido para el pueblo americano, Borden, porque su familia poseía una de las fortunas más grandes de América. Como regalo de graduación, entonces, sus padres le ofrecen a este joven que tome un viaje alrededor del mundo. Él viaja a Asia, al Medio Oriente, al norte de África. Pero mientras otros jóvenes quedaban deslumbrados por el lujo, las maravillas, este joven quedaba conmovido por algo distinto. la profunda oscuridad espiritual de millones de personas que no tenían a Cristo. Allí, en medio de los contrastes entre la riqueza y la pobreza, entre la religión y el vacío que esas personas tenían, este joven, William Borden, siente un llamado del cielo en su mente, en sus convicciones, en su corazón, y él escribe en su Biblia dos palabras. No reservas. Y Borden estaba diciendo, no me estoy guardando nada para mí. No reservo mi futuro. No reservo mi riqueza, mis sueños, ni mi seguridad. Todo es de Cristo. Este joven no se estaba guardando nada, ni estaba usando sus privilegios para sacar algún tipo de provecho para sí. Él quería cómo Cristo renunciara a todo para ponerlo al uso de la expansión del Evangelio, para poder alcanzar almas perdidas que se encaminaban a un infierno eterno. Y hermanos, hermanas, esta ilustración refleja la actitud de Cristo, quien toma forma de esclavo para salvar a aquellos esclavizados por el pecado y la muerte. Por eso, hermanos, la sección de filipenses que comenzamos a ver la semana pasada, les dije que es una joya poética, una joya teológica, donde nos muestra la humillación y la exaltación de Cristo. Y es por eso que comenzamos a dividir esa sección en varios mensajes, cuatro mensajes, sin perder de vista lo que es el hilo central de lo que Pablo está comunicando, que es la actitud de Cristo como modelo supremo de humildad y de obediencia. Esta sección, si usted puede abrir su Biblia ahí en Filipenses 2, esta sección de Filipenses capítulo 2, versículos 6 al 11, es conocido como el himno cristológico y tiene una división natural de dos secciones. Esto lo vimos la semana pasada. la humillación de Cristo, que lo encontramos en los versículos 6 al 8, luego encontramos la exaltación de Cristo en los versículos 9 al 11, y lo que comenzamos a hacer la semana anterior es seguir estas subdivisiones temáticas bien claras que nos presenta ahí el libro, para poder estudiar esta sección de la humillación de Cristo en varios mensajes. La semana pasada vimos la humillación de Cristo. Renuncia a sus derechos. Eso lo vimos desde el versículo 6. Hoy veremos la humillación de Cristo en que toma forma de siervo, en el versículo 7. Toma forma de esclavo. Y si Dios lo permite, La semana entrante veremos la humillación de Cristo, se humilló hasta la muerte, versículo 8. Entonces, hoy continuamos con el versículo 7, que continúa explicándonos acerca de la humillación de Cristo. Les leo el 2 7. Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. En Filipenses 2.7, hermanos, vemos cómo Cristo desciende peldaño a peldaño desde lo que es la gloria celestial hasta los maderos de la cruz. Y su entrega nos invita a seguirlo por esa misma escalera del sacrificio y de la humildad, renunciando a nuestros privilegios para reflejar su actitud de amor y servicio. Hoy veremos dos puntos. Veremos que toma forma de esclavo y veremos que debemos nosotros tomar forma de esclavos. Entonces tengo toma forma de esclavo el primer punto, segundo punto tomemos forma de esclavos. Y debo reconocer que cuando le puse el título al mensaje la semana anterior, se me escapó completamente de que tendría que haber usado esclavo y no siervo. Porque esclavo es la traducción natural de lo que es la palabra dulos que es usada ahí. Pero antes de comenzar a ver estos dos puntos que le dije, toma forma de esclavo, tomemos forma de esclavos, Quiero darle un preámbulo para hablarle un poco acerca de una controversia que ha habido acerca de este pasaje. Filipenses 2.7 es la controversia acerca de la kenosis. En el siglo XIX ganó popularidad un intento erróneo de afirmar de que se despojó Cristo. ¿Qué es eso? Bueno, La frase griega es ala euton ekonomen. Y eso quiere decir, traducido en nuestras Biblias, se despojó a sí mismo. Y esa palabra ekonomen viene de kenosis, que es una palabra, kenosis, que significa vaciarse. Y aparece aquí en Filipenses 2.7, donde dice que Cristo se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, tomando forma de esclavo, se vacía a sí mismo. Y a lo largo de la historia ha habido controversia acerca de qué es lo que esto exactamente significa. Algunos han propuesto que Cristo, al hacerse hombre, renunció a ciertos atributos divinos, como su omnipotencia o su omnisciencia. Sin embargo, lo que es la enseñanza correcta, la enseñanza ortodoxa de la Iglesia, ha afirmado que Jesús nunca en ningún momento dejó de ser Dios Por lo tanto, él no se deshace de ningún atributo divino, es imposible, dejaría de ser Dios. Más bien, él se despojó del privilegio y de la gloria de su posición divina, velando, ocultando su gloria y sometiéndose voluntariamente a las limitaciones humanas. En resumen, La kenosis no fue una pérdida de deidad, sino una expresión de humildad. La kenosis no es una pérdida de deidad, es una expresión de humildad. Hermanos, en la encarnación, el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana sin dejar de poseer la naturaleza divina. Eso es. Y esto es lo que el concilio de Calcedonia en el año 451 d.C. enseña. Y se lo quiero leer brevemente a esa sección. El credo de Calcedonia respecto a la kenosis de Cristo dice esto. Jesucristo es uno solo y el mismo Hijo, perfecto en divinidad y perfecto en humanidad, verdadero Dios, verdadero hombre, Consustancial con el Padre según la divinidad y consustancial con nosotros según la humanidad. En dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación. Ese es nuestro Cristo, verdaderamente Dios, verdaderamente hombre. Entonces, Él, para servirnos y salvarnos, Cristo se vació, no de su divinidad, sino de su estatus. Y eso es lo que veremos hoy, que en su humillación Cristo toma forma de esclavo. Y vamos entonces a nuestro primer punto, toma forma de esclavo. Sin dejar de ser Dios, Cristo dejó a un lado lo que es la apariencia visible de su gloria, dejó a un lado los privilegios divinos de su condición al convertirse en un hombre humilde. Pero de entrada nomás quiero aclararles algo. Quiero decirles que cuando hablamos de la humillación de Cristo, esa humillación no se encuentra en el hecho de que Él se encarnó. La humillación de Cristo no se encuentra en el hecho de que Él se hizo hombre. La humillación de Cristo tiene que ver con que Él tomó forma de esclavo. Por eso, mientras usted tiene el pasaje abierto ahí y su dedo en el 2-7, necesitamos ver algunos conceptos muy importantes que nos van a ayudar a entender esto. El versículo 7 dice, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Esa es la nueva Biblia de las Américas. Si usted tiene la Reina Valera, 1960, dice, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. En contraste con lo que el Cristo preexistente no hizo, ¿qué no hizo el Cristo preexistente? Lo vemos en el 2.6, la última parte de ahí, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. En contraste a eso, el versículo 7 nos muestra lo que sí hizo Cristo. Y empieza, para marcarnos este contraste, diciendo, si no. Esto presenta un fuerte contraste, como diciendo, por el contrario, No consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Por el contrario, no consideró que el ser igual a Dios fuera una ventaja que él debiera haber sacado provecho de eso. Este, por el contrario, o se despojó a sí mismo, que vemos en Filipenses 2.7, se centra en lo que es la iniciativa de Cristo. Esta es la iniciativa de Cristo. Esto es lo que él quiere y desea hacer. Mientras que, por ejemplo, cuando leemos Romanos 8.3, Gálatas 4.4, ahí esos dos versículos se centran en la iniciativa de Dios en la encarnación. Dios envió a su Hijo. Dios Padre envía a su Hijo. Pero quiero que notemos lo siguiente. Pablo dice, si no, o por el contrario, que se despojó a sí mismo. ¿A qué se está refiriendo Pablo con este que se despojó a sí mismo? Y esto es importante, hermanos, para entender acerca de cómo aprender la humildad. Miren lo que el Hijo de Dios hizo. Jesús se despojó a sí mismo tomando la forma de un esclavo. Sí, escucho bien. Jesús se despojó a sí mismo tomando la forma de un esclavo. El nivel más bajo que había en la sociedad. No eran considerados ni siquiera personas. No tenían derechos. Eso es lo que implica que Cristo se despojó de sí mismo. Asumir la forma de un esclavo. Entonces, la pregunta lógica que sigue a esto es la pregunta que debemos hacernos es ¿qué significa tomar la forma de un esclavo? Y para entender eso debemos hablar de la encarnación, que ya les aclaré. La humillación no es que Cristo se encarnó. Pero necesitamos entender la encarnación para luego hablar de la forma del esclavo. Entonces, miremos en la Biblia. ¿Qué les parece? Están ahí en Filipenses 2.7. En esa sección, Pablo describe la encarnación en dos lugares. Al final de lo que es el versículo 7 y luego al comienzo del versículo 8, que ustedes tienen ahí. Y si bien las dos frases dicen lo mismo, ellas tratan de lograr comunicar cosas distintas. ¿Cómo es esto? Por ejemplo, cuando en el versículo 7 dice, haciéndose semejante a los hombres, ahí habla del nacimiento sin pecado del Mesías. Se refiere al nacimiento sin pecado del Mesías. En cambio, cuando habla en el versículo 8 y dice, hallándose en forma de hombre, esto está subrayando la apariencia humana del Mesías. Entonces, miremos el versículo 7. El verbo que Pablo usa ahí para expresar ser hecho a semejanza de hombre provee la idea de venir a la existencia, llegar a existir como hombre a través de los medios naturales de lo que es la procreación humana, es decir, cómo es que él vino a nacer. Un ejemplo lo encontramos en Gálatas 4.4 cuando habla de que él es nacido de mujer, nacido bajo la ley, yo se los leo. Pablo escribe ahí en Gálatas, pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la ley. Y esto significa que Él nació en semejanza de hombre. Aquel que nace del Padre en la eternidad, el Hijo unigénito, sin haber sido creado lo que se llama la eterna generación del Hijo del Padre, Este Cristo, el Hijo, siendo eternamente generado, sin haber sufrido cambios, Él ahora también nace en el universo que Él mismo crea como alguien que tiene naturaleza humana. Y lo que hace al hacer eso es reflejar humanamente quién es Él en su divinidad. Él es Hijo. Por eso Dios Padre no se encarna, por eso el Espíritu Santo no se encarna. ¿Quién se encarna? El Hijo. Y la encarnación de Cristo refleja quien Cristo es en su divinidad. Entonces, lo que Él está haciendo en la encarnación es reflejar quién es Él eternamente, pero ahora ha nacido en el tiempo. Ese concepto tengámoslo ahí en mente. Pero veamos también el término que Pablo usa ahí en el versículo 7, si lo buscan ahí, cuando dice semejanza. ¿A qué se refiere con eso? Semejanza. Bueno, también esa palabra semejanza puede ser entendida como similar en apariencia, como imagen, como forma o como una copia. Pero ahora, ¿Por qué es que Pablo utiliza este lenguaje, que él tiene apariencia de hombre? Convengamos que Pablo no puede estar diciendo que él es algo distinto a un hombre, porque si Pablo dijera eso estaría enseñando un error, estaría contradiciendo lo que Juan dice en 1ª de Juan 4.2, que dice en esto, ustedes conocen el Espíritu de Dios, todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios. Entonces Pablo no está contradiciendo eso. ¿Por qué usa esta terminología? Pablo no puede estar diciendo que Cristo es algo distinto a un hombre, porque si no también estaría contradiciendo segunda de Juan 7, cuando dice, pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. Entonces Pablo no está diciendo que Cristo no es hombre. Por eso debemos partir de la base de que Pablo no está diciendo que Jesús no es realmente humano. Lo que Pablo está diciendo es esto, hermanos. Pablo está negando algo acerca de Jesús. ¿Qué es lo que Pablo niega acerca de Jesús? Pablo está negando la pecaminosidad de la humanidad de Jesús. Pablo está negando que Cristo pudiera pecar. Pablo está negando que al nacer como hombre, él ha heredado el pecado original de Adán. Pablo está afirmando que Jesús, aunque era hombre, nació sin la mancha del pecado original. Y no es sorpresa, porque es lo mismo que Pablo nos dice en Romanos 8.3. que habla de que nació en semejanza de carne pecaminosa. Les leo. Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo enviando a su propio hijo, escuchen, en semejanza de carne de pecado. En semejanza de carne de pecado. Y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la muerte. O sea, ¿qué estamos aprendiendo de esta sección? de que él es carne, es verdaderamente hombre, pero en semejanza de carne pecaminosa. Él no heredó el pecado original. Y eso va en línea con lo que nos dice Primera de Pedro 1.19, de cómo tenía que ser este sacrificio perfecto que iba a ser presentado a Dios por el pecado de aquellos que se arrepintieran, para pagar por el pecado de aquellos. Primera de Pedro 1.19 nos dice que Él, Cristo, es un cordero sin mancha. Eso va en línea con lo que es la concepción de Cristo, una concepción que es bendita, como nos dice Lucas 1.35. ¿Recuerdan algo que leemos mucho para las fiestas, para la Navidad? El ángel le respondió a María, el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el santo niño que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y lo que estamos viendo es que en Filipenses 2.7, Él toma forma de esclavo. Él nace perfecto como humano, pero la humillación tiene que ver con que Él toma forma de esclavo. Cristo es un Hijo que es santo. Y en ese proceso de santidad, de pureza, de perfección, es que Él es concebido. Entonces, Pablo está aludiendo a lo que es el proceso de generación natural, donde no hay pecado, cuando Cristo es concebido. Pablo habla de que el Espíritu toma la carne de la mujer y forma un niño en su vientre sin la participación del pecado. Y el hecho de que Cristo no tenga una naturaleza humana pecaminosa, eso no quiere decir que no tuviera naturaleza humana. Es más, les doy un ejemplo. Adán es creado sin pecado, ¿no es cierto? Naturaleza humana que no tenía pecado. Entonces, Pablo dice que Jesús nació a semejanza de hombre. Aunque no tiene el pecado original, es verdaderamente un hombre. Su cuerpo, digamos, no es una caparazón que está vacía y que Dios llenó de algo, no. Su cuerpo, el cuerpo que Cristo todavía tiene y vive en él, tiene un alma. ¿Cómo sabemos eso? Mateo 20-28 nos dice, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir y para dar su vida o para dar su alma en rescate por muchos. O Mateo 26-38 nos dice que vemos que su alma estaba afligida En definitiva, el Cristo que nos redime. Y para entender bien cuál es la humillación de Cristo, de que no tiene que ver con que Él se humilla tomando forma de hombre, sino que se humilla siendo esclavo, tenemos que entender esto, estas verdades acerca de lo que es la encarnación de Cristo. Jesús es un hombre, cuerpo y alma. Hebreo 2.17 dice que tiene que ser hecho semejante a sus hermanos en todo. Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo a fin de que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en las cosas que a Dios atañen para hacer propiciación por los pecados del pueblo, para quitar la ira de Dios. cuando quita los pecados del pueblo. En definitiva, quiero que aprecien, hermanos, esta perfección en lo que es la encarnación de Cristo. Él es sin pecado para siempre y así permanecerá como un hijo del hombre. Entonces no hay nada malo con la encarnación de Cristo. Apocalipsis 1.13 nos dice esto, el medio de los candelabros vía a uno semejante al hijo del hombre. vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro, semejante al hijo del hombre. Y aquí volvemos, por eso estoy elaborando esto, al concepto que les comentaba al principio al abrir este punto. Tanto Apocalipsis 1.13 como Hebreos 2.17 nos llevan a pensar que la humillación de Cristo no se refiere a su encarnación. Y yo sé que hay un concepto que anda siempre ahí. Oh, sí, Cristo se humilló, tomó forma de hombre, se hizo hombre. No, miren, hay un versículo que dice que ese cuerpo que Cristo tomó fue preparado por él desde la eternidad. Es más, le desafío a que piense esto. de que Dios crea a Adán sacándolo del polvo, pensando y ya sabiendo de que ese cuerpo que Dios iba a crear, creado a imagen y semejanza de Dios, tenía que ser del mismo tipo de cuerpo que Cristo un día iba a tomar. O sea, la encarnación de Cristo no es un segundo pensamiento en el plan divino. La encarnación de Cristo no es la humillación de Cristo. Y algo que estoy diciendo es algo que muchos teólogos reformados han defendido, de que en la encarnación Jesús no se humilla. Porque miren esto, ¿cómo les compruebo eso? Si incluso cuando Él es exaltado, Él sigue siendo un hombre. En estos momentos está delante de la presencia de Dios intercidiendo por nosotros, como hombre. Dios, verdaderamente Dios, verdaderamente hombre. No podemos entonces decir que la humillación de Cristo tiene que ver de que Él es un hombre. En un sentido, lo que tenemos que entender es que la encarnación es como una etapa preliminar. La encarnación es un paso necesario para llegar a la humillación de Cristo. ¿Cuál es la humillación de Cristo? Que Él sea un esclavo. Que Él sea un esclavo de Dios. En su primera venida aparece como un hombre, de nuevo. Esas líneas de Pablo, que le invité que me siguiera, que se refieren a la encarnación, tanto en el versículo 7, Pablo se refiere al nacimiento sin pecado de Jesús. Y luego en el versículo 8, como también viéramos, se refiere a su humanidad. O sea, ¿qué sacamos en limpio de esto? que no hay humillación en su encarnación, sino que la humillación está en que él toma forma de esclavo, que él oculta su gloria. ¡Oh, qué verdad más maravillosa! Cristo oculta su gloria. ¿Entienden ahora por qué Pablo está poniendo todo esto que es un himno? Como ejemplo para nosotros, para que nosotros digamos, si Cristo, el Hijo de Dios, sin dejar de ser Dios, sin dejar a un lado ninguno de sus atributos, Se humilla, oculta su gloria. ¿Quiénes somos nosotros para creer que tenemos que defender algo de nuestra vana gloria y querer exhibir lo que creemos que tenemos? No, hermanos. Pablo pone el ejemplo de Cristo que se humilla. como esclavo para que nosotros aprendamos. Y esto es una verdad maravillosa. Entonces, debemos aprender a ser como Cristo, aceptando nuestro estado de siervos, aceptando nuestro estado de esclavos, sin buscar esa vanagloria que tanto queremos. Cuando en una conversación por ahí no se habla de uno, enseguida estamos ahí. Ah, pero, ¿no? Queriendo aportar algo que hable de nosotros, que apunte a nosotros. Pero Cristo no era así. Por lo tanto, el despojamiento de sí mismo, de Cristo, consta de dos etapas. La encarnación, que esa no es la humillación, y la adopción de esta forma de esclavo. Y esto es lo que debemos aprender del despojamiento de Cristo o de la kenosis. El versículo 7 dice, si no que se despojó a sí mismo. Y muy importante también es ver el verbo ahí, despojó, es un participio, en un sentido le da información, califica al verbo que está actuando ahí y lo que nos hace es mostrar el medio por el cual Cristo se despoja. Entonces, ¿cómo es que se despoja el Hijo? Esa es la pregunta. La humillación de Cristo. Toma forma de siervo. ¿Cómo es que se despoja el hijo? Lo hace tomando la forma de un esclavo. Y Pablo quiere enfatizar, no la encarnación, sino de que Cristo fue más allá de la encarnación. Cristo abrazó la esclavitud. Es la renunciación total. Es el ejemplo más grande, más humilde de lo que es renunciación por el bien de otros. Esta es una humildad maravillosa. Y que esto es significante, hermanos, se aprecia en el hecho de que la palabra, y vamos a ver algo técnico también, pero es importante, la palabra en el versículo 7, que se usa para forma de siervo, es una palabra, morfei, Pero en el versículo 8, si usted está ahí, esa palabra es mucho más fuerte que la palabra, digamos, otra palabra que se usa. La palabra, hay una palabra, es esquema, da la idea de una transición sin continuidad. Algo que cambia pero que no tiene continuidad. En cambio, la palabra que usa Pablo en el versículo 7 denota un cambio profundo. Un cambio profundo. Por ejemplo, donde también usa esa palabra, Pablo, de que esto implica que es un cambio profundo, es en Romanos 12, 2, cuando se nos exhorta a ser transformados. Se nos habla de esta metamorfosis, de este cambio traído por Dios. ¿Qué nos dice ahí Pablo? Y no se adapten a este mundo, sino transformense mediante la renovación de su mente para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto. Sin embargo, lo que figura en el versículo 8 se refiere a una mera apariencia, no va tan profundo como lo expresa en el versículo 7. En el versículo 7 nos habla de que el cambio es mayor, es un cambio radical, es una gran transformación la que Cristo toma al hacerse esclavo. Pablo va más allá diciendo que no solo asumió la humanidad, sino que asumió la esclavitud. Por eso les digo que es una transformación que no para, no termina en que se hizo hombre. No, sigue en que se hizo hombre pero toma forma de esclavo. Ese es el cambio radical. ¿Y por qué es un cambio radical? No es agradable ser un esclavo. Hay esclavos hoy en día en varias partes del mundo todavía. Habían esclavos en los tiempos bíblicos y un esclavo estaba obligado a hacer solo la voluntad de su amo. Lo vemos esto en Lucas 17, versículo 7 al 9. Y Jesús solo se preocupaba por eso, por cumplir la voluntad del Padre. Mientras Jesús estaba en estado de esclavitud, como hombre no era igual al Padre, era esclavo. Juan 13, 16, ¿qué nos dice? Un esclavo no es mayor que su amo. Y Jesús ha renunciado a su propia igualdad con el Padre mientras estaba, digamos, caminando acá en la tierra cumpliendo su ministerio terrenal. Un esclavo no conoce los planes de su amo. Jesús lo dice eso en Juan 15, 15. El esclavo no sabe lo que hace su Padre. Dice, ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi padre. Entonces, antes de la resurrección, antes de la resurrección, Cristo no sabía la hora de su regreso, ¿no es cierto? Lo vemos en Mateo 24, 36, cuando dice, pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Está viviendo como un esclavo, totalmente supeditado y a expensas de las órdenes del Amo, su Padre. Entonces, como Dios, obviamente en su naturaleza divina, Jesús sí sabía todo. Recordemos lo que estamos aprendiendo. Jesús nunca deja a un lado sus atributos divinos, en su naturaleza divina. Pero como hombre, Jesús sólo supo esa información después de la crucifixión, de la exaltación. Pero no lo supo como hombre cuando estaba en su forma de esclavo. Entonces, Cristo como esclavo, hermanos, no tiene, se podría decir, una posición, como lo vemos en el mundo, algo que pueda reclamar. Él no se, digamos, eleva por encima de ese estado de esclavitud que tomó. ¿Cómo lo sabemos a esto en Lucas 12, 14? Él rechaza cualquier autoridad terrenal que se le quiera dar. O en Juan 6, 15, cuando dice, por lo que Jesús dándose cuenta de que iban a venir y por la fuerza de serle rey, se retiró él solo otra vez al monte. Él no quería autoridad, él quería funcionar como un esclavo. También vemos que como esclavo él no tenía posesiones terrenales, todo pertenecía a su amo. Mateo 8, 20 nos dice, Y nos cuenta acerca de la pobreza de Jesús. Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Entonces, Jesús se convirtió en esclavo. Él ocultó su divinidad. Nunca la perdió. ¿Se entiende? Divinamente hablando. Pero él oculta, al tomar esa forma de esclavo, oculta su divinidad. No saca ventaja de eso. No posee nada. Hace lo que el Padre le pide. Por eso, hermanos, déjenme que les diga algo. Esa es la clave de nuestra salvación, de que Cristo se haya hecho esclavo. ¿Saben por qué? Porque vamos a hacer de cuenta que él se encarnaba solamente y se hubiera convertido en un hombre, dado que era un hombre perfecto, ¿qué hubiera pasado? Nos hubiera condenado a todos. Porque él le hubiera, así como vivió, él vivió la vida perfecta que usted y yo no podemos vivir. Y si se hubiera quedado en eso, lo único que hubiera servido la vida, la encarnación de Cristo es para condenarnos. Pero dado a que toma forma de esclavo, Él va a la cruz. El hombre perfecto habría puesto de manifiesto nuestra pecaminosidad sin ofrecernos ninguna ayuda. Sin embargo, como Cristo es esclavo, como era esclavo, pudo convertirse en nuestro sustituto. Cristo se sometió a sí mismo para satisfacer las exigencias de la ley del Padre para nuestra salvación. El Padre lo llamó a vivir la vida perfecta que nosotros no podíamos vivir. Entonces, ¿qué debemos aprender de eso? De que ahora sabemos cuál es la humillación de Cristo. Tomó forma de esclavo por amor a nosotros. Entonces, debemos aprender a ser como Cristo, aceptando nuestro estado de esclavos, sin buscar nuestra vanagloria. Pasemos entonces al segundo punto. El segundo punto es, ya vimos de que Cristo toma forma de esclavo, segundo punto, tomemos forma de esclavos. Cristo voluntariamente bajó los peldaños de la humillación desde la gloria celestial hasta la humillación como un esclavo, hasta derramar su vida en el madero de la cruz. Y su entrega, hermanos, nos invita a seguirlo por esa misma escalera del sacrificio, por esa misma escalera de la humildad, bajando peldaño a peldaño, renunciando a nuestros privilegios para reflejar su actitud de amor, su actitud de humildad. Así como Cristo ocultó su gloria y se hizo pobre para hacernos ricos, de la misma manera nosotros debemos atesorar las esperanzas de las glorias futuras que hemos recibido para al mismo tiempo que servimos al mundo y a la iglesia, tenemos esa actitud servicial que tuvo Cristo. En el caso del joven William Borden, luego de su viaje, Él regresa a Estados Unidos, ingresa a la Universidad de Chale, pero no a estudiar negocios como todos esperaban, sino que él regresa a estudiar teología. Sus compañeros, sus amigos lo ven liderar grupos de oración, lo ven liderar y discipular a otros jóvenes y usar su riqueza para apoyar los emprendimientos misioneros. Entonces, cuando se gradúa, renuncia a toda su fortuna para apoyar el avance del Evangelio entre pueblos que no estaban siendo alcanzados. Su familia, sus amigos, sus compañeros le advierten de que está cometiendo un error. Estás tirando tu vida por la borda, William, ¿qué estás haciendo? Pero en su Biblia él añade dos palabras. No retrocesos. No retrocesos. Primero, cuando recibe el llamado, él dice, no reservas. Ahora dice, no retrocesos. El joven estaba siguiendo el ejemplo de Cristo del que Pablo habla acá en Filipencias 2.7. Probablemente, Borden entendió el ejemplo de cómo Cristo ocultó su gloria y se hizo pobre para hacernos ricos a nosotros. Y Pablo apela a esta comparación impactante de lo que Cristo hizo para apelar a esta mente, a la mente de los filipenses del primer siglo, de que Cristo se hizo esclavo. Imagínense, hermanos, lo hace para alentar a estos filipenses que están siendo perseguidos, que están sufriendo falta de unión, falta de gozo, los hace para alentarlos a que, con la misma humildad que Cristo mostró haciéndose esclavo, ellos forjen la unidad. Les muestra el ejemplo de cómo Jesús cambia la forma de Dios por la forma de un esclavo. Y créanme, que para una cultura sensible al estatus de lo que era un esclavo, su cambio destaca algo más que un paso atrás. Créanme. Porque ellos entendían claramente que lo que Pablo les está diciendo es que Jesús invierte lo que es la pirámide de los valores de la época. pone todo patas para arriba, pero Pablo no se limitó a ignorar las distinciones del estatus de esclavo, sino que, así como hizo Cristo, Cristo las redefine desde una perspectiva divina, prefiriendo la humildad al honor. Y la escritura constantemente aconseja a los cristianos a favor de ese movimiento descendiente. ¿A qué me refiero? Dios muestra preferencia por los humildes. Dios, en un sentido, promete elevarlos. Santiago 1.9 nos dice, pero que el hermano de condición humilde se gloríe en su alta posición. Lo mismo que dice en el 4.10. Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará. La palabra siempre afirma y favorece este movimiento descendiente para el cristiano. Humillémonos. ¿Mismo el Señor Jesús no les advierte a sus discípulos contra la ambición del poder y les anima a que lleven una vida de servicio? Marcos 10, 44 y 45. Y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. Porque ni aún el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Entonces, ¿qué estamos aprendiendo de este pasaje de Filipenses 2.7? ¿Qué estamos aprendiendo de esta predicación que se llama la humillación de Cristo? Toma forma de siervo. Vimos en el punto 1 que Cristo toma forma de esclavo. Ahora estamos viendo de que estamos llamados nosotros a que tomemos forma de esclavos porque en la economía de Dios el estatus es menos importante que el sacrificio. El estatus es menos importante que el sacrificio. Pero bueno. Les pido que estemos atentos a estos conceptos, porque algo que debemos aprender acerca de cómo debemos tomar forma de esclavos es lo siguiente. Que bajemos con Cristo la escalera de la humildad y la abnegación significa que imitemos el ejemplo de Jesús, pero a su vez no garantiza resultados. Jesús, como vimos, invirtió la pirámide social y Él lo hizo como un acto de obediencia para asegurar la salvación del mundo. ¿Pero qué pasa con nosotros? Bueno, como un acto de obediencia, nosotros también tenemos que aceptar esta forma de esclavos para enriquecer a nuestra comunidad, empezando por nuestra familia, siguiendo por la comunidad local de la iglesia, siguiendo por el lugar del trabajo, por donde vivimos. Y aquí es que debemos analizar seriamente cuáles son las intenciones de nuestro corazón conforme buscan hacer eso. Porque miren lo que pasa. No todo descenso a través de las escaleras de la humillación es un descenso que glorifica a Dios. Esté atento a este concepto. Usted dirá, bueno, ya entendí, tengo que descender. por esas escaleras, pero tiene que mirar cuáles son las intenciones de su corazón conforme lo hace. Porque no todo descenso glorifica a Dios. Atención aquí, miren esto. Únicamente cuando lo hacemos con la actitud correcta es que estamos glorificando a Cristo. ¿Escuchó eso? Cuando usted adopta el papel de siervo, de esclavo, únicamente cuando lo hace con la actitud correcta en su corazón, para la gloria de Dios, es que usted está glorificando a Dios. Porque si lo hace para llamar atención sobre sí mismo o para figurar, eso no glorifica a Dios. La gente lo puede ver bajando las escaleras de la negación de sí mismo, pero Dios sabe qué hay en su corazón. Los seguidores de Jesús, todos nosotros, estamos propensos a dos males. Uno de esos males es la falsa modestia y el otro mal es la obediencia legalista. Falsa modestia, obediencia legalista. Falsa modestia. Eso está en un lado del espectro, ¿no es cierto? La falsa modestia utiliza nuestros sacrificios personales para ponernos en el punto de atención. en el centro, para ser exhibidos. Si hacemos algo sacrificial, para luego andar alardeando al respecto, hemos hecho uso de falsa modestia. Ah hermano, yo estoy dando ahora, si antes daba 300, ahora doy 500, pero me tengo que sacrificar. La expansión del Evangelio es lo que importa. No, las intenciones del corazón no están bien, es falsa modestia. No, yo le fui a pedir perdón a tal hermano porque yo quiero glorificar a Dios. Y por ahí ni siquiera fue un perdón verdadero, fue estuve mal, ¿todo bien? Pero al otro hermano le dice, no, yo fui a humillarme porque quiero glorificar a Dios. Falló, falsa modestia. Esa bajada de las escaleras era para figurar. Pero en el otro lado del espectro a veces encontramos la obediencia legalista, que tampoco logra captar la actitud de Jesús. Por ejemplo, si queremos imponer cosas, ¿no? Imponer que el trabajo humilde, los bajos salarios y el estatus social marginal deben ser la norma para todos los seguidores de Jesús, eso es erróneo, eso es imponer esta obediencia legalista. Hay pastores que dicen, no, yo hice el voto de pobreza. Ok, si lo hiciste entre tú y el Señor, Pero si lo estás diciendo para que te vean, y si lo estás queriendo imponer como algo legalista en los demás, eso no avanza. Parecería que estás bajando por esos peldaños, pero ¿sabes qué? Delante de los ojos de Dios, al revés, estás subiendo cada vez más. ¡Ey! Acá estoy, miren. Hay que imponer esto, porque yo soy así, santo, santo, ¿no? Pero eso es un error también. No todos los seguidores de Jesús bajarán en la escalera de privilegios. Eso es importante también. El sacrificio, no el estatus, que es el núcleo de la exhortación que Pablo da. que seamos sacrificados, que no miremos el estatus. Entonces, la pregunta para nosotros es, si verdaderamente no queremos caer en ninguno de estos dos lados del espectro, no queremos caer en la obediencia legalista, tampoco queremos caer, digamos, en la otra actitud, ¿qué debemos hacer? ¿Qué podemos sacrificar ahí donde estamos, sin que luego estemos alardeando de eso? Somos alentados por Pablo a que bajemos con Cristo los peldaños de la humildad. ¿Y cómo podemos hacer eso? Bueno, no se nos pide que renunciemos a nuestros trabajos. Usted no tiene que renunciar a su trabajo para hacerlo, para mostrar qué humilde que es, qué fe que tiene. No. Tampoco se le pide que venda, que regale todos sus bienes. No se nos pide que nos mudemos a la calle, que ahora seamos indigentes. No todos tenemos que seguir los pasos de William Borden, el muchacho que les estoy dando el ejemplo. No todos estamos llamados a eso. Porque a veces renunciar completamente a nuestros privilegios no es algo prudente. Una, digamos, escalada descendiente, es verdad, termina, digamos, siendo algo que glorifica a Dios cuando lo hacemos con determinación, pero también cuando es algo que continúa con prudencia, que lo podemos afirmar con prudencia. Entonces, el siguiente peldaño que debemos bajar en la escalera del privilegio es que debemos ser buenos administradores, administradores agradecidos de lo que Dios nos ha dado, para pasar desde ahí a ser, ¿qué? Siervos sacrificados. O sea, usted puede mantener todo lo que Dios le ha dado, pero aún desde ahí bajar el peldaño y ser un siervo sacrificado. ¿Cómo hace eso? Bueno, en primer lugar reconociendo que usted tiene privilegios dados por Dios. que usted tiene que administrar para la gloria de Dios. Dios nos ha dado a cada uno un cierto grado de estatus, de libertad, de riqueza, pero en vez de entrar en la loca carrera del mundo de acumular más y más bienes, debemos ser personas que están satisfechas y que no se aferran a esos privilegios. Debemos ser personas satisfechas que no están tratando de acumular más de sus privilegios, sino que simplemente los reciben como un regalo que Dios les ha dado y renuncian a ellos cuando Dios los llama a qué, a renunciar de ellos. Entonces, no temamos asumir la forma de un esclavo porque nuestra recompensa no está acá en la tierra. sino en el cielo. Disfrute lo que Dios le da, pero no lo agarre con toda su fuerza. Téngalo ahí, disfrútelo. Y si Dios le pide que lo deje, lo deja. El día de mañana que Dios le llame a la gloria, créame, no se va a llevar nada de acá. Entonces, ¿cómo podemos concluir esto, hermanos? El corazón de William Borden estaba impulsado con las riquezas eternas. Él estaba impulsado con las riquezas en el cielo, a pesar de que pertenecía a una familia rica. No le interesaban estas riquezas en la tierra. Su joven corazón era un corazón que latía para Cristo, latía especialmente por el Evangelio predicado a lugares que no han sido alcanzados y, en específico, él tenía un grupo que él quería alcanzar. Eran musulmanes que vivían en la China. Entonces, decide ir como misionero. Antes de llegar, hace una parada en Egipto para aprender árabe. Tenía que aprender árabe. Pero estando allí, cae enfermo de meningitis espinal. Y en cuestión de días, muere a los 25 años. El mundo lo consideró un desperdicio, pero al revisar su Biblia personal encontraron una última inscripción. Una última inscripción escrita poco antes de morir. No arrepentimientos. No arrepentimientos. No reservas, no retrocesos, no arrepentimientos. Este joven vivió impulsado por el ejemplo de humildad de Cristo. Tres frases, no reservas, no retrocesos, no arrepentimientos. Tres frases, tres decisiones y una vida que reflejó perfectamente el corazón de Filipenses 2-7. Se despojó a sí mismo tomando forma de esclavo. Y la historia de William Borden muestra con fuerza, con determinación lo que significa despojarse de sí mismo. Cuando uno tiene todo para sí y decide entregarlo todo por amor a Cristo. Lo que esta historia nos enseña es que no hay entrega parcial cuando se sigue a un Cristo que lo entregó todo. ¿Usted entiende eso? No puede haber entrega parcial cuando usted está hablando de un Cristo que lo entregó todo. ¿Cómo podemos aplicar esto a nuestras vidas? ¿Cómo podemos aplicar estos principios a nuestra vida? Bueno, la humildad que aprendemos de la actitud de Cristo se demuestra cuando, en lugar de insistir en nuestros derechos, asumimos el papel de un humilde servidor o de un humilde esclavo. Jesús nos dejó un modelo de descender desde los peldaños de la gloria a la humillación de tomar, ¿qué?, forma de esclavo. Y para eso, Cristo ocultó su gloria. Por lo cual nosotros también debemos resistir, ser el centro de la atención. Debemos resistir el reclamar, ser considerados y alabados. Resistamos ser el centro de toda conversación. Desviemos esa atención hacia Cristo. Debemos aprender a ser como Cristo, aceptando nuestro estado de ¿qué? De siervos, de esclavos. Jesús no aprovechó su estatus divino y glorioso. Así como Jesús no se aferró a su gloria, yo también debo aprender a soltar mis privilegios por amor a los demás. Eso es una realidad, hermanos. Jesús se rebajó al estatus, ¿de qué? De esclavo. Y si Cristo se humilló para servir, yo no debo poner excusas para servir con humildad a quienes me rodean. Jesús se dejó morir como un criminal y de forma humillante. Jesús aceptó el sufrimiento injusto por amor. Entonces, se espera de alguien que ama a Cristo, de alguien que respira el mismo latido del corazón de Cristo, de que también esté dispuesto a seguirle, incluso cuando eso significa, ¿qué? Sacrificio. Tal vez parece que todas sus cosas, toda su vida queda en pausa y las cosas quedan ahí. Usted no tiene idea cómo continúa esto. Pero usted sacrifica todo por servicio a Cristo. Y cuando hablo de eso, hermanos, no estoy diciendo que debe ser un sacrificio orar, que debe ser un sacrificio leer la palabra, ir a la iglesia. No. Esas cosas tienen que estar con nosotros siempre. Pero sí debemos ser sacrificados en la manera en la que nos amamos unos a otros. Sí debemos ser sacrificados en hacer cosas concretas, cosas tangibles por el otro, para asegurarnos que la vida de nuestros hermanos y hermanas están siendo bendecidas. Porque esto fortalece nuestras vidas, fortalece la vida de los demás y fortalece nuestra congregación. Eso nos ayuda, hermanos, a alcanzar el nivel de unidad Alcanzar el nivel de gozo que Dios desea que vivamos en la iglesia local. Por eso es que Pablo comparte este Filipense Sosiete en esta sección. Oremos. Padre, para todo esto no somos suficientes para hacerlo. Ayúdanos, Señor. Derrama tu gracia sobre nosotros. que podamos bajar junto con Cristo los peldaños de la humillación. Desde aquel lugar que consideremos glorioso hasta tomar y arribar aquel lugar que consideremos que es lo que no merecíamos. Pero que lo hagamos por amor a Cristo para imitarle y por amor a los demás para servirles. Amén.
La Humillación de Cristo: Toma Forma de Siervo
Series Filipenses
La humildad que aprendemos de la actitud de Cristo, se demuestra cuando en lugar de insistir en nuestros derechos, asumimos el papel de un humilde servidor o de un humilde esclavo.
| Sermon ID | 1013252327162452 |
| Duration | 55:42 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Philippians 2:7 |
| Language | Spanish |
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