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Gracias, hermana. Y le voy a
pedir a nuestro hermano Mario Lizola, si es tan amable, de
acompañar a su tía en la puerta de despedida de la congregación.
Vamos a buscar en nuestras Biblias Marcos, el evangelio que estamos
estudiando, pues es de pie leer del versículo 35 al 41. Marcos
4, el versículo 35 al versículo 41. permanecer de pie para una oración
antes de la predicación. Marcos capítulo 4 y el versículo
35 dice la palabra refiriéndose a Cristo. Aquel
día, cuando llegó la noche, les dijo, pasemos al otro lado. Y
despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba en la barca.
Y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran
tempestad de viento y echaba las olas en la barca de tal manera
que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo
sobre un cabezal. Y le despertaron y le dijeron,
Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió
al viento y dijo al mar, Calla, enmudece. Y cesó el viento, y
se hizo grande bonanza. Y les dijo, ¿Por qué estáis así
amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces
temieron con gran temor, y se decían el uno al otro, ¿Quién
es éste que aún el viento y el mar le obedecen? Oremos al Señor. Padre Santísimo, te damos gracias
por la oportunidad que tenemos de estar en tu casa esta noche.
Te pedimos por los méritos de Cristo que abras nuestros corazones
a las verdades del Evangelio. Te pedimos que nos des el pan
espiritual que Cristo nos alimente. Te pedimos, Señor, por sus méritos
que salves a tu pueblo, nos transformes por tu gracia. Hazlo, Señor,
por tu nombre, por tu gloria. Si hablo, que administre conforme
a la palabra de Dios y conforme al poder que Dios da para que
en todo sea nuestro Señor Jesucristo exaltado. En su bendito y santo
nombre te lo pedimos. Amén. Amén. Sentémonos, hermanos. Cuántos de los que están aquí
levanten la mano, saben nadar, saben nadar bien, bien. Muy bien. Esa tarde estudiaremos este pasaje
que nos relata el dramático incidente de Cristo y sus discípulos en
una tormenta. Ya que es un pasaje conocido,
vamos a profundizarnos. Así que hablando espiritualmente,
tenemos que saber nadar y nadar bien, porque hay mar aquí, hay
viento, y no nos vayamos a caer de la barca. Muy bien, ¿listos? Versículo 35 dice así. Aquel
día, cuando llegó la noche, les dijo, pasemos al otro lado. El versículo se refiere a nuestro
Señor Jesucristo y a sus discípulos. No sabemos a qué hora era cuando
entraron en la barca, pero aquí dice que era cuando llegó la
noche. No sé ustedes, pero hoy en día
no me dejan manejar en la noche. Si vamos de viaje, no quieren
que manejemos por la noche. Prefieren que manejemos por el
día. Y estos discípulos y nuestro Señor Jesucristo van a viajar
de noche en un mar y en una barca. Esa barca no tiene motor. Esa
barca no tiene luces. iban en una lancha de remos,
y van a viajar en la noche. Pero ¿cómo se les ocurre viajar
en la noche en un mar? ¿Por qué lo hicieron? ¡Muy fácil!
Porque el Señor les mandó, pasemos al otro lado. Y siempre, siempre
es bueno obedecer al Señor, aunque parezca peligrosa la situación
o que no nos conviene. Debemos siempre de obedecer a
nuestro Creador y a nuestro Salvador. Si el Señor te dice, ve allá,
tienes que ir. Si el Señor te dice, no vayas
allá, no te metas con los chismosos, no te unas en yugo desigual con
los incrédulos, entonces obedécelo, aunque no te guste, aunque no
lo entiendas. Tenemos que obedecer al Señor.
Muy bien. Ahora, una pregunta que nos va
a ayudar a profundizarnos aquí. Piensa, ¿sabía el Señor que iba
a haber una tormenta esa noche? Sí o no. ¡Claro! Porque Él es
el Señor. Él es Dios. ¿Sabía Él entonces
que iba a haber peligros? ¿Sabía que causaría aflicción
en sus discípulos y las otras barcas con ellos? Porque no fue
una sola barca la que estaba ahí, había otras barcas ahí en
el mar. ¿Sabía Él que causaría esos problemas?
Claro que sí sabía, porque Él es Dios. Él sabe todas las cosas
y Él está en control de todo. Entonces, la pregunta es, ¿Por
qué les mandó pasemos al otro lado si sabía que iba a haber
una tormenta y peligros? ¿Por qué les mandó pasemos al
otro lado? Bueno, aquí podemos contestar
pensando porque sabemos lo que pasó después. ¿Podemos responder? Porque Cristo sabía que los discípulos
tenían que aprender que ser cristianos no los exentaba de tormentas,
no los exentaba de peligros, de aflicciones. Los discípulos
tenían que aprender a examinar su fe, qué les había pasado,
por qué tan poca fe tenían. Tenían que reconocer que Cristo
no era un hombre común, que él era alguien sobrenatural. porque
las olas y el viento le hicieron caso. ¿Quién es este? Los discípulos
tenían que aprender que él es el Hijo de Dios, Dios mismo. Pero quiero que vean otra cosa
del capítulo 5, después lo vamos a estudiar. Ven el capítulo 5.
¿Por qué pasaron al otro mar? El capítulo 5 nos dice. vinieron
al otro lado del mar a la región de los gadarenos. Y cuando rodeó
el de la barca, enseguida vino a su encuentro de los sepulcros
un hombre con un espíritu inmundo, un endemoniado. Después vamos
a leer la historia. Ustedes saben qué pasó. Dios
lo salvó. El Señor lo salvó también. Entonces,
¿por qué tenía que pasar al otro lado Él en esa barca, esa noche
precisamente, porque Él tenía que salvar a un endemoniado gadarén. Así como en Juan 4 ustedes leen,
y el Señor tenía que pasar por Samaria. ¿Por qué tenía que pasar
por Samaria? porque había una prostituta,
había una mujer de la calle, había una adúltera que había
tenido cinco maridos, el que tenía no era su marido, y el
señor iba a salvarla, por eso tenía que pasar por Samaria.
Y aquí el señor les dijo, pasemos al otro lado. ¿Por qué? Porque
tenía que ir a salvar a ese endemoniado gadareno. Ahora, en nuestro pasaje
aquí, con esto en mente, hay que pensar aquí, hay que reflexionar,
El Señor, por así decirlo, se aventura a pasar por una tormenta
en la noche en el mar, arriesga la vida de sus discípulos para
salvar a un inmundo gadareno. ¿Valió la pena? ¿Valió la pena? ¡Claro que sí! Porque para el
Señor un alma es preciosa, aunque sea el alma de un ser de lo más
vil, un endemoniado o una mujer prostituta. Si es un alma que
Dios le dio a él, el hijo hará todo, nunca descansará hasta
que esa alma sea salva. Ahora, en el versículo 36, vamos
al versículo 36 ahora. Leemos que el Señor despidió
a la multitud, Le tomaron como estaba en la barca y había también
con él otras barcas. Había una multitud en la playa
escuchándolo predicar y luego suben a la barca. No un velero
como los de ahora, no un yate lujoso, pero una barca de pescadores. Muy bien, y luego en el versículo
37 comienza el drama. Versículo 37. Pero se levantó una gran
tempestad de viento y echaba las olas en la barca de tal manera
que ya se anegaba. Si saben qué significa anegaba,
que la barca se anegaba significa que se estaba inundando, naufragando
ya tanta agua. Ahora, la pregunta aquí que nos
va a ayudar a profundizarnos aquí es, ¿Por qué se levantó
esa gran tormenta esa noche? Precisamente esa noche, ¿por
qué se levantó esa gran tormenta? Unos expertos, unos comentaristas
dicen, bueno, la tormenta fue causada por el demonio, por el
diablo. Era un maremoto diabólico. Y
como evidencia dan otros versículos, principios de Marcos, donde nuestro
Señor Jesucristo dice que reprendió al viento aquí y de la misma
manera reprendió al demonio. Es posible. Yo no niego la posibilidad
de que esa tormenta fue un maremoto diabólico. La Biblia en Efexios
dice que el diablo es el príncipe de la potestad del aire. Y así
como el diablo provocó a Herodes a querer matar a Cristo cuando
era un bebé, se acuerdan? De la misma manera, pudiera haber
sido que él provocó el aire y el mar para que causaran ese maremoto
y el Señor muriera ahogado y los discípulos también. Es una posibilidad. Otra posibilidad aquí es que
se levantó la tormenta porque así pasa por naturaleza en el
mar de Galilea. Los expertos en geografía notan
que el mar de Galilea realmente no es un mar, es un lago, una
laguna muy, muy grande y está bajo el nivel del mar. Por las
montañas que están a los lados de ese lago, de ese mar, los
vientos encontrados causan tormentas. Y fue una causa natural que hubo
una tormenta esa noche. Bueno, aquí la pregunta es, entonces,
¿por qué hay tormentas? ¿Por qué hay huracanes que causan
tantas catástrofes? ¿Por qué? ¿Por qué hay tormentas
en el mundo? ¿Por qué hay tsunamis en el mundo?
¿Por qué hay terremotos en el mundo? ¿Por qué? semana pasada,
y precisamente ahora salió más en los periódicos, en Carolina
del Norte y en Carolina del Sur hubo un huracán muy fuerte, causó
mucho desastre el huracán, creo que se llama Elena, así le pusieron. Mis parientes políticos sin electricidad
por días, y muy feo, muchos árboles cayeron, muchas casas destruidas,
muertos, etcétera. Y me preguntaron, ¿Por qué el
huracán entró a Carolina del Sur? ¿Por qué no se quedó en
el mar? Bueno, hay muchas razones hablando de
la naturaleza, de la llamada madre naturaleza. Pero a lo último,
tenemos que contestar aquí que hay huracanes, tsunamis, catástrofes,
muertes por el pecado. por el pecado de Adán y Eva.
En Romanos 8 se nos explica que aún la naturaleza, la creación
fue afectada por el pecado. Y por eso hay catástrofes y desastres
y enfermedades y aflicciones y todo lo malo en este mundo
por el pecado de Adán y Eva. Desde entonces comenzaron los
huracanes y los terremotos y los maremotos. Bueno, y el punto
angélico aquí es Si es la razón por la cual hubo terremoto esa
noche, el punto evangélico es que Cristo vino a reganar el
paraíso. Él vino a calmar la naturaleza. Y ese milagro, por así decirlo,
como dicen en inglés, es un foretaste. Es una pequeña demostración de
lo que Cristo hará en el cielo nuevo y la tierra nueva. Ahí
no habrá huracanes, no habrá terremotos. No habrá maremotos. De hecho, dice la Biblia en Apocalipsis
21, no habrá mar. Bueno, la última respuesta a
la pregunta, ¿por qué se levantó esa tormenta esa noche? Nos lleva
a lo más profundo. Y aquí, si usted no sabe nadar,
si usted no levantó la mano al principio del sermón, quiero
que se agarre de un salvavidas. Muy bien, ¿listos? ¿Por qué se
levantó esa tormenta esa noche? ¿Cuál es la respuesta a lo último?
La respuesta es, se levantó esa tormenta porque el Señor quiso
que hubiera una tormenta esa noche. Fue algo de Dios, no del
diablo, no de la naturaleza. A lo último fue porque Dios quiso. El Señor mismo mandó que hubiera
una horrible tormenta esa noche. Si lo quieren ver con sus ojos,
véanlo en el libro de Isaías primero, Isaías 45. Yo se los voy a leer, no lo tienen
que buscar, pero si lo quieren ver con sus propios ojos, es
lo que dice la palabra de Dios en Isaías 45 7. Dios dice yo soy Dios, ninguno
más que yo. Yo formo la luz y yo creo las
tinieblas. Hago la paz y también creo la
adversidad. Yo, Jehová, soy el que hago todo
esto. Y luego nos dice Lamentaciones
2.17 Lamentaciones 2.17 Lamentaciones después de Jeremías
nos dice Lamentaciones 2, 17. Jehová ha hecho lo que había
determinado. Ha cumplido su palabra, la cual
él había mandado desde tiempo antiguo. Destruyó y no perdonó. Él cumplió su palabra, la cual
él había mandado desde el tiempo antiguo. Jehová ha hecho lo que
tenía determinado. Y en este mismo libro, capítulo
3 y versículo 37. Lamentaciones 3, 37. ¿Y él será
aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la
boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? Y luego en el profeta Amós, en
el capítulo 3, nos dice el versículo 6, Amós 3, 6. Se tocará la trompeta
en la ciudad y no se alborotará el pueblo. Habrá algún mal en
la ciudad el cual Jehová no haya hecho. Si hay algo malo, una
adversidad, un maremoto, un terremoto, cualquier cosa, lo último es
porque Dios lo había determinado. Destrucción o no, destrucción
o bendición. Pero uno se puede preguntar aquí,
entonces, ¿qué cruel es el Señor? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? ¿Por qué hace así? Bueno, como
vimos en esta mañana, muchas veces no lo sabemos por qué causan
las cosas y cómo es. ¿Qué suceden las cosas y para
qué? ¿Y cuál va a ser el final? No lo sabemos. Pero como lo acabamos
de decir al principio del sermón, aquí podemos pensar que el Señor
lo determinó porque los discípulos tenían que aprender a pasar por
tormentas. Los discípulos tenían que aprender,
como cristianos, eso no te exenta de aflicciones. Tenían que aprender
los discípulos a examinar su fe. Tenían que reconocer que
Cristo no es un hombre común, pero Dios en carne. Ahora, a
veces, no siempre, podemos deducir las razones por las cuales Dios
nos guía al peligro, causa aflicciones en nuestras vidas, causa tormentas
dolorosas en nuestras vidas, tristezas. A veces no sabemos,
hasta mucho después. Entonces, lo que debemos de hacer
es tomar la humilde actitud de Job. Cuando le dijo, le contestó
a su esposa, ¿se acuerdan de la esposa de Job? ¡Qué mala la
esposa! ¿Verdad? ¡Qué mala! No sé de
cómo se le ocurrió casarse con esa mujer. Y el señor, ¿permitió? ¿Ustedes conocen la historia?
Le dio permiso a Diablo para que le quitara lo más precioso
que él tenía, lo que más amaba, sus hijos. Todos los 10, un día. Así le causó grande tribulación.
El día lo sabía. Voy a quitarle a sus hijos. ¿Se
acuerdan? Y luego su ganado matemó todo,
¿se acuerdan? La esposa al último le dice,
¿sabes qué? Blasfema, Dios, y muérete. Y O sospechó que esa mujer tenía
seguro de vida en la vida de Hop, ¿verdad? Y se quería que
se muriera. Qué mala esa mujer. ¿Pero qué
le contestó Hop? como suele hablar cualquiera
de las mujeres. Fatuas has hablado, que recibiremos
de Dios el bien y el mal no lo recibiremos. Esa es la actitud
que debemos tomar, humildemente decir como el apóstol Pablo,
yo sé vivir humildemente, sé tener abundancia. En todo y por
todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener
hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Esa es la actitud.
Y cantar a lo último, verdad de corazón, el himno basado en
Romanos 8. Todo lo que pase en mi vida aquí,
Dios me lo prepara para bien de mí. Ese es el cristianismo. Ahora, siguiendo con nuestro
pasaje, vean el versículo 28 en Marcos 4. Marcos 4, 28. 38,
perdón. 4, 38 de Marcos. Cristo estaba en la popa, durmiendo
sobre un cabezal, y le despertaron y le dijeron, Maestro, ¿no tienes
cuidado que perecemos? Niños, y tal vez los jóvenes,
y tal vez adultos, ¿saben qué es la popa? La popa de un barco,
de una barca, en la parte de atrás de la barca. ¿Saben qué
es un cabezal? Yo no sabía, lo tuve que buscar
en el diccionario. Y después de que lo busqué en
el diccionario, dije, pues, Paco, obviamente un cabezal tiene que
ver con la cabeza. Un cabezal es un cojín al cual
puedes poner tu cabeza. Ahora, nos dice aquí que el señor
estaba durmiendo en la popa, en la parte de atrás de la barca,
sobre un cojín. Y una pregunta aquí es, ¿por
qué estaba durmiendo? Y una respuesta muy obvia es,
¿por qué estaba muy cansado? Por eso estaba durmiendo. Después
de haber platicado todo el día, atender a la gente, a lo último
la despide y queda muy cansado, llega a la barca y se queda dormido. como un hombre como nosotros.
Y precisamente ese es el punto aquí. Él es un hombre como nosotros. Se cansó y se tenía que dormir. Cristo no fue un Superman. Tenía los músculos como nosotros,
los nervios como nosotros, las hormonas como nosotros. Y se
puede compadecer de nosotros en nuestras debilidades y en
nuestras enfermedades también. ¿Por qué tenía que ser hombre?
Porque solo como hombre podía salvarnos. Porque nosotros pecamos
como hombres, Él tenía que salvarnos como hombre. Tenía que vivir
una vida perfecta como hombre, bajo la ley, obedecer los mandamientos
de Dios, y tenía que sufrir como hombre el castigo que nosotros
merecíamos. Como Dios no puede morir, tenía
que ser hombre para morir. Otra pregunta aquí. ¿Cómo es
posible que se quedó dormido en la tormenta? ¿Cómo es posible? Piense. El viento hacía mucho
ruido, por supuesto. Los discípulos han de haber estado
gritando ahí. ¡Pásame otra cubeta! ¡Ándale, Juan! ¡Dile al maestro
ya! ¡Despierta al maestro, por favor!
¡Pedro, cuidado que no se vaya a caer el remo! Y yo me imagino
a Mateo. Por favor. Por favor, yo no sé
nadar. Ayúdenme. Si me caigo, me van
a ayudar. Promételo, por favor, Simón. Y los gritos estaban asustados. Y nuestro señor, durmiendo. ¿Cómo es posible? Bueno, ya mencionamos que ha
de haber estado muy, pero muy cansado. Pero hay otros factores
aquí también. El Señor estaba ahí calmado,
sin miedo, sin fobia de ahogarse. Cuando yo trabajaba en el consulado,
en una de las oficinas, había un compañero y yo ya sabía lo
que iba a contestar. Si decíamos una frase, yo ya
sabía lo que iba a decir él. Y siempre había una compañera
que mencionaba No he podido dormir bien. Yo ya sabía lo que el compañero
iba a decir. El compañero siempre decía, así
de cochambruda has de tener la conciencia. Así de cochambruda
has de tener la conciencia. Y es cierto, ¿verdad? A veces la conciencia no nos
deja dormir por algún pecado que hemos cometido. El Señor
podía dormir a gusto, calmado, como un bebé. porque su conciencia
no le acusaba de ningún pecado, cero. Él es el Cordero de Dios,
sin mancha, puro, sin contaminación, que pudo ser sacrificado en nuestro
lugar por nuestros pecados. Pero otro factor aquí es que
el Señor dormía sin miedo porque Él tiene 100% de fe. Los discípulos tenían poca fe.
El Señor les pregunta en otra vez, ¿dónde está vuestra fe?
Ellos tenían poca fe, pero el Señor tenía 100% de fe, fe perfecta
en Dios, fe perfecta en la buena voluntad de Dios, fe perfecta
en la protección, el amor de Dios. Pero un último factor que
pudiéramos pensar. El señor sabía que no podía morir
ahogado. El señor estaba 100% seguro que
no podía morir ahogado. ¿Cómo sé eso? ¿Cómo sé eso? ¿Podía el Señor morir atropellado? No. ¿Podía el Señor morir acuchillado? No. ¿Podía el Señor morir ahogado? No. ¿Por qué? Porque Él tenía
que morir crucificado. Porque la Escritura lo dice.
El Antiguo Testamento lo testifica. Es evidente que por las buenas
obras de la ley, ninguno se crucifica para con Dios. Porque el justo
por la fe vivirá. Y la ley no es de fe, sino que
dice, el que hiciera estas cosas vivirá por ellas. Cristo no redimió
de la maldición de la ley, hecha por nosotros maldición. Porque
está escrito, maldito todo el que es colgado en un madero. ¿Dónde está escrito eso? En los
primeritos libros de la Biblia, en la ley de Moisés. El Señor
estaba segurísimo que no moriría ahogado porque había sido profetizado
que moriría crucificado por nosotros. Por eso, de este incidente, lo
que siempre me ha causado impresión y me pongo a pensar en la lejedad,
la estupidez de la pregunta de los discípulos. Él estaba en la popa durmiendo
sobre un cabezal, le despertaron y le dijeron, maestro, ¿no tienes
cuidado que perecemos? ahora yo entiendo los discípulos
por supuesto pescadores y la tormenta y estaban en un mar
a cincuenta que el mar ahí eran cincuenta metros de profundidad
en la alberca donde voy apenas es un metro y medio creo eh un
poquito más pero cincuenta metros de profundidad y ya cuando me
meto ahí en en el cum a la fosa entonces sí la pienso verdad
eh no tan lejos y despacito aquí bueno es Pero la pregunta, ¿qué hacen?
Claro, yo lo veo ya dos mil años después, sabiendo lo que pasó
después. Pero la pregunta es de la magnesia de todas. Señor,
¿no te importa que perecemos? Claro que le importa. Claro. Por eso vino al mundo, para salvarnos
de la muerte eterna. Y nos amó y nos amó hasta el
fin. Y sí o no, hermanos, que a veces pasamos por tiempos así,
tentaciones así, tribulaciones así, y pensamos que el Señor
no tiene cuidado de nosotros, que no le importa cuando sufrimos,
que no le importa cuando lloramos, que no le importa si las tormentas
nos azotan y nos estamos ahogando. Y le decimos al Señor que no te
importa. Yo sé, me han comentado que no
les gusta que mencione la palabra estúpida desde el púlpito. Es
muy fuerte. Yo lo sé, pero no sé qué palabra más fuerte. De
necio, necedad. Y son las preguntas más necias
que podemos hacerle al Señor. Porque el Señor precisamente
por eso vino a este mundo. Porque le importamos, nos ama
tanto que murió en la cruz por nosotros. Entonces, cuando estemos
en esa posición, en esa tribulación, en esa angustia, dejemos a un
lado esa tentación de pensar, el Señor no cuida de mí, no le
importa. No, no, no, no, no, no, no, no. Claro que sí. Ahora, yo sé, es natural tener
miedo. Nos dicen de una enfermedad y
nos ponemos nerviosos y nos da taquicardia, así. Pero al pasar
por tormentas así, lo que hay que hacer es confiar en la presencia
del Señor. Lo que hay que hacer es confiar
en su amor por nosotros, su cuidado poderoso de nosotros. Tener miedo
no es pecado. Lo repito, tener miedo no es
pecado. Asustarnos no es pecado. Es pecado si no resolvemos ese
miedo y ese susto y lo calmamos teniendo fe y confianza en el
Señor. El salmista canta, en el día
que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra, en
Dios he confiado, no temeré. De eso se trata esto. Bien, el
versículo 39, yo sé que se nos ha acabado el tiempo, si me regalan
otros siete minutos. El versículo 39 nos enseña que
el Señor es todopoderoso, para él no hay nada imposible. Versículo
39, levantándose, reprendió al viento y dijo al mar, calla,
enmudece. Y cesó el viento y se hizo grande
bonanza. El Señor, el Creador del universo,
Creador del mar y de la tierra, ordenó, les ordenó, cállense
y se callaron. Y ciertamente el mar nunca estuvo
tan callado como ese día, como esa noche, mejor dicho, tan tranquilo
que nos dice aquí era grande bonanza, una gran tranquilidad. Ahora, el versículo 40, creo
yo, no lo debemos de leer en tono de enojo y de ira y de disgusto. El versículo 40 no lo debemos
de leer. ¡Me despertaron! ¿Por qué están
así tan asustados? A ver, ¿que no tienen fe? No,
no, no. Ese no es nuestro señor. Creo
que lo debemos de leer en un tono inquisitivo compasivo. ¿Por
qué están tan asustados? ¿No tienen fe? Ese es nuestro Señor, muy compasivo
siempre, muy paciente para con nosotros. Ahora, por supuesto,
la reacción de los discípulos a la tormenta reveló que tenían
muy poca fe, y a veces así Una de las razones por las cuales
Dios manda tormentas a nuestras vidas es para que reconozcamos
que tenemos muy poca fe. Y así nos motivamos a aprender
a tener más fe en Cristo, a confiar más en sus promesas, en su amor,
en su poder. Y así nos motivamos a orar más.
¡Señor, yo creo! ¡Ayuda mi increulidad! ¡Señor,
aumenta mi fe! El último versículo registra
la reacción de los discípulos al milagro y, por así decirlo,
aquí está el corazón del sermón. Tal vez algún otro día venimos
a estudiar más este pasaje y este milagro de la tormenta, pero
aquí está una de las principales lecciones. Versículo 41. La reacción de los discípulos
al milagro del Señor. Entonces temieron con gran temor
y se decían el uno al otro, ¿Quién es este? que aún el viento y
el mar libresen. Tuvieron mucho miedo a la tormenta,
pero ahora tuvieron más miedo. Estaban más asustados. El lenguaje
ahí es algo de sus raíces hebreas que repiten la palabra para maximizarla,
por así decirlo. Nos dice, temieron con gran temor. Curiosamente, coincidentalmente,
se nota esto lo mismo en el caso de Jonás. Los marineros que iban
con Jonás lo echaron al mar, ¿se acuerdan? Él les dijo, echenme
al mar. El mar se calmó. ¿Y qué pasó? Temieron aquellos hombres a Dios
con gran temor. Y aquí, una vez más, pasó lo
mismo. Los discípulos se asustaron más,
se atemorizaron más, porque se dieron cuenta que Cristo no era
cualquier hombre, no era un rabí. Era mucho más que un hombre,
mucho más que un rabí. Sólo Dios podía calmar el furor
de esa tormenta así, que le dice al viento cállate, al mar cálmense,
y se calmaron como si nada. Sólo Dios puede hacer eso. ¿Cristo
es hombre? ¿Se cansó y durmió? Sí. ¿Él es
hombre? Solo así podía salvarnos. ¿Cristo
es Dios? Sí. Solo así podía salvarnos
y ser nuestro mediador y nuestro intercesor entre Dios y los hombres. Siendo Dios le da valor infinito
a su sacrificio y siendo Dios puede vencer al diablo, al mundo,
al pecado y a la muerte misma. Entonces, dos lecciones y terminamos. Hermanos, hermanas, aprendamos
a temer a Cristo con gran temor. Aprendamos a temer a Cristo con
gran temor. Hay muchos que han minimizado
a Cristo. Aún cristianos le han humanizado
demasiado. Cristianos que se atreven a caricar
hacer caricaturas de Cristo, pinturas de Cristo. Él es Dios
de mayúscula y mayúscula, o mayúscula y semayúscula. Él es Dios como
Dios. Padre es Dios. Dios Hijo es tan
santo, tan glorioso, tan poderoso como Dios. Padre. Juan el apóstol. Juan el apóstol era el favorito,
por así decirlo, el más amado de Cristo. Juan el apóstol lo
ve en Apocalipsis 1. ¿Y qué pasa? Lo abraza como un
cuatacho que no había visto en hace mucho tiempo. Juan el apóstol,
Juan el apóstol mado, ve a Cristo y cae como muerto. Así nosotros, hermanos. Debemos
de temer a Cristo con gran temor. Él es Dios. Última lección. Hermanos, amigos, aprendamos
a confiar en Cristo como el gran Salvador. Él tiene cuidado de
nosotros. Le importan nuestras almas. Creamos
que vino a salvarnos de nuestros pecados por su muerte, por su
sacrificio en la cruz, y confiemos que nos puede salvar de las tormentas
en esta vida. por puro amor, pura misericordia,
pura gracia. Oremos. Aquel día, cuando llegó la noche,
les dijo, pasemos al otro lado. Despidiendo a la multitud, le
tomaron como estaba en la barca. Y había también con él otras
barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento y echaba
las olas en la barca de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba
en la popa durmiendo sobre un cabezal. Y le despertaron y le
dijeron, Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantando,
se reprendió al viento, y dijo al mar, Calla, enmudece. Y cesó
el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo, ¿Por qué estáis así
amedrentados? Como no tenéis fe, entonces temieron
con gran temor. Y se decían el uno al otro, ¿Quién
es éste que aun el viento y el mar le obedecen? Oh Señor, te
pedimos que tú inyectes estas lecciones a nuestras vidas. que
veamos a Cristo como el gran Salvador, Dios en carne, y que
le adoremos, le amemos como él se lo merece. Pedimos, Señor,
para esta semana, para cada uno de nosotros, sí, estamos pasando
por tormentas, por angustias, por tristezas. Oh, Señor, que
nos aferremos a tus promesas, que nos aferremos a tu poder,
que nos aferremos a Cristo, nuestro gran Salvador. En su nombre te
lo pedimos. Amén. Una estrofa podemos cantar.
Porqué hay tormentas en tu vida?
Series Marcos
Estudiamos los própositos de Dios en las dificultades que pasan en nuestras vidas.
| Sermon ID | 10124019173464 |
| Duration | 35:34 |
| Date | |
| Category | Sunday Service |
| Bible Text | Mark 4:35-41 |
| Language | Spanish |
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